Cemí Baibrama

El Baibrama es un pequeño ídolo cemí. Obra de los aborígenes que poblaban la isla de Cuba.

La deidad en cuestión es Baibrama, que al igual que otros ídolos pertenecen al mundo mágico y ritual de los primitivos antillanos, refleja los mitos y leyendas de aquellas comunidades, y sus valores culturales en estrecha relación con la naturaleza y lo inmediato de su entorno en bienes y labores.

Según la historia de este cemí, cuyo original fue encontrado en la zona de Banes, su misión entre los dioses era velar por la industria del casabe, alimento básico de la población aborigen, impedía el descuido en las labores y preservaba la calidad de ellas, por lo que se consideraba un guardián del trabajo.
El Baibrama, un Premio a la Cultura

Este idolillo es entregado en la ciudad de Holguín durante la Semana de la Cultura a manera de trofeo, a aquellas obras que obtengan el Premio de la Ciudad.

Teniendo en cuenta principalmente establecer una continuidad en lo histórico desde los tiempos remotos, el pequeño cemí fue elegido, junto al hecho de haber sido localizado en un punto de la provincia, el valor de constituir una identificación simbólica del respeto y el cuidado por aquellas faenas que enriquecen la vida espiritual de la comunidad y contribuyen a su enaltecimiento.

De esta manera se conjugan la calidad de un producto hecho con amor y una forma hermosa y permanente de contribuir a los valores más señalados de los primitivas culturas antillanas, acervo en lo esencial de la variedad, la riqueza y la continuidad de nuestros pueblos.

La representación del ídolo Baibrama se reproduce en piedra reconstruida (cuarcita) y se moldea con resina de polyester, su color a destacar es el blanco con un ligero toque amarillento con un brillo semicristalino.

Aldabón de la Ciudad

Con fecha 24 de noviembre de 1990 se aprobó por el Comité Ejecutivo Municipal que la réplica de uno de los aldabones de la puerta de acceso a la Periquera fuera símbolo de la ciudad.

Estas piezas poseen un alto valor artístico, concebido en hierro forjado, representa un rostro femenino, de líneas clásicas, que responde al estilo neoclásico.

El aldabón simboliza la amistad, todo aquel que llegue hasta nuestra ciudad, tendrá las puertas abiertas. Se le entrega a personalidades cubanas o extranjeras que hayan contribuido con su trabajo al bien de la sociedad.

Como Museo Polivalente muestra en sus salas la historia de la localidad desde las culturas precolombinas hasta la actualidad. Se muestran también obras de arte de pintores y artistas de prestigio internacional.

Su patio morisco se abre como escenario a encuentros de poesía, música, baile e historia.

El Hacha de Holguín

El 28 de Mayo de 1981 fue declarada el Hacha de Holguín como símbolo del territorio. Desde que fue hallada en 1860 por un oficial del Ejército Español, fue conocida por ese nombre.

Construida por grupos agroalfareros del siglo XV, su valor artístico hace que sea una obra excepcional dentro de la cultura aborigen cubana.

Fabricada con piedra peridotita de color verde olivo, tiene impreso un sello distintivo que la hizo significativa dentro de las de su tipo.

Representa una figura antropomorfa, masculina con una diadema en la parte superior y los brazos colocados sobre el pecho. La pieza mide 350 mm de longitud, 76 mm de ancho y 48 mm de mayor grosor.

El hacha ha sido entregada a altas personalidades que han visitado a Holguín, centros de trabajo o estudio, obreros vanguardias y figuras destacadas de la cultura y las ciencias, que han hecho aportes meritorios a la localidad y al país.

 

Museo “La Periquera”

Durante el ataque de los mambises del 29 al 30 de octubre de 1868 al almacén de Rondán, la mayor parte de los defensores eran Voluntarios los que, como dijimos anteriormente, usaban uniformes de color rojo. Los regulares tenían, en algunos casos, cintas amarillas y rojas, representando la bandera española.

Existe una versión popular del origen del nombre de “La Periquera” por el cual se le conoció, a partir del Sitio de Holguín, a la Casa de Rondán, y es la que sigue: Los mambises, al enfrentarse a aquella estructura imponente, todo lo que veían, de vez en cuando, era a un Voluntario asomarse por un momento en una ventana y alguna que otra vez, a un regular hacer lo mismo para dispararles. Con la chispa y humor del cubano, pronto alguien gritó: “¡Salgan de la jaula, pericos!” , aludiendo al colorido de sus uniformes. Otra versión, quizá más acertada, aparece en el serio libro: Memoria sobre el origen del hato de San Isidoro de Holguín , de D. Diego de Ávila y Delmonte, obra inédita de la época, que fue continuada por José María Heredia, cuya segunda edición aparece publicada en Holguín en 1926, p. 186. Dice textualmente:

“Ya el 21 de noviembre el sitio fue completo, y fue incendiada la casa de Nates, y al siguiente les tocó su turno a las casas de comercio de Casiano Labusta y Francisco Pérez Fernández, hechos que llenan de pánico al vecindario. El 24 del mismo mes se inició un parlamento entre Peralta y el Teniente Gobernador D. Francisco Camps y Feliú a las ocho de la mañana y que duró algunos días y sin que se llegara a un acuerdo, pues no fue más que un ardid para ganar tiempo para el atrincheramiento de los españoles en la casa de Rondán, donde se concentraron, motivo por el que desde entonces se llama La Periquera”.

Cualquiera que fuese la causa para bautizarle “La Periquera” tuvo gran éxito. Desde entonces, hasta nuestros días, al almacén de Rondán a través de su proceso de transfiguración; primero como Casa de Gobierno y a la postre convertido en Museo, se le ha conocido y se le sigue conociendo como “La Periquera”.

El ataque del 30 de octubre de 1868 fracasó en poco tiempo. Amadeo Manuit y el General Julio Grave de Peralta retiraron sus fuerzas, las organizaron, las entrenaron mejor y las equiparon lo mejor que pudieron; y con nuevos bríos, más organizados y dispuestos a pelear hasta el fin, atacaron de nuevo el 17 de noviembre. La batalla fue feroz. Lograron entrar en la ciudad y tomar la mayor parte de ella, incluyendo la iglesia donde se defendían las fuerzas de Camps. Entretuvieron a las tropas de la Casa de Gobierno y dirigieron su ataque principal a “La Periquera”, pero ésta resistió la tremenda y sostenida embestida. Ante semejante estructura, Manuit y Grave de Peralta cañonearon con los cuatro cañones que disponían. Uno de los cañones estaba emplazado en la cercana casa de Grave de Peralta; en total, los cuatro cañones disparáronle 180 cañonazos a “La Periquera” sin lograr su cometido de abrir una brecha.

Los mambises utilizaron también en el Sitio de Holguín, un cañón de madera que fabricó Marcelino Carranza de una madera llamada “yaba” que se acostumbraba usar para la fabricación de carretas, oficio al que se dedicaba Carranza. Era un cajón de 2 varas de longitud y 18 pulgadas de diámetro; de figura cilíndrica y reforzado por unos zunchos de hierro y otros de cuero. Lo trajeron en una carreta. Las balas eran hechas de hierro forjado a martillo y pesaban unas 15 ó 20 libras. Sólo pudo hacer 3 disparos (por razones obvias). Al tercer disparo, explotó y quedaron heridos 2 de los “artilleros”.

El 24 de noviembre comenzó la conferencia antes mencionada entre Manuit y de Camps, que resultó solamente un ardid español para ganar tiempo. El día de Santa Bárbara, en celebración por su día, dispararon los mambises 89 cañonazos a “La Periquera” que no ocasionaron ni el más mínimo daño, a lo que decía el septuagenario Rondán: “Tiren… tiren, ¡qué no se cae!”

Grave de Peralta hizo que sus hombres lanzaran cientos de piedras y palos incendiarios, con el propósito de tratar de provocar un incendio dentro de “La Periquera”, pero no tuvieron éxito en ello. En sus feroces acometidas las fuerzas libertadoras dispararon un estimado de 40 mil proyectiles. Todo sin éxito. “La Periquera” resistió. Pasaron los días y el 6 de diciembre de 1868, cuando se supo que los españoles habían desembarcado refuerzos en Gibara y que se dirigían hacia Holguín, Marcano y el General Julio Grave de Peralta no tuvieron más remedio que ordenar la retirada sin haber podido conquistar “La Periquera”.

Holguín fue atacado con posterioridad, en 1872, por tropas mambisas al mando del Mayor General Calixto García e Íñiguez y del Generalísimo Máximo Gómez y Báez.

“La Periquera” está situada en la calle Frexes nº 198 entre Libertad y Maceo. Al frente se divisa la antigua Plaza de Armas (también llamada por un tiempo Plaza de Isabel II), hoy parque Calixto García. Después del Sitio de Holguín, Francisco Rondán calculó el costo de los daños a su casa en unos 12 mil pesos oro que reclamó al gobierno español. Pero al marcharse sus hijos, viejo y agotado, decidió retirarse con su esposa a vivir a Gibara. El gobierno colonial asumió entonces la tarea de reconstruir la casona, y por 102 pesos mensuales alquiló de Rondán el ala izquierda de los altos para la sede de la Casa de Gobierno. Permaneció largo tiempo como Casa de Gobierno y fue epicentro de diversos eventos históricos en esa ciudad.