Artes escénicas en Holguín, sin cederle el paso al Covid-19

Por Erian Peña Pupo

Diversas iniciativas realizan varias compañías holguineras para no detener la creación escénica, en tiempos donde es necesario el distanciamiento social como parte de las medidas ante la actual situación de excepcionalidad epidemiológica causada por la Covid-19.

“Nuestros artistas, a pesar de los actuales momentos que nos obligan a protegernos y permanecer en las casas, continúan trabajando y aportando al desarrollo de la cultura holguinera”, asegura Yanet Pérez, presidenta del Consejo Provincial de las Artes Escénicas.

Entre ellas destaca el Teatro Guiñol de Holguín, que celebró el pasado 17 de mayo su aniversario 48 y que trabaja en su próximo estreno, la obra El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, del holguinero radicado en México Salvador Lemis. Aunque los ensayos se han suspendido en las recientes semanas, los integrantes de esta compañía no se han detenido y trabajan desde sus hogares en la preparación de la puesta.

Esto lo reafirma Karell Maldonado, quien revolucionó el diseño escénico y de muñecos en este colectivo, en obrascomo Titiriteros, contando y cantando, en 1999, hasta la reciente La cigarra, de 2018, pasando por clásicos del Guiñol holguinero, como Historia de una muñeca abandonada, La calle de los fantasmas, Un día de fiesta,Sancho Panza en la Ínsula Barataria, El ogrito, Galápago, Payasoñar, Ruandi, Silencio Orgánico, entre otras.

Desde su casa, Karell realiza parte de los muñecos de la próxima puesta, con versión de Miguel Santiesteban, quien fuera hasta su fallecimiento director de la compañía, y dirección de la joven actriz Karel Fernández. Títeres de piso y de guantes, trabajados sobre la base del papel maché para una puesta de retablo, darán vida en las manos, voces y sentimientos de los actores a Fiorinetta, Burattino, Señor Spectatore y el Doctor Galeno, personajes de El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, de Lemis.

Con “textos originales” como este, que “van desde un imaginario personal potente y auténtico”, Lemis defiende “la tradición titiritera del mundo que no debe morir”, escribe Rubén Darío Salazar, director de Teatro Las Estaciones, en el prólogo de Retablo para múltiples paisajes, publicado por Ediciones Matanzas y que recoge también las obras Franz Kafka y la niña de la muñeca perdida y Rosete Aranda: Sueño de autómatas y titiriteros.

 

Por otra parte, el Guiñol realiza una hermosa iniciativa que comparte cada semana: “Guiños desde la casa”, cuyo “objetivo es llevar a los hogares breves representaciones teatrales, con los personajes principales de las obras en repertorio”, dice su joven directora.

“Es una manera de llegar a los niños y decirles que pueden aprovechar este tiempo libre haciendo cosas productivas y tomar las medidas para evitar el contagio de este virus. También incentiva a los pequeños a adentrarse en el mundo del teatro de títeres”, añade Karel.

“Guiños desde la casa” se trasmite cada lunes vía Facebook y también en el programa A buen tiempo, del canal provincial Telecristal: “Son historias originales creadas para lo que está pasando, partiendo de algún momento de una escena o algún texto”, añade la actriz.

Otro de los colectivos que trabaja desde sus hogares en el desarrollo de sus próximos estrenos, y en la confección de vestuario y elementos escenográficos, para que el arte no se detenga, es la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento, dirigida por Fermín López.

“Estamos creando en casa, pues no detenemos en ningún momento la creación”, dice Fermín y añade que trabajan en el próximo estreno y en la confección de vestuario y elementos escenográficos para la función número 100 del espectáculo Fábulas de Cuba, basado en textos del narrador, poeta y etnólogo Miguel Barnet, presidente de Honor de la Uneac.

“Trasladamos las máquinas para la casa y estamos confeccionando los vestuarios nuevos para Fábulas de Cuba. Cuando todo se restablezca recibiremos a nuestro público con esa función número 100. Este espectáculo nos ha llevado por todo el país y a la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa”, comenta. “También en casa trabajamos los textos del estreno de este año, Wasy, el fantasma del piano, de la escritora mexicana Soco Uribe. Por correo y gracias a las redes vamos haciéndonos consultas de textos y los muchachos trabajan todos los elementos escenográficos del nuevo espectáculo”, añade Fermín.

 

Por otra parte, el colectivo holguinero ha ideado una atractiva propuesta, Cuentos de nueve a doce, como una acción para paliar, a partir de la creación, los efectos de la Covid-19.

 

Desde su sede, la Casa del Cuento, los versátiles integrantes de este colectivo merecedor del premio Juglar de Honor de la Uneac, ofrecen al público ávido de las historias y la imaginación, cuentos narrados en sus voces a través de la vía telefónica, comentó su director.

Las personas que así lo deseen, explicó, pueden marcar el número 24453304 y detrás de la línea, en ese horario de la mañana, encontrará un narrador para contarle una historia.

A disposición de la familia cubana estos actores relatarán ficciones de la literatura nacional e internacional, compartiendo, además, enseñanzas históricas que resultan útiles en los tiempos actuales y enriquecen la cultura general de quien los escucha, añadió.

Fundado en 2004, Palabras al viento alterna danza, teatro, música, entre otras manifestaciones, con la narración oral. Con Bodas de sangre, versión de la obra de García Lorca, obtuvieron el Premio de la Ciudad 2019 a la mejor puesta en escena. Su más reciente estreno, Confesiones, está inspirado en El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano.

Además, desde las redes sociales del Consejo Provincial de las Artes Escénicas de Holguín –Twitter y Facebook– se mantiene una promoción constante del quehacer de los artistas holguineros y se comparten otros materiales de interés para la escena y la cultura cubanas.

Cuando el arte llega a buen tiempo

Por Bernardo Cabrera

Desde hace 17 años llega a los hogares holguineros para desearles buen provecho y servir un entrante de entretenimiento, un plato fuerte de información y un postre de alegría. La constancia, dedicación y creatividad de su colectivo ha convertido al programa en uno de los más populares de la provincia. En ello mucho ha tenido que ver su fundador y ex director Melanio Patterson Rovira.

“En el año 2003 se nos dio la posibilidad de cubrir transmisiones en Telecristal en el horario del mediodía. A un grupo de soñadores se nos ocurrió crear una revista de corte cultural que incluyera un segmento informativo y reflejara el quehacer de la provincia.

 

“Recuerdo que nos reunimos en casa de Bárbara Iglesias, una de las asesoras fundadoras, y allí cocinamos la idea Jaime Yohan, Vivian García, Dagoberto Batista y Miriam. Como saldría al aire a las 12 y ese horario era el de almuerzo decidimos ponerle A buen tiempo”.

¿Cómo fueros los inicios?

“El 5 de mayo del 2003 salió el programa al aire por primera vez en plenas Romerías de Mayo, con el dúo Buena Fe como invitado. Desde entonces ha sido un vocero del arte y una tribuna de los eventos y conciertos que tienen lugar en la provincia, así como de los artistas que la visitan.

“Al principio se acudía mucho a la calle y se hacían crónicas de lo cotidiano y de temas que pasaban inadvertidos. Íbamos lo mismo a un central y a una comunidad, que a Bariay o a la ruta del Chan Chan”.

¿Siempre hubo una sola presentadora?

“No. Cuando empezamos eran tres: Vivian García, Jaime Yohan e Ileana Casanellas, una de las actrices del grupo Alas Buenas. Luego por cuestiones de trabajo Ileana tuvo que abandonarlo y se mantuvieron Vivian y Jaime, que también trabajaban en Radio Taíno desde Holguín. Por ese mismo trabajo ellos estuvieron un tiempo en Alemania y los sustituyeron León Batista, Grettel Ferreiro y otros presentadores”.

¿Por qué crees que A buen tiempo goza de tanta popularidad entre los holguineros?

“Las personas lo siguen porque refleja lo que pasa en Holguín, porque defiende lo nuestro y hace que la gente se vea identificada. También se ponen los videoclips más recientes y por aquí pasan los artistas locales, nacionales y extranjeros para divulgar su obra y sus presentaciones.

“Además, hemos cambiado de horario, de estudio, de escenografía, de conductor, pero nunca ha dejado de salir al aire. Eso habla del compromiso y deseos de hacer de su colectivo”.

Hace tres años también hubo un cambio de director, ¿eso afectó en algo al programa?

“Cuando el programa tenía 14 años me ausenté y decidí que Eylin Abreu -su directora actual- lo asumiera porque, joven al fin, le podía aportar e inyectar esa dosis de creatividad, de nuevas ideas. Ella ha hecho buenas innovaciones y cambios, pero ha preservado la esencia del programa y ha mantenido la teleaudiencia”.

¿Qué significa A buen tiempo en la vida de Melanio?

“Para mí es un motivo de orgullo haber ayudado a crearlo, darle forma, hacer la música de presentación, las transiciones. Podría decirse que entre todos lo parimos y lo hemos visto crecer, desarrollarse y andar. Aun cuando ya no lo dirijo, sigo ayudando en todo lo que pueda porque para mí más que un programa, es un hijo.

Electa en la memoria, homenaje virtual desde Holguín a la artista mexicana

Por Vanessa Pernía Arias

La jornada virtual Electa en la memoria, dedicada a la artista visual mexicana Electa Arenal Huerta, se desarrolla hasta el próximo 12 de junio con motivo de conmemorarse el 85 aniversario del natalicio de esta gran muralista, quien le legó a la provincia importantes creaciones.

Fotos tomadas de Internet

Organizado por el Centro Provincial de Artes Plásticas del territorio, este será un espacio para interactuar con diversas personalidades de la cultura cubana que han investigado la vida y obra de esta importante pintora y escultora, o la conocieron cuando se radicó en la ciudad en la década de 1960 al llamado de la Revolución, precisó Yuricel Moreno, directora de la institución.

Durante estos días los organizadores exhortan a sus seguidores en las redes sociales a compartir vivencias, opiniones, obras y datos de interés sobre esta artista, utilizando para ello las etiquetas #Electaenlamemoria, #BuscandoaElecta y #ElectaArenalHuerta.

 

Este encuentro virtual pretende desempolvar un poco la memoria sobre la huella que dejó la creadora mexicana y revitalizar su legado, pues fue ella quien, en los años iniciales de la Revolución, dio impulso al naciente movimiento artístico del territorio, legando importantes obras emplazadas en espacios públicos y obras sociales, sobre todo en instituciones de la Salud, añadió Yuricel.

Electa Arenal Huerta (1935-1969) residió junto a su esposo, el arquitecto Gustavo Vargas, en la ciudad de Holguín entre 1961 y 1965, donde realizó una obra de reconocidos valores en el campo de la escultura, la pintura, la gráfica y la poesía; de este modo aglutinó a varios artistas, especialistas y técnicos para fundar el primer taller colectivo de arte y movimiento escultórico de la ciudad.

 

 

Entre sus más destacados trabajos realizados sobresalen los murales escultóricos “Canto a la Revolución”, “Átomos y niños”, “Revolución Cubana”, emplazado en el Museo Provincial La Periquera; y otros de bajorrelieve como “Infancia”, “Maternidad”, “Palomas”, y “Mural geométrico”, en el Hospital Vladimir I. Lenin de esta ciudad oriental (Con información de la Agencia Cubana de Noticias).

Historias tras las columnas de La Periquera

Por Erian Peña Pupo

Imponente y señorial, mirando de frente al visitante que insiste en fotografiarse junto a las arcadas de su fachada neoclásica, se levanta en la calle Frexes No. 190, frente al parque Calixto García, entre Libertad y Maceo, el Museo Provincial de Holguín La Periquera.

La famosa construcción levantada en la segunda mitad del siglo XIX, fue sede del gobierno provincial, Casa Consistorial, durante 106 años, entre 1878 y 1984ha sido testigo silencioso de la ciudad, su paso en el tiempo, sus avances, retrocesos, cambios…

 

En las viejas fotos en sepia, con calles de tierra y campesinos a caballo, siempre está presente La Periquera. Desde sus balcones observó crecer la urbe desde la vieja Plaza de Armas, también llamada Plaza de Isabel II, levantarse las principales edificaciones y erguirse, justo frente a sí, al cine-teatro Wenceslao Infante, hoy Teatro Eddy Suñol, muestra del mejor art decó cubano.

 

En su patio interior morisco transcurrió la primera función de cine en la ciudad, el 25 de noviembre de 1895. Desde esos mismos balcones habló al pueblo cubano, por primera vez, luego de desembarcar por Gibara proveniente de Nueva York, el primer presidente de la Cuba republicana, Don Tomás Estrada Palma. Pocos años después, el 20 de mayo de 1902, como parte de la ceremonia de constitución de la alcaldía, el edificio vivió uno de sus grandes momentos de nacionalismo cuando desplegó desde su balcón central, por primera vez, la bandera cubana. Luego la lluvia mágicamente bautizó la ciudad… Más de medio siglo después hablaría desde allí a los holguineros el Comandante Fidel Castro, luego del triunfo revolucionario de 1959… Y además, cada año se inauguran, desde esos mismos balcones, las Romerías de Mayo.

La Periquera, constituida como museo provincial el 25 de julio de 1976, y además Monumento Nacional, el 10 de octubre de 1978, muestra en sus salas la historia holguinera desde las culturas precolombinas hasta los momentos actuales, además piezas decorativas, armas, documentos, numismática, filatelia, objetos curiosos, victrolas, relojes, y obras de arte de pintores y artistas de prestigio internacional, como el holguinero Cosme Proenza. Entre ellas, obras de singular significación como el Hacha de Holguín, objeto aborigen de evidente uso ceremonial, que se ha convertido en el símbolo de la provincia; la mortaja que cubrió el rostro del cadáver del Apóstol José Martí en uno de sus múltiples entierros; el Aldabón original de La Periquera, obra que se entrega a personalidades cubanas y extranjeras que han cooperado en el desarrollo cultural, científico o económico de la localidad, entre otras piezas históricas…

Pero cada construcción tiene su origen en el tiempo, e historias que pueblan imperecederamente sus columnas y ladrillos. El de la Periquera se vincula a un terreno perteneciente a Pepa Cardet, quien lo utilizaba como valla de gallos, actividad de gran popularidad en aquellos tiempos. Luego fue vendido al español Francisco Rondán para la construcción de un verdadero palacete, una casa diferente a todas las de la época en una ciudad modesta arquitectónicamente, si la comparamos con sus vecinas Santiago de Cuba y Camagüey.

Bajo este propósito, Rondán, uno de los terratenientes de mayor poder adquisitivo en el territorio y dueño de varias fincas ganaderas e ingenios, inició la obra alrededor de 1860, la cual se extendió unos ocho años, según investigaciones de José Agustín García Castañeda, destacado antropólogo holguinero. Con el estallido de la Guerra de Independencia en 1868, el inmueble comenzó a ser usado como fortaleza militar por el gobierno peninsular, mientras que algunas de las familias más influyentes del pueblo encontraron refugio allí. En los días sucesivos al estallido bélico, se produjo un ataque mambí bajo las órdenes del General Julio Grave de Peralta, del 29 al 30 de octubre de 1868. Era la Casa Rondán el único punto que faltaba por tomar en la ciudad y comenzó a ser atacada por los insurrectos desde la Plaza de Armas.

 

A la edificación habían sido llevados también todos los prisioneros, entre ellos la mambisa holguinera Juana de la Torre, a quien utilizaron para detener el ataque, petición a la que ella respondió sin miramientos asomada desde uno de los balcones: “Si debo morir bajo los escombros de este edificio para que triunfe la causa justa que no se detenga un momento el fuego del cañón”. Tras tal hecho nació el nombre de La Periquera, pues los mambises le gritaban a sus oponentes: “Salgan de la jaula, pericos”, en alusión a los colores de sus uniformes, los de la bandera española. Después del ataque mambí, la propiedad de Rondán sufrió docenas de impactos de proyectil de cañón; entonces su propietario reclamó al gobierno español las pérdidas infligidas a su hogar en unos 12 mil pesos oro, y se retiró a vivir a la fortificada ciudad de Gibara.

Desde entonces se estableció allí la Comandancia del ejército español, en un ala alquilada a los herederos de Roldán, y sirvió, además, de vivienda a varios gobernadores, entre ellos Agustín Peláez, quien –según cuentan las leyendas que pueblan el conocido edificio holguinero– estaba casado con una bella y joven mujer, quien se enamoró perdidamente de un joven capitán del cuerpo de voluntarios. Los pobladores fueron dándole vida a esta relación hasta convertirla en una leyenda de amor y muerte…

Dice el mito que los jóvenes Ana Sánchez Roblejo y Serafín Irioste vivieron su historia de amor en el túnel de La Periquera, el cual servía de aljibe a las Iglesias San José, San Isidoro, el Hospital Militar, el Cuartel del Ejército Español y los fortines ubicados en las estribaciones de la Loma de la Cruz. Hasta un día que una falsa alarma hizo que se cerraran las compuertas de hierro que separaban uno y otro departamento anegando de agua, en pocos minutos, todas sus secciones. Al normalizarse las actividades, fueron encontrados sin vida los cuerpos de los amantes.

Según otras versiones, el marido traicionado, cuando descubrió la infidelidad de su cónyuge, mandó a asesinar a la infortunada pareja. Hay también quienes aseguran que el asesinato ocurrió tapiando ambas entradas, entre gritos y lágrimas de los jóvenes amantes.

Él fue enterrado con todos los honores mientras que a ella le colocaron una lápida junto a su tumba en la falda de la Loma de la Cruz que rezaba: “A doña Ana Sánchez Roblejo que pudo morir en su lecho lleno de virtudes y murió sin honra en el túnel de La Periquera”. Tiempo después el párroco de la iglesia retiró la inscripción con la esperanza de que los pobladores olvidaran lo ocurrido. Sin embargo, la historia se perpetuó en la sugestión de varias generaciones, quienes aseguran que en las noches se escuchan las voces y risas de las almas de los enamorados que aún deambulan por el túnel.

No está de más añadir, en honor a la verdad histórica, que entre ambos lugares, la Loma de la Cruz y La Periquera, existe más de un kilómetro de distancia: 200 años después un arriesgado buzo destejió la historia cuando penetró en la supuesta entrada del corredor secreto en La Periquera y comprobó la existencia solo de un aljibe rodeado de manantiales. Pero los pueblos y sus imaginarios sociales se alimentan de mitos y leyendas… Dicen que los holguineros –habitantes de una provincia del universo al fin y al cabo– aseguran ahora, quizá para proteger la leyenda, que toda aquella agua que manaba en el túnel era fruto de las lágrimas de aquel amor desafortunado… ¿Quién sabe?

Un coloso para las artes decorativas se erige en Gibara

Por Vanessa Pernía Arias

“El Museo de Artes Decorativas de Gibara y sus colecciones son fieles evidencias y testimonios de valor incalculable, del contexto histórico donde surgieron y sus diferentes utilidades”, así, a grandes rasgos y por vía telefónica, define María de Jesús Chacón, directora del mismo, la impronta de esta institución, orgullo de los gibareños y de todo el público que se acerque a sus salas.

Fotos cortesía de María de Jesús Chacón, directora del Museo

A pocos metros de la plaza principal de esta ciudad costera, en medio de la transitada calle Independencia, se erige este majestuoso edificio con estilo neoclásico, que además es Monumento Local. El inmueble fue construido en 1866 por orden del comerciante español radicado en Gibara, Atanasio Calderón Villa; y en 1910 pasó a manos del millonario gibareño José Beola y Valenzuela, hasta 1961, cuando fue nacionalizado por la Revolución. Me comenta María, con seguridad de museóloga apasionada (se nota en su conversación y en los detalles de cada uno de los datos que me ofrece) que la familia Beola y Valenzuela era descendientede españoles y venezolanos; y José fue propietario del 80, 9% de las acciones del Ferrocarril Gibara-Holguín.

María se conoce cada historia que habita las paredes del Museo, entre ellas que la edificación alojó por varios días, en 1898, al Mayor General Calixto García, y me pone al tanto del repertorio de celebraciones, fiestas y otras actividades sociales de la familia Beola, donde sobresale la recepción ofrecida al primer presidente de la República de Cuba, Tomás Estrada Palma, en abril de 1902, cuando llega a Cuba procedente de Estados Unidos, por el puerto gibareño, lo que denota la gran influencia socio-económica de la familia Beola, lo cual influye en las colecciones de mobiliario y piezas domésticas que hoy se exhiben en las salas de la institución. Aunque, me explica, que la cena propiamente en sí no fue ofrecida en este inmueble, sino en una engalanada vivienda, propiedad de la acaudalada familia, convertida después del triunfo de la Revolución en cuartería, y conocida por los gibareños como “la casona”.

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El puerto de Gibara, entre 1860 y 1930, fue uno de los atracaderos preferidos del litoral norte de Holguín para el comercio marítimo con firmas consignatarias tanto locales, nacionales y extranjeras.

Este tráfico comercial posibilitó que los descendientes de españoles, principalmente, se enriquecieran e hicieran una cuantiosa fortuna para levantar muchas de las construccionescoloniales que se alzaron en el pequeño poblado; de este modo se requerían mobiliarios, objetos utilitarios y decorativos para ambientar y ser utilizados en los diferentes espacios de dichas casas.

Por tanto, Gibara tuvo un fecundo desarrollo de las artes decorativas, con gran variedad de objetos utilitarios y decorativos, que poseen un valor excepcional para la cultura local. Por otro lado, fue una de las ciudades cubanas por donde penetró el estilo art nouveau, principalmente en piezas del ámbito doméstico, no así en otras como Cienfuegos,donde la arquitectura sobresale con rasgos de esta corriente artística, distinguida por la elegancia y las formas curvas que realzan las calidades de los materiales, en perfectas unidades de estructura y decoración.

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Luego del triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, el gobierno comenzó a nacionalizar toda una serie de negocios y propiedades de las familias ricas en la isla y con ello, pasan a mano del pueblo, entiéndase a instituciones con fines públicos que iban surgiendo, diversos objetos que componían estas edificaciones.

De esta manera entre 1961 y 1962, aproximadamente, surge la idea de fundar un museo en lo que había sido la casa de la familia Beola y Valenzuela, dado los elementos arquitectónicos, artísticos e históricos del inmueble, y los objetos que poseía la casa. Sin embargo, no es hasta el 25 de julio de 1972 que se inaugura oficialmente como Museo de Artes Decorativas, impulsados por la idea de Antonio Lemus Nicolau, reconocido historiador de Gibara. Este fue instalado en la parte alta de este edificio de estilo neoclásico, convertido en una de las construcciones más significativas de la segunda mitad del siglo XIX en la Villa Blanca.

 

En sus inicios se catalogaron para su exposición más de mil piezas de las artes decorativas y mobiliario, y fueron donadas otras de las instituciones de Instrucción y recreo, de la antigua Colonia Española de Gibara y de la Unión Club. “Este proceso de recuperación de piezas patrimoniales se extendió hasta mediados de la década del 70, incluso una vez abierto el museo”, comenta María con exactitud.

A partir de 1972 y hasta la actualidad, “el museo ha salvaguardado, cuidado, gestionado e interpretado de diferentes maneras, las riquezas de ese patrimonio que con el transcurso de los años hemos obtenido a través del concepto, fundamentalmente, de transferencia de piezas de La Habana y donaciones de los gibareños, además mediante la compra-venta, por el cual se completaron las colecciones que hoy se exhiben en el Museo”. Pero lo más notorio, destaca, es que el 95 por ciento de los objetos museables han sido recuperados en la propia Gibara.

Uno de los primeros directores y gestores del patrimonio de la institución fue Lemus, cerca de 20 años cuidando celosamente el Museo, destaca, haciendo énfasis en el papel de este sabio historiador a la cultura de Gibara. También sobresale el trabajo de rehabilitación del acuarelista Luis Catalá Maldonado, quien tuvo a su cargo la restauración de cada recinto del edificio: paredes, muros y falso techos de cada espacio, así como la labor de la pintora y museóloga Liliana Caballero (en este momento hace una pausa, María piensa para decirme el nombre de cada uno de los trabajadores que han pasado por sus salas y han dejado una huella importante, pero se rinde dice que su memoria a veces falla y no quiere dejar de mencionar a todos los que han contribuido a la impronta del Museo, y además agradece al equipo que actualmente le acompaña).

En el año 2008 el Museo fue cerrado al público por acciones constructivas, hasta el 2017 que se reinauguró, para suerte de sus pobladores y de los foráneos que agradecen su existencia. “Todas sus salas y colecciones se desactivaron y en esos momentos fue un reto para sus especialistas proteger y conservar cada una de las piezas. Fueron casi diez años de trabajo intenso”, añade. Hoy esta institución es orgullo de María, de sus trabajadores y de los gibareños, que observan su pasado tangible en cada espacio de esta renovada y hermosa edificación.

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El Museo de Artes Decorativas de Gibara figura entre las instituciones culturales más importantes del país, pues atesora una gran colección de obras del siglo XIX y XX, entre los que destacan piezas de cerámica, cristal, esculturas y muebles de estilo, oriundos principalmente de Francia, Inglaterra y Alemania.

 

Una visita al majestuoso edificio es como revivir la vida doméstica de la época de esplendor gibareño, entre 1870 y 1930. En sus catorce salas de exposición y cinco almacenes se conservan más de 2 mil 500 objetos de las artes decorativas de esta época, con gran valor patrimonial y de conservación. Dentro de las colecciones más importantes se encuentran la de cerámica francesa, integrada por más de 700 objetos, donde sobresalen los conjuntos de servicio de manufactura Limoges, otras de manufactura inglesa, resaltando los servicios de mesa.

Al otro lado de la línea María insiste y me pasea por cada uno de los espacios que componen el Museo; aunque lo he frecuentado en otras ocasiones, esta, su visita dirigida vía telefónica, fue única, pues destaca, entre otros sitios, el salón principal, ambientado con muebles estilo medallón, un piano de cola estilo Pleyel, pasando por un sillón de enamorados, expresión de los cánones del período, piezas de cerámica alemana, austriaca y francesa y arcos de medio punto, que aporta singular belleza a un inmueble bien estructurado.

Muebles cubanos de las primeras décadas del siglo XX, esculturas de bronce y mamparas predominan en la decoración. Las paredes con motivos florales expresan la corriente art nouveau, asentada en la Gibara del siglo XIX, al punto que varios muros del recinto, desde el vestíbulo, la escalera, hasta el sócalo, están rematados con elementos vegetales que son reminiscencia de esta corriente europea.

Se exhiben, además, juegos de salas estilo perillita, lámparas de techo de cristal veneciano, jarrones, pedestales de exótica decoración y motivos mitológicos que realzan la armonía entre la forma y ornamentación de estas piezas Art Nouveau. Allí también se encuentran objetos de estilo rococó, y muebles de firma austriaca Thonet, así como un curioso florero trabajado con la técnica desdorado y decoración floral realizada a mano.

Otra colección importante es la de libros, con más de 300 ejemplares de las sesiones de las Cortes ​Constituyentes de España y del Congreso español, entre ellas las de Castilla, Bayona y legislaturas que pertenecieron al vicecónsul de España en Gibara, Javier González Longoria.

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Lamentablemente hoy el Museo permanece cerrado al público, como todas las instituciones culturales del país, de manera preventiva ante la propagación de la Covid-19. La misma razón que me llevó a la conversación vía telefónica con María, de no haber sido por este virus que te aleja de tus semejantes por miedo a la muerte habría llegado yo hasta el Museo para recorrerlo con ella (que en su trato me pareció orgullosa de su gente y afable, como todo ser humano que habita ese poblado), mientras me acercaba en su conversación a la historia del Museo.

María, ahora vía Facebook, me dice que están preocupados por la situación que vive Gibara, donde hace solo horas decretaron fin de la cuarentena, sin embargo mantienen su trabajo interno en el Museo, a partir de la documentación e investigación de las piezas, pues a veces se completan datos de época que no se conocían. Además se verifica el estado de conservación de cada una. Una vez a la semana, precisa, acuden allí para realizar acciones de limpieza, mientras que otros especialistas trabajan desde casas en otras actividades dirigidas al Museo.

Este 18 de mayo, Día Internacional de los Museos, María de Jesús Chacón seguramente contemplará orgullosa, junto a sus compañeros, un inmueble que ha forjado la historia local y que ha trascendido la curiosidad de los apasionados para convertirse en un coloso del arte y la cultura gibareña y cubana, durante 48 años de labor dedicada al rescate de la memoria de la isla.

Donde hay títeres no hay fantasmas Los 48 años del Teatro Guiñol de Holguín

Por Erian Peña Pupo

En la calle Martí, justo en uno de los laterales del Teatro Eddy Suñol, tiene su sede el Teatro Guiñol de Holguín, compañía que celebra en este 2020 su aniversario 48 en pos del desarrollo del arte titiritero y sus diferentes expresiones en la provincia y el país.

El Teatro Guiñol de Holguín representa una de sus obras en el parque Calixto García. Foto: Centro de Comunicación Cultural La Luz.

Orígenes…

Los orígenes del Guiñol holguinero se relacionan con los antecedentes inmediatos de esta manifestación artística en la provincia, no tan fecunda en el arte del títere como otras, pero sí necesaria a la hora de historiar el panorama teatral cubano y sus múltiples convergencias.

A lo largo del siglo XIX e inicios del XX, en las ciudades de Holguín y Gibara, sobre todo, eran comunes las representaciones teatrales y musicales, en cines y teatros como el “Wenceslao Infante” y el Teatro Colonial de Gibara, de zarzuelas, operetas, vodevil, danza…

Respecto al arte titiritero, uno de los primeros referentes conocidos es el quehacer del gibareño Modesto Centeno (1913-1985), quien realizó la adaptación del cuento popular La Caperucita Roja en 1943, gracias a un concurso efectuado en la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL). Tiempo después, una de las figuras tutelares de esta manifestación artística en Cuba, Pepe Carril –nacido en el central Preston, Mayarí, en 1930– crea en el propio poblado holguinero, el Teatro de Muñecos de Oriente, en 1952. Luego Carril sería uno de los fundadores en 1963, del Teatro Guiñol Nacional, junto a los hermanos Camejo (Carucha, Bertha y Pepe) y el joven Armando Morales, director de ese colectivo hasta su reciente fallecimiento (La historia de Carril y los Camejo difuminada en el tiempo y en consiguientes periodos, ha sido rescatada gracias al trabajo de creadores como Norge Espinosa, Rubén Darío Salazar y del propio Morales).

Pero no sería hasta inicios de 1959, cuando comienzan a gestarse en la ciudad de Holguín la idea de hacer teatro para niños mediante la utilización del títere en diversos formatos y estéticas.

Nacimiento: las luces del día del Teatro Yarabey

El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey –en voz aborigen, “luz del día”–, creando así la primera compañía teatral que se gesta después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual Teatro Guiñol de Holguín. Iniciaban, entonces, las primeras actividades culturales en las comunidades como estrategia de masificación de la cultura de la naciente Revolución Cubana.

Aunque hoy no se encuentra en activo por problemas de salud, Arturo Ricardo, uno de los fundadores del entonces Teatro Yarabey, cuenta con más de 37 años dedicados al arte de los títeres en la provincia, una impronta que no ha sido estudiada y que se va perdiendo, inexorablemente, con el paso del tiempo: “El Teatro Guiñol de Holguín se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave de Peralta. Después del triunfo de la Revolución inician las primeras actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos, animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado. Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo… Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras más de entonces”, comenta Ricardo.

Lo que hoy conocemos como Teatro Guiñol de Holguín sufre por largos años las mudanzas y fusiones con otros proyectos de la provincia. En la aun inédita cronología cultural de Holguín, realizada por el investigador Zenovio Hernández, se sitúa la culminación del primer cursillo de Instrucción del Teatro el 4 de noviembre de 1963, y además, refiere del inicio del cursillo de teatro de títeres impartido por Arturo y Carlos Ricardo, el 4 de abril de 1964, en los estudios de la emisora provincial CMKO Radio Angulo.

Los hermanos Ricardo se mantienen trabajando solos en Yarabey hasta 1965, cuando incorporan alumnos de secundaria básica y forman una brigada artística que actuaba dentro y fuera de la ciudad. Con esta brigada montaron obras de payasos, cuentos con muñecos y actores con máscaras: Las bodas del ratón Pirulero, La bruja que no era bruja y El hacha de oro.

Desde 1972 –fecha que marca el aniversario del Guiñol pues pasa a la categoría profesional, aunque realmente se celebren 61 años desde el originario Yarabey– hasta 1983, asumió la dirección del colectivo Felipe Betancourt del Río, quien contribuyó notablemente a la preparación del elenco, cuestión que conllevó a la calidad artística de muchas de las obras: Para reír y aprender, Lo que nos cuenta Din Don, La paloma Blanquiperla, Un día en el zoológico, De cómo la astucia venció al perro jíbaro, Las tres semillas, El conejo valiente, Armandito y las vacaciones, El rey del corral, Felo Jutía y El perro burlón.

Puesta de La cucarachita Martina por el Teatro Guiñol de Holguín en el parque Calixto García. Foto: Carlos Rafael

En 1983, tras el fallecimiento de Betancourt, la dirección del Guiñol pasó por un período inestable hasta 1991: Alejandro Hiralda, Armando Vielza, Rubén Mulet, Gilberto Gil y Marisela Espinosa, estuvieron al frente de la compañía en una época donde el teatro de títeres en Cuba se caracterizó por su marcado carácter didáctico y el reflejo de matices sociales, apoyado en adaptaciones de cuentos populares clásicos e historias cubanas, ubicadas, en su mayoría, en la campiña insular y sus delimitaciones. En esta nueva etapa presentan obras como: Quién puede más, El conejito Blas, El pájaro feo, La cucarachita Martina, El cocodrilo Tato, El caballito enano, Pedro y el Lobo, Un día en el teatro (Premio en guion en el I Encuentro Nacional de Guionistas de Espectáculos Infantiles, en 1986), El león hambriento y El chivo patijovero coliamarillo, obra que obtuvo el Premio en la categoría de música en el Encuentro Territorial Profesional de Teatro Infantil, en Ciego de Ávila, 1983, por el trabajo de Maricela Miranda, asesora musical del Guiñol desde 1982 hasta 2013.

Años de esplendor, la estética de Miguel Santiesteban

En 1992 asumió la dirección del grupo, por breve tiempo, la instructora de arte Grecia Lemus, y luego Marisela Espinosa hasta 1993, año en que el grupo se fusionó con Talismán, dirigido por Ángel Cruz. Ambos elencos acuerdan que Talismán sería un proyecto dentro del grupo fundacional; luego continúan trabajando con el nombre de Girasol. En esta etapa representaron piezas que caracterizarían nacionalmente el trabajo del Guiñol de Holguín: La Caperucita criolla, dirigidas por Ángel Cruz; Pelusín frutero, Un rayito de sol, La calle de los fantasmas, La muñeca de trapo y El sol negro, dirigido por Miriam Suárez, pieza que obtuviera en 1997 el Premio de la Ciudad de Holguín en Teatro en mano de los actores Marisela Espinosa y Mario Brito; y Los sueños de Verdolina, unipersonal de Marisela Espinosa, Premio de la Ciudad 1999 en actuación femenina, entre otras.

Varios de los títeres utilizados en las diferentes obras por el Teatro Guiñol holguinero.

En 1998 asume la dirección artística Miguel Santiesteban, hasta el 21 de marzo de 2012, fecha de su fallecimiento. Bajo su dirección se abren nuevos y amplios horizontes en el teatro de títeres en Holguín, imprimiéndole mayor fuerza profesional con la línea espectacular y el trabajo con esperpentos en calles y teatros. Así se pusieron en escena obras clásicas en el repertorio del Guiñol: La cucarachita Martina, Historia de una muñeca abandonada (Premio de la Ciudad 2000, en actuación femenina, a Magali Mola), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, obra del español Alejandro Casona, Espantajo y los pájaros, El chivo patijovero coliamarillo, El majá de Santa Manigua, El Conejito Blas, Las tres semillas, Galápagos, del holguinero radicado en México Salvador Lemis (Gran Premio del Festival de Teatro Máscaras de Caoba 2008, y Premio de la Ciudad 2009 en actuación femenina a Dania Agüero), El Ogrito, de la canadiense Suzanne Lebeau, y La calle de los fantasmas, del argentino Javier Villafañe (1909-1996). Quizá sea esta la obra más premiada del colectivo holguinero: Premio de la Ciudad 2002 en manipulación; Premios Avellaneda en actuación masculina y femenina, a Dania Agüero y Jorge del Valle, respectivamente, y en diseño a Karel Maldonado, en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey, en 2002. Además, el Premio Caricato 2003 en actuación masculina y femenina, a los mencionados actores y los Premios en el Festival de Teatro para niños y jóvenes (Guanabacoa, 2003) en manipulación colectiva, música y diseño, así como los premios especiales de la revista Tablas, de la Unión Nacional de la Marioneta (UNIMA) y de la Asociación Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud (ASSITEJ). Por estos años el Guiñol realiza, además, una gira por México donde muestra parte de su repertorio.

Según Martha Proenza, actriz del antiguo bloque dramático del ICRT en Holguín y miembro del Guiñol desde 1982: “El problema recurrente que impedía una mejor concepción ideoestética del colectivo, recaía en que ninguno de los que habían dirigido espectáculos en aquella etapa eran egresados de escuela, sin formación académica. Se viene a concretar un cambio positivo cuando dirige Miguel Santisteban y con los diseños de Karel Maldonado. Una estética más encaminada a la calle y al público todo que lo potencia”.

Actriz Dania Agüero Cruz, actual directora del Teatro Guiñol de Holguín

Cuenta, por su parte, la actriz Dania Agüero Cruz, hasta hace poco directora del Teatro Guiñol de Holguín, que cuando ella se incorpora a trabajar en el Guiñol en 1999, se acerca al experimentado Armando Vielza, actor, director, clown y realizador de sonidos en la radio: “Enseguida me acerqué a él para tratar de alimentarme de su experiencia y tratar de aprender. Armando Vielza cuenta, además, con un carisma especial para el clown. Su payaso era el auténtico payaso de circo. Un payaso diferente al que nosotros tuvimos como línea de trabajo. Desarrollaba situaciones, dentro de otras situaciones, y ahí armaba su historia”.

De aquellas nuevas propuestas estéticas comenta Vielza: “Lo espectacular primaba en nuestros montajes, así como el espectáculo de calle y la luz negra como líneas ideoestéticas. Dejamos de usar los títeres atrezados, y adoptamos a los títeres de telas rellenos con polietileno o esponja”.

Obra Galápagos. Foto: Archivo Centro de Comunicación Cultural La Luz

Añade que en el proceso creativo de Santiesteban, “la creación colectiva marcó la línea de dirección del grupo; Miguel seleccionaba las mejores ideas y las ponía en función de su idea como director. Él introdujo la espectacularidad y se amplió el uso del esperpento en espacios abiertos, la luz negra, con el uso de los títeres de piso, asesorados por mí. Maricela Miranda, Maricela Espinosa, Martha Proenza, continuaron con nosotros. Al paso de los años se incorporan nuevos actores y actrices: Dania Agüero, Migdalia Albear Camejo, Roberto Cera, Yuder Ortega, entre otros más, que llegaron después que salí del colectivo”.

Al respecto nos contó el maestro Armando Morales, Premio Nacional de Teatro, cuando visitó Holguín invitado a la Fiesta del Títere, organizada por el Guiñol holguinero: “Yo recuerdo que una vez fui jurado del Premio de la Ciudad en Teatro, y en el aspecto del teatro para niños y de títeres se le dio el Premio a Maricela Espinosa, que era una actriz de primer nivel. Después, con la renovación y la llegada de Miguelito Santiesteban, que fue alumno mío en el ISA, los espectáculos que montó en el Guiñol, con la imagen de Karel Maldonado, uno de los grandes diseñadores del teatro de figuras, aunque no se diga, llevaron a esa especialización que es el teatro de figuras, a un momento de gran envergadura para el arte y la cultura teatral, sobre todo la cultura que tiene que ver con el títere”.

Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León en adaptación del Guiñol holguinero.

Guiños teatrales desde el teatro, pero también desde la casa

Tras el fallecimiento de Miguel en 2012, el Guiñol continúa trabajando en la puesta en escena que el director dejara adelantada: así se estrena Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León, como homenaje a su dirección artística y su legado. Asume la dirección Dania Agüero y estrenan Payasoñar (Premio de la Ciudad a la mejor puesta en escena en 2014) y Los tres cerditos. Igualmente continúan representando obras conocidas dentro de su repertorio, siguiendo la estética de Santiesteban y el trabajo de otro imprescindible para el grupo, Javier Villafañe. Las sonrisas agradecidas de los niños en cada función, aseguran ellos, es el mejor premio posible al esfuerzo y la creación artística teatral.

Dirigidos por la joven actriz Karel Fernández trabajan en su próximo estreno, El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, del holguinero radicado en México Salvador Lemis. Aunque los ensayos se han suspendido en las recientes semanas a causa del necesario distanciamiento social como parte de las medidas ante la actual situación de excepcionalidad epidemiológica causada por el Covid-19, los integrantes de esta compañía no se han detenido y trabajan desde sus casas en la preparación de la puesta. También han realizado la hermosa iniciativa que comparte cada semana: “Guiños desde la casa”, cuyo “objetivo es llevar a los hogares breves representaciones teatrales, con los personajes principales de las obras en repertorio”, dice la propia Karel, y que se trasmite cada lunes vía Facebook y también en el programa A buen tiempo, del canal provincial Telecristal.

Hoy el Teatro Guiñol de Holguín –en una ciudad donde existen, además, grupos similares que han bebido de su savia y su experiencia, como Alasbuenas, Neón Teatro y Palabras al viento– es uno de los colectivos teatrales con una importancia medular en el escenario teatral cubano y el arte titiritero en sentido general: sus 45 años en escena y la realización de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el hermoso y útil arte del Teatro Guiñol de Holguín que celebra sus 48 años de arte.

Lo atípico es raro

Por Abelardo Leyva Cordero

Fotos tomadas de Internet y portada cortesía de Ediciones Holguín

Escudriñad la poesía porque en ella pensáis que hay un tesoro. Así lo hago con el libro Playback de Youre Merino y descubro mi tesoro como curioso lector. Para compartir el placer que causa la buena literatura me dispongo a considerar los elementos causantes del excelente sabor que dejó en mi boca y espíritu la lectura de estos poemas atípicos por naturaleza.

Youre no solo es amigo, sino poeta inteligente que obliga al lector, ahora su amigo, a pensar el contenido del texto para llegar a una comprensión suficiente que garantice un disfrute a la vez suficiente. En la actualidad, entre tantos tipos de poesía, tantos libros premiados y otros no, entre tantos nombres popularizados y otros aúndesconocidos, hallar un ejemplar que brinde un menú diferente es imposible. Pero me corrijo, debería decir casi imposible. Porque la propuesta de Youre es atípica; un libro raro como dijo un poeta de su ciudad; un libro aplaudible por su condición sola de existencia. Criterio que yo comparto 100%.

El poeta banense, amante de la música y en particular del género rock, toma nota de un hecho real ocurrido dentro del mundomusical para tejer una tesis donde el fraude en la cultura es el motor que produce fenómenos graves entre la gente de distintas generaciones. Un dúo de cantantes de los años 80 engañó al mundo completo haciéndose pasar por excelentes intérpretes. Hasta que un trágico día, como sucede en toda buena historia que llega a su final, fueron descubiertos como falsos cantantes. Sorpresa para el público mundial, otros, que no enseñaban la cara, eran los que cantaban mientras el dúo de mulatos se dedicaba solamente a bailar una danza que llenaba de éxtasis los ojos del público ignorante.

Youre, con conocimiento de causa, y haciendo uso de las herramientas del escritor, recrea esta historia de Milli Vanilli para tomarla como referente que, con atrevida intención y natural transparencia, trae a nuestro tiempo para plantearnos el fenómeno, si se puede calificar así, del escritor fraudulento por responder a intereses exclusivos de mercado. Dura realidad que el autor no teme plasmar en la hoja en blanco para que otros se enteren de lo que está sucediendo en sus narices. Nos dice el poeta: Nos dijeron que si mentíamos nos crecería la nariz y comenzamos a mentir” Y también: “Debe ser muy incómodo asumir que, salvo para engañar, no se tiene talento para nada.

Simular ser un cantante de excelencia, para Youre, o simular ser un escritor de pies a cabeza por adoptar mañas impropias de la persona de carne y hueso, sino de tipo comercial y de laboratorio, como los propios poemas sujetos a los gustos e intereses de otros, es lo mismo; y él, de manera muy elocuente, lo combate para evitar morir como víctima del propio mal, cuando nos dice: Extirpo lo que genere contradicciones entre el contenido y sus medios de expresión. La posibilidad de que mi propia obra me fulmine”.

El autor tiene muy claro que la historia de la mentira en el acto creador tiene asegurado un triste final. Y sabiamente procura evadir este resultado escribiendo un libro que rezume denuncia valiente a la vez que asume su responsabilidad en el tema tratado, de la manera más sincera posible. Sus versos validan su posición en el asunto de esta forma. Primero dice: Está el que piensa que el engaño puede prolongarse, el que no se prepara para el golpe”. Y luego declara con toda humildad, genio poético y osadía: ¿Quién tiene el valor de aceptar que plagia? ¿Quién tiene el valor de aceptar que imita, de aceptar que algo de ellos habita en nosotros? Todavía no encuentro a nadie que muestre su estrella de perdedor para compararla con la mía”.

Libro que sostiene un discurso alto, con un lenguaje en prosa, no por ello abundoso en palabras, sino que cada partícula juega su papel, cada una es importante para lograr una música en el fondo de toda línea o verso, y el entendimiento cabal del mensaje sugerente que trasmite cada poema, es la propuesta que mereció con justicia el premio de la ciudad de Holguín en 2016.

Poemas que se comunican uno con otro. Y que poco a poco tejen un organismo vivo, lleno de sugerentes y desafiantes verdades que el lector enfrentará, terminando así complacido por el ejercicio de lectura de una obra de calidad por su innegable originalidad, y sus valores estéticos propios de la poesía. El sujeto lírico es un ser inteligente, que a veces es observador, y otras protagonista de la historia que se cuenta. Un ser de principio a fin, muy consciente de la realidad que se vive en el escabroso mundo del arte, como todos los mundos que existen en el mundo total que es el planeta tierra.

Felicitaciones para mi amigo y poeta inteligente Youre Merino por su atípico e interesante libro Playback Los podios ofrecidos.

 

 

 

Romera de corazón

Por Bernardo Cabrera

Aunque la mayoría de las personas cree que las Romerías holguineras solo cobran vida del 2 al 8 de mayo, en realidad su proceso de gestación dura todo el año. Si alguien lo sabe bien es Tatyana Galbán, actriz, locutora, directora y eterna promotora del Festival Mundial del Arte Joven.

¿Cómo recuerdas esos días de gestación de la primera edición de las Romerías?

-Lo recuerdo como si fuera ahora mismo porque las cosas buenas no se olvidan. Fue una etapa bien diferente a la actual, con distintas maneras de pensar y hacer. Éramos un grupo de jóvenes de varias manifestaciones artísticas que queríamos hacer nuestros los espacios culturales, cada uno con una tarea e ideas diferentes, lidiando con personas que no comprendían la importancia de que este evento se realizara en Holguín. Desde que conocí al intranquilo Alexis Triana he sido su fiel seguidora, quizás porque me encantan los retos.

¿Por qué era necesaria la creación de este evento para la ciudad?

-La ciudad de Holguín siempre ha sido una ciudad cultural por excelencia. Era importante aunar el arte en aquellos momentos tan difíciles, y que de una vez por todas los jóvenes tuviéramos nuestro espacio y se reconociera más el trabajo de los artistas.

¿Crees que han cumplido el objetivo con que fueron creadas?

-Sí han cumplido el objetivo o los objetivos, primero porque han logrado unir a artistas de todas las manifestaciones, además de rescatar la tradición de las romerías y lograr involucrar al pueblo.

¿Qué distingue a las Romerías de otros eventos nacionales?

-Cuando surgen las Romerías, Holguín no tenía ningún evento cultural de fuerza y a pesar de que el evento es perfectible, su principal mérito es mostrar al artista tal cual es. Además, a nadie se le ocurre hacer lo que se hace en Romerías. Un ejemplo de que nada nos detiene es esta edición que se hizo desde casa.

¿Qué se puede mejorar aún?

-Confiar más en los jóvenes y que la dirección del país y un poco más allá comprendan la magnitud del festival, que ya no es el evento de jóvenes holguineros o cubanos, es internacional. Además, recordar que Alexis Triana fue el padre y debe estar presente en todo proceso dentro del comité organizador. Esa figura es imprescindible para la organización de cada edición.

¿Cuánto te han aportado como profesional y como persona?

-Como profesional me han dado la oportunidad de conocer e intercambiar con otros manifestaciones; de estar lo mismo en una sala de acreditación, como promocionando el evento o tener que atender a los invitados; además de poder estar en cada uno de los espacios que se han incorporado a través del tiempo. Como persona, el haber estado al lado de Alexis Triana y otros muchos que el tiempo no puede borrar. En este evento lo mismo he llorado que he reído. Recuerdo que cuando terminaba cada edición todos juntos llorábamos, porque sentíamos pasión por lo que estábamos haciendo.

¿Qué significa haber estado en el punto de partida y verla 26 años después?

-Me siento orgullosa al ver que algo que surgió de la idea de un grupo de jóvenes sin prácticamente recursos, con poco apoyo y muchos detractores, hoy se tiene en cuenta en los planes de las instancias gubernamentales y reúne a artistas de todo el mundo. Se siente bien poder demostrar con hechos que las Romerías no son solo fiesta y pachanga como muchos pensaban. 26 años después siento lo mismo que al inicio. Eso que te atrapa, te apasiona y te convierte en una romera de corazón.

Raúl Prieto entre la trova y el rock

Por Erian Peña Pupo

Fotos Adrián Aguilera y Oscar Gordillo

Raúl Prieto asegura que es esencialmente un cantautor que se mueve entre la trova y el rock, aunque se siente cercano a géneros como el pop rock, la balada, el bolero, el son… Su obra viene a ser el resultado de múltiples referencias: “Trato de interactuar con todos estos géneros, defendiendo determinados valores estéticos, un cuidado por las letras, las armonías”. Por eso asegura que su “música no es necesariamente trovadoresca al estilo de los viejos juglares”, aunque durante varios años se trasladara desde su natal Báguanos con el instrumento al hombro, interpretando sus temas a guitarra limpia.

Este año Raúl Prieto celebra su 41 aniversario de vida artística, pues marca el inicio de su carrera con la entrada al Movimiento de la Nueva Trova, en 1979, con el grupo Latinoamérica. Surgida después de un concierto de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, en Casa de Las Américas, en 1968, y constituida en Manzanillo, en diciembre de 1972, la Nueva Trova tenía entonces varios exponentes en Holguín: Ramiro Gutiérrez, Aramís Mojena, Yaguajay… “En 1979 yo estaba en noveno grado y tocábamos música folclórica latinoamericana, desde Báguanos, un municipio con un potencial fuerte en la trova, aunque también hacíamos temas de la Nueva Trova y algo de son”.

“Estando en Latinoamérica formé parte de un grupo de pop rock llamado Kontakt, perteneciente al movimiento de aficionados, que tributaría después a la entonces Brigada Hermanos Saíz. Tocábamos esencialmente rock: Aguas claras, The Beatles, The Rolling Stones… Ahí no creábamos una obra propia, era más músico que cantautor”, dice.

“Al lado de mi casa en Báguanos vivía un marinero y crecí escuchando a Queen, The Beatles, The Rolling Stones, The Jackson 5, y de esa música es imposible no influenciarse. Además, parte de la trova tradicional cubana: Sindo Garay, Manuel Corona; la Nueva Trova desde el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic para acá, principalmente Silvio, Pablo, Carlos Varela y Santiago Feliú, que me han influido mucho. Y Fito Páez, Miguel Ríos, Víctor Manuel, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Queen, Toto, Tierra, Viento y Fuego; la generación de los 80, que realmente marcó la vida de muchos músicos. Me gusta también la música clásica, y los temas de Alejandro Sanz”.

Otro giro en su carrera llegaría con la fundación en 1986 de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) que agrupó a jóvenes escritores, artistas y promotores. Además, se vinculó al surgimiento en Holguín de las Romerías de Mayo, Festival Mundial de las Juventudes Artísticas.

“Cuando empecé a componer me moví más por la trova, pero siempre tuve el incentivo de crear un grupo musical”, asegura el autor de temas como “Sin tanta filosofía”, “Para darte más”, “A esta hora”, “En las alturas de la tarde”, “Capitán en tierra” y “Un disparo de amor”. Por eso, entrado el nuevo milenio, crea “Raúl Prieto y su grupo”, su agrupación acompañante profesional que pertenece a la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos “Faustino Oramas”. “Estamos cumpliendo 20 años”, subraya, y destaca que su hijo, Raulito Prieto, excelente bajista y uno de los jóvenes representantes de la trova en la ciudad, está al frente de la dirección musical del mismo, “compuesto principalmente por piano, teclado, batería, bajo, guitarra eléctrica, guitarra electroacústica, coro, percusión menor y trompeta”, añade.

Además de la música, Raúl Prieto se ha desempeñado como constante promotor de la trova: “He centrado mi trabajo en los últimos años en el desarrollo de peñas destinadas a proteger y promover la nueva trova cubana, con un poco de énfasis en el trabajo de los jóvenes. Siempre he tenido como inquietud abrirle espacio a las nuevas generaciones”.

En el Hotel Brisas Guardalavaca, con el dramaturgo Carlos Jesús García, realizó la peña “De John Lennon a la trova cubana”, “en la que queríamos mostrar la herencia de The Beatles en la música cubana, pues muchos trovadores tenemos influencia de ellos, de Bob Dylan”. Protagonizaría, además, “Tocando fondo”, en el patio de la Empresa de la Música, y “A esta hora”, espacio característico en la Casa de la Trova “Faustino Oramas”.

A partir de esta peña, fundada en 2006, nacería su primer disco: A esta hora, licenciado por Bis Music en 2008. “Es un disco bien variado, que tiene trova, son, bolero, rock… Ahora acabo de grabar mi segunda producción, que será patentada por la Egrem: Rostro de nadie. Es un disco con una sonoridad mucho más amplia, un formato de agrupación grande, pues contiene baladas, boleros, algo de flamenco, country…”, asegura.

Ahora sus empeños están encaminados al desarrollo de la Feria de los Trovadores, “una especie de cofradía, un gremio que incluye a trovadores de las nuevas generaciones. Así surgió la Feria: una plataforma donde podemos interactuar todos los trovadores, con una agrupación que funciona como el Grupo de Experimentación y acompaña a todos los artistas, para que puedan tener la posibilidad de enriquecer su espectro armónico, darse a conocer desde el inicio con una propuesta musical más amplia. Pusimos mi grupo en función de eso y empezamos a llamar a los creadores que profesionalmente estaban en la Empresa de la Música con la idea de que se fueran sumando”.

La Feria, realizada por la Dirección Provincial de Cultura de Holguín, “que la ha sostenido de forma ininterrumpida, con creces”, y con el apoyo de otras instituciones, ha consolidado espacios en El Callejón de los Milagros, del Complejo Cultural Plaza de La Marqueta, la Casa de la Trova “Faustino Oramas”, de Artex, y el Álbum-Café “El Chorrito”, de la Egrem, donde trovadores como Fernando Cabreja, Manuel Leandro Ibarra, Lainier Verdecia, Raulito Prieto, y Tony Fuentes, intercambian con un público cada vez más creciente. La Feria realizó, además, el concurso para trovadores noveles “Para una imaginaria María del Carmen”, ganado en esa ocasión por Oscar Sánchez.

La Feria, añade Raúl Prieto, quien es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), “ha sido una especie de cantera, una plataforma interactiva para darles la posibilidad a los jóvenes y además, retroalimentarnos con las nuevas tendencias, porque creo que quien no se sume a las nuevas generaciones y a las tendencias contemporáneas, retrocede. Uno mantiene su estilo, su escencia, su concepto, pero aprende”.

Mientras espera la salida al mercado por la Egrem de su disco Rostro de nadie, Raúl Prieto explota su línea de autor, escribiendo para varias voces interesadas en interpretar sus textos. Además, ve elevarse a sus hijos, también en el mundo del arte, y se sabe un cantautor –además de un creador tremendamente sencillo y talentoso– que desde la trova y las raíces encuentra amplios horizontes donde crecer como músico (entrevista publicada originalmente en la web de la Asociación Hermanos Saíz, AHS).

 

 

 

Viaje literario y periodístico alrededor de Rubén Rodríguez

Por Vanessa Pernía Arias

Rubén Rodríguez González, reconocido periodista y narrador holguinero, en ese orden porque asegura que debe al periodismo su literatura, se encuentra entre los escritores cubanos más publicados y leídos en el país, con una veintena de textos que oscilan con éxito entre la literatura infantil y la cuentística para adultos.

Foto tomada de Internet

En su obra creativa destaca la novela El Garrancho de Garabulla, que descubre de algún modo el entorno infantil en que creció el autor, el antiguo poblado de Auras, actualmente Floro Pérez, que se encuentra a pocos kilómetros de la cabecera provincial, y donde surgieron sus primeras necesidades literarias, pues Rubén afirma que la fantasía fue la tabla de salvación y alternativa lúdica en su niñez.

Dicho título lo ha convertido en unos de esos relatores del campo cubano, utilizando las múltiples posibilidades que ofrecen lo bucólico y lo auténticamente nacional.

El maravilloso viaje del mundo alrededor de Leidi Jámilton, es otra de sus sagas infantiles más reconocidas, que narra las peripecias de la ingeniosa bruja y su visión de mejoramiento humano a través de una mirada sensible y humorística.

A esta lista se suman otros textos dedicados a los pequeños, como
Rebeca Remedio y los niños más insoportables del mundo, Peligrosos prados verdes con vaquitas blanquinegras, Paca Chacón y la educación moderna y Mimundo.

Su más reciente título infantil es La retataranieta del vikingo, bajo el sello de la Editorial Oriente, que le mereció el Premio de los Lectores otorgado cada año por el Instituto Cubano del Libro (ICL) a los diez textos más vendidos en la red de librerías o de mayor circulación comercial en el país, y entregado en la recién concluida Feria Internacional del Libro de La Habana, amplia cita cultural en la que ha participado frecuentemente con sus obras.

Rubén precisó que se siente satisfecho y feliz con el galardón, pues es señal de que el texto como obra de arte ha cumplido con su ciclo creativo, que lógicamente finaliza cuando el lector interactúa con ella convirtiendo en suyas las vivencias literarias e identificándose con la historia de los personajes.

Además este autor destaca dentro del amplio movimiento literario cubano y latinoamericano a partir de una obra consolidada para adultos, con títulos que aparecen en varias editoriales nacionales y extranjeras; entre ellos Eros del espejo, su primer cuaderno publicado y que le mereció el Premio de la Ciudad de Holguín 2001; Majá no pare caballo, Unplugged y Los amores eternos duran solo el verano.

Dichos textos muestran una narrativa potente, sincera, a ratos descarnada, sobre la pérdida, el dolor, la soledad, la necesidad de querer y ser querido, y fundamentalmente, sobre el amor.

Aunque numerosos premios avalan su creación literaria, como La Gaceta de Cuba, César Galeano, Oriente, La Edad de Oro, Ismaelillo, Abril, Crítica Literaria y su más reciente galardón, el Alejo Carpentier 2019, importante reconocimiento que concede el ICL, la Editorial Letras Cubanas y la Fundación homónima, disfrutar una clase junto al profe Rubén es un lujo que todo estudiante de periodismo no debería perderse en su paso por la academia.

Sus lecciones sobre el estilo, el ensayo y las herramientas literarias de las que se vale hoy la profesión periodística para lograr un acertado texto, atrapan hasta el más escéptico en cuestiones de escritura, sobre todo porque logra una intimidad que sobrepasa los pupitres y te convierte en cómplice de numerosos autores de la literatura universal.

Igual que al gran escritor colombiano Gabriel García Márquez, el periodismo en Rubén Rodríguez González más que una herramienta para ficcionar sus historias, se ha convertido en su cotidianidad, en su razón de ser y existir, por eso aún hoy desde el semanario holguinero ¡ahora!, donde es editor, cautiva con fresco estilo a los lectores con su columna habitual, dejando entrever las historias de esos picarescos personajes que habitan su amplio mundo literario (Artículo publicado inicialmente en la web de la ACN).