Evelyn Queipo: “En la literatura, como en el amor, se vale todo”

Evelyn Queipo no pudo evitar las lágrimas que surcaron su rostro. Aunque minutos antes ella estaba sentada entre el público que colmó el salón “Abrirse las constelaciones” de Ediciones La Luz, sello holguinero de la AHS. María Liliana Celorrio, en nombre del jurado del XVIII Premio Celestino de Cuento, compuesto, además, por Rubén Rodríguez y Eugenio Marrón, leyó el acta con las deliberaciones finales y otorgó el Premio a su libro Ese reno que nos mira, además de menciones a las obras enviadas por Anisley Miraz y Norge Luis Batista.

Parece que Evelyn no podría creerlo y lloró, pues el Celestino, dijo entonces ella, era como su “asignatura pendiente” en materia de concursos. “Ese reno que nos mira”, nos comenta además, contiene 15 relatos con un hilo conductor común, la literatura y el proceso creativo relacionado con ella.

La joven escritora camagüeyana –quien, además del diploma acreditativo del Celestino, se llevó un grabado iluminado del maestro Cosme Proenza Almaguer– verá publicado por Ediciones La Luz su libro bajo el membrete del Premio Celestino de Cuento, la misma editorial que publicó recientemente su texto Oros Nuevos. El Viejo Continente.

Poco antes acompañé a Evelyn y al tunero Alejandro Rama a la grabación de un programa en la radio holguinera. Allí Yuricel Moreno, conductora de La hora de los cabezones, espacio de la AHS en la CMKO Radio Angulo, le preguntó de qué trataba su libro en concurso. Ella, vivaz, sonriente, perspicaz, le dijo que quien quisiera saberlo debía ir a la premiación en Ediciones La Luz el próximo sábado. Y sí, cuestiones del sorprendente azar lezamiano, quienes estuvimos allí sabemos más o menos de qué va el libro de Evelyn Queipo, mientras esperamos la edición impresa bajo el sello de la prestigiosa editorial holguinera.

Mientras esto sucede, conversamos vía correo electrónico con Evelyn Queipo, para dialogar sobre Ese reno que nos mira, su reciente Premio Celestino, otros libros suyos y los proyectos en los que está inmersa una de las autoras jóvenes más reconocidas en el panorama literario cubano.

Con Ese reno que nos mira obtuviste el Premio Celestino en su XVIII edición. Sé que enviaste en varias ocasiones al concurso, incluso has dicho que el Celestino era tu “asignatura pendiente”…

¿Qué significa haberlo alcanzado finalmente?

En primer lugar, dejaré de enviar mis manuscritos al certamen. No creo que lo vuelva a ganar antes de llegar a la edad límite. Es broma. Alcanzar el Celestino es acceder por segunda vez a La Luz, pues mi ópera prima con esa editorial fue Oros Nuevos. El Viejo Continente. Además, con esa distinción me sumo a la corta lista de 4 mujeres que lo han obtenido en las 17 ediciones anteriores. Si bien es un concurso carente de premio en metálico, también hay que reconocer que quienes lo auspician se preocupan por darle visibilidad al autor y al libro. Están pendientes de los más mínimos detalles y hacen que el ganador se sienta una persona especial. Ese equipo que tienen los holguineros en La Luz, es un verdadero regalo. Además, te confieso que Ese reno… es el último as narrativo que me quedaba. Hace un par de años que solo escribo décimas y poesía infantil. Los niños y la poesía me han atrapado. Quizás tras Ese reno que nos mira, con su mirada de hielo, haya un período silente en mi narrativa.

Rubén Rodríguez –uno de los jurados en esta edición del Celestino– escribió posteriormente: “Numerosos autores apuestan cada año por ese concurso holguinero que en sus inicios reclamaba solo un cuento, hasta que la madurez alcanzada por la calidad de sus jurados, valía de los textos seleccionados y óptima edición, a cargo de La Luz, sello que auspicia el certamen, permitió ampliar la convocatoria hasta un libro de cuentos”.

El próximo año veremos tu libro publicado y podrás presentarlo en Holguín. ¿Expectativas al respecto? ¿Cómo valoras el trabajo de esta editorial de la AHS en el ámbito editorial cubano?

Solo espero que la película vivida con Oros Nuevos, se vuelva a proyectar en esta nueva entrega. Ni más ni menos. Con Oros… estuve en los espacios más lindos de la feria holguinera: escuelas, museos y hasta en “La Hora Tercia”. El público es otra cosa. Vamos a ver cómo le va al reno con el lector. Pero bueno, ese es un trabajo de él. El mío ya está casi terminado.

“Todos buscan la luz”, así reza un cartel hermoso que tienen en la recepción del inmueble que acoge a la editorial holguinera de la AHS. En broma dijo Yonnier Torres: “pero pocos la alcanzan”. Y es que esa casa se ha convertido en referente no solo para editoriales pequeñas y del SET (Sistema de Ediciones Territoriales). La visualidad de los libros, los numerosos premios Puertas de Papel alcanzados, la prudente selección que hacen a la hora de elegir y el intenso trabajo promocional que realizan, todo ello da fe de la calidad del trabajo de esta editorial. Entonces, ¿quién no quiere semejantes virtudes para su libro? Doy gracias a las sorpresas del destino que me permitieron acceder a ese rayo luminoso por segunda vez.

Evelyn tienes un libro bajo el sello de La Luz que ha sido todo un éxito en las Ferias del Libro y está agotado en librerías: Oros nuevos. El viejo continente. Además, recientemente publicaste un título dedicado al público infantil por Ediciones Ácana. Háblame un poco de estos libros y lo que representan en tu carrera literaria.

Este libro sigue la eterna senda que dibujó Herminio Almendros con Oros Viejos. Hay muchas culturas y pueblos que no conocemos. Acercarse a su historia y a sus mitos, resulta siempre interesante. Además, Oros… es el libro que yo quería escribir. Sabía, que estaba fuera de los temas que se premian hoy en los concursos de literatura infantil. Lo había mandado a varios premios donde ni siquiera obtuvo mención. Al principio me sentí derrotada, pero algo me dijo: “No te rindas”. Tenía la sensación de que podía gustarle a los niños y adolescentes. Y si hubo intuiciones fallidas, ésta no lo fue. El libro en realidad se vendió. Al menos la primera entrega que hizo la imprenta. Y lo que es más importante, tengo varias referencias positivas de sus propios lectores. Hay muchos que están esperando el resto de los ejemplares, además de mi familia y mis amigos.

Por Ácana publiqué este mismo año Un niño llamado Chusete, libro que sí tuvo suerte en un concurso literario. Obtuvo en 2015 el premio de la ciudad de Camagüey. Está escrito a dos manos con Maribel Vidal, una alumna del taller literario que coordino y de quien aprendí muchas cosas. ¿Parece arbitrario no? Esos fueron mis primeros versos para niños, y los de ella también. Fue un trabajo hermoso. A diferencia de las malas opiniones sobre escribir un libro entre dos, el nacimiento de este maravilloso niño llamado Chusete, fue un acto increíble de amistad y respeto. Así ha llegado hasta las manos de los niños, y debo decir, apartando la modestia, que también se agotó. De sus 1000 ejemplares ya no hay ninguno en librerías. Pero, admito, hicimos trampa. Le dijimos al ilustrador (Celso de Zayas) que hiciera el trabajo a líneas, para que los niños pudieran colorear. Incluimos adivinanzas y cositas de ese tipo. Nada, lo que salió de la editorial fue una chuchería para niños. En la literatura, como en el amor, se vale todo. ¿O no?

En la entrega del Premio Celestino aseguraste: “Son cuentos de varias épocas de mi vida que auné bajo un criterio donde casi siempre aparece el escritor y el proceso creativo de alguna manera”. Entonces, cuál es el hilo conductor de las historias que podremos leer en “Ese reno que nos mira”. ¿Qué obsesiones te mueven en la creación literaria?

Hay allí minicuentos y textos más largos de ficción. Casi todos remiten a clásicos de la literatura universal, a autores conocidos o al acto mismo de la creación. En realidad la literatura, en sí misma, es el hilo que conecta sus 15 cuentos. Un aprendiz de escritor que asiste a la muerte intelectual de su maestro; una carta del siglo XVII que se conecta con la realidad a través de un correo electrónico; una mujer que, víctima del Alzheimer, acude a una extraña máquina donde puede ver sus recuerdos; pero también hay guiños al cine, la televisión y a la creación plástica (cuento El grito, premio César Galeano 2008). Y los minicuentos, ¡ni te digo! Son pequeñas tacitas de café que funcionan como interludio. Mis preocupaciones literarias varían mucho de un género a otro. Aquí estaba muy inquieta por la creación. Por esos misteriosos resortes que hacen a un hombre (o mujer) sentarse frente a un papel en blanco y comenzarlo a llenar de… ¿obsesiones?

Hablemos de las influencias en tu obra… ¿Qué autores consideras imprescindibles a la hora de conformar una antología de influencias personales? ¿Y por qué?

Mi formación literaria es académica, así que te puedo mencionar todo el programa de literatura universal, cubana, española, latinoamericana y norteamericana que figura en el plan de clases de la carrera de Letras. Ojo, yo estudié en la Universidad de Oriente. Te aseguro que lo leí casi todo. Todavía soy una alumna muy disciplinada. Las otras lecturas, fuera de eso, no me han aportado mucho más. Por eso le dicen “clásicos”. ¿Pero tú sabes lo que sí es una gran influencia para mí? La literatura actual. Tengo muy claro que si quiero tener una voz propia no puedo calcar a mis contemporáneos. Por eso los tengo como referentes. Yo pudiera escribir imitando a Poe o a Onelio, y la gente me llevaría suave porque en definitiva, ¿quién no ama la narrativa de esos dos? Pero si me parezco a escritores jóvenes, algunos con textos poco felices, quiero decir, de dudosa calidad literaria, seguro que no salgo bien parada. Lo que trato de decirte es que hay referentes que debemos tener, para evitar influencias desdichadas. Me cuido de eso hasta donde me es posible. La otra gran influencia es la vida misma. ¿Qué no se puede sacar de ella? Siendo como es, más rica que la ficción, hay quienes no ven en ella todas sus potencialidades. No estoy evadida de la realidad. Admiro a quienes pueden hacerlo, pero yo no. Yo tengo que poner en mis cuentos las situaciones que me rodean, con las que vivo, solo que no puedo evitar alterarlas. Siempre lo hago. Un poco. Ahí nace la literatura.

¿Cómo valoras el trabajo de la AHS en la divulgación y promoción de la joven literatura cubana?

La AHS me ha abierto las puertas que la UNEAC, por ejemplo, me ha cerrado, a pesar de que soy miembro de las dos. Tengo en la AHS una amiga incondicional. Publico en sus sitios digitales, me paro en todas sus tribunas a leer y hasta rapear mis textos. He viajado por gran parte de Cuba con mi obra como estandarte y la AHS de cada provincia, siempre me recibe con brazos abiertos. He asistido a varios eventos de la Asociación con mis textos, hasta los eventos que no son puramente de literatura. Y las editoriales de la AHS no me son ajenas. Ya publiqué en La Luz, pronto debe salir un libro por Reina del Mar. En Áncoras me aprobaron la segunda parte de Oros Nuevos, pero factores ajenos a la editorial y a mí, impidieron que se incluyera en el plan de este año. Tengo mi espacio caracterizado en la Casa del Joven Creador de Camagüey. Creo que la AHS ha hecho mucho por mí, pero es recíproco. También la AHS sabe que puede contar conmigo. Lo he demostrado yendo a comunidades intrincadas, prestándole servicios a otras instituciones que se apoyan en la AHS, hasta he donado sangre. Y ahí mismo, con la vena canalizada, he hecho décimas. ¿Qué te parece? Así que, en alguna medida, todo esto que te cuento, me lo he ganado.

Sé que tienes un taller literario con jóvenes estudiantes camagüeyanos. Podrías hablarme de esta experiencia…

Por falta de uno tengo dos. Uno en mi casa de Cultura, donde trabajo como asesora. Este espacio es mágico. Esas personas, que no pocas me doblan la edad, aunque los hay muy jóvenes también, me consideran un hada, una maestra. Y yo me siento tan lejos de eso. A duras penas logro hilvanar las palabras con que les hablo, pero eso sí, son siempre palabras seguras. Ellos me han dado premios muy lindos: La Beca Sigifredo Álvarez Conesa, el premio de la Ciudad, y los que me darán. Y yo me los pongo en la autoevaluación como si fueran míos, porque a muchos los he visto crecer cada domingo. Se van alicaídos porque les he dicho que el conflicto de un cuento está flojo o porque el poema tiene muchas asonancias, pero al domingo siguiente vienen recuperados, y me traen el texto arreglado, pero me traen también uno nuevo, que no tiene los errores del anterior.

El otro taller es de apreciación, con niños. Y la casa de la AHS, que es también mía, es el lugar de reunión. A ellos les leo y los hago partícipes del Canto dentro (festival de trova), del Almacén de la Imagen, y de otros eventos. Los recojo dos viernes al mes en la escuela y los devuelvo. Van por la calle recitando a todo pulmón, y a coro, los versos sencillos que les he enseñado. No hay un solo transeúnte que permanezca ajeno. Algunos para elogiar, otros porque gritan bastante, otros se detienen. Resulta increíble un hecho como ese. Y lo más lindo es que yo no los mando. Ellos lo hacen solos, y cantan, siempre canciones patrióticas. Juro que no tengo nada que ver con eso. Lo mío, en ese momento, es que vayan con el uniforme completo y arreglado, que crucen la calle organizadamente. No me puedo poner a dirigir la orquesta. En el taller leemos y después comentamos. Los niños son sorprendentes. Ven lo que uno no advirtió. Llenan lo abiótico y estéril de vida. Algunos me dan la dicha de escribir. Entonces los incluyo en algún concurso como Trazaguas y otros. Pero son los menos. Una alumna ganó una vez el premio nacional El Minint y yo. Pero mi verdadero objetivo no es formar en ellos escritores, sino, solamente, formar hombres y mujeres de bien que sepan apreciar el arte y usarlo en favor de los demás.

Por Erian Peña Pupo

Tomado de www.ahs.cu

Un mexicano enamorado de Holguín

Por Milena García García

El artista sonorense Avelino Vega ofreció varios conciertos en la ciudad de Holguín durante la Fiesta de la Cultura Iberoamericana. El mexicano cantó además para un público heterogéneo de artistas procedentes de una veintena de países, ofreciéndoles una música reconocida a nivel mundial.

Avelino Vega, se ha convertido en una presencia necesaria en la Fiesta. Foto de la autora

Al ser entrevistado por La Luz acerca de su presencia en el evento expresó: “Esta es la cuarta ocasión en que participo en el multitudinario encuentro y siempre vuelvo porque son muchas y variadas las experiencias. No sé cuál será la última canción que cantaré en esta tierra. Por si fuera poco, está la posibilidad de compartir con numerosos creadores provenientes de distintos países, y uno siempre aprende de su cultura, y eso es bastante provechoso, pues no todos los días se tiene la suerte de intercambiar de esa manera.

¿Cómo lo acoge cada año el público cubano?

“Yo regreso porque el público es muy cálido, para mí es un auditorio sensible, inteligente, capaz de despertar la admiración y el respeto. Todos me saludan y me preguntan: ¿Maestro, dónde va a cantar? Me identifico mucho con las personas, porque son muy campechanas, naturales, y por eso hago hasta lo imposible por estar aquí cada año.

¿Cuáles son las interpretaciones  que más le solicitan?

Todos los cubanos me piden que les cante El rey, ellos lo tararean, lo disfrutan.  Yo soy un cantor de la música del estado de Sonora, al norte de México. Me gusta hacer un popurrí de vez en cuando. Me encanta el romanticismo y a la gente también le gusta; pero nunca puedo dejar el escenario sin cantarles algo bravío mexicano. ¡Y ahí hay que echarle ganas!

Además de traer mis pistas durante las presentaciones, me acompaña el Mariachi Holguín. Juntos nos acoplamos y hacemos Si nos dejan, De qué manera te olvido, La media vuelta, y sacamos chispas en la muchedumbre.

Al maestro Avelino Vega Pérez le gusta el calor del pueblo por eso cada octubre, desde que conoció el evento vuelve con energías renovadas a la Fiesta para regalarnos su música bien mexicana.

El tango más genuino

 

Por Julio César

Empeñados en continuar con las tradiciones de su pueblo, así como hermanar las diferentes culturas iberoamericanas, arriban a Holguín delegaciones de diversas latitudes. El arte en todas sus manifestaciones se encuentra de fiesta por estos días.

Desde el extremo sur del continente Latinoamericano nos visita la Compañía de danza folclórica argentina “Estilo criollo”, con Alejandra Leguizamo, directora de esta agrupación, conversamos para conocer un poco más del arte que se hace en esta región.

Compañía de danza folclórica argentina “Estilo criollo”. Foto del autor

El tango es un género bailable de mucha popularidad a nivel internacional, sin embargo no solo se circunscriben a él y abarcan otros ¿de dónde surge la iniciativa por dedicarse a ellos?

Todos bailamos desde chicos, pero la idea vino de cultivar el tema del arte. Desde hace un tiempo en Argentina se viene trabajando para rescatar las tradiciones folclóricas. Nuestro folklore tiene variados temas culturales, así también sucede en lo referente a la música y la danza que interpretamos. No solo presentaremos el clásico, sino que incluiremos el tango, que acá en Cuba suena mucho y que por suerte lo podemos incorporar al de danza, la fiesta gaucha, algo similar al zapateo cubano.

 

Su estilo le ha propiciado viajar por diferentes países de nuestro continente y participar en festivales importantes, hábleme de esta experiencia…

Recientemente estuvimos en Colombia, en Bogotá y Zapatota, un pueblito pequeño y muy hermoso en la montaña. Además hemos viajado a México, Venezuela y Perú; de este último, quiero destacar que es un destino maravilloso en cuanto a la forma en que cultivan el arte.

 

Es la primera vez que vienen a Cuba, ¿de dónde nace la inquietud de participar en la Fiesta Ibero?

Hemos tenido la posibilidad de estar en diferentes lugares de Latinoamérica, en festivales que son todos distintos, pero que poseen tanto encanto y amor como este. Nuestro incentivo para venir a Cuba era constatar todo lo que sabíamos de la cultura de este pueblo, las ganas que le ponen a lo que hacen. Buscamos ese aprendizaje a través de la cultura, de las costumbres; a nosotros nos agrada mucho la forma de ser de los cubanos, tan llenos de amor.

La argentina Alejandra Leguizamo, encantada de estar en Cuba. Foto del autor

Es un gran gusto venir por primera vez a la Fiesta Iberoamericana, habíamos escuchado hablar mucho de ella, y la trayectoria que tenemos con el grupo de danza criolla nos propició la invitación.

 

Intervendrán activamente en la Fiesta, cuéntenos sobre el programa de presentaciones para la venidera edición…

Estaremos hasta que finalice la Fiesta: participamos en el final del Pasacalle, frente a la Casa de Iberoamérica, también en la brigada de solidaridad en Antilla. La idea es bailar todos los días en todos los lugares, por eso aún estamos conformando la programación para hacer un hermanamiento con las diferentes culturas que se presentan en esta edición, y específicamente la de Cuba, que es muy rica en este apartado.

 

Las Brigadas internacionalistas de solidaridad son un acápite importante de este evento ¿cómo es la experiencia de trabajar en es tipo de escenario rústico en una comunidad apartada?

Nos encanta haber podido venir hasta acá, y nos incentiva regresar el año próximo al ver este tipo de actividades en las comunidades, para traerles nuestro arte, para que nos recuerden, a nuestra Argentina, desde ahora esta visita nos compromete a volver.

 

 

Cuba tras el lente de Italia

La artista Clarissa Collenzi, al centro, junto a las curadoras de su exposición en XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana. Foto: cortesía de la entrevistada
La artista Clarissa Collenzi, al centro, junto a las curadoras de su exposición en XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana. Foto: cortesía de la entrevistada

Viejos “almendrones”, focos, llantas, carrocerías, una misteriosa ventana, hojas de tabaco secas… Obras que se “bañan” con una luz especial, la del trópico. En el pequeño salón del Centro Provincial de Patrimonio las imágenes de Clarissa Collenzi hablan bien alto.

“Una visión italiana de Cuba” constituye su muestra que se presenta en la XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana. Llegar a la esquina del Parque San José, pasar bajo la sombra de El Angelote y quedar encantado con las fotografías que se empeñan en dar vida a las múltiples ruinas y fachadas habaneras.

“En ellas encuentro algo mágico, me gusta trabajar con lo abstracto y sus formas. Especialmente, busco retratar todos los sentidos: el olor del tabaco, la textura de los viejos autos, el reflejo del agua. Luego, cada espectador añade su propia apreciación a mis creaciones.”, advierte la italiana residente en México.

A su formación profesional en las artes plásticas le debe mucho. “Con tan solo ver una grieta puedo jugar con los colores, hago contrastes; o inspirarme con la magia de una ventana antigua, según mi estado de ánimo,” comparte con los jóvenes estudiantes de la Escuela Profesional El Alba.

¿Aún es posible retratar nuestra Isla sin supeditarse a las típicas fotos de postal? Clarissa lo logra, y muy intimista, su exhibición ya forma parte de Holguín. Acá ha encontrado una plaza fija para mostrar ese punto de vista único. Sucedió cuando, en junio pasado, esta misma colección visitara la pequeña sala Fausto Cristo de la sede holguinera de la Uneac o las concurridas Romerías de Mayo.

Con una vasta trayectoria en la postproducción y restauro de fotografía antigua, Collenzi ha sido cautivada por temáticas muy diversas. Desde Nuevo León, en Monterrey, se ha integrado en más de una treintena de exposiciones colectivas— Exposición “Mujeres, ExpoTour 2013”, La Tierra mi casa, Cien caras, cien máscaras, Artistas Italianos en México, entre otras— alternando con el rol de jurado en varios proyectos.

Ser maestra titular de Historia del Arte le permite entablar una verdadera conexión con los aprendices de las artes visuales. Con ellos espera mantener un diálogo en esta cita de Iberoamérica donde sus creaciones aparecen como huella indiscutible del vínculo entre el Viejo y el Nuevo Mundo.

De su obra ha sido señalada, “muestra esa asimetría (sinónimo de juventud) de la que hablaba Rene Chard; estructuras roídas por el tiempo y el abandono, pero al mismo tiempo hermosos símbolos del pasado; mosaicos artesanales creados por la inventiva humana; balcones desvencijados con las típicas sábanas colgando; vitrales coloniales en diversos tonos de azules; columnas oxidadas, mohosas, roídas; adoquines gastados por el paso del tiempo y los transeúntes; viejas columnas; baldosas con motivos florales y geométricos; rejas igualmente oxidadas; fragmentos de fortificaciones… Incluso, lo que parecen ser vegas con hojas de tabaco secándose; las extrañas formas de los troncos y raíces de algún árbol; un atardecer…”

Desde Monterrey, nos visita esta artífice de la lente con raíz europea. Encantada por la Cuba hechizada por el tiempo. El ojo de Clarissa es milimétrico, detallista… No le interesa fotografiar automóviles o construcciones en pose de turista asombrada; busca, en cambio, el encuadre del elemento en la composición: no los objetos en sí, sino los fragmentos, las resonancias de esas pequeñas figuraciones insulares… las mismas que hoy le dan la bienvenida a la XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana.

 

 

 

 

 

Mephisto: pioneros de veinte años

El Festival se erige como una fuerte plaza para defender al género Black Metal Foto Carlos Rafael

Por estos días la Ciudad de Holguín se convierte en una de las plazas más importantes para la defensa de un género musical que cuenta con varios seguidores en el país. La XIX Edición del Festival Nacional Rock Metal HG 2017 se realizó en esta provincia durante los días 5 y 8 de octubre pasados.

Para la ocasión se dedicó el importante festival a los 20 años de la banda holguinera “Mephisto”, pionera del género musical en la Isla, quienes además ofrecieron un concierto para sus fanáticos el sábado 7 durante la noche, compartiendo el escenario del Gabinete Caligary junto con las bandas Swicht y Zeus. Con Eddar Osney Cardoso, director de la agrupación conversamos.

El Metal HG es uno de los festivales más reconocidos dentro del género en Cuba, ¿qué significación adquiere para Mephisto que se le dedique la edición XIX?

Tiene una doble importancia para nosotros, ya que este Festival fue creado como iniciativa de la Banda. Luego de su fundación en 1997 le propusimos la idea a Tatiana Zuñiga, entonces presidenta de la Asociación Hermanos Saiz en la provincia, y se logró hacer a partir de 1998. Por tal motivo para nosotros es un doble reconocimiento que nos dediquen el festival y que nos entreguen “El Angelote” como reconocimiento, uno de las distinciones más importantes de la provincia.

Con beneplácito recibieron los integrantes de Mephisto la entrega del Angelote Fotos Carlos Rafael

Constan XIX ediciones del Festival en las cuales se ha defendido el género musical, en la Isla, ¿qué lugar ocupa el Metal HG en la promoción de Black metal?

Puedo decir que el Metal HG es uno de los dos eventos más importantes del país, para mi y otros que trabajamos este tipo de música, el más importante es el Metal de Santa Clara y luego se ubica el nuestro, donde participan agrupaciones cubanas de primer nivel, así como otras que están en proceso de fundación, a las cuales se les ofrece la posibilidad de participar.

“Mephisto” cuenta con varios reconocimientos, entre ellos el Premio Cuerda Viva en 2009, ¿cómo valora el trabajo de la agrupación en estos 20 años?

http://www.youtube.com/watch?v=HiBgWbLOaUM

Me siento complacido con nuestra obra. Fuimos la primera banda en Cuba que cultivó este género-el Black metal-, la primera agrupación del país en dar un concierto con una orquesta sinfónica-la de Holguín-, grabamos un disco con el sello Bis Music y otro con una disquera extranjera, tenemos varios seguidores y fanáticos. Nos queda el compromiso de, más allá de celebrar estos 20 años, trabajar otros 20 más con la misma o mayor calidad.

La Ciudad de los Parques reunió por estos días a creadores y fanáticos del Rock Foto Carlos Rafael

¿Qué proyectos mediatos se presentan a la agrupación para continuar con su estilo de trabajo?

En febrero del año próximo tenemos previsto grabar otro disco con una productora mexicana, así como una gira nacional junto con el cantante australiano Jeremy “Harry” Harris, con el cual hemos trabajado anteriormente pero que ahora colaboraremos de forma más amplia.

Con la “Médula” premiada

Yoel González, también se ha hecho una historia en el complejo universo de la danza
Yoel González, también se ha hecho una historia en el complejo universo de la danza

La relación del guantanamero Yoel Gonzalez con el Grand Prix Vladimir Malakhov incluye una carrera catapultada, momentos únicos como el estreno mundial de la pieza El hombre detrás de la estrella, interpretada por el propio Malakhov, y ser el coreógrafo más premiado del certamen junto a integrantes de su compañía Médula a lo largo de la historia del certamen.

Contundente, sincera, espontánea, movilizadora es la obra que construye. Sus composiciones son igual de abra (z-s) adoras, lo mismo te ciñen en un abrazo, que te hacen arder el pensamiento, nunca quedas inerte ante una pieza suya. Lo demostraron en esta oportunidad la obra La Granja, cuyas puestas De monos, De pollos, De gatos, y De perros, abordan la violencia de género como .temática sustancial.

Te recuerdo en este mismo escenario donde fuiste premiado con el “Codanza” coreográfico en 2014. ¿Cuántas oportunidades te abrió entonces?

El primer premio que obtuve en el “Malakhov” me abrió puertas. Era un bailarín completamente independiente, sin ninguna compañía. A raíz de eso, el catalejo se viro hacia mí y empecé a crecer, obtuve otras oportunidades de plazas. Existían otros premios, pero el nombre de Vladimir Malakhov estaba implicado en mi carrera, al igual que el de Maricel [Godoy] y Paul [Seaquist], ya no eran nombres comunes dentro del país, sino internacionales y de referencia mundial.”

No éramos un grupo sólido hasta que comenzamos a participar en eventos nacionales como el DanzanDos. Empezaron a crecer los intereses de los bailarines que, en vez de emigrar a la capital, venían desde La Habana o Santiago a integrar la compañía. Ahora mismo está compuesta por gente de varios lugares debido a los resultados obtenidos en cada año.

En México, te iniciaste en una nueva experiencia gestionando tu propio evento, ¿cómo fue tu paso por la tierra azteca?

Decidimos cambiar el panorama y con un amigo creamos el Grand Prix Yoel González, una verdadera aventura que llevamos hasta el Festival Internacional de Artes en Espacios Alternativos (FIA), celebrado en Veracruz, México. El concurso estuvo abierto a bailarines, coreógrafos, guionistas, actores, compañías de danza, academias, grupos y todos los intérpretes interesados de cualquier nacionalidad.

Nuestra presencia allí fue muy fructífera, al punto que en enero próximo la compañía tendrá una gira por todo México. Fue toda una aventura, buscamos el presupuesto nosotros mismo, así como los premios, para abrir un camino en ese evento auspiciado por los mexicanos que, en este año, logro convocar a 100 participantes entre México, Ecuador y nosotros como cubanos. A eso le unimos un proyecto comunitario que hemos denominado Regalarte, con el propósito de llevar el arte a las comunidades más difíciles de México, una experiencia poco común en ese país.

Allí vimos una realidad muy distinta a la nuestra. Vimos cómo la niñez vive en la calle, recuerdo una pequeña que vendía caramelos con sus ojos. Tenía no menos de 6 años. Inmediatamente, comencé a leerle “Los gnomos están tristes”, texto de Eldis Baratute. Eran cinco cuentos pequeños. Se los leí completos. Luego, compartí esa experiencia en plena función. Le siguió una canción que me inspiró esa pequeña. Allí estaban varios empresarios que quedaron impactados. Me llamaron y tuvimos una cita, incluso les enseñé a bailar casino. Así creció el proyecto inicial.

El arte cubano tiene un valor importante ahora mismo para la tierra azteca. Sucede que existe una visión estancada de Cuba, a través de alguien que dijo: la salsa cubana es la mejor, acompañado de un referente político negativo, al comparar la Isla con una jaula. Abundaron no ya las preguntas sobre Cuba, sino las múltiples propuestas a,  supuestamente, salir de la “jaula”. El referente más grande para ellos es Celia Cruz, una figura con la que se identifican más que con sus propios artistas.

Entonces es imprescindible dejar caer el velo que cubre la verdad sobre nuestra Isla y sus creadores, y qué mejor manera para hacerlo, que llevando el arte joven que acá se gesta. Ahora mismo la misión es romper con esa falsa filosofía y comenzar otra historia completamente nueva.

Vladimir Malakhov, figura de la danza mundial, interpreta El hombre detrás de la estrella
Vladimir Malakhov, figura de la danza mundial, interpreta El hombre detrás de la estrella

¿Cómo ha sido tu experiencia de trabajo junto a Malakhov?

Trabajar con Malakhov ha sido una experiencia muy buena. Resulta que soy más descontrolado, menos organizado ante un proceso creativo. Con Malakhov había que ir al detalle, no puedes ir a “improvisarle” un tema, estar claro con la idea que le compartes, aun cuando se te ocurra en ese instante.

Decidimos contar su historia, no la del bailarín, sino la del ser humano, su sentimiento, su feeling, la relación con la familia, cómo es su vida normal. Tiene un temperamento muy cómodo, se lo toma todo con mucha calma. Dentro de la coreografía realizó movimientos sutiles, más allá de la técnica. En tan solo dos días de ensayos, nació un producto intelectual que pareciera se estaba procesando mucho tiempo atrás.

A medida que el trabajo progresaba fuimos conectando musicalmente la obra, lo más difícil era hallar el código, el alma, la nota exacta para cada emoción que me conmoviera a mí, al público.Indudablemente, es un ser con mucha luz. Con casi 50 años y no pocas lesiones en su cuerpo, todavía cada pequeño movimiento esta cargado con muchísima elegancia. Posee la imagen, el porte y espíritu de un bailarín joven y perfectamente entrenado, con la calidad técnica que le distingue su vasta formación.

Has creado un un vínculo, ya indestructible, con el Gran Prix y Médula…

Profesionalmente he mantenido una relación especial con el Grand Prix al ganarlo como coreógrafo junto a Yamilca o Inés María Preval por sus interpretaciones, y ahora con Aracelis Robaina, premiada en esta cuarta edición. Creo que todo tiene su tiempo y me va haciendo falta otro reto. Sin embargo otros bailarines que trabajan conmigo buscan este sueño Ahora mismo estoy experimentando, y esa misma experimentación la estoy aplicando con quienes no han alcanzado el Grand Prix.

La compañía Médula siempre con una actuación destacada en el Grand Prix

La compañía ostenta nuevas adquisiciones con un altísimo nivel interpretativo.Hace 7 meses trabajamos en una filosofía que pasó por diferentes etapas. Es La Granja, una idea que ha demandado mucho y creo seguirá creciendo, muy pulida técnica e interpretativamente. Es una sola pieza que ronda los 40 minutos, acá se ha presentado en fragmentos.

González se centra no ya en mostrar una historia, sino las maneras de contarla…

Me interesa demostrar que ese intérprete esta apto. Que se inspire y manifieste toda la seriedad que conlleva la pieza. He mantenido un régimen de entrenamiento muy fuerte, casi triplicado. El plato fuerte es ballet, ballet y más ballet. Corporalmente, dedican una hora sostenida al gimnasio lo que ha mejorado el tono muscular y la imagen. Ahora mismo exhiben una presencia hermosa.

Y el resultado no se hizo esperar tras confirmarse como el creador más laureado en el Concurso de Danza del Altántico Norte. Su meta es trabajar, trabajar, trabajar en su natal Guantánamo. Siempre en contacto con el público, siempre en busca de los necesarios apoyos y otras ideas novedosas que, esperamos, sigan colmando con aplausos el escenario del Teatro Suñol cada septiembre.

 

Yoel González: Coreógrafo hasta la Médula

Foto: Torralbas
Yoel González. Foto: Torralbas

 

Al joven bailarín y coreógrafo Yoel González se le da la danza como un pez nada en el agua. Parece que lleva el bichito del baile en la “médula” de los huesos a juzgar por la belleza y limpieza de sus movimientos, la calidad de sus partituras coreográficas, la disciplina y el rigor de los intérpretes de su compañía y los múltiples premios que avalan su carrera. Sin embargo, lo de la danza fue para complacer un capricho materno.

“A mí nunca me ha gustado más la danza que la música. Todavía no me gusta más. Disfruto el bolero, el rap. Escribo canciones por día. Si hiciera tantas coreografías como hago música… imagínate.

“De la danza me atrapó la coreografía, pero como arma de guerra. Comencé de manera brutal, no con ganas, sino con deseos de enfrentarme a alguien. No me considero el mega-coreógrafo o el mega-músico. Solo creo que uno puede ser lo que uno se proponga y yo me propuse hacer mi campo de batalla en la coreografía.

“Tanto en la escuela de arte como en la compañía Danza Libre, de Guantánamo donde comencé, había muchos bailarines buenos. Esta era una agrupación de nivel que bailaba en el Ópera Royal de París. Entonces yo era el que no participaba en ninguno de los procesos. Estaba sentado separado de la escena, porque supuestamente no era bueno. Nunca hice papel principal. Mi competencia fue con Alfredo Velázquez, el director de la compañía.

“Él era un rebelde con cuarenta y pico de años. Imagina a otro rebelde como yo enfrentarse a él, con causa y con todo, pero fue difícil. Este enfrentamiento coreográfico me llevó a hacer Pintando espacios en blanco, una pieza por la cual siete años después obtuve el Grand Prix Vladimir Malakhov de Interpretación y el Premio en la misma categoría del Festival Danzan Dos.

“A partir de esa coreografía Alfredo empieza a poner la cosa más dura, porque había alguien dentro de la compañía que se le enfrentaba. Eso me hizo concebir otra pieza para enfrentar la competencia: Retrato de un bolero. Después de esa coreografía fue cuando Alfredo se sentó delante de la compañía y dijo públicamente que me cedía el trabajo coreográfico de Danza Libre. Seguí montando coreografías y participando en festivales de música a la misma vez”.

¿Cuándo decides fundar tu propia compañía?

“Cuando veo que Danza Libre ya no era lo que yo quería. George Céspedes me llama para comenzar un proyecto que se llama Los hijos del director en La Habana. Sin embargo, cuando llegué a la capital sentí que era un lugar improductivo, todo era encargos, no había tiempo para definir nada. Era demasiado rápida la vorágine de trabajo y una persona no tiene tiempo de pensar a esa velocidad.

“Regresé a Guantánamo para conquistar mi propio proyecto, pero con calma, para pensarlo bien. Médula empezó a crecer y cuando ganamos el primer Grand Prix Vladimir Malakhov permitió que otros jóvenes se interesaran por la compañía. Empecé yo solo y ahora, conmigo, somos 15”.

¿En qué momento se encuentra tu compañía?

“En el mejor, porque estoy cambiando la estética y la técnica de montar una pieza, pero manteniendo la dramaturgia. Ahora todo es más Neoclásico, más limpio, contando una historia, un drama. Estoy en los predios de la danza teatro pero mirado desde la técnica del ballet”.

Tus piezas son de un marcado dramatismo, ¿por qué?

Me gusta contar una historia, construir personajes, dramaturgias que partan de la realidad. Todo lo que cuento tiene que ver con algo que veo. Mis coreografías son una ficción bailada, pero basadas en la verdad del mundo real. Ahora existe mucha violencia hacia la mujer. Es una moda que el hombre se comporte como fuerte y la convierta a ella en débil. Ese conflicto es el que reflejo en piezas como De perros y De monos que presenté a la IV edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov”.

Foto: Carlos Rafael
Compañía Médula, de Guantánamo, interpreta De Perros, coreografía de Yoel González, en IV edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov. Foto: Carlos Rafael.

Has recibido varios premios en este certamen, ¿cuánto han influido en tu carrera?

Mucho. Antes hubo varios premios y conocimientos, pero este concurso pasa por el tamiz de la experiencia de un bailarín de talla internacional. El certamen está a otro nivel.

A propósito del concurso, para esta edición concebiste una pieza exclusiva para Vladimir Malakhov como premio extraordinario a tu labor coreográfica que te concediera la estrella del ballet mundial. ¿Fue complejo su concepción y montaje?

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La monté en cuatro días. Decidí olvidarme de las piruetas y enseñar al hombre. Por eso le pusimos El hombre detrás de la estrella. A él le gustó y le pareció bien la forma en que experimentamos. Fue muy cómodo, nada difícil, sino más espiritual, con dramaturgias claras.

“Cada momento de la coreografía, hablaba de una etapa de su vida. Tal vez no fue legible para todos , pero para él como intérprete estaba claro y eso fue lo que hizo que él público se levantara”.

“Ha sido una dicha grande saber que el príncipe del ballet mundial estrenó una coreografía de un guantanamero. Me siento mejor después de conocerle el alma. Tenemos que ser así: saber tocar las estrellas”.

Por Rosana Rivero Ricardo

Tomado de www.ahora.cu

 

 

 

El fuego hecho danza

Vianky González. Foto tomada del sitio

 

La escena arde con ella. Y quien la ve entregar el alma sobre el tabloncillo, no imagina que su cuerpo acumula ya 44 junios. Parece tener un pacto divino, pues sus músculos se mantienen gráciles y no pierden la ligereza de movimientos. Quizá porque en ella se unen espontaneidad y talento, Vianky González abre, sin pretextos ni poses de diva, el telón de su vida a JR.

«Me gradué y luego, con tres meses de embarazo, me convertí en primera bailarina. Yo bailaba con mi pancita. Tuve que trabajar con una hija y ser madre soltera. Gracias le doy a mi familia porque me cuidaban a la niña».

—¿Cuál es el mayor sacrificio que has enfrentado durante tu carrera?

—El bailarín necesita de la mente y del cuerpo. Mientras pasan los años, los músculos se endurecen. Esta es una carrera corta y uno siente el peso del tiempo, pero mi sacrificio ha sido buscar el estilo de Vianky. Esa búsqueda causa mucho trabajo en el sentido interior, y creo que lo he conseguido.

—¿Cómo fueron tus inicios en CoDanza?

—Al principio estaba un poco reacia, porque ya trabajaba con el Conjunto Folclórico Nacional de Cuba y no quería venir para Holguín. Pero me tocó el servicio social aquí como profesora. Entonces a Maricel Godoy se le ocurrió la idea de reunirnos y fundar la compañía. Empezamos haciendo un tipo de danza que no destacaba por las grandes coreografías, pero teníamos pasión y ganas.

«A nuestra directora siempre le ha gustado una danza limpia, técnica, lo cual no quiere decir que resulte rígida, sino que los movimientos sean depurados, donde el virtuosismo no fuera solo del movimiento corporal, sino también en lo emocional. En ese tiempo se vivía mucho la pasión de la danza. Esos fueron mis inicios en CoDanza. En ese tiempo ella montó una coreografía, Tridireccional, y dije que con ella yo había logrado el doctorado, porque lo bailé ¡tantas, pero tantas veces!».

—Hablas mucho de Maricel, pero ¿no sueñas con tener tu propia compañía?

—Claro que sí. Condiciones emocionales tengo, pero no creo que económicamente pueda desarrollar una compañía, porque hoy no contaría con un local para ensayar y hay un déficit de bailarines en la provincia.

—¿Y a qué obedece eso? ¿No se están graduando bailarines en Holguín?

—Sí, pero con muy bajo nivel técnico. Llegan a las compañías sin conocer ejercicios que están en programa. En ello influye la falta de profesores y que algunos jóvenes talentosos buscan otros horizontes .

—¿Cuán diferente es la generación fundadora de la actual?

—Técnicamente hay una gran diferencia. Cuando en la carrera hay asignaturas de técnica, de folclor, de composición, lo tienes todo. Pero si te dividen y te dan solamente algunas de ellas, se limita tu desarrollo. Yo no era tan delgada como ahora y tenía mucho busto. Entonces hice dieta y trabajé duro porque tenía que sacar la asignatura. Pero si hoy se lo hacen muy fácil, pues muy fácil van a graduarse. Y, por ejemplo, viene el Ballet Contemporáneo de Camagüey (Endedans), y los muchachos no van al teatro a aprender; ni ven una obra del Lírico, o de la Sinfónica; no leen. Y un artista tiene que nutrirse de todas estas fuentes, porque a la hora de interpretar un personaje no sabrá de dónde agarrarse.

—¿Cuánto ha aportado el intercambio con otras compañías y artistas durante el Grand Prix Vladimir Malakhov?

—Desgraciadamente, desde el inicio del concurso están participando las mismas compañías y casi las mismas personas. En este evento no defendemos tanto la idea de ganar, sino la de compartir. Se aprende mucho con los talleres impartidos por personalidades como Orta, quien proviene del teatro premio nacional de Danza. Pero vienen pocos, sobre todo de La Habana, de donde solo llegan del ISA y del Ballet de la TV. Parece que a las compañías establecidas no les interesa o no les hace falta interactuar con el talento del resto del país. No sé si es por un problema económico o de conocimiento de la existencia del evento, que, por cierto, comienza este domingo.

—Te has quedado en varias oportunidades al frente de la compañía. ¿Crees que el rigor y la austeridad garantizan la disciplina?

—Sí, porque hay que lidiar con personas de 19, 25, 44 años… y no todos piensan igual. Lo primero que debe tener una compañía es disciplina. Debes estar 15 minutos antes de las clases para calentar y evitar lastimaduras, tomártelo en serio, respetar a todos. Dirigir es difícil: hay que saber comprender si alguien se siente mal, si se lastimó, porque en la danza funcionamos como un todo.

—¿Qué te nutre más, la creación coreográfica o bailar?

—Es un conjunto. Para ser coreógrafo no existen estudios en Cuba, así que hay que ser muy valiente al empezar a crear. Esperé muchos años, no porque no tuviera la capacidad, sino porque pensaba más en la experiencia, en cosas internas que quizá no tengan nombre, porque hay algunas que se sienten y no se pueden decir. Esperé como 15 o 16 años para eso, y aun así no me considero una coreógrafa con todas las letras.

«Entre mis creaciones están La memoria de un pez, basada en un poema de mi coterránea Kenia Leyva; y Estación para pensar, fundamentada en cuatro poemas holguineros, porque quería imbricar diversas artes. Quisiera hacer otras más narrativas, con obras de la plástica. De hecho, en el Grand Prix pasado estrené Seis grados de separación, que se inspira en la teoría de que en un mundo grande, a través de seis personas, puedes conocer a quien tú quieras. Y para esta edición presentaré Imago, un solo femenino, lo más reciente que he hecho».

—¿En qué piensas o qué visualizas cuando bailas frente al público?

—Yo soy una bailarina pasional. Disfruto y me creo lo que hago. Es que tengo la oportunidad de ser otra persona en escena. El teatro te da cierta magia. No soy una bailarina muy virtuosa en movimientos, en condiciones; pero sí muy interpretativa. Así me gano al público, y eso que hoy comparto escena con bailarines no mayores de 25 años.

—Justamente por eso, ¿qué significa el tiempo para ti?

—No sé qué me pasa. Sé que tengo 44 años, claro. Veo a mi hija de 20 y lo pienso. A la compañía llega gente nueva y, a la hora de trabajar, soy una niña más. Esa es una de las cosas que me ha nutrido. El hacer ejercicio ayuda mucho, además de compartir con gente muy joven y estar todo el tiempo riéndote. Es un estado mental.

—Y si no le temes al tiempo, ¿hasta cuándo piensas bailar?

—Mientras pueda. Llegará un momento en que no pegue con los demás visualmente, porque el tiempo es irremediable. Entonces haré dúos, quién sabe. Yo me siento plena, no me quejo de ningún dolor, aunque lo sienta.

—¿Por qué le has regalado tu vida a CoDanza?

—Cuando empezamos éramos muy unidos y se convirtió en una familia. Yo soy de las personas que cuando creo en algo, ahí me quedo, lo cual no quiere decir que me estanque. Intelectualmente me he superado porque hice mi licenciatura en Comunicación Social, con Título de Oro, trabajando en la compañía. Me gusta mi país porque me gusta danzar y no quiero tentar la suerte. Y creo en esta compañía porque es mi familia. En Codanza soy Vianky, y por CoDanza y la gente que está y estuvo, siento cariño.

Por Liudmila Peña Herrera

Tomado de www.juventudrebelde.cu

 

 

Humor: juego con la inteligencia

Eider Pérez. Fotos YASSET LLERENA y cortesía del entrevistado

Eider Luis Pérez no era de esos niños que hacen bromas en todo momento. Todavía no se considera “un tipo gracioso”, aunque se ha consagrado a escribir, dirigir y actuar en los espectáculos de Etcétera, agrupación que fundara en 2005 con amigos de la Universidad de Oriente –donde se graduó de Historia- y que en la actualidad integra junto a los actores Venecia Feria y Yasser Velázquez.

En el territorio del humor, primero fue un espectador cualquiera. Recuerda de su natal Guantánamo las actuaciones del colectivo Komotú y los shows de Sabadazo, en la televisión nacional. Durante el servicio militar en La Habana, cuando alternaba las visitas a los teatros con la lectura abundante, comenzó a intuir cuál sería su camino expresivo. Desde entonces mantiene, a fuerza de estudio y creatividad, una carrera difícil y constante por desmarcarse de los prejuicios que acechan a su profesión.

No le ha ido mal. Tiene varios textos publicados en antologías, además del libro Sobras escogidas y Etcétera (Ediciones La Luz, Holguín). Fue director artístico de Las majas del Bergantín y Casting en cuatro, “dos de los espectáculos más novedosos en los últimos tiempos”, según el Centro Promotor del Humor. También es de los integrantes más jóvenes de esta entidad, y junto con Etcétera ha obtenido numerosos premios en el Festival Nacional del Humor Aquelarre. A inicios de este mes de julio se celebró la más reciente edición del mencionado evento, donde estrenaron Manicomio, “una historia que transcurre dentro de una institución psiquiátrica y en la que se confunden el delirio y la realidad de sus personajes”, dijo a BOHEMIA.

Grupo Etcétera. Fotos YASSET LLERENA y cortesía del entrevistado

Considera, además, que no es suficiente ser simpático o bromear sobre la realidad del país para llamarse humorista: “Los cubanos tenemos una manera singular de expresar lo que pensamos y sentimos. Nuestro mecanismo de protección ha sido durante mucho tiempo la broma, el choteo. Sin embargo, el artista debe lograr una comunicación con los públicos distinta, hay que elaborar las propuestas, no basta con repetir lo cotidiano. El humor es un juego con la inteligencia.

“En ocasiones sucede que las personas van a buscar en nosotros tratamientos a temas sociales que corresponden a otros ámbitos, como los medios de comunicación. Quieren mucha crítica, cuando el humor en sí mismo no tiene por qué aludir con mordacidad a nuestro contexto todo el tiempo. Sí hemos llamado la atención en la escena sobre un comportamiento inadecuado, pero más que decirlo lo sugerimos” añadió.

¿Qué distingue las propuestas de su grupo?

Hemos tratado de no circunscribirnos solo a cuestiones coyunturales, procuramos que nuestros temas superen el límite de la inmediatez. Además, recurrimos a códigos más teatrales, aunque el humor tiene cierto nivel de autonomía en cuanto a la puesta en escena, con respecto a otras expresiones de las artes escénicas.

¿Cuándo sabe que han ofrecido un buen espectáculo?

Cuando logramos que el público no se pare del asiento. Hoy existen muchas opciones, sobre todo audiovisuales, Internet, las cuales hacen que la gente no vaya al teatro como en otro momento. Pero el nuestro sigue siendo un género preferido, y el cubano es ávido y conocedor. Hay que tener en cuenta también que los espectadores son muy heterogéneos. El chiste más inteligente es el que logra llegar a más personas, jugar con las distintas interpretaciones. Tratamos de no ofender ni agredir.

¿A qué se refiere al decir que quisiera vivir de escribir?

Entre lo mejor que debe pagarse están los guiones, es el origen de la creación escénica, pero no sucede así. Quizás por eso no abundan en Cuba los escritores de humor, más allá de quienes crean para su propio grupo. También el profesional debe tener, además sensibilidad y un sentido de lo cómico muy agudo, una preparación constante, en función de dominar muchos referentes culturales.

¿Cómo ve el humor en la radio y la televisión?

Hay muy poca presencia en ambos, y esta situación no ofrece una idea clara de lo que es el humor hoy en Cuba. Los creadores tenemos que buscar una vía para llegar a esos medios, pues ese acceso no depende del Centro Promotor. La televisión precisa, además de más programas de comedia, que estos tengan variedad, no estén en el mismo tono ni utilicen similares recursos. Es lamentable que se pierda un clásico radial como Alegrías de sobremesa, el cual estuvo 40 años en el aire, con un episodio nuevo cada día. A ese programa deberían darle una atención diferente, porque es patrimonio. Luego de la muerte reciente de su creador y guionista, Alberto Luberta, podrían incentivar de diferentes formas a otros guionistas, para que se acerquen y creen un equipo capaz de garantizar su continuidad.

“También escasea la crítica sobre el humor. Las que aparecen en algunos medios son ambiguas y generalizan tomando como referencia las malas propuestas de algunos; sin embargo, el Centro ha hecho un trabajo muy sólido en el sentido de depurar su catálogo”.

Al entrevistado le consta que la televisión no está cerrada a cal y canto para nuevas propuestas. Este verano el Canal Habana -televisora de la capital que al mismo tiempo llega a otras zonas del país mediante la señal digital- estrena un programa escrito por Eider Pérez, con el auspicio de la Asociación Hermanos Saíz. Sobre esta experiencia comenta: “Son nueve capítulos que me exigieron escribir con rapidez los guiones, en apenas un mes, fue un proceso extenuante. Se llama Canal Etcétera, se emite los jueves y sábados, y con él parodiamos la televisión chatarra y otras banalidades”.

Grupo Etcétera. Fotos YASSET LLERENA y cortesía del entrevistado

El joven, quien también promueve noveles talentos mediante la organización del Festival Satiricón (Holguín), cree que la comedia escénica en Cuba está en un buen momento, gracias a la gestión del Centro Promotor del Humor: “Las calidades fluctúan, vemos niveles de jerarquía en cuanto a los creadores, pero hay mucha variedad y los públicos pueden elegir”, afirmó.

Además de realizar el Aquelarre, desde el Centro se lucha para incluir entre las prioridades de los teatros del país a los conjuntos más rigurosos de su catálogo, mediante un sistema de eventos. Es que, de acuerdo con Eider, todavía existe en el panorama de las artes escénicas cierta subvaloración sobre trabajos como el suyo. “Nuestro humor se ha convertido en una tradición de la cultura cubana. Hay que ganar en su apreciación y defenderlo con el mismo entusiasmo con que los humoristas tratamos de elevar su calidad”, concluyó.

Por Raúl Enrique Medina Orama (Tomado de Bohemia)

Entrevista tomada de www.ahs.cu

Al editor le toca defender el libro

El poeta y editor Luis Yuseff. Foto Madeleine Sautié Rodríguez

Con el ánimo totalmente iluminado, como si se llevara dentro aquella llama «dulcemente encendida» de que hablara el poeta, se está en la sede de Ediciones La Luz, un fascinante recinto enclavado en la calle Maceo de la ciudad de Holguín, donde la ya prestigiosa editorial ha hallado definitivamente espacio seguro para el trabajo que con tanto gusto emprende.

La frescura de sus 20 años, cumplidos en ese mes predilecto de su provincia no es, en modo alguno, señal de ingenuas mocedades. La Editorial, una de las cinco de la AHS, nació el 7 de mayo de 1997, desafiando barreras a ras de un sueño que sin dejar de serlo es hoy una gran realidad, explicita en los proyectos -no solo editoriales- que lleva sobre sus espaldas.

Lejos, aunque no en el olvido, quedó aquel espacio que alguien llamó cuarto editorial, a juzgar por los pocos metros cuadrados de su área, donde asomaron al mundo de la letra impresa –y algunos hasta del sonido–, libros y audiolibros como Retoños de almendros, una compilación de cuentos para niños, de jóvenes escritores cubanos, a cargo del narrador Eldys Baratute; La isla de los peces blancos (antología del Premio Calendario de Poesía); Poderosos pianos amarillos, poemas cubanos a Gastón Baquero; y del propio Baquero los títulos: Una señal menuda sobre el pecho del astro (ensayos) y Como un cirio dulcemente encendido (poesía completa), entre muchos otros títulos.

Aunque el inmueble que le fuera entregado gracias al esfuerzo y la voluntad de las autoridades políticas, gubernamentales y de la cultura de la provincia, cuente apenas desde el pasado agosto, es otro el aire que se respira en la actual sede de La Luz, desde donde nos habla su director, el poeta y editor Luis Yuseff, a cuyo cargo estuvo la edición, entre otros, de los libros antes mencionados.

–¿Cómo funcionaba Ediciones La Luz cuando entras en ella?

–Entro a dirigirla en el 2005 y trato de aunar voluntades, de intermediar y hay logros, porque en muy poco tiempo sacamos cuatro libros.

Todo un reto en un universo que te era desconocido, no eras aún un editor…

–Asumir el trabajo en aquel momento de decadencia fue un desafío, soy escritor, ya tenía libros publicados y estaba entrando en un mundo que me era totalmente ajeno.

El de la edición y el del autor son dos cosas que van de la mano pero no son lo mismo. Tenía juventud y los jóvenes asumimos las cosas sin pensar demasiado en las consecuencias, quizá esa ingenuidad fue la que me mantuvo bien cerca del proyecto editorial y me hizo defenderlo de todos los vientos que soplaban en contra.

«Por suerte no todo fue malo. Las tres personas que trabajábamos entonces fuimos demostrando que se podían sacar libros. Fuimos creando el terreno, ganándonos la confianza también de las autoridades de la provincia, que debían aportarnos y nosotros convencerlos de que podíamos hacer libros y hacerlo bien».

–Pero no solo hacían libros, ustedes fueron por más…

–Hicimos campañas de promoción y creamos espacios dentro de la AHS. Fue la época en que armé por primera vez una selección de poetas, El sol eterno, y me di el gusto de escoger 20 de los jóvenes holguineros que tenían una obra atendible que hoy han demostrado su talento y han ido sumando títulos y premios importantes.

«Después llegó el mejor momento para la editorial. El sector provincial de Cultura comenzó a apoyar el financiamiento de las cubiertas en cuatricromía. Por otra parte, el Instituto Cubano del Libro le dio la posibilidad al Sistema de Ediciones Territoriales de competir con títulos de las editoriales nacionales».

–Ediciones La Luz tiene ya muchos títulos trascendentales…

–Sí, ha aportado, me parece, títulos bastante importantes como son estos tres tomos dedicados al centenario de una figura como Gastón Baquero, importantísimo poeta del grupo de Orígenes, uno de mis grandes poetas tutelares. Yo digo que es un triunvirato, especie de plano astral que viene a hacer justicia a una de las voces más importantes del ensayo y de la lírica hispanoamericana.

–La Editorial ha tenido dentro de su catálogo en los últimos años, títulos que se han convertido en proyectos, como por ejemplo La Isla en versos, cien poetas cubanos…

–Este libro, dedicado a Virgilio Piñera en su centenario, tuvo primero una edición austera, con apenas 700 ejemplares que se agotaron inmediatamente, pero en la AHS de Holguín y Ediciones La Luz, propusimos hacer una gira de presentación, y nos fuimos por diez ciudades de todo el país presentando esta antología. Tuvo después una segunda edición ampliada. Esa antología también es un audiolibro.

«Otro libro importante como proyecto es Retoños de almendros, el benjamín de la Editorial, que ya ha tenido dos tiradas de 6 000 ejemplares. En la antología, las obras narrativas están acompañadas por ilustraciones de jóvenes artistas cubanos. De ellos se ha hecho una selección que integra una exposición itinerante que ha ido circulando por el país».

–Generalmente los escritores que dirigen editoriales carecen de tiempo para escribir. ¿Cómo te las arreglas?

–Yo como escritor suelo tener procesos largos de silencio. Pero llega el día, y surge una especie de epifanía en que tengo la necesidad, la urgencia de escribir, y eso puede terminar en una reacción en cadena que se traduce en un libro escrito en apenas 20 días, eso me ha sucedido más de una vez. Entonces lo hago en las noches porque estoy más concentrado y no tengo el ruido como enemigo. Te puedo decir que desde que estoy trabajando en Ediciones La Luz, he escrito parte de mi poesía y he obtenido los principales reconocimientos. Ahora también sueño con editar libros, si no se sueña con el libro que es lo que hace un editor, el libro no sale.

– ¿Y qué es para ti soñar libros?

–Pues mira. Me hablan de un libro y enseguida imagino el aspecto que va a tener, la distribución de textos, las posibles imágenes que lo pueden acompañar, las acciones de promoción que se le pueden hacer. Todo eso yo lo veo en apenas unos segundos.

Al editor que ama su trabajo le toca defender el libro siempre, y yo soy autor y sé lo que digo con conocimiento de causa: las peores ideas o las menos completas las tienen los propios autores y el editor está llamado a develarles nuevamente la magnitud de lo que han hecho y darle el cuerpo definitivo que es ese libro que sale de la imprenta y que en un momento llega a nuestras manos para después tener el placer tremendo de sentir el olor de la tinta.

–Entrar a La Luz es percibir una familia. Seguramente contribuye con el buen trabajo…

–La editorial durante mucho tiempo estuvo trabajando en una pequeña habitación, ahí estábamos casi todos, hacinados en ese lugarcito con un par de computadoras que no tenían la calidad tecnológica para procesar ni siquiera los programas de diseño y ahí nos las ingeniábamos para hacer libros que hoy nos han traído la mayor alegría; sin embargo, nunca dejamos de soñar, con una sede como la que tenemos ahora.

«Siempre quisimos que el proyecto tuviera una librería, que tuviera una galería, porque la idea es que la editorial mantenga el vínculo con las diferentes manifestaciones artísticas y cuando ya supimos que este era el espacio defendimos cada sueño, cada uno de los rincones, el color de las paredes, los muebles, la disposición de las luces, esto solo es posible si se trabaja como una familia».

–¿Alguna divisa impostergable para que salga el trabajo?

–Para nosotros es vital estar convencidos de que estamos trabajando todo el tiempo con artistas, estamos trabajando con la autoestima de los escritores y somos intermediarios entre ellos y los lectores. Y otra cosa. Nunca dejamos el libro de la mano del otro. Todo se discute, se somete a un criterio. Todos podemos opinar, hasta que finalmente sumamos otro libro a nuestra librería.

Por Madeleine Sautié

Tomado de www.granma.cu