Humor: juego con la inteligencia

Eider Pérez. Fotos YASSET LLERENA y cortesía del entrevistado

Eider Luis Pérez no era de esos niños que hacen bromas en todo momento. Todavía no se considera “un tipo gracioso”, aunque se ha consagrado a escribir, dirigir y actuar en los espectáculos de Etcétera, agrupación que fundara en 2005 con amigos de la Universidad de Oriente –donde se graduó de Historia- y que en la actualidad integra junto a los actores Venecia Feria y Yasser Velázquez.

En el territorio del humor, primero fue un espectador cualquiera. Recuerda de su natal Guantánamo las actuaciones del colectivo Komotú y los shows de Sabadazo, en la televisión nacional. Durante el servicio militar en La Habana, cuando alternaba las visitas a los teatros con la lectura abundante, comenzó a intuir cuál sería su camino expresivo. Desde entonces mantiene, a fuerza de estudio y creatividad, una carrera difícil y constante por desmarcarse de los prejuicios que acechan a su profesión.

No le ha ido mal. Tiene varios textos publicados en antologías, además del libro Sobras escogidas y Etcétera (Ediciones La Luz, Holguín). Fue director artístico de Las majas del Bergantín y Casting en cuatro, “dos de los espectáculos más novedosos en los últimos tiempos”, según el Centro Promotor del Humor. También es de los integrantes más jóvenes de esta entidad, y junto con Etcétera ha obtenido numerosos premios en el Festival Nacional del Humor Aquelarre. A inicios de este mes de julio se celebró la más reciente edición del mencionado evento, donde estrenaron Manicomio, “una historia que transcurre dentro de una institución psiquiátrica y en la que se confunden el delirio y la realidad de sus personajes”, dijo a BOHEMIA.

Grupo Etcétera. Fotos YASSET LLERENA y cortesía del entrevistado

Considera, además, que no es suficiente ser simpático o bromear sobre la realidad del país para llamarse humorista: “Los cubanos tenemos una manera singular de expresar lo que pensamos y sentimos. Nuestro mecanismo de protección ha sido durante mucho tiempo la broma, el choteo. Sin embargo, el artista debe lograr una comunicación con los públicos distinta, hay que elaborar las propuestas, no basta con repetir lo cotidiano. El humor es un juego con la inteligencia.

“En ocasiones sucede que las personas van a buscar en nosotros tratamientos a temas sociales que corresponden a otros ámbitos, como los medios de comunicación. Quieren mucha crítica, cuando el humor en sí mismo no tiene por qué aludir con mordacidad a nuestro contexto todo el tiempo. Sí hemos llamado la atención en la escena sobre un comportamiento inadecuado, pero más que decirlo lo sugerimos” añadió.

¿Qué distingue las propuestas de su grupo?

Hemos tratado de no circunscribirnos solo a cuestiones coyunturales, procuramos que nuestros temas superen el límite de la inmediatez. Además, recurrimos a códigos más teatrales, aunque el humor tiene cierto nivel de autonomía en cuanto a la puesta en escena, con respecto a otras expresiones de las artes escénicas.

¿Cuándo sabe que han ofrecido un buen espectáculo?

Cuando logramos que el público no se pare del asiento. Hoy existen muchas opciones, sobre todo audiovisuales, Internet, las cuales hacen que la gente no vaya al teatro como en otro momento. Pero el nuestro sigue siendo un género preferido, y el cubano es ávido y conocedor. Hay que tener en cuenta también que los espectadores son muy heterogéneos. El chiste más inteligente es el que logra llegar a más personas, jugar con las distintas interpretaciones. Tratamos de no ofender ni agredir.

¿A qué se refiere al decir que quisiera vivir de escribir?

Entre lo mejor que debe pagarse están los guiones, es el origen de la creación escénica, pero no sucede así. Quizás por eso no abundan en Cuba los escritores de humor, más allá de quienes crean para su propio grupo. También el profesional debe tener, además sensibilidad y un sentido de lo cómico muy agudo, una preparación constante, en función de dominar muchos referentes culturales.

¿Cómo ve el humor en la radio y la televisión?

Hay muy poca presencia en ambos, y esta situación no ofrece una idea clara de lo que es el humor hoy en Cuba. Los creadores tenemos que buscar una vía para llegar a esos medios, pues ese acceso no depende del Centro Promotor. La televisión precisa, además de más programas de comedia, que estos tengan variedad, no estén en el mismo tono ni utilicen similares recursos. Es lamentable que se pierda un clásico radial como Alegrías de sobremesa, el cual estuvo 40 años en el aire, con un episodio nuevo cada día. A ese programa deberían darle una atención diferente, porque es patrimonio. Luego de la muerte reciente de su creador y guionista, Alberto Luberta, podrían incentivar de diferentes formas a otros guionistas, para que se acerquen y creen un equipo capaz de garantizar su continuidad.

“También escasea la crítica sobre el humor. Las que aparecen en algunos medios son ambiguas y generalizan tomando como referencia las malas propuestas de algunos; sin embargo, el Centro ha hecho un trabajo muy sólido en el sentido de depurar su catálogo”.

Al entrevistado le consta que la televisión no está cerrada a cal y canto para nuevas propuestas. Este verano el Canal Habana -televisora de la capital que al mismo tiempo llega a otras zonas del país mediante la señal digital- estrena un programa escrito por Eider Pérez, con el auspicio de la Asociación Hermanos Saíz. Sobre esta experiencia comenta: “Son nueve capítulos que me exigieron escribir con rapidez los guiones, en apenas un mes, fue un proceso extenuante. Se llama Canal Etcétera, se emite los jueves y sábados, y con él parodiamos la televisión chatarra y otras banalidades”.

Grupo Etcétera. Fotos YASSET LLERENA y cortesía del entrevistado

El joven, quien también promueve noveles talentos mediante la organización del Festival Satiricón (Holguín), cree que la comedia escénica en Cuba está en un buen momento, gracias a la gestión del Centro Promotor del Humor: “Las calidades fluctúan, vemos niveles de jerarquía en cuanto a los creadores, pero hay mucha variedad y los públicos pueden elegir”, afirmó.

Además de realizar el Aquelarre, desde el Centro se lucha para incluir entre las prioridades de los teatros del país a los conjuntos más rigurosos de su catálogo, mediante un sistema de eventos. Es que, de acuerdo con Eider, todavía existe en el panorama de las artes escénicas cierta subvaloración sobre trabajos como el suyo. “Nuestro humor se ha convertido en una tradición de la cultura cubana. Hay que ganar en su apreciación y defenderlo con el mismo entusiasmo con que los humoristas tratamos de elevar su calidad”, concluyó.

Por Raúl Enrique Medina Orama (Tomado de Bohemia)

Entrevista tomada de www.ahs.cu

Al editor le toca defender el libro

El poeta y editor Luis Yuseff. Foto Madeleine Sautié Rodríguez

Con el ánimo totalmente iluminado, como si se llevara dentro aquella llama «dulcemente encendida» de que hablara el poeta, se está en la sede de Ediciones La Luz, un fascinante recinto enclavado en la calle Maceo de la ciudad de Holguín, donde la ya prestigiosa editorial ha hallado definitivamente espacio seguro para el trabajo que con tanto gusto emprende.

La frescura de sus 20 años, cumplidos en ese mes predilecto de su provincia no es, en modo alguno, señal de ingenuas mocedades. La Editorial, una de las cinco de la AHS, nació el 7 de mayo de 1997, desafiando barreras a ras de un sueño que sin dejar de serlo es hoy una gran realidad, explicita en los proyectos -no solo editoriales- que lleva sobre sus espaldas.

Lejos, aunque no en el olvido, quedó aquel espacio que alguien llamó cuarto editorial, a juzgar por los pocos metros cuadrados de su área, donde asomaron al mundo de la letra impresa –y algunos hasta del sonido–, libros y audiolibros como Retoños de almendros, una compilación de cuentos para niños, de jóvenes escritores cubanos, a cargo del narrador Eldys Baratute; La isla de los peces blancos (antología del Premio Calendario de Poesía); Poderosos pianos amarillos, poemas cubanos a Gastón Baquero; y del propio Baquero los títulos: Una señal menuda sobre el pecho del astro (ensayos) y Como un cirio dulcemente encendido (poesía completa), entre muchos otros títulos.

Aunque el inmueble que le fuera entregado gracias al esfuerzo y la voluntad de las autoridades políticas, gubernamentales y de la cultura de la provincia, cuente apenas desde el pasado agosto, es otro el aire que se respira en la actual sede de La Luz, desde donde nos habla su director, el poeta y editor Luis Yuseff, a cuyo cargo estuvo la edición, entre otros, de los libros antes mencionados.

–¿Cómo funcionaba Ediciones La Luz cuando entras en ella?

–Entro a dirigirla en el 2005 y trato de aunar voluntades, de intermediar y hay logros, porque en muy poco tiempo sacamos cuatro libros.

Todo un reto en un universo que te era desconocido, no eras aún un editor…

–Asumir el trabajo en aquel momento de decadencia fue un desafío, soy escritor, ya tenía libros publicados y estaba entrando en un mundo que me era totalmente ajeno.

El de la edición y el del autor son dos cosas que van de la mano pero no son lo mismo. Tenía juventud y los jóvenes asumimos las cosas sin pensar demasiado en las consecuencias, quizá esa ingenuidad fue la que me mantuvo bien cerca del proyecto editorial y me hizo defenderlo de todos los vientos que soplaban en contra.

«Por suerte no todo fue malo. Las tres personas que trabajábamos entonces fuimos demostrando que se podían sacar libros. Fuimos creando el terreno, ganándonos la confianza también de las autoridades de la provincia, que debían aportarnos y nosotros convencerlos de que podíamos hacer libros y hacerlo bien».

–Pero no solo hacían libros, ustedes fueron por más…

–Hicimos campañas de promoción y creamos espacios dentro de la AHS. Fue la época en que armé por primera vez una selección de poetas, El sol eterno, y me di el gusto de escoger 20 de los jóvenes holguineros que tenían una obra atendible que hoy han demostrado su talento y han ido sumando títulos y premios importantes.

«Después llegó el mejor momento para la editorial. El sector provincial de Cultura comenzó a apoyar el financiamiento de las cubiertas en cuatricromía. Por otra parte, el Instituto Cubano del Libro le dio la posibilidad al Sistema de Ediciones Territoriales de competir con títulos de las editoriales nacionales».

–Ediciones La Luz tiene ya muchos títulos trascendentales…

–Sí, ha aportado, me parece, títulos bastante importantes como son estos tres tomos dedicados al centenario de una figura como Gastón Baquero, importantísimo poeta del grupo de Orígenes, uno de mis grandes poetas tutelares. Yo digo que es un triunvirato, especie de plano astral que viene a hacer justicia a una de las voces más importantes del ensayo y de la lírica hispanoamericana.

–La Editorial ha tenido dentro de su catálogo en los últimos años, títulos que se han convertido en proyectos, como por ejemplo La Isla en versos, cien poetas cubanos…

–Este libro, dedicado a Virgilio Piñera en su centenario, tuvo primero una edición austera, con apenas 700 ejemplares que se agotaron inmediatamente, pero en la AHS de Holguín y Ediciones La Luz, propusimos hacer una gira de presentación, y nos fuimos por diez ciudades de todo el país presentando esta antología. Tuvo después una segunda edición ampliada. Esa antología también es un audiolibro.

«Otro libro importante como proyecto es Retoños de almendros, el benjamín de la Editorial, que ya ha tenido dos tiradas de 6 000 ejemplares. En la antología, las obras narrativas están acompañadas por ilustraciones de jóvenes artistas cubanos. De ellos se ha hecho una selección que integra una exposición itinerante que ha ido circulando por el país».

–Generalmente los escritores que dirigen editoriales carecen de tiempo para escribir. ¿Cómo te las arreglas?

–Yo como escritor suelo tener procesos largos de silencio. Pero llega el día, y surge una especie de epifanía en que tengo la necesidad, la urgencia de escribir, y eso puede terminar en una reacción en cadena que se traduce en un libro escrito en apenas 20 días, eso me ha sucedido más de una vez. Entonces lo hago en las noches porque estoy más concentrado y no tengo el ruido como enemigo. Te puedo decir que desde que estoy trabajando en Ediciones La Luz, he escrito parte de mi poesía y he obtenido los principales reconocimientos. Ahora también sueño con editar libros, si no se sueña con el libro que es lo que hace un editor, el libro no sale.

– ¿Y qué es para ti soñar libros?

–Pues mira. Me hablan de un libro y enseguida imagino el aspecto que va a tener, la distribución de textos, las posibles imágenes que lo pueden acompañar, las acciones de promoción que se le pueden hacer. Todo eso yo lo veo en apenas unos segundos.

Al editor que ama su trabajo le toca defender el libro siempre, y yo soy autor y sé lo que digo con conocimiento de causa: las peores ideas o las menos completas las tienen los propios autores y el editor está llamado a develarles nuevamente la magnitud de lo que han hecho y darle el cuerpo definitivo que es ese libro que sale de la imprenta y que en un momento llega a nuestras manos para después tener el placer tremendo de sentir el olor de la tinta.

–Entrar a La Luz es percibir una familia. Seguramente contribuye con el buen trabajo…

–La editorial durante mucho tiempo estuvo trabajando en una pequeña habitación, ahí estábamos casi todos, hacinados en ese lugarcito con un par de computadoras que no tenían la calidad tecnológica para procesar ni siquiera los programas de diseño y ahí nos las ingeniábamos para hacer libros que hoy nos han traído la mayor alegría; sin embargo, nunca dejamos de soñar, con una sede como la que tenemos ahora.

«Siempre quisimos que el proyecto tuviera una librería, que tuviera una galería, porque la idea es que la editorial mantenga el vínculo con las diferentes manifestaciones artísticas y cuando ya supimos que este era el espacio defendimos cada sueño, cada uno de los rincones, el color de las paredes, los muebles, la disposición de las luces, esto solo es posible si se trabaja como una familia».

–¿Alguna divisa impostergable para que salga el trabajo?

–Para nosotros es vital estar convencidos de que estamos trabajando todo el tiempo con artistas, estamos trabajando con la autoestima de los escritores y somos intermediarios entre ellos y los lectores. Y otra cosa. Nunca dejamos el libro de la mano del otro. Todo se discute, se somete a un criterio. Todos podemos opinar, hasta que finalmente sumamos otro libro a nuestra librería.

Por Madeleine Sautié

Tomado de www.granma.cu

David Blanco y su Vida Libre

David Blanco en concierto presentando el disco Vida Libre (foto Lázaro Wilson)

Noche de viernes, 9:00 pm. David Blanco presentó en Holguín su última producción discográfica, Vida Libre, a teatro lleno y con un excelente sistema de audio y luces que hizo del espectáculo uno de los mejores del año. Por varios días colgó en los corredores del Teatro “Eddy Suñol” una amplia gigantografía promocionando el concierto del joven productor, arreglista y multi–instrumentista, conocido por temas como “Mueve la pachanga”, “Cuando me dijiste adiós”, “Miénteme” y “El despechao”. El público holguinero, entusiasta y conocedor como pocos, fue fiel a la cita musical pues, como dijo David durante el concierto, “aquí me siento en familia, como en la sala de mi casa”.
Luego de más de quince años –cifra nada desdeñable en la carrera de un joven intérprete y compositor– logrando que el público siga al pie de la letra sus canciones, y obteniendo, además, importantes premios en la escena nacional e internacional, David Blanco nos entregó esa noche varias canciones de Vida Libre (Bis Music, 2016) y otros temas característicos de su repertorio.
Tengo para dar (2003) fue su primera entrega, entre esta y el disco que actualmente promociona, se ubican otros cinco fonogramas realizados por el versátil músico. En todos ellos sobresalen, como hilo conductor y constante tributo a la música que influyó en su obra, las esencias de una profunda cubanía: “Esta es una canción que canto para que la canten también los nietos de los que estamos hoy aquí”, dijo antes de interpretar “Yo soy el punto cubano”, canción compuesta por Celina González y Reutilio Domínguez en 1953 y que interpretara, por primera vez, durante las Romerías de Mayo en 2016, en un homenaje realizado a la propia Celina, Juan Fornell, Eliades Ochoa y Faustino Oramas, El Guayabero.
David Blanco es un músico completo, su obra y este concierto es muestra de ello. Como creador ha sabido apropiarse sabiamente de diversas influencias sonoras e incorporarlas versátilmente a su discurso: “Este disco tiene mucho de la sonoridad pop rock de los 80, pero mi mayor reto es que se sienta, sobre todo, cubano”, nos dijo durante el concierto. Y antes me había dicho: “Cuando un músico crea, emerge todo lo que ha escuchado”.
Hace poco, en una de sus anteriores visitas a Holguín, conversamos con David Blanco con el objetivo de realizar un abordaje por su amplia carrera artística.
¿Cuánto influyó iniciar tu carrera musical en una agrupación reconocida como Moncada?
Moncada fue una experiencia muy agradable. Salí del Conservatorio de Música “Amadeo Roldán” con solo 17 años y comencé a trabajar con esta agrupación. Ellos necesitaban un músico que tocara varios instrumentos, hiciera arreglos… y yo clasifiqué. Guardo de Moncada, además, la experiencia de cómo dirigir un grupo, porque Jorge Gómez es un gran director. También viajé a varios países, pues es importante conocer otras culturas… Un año antes de entrar en Moncada estuve en el grupo de Gerardo Alfonso, donde también aprendí mucho. Gerardo es un gran compositor y tiene canciones de todos los estilos.
A partir del 2001 creas tu propio grupo…
A partir de ahí le pica a uno ese bichito de crear un grupo… Hay un poquito de la buena locura de los jóvenes en esto, sin ese toque de locura quizá no lo hubiera hecho. Si hubiera sido, quizá, un poco más sensato y hubiese pensado que Moncada es un grupo sólido, una institución en la que estoy seguro de alguna forma, no hubiera dejado todo eso atrás para aventurarme con mis amigos más cercanos de cuando era pequeño, sin un soporte económico. Hicimos una carrera solamente con canciones, instrumentos teníamos muy pocos, unos pedazos de batería… Pasamos mucho trabajo, llegábamos a los lugares y era muy difícil conseguir trabajo, cuando no te conocen no puedes hacerlo. Sin ese toque de locura, y si lo hubiera pensado mucho, no lo hubiera hecho. Pero qué bueno que lo hicimos…
De alguna forma eso somos nosotros. No es que hemos cambiado los estilos, no es nada que uno se proponga. El músico va madurando como lo hace también el ser humano, ese mismo pensamiento lo llevas a tu vida profesional. Me parece que eso se llama oficio.

“Mi mayor reto es que Vida Libre se sienta sobre todo cubano”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y crecimiento también…
Claro, hemos crecido desde el tema “Mueve la Pachanga” de nuestro primer disco. Esa canción fue el tema más bailable del disco Tengo para dar. Yo estaba loco por hacer un disco y de repente me dan la oportunidad de grabarlo: grabas un tema y sigues grabando y grabando… “Mueve la Pachanga” era el tema diferente de ese disco, incluso quien quiso hacer el video clip con esa canción fue la disquera, y funcionó mucho… Pero no solamente somos ese estilo. La gente me ha dicho si he cambiado de estilo, pero no, hay que escuchar nuestros discos y analizarlos bien para poder tener un diálogo…
¿David, cuáles son tus principales influencias musicales?
Yo tengo influencias de Matamoros, de los Rolling Stone… Tuve la suerte de estudiar en un conservatorio cubano, que tienen un peso, son herederos de la exigente escuela soviética. Los conservatorios cubanos enseñan música muy bien, eso te hace amar la música de concierto, el jazz, por ejemplo. Me gusta mucho el blues tradicional. El jazz que se ha hecho en Cuba siempre ha tenido para mí una admiración tremenda. Incluso las cosas antiguas, poca gente habla de Mario Bauzá, de Chano Pozo… Tuve mi trío de jazz en la escuela, de hecho yo nunca pensé que fuera cantante, te lo digo sinceramente. Yo quería tener un grupo que hiciera mis canciones; yo podía hacer los arreglos, ser el director, pero que tuviera uno o dos cantantes. Pero, por cosas que da vida que da vueltas, terminé cantando yo.
Mis influencias tienen que ver con todo. Vengo de una familia de músicos por parte de mi mamá: mi bisabuelo era maestro de capilla; mi abuelo fue fundador de la Sinfónica y Filarmónica; mi madre es profesora de música y musicóloga; mi abuela, profesora de coros… Cuando pequeño, en la casa de mis abuelos siempre había un contrabajo o un chelo, siempre estaban ensayando; y yo empecé estudiando violín… Pero por su parte, mi padre me ponía mucha música popular: Elvis Presley, Rubén Blades, Irakere, Van Van, Beny Moré, Matamoros, incluso música llanera venezolana… Por eso le insisto tanto a los jóvenes que no se queden solamente escuchando un solo estilo o ritmo musical, eso hace que tus neuronas no se desarrollen. Me parece que soy el resultado de todo eso. Cuando un músico crea, emerge todo lo que ha escuchado.
¿Cómo te las arreglas para ser compositor, director, arreglista, cantante, productor, multi–instrumentista…?
Mira, a veces ni me doy cuenta. Quizá por eso es que paso dos o tres años sin un disco, porque lo hago todo yo mismo… Pero es parte de lo que me gusta hacer; antes de cantar yo hacía canciones y arreglos para otras gentes, producía discos… Desde joven me encantó producir y el mundo de los estudios, y me estoy preparando desde joven, o desde más joven, para eso… También tengo personas que me apoyan muchísimo, como Luis Durán, mi sonidista, y mi hermano Ernesto. Nos sentamos y hacemos temas juntos, hace poco hicimos la música de la telenovela La sal del Paraíso. Soy un músico que también hago cosas que no son muy conocidas: música para cine, música instrumental, cosas que he hecho para documentales y además, la producción.
También has trabajado en varias campañas educativas…
Creo que los músicos tenemos una responsabilidad grande. Cuando te conviertes en ídolo de jóvenes y multitudes, eso es una gran responsabilidad, porque estás de alguna forma educando o sembrando una semillita en la cabeza de alguien que intenta vestirse como tú, seguir tu estilo…
Hoy los jóvenes les hacen más caso a sus artistas favoritos que a sus padres y maestros. Yo fui un fanático en mi época de Guns N´ Roses, Carlos Varela… Hoy en día tuve la suerte de conocer a muchos músicos de Guns N´ Roses y ser gran amigo de Carlitos Varela… Eso ha sido porque también me fijé en artistas que daban un mensaje, por eso la importancia de este tipo de campañas. Hemos estado en campañas de información y educación hacia los adolescentes sobre el VIH–Sida con la canción “Miénteme”, en 2005… Y hace tres años estamos con la Organización de las Naciones Unidas en una campaña por la no violencia hacia las mujeres, con el proyecto Únete… Son campañas en las que das un mensaje con un micrófono en la mano. Cuando tienes miles de personas delante de ti, un micrófono se convierte en un arma muy potente que debe usarse en bien para la gente.
Me decías que desde muy joven comenzase a viajar con Moncada. ¿Cuál es la reacción del público extranjero hacia tu música?
Cuba es querida. Nosotros tuvimos mucho éxito en España y Argentina. En España sacamos dos discos con la Warner Music y en Argentina sacamos La Evolución son Sony Music. Hicimos dos giras por Argentina, varias giras por España durante cuatro años… Siempre hay una aceptación. Ojalá que los músicos cubanos, cada vez que salgamos fuera de Cuba lo hagamos por respeto hacia la música y calidad.
¿Qué representa Vida Libre en tu evolución musical?
Vida Libre es un disco que me encanta. La Evolución es del 2009 y ha sido un disco con mucha vida. Esa fue mi evolución en ese momento. Yo venía de España de haber cumplido unos contratos, siempre he vivido aquí en Cuba, nunca fuera… Cuando llegué lo hice en mi casa, en mi pequeño estudio, lo produje yo solo, y tuvo un alcance tremendo después. Luego nos dedicamos a grabar conciertos en vivo, en 2013 sale el disco Amigos, una producción diferente a todos los demás, porque hay muchos invitados: Eliades Ochoa, Paulo FG, Buena Fe, Diana Fuentes, David Torrens… Vida Libre tiene un sonido, una tímbrica electrónica que hoy se está usando mucho, un poco también rozando las décadas de los ochenta y los noventa, un sonido que se está usando muchísimo ahora en el plano internacional… Siempre estamos en función de los jóvenes. Pero insisto, mi reto fundamental siempre es que se sienta lo cubano, que haya cubanía… Es un homenaje, de alguna forma, a los ritmos tradicionales cubanos, con un lenguaje actual, un lenguaje de crónica. Por ejemplo, el tema “Como el avestruz” utiliza un lenguaje que crítica los sentimientos negativos que existen desgraciadamente en la humanidad, como el egoísmo, la hipocresía.

Trovador de sangre y alma

Creador de numerosos proyectos artístico-socioculturales, como la peña A esta hora, espeleólogo ocasional y músico apasionado, Raúl Prieto, artista holguinero, trabaja todavía arduamente para que la trova siga transformando el pensamiento cotidiano en obra de arte.
Abrió la reja y recordé su edad. Tiene 53 años… 53 años y una argolla en la oreja izquierda. Las manos, expresivas, más que el rostro o las cejas. ¿Sus dedos? Sus dedos cantan las canciones de una generación atomizada entre el poema y el Periodo Especial.
Pasamos al interior de su casa. Sobre el librero, una reproducción de Cosme en la Boscomanía y un cemí, referencias místicas de sí mismo. Es que Raúl Prieto busca la manera de conjugar compositor, cantante y músico, como sentencia Frank Delgado. Su máxima es traducir la sociedad y perfeccionar su trabajo de autor para quedar bien consigo mismo, me dije.

Me invita a tomar asiento y sus manos continúan narrando días añejos, aquellos cuando eran jóvenes y escuchaban música prohibida; de cómo se enamoraron de la guitarra y fueron inseparables hasta en los más diversos escenarios.

Raúl se desempeñó diez años en el Polo Turístico holguinero, etapa “compleja porque al extranjero se le trataba de dar su propia música; de lo contrario, se le mostraba lo más tradicional de la música cubana. El repertorio de la playa giraba en torno a “Yolanda”, “La paloma” y “La guantanamera”. Llega el momento en que te envicias haciendo esto y descuidas la obra. Mas la transculturación de esos años, la utilicé para crear”, comenta.

¿En qué medida tiene su música la esencia de lo cubano?

-La realidad cubana de todos los tiempos es una fuente de inspiración permanente. Este país es rico en ritmos, culturas y estilos. Mi música tiene son, sin declarar, pero sí fusionado guaguancó, boleros… Algunas personas creen que si es bolero no es trova. Error. La trova puede ser cualquier género musical combinado con otros elementos, como poesía y la utilización de la guitarra, que aportan ese matiz trovadoresco.
Su libro Todos los silencios dice de su quehacer poético. ¿Cómo conjuga poesía y música?
-No concibo trova sin poesía. Aunque la canción no sea necesariamente un poema, tiene que estar influido por este. Bellido, un amigo de la universidad, decía: “Puede no estar acabado el poema, puede no ser un poema, pero lo imprescindible es la poesía.

“Durante mucho tiempo la trova fue mirada como música política, pero es mucho más. La canción trovadoresca debe tener elementos poéticos. Expresaba Martí que el verso, por donde quiera que se quiebre, ha de dar luz.

Raúl Prieto junior ha heredado el talento de su padre. ¿Cómo se siente legar un hijo a la trova?

-Genial. Raulito empezó en la música tarde porque no viene por los escalones tradicionales: Escuela Vocacional de Arte, Conservatorio… Él es un trovador innato. No se decidía cuando era más joven; la Mamá me decía que yo no me dedicaba a enseñarlo. Mientras no tenga la pasión y la guitarra no sea algo indisoluble en su vida, no hago nada con enseñarlo, le explicaba.
En efecto, hubo un momento cuando se interesó y empezamos a trabajar juntos. Después estuvo desempeñándose dentro de mi agrupación. Tocó percusión menor, bajo, hizo coros; ahora mismo tiene un repertorio consolidado y es director del grupo. Acabo de ubicarlo para dedicarme por completo al trabajo de autor. Tener una persona confiable y talentosa me crea una comodidad en el mejor sentido.

¿Hasta qué punto la agrupación contribuye al desarrollo de artistas no graduados en la academia?

-Raúl Prieto y su grupo es una academia para los jóvenes músicos autodidactas y para mí también. Haber intercambiado con generaciones provenientes de diferentes índoles agranda el panorama creativo. Ellos manifiestan que es una experiencia en vivo, no se estudia. No es lo mismo tocar una obra clásica, la cual debes aprender para graduarte, que la música de los trovadores, llena de cambios de compases y de géneros, inclusive dentro de una misma canción. Los músicos que han formado parte de la agrupación coinciden en que ha sido una escuela.

– ¿En qué estado se encuentra la trova actual?

-Si te pones a analizar a los músicos fundadores de la Nueva Trova y los que la integramos luego, ninguno se parece al otro. Muchas veces el movimiento oscila entre la moda y lo que realmente se quiere decir. Dentro de esa cantidad de trovadores noveles, un grupo ha consolidado su modo de decir. Es el caso de Tony Ávila, que le dio por la guaracha y la música de doble sentido, y lo hace de modo muy original.
Sin embargo, la trova joven debe seguir profundizando en buscar su estilo, y decir sin preocuparse de los modismos ni las tendencias. El trovador siempre se ha caracterizado por tener un discurso propio. Hay mucha preferencia por lo rítmico; encuentran un estribillo pegajoso, el público se pone eufórico, la canción dura siete minutos, de los cuales solo uno era de contenido y los otros seis son de complacencia. Nuestra misión es transformar el pensamiento cotidiano en obra de arte.
¿Ha influido el “fatalismo geográfico” en su carrera?

-Depende de las perspectivas que tengas. Si quieres ser famoso, indiscutiblemente en una provincia del interior no lo vas a ser. Desde ese punto de vista interviene el fatalismo geográfico. Si deseas quedar bien contigo mismo, decir tu obra dondequiera que estés y convertirte en un traductor de la sociedad, no determina la ubicación que tengas en el mapa.
En lo personal nunca se me ha ocurrido irme para La Habana. En el fondo soy una persona muy tímida, no trabajo para grandes multitudes. Decía Ingeniero en su libro El hombre mediocre que la fama es lo más sencillo del mundo: en un teatro una persona se para, comienza a aplaudir y el espectador por inercia aplaude, entonces ya eres famoso. Prefiero una persona que sienta mi música y no cien que reciten mecánicamente los coros.
¿Otros proyectos…?

-En agosto pasado fundamos la Feria de los Trovadores con la idea de unirnos una vez más, sin importar la generación a la cual pertenezcan o el estilo que defiendan. Este proyecto pretende realizar un grupo de acciones, génesis de mi sueño más imperecedero: una escuela de cantautores.
Queremos impartir conferencias, talleres de armonía aplicada a la guitarra, de poesía y literatura. Contamos para ello con el auspicio de la Dirección Provincial de Cultura y el apoyo de la Uneac. Pretendemos invitar a jóvenes trovadores empíricos. Ahí vamos a lanzar la segunda edición del concurso Para una imaginaria María del Carmen (tema de Noel Nicola). Ya hicimos una primera edición en el espacio Tocando fondo, donde descubrimos al joven Manuel Leandro.
Ahora queremos estrenar la segunda edición desde la Feria de los Trovadores para gestionarles a los ganadores el ingreso al movimiento profesional. Constituye una cantera de protección al género. Ojalá esto pudiera concretarse y hacerlo de manera pedagógica como una escuela de cantautores.
Con dos discos en su quehacer y un tercero revoloteándole en el alma, Raúl Prieto trabaja intensamente, pues sabe que la misión de un trovador va más allá de hacer la moda: necesita una labor constante y el esfuerzo colectivo. En él se respira una fe inmensa por toda esta artimaña de la esperanza, lo creativo y lo místico de la música. Pero, sin dudas, el cantautor solo tiene una realidad palpable: la trova.

Por Dénise Montero Ramírez

Tomado de www.ahora.cu