Italiano encuentra motivo de inspiración en Holguín

Ernesto Balice. Foto tomada de su perfil de Facebook
Las calles de la Ciudad de los Parques son recorridas cada día por un señor que, nacido en Francia, ya se siente holguinero. Se trata de Ernesto Balice, un italiano radicado hace más de 20 años en Holguín.

Cuando Balice llegó por primera vez al balneario de Guardalavaca no sospechaba que pasaría el resto de su vida muy lejos de Italia. El amor lo flechó y formó una familia que lo hizo decidir por quedarse a vivir en Cuba. Pero esta no pretende ser una historia de amor ni de familia; sino de un creador que encontró su inspiración en estas tierras.

Holguín despertó en este italiano al compositor que, durante muchos años, había estado dormido en su interior. De su primera canción hasta hoy ya suman alrededor de 70 composiciones, la mayoría de ella inspiradas en Holguín y su gente.

La obra de Ernesto Balice merece ser destacada puesto que tiene un trabajo sostenido que durante 10 años ha enriquecido el patrimonio musical holguinero.

¿Cuénteme de sus inicios como compositor?

“Yo conocí a un muchacho, músico, y me motivé a preguntarle qué pasaría si yo hacía una canción para que él le pusiera música; entonces me dijo hazla, vamos a ver qué pasa. Hacía algún tiempo yo tenía ideas en mi cabeza como de imágenes de vivencias y así surgió la primera canción que fue “Playa Guardalavaca”. Inspirada en el sol, la playa, el verano”.

¿Cómo surgen los géneros de sus canciones?

“Creo un texto y el mismo texto te lleva a un género; es por eso que en mis discos vas a encontrar diferentes géneros desde bolero hasta guaracha,y es un trabajo en equipo yo no decido qué genero lleva, lo colegiamos y eso tiene un resultado”.

Sus canciones están recogidas en cuatro discos, todas interpretadas por holguineros. ¿Cómo escoge a los intérpretes?

“Hay un poco de todo, están los que yo escucho y pienso me gustaría esa voz interpretara una de mis canciones, y también hay quienes llegan a mí porque saben que soy compositor y me dicen que quieren cantar algo mío”.

¿Se siente satisfecho cuando escucha su obra?

“Sí, muchas de mis canciones son interpretadas por reconocidas voces de la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos Faustino Oramas y eso me llena de orgullo, pero otra buena parte la hacen jóvenes talentos que están iniciando, muy jovencitos, casi niños y tienen tal maestría que me hace sentir admiración por ellos”.

¿Por qué decidió quedarse a vivir en Holguín?

“Aquí tengo a mi familia, además había vivido mucho tiempo ya en Italia quería experimentar algo distinto, diferente; en Holguín me acogieron como un holguinero, aquí encontré en la música otro motivo para darle colores a mi vida y aquí decidí quedarme”.

Por Yudit Almeida Pérez
Tomado de www.radioangulo.cu

Las invasiones de Moisés Mayán

La vida de Moisés Mayán gira en torno a la literatura. Foto: Carlos Rafael

Parece como si Moisés Mayán, al filo de sus 35 años —cuando el almanaque y los estereotipos empiezan a descontar juventud—, hubiese montado a la carga en una suerte de invasión. Primero hacia el interior de sí mismo, en la búsqueda de contradicciones, miedos y pasiones de su ser; para luego irrumpir en la mentalidad del lector y provocarle los mismos cuestionamientos que le surgieron a él.

Tanto fue así, que de esas intrusiones resultó el dictamen del jurado del Premio Calendario 2018, otorgado por la AHS, a su libro El factor discriminante, donde prima la prosa poética.

Con seis libros publicados (Fábula del cazador tardío, El monte de los transfigurados, Cuando septiembre acabe, El cielo intemporal, Raíz de yerba mate y Estética de la derrota), Mayán es licenciado en Historia por la Universidad de Holguín, pero nunca ha ejercido su profesión, al menos conscientemente, pues toda su vida gira en torno a la literatura: trabaja como divulgador del Centro Provincial del Libro, dirige un taller literario y es corrector en el periódico La Luz, de la Dirección Provincial de Cultura.

—¿Cómo descubres esa afinidad por la literatura?

—En la secundaria comencé a escribir cartas por encargo para las novias de mis amigos y como les dio tanto resultado, entendí que mis aptitudes podían ir más allá de aquellos ejercicios de escritura. Fue por eso que en el 2000 llegué al taller literario Pablo de la Torriente Brau, el cual tenía su sede en la Casa de la Cultura, todos los domingos a las cuatro de la tarde. Lo dirigía Marlenis Londres, una especialista con una gran agudeza crítica. Ella nos ayudó a poner las primeras piezas en el rompecabezas de los textos.

«Después llegó a nuestras vidas Joaquín Osorio, piedra angular en el movimiento de la joven poesía holguinera, porque era la primera persona que confiaba en los más inexpertos y se arriesgaba a ponernos a leer en público. Nunca olvidaré que de su propio librero nos prestaba ejemplares y nos indicaba las lecturas. Nosotros, que solamente teníamos la formación de la secundaria o del preuniversitario, empezábamos a encontrar otras poéticas y poco a poco íbamos descubriendo otro tipo de literatura».

—¿Qué hacía un aprendiz de poeta en el curso de técnicas narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso?

—Cuando me enfrenté a la poesía postmoderna, experimenté un choque muy fuerte, porque yo venía de los clásicos que estudiamos en la escuela: Martí, Guillén, Dulce María Loynaz… Entonces me hice la promesa de que nunca iba a escribir poesía, aunque no dejé de frecuentar los lugares donde se leían poemas. Así llegó el 2003 y entré al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, siendo un narrador muy primario. Un día me quedé en el albergue escribiendo y el profesor Eduardo Heras León tocó a la puerta y me dijo: «No vengo a regañarte por no ir a clases, sino a decirte que no dejes de escribir». Por eso, una vez le confesé que el «Onelio» me llevó a la poesía, porque ese centro me provocó el deseo de escribir, pero poesía.

—Aunque no has ejercido como historiador, esa formación ha suscitado indagaciones dentro de tu propio ser…

—Sobre todo en este último libro, porque ha sido la base de parte de las búsquedas que he realizado como persona, fundamentalmente sobre la discriminación hacia la mujer, la racial, la de culturas que se creen dominantes con respecto a otras. De pronto, empiezo a analizar lo que llamaba Frantz Fanon «la relación del colonizado y el colonizador», viéndolo desde el punto de vista del blanco por el negro. Como resultado de esas investigaciones, se va gestando el libro El factor discriminante.

—Además del tema, el jurado del Calendario resaltó el «limpio ejercicio del lenguaje que permite ir de la ironía al dolor». ¿El texto te pedía una voz diferente a la que habías usado anteriormente o te lo impusiste como ejercicio escritural?

—En mis seis libros anteriores yo había construido un discurso que se caracterizaba por la plasticidad de las imágenes, la utilización de una palabra pulida, un lenguaje enfocado hacia la búsqueda de la belleza, el cual se convirtió en un poco hermético para el lector común. Pero cuando escribo El factor discriminante es como si hubiera desarmado todo mi discurso anterior y entonces empiezo a hacer los ejercicios de escritura de este libro.

«Primero lo hacía sin estar muy seguro de que pudiese insertarse en el género poesía, pues está formado por pequeños cuerpos que pueden funcionar como microrrelatos y viñetas. Empecé a moverme en ese espacio y a construir los textos basado en las inquietudes que tenía sobre la racialidad, las parejas interraciales, pero desde la perspectiva del blanco. En el libro, es el blanco de ascendencia hispana quien se levanta en defensa del color de la piel, de la negritud, porque desde Cecilia Valdés estamos viendo que el problema negro es un problema blanco. Y cuando son los propios discriminados los que se defienden, le resta verosimilitud a la protesta. Por ejemplo, si las mujeres saltan a defender sus derechos, a los hombres siempre les provoca escozor».

—¿Pero no es discriminatoria esa postura que asumes así, desde el blanco?

—Cuando uno escribe sobre ese tema desde la perspectiva del blanco, se mueve en un filo muy estrecho. De momento, yo me cuestionaba cada texto, pero trataba siempre de colocarme en el plano del discriminado. Hay un poema que habla del día en el cual el sexo débil se asocie con testículos y no con las mujeres, porque considero que ellas son los grandes seres de la creación. Eso es lo que hago: colocarme del lado de los discriminados, de los colonizados —porque el libro parte de la esclavitud histórica y revisita la colonia—. Por eso me salvo de asumir posturas discriminatorias.

—¿De dónde nace esa inquietud por la discriminación racial?

—Hace algunos años me casé con una mujer negra y, al principio, cuando comencé a acercarme a ella, empecé a sentir las asperezas y los cuestionamientos de la gente que nos rodeaba. Ella me decía que nunca había experimentado la discriminación, pero yo escuchaba términos como «quemapetróleo», por ejemplo, y me di cuenta de que esos gérmenes estaban vivos en nuestra sociedad. Por eso el libro es muy íntimo, honesto, porque partió de mi propia experiencia.

—¿Confías entonces en el poder de la poesía para transformar esas actitudes y pensamientos?

—Uno de mis grandes lectores es un bicitaxista. Cada vez que tengo algo nuevo se lo doy para que me haga una crítica, porque la opinión de la gente común me interesa mucho. Creo que este se convertirá en el libro del carretillero, de la ama de casa, del mecánico y de todo el que se acerque a la primera página.

«En mis libros anteriores había puesto una barrera lingüística porque como poeta yo me decía: “que escalen, que suban los peldaños que yo he tenido que ascender para escribir”. Pero ahora destruí esas estructuras y construí este libro herramienta, instrumento, arma… que puede ayudar a demoler falsos conceptos, a crear una conciencia de no discriminación racial y hacia la mujer.

—¿Fue ese agradecimiento del cual hablas el que te motivó a formar el taller literario Ángel Augier?

—La creación del taller fue mi manera de agradecer a todas las personas que se tomaron el tiempo de orientarme. Por eso quise ayudar a quienes se adentran en el mundo de la literatura. Hoy tengo la satisfacción de que tres autores de mi taller ya tienen libros publicados, incluyendo a Hernán Quintana, quien se acercó al grupo a los 59 años y publicó su primer libro a los 60. Me siento un hombre muy agradecido, no solamente de la AHS, sino también de la Uneac y de todos mis antecesores. En momentos en que muchos jóvenes en Cuba niegan la obra que les precedió para llegar a una especie de punto cero o de generación cero, yo introduzco mis raíces en la lírica holguinera, la respeto y soy un lector de los autores cubanos que publican hoy, pero también de los inéditos que van a mi taller.

Por Liudmila Peña

Tomado de www.juventudrebelde.cu

De Doime son los aplausos

Osvaldo Doimeadiós se presentó en el Teatro Eddy Suñol de la ciudad de Holguín durante el V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón.Fotos: Carlos Rafael y Torralbas
Lejos de las tablas y las cámaras Osvaldo Doimeadiós parece estar de “mal humor”. Definitivamente, no es un hombre cómico. Al contrario. Es más serio que Serrano leyendo una nota oficial en el Noticiero Estelar. Y eso que nos fuimos a conversar al Bar Pliska del Hotel Pernik y ni “pliska” de sonrisa.
Quizá notó la sorpresa y la contrariedad en mi rostro cuando me dijo: “A veces la gente me pregunta si estoy triste o bravo. Parce que tengo un rictus de ultra seriedad que no es tal. Lo que pasa es que soy extremadamente tímido. Me da pena exponerme delante de alguien. Sin embargo, el escenario es la mejor vía para exorcizar esos demonios”.
Fue en el Teatro “Eddy Suñol” que compartió humor del bueno durante sus presentaciones en el V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón que se desarrolla entre el 25 de febrero y el 4 de marzo. Entre una y otra actuación conversó con ¡ahora! digital “del humor y otros demonios”.
Hacía casi cuatro años que no regresaba a Holguín, su ciudad natal. Le Doi-me-adiós, digo, la bienvenida, antes de preguntarle sobre sus orígenes holguineros y su vocación por la actuación:
“Nací aquí en 1964, en la otrora Clínica de Frexes y Morales Lemus. Nunca estuve en Las Calabazas, pero hay gente que afirma que soy de allí. Sucedió que en un programa Sabadazo me preguntaron de dónde era mi personaje de Margot e improvisadamente le dije que del Cruce de Las Calabazas, ‘mire mi cuerpo de calabaza’, concluí. Realmente yo vivía en el reparto Alex Urquiola hasta el ’82.
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“Desde los cuatro años decía que iba a ser actor, pero mi madre deseaba que estudiara música. A los seis me hicieron pruebas de aptitud. Todo iba bien hasta que la profesora me preguntó si quería ser músico. Le dije que la música me gustaba mucho, pero quería ser actor. Ahí mi madre comprendió que tenía condiciones, pero no vocación.
“En el local que hoy ocupa Tele Cristal, me vinculé a un taller de actuación para niños donde se hacían programas en la CMKO Radio Angulo . La radio fue el bautizo. Lo primero que hice fue un personaje en una versión de Cumbres Borrascosas.
“Luego vino la etapa del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) José Martí que fue muy simpática. Entré en séptimo grado y ya había un grupo de teatro creado por alumnos de años superiores. Me presentaba todos los años con tremendos deseos y no me daban ningún personaje. Seguí insistiendo hasta que ellos se graduaron y formé mi propio grupo. Por eso digo que en la vida uno debe persistir. “Luego entré en el Instituto Superior de Arte (Isa)  en el año ‘82 y me gradué en el ‘87. Contrariamente a lo que se hace, no me quedé en La Habana. Un grupo de graduados, voluntariamente, decidimos venir a Moa y fundamos Teatro del Este. No le interesó el proyecto a las autoridades de Cultura de aquel momento y se disolvió. Regresé a La Habana y retomé mi trabajo en el humor que había comenzado en la universidad con la creación del grupo Salamanca”.
No estudiaste música, sin embargo el humor musical se inserta en buena parte de tus espectáculos…
“Quizá debí escuchar el consejo de mi mamá y estudiar algo de música. Después la vida me ha llevado a trabajar con músicos y cantantes y me ha encantado.
“Todo en la vida es música. Me gusta incluirla en mis espectáculos, porque forma parte de la belleza de la vida y nuestra cultura, pues somos un pueblo tremendamente musical”.
¿Por qué crees que el humor sigue considerándose como un género menor dentro de las artes escénicas?
“Es un criterio simplista relacionado con la modorra intelectual o no ahondar en la naturaleza del arte. A veces las cosas se pueden simplificar al actor, pero todo no puede ser eso. Hay que reinventarse todos los días, superar lo que uno hace desde el guión y todos los elementos que conforman una puesta en escena, si no perderíamos posibilidades estéticas.
“En los años que estudié en el Isa empecé a hacer humor y todo el mundo se divertía. Sin embargo, si decías en los predios académicos que en eso centrarías tu carrera, los intelectuales entre comillas, porque los verdaderos sí disfrutan y comprende el género, manifestaban: ‘!ay!, ¡qué pena!. Entonces por rebeldía empecé a hacer humor. Además, este forma parte de nuestra identidad y el sentido más raigal de cubanía. Por eso lo defiendo por encima de todas las cosas”.
Existe el criterio de que el humor cubano está en crisis…
“El humor de calidad no es mayoría. Así ocurre en el resto de las expresiones artísticas donde hay una vanguardia y cosas no tan buenas. Lamentablemente, al humor se juzga por el lado más malo.
Quizás en la capital estamos más expuestos a las leyes del mercado y hay que optar por otras vías para comercializar lo que hacemos. Tal vez eso distraiga la atención de la verdadera creación. No obstante, hay grupos y solistas que siguen apostando por un trabajo de calidad como el Dúo Caricare, desde Holguín y Komotú en Guantánamo.
“Existen zonas muy notorias que no apuestan a lo grosero, sino a lo mejor del género humano que tiene que ver con el humor blanco, pero también con la sátira social, tan útil y necesaria, aunque algunos enemigos del género traten de borrarla”.
¿El transformismo para un personaje tan popular como Margot, demanda de ti un esfuerzo especial?
“Empecé a hacer Margot años antes de que saliera en televisión. En las fiestas asumía el personaje y, sin quererlo, lo ensayé y pulí. Un día en Sabadazo, Pulido me propuso hacer un personaje y le sugerí a Margot.
“Feliciano también nació así. Llegan como un juego hasta que decido confrontarlos con el público. Lo que es un juego se disfruta y sale orgánicamente, aunque la interpretación tiene su grado de dificultad”.
Tu hija, Andrea, es actriz y se inició recientemente en el humor. ¿Cómo es esa relación personal y profesional al mismo tiempo?
“Nos criticamos mutuamente. Así ha sido siempre en el hogar. Mi familia ha participado críticamente de todo el desarrollo de mi carrera como actor. A Andrea la tuve como alumna en su último año en la Escuela Nacional de Arte, pero con el mismo tratamiento que a los demás actores jóvenes. “Ahora soy director de un espectáculo humorístico, La cita, que ella escribió y en el que actúa junto a Venecia Feria, y estamos muy satisfechos con el resultado”.
Después de una carrera tan versátil con qué te quedas, ¿el drama o la comedia?
“Me quedo con lo que me ponga la vara alta y no me aburra, ya sea humor, drama u otra cosa. Me gusta meterme en personajes y cosas difíciles. Vale la pena correr el riesgo, porque también esta es una carrera de equivocarse y eso forma parte del proceso.
Un actor tan camaleónico, que ha probado casi todos los medios y géneros, desde el humor hasta el horror sicológico, ¿qué le queda para el futuro?
“Me gustaría seguir apostando por el humor. Hago unipersonales y es un reto, pero quisiera realizar espectáculos con muchas personas, pues me gusta trabajar en escena con varias energías.
“Vivo el presente. Me enamoraré de los proyectos y los sacaré adelante en la medida que se puedan hacer. Seguiré trabajando en lo que la vida me ponga en el camino”.
Por Rosana Rivero Ricardo
Tomado de www.ahora.cu/es

El Plan y Etc…

El grupo humorístico Etcétera, fenómeno de popularidad desde sus inicios en el mundo de la sátira, vive hoy un intenso idilio con nuestra Ciudad de los parques— obligada plaza.  “Siempre he considerado al público holguinero muy agradecido.  Ha sido, de una forma u otra, el medidor de nuestro trabajo,” reconoce Eider Luis Pérez, director del grupo.

Y el dato no es gratuito, porque Etcétera nunca ha desaparecido del “radar” escénico de Holguín, a la que regresan continuadamente valorizando nuevos espacios dedicados al humor, aunque su actual residencia conste en la capital de todos los cubanos.  Son anfitriones, por quinta ocasión consecutiva, del evento que sostiene como imagen al sátiro, esta vez, astronauta. (Cualquier semejanza con uno de sus integrantes ha sido pura coincidencia), advierten. Y lo hacen para ofrecer su más reciente producto creativo: El Plan.

Las peripecias de un grupo de espías que siguen un ambicioso plan marcó la novedad del espectáculo. Foto: Herrera

Escudado por las actuaciones de Venecia Feria, Yasser Velázquez, Luis Ángel Batista y el propio Eider Pérez, encadena las peripecias de un grupo de espías que siguen un ambicioso plan, lleno de matices y guiños a nuestra realidad como el ahorro energético o el Período Especial.

Similares cotas supuso el encuentro entre un maestro samurái y su discípulo, o los esfuerzos de un grupo de actores durante la filmación de la que será la primera cinta del Icaic ganadora de un Oscar.  Diríase casi una saga de su anterior número sobre el director Salpinguitis. Perfectible, y sin tantas alusiones a su acostumbrada sátira. Lo propio se desarrolla durante la invasión a la Tierra que hace unir fuerzas a Elpidio Valdés y Superman.  Con una clara resonancia en el ámbito del humor, Etcétera anuncia nuevos itinerarios creativos. Bien afincado y reconocido por su trabajo con la sátira, ahora enfoca su atención hacia otras maneras de hacer como el humor blanco y  situacional ¿Su centro de mira? La actuación.

“Los actores hacen una interpretación bastante sólida de un texto que, prácticamente,  esta contradiciendo todo el tiempo lo que se dice. Se construye toda una historia cómica a través de pequeños momentos, o sea, pequeños cuadros dentro de un gran sketch.”

Resulta una línea poco explorada por el elenco, lo cual impulsa la idea de Movies de humor, espectáculo temático que incluirá en su puesta a Bollywood— en alusión a la mega industria del cine indio donde priman baile y canto—,  donde los actores demostrarán sus aptitudes para las múltiples peripecias que conlleva. “Creo que a los festivales deben llegar obras maduras y no solo estrenos”. Casi siempre apuesta por una combinación de ambas, incluyendo lo nuevo con “otras  que ya tengan un recorrido en el repertorio del grupo”,  afirma.

Y si de novedades se trata, Etcétera ha integrado otro miembro a su dinámica.

El actor Luis Ángel Batista figura como nueva adquisición del grupo Etcétera. Foto: Herrera

“Sigo creyendo que los actores son eso, no los encasillo en la comedia o el drama. Hay algunos con mayores o menores condiciones histriónicas para asumir el humor. Con Etcétera sucede que la dinámica de trabajo se complejiza para quienes no entiendan también la actuación.  Hemos trabajado con varios integrantes, algunos graduados de actuación y otros con esas posibilidades citadas.”

“Siempre pensamos la escena para actuarla y no, simplemente, para hacer el chiste. Creemos más en la situación, en sí misma, que en la broma exclusiva, la que no ofrece la significación real de la estética de Etcétera.” Con la inclusión de Luis Ángel Batista logra el grupo el codiciado equilibrio. Posee versatilidad, una vis cómica muy buena, va en camino a descifrar los códigos del manual etceteriano.

“Me recuerda mucho a lo que tuvimos, en un momento determinado, Nelson Osorio y yo en la escena. Estudioso. Puede hacer lo que se proponga en el campo de la actuación. Sus características me han permitido recuperar los números que no tenía en repertorio activo a falta de un actor con sus cualidades,” reconoce el también escritor.

Si antes la formación (Yasser, Venecia, Eider) lograba captar atenciones con el siempre asistido “triangulo amoroso” llevado al humor. Ahora el trabajo se complementa con mejores interacciones, pueden desdoblarse y sacar sustancia, tanto por la “química”  Yasser- Luis Ángel como la incorporación de Venecia que viene a configurar una imagen casi perfecta.

En la variación está la clave, advierte Eider. “Los grupos tienen que oxigenarse cada cierta época. Tanto la repetición de textos, actores e intención llegan a aburrir al público. Eso supone un reto, como director y escritor, para  mí.”

Responsable de la “ola” humorística que embate al Teatro Suñol cada febrero,  tras la concepción del Festival de Humor para jóvenes Satiricón, Etcétera apuesta sin tirar la toalla,  por conjugar gracejo e ingenio en un  acto teatral. Acá han encontrado su plaza y parecen dispuestos a aprovecharla como es debido.

El rock en Holguín tiene un público muy comprometido

Foto: Tomada de Internet

Si bien han sido pocos los que han dado testimonio sobre la historia del rock y el metal en Cuba, estos géneros, nacidos en el underground, poseen una larga  tradición en la cultura sonora de la Isla  y pasan revista a miles de seguidores en toda la geografía cubana. Para hacer justicia a las bandas y al público que han defendido esta música contra viento y marea nació el  volumen  Escaleras al cielo: el rock en Holguín (Ediciones La Luz), presentado en la Feria Internacional del Libro. A propósito del lanzamiento, Granma conversó con su autor, el sociólogo y promotor cultural José Raúl Cardona.

–¿Por que consideraste relevante hacer un libro sobre la historia del rock en Holguín?

–Creo que el motor impulsor de esta investigación fue haber conocido a Humberto Manduley, crítico musical que ha escrito los dos libros sobre el rock en Cuba. Además, como sociólogo me sentía con la responsabilidad de recoger todo lo acontecido con este género en Holguín con un enfoque histórico-lógico. Entonces es por eso que emprendimos este viaje.

Creo que el principal aporte de este libro es poder reunir la memoria histórica de este género en Holguín, son más  de 50 años de rock and roll que merecían salvaguardarse, al menos una parte, para que las nuevas generaciones pudieran tener la posibilidad de conocer cuál ha sido el camino andado en todos estos años.

«El objetivo de esta investigación era sacar a la luz y reconocer el trabajo de todos estos músicos talentosos que en varias etapas formaron parte de diferentes bandas y defendieron este género. Esta investigación también habla del trabajo de la Asociación Hermanos Saíz,  que de alguna forma ha sido la madre protectora y promotora de casi todo lo que tiene que ver con el rock y el metal en Cuba. Por otro lado, como organizador y productor general del festival nacional Metal HG y Romerías sentía una responsabilidad y un compromiso enorme para con el género en Holguín».

–¿Podemos hablar de rasgos que definan el rock en Holguín?

–El rock en Holguín ha transitado por varias etapas. Pero si tendría que definirlo diría que es una escena que se ha caracterizado por contar siempre con bandas de un nivel elevado, con espacios y festivales posicionados dentro de la escena cubana del rock y con un público bastante comprometido.

–¿Qué diferencias percibes entre la escena oriental con relación al panorama rockero de la capital?

–No creo que exista tal diferencia, a no ser la fatalidad geográfica de estar a 800 km de la capital donde mayoritariamente suceden los eventos más importantes y donde prefieren casi siempre tocar las grandes figuras internacionales. Eso, y que además para suerte de la escena habanera, existe  la Agencia Cubana de Rock. En el caso de Holguín se está alcanzando un nivel bastante alto en cuanto a resultados y espacios de presentación. Como ejemplo podemos hablar  del concierto de  la banda Mephisto, junto a la más joven Orquesta Sinfónica del país, en la inauguración de la XV edición del Festival Metal HG, que fue licenciado bajo el sello Bismusic, eso solo ha sido  posible en esta provincia.

«También en la pasada Romería… organizamos un concierto de Zeus con esta misma orquesta sinfónica, a eso se le suma que en Holguín se han editado ya en menos de dos años dos libros del género en el país. Creo que la provincia se está preparando para dentro de muy poco convertirse en plataforma de lanzamiento para cualquier banda nacional o internacional que desee venir a la Isla. Ahora tendremos el privilegio de tener a la banda estadounidense  Suicidal Tendencies el próximo mayo en las Romerías. Su primer concierto en Cuba será en Holguín y la única clínica de batería que impartirá el baterista del grupo, el cubano Dave Lombardo, será en Holguín».

Por Michel Hernández

Tomado de www.granma.cu

“Poema, poesía y poeta son completamente distintos”

Foto: Carlos Rafael
Tres ambientes, familia, amigos y trabajo; un estilo, el suyo; y esa ambición por escribir la filosofía de su vida, son factores que la sumergen en un mundo de creatividad donde la lírica y la narración son protagonistas.
Con solo 35 años, Zulema Gutiérrez, acoge entre sus mejores recuerdos el sabor del Premio de la Ciudad de Holguín, ganado en la categoría de poesía el pasado 20 de enero con su más reciente libro Danza alrededor del fuego.
Trabaja como programadora en la Galería Holguín , de esta ciudad, y tiene publicados los poemarios Islas que intentan salvarse  y Sentada junto a los crisantemos , ambos por ediciones La Luz , sello de la AHS en Holguín. Su obra ha sido recogida en diferentes antologías dentro y fuera de Cuba.
¿Por qué se titula así el libro ganador del Premio de la Ciudad?
Ese libro aborda muchos temas, no se enfoca en alguno en específico, quizás el título sugiera algo relacionado con los indios, pero en realidad abarca de todo un poco, lo mismo hace mención a los africanos, a los vikingos, que Atila; es una recopilación de toda la información que ha influido en mi formación cultural.
¿Qué significa haberlo ganado?
Ganarse el Premio de la Ciudad que te vio nacer es algo maravilloso, y sinceramente me sorprendió porque, para confesar algo, yo soy la reina de las menciones. Siempre pensé que ese premio era para personas con mayor experiencia y el hecho de que me lo dieran a mí aún me asombra.
¿Estimula este premio tu labor como escritora?
Para nada, es cierto que recibir un reconocimiento de este tipo te anima y sobre todo te brinda popularidad porque, de cierta forma, se está demostrando que lo que hiciste es bueno y le gusta a la gente. Pero no es, por decirlo de alguna manera, el motor impulsor de mi profesión, si no lo hubiera recibido seguiría escribiendo igual.
¿Por qué escribes?
Porque es lo que quiero hacer, siento la necesidad de decir cosas que tengo estancadas y esa es la vía mediante la cual transmito mis pensamientos… A veces ni soy consciente de lo que escribo y cuando termino y reviso lo que hice yo misma me pregunto ¿cómo fue que pude escribir todo eso?
También ganaste el premio La llave pública , en Ciego de Ávila, con un libro de narrativa infantil, ¿te inclinas más hacia la poesía o hacia la narrativa?
Las personas me conocen como poeta; sin embargo, yo hasta pasé el Curso de Técnicas Narrativas, del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso , pues también hago narrativa para niños y adultos; de hecho, mi primer premio fue con una narración, algo que yo pensaba que era un cuento y los editores me dijeron que era una novela. Yo soy poeta y no dejaré de serlo nunca pero me inclino mucho hacia la narrativa.
¿Reflejas tu vida en lo que escribes?
No siempre, siento que sí estoy ahí de alguna manera pero no me gusta reflejarme en lo que escribo. Los primeros son imagen de mi vida, pero realmente prefiero alejar los escritos de mi realidad. Ahora mismo estoy haciendo un libro sobre la droga y alguien me comentó en una lectura: “¡tú consumiste todo eso!”, y yo me reí y dije: “si lo hubiera hecho estuviera muerta”. Poema, poesía y poeta son completamente distintos.
Atiendes además un taller donde compartes tus experiencias con otros jóvenes…
Esa ha sido la mejor experiencia que he tenido; cuando terminó el taller donde yo recibía las clases, decidí continuar con esta idea y ayudar a otros jóvenes que necesitaban alguien que los escuchara para encaminar su carrera. Hoy siento que aprendo más yo con ellos que ellos conmigo.
¿Crees que tu vocación tenga final?
Mientras tenga algo que decir, no. Creo que lo fundamental en mi profesión es evolucionar y no repetir, un libro no tiene porqué parecerse a otro y sinceramente, antes de estar estancada con algún tema o idea prefiero dejar de escribir.
¿Consideras que es importante para un escritor tener su público?
Todos tenemos ego, y que te paren en la calle, se asombren y te hagan preguntas es una sensación única, pero no creo que sea lo más importante. Para escribir lo esencial es que se haga con amor, y no por ganar popularidad. Escritores como Franz Kafka nunca vieron su obra publicada, y aun así continuaron haciéndolo.
Por María Karla Casaus Portelles
Tomado de www.ahora.cu/es

Una exposición con Aché

Fotos: Cortesía del Entrevistado
El guajiro nació en Antilla. Es de por allá, de donde dicen apareció milagrosamente la Virgen de la Caridad del Cobre. Estudió artes plásticas en Santiago de Cuba, La Habana, fue a Viena, vive desde hace rato en la ciudad de Holguín. Sin embargo, no ha podido desprenderse de esas raíces que lo enlazan geográficamente con la Patrona de Cuba.
A ella, tan cubana como las palmas, tan necesaria como el café de por la mañana y tan suya como su información genética, le ha consagrado su obra de artista de la plástica.
Orlando Carralero González, sin ser fanático, siente que la inspiración o las musas le llegan a través de esta advocación mariana: “Después de salir de las escuelas de arte, mis primeras obras con una investigación sólida de respaldo fueron sobre la Virgen de la Caridad del Cobre. Hice una exposición de 24 piezas que se inauguró en la Galería Idearte de Holguín. La muestra tuvo un gran éxito. La población se volcó completa para hacerle homenajes.
“Luego llevé la exposición a La Habana y hace ocho años me invitaron a Viena. Allí se me ocurrió la idea de hacer una performance para atraer al público. Con cubanos radicados allá hicimos un toque de tambor. Se le entregaba a los austriacos una vela amarilla para que se la encendieran a la Virgen en pos de la sanación de sus males. Una bailarina la representaba en sus danzas. Eso gustó tanto que fui a una galería y expuse en cuatro”.
Expo Oshún. Foto: Cortesía del entrevistado
¿Aún mantienes este tema en tus obras?
“Sí. Me interesa mucho, porque forma parte de mi personalidad. También están las circunstancias de mi desarrollo profesional que influyen en el cultivo de este tema en mis obras. Fui investigador sociocultural durante 16 años y dirigí el Atlas Etnocultural de Cuba.
El trabajo de investigación de la literatura de transmisión oral en Holguín, por ejemplo, me nutrió con el mundo de las deidades que llegaron de África, se instalaron en los barracones y pasaron a formar parte de la cultura cubana.
“Dentro de las religiones africanas me centro en la Regla de Osha. Específicamente trabajo en mis obras a Oshún, transculturada con la Virgen de la Caridad del Cobre.
“Cuenta la leyenda que Oshún  es una mulata sensual, erótica, morbosa…. Tenía varios amores, por eso a veces incorporo algún guerrero en mis obras como Ogún, Orula…”
¿Actualmente donde expones tus obras?
“Tengo montada la muestra ´Del monte al barracón´ en el Hotel Río de Luna y Mares desde el 3 de enero y durante el mes de febrero. Son 14 piezas en gran y mediano formato con las técnicas de colografía y óleo sobre lienzo con el tema, por supuesto, de la Virgen.
“Mantengo la idea de la performance que inicié en Viena con velas amarillas y una bailarina que representa a la Caridad del Cobre, la cual interactúa con el público.
Además, incluyo pancartas donde explico cómo sucedió el hecho de la aparición de la Virgen, por dónde pasó hasta su asentamiento definitivo en el Santuario del Cobre en Santiago de Cuba y cómo se transculturó con Oshún.
“Pienso añadir a la performance un practicante profesional del espiritismo de mesa y de cordón que es muy fuerte en nuestra provincia. Los asistentes a la exposición podrán ser protagonistas para obtener algún consejo o adivinación. Esta práctica fue acogida por nuestra cultura y es muy atractiva para los visitantes foráneos. Cada cual la podrá asumir como desee: como leyenda o realidad”.
¿Llevas tus exposiciones más allá de los espacios del polo turístico?
“Trabajo en los hoteles hace ya un buen tiempo debido a un proyecto del Fondo Cubano de Bienes Culturales con algunos artistas. Existe un interés de mostrarles a los turistas extranjeros lo mejor de nuestra cultura.
“Hay artesanos que muestran cosas a las que le denominan sopa, que es una pieza hecha para obtener beneficios económicos con rapidez, reproducidos en masa, con escasos valores y voluntad estética. Sin embargo, no es todo lo que se hace. Hay buenos artistas de la plástica en la provincia que llevan una obra con un discurso, una dignidad. Es lo que estamos haciendo en los hoteles ahora.
“Fuera de esos espacios, desde hace tiempo tengo como proyecto llevar la exposición a Antilla, pasear a la Virgen de la Caridad por la costa donde apareció, Barajagua, El Cobre… Pretendo recorrer con mis obras la ruta de la Patrona de Cuba”.
Abordar siempre el mismo tema en tus obras supone un agotamiento del mismo, ¿cómo planeas evadir este dilema?
“Quiero mantener el tema de la Virgen, pero cambiando de técnicas. No pienso alejarme de Holguín y Antilla. Estoy amarrado con este proyecto”.
Por Rosana Rivero Ricardo
Tomado de www.ahora.cu/es

Jamila Medina: Soy una persona nostálgica

La escritora Jamila Medina. Foto: Carlos Rafael
Un romántico diría que tiene la piel de arena, cabellos de trigo, ojos de mar. Un machista, que rompe el cliché de que las mujeres bellas no suelen ser inteligentes. Una feminista hablaría de género y empoderamiento. Sin embargo, Jamila Medina Ríos (Holguín, 1981) aborrece los clichés.
Diversa y curiosa, se ha dado a conocer como poetisa, narradora, ensayista, editora e investigadora. Ha obtenido los premios de poesía “David” (2008) y “Nicolás Guillén” (2017), así como el Premio de ensayo “Alejo Carpentier” (2012). Tiene publicados, entre otros títulos, los poemarios Huecos de araña (Ediciones Unión, 2009) y Primaveras cortadas(Proyecto Literal, México, 2012) y el volumen de ensayoDiseminaciones de Calvert Casey (Editorial Letras Cubanas, 2013).
Aunque se dice renuente a las entrevistas, nuestra amistad antigua y refractaria favoreció dos conversaciones, que publicaran el programa Café Milenio, de Radio Angulo, y el sitio www.ahora.cu en video. Aquí ofrecemos un resumen de ambas.
La niña que aprendió a nadar en Egipto, donde sus padres cumplían misión, e hizo pininos en programas infantiles de la radio provincial, reconoce como su primera pulsión por la literatura un librito de décimas ilustrado que dedicara a su familia, aunque no tuvo mucho éxito. Sin embargo, confiesa que “cuando me enamoré, sí entré de lleno en la poesía”.
¿Cuánto influyó estudiar la carrera de Filología en tu carrera literaria?
—Ha influido muchísimo porque, evidentemente, uno aprende no solo a escribir sino a leer, sobre todo. En realidad, llegué ahí porque era una lectora voraz; mi madre lo era, mi padre lo era. Por eso llegué a las letras. Lo volvería a estudiar si pudiera.
Has sido premiada en varias ocasiones, y existe un cliché al respecto: que los concursos te afianzan como escritor; y el cliché contrario, de que un premio no valida una obra artística. En tu caso, ¿cómo se manifiesta?
—Ganar un premio es simplemente un golpe de azar. También es una suerte, porque te promueven y, sobre todo, te publican el libro, que es lo más importante. Por otro lado, te dan un pago de derecho de autor, un pago de premio. En mi caso, el “David” es un tatuaje que tengo en el brazo, un armadillo; el “Carpentier”, la mitad de mi primer pequeño apartamento en Playa; y el “Guillén” es el apartamento actual, con una visión al mar que me recuerda las playas de Holguín.
Tienes una formación clásica: Filología, teología, griego, latín… sin embargo, tu libro ganador del premio Nicolás Guillén se titula País de la siguaraya…
—Todo se imbrica. Yo estudio mucho porque todo me da curiosidad. También los refranes, las frases hechas me dan mucha curiosidad; estamos rodeados de esas frases que a veces no sabemos qué significan y, sin embargo, las repite todo el tiempo, como que este es el país de la siguaraya o que vivimos en una isla de corcho. Uno se pregunta un poco por qué y ese libro responde a por qué la siguaraya, no de modo despectivo sino con el afecto de vivir desde ella.
¿Una exploración de tu circunstancia y la circunstancia nacional?
—Es ambas cosas. Mi poesía está atravesada por lo público y por lo púbico, por mi yo y mi circunstancia. Esto lo es, son como ventanas a diferentes paisajes que están ahí y uno deja de mirar porque se le empaña el espejo. Es como volver a esos lugares conocidos y desconocidos a la vez.
En ese caso, ¿Huecos de araña es una ventana al pasado?
—Son los huecos del patio de mi abuela en el Báguano natal de mi mamá; y también esos otros huecos que nos atrapan y a la vez uno se niega a echar raíces en ellos; por ejemplo, yo que siempre estoy buscando la libertad. Es el hueco del lenguaje, de las literaturas que nos han construido, del género, del país, de la familia.
¿Cómo han influido tu país, tu familia, tus amigos en la persona que eres?
—Yo traigo conmigo todo lo que voy siendo y todo lo que han sido mi familia, mis amigos, las afinidades que uno va encontrando; y el lenguaje lo demuestra. A veces una pequeña palabra es súper entrañable en relación con ciertos lugares, uno no esté hablando de ese lugar, pero la palabra sí. Como caguayo, que remite a Holguín, porque un habanero no sabe qué es un caguayo.
¿Por qué escogiste la figura del escritor Calvert Casey; qué te aportó esta investigación, este ensayo?
—Esa figura fue para mí un misterio, porque cuando escribí cuentos alguien me dijo que parecían de Ezequiel Vieta o de Calvert Casey; entonces fui a buscar qué era lo que había de mí en ellos y viceversa. Me interesó mucho Calvert, porque era un personaje misterioso, de cuya vida no se sabía exactamente cómo había sido y todavía hay muchas cosas que no sé de él. Además, está fascinado por temas como la muerte y el amor, así que me conecté muy fácilmente con él.
Te mueves con soltura entre el mundo académico y el editorial, ¿qué te aporta o te quita cada uno?
—Todos me aportan saber y todos me quitan un poco de libertad. Es tremendo porque soy muy liberal cuando escribo mi propia poesía y, sin embargo, cuando soy editora trato de ser flexible pero a la vez ponerle un poco de coto a la libertad de los demás. Son mundos que me han aportado mucho pero de los que siempre estoy tratando de huir. Siempre estoy como incómoda en esos trabajos y siempre pensando en hacer otra cosa.
¿A qué te dedicas ahora: investigas, escribes, creas?
—Estoy pensando en mi proyecto de doctorado que es sobre el tema mambí en la literatura y el arte contemporáneo cubano. En realidad, he estado arreglando mi apartamento con vista al mar.
Estás obsesionada con el mar, con la libertad, con elementos que sugieren búsqueda, apertura, salida a alguna parte… ¿Por qué?
—No sé. Es algo que quiero explorar en un libro de cuentos que quiero escribir que lo había dejado y estoy volviendo a él. Es un libro que se llama Psicoanalízame, por favor. Sé que tiene que ver un poco con que aprendí a nadar a los tres años, y siempre me pareció un espacio de libertad, un modo de ir a la deriva, donde pueda afluir todo lo que uno tiene en el consciente y el inconsciente, un poquito como el fluir de la memoria, de los recuerdos.
Tu narrativa, en el aspecto formal, recurre a la intertextualidad, a recursos de la ensayística, del lenguaje científico, y también está permeada de lo poético. ¿De dónde parte esta complicación?
—Parte de mí misma. Soy una persona a la que le gusta verle todos los lados posibles a las cosas, en la poesía también lo hago. Pero no creo que sea algo propiamente mío, otras personas que estudiaron Filología también lo han hecho, como Ena Lucía Portela, que nos gusta tanto. Tiene que ver con la ironía, con las maneras de la metaliteratura, lo metanarrativo. Si vuelvo a escribir cuentos puede que esté ahí, aunque quizás para el lector no sea tan interesante, para los críticos quizás sí.
No te pediría diagnosticar la salud de la poesía local o cubana a partir de tu trabajo como jurado; sin embargo, ¿qué opinión te merece el Premio de la Ciudad de Holguín?
—Es un premio que siempre me parecía interesante cuando yo vagaba por las calles buscando libros; tengo muchos libros premios de la ciudad de otra época, de cuando era estudiante, más pequeña o que eran de mi mamá. No podría medir la “salud” de una literatura porque no soy doctora de nada. Pero ha significado la alegría de volver a Holguín, al que no venía hacía tiempo; de reencontrarme con amigos; de poderme enterar de qué se está haciendo. Si puedo poner un granito de arena en un libro que va a salir el próximo año, yo estaré también un poco en la historia de los Premios de la Ciudad de Holguín.
Aparecer en los medios de comunicación, ganar varios premios importantes te da notoriedad, significa exponerse, ¿cómo llevas esta visibilidad siendo tímida?
—No me siento tímida porque soy bastante sociable. Pero odio aparecer en la televisión; en la radio no tanto; odio las entrevistas, aunque suene rotundo. Soy una persona que continuamente se está reescribiendo, que tiene mucho miedo de la imagen, de la proyección, que no se cree fotogénica. Por tanto, no me es agradable exponerme ante de la televisión, ni ante los periódicos. No tiene que ver con la vanidad sino que tengo miedo de lo etiquetado, de lo que está terminado. Me siento más como una persona que está en progreso de ser; y ya lo que está en la televisión, en los medios y las fotos, queda y permanece. Tengo miedo a esa cárcel de lo que ya queda.
Pero la literatura es también exponerse, exhibirse…
—La literatura te da el proceso. Soy muy espontánea, pero mi literatura no lo es tanto. Uno reescribe y tiene la oportunidad de pensar un poco más las cosas.
¿Por qué tanto énfasis en reescribirte, en volver a lo andado?
—Pienso que soy una persona que mira mucho hacia atrás, aunque también soy una persona que proyecta mucho, que hace planes, que le gusta planificar las cosas. Evidentemente hay una mirada del retorno, de lo que se puede volver a hacer. Soy una persona nostálgica.
Jamila Medina junto a Rubén Rodriguez en La Habana. Foto: Cortesía de la entrevistada
Por Rubén Rodríguez González
Tomado de www.ahora.cu

Siempre estoy en estado de alarma creativa (Primera parte)

El artista de la plástica Rubén Tomás Hechavarría Salvia. Foto tomada del sitio del artista salviarte.ch

Artista las veinticuatro horas del día, el pintor, performer, profesor, interventor público y curador Rubén Tomás Hechavarría Salvia, nació en la ciudad cubana de Holguín el 7 de marzo de 1967. Ha participado en 155 exposiciones colectivas, ha realizado 25 exposiciones personales en Cuba y en otros países y ha ejecutado más de 170 acciones plásticas en público. Ha obtenido más de veinte premios, dos menciones y dos menciones especiales. Obras suyas integran colecciones particulares en México, Argentina, los Estados Unidos, Canadá, Suiza, Alemania, España y Cuba y es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Usted no es lo que puede considerarse un artista “consagrado”, en la acepción que le da la tradición al término. Usted es un ente que posee una visión muy particular del mundo y supongo que su incompletez lo conduce a búsquedas permanentes, a una indagación a toda costa en la esencia de lo que “debe ser” un creador. ¿De dónde parte esa idea y a que se debe su inconformidad?

Mi concepción del arte, desde el punto de vista de la creación, está totalmente vinculada a mi vida. Desde que el hombre nace, comienza un proceso de cognición que termina solo con la muerte, aún en el vientre materno experimentamos sensaciones, luego comenzamos a percibir olores, sabores, a reconocer imágenes y colores, a esgrimir gestos, a aprender palabras, a asimilar experiencias, a entender fenómenos. Este proceso se va complicando cada vez más, en la medida en que nos relacionamos con los otros y conformamos lo que se llama sociedad, somos seres que no pueden escapar del contexto. En mi caso la creación se da exactamente de este modo, pero de forma inversa, es la manera de sacar desde mi interior todo este cúmulo de experiencias mediante un procedimiento primero mental –selección, análisis, síntesis— y luego fáctico –concreción del objeto u obra artística—. Estos dos procesos: el vital y el creativo, se complementan mutuamente, uno arroja luz sobre el otro y ambos, de a poco, van segando esa interminable brecha de inconformidad de la que hablas, esa necesidad humana de conocer y de expresar, lo que se traduce en progreso.

¿Desde que comenzó su tránsito vital a través de los entresijos de la creación usted fue siempre así? Me refiero a si sus presupuestos iniciáticos estuvieron en concordancia con lo que sería después Rubén Hechavarría Salvia.

Recuerdo los comienzos y sí, desde el principio era muy inquieto e inconforme en el mundo de la creación, me movía hacia muchas direcciones en cuanto a temáticas, técnicas, procedimientos, soportes, materiales e incursionaba en manifestaciones como la pintura, el dibujo e, incluso, en la instalación que era algo muy novedoso por aquel entonces en el territorio. Puedo decir, además, que fui pionero en la realización de performances o más bien happenings en aquellos años de estudios de nivel medio en la Academia de Artes Plásticas. Para entonces (1985) realicé mis primeras acciones, varias prácticas no tan elaboradas, donde involucraba a mis compañeros de estudio exigiéndoles, dentro del propio acto, asumir una posición acerca del fenómeno, muy discutido entonces, Vanguardia-Tradición. Los supuestos happenings se sucedían en el patio de dicha escuela en horarios de receso docente y todos partían de juegos activos de la infancia tales como: la marchicha o Pon, las bolas y el trompo. Estos “juegos-happenings” nunca fueron bien vistos o entendidos del todo por la mayoría de los profesores que eran generalmente de corte académico o tradicional.

Entonces, no sería errado afirmar que desde siempre me han movido los mismos instintos e inquietudes, pero claro está que en ese origen era mucho menos consciente de la utilización de los llamados presupuestos artísticos; la plena conciencia vino luego de un serio análisis personal y re-conocimiento de periodos (siglo XX), movimientos (Dada) y artistas que me interesaban dentro de la vasta historia del arte (especialmente conocer la obra del artista alemán Joseph Beuys y comprender su filosofía Arte = Hombre = Vida) y además, un intenso análisis de mi propia obra en los años de estudio del nivel superior.

Una vez que descubre sus aptitudes creacionales, ¿cuándo y dónde comenzaron sus estudios relacionados con la artes visuales específicamente? ¿Alguna anécdota en particular?

Comienzo los estudios de las Bellas Artes en el nivel elemental del año 1979 en la Academia de Artes Plásticas “El Alba” en la ciudad de Holguín. Contaba solamente 12 años de edad y empezaba lo que serían los estudios secundarios. Me acuerdo del primer día del curso y de una sensación de haber llegado a un sitio mágico, no solo por la arquitectura del lugar, sino también por la energía que sentí al entrar a aquel recinto, energía que emanaba de su historia (desconocida para mí en aquel momento) y de los nobles seres que lo habitaban (también desconocidos). Fue una experiencia innombrable el sentirme parte de aquello, de un sitio que en lo adelante se convertiría en mi otra casa.

En su elección de las artes plásticas como vía de expresión ¿le fue favorable su entorno familiar?

En realidad no lo creo, al menos no directamente, en toda mi familia, según conozco, no existía ninguna persona que practicase, ni como aficionado, alguna de las manifestaciones de las artes. Solo mi papá, desde pequeño, cuando enfermaba y caía en cama, comenzaba a dibujar y colorear como una forma de entretenimiento y pienso también que como terapia, según una de las cualidades del arte. No obstante, en toda mi infancia mis padres se preocuparon fundamentalmente por una educación que potenciaba lo humano, lo más profundo del ser, la sensibilidad, pero también acatábamos una férrea disciplina; creo que de aquí parten los verdaderos nexos que me atan a la creación.

Me recuerdo niño, sentado frente a mi padre, al lado de mis hermanos y rodeado de otros niños del barrio; papi haciendo uno de los mil cuentos que se sabía (Los siete sirvientes), o leyéndonos un libro (Oros viejos), pasando algún rollito de diapositivas en los proyectores rusos y haciendo de narrador cambiando de voces según los personajes (Gulliver en el país de los enanos), o cantándonos décimas campesinas aprendidas desde niño, que se sabía de memoria (Camilo y Estrella). Puedo decir que gracias en especial a mi padre Rusbel Máximo Hechavarría Báez, desarrollé esa vena de sensibilidad y gusto por las artes.

Más allá de los nexos consanguíneos, usted y su hermana son, de cierto modo, una sola persona, con inquietudes artísticas semejantes y modos similares de ubicarse ante y en el hecho creativo. ¿Ese tramado de conexiones ocurre ad libitum entre ustedes?

Aunque existen sustanciales diferencias entre nuestras inquietudes artísticas y sobre todo en los modos de asumir y concebir el arte, no es menos cierto que tenemos zonas de contacto que, a mi entender, se manifiestan desde una manera afín de entender la vida. Dos personas que compartimos los mismos padres (genes), el mismo país, la misma ciudad, el mismo barrio, los mismos vecinos, el mismo hogar, la misma comida, la misma música, la misma educación, la misma época, la misma sociedad y sistema, durante muchos años inobjetablemente tenemos que tener puntos de contacto. Aunque Niurys y yo nos queremos “hasta hacernos daño” –como escribió Vallejo—, somos entes independientes, más en obra que en alma.

¿Considera que la enseñanza de las artes que usted recibió fue la más adecuada? ¿Puede comentar acerca del plan de estudios y el claustro de profesores de su etapa elemental?

La enseñanza de las artes en Cuba ha gozado de buena salud desde sus inicios, cosa que ha ido desarrollándose paulatinamente con la experiencia ganada en el transcurso de los años. En el caso de la plástica, a partir de la fundación de San Alejandro el 12 de enero de 1818 y de las demás escuelas del país, han habido planes de estudio y claustros de maestros con una calidad acorde a sus tiempos y necesidades. En mi caso particular creo que esta esencia no cambió, pues en los tres niveles de estudios que cursé (elemental, medio y superior) los contenidos recibidos estaban en sincronía con los códigos de enseñanza y las exigencias del momento. En este aspecto creo que realmente fui un discípulo privilegiado puesto que, en dichas etapas de estudio, tuve la posibilidad de recibir clases y aprender de los mejores colectivos de maestros en cada ocasión y especificidad. Nombro algunos de ellos a modo de agradecimiento y homenaje: Manuel Canelles, Argelio Cobiellas, Miguel Mayán, Fernando Barquín, Fausto Cristo, Fernando Bacallao, Carlos Parra, José Aguilar, Ramiro Ricardo, Rafael Campaña, Arturo Montoto, Pepe Franco, Alberto García, Lupe Álvarez, Magalis Espinosa, Flavio Garciandía, Josè Bedia.

El nivel elemental me proporcionó un acercamiento a las principales manifestaciones de las Artes Plásticas (pintura, escultura y grabado, además del diseño básico) y a los contenidos teóricos fundamentales del arte y su historia. En estos años comenzaba, además, la incursión en las distintas técnicas, métodos, procedimientos y géneros de dichas manifestaciones, incluyendo la interpretación de estos últimos (naturaleza muerta, bodegón, paisaje, retrato y autorretrato).

El plan de estudios en general, y particularmente los programas de cada asignatura en estos tres años de intenso trabajo y constante aprendizaje, estaban bien diseñados y mejor defendidos por un claustro muy profesional y que se tomaba bien en serio el digno acto de la enseñanza de las Bellas Artes.

El nivel medio fue un periodo de maduración y esplendor donde profundicé en el estudio y conocimiento de las técnicas de la pintura como especialización y el oficio del artista, aquí la experimentación creativa era una constante gracias al director Ramiro Ricardo Feria que nos daba luz verde en ese sentido, motivándonos de mil maneras en el estudio y conocimiento del arte moderno y las vanguardias del siglo XX. El tercero y cuarto años fueron una etapa de perfección técnica y de libertad de creación total (pre-tesis y tesis de grado respectivamente) con temas de libre elección. En esta fase de aprendizaje reconozco y agradezco personalmente la labor pedagógica del profesor Rafael Campaña Ochoa recién egresado del Instituto Superior de Arte (ISA).

Considero que la cenicienta del plan de estudios de nivel medio fue la asignatura de Historia del Arte, por la falta de profundización en los contenidos impartidos, por la no actualización de los programas con respecto a las nuevas tendencias que se manifestaban, por la carencia de una visión crítica del arte desde la historia, por la tremenda escasez de bibliografía e información y por la real incapacidad de los profesores que la impartían.

Para concluir esta etapa media de estudios, a modo de complemento, voy a mencionar algunas de las mil maneras en que nuestro profesor y director Ramiro Ricardo mantenía vivo el espíritu creativo y la motivación en los alumnos de El Alba. Ramiro invitaba a nobeles artistas de todas partes del país, recuerdo a Moisés Finalé, a compartir sus experiencias creativas con los estudiantes mediante charlas y conferencias y a trabajar codo a codo en nuestros propios talleres de creación (algunas de esas obras quedaron en la escuela como huella de sus pasos por el centro y muchos de estos jóvenes creadores marcaron pauta en el arte cubano); propiciaba también el intercambio con alumnos y maestros de otras escuelas (ISA), convocaba a personalidades de la literatura y el arte en Cuba como conferencistas y para ejercer en calidad de tribunal en nuestras tesis de grado (un ejemplo ilustre fue Eliseo Diego), planificaba además viajes a lugares de interés artístico cultural como Las Tunas, ciudad de las esculturas, y a museos como al Nacional de Bellas Artes. Aunque muchos tildaban a Ramiro Ricardo de muy exigente y estricto pienso que, gracias a él, su periodo de mandato se podría llamar “La era de oro de El Alba”.

Los estudios superiores en el ISA marcaron definitivamente mi carrera como artista, fue la época de un encuentro conmigo mismo, de un reconocimiento de mi yo, de autognosis profunda y verdadera, lejos de los míos, de mi contexto inmediato y fuera de los límites del mundo conocido por mí hasta entonces; fue un salto hacia la libertad, de independencia y quizás hasta de anarquía. Estimo que esta etapa fue imprescindible en mi formación académica y profesional, porque ahondé en fenómenos del arte que había estudiado en el pasado por mero interés personal, estudié movimientos y tendencias artísticas que desconocía o conocía a medias, investigué a fondo la obra de artistas que me interesaban para la estructuración de mi propuesta artística al servirme de una mayor y mejor bibliografía en la biblioteca del ISA, la Biblioteca Nacional José Martí y otros centros de estudios; me instruí con mayor agudeza en materias como Estética, Filosofía, Semiología, Historia del Arte Universal, Arte Precolombino, Arte Cubano, Inglés, Cultura Cubana, Arquitectura, Pedagogía, Gráfica Aplicada, entre otras; entré con mayor profundidad en procesos de creación, de codificación y decodificación de una obra, el sistema de comunicación de acuerdo con la relación artista-obra-público; entre muchas otros aspectos positivos que redundaban en la intención de graduar a profesionales del arte con un alto nivel y preparados para enfrentar una exitosa carrera en solitario. Todo este cúmulo de conocimientos se generaba gracias a los nuevos planes de estudios implementados en el ISA y a los profesores que los impartían.

¿Fue realmente significativa su inserción en el movimiento cultural capitalino en su período de estudios en el Instituto Superior de Arte?

Debo decir que fue de vital importancia en mi periodo formativo. La oportunidad de estudiar en el ISA me abrió nuevos campos de exploración intelectual, pues propició el contacto con otros artistas de reconocido prestigio, cubanos como René Francisco y extranjeros como Juan Dávila, tuvo que ver en la interacción con importantes muestras en espacios galéricos de la ciudad (Roxi de Robert Raushemberg), mediante la inserción en eventos artísticos de alto nivel (La Bienal de La Habana) y la vinculación con disímiles eventos culturales y festivales de cualquier índole como el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, el Festival del Humor Aquelarre o el de Jazz, también la posibilidad de presenciar las puestas en escenas de cientos de obras de teatro (recuerdo Contigo pan y cebolla) y de Ballet (Cascanueces), los cientos de conciertos de la nueva trova (Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en el propio ISA); en fin: las innumerables opciones culturales que ofrece La Habana para alimentar el espíritu y amplificar nuestro horizonte intelectual.

Fue, además, la oportunidad de ser copartícipe de una gesta única en el mundo de las artes plásticas a raíz de mi estancia en el ISA (1986-1991), la llamada década de oro o del florecimiento de la plástica cubana (los 80 del siglo XX). Recuerdo exposiciones trascendentales y polémicas como El Objeto Esculturado, donde el artista Ángel Delgado subastó una cuerda con el nudo de la horca, abriéndose paso entre el público, y donde, además, por primera vez expusieron como grupo tres jóvenes artistas que luego se convirtieron en el fenómeno Los Carpinteros. Recuerdo proyectos como La Real Fuerza del Castillo y otros que recibieron su buena cuota de censura, también las novedosas representaciones del grupo Puré, Los provocativos performances del grupo Arte Calle, los interesantes cuadros del dúo conformado por René Francisco y Eduardo Ponjuán, las místicas creaciones de Elso Padilla, las controvertidas y morbosas pinturas de Tomás Esson, las hermosas e intensas obras de José Bedia, las profundas y reflexivas instalaciones de Flavio Garciandía, los gigantescos performances de Manuel Mendive… Recuerdo también el oportunismo de artistas mediocres abriéndose paso desde posiciones lamentables y una lista interminable de acontecimientos que sucedieron ante mis propios ojos y que me aportaron una gran experiencia de arte y vida.

En un artista que posee un dominio excepcional de técnicas y soportes, una revolucionaria visión del proceso creativo y de vinculación con el espectador, ¿cómo se produjo el abandono de los caminos tradicionales de la comunicación y su relación con la posibilidad figurativa, para adentrarse en los rumbos de la transgresión permanente?

Me entiendo en el sentido más ortodoxo de la palabra como un artista figurativo pues, a pesar de haber coqueteado en algunos momentos de mi obra con el fenómeno de la abstracción, nunca he dejado de usar la figuración como medio expresivo indispensable en mi propuesta. Es cierto que en mi discurso estético me ha gustado siempre (y es una intensión marcada) transgredir, crear extrañamientos, caos, rupturas, trastocar códigos y provocar al espectador desde cualquier arista posible, pero todos esos propósitos parten siempre de un reconocimiento de los vericuetos de la tradición, de plantar fuerte los pies en esos caminos convencionales de la comunicación y avanzar explorando hacia una dirección ya decidida, hasta encontrar el verdadero entendimiento y la razón en mí mismo, para entonces poder subvertir.

Conocedor de las tendencias expresivas contemporáneas del arte, de cierto modo un teórico por su laboreo pedagógico, ¿qué le aportó su relación conceptual y pragmática con las vanguardias artísticas del siglo XX, en particular el Dadaísmo, el Surrealismo y otros “fenómenos” de la visualidad como el Pop Art y el Arte Minimal?

En verdad, todos estos movimientos o tendencias artísticas han afectado de manera más o menos intensa los presupuestos teóricos y las maneras representacionales de mi propuesta, son fuentes de las que sigo bebiendo en la actualidad.

Del movimiento Dada, surgido en Zúrich el 8 de febrero de 1916 en la tribuna de emigrantes del Cabaret Voltaire, me interesa el sentido de rebeldía total contra todo tipo de convencionalismos y la contradicción entre la praxis de la vida y el mundo idealizado del arte tradicional, lo versátil y abarcador dentro de los géneros artísticos que incluyen la poesía, la música, el ruido, el montaje de objetos y de desechos cotidianos, que establecen una identidad entre el arte y la vida; me atañe además el uso constante de la sátira y la ironía, el carácter de protesta, la exaltación de lo absurdo y carente de valor, y la introducción del caos en la escena artística.

El Surrealismo, cuyo manifiesto lo creó Andre Bretón en 1924, me ha aportado un modo interesante de acercarme a la lectura e interpretación de mis más profundos sueños y pensamientos desde una óptica freudiana a través del subconsciente, rescatando ideas y asumiendo lo irracional e intuitivo como procesos válidos en el acto creativo.

Al Pop-Art, que nació en los años 50 aproximadamente al mismo tiempo, pero de forma independiente, en los Estados Unidos y en Inglaterra, le debo, además de algunos de sus modos de representación en una faceta de mi obra y un límpido lenguaje plástico, la vocación de integración del arte en el contexto sociológico del espíritu de la época. También, como a sus principales exponentes, me seduce la estética de los objetos triviales del universo cotidiano, el uso vehemente del collage, los colores intensos y la indagación en las subculturas populares.

El Minimal Art o neoabtraccionismo, aunque en el plano visual es totalmente opuesto a la gran totalidad de mi obra, me interesa desde una perspectiva del análisis del pensamiento y mayormente a la hora de resumir las ideas, de deslindar fenómenos, objetivos e intereses, es una tendencia que enarbola la filosofía de la síntesis, que va a lo concreto.

Por Ronel González Sánchez

Tomado de www.uneac.org.cu

Téllez por Téllez

Jesús Téllez Carrasedo (1946) tiene mucho que contarnos. Solo él puede hacerlo con la seguridad de que no tiene nada que perder cuando, entre amigos, se dispone al diálogo ameno y desenfadado, salvo historias reales que son al fin y al cabo, fragmentos de vida que han pertrechado a este hombre, momentos de la existencia sociocultural de un país.

Téllez, a quien se le dedica la XXXVI Semana de la Cultura holguinera, junto al artista plástico Argelio Cobiellas, ha sido protagonista del movimiento cultural en la provincia desde hace varias décadas, que es ser protagonista también de la cultura cubana desde una provincia que se empeña cada día en sus pretensiones de universalidad. Muchas veces desde el anonimato más sencillo y provechoso: ese anonimato que tras un puesto de dirección o en la organización de determinado evento, se aleja de cámaras, reflectores, periódicos, flashes y notoriedad popular en pos de la calidad del hecho cultural en sí, del fomento de la cultura en el pueblo y de la relaciones ineludibles entre cultura, sociedad y Revolución.

Por eso, para encender el diálogo memorioso, para inflamar la memoria en donde ardió el suceso, como tan bien ella sabe, la escritora y editora Lourdes González Herrero, invitó a Jesús Téllez Carrasedo al espacio “Con olor a tinta”, en la sede de Ediciones Holguín.

Aunque no lo notáramos a simple vista, buena parte del diálogo estuvo regido por la influencia de la política cultural de la Revolución Cubana en la vida de Jesús Téllez. No podríamos desligar una de otra. Ambos accionares han ido de la mano. Como tampoco podríamos hacerlo con las condiciones sociohistóricas que la han marcado como cubano.

De eso habló Téllez, quien actualmente trabaja en el departamento de Relaciones Exteriores en la Uneac holguinera, cuando se refirió a su labor en determinados sectores de la cultura holguinera luego del triunfo del proceso revolucionario en 1959 y desde que comenzó a laborar en el sector en 1965, relacionado al movimiento de artistas aficionados.

A finales de 1969, Téllez fue delegado en Holguín del Consejo Nacional de Cultura. Con posterioridad estuvo al frente del Movimiento de Artistas Aficionados y las Casas de Cultura. Más tarde, con la creación del Ministerio de Cultura en 1976 y la nueva división política administrativa, estuvo al frente del Movimiento de Aficionados, Casas de Cultura y Literatura en Holguín.

Incomprensiones epocales propias de una Revolución que se radicaliza en un contexto complejo, logros culturales, interpretaciones erróneas de postulados marxistas, trabajo, también censuras, esfuerzos cotidianos, artistas aficionados, creación, nuevamente desacuerdos, consolidación artística de la provincia y nombres de creadores y directivos de diferentes sectores y niveles, como Angélica Serrú, Raúl Camayd, con quien desarrolla festivales internacionales de ballet y canto lírico, Luis Pavón Tamayo, Ángel Augier, Faustino Oramas, Julio Méndez, Alberto Cortez, Estela Raval y Los Cinco Latinos, Carlos Jesús García, Faustino Oramas, Armando Hart Dávalos, Felix Varona, Joan Manuel Serrat, entre otros con los que se ha relacionado a lo largo de su vida profesional, se fueron intercalando y siendo parte del ameno diálogo en Ediciones Holguín.

Jesús Téllez Carrasedo (1946) tiene mucho que contarnos (foto Ernesto Herrero Pelegrino).

Melómano nato –la música clásica, el jazz y el rock and roll entre sus preferencias– y amante de los relojes y los bolígrafos, que combina unos con otros, Téllez visitó diferentes países de la Europa socialista (Alemania, Polonia) llevando las experiencias en la fomentación y dirección de la cultura en Holguín. Asimismo, fue partícipe de las diferentes estructuras desde las cuales se articuló la cultura en Cuba, desde el Consejo Nacional de Cultura hasta el actual Ministerio de Cultura.

Téllez sería también consultor de la ONU en Nicaragua: allí se reencuentra con el reconocido poeta, sacerdote y teólogo Ernesto Cardenal, que años antes había visitado la ciudad de Holguín, y conoce, también, al recientemente fallecido pensador marxista Fernando Martínez Heredia. Además, se desempeñó como director del Consejo Provincial de las Artes Escénicas. “Los directivos existimos por los creadores y nuestro papel es facilitarles a los creadores la obra”, añadió.

Diálogo de Jesús Téllez con la escritora y editora Lourdes González en Ediciones Holguín (foto Ernesto Herrera Pelegrino).

“Soy un patriota, amo a este país con sus virtudes y defectos”, aseguró finalmente Jesús Téllez Carrasedo y esa parece ser su divisa, el blasón que porta contra todo viento: el estandarte de un hombre que mientras la vive ha sido, además, constructor de la cultura.