Electa en la memoria, homenaje virtual desde Holguín a la artista mexicana

Por Vanessa Pernía Arias

La jornada virtual Electa en la memoria, dedicada a la artista visual mexicana Electa Arenal Huerta, se desarrolla hasta el próximo 12 de junio con motivo de conmemorarse el 85 aniversario del natalicio de esta gran muralista, quien le legó a la provincia importantes creaciones.

Fotos tomadas de Internet

Organizado por el Centro Provincial de Artes Plásticas del territorio, este será un espacio para interactuar con diversas personalidades de la cultura cubana que han investigado la vida y obra de esta importante pintora y escultora, o la conocieron cuando se radicó en la ciudad en la década de 1960 al llamado de la Revolución, precisó Yuricel Moreno, directora de la institución.

Durante estos días los organizadores exhortan a sus seguidores en las redes sociales a compartir vivencias, opiniones, obras y datos de interés sobre esta artista, utilizando para ello las etiquetas #Electaenlamemoria, #BuscandoaElecta y #ElectaArenalHuerta.

 

Este encuentro virtual pretende desempolvar un poco la memoria sobre la huella que dejó la creadora mexicana y revitalizar su legado, pues fue ella quien, en los años iniciales de la Revolución, dio impulso al naciente movimiento artístico del territorio, legando importantes obras emplazadas en espacios públicos y obras sociales, sobre todo en instituciones de la Salud, añadió Yuricel.

Electa Arenal Huerta (1935-1969) residió junto a su esposo, el arquitecto Gustavo Vargas, en la ciudad de Holguín entre 1961 y 1965, donde realizó una obra de reconocidos valores en el campo de la escultura, la pintura, la gráfica y la poesía; de este modo aglutinó a varios artistas, especialistas y técnicos para fundar el primer taller colectivo de arte y movimiento escultórico de la ciudad.

 

 

Entre sus más destacados trabajos realizados sobresalen los murales escultóricos “Canto a la Revolución”, “Átomos y niños”, “Revolución Cubana”, emplazado en el Museo Provincial La Periquera; y otros de bajorrelieve como “Infancia”, “Maternidad”, “Palomas”, y “Mural geométrico”, en el Hospital Vladimir I. Lenin de esta ciudad oriental (Con información de la Agencia Cubana de Noticias).

Historias tras las columnas de La Periquera

Por Erian Peña Pupo

Imponente y señorial, mirando de frente al visitante que insiste en fotografiarse junto a las arcadas de su fachada neoclásica, se levanta en la calle Frexes No. 190, frente al parque Calixto García, entre Libertad y Maceo, el Museo Provincial de Holguín La Periquera.

La famosa construcción levantada en la segunda mitad del siglo XIX, fue sede del gobierno provincial, Casa Consistorial, durante 106 años, entre 1878 y 1984ha sido testigo silencioso de la ciudad, su paso en el tiempo, sus avances, retrocesos, cambios…

 

En las viejas fotos en sepia, con calles de tierra y campesinos a caballo, siempre está presente La Periquera. Desde sus balcones observó crecer la urbe desde la vieja Plaza de Armas, también llamada Plaza de Isabel II, levantarse las principales edificaciones y erguirse, justo frente a sí, al cine-teatro Wenceslao Infante, hoy Teatro Eddy Suñol, muestra del mejor art decó cubano.

 

En su patio interior morisco transcurrió la primera función de cine en la ciudad, el 25 de noviembre de 1895. Desde esos mismos balcones habló al pueblo cubano, por primera vez, luego de desembarcar por Gibara proveniente de Nueva York, el primer presidente de la Cuba republicana, Don Tomás Estrada Palma. Pocos años después, el 20 de mayo de 1902, como parte de la ceremonia de constitución de la alcaldía, el edificio vivió uno de sus grandes momentos de nacionalismo cuando desplegó desde su balcón central, por primera vez, la bandera cubana. Luego la lluvia mágicamente bautizó la ciudad… Más de medio siglo después hablaría desde allí a los holguineros el Comandante Fidel Castro, luego del triunfo revolucionario de 1959… Y además, cada año se inauguran, desde esos mismos balcones, las Romerías de Mayo.

La Periquera, constituida como museo provincial el 25 de julio de 1976, y además Monumento Nacional, el 10 de octubre de 1978, muestra en sus salas la historia holguinera desde las culturas precolombinas hasta los momentos actuales, además piezas decorativas, armas, documentos, numismática, filatelia, objetos curiosos, victrolas, relojes, y obras de arte de pintores y artistas de prestigio internacional, como el holguinero Cosme Proenza. Entre ellas, obras de singular significación como el Hacha de Holguín, objeto aborigen de evidente uso ceremonial, que se ha convertido en el símbolo de la provincia; la mortaja que cubrió el rostro del cadáver del Apóstol José Martí en uno de sus múltiples entierros; el Aldabón original de La Periquera, obra que se entrega a personalidades cubanas y extranjeras que han cooperado en el desarrollo cultural, científico o económico de la localidad, entre otras piezas históricas…

Pero cada construcción tiene su origen en el tiempo, e historias que pueblan imperecederamente sus columnas y ladrillos. El de la Periquera se vincula a un terreno perteneciente a Pepa Cardet, quien lo utilizaba como valla de gallos, actividad de gran popularidad en aquellos tiempos. Luego fue vendido al español Francisco Rondán para la construcción de un verdadero palacete, una casa diferente a todas las de la época en una ciudad modesta arquitectónicamente, si la comparamos con sus vecinas Santiago de Cuba y Camagüey.

Bajo este propósito, Rondán, uno de los terratenientes de mayor poder adquisitivo en el territorio y dueño de varias fincas ganaderas e ingenios, inició la obra alrededor de 1860, la cual se extendió unos ocho años, según investigaciones de José Agustín García Castañeda, destacado antropólogo holguinero. Con el estallido de la Guerra de Independencia en 1868, el inmueble comenzó a ser usado como fortaleza militar por el gobierno peninsular, mientras que algunas de las familias más influyentes del pueblo encontraron refugio allí. En los días sucesivos al estallido bélico, se produjo un ataque mambí bajo las órdenes del General Julio Grave de Peralta, del 29 al 30 de octubre de 1868. Era la Casa Rondán el único punto que faltaba por tomar en la ciudad y comenzó a ser atacada por los insurrectos desde la Plaza de Armas.

 

A la edificación habían sido llevados también todos los prisioneros, entre ellos la mambisa holguinera Juana de la Torre, a quien utilizaron para detener el ataque, petición a la que ella respondió sin miramientos asomada desde uno de los balcones: “Si debo morir bajo los escombros de este edificio para que triunfe la causa justa que no se detenga un momento el fuego del cañón”. Tras tal hecho nació el nombre de La Periquera, pues los mambises le gritaban a sus oponentes: “Salgan de la jaula, pericos”, en alusión a los colores de sus uniformes, los de la bandera española. Después del ataque mambí, la propiedad de Rondán sufrió docenas de impactos de proyectil de cañón; entonces su propietario reclamó al gobierno español las pérdidas infligidas a su hogar en unos 12 mil pesos oro, y se retiró a vivir a la fortificada ciudad de Gibara.

Desde entonces se estableció allí la Comandancia del ejército español, en un ala alquilada a los herederos de Roldán, y sirvió, además, de vivienda a varios gobernadores, entre ellos Agustín Peláez, quien –según cuentan las leyendas que pueblan el conocido edificio holguinero– estaba casado con una bella y joven mujer, quien se enamoró perdidamente de un joven capitán del cuerpo de voluntarios. Los pobladores fueron dándole vida a esta relación hasta convertirla en una leyenda de amor y muerte…

Dice el mito que los jóvenes Ana Sánchez Roblejo y Serafín Irioste vivieron su historia de amor en el túnel de La Periquera, el cual servía de aljibe a las Iglesias San José, San Isidoro, el Hospital Militar, el Cuartel del Ejército Español y los fortines ubicados en las estribaciones de la Loma de la Cruz. Hasta un día que una falsa alarma hizo que se cerraran las compuertas de hierro que separaban uno y otro departamento anegando de agua, en pocos minutos, todas sus secciones. Al normalizarse las actividades, fueron encontrados sin vida los cuerpos de los amantes.

Según otras versiones, el marido traicionado, cuando descubrió la infidelidad de su cónyuge, mandó a asesinar a la infortunada pareja. Hay también quienes aseguran que el asesinato ocurrió tapiando ambas entradas, entre gritos y lágrimas de los jóvenes amantes.

Él fue enterrado con todos los honores mientras que a ella le colocaron una lápida junto a su tumba en la falda de la Loma de la Cruz que rezaba: “A doña Ana Sánchez Roblejo que pudo morir en su lecho lleno de virtudes y murió sin honra en el túnel de La Periquera”. Tiempo después el párroco de la iglesia retiró la inscripción con la esperanza de que los pobladores olvidaran lo ocurrido. Sin embargo, la historia se perpetuó en la sugestión de varias generaciones, quienes aseguran que en las noches se escuchan las voces y risas de las almas de los enamorados que aún deambulan por el túnel.

No está de más añadir, en honor a la verdad histórica, que entre ambos lugares, la Loma de la Cruz y La Periquera, existe más de un kilómetro de distancia: 200 años después un arriesgado buzo destejió la historia cuando penetró en la supuesta entrada del corredor secreto en La Periquera y comprobó la existencia solo de un aljibe rodeado de manantiales. Pero los pueblos y sus imaginarios sociales se alimentan de mitos y leyendas… Dicen que los holguineros –habitantes de una provincia del universo al fin y al cabo– aseguran ahora, quizá para proteger la leyenda, que toda aquella agua que manaba en el túnel era fruto de las lágrimas de aquel amor desafortunado… ¿Quién sabe?

Un coloso para las artes decorativas se erige en Gibara

Por Vanessa Pernía Arias

“El Museo de Artes Decorativas de Gibara y sus colecciones son fieles evidencias y testimonios de valor incalculable, del contexto histórico donde surgieron y sus diferentes utilidades”, así, a grandes rasgos y por vía telefónica, define María de Jesús Chacón, directora del mismo, la impronta de esta institución, orgullo de los gibareños y de todo el público que se acerque a sus salas.

Fotos cortesía de María de Jesús Chacón, directora del Museo

A pocos metros de la plaza principal de esta ciudad costera, en medio de la transitada calle Independencia, se erige este majestuoso edificio con estilo neoclásico, que además es Monumento Local. El inmueble fue construido en 1866 por orden del comerciante español radicado en Gibara, Atanasio Calderón Villa; y en 1910 pasó a manos del millonario gibareño José Beola y Valenzuela, hasta 1961, cuando fue nacionalizado por la Revolución. Me comenta María, con seguridad de museóloga apasionada (se nota en su conversación y en los detalles de cada uno de los datos que me ofrece) que la familia Beola y Valenzuela era descendientede españoles y venezolanos; y José fue propietario del 80, 9% de las acciones del Ferrocarril Gibara-Holguín.

María se conoce cada historia que habita las paredes del Museo, entre ellas que la edificación alojó por varios días, en 1898, al Mayor General Calixto García, y me pone al tanto del repertorio de celebraciones, fiestas y otras actividades sociales de la familia Beola, donde sobresale la recepción ofrecida al primer presidente de la República de Cuba, Tomás Estrada Palma, en abril de 1902, cuando llega a Cuba procedente de Estados Unidos, por el puerto gibareño, lo que denota la gran influencia socio-económica de la familia Beola, lo cual influye en las colecciones de mobiliario y piezas domésticas que hoy se exhiben en las salas de la institución. Aunque, me explica, que la cena propiamente en sí no fue ofrecida en este inmueble, sino en una engalanada vivienda, propiedad de la acaudalada familia, convertida después del triunfo de la Revolución en cuartería, y conocida por los gibareños como “la casona”.

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El puerto de Gibara, entre 1860 y 1930, fue uno de los atracaderos preferidos del litoral norte de Holguín para el comercio marítimo con firmas consignatarias tanto locales, nacionales y extranjeras.

Este tráfico comercial posibilitó que los descendientes de españoles, principalmente, se enriquecieran e hicieran una cuantiosa fortuna para levantar muchas de las construccionescoloniales que se alzaron en el pequeño poblado; de este modo se requerían mobiliarios, objetos utilitarios y decorativos para ambientar y ser utilizados en los diferentes espacios de dichas casas.

Por tanto, Gibara tuvo un fecundo desarrollo de las artes decorativas, con gran variedad de objetos utilitarios y decorativos, que poseen un valor excepcional para la cultura local. Por otro lado, fue una de las ciudades cubanas por donde penetró el estilo art nouveau, principalmente en piezas del ámbito doméstico, no así en otras como Cienfuegos,donde la arquitectura sobresale con rasgos de esta corriente artística, distinguida por la elegancia y las formas curvas que realzan las calidades de los materiales, en perfectas unidades de estructura y decoración.

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Luego del triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, el gobierno comenzó a nacionalizar toda una serie de negocios y propiedades de las familias ricas en la isla y con ello, pasan a mano del pueblo, entiéndase a instituciones con fines públicos que iban surgiendo, diversos objetos que componían estas edificaciones.

De esta manera entre 1961 y 1962, aproximadamente, surge la idea de fundar un museo en lo que había sido la casa de la familia Beola y Valenzuela, dado los elementos arquitectónicos, artísticos e históricos del inmueble, y los objetos que poseía la casa. Sin embargo, no es hasta el 25 de julio de 1972 que se inaugura oficialmente como Museo de Artes Decorativas, impulsados por la idea de Antonio Lemus Nicolau, reconocido historiador de Gibara. Este fue instalado en la parte alta de este edificio de estilo neoclásico, convertido en una de las construcciones más significativas de la segunda mitad del siglo XIX en la Villa Blanca.

 

En sus inicios se catalogaron para su exposición más de mil piezas de las artes decorativas y mobiliario, y fueron donadas otras de las instituciones de Instrucción y recreo, de la antigua Colonia Española de Gibara y de la Unión Club. “Este proceso de recuperación de piezas patrimoniales se extendió hasta mediados de la década del 70, incluso una vez abierto el museo”, comenta María con exactitud.

A partir de 1972 y hasta la actualidad, “el museo ha salvaguardado, cuidado, gestionado e interpretado de diferentes maneras, las riquezas de ese patrimonio que con el transcurso de los años hemos obtenido a través del concepto, fundamentalmente, de transferencia de piezas de La Habana y donaciones de los gibareños, además mediante la compra-venta, por el cual se completaron las colecciones que hoy se exhiben en el Museo”. Pero lo más notorio, destaca, es que el 95 por ciento de los objetos museables han sido recuperados en la propia Gibara.

Uno de los primeros directores y gestores del patrimonio de la institución fue Lemus, cerca de 20 años cuidando celosamente el Museo, destaca, haciendo énfasis en el papel de este sabio historiador a la cultura de Gibara. También sobresale el trabajo de rehabilitación del acuarelista Luis Catalá Maldonado, quien tuvo a su cargo la restauración de cada recinto del edificio: paredes, muros y falso techos de cada espacio, así como la labor de la pintora y museóloga Liliana Caballero (en este momento hace una pausa, María piensa para decirme el nombre de cada uno de los trabajadores que han pasado por sus salas y han dejado una huella importante, pero se rinde dice que su memoria a veces falla y no quiere dejar de mencionar a todos los que han contribuido a la impronta del Museo, y además agradece al equipo que actualmente le acompaña).

En el año 2008 el Museo fue cerrado al público por acciones constructivas, hasta el 2017 que se reinauguró, para suerte de sus pobladores y de los foráneos que agradecen su existencia. “Todas sus salas y colecciones se desactivaron y en esos momentos fue un reto para sus especialistas proteger y conservar cada una de las piezas. Fueron casi diez años de trabajo intenso”, añade. Hoy esta institución es orgullo de María, de sus trabajadores y de los gibareños, que observan su pasado tangible en cada espacio de esta renovada y hermosa edificación.

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El Museo de Artes Decorativas de Gibara figura entre las instituciones culturales más importantes del país, pues atesora una gran colección de obras del siglo XIX y XX, entre los que destacan piezas de cerámica, cristal, esculturas y muebles de estilo, oriundos principalmente de Francia, Inglaterra y Alemania.

 

Una visita al majestuoso edificio es como revivir la vida doméstica de la época de esplendor gibareño, entre 1870 y 1930. En sus catorce salas de exposición y cinco almacenes se conservan más de 2 mil 500 objetos de las artes decorativas de esta época, con gran valor patrimonial y de conservación. Dentro de las colecciones más importantes se encuentran la de cerámica francesa, integrada por más de 700 objetos, donde sobresalen los conjuntos de servicio de manufactura Limoges, otras de manufactura inglesa, resaltando los servicios de mesa.

Al otro lado de la línea María insiste y me pasea por cada uno de los espacios que componen el Museo; aunque lo he frecuentado en otras ocasiones, esta, su visita dirigida vía telefónica, fue única, pues destaca, entre otros sitios, el salón principal, ambientado con muebles estilo medallón, un piano de cola estilo Pleyel, pasando por un sillón de enamorados, expresión de los cánones del período, piezas de cerámica alemana, austriaca y francesa y arcos de medio punto, que aporta singular belleza a un inmueble bien estructurado.

Muebles cubanos de las primeras décadas del siglo XX, esculturas de bronce y mamparas predominan en la decoración. Las paredes con motivos florales expresan la corriente art nouveau, asentada en la Gibara del siglo XIX, al punto que varios muros del recinto, desde el vestíbulo, la escalera, hasta el sócalo, están rematados con elementos vegetales que son reminiscencia de esta corriente europea.

Se exhiben, además, juegos de salas estilo perillita, lámparas de techo de cristal veneciano, jarrones, pedestales de exótica decoración y motivos mitológicos que realzan la armonía entre la forma y ornamentación de estas piezas Art Nouveau. Allí también se encuentran objetos de estilo rococó, y muebles de firma austriaca Thonet, así como un curioso florero trabajado con la técnica desdorado y decoración floral realizada a mano.

Otra colección importante es la de libros, con más de 300 ejemplares de las sesiones de las Cortes ​Constituyentes de España y del Congreso español, entre ellas las de Castilla, Bayona y legislaturas que pertenecieron al vicecónsul de España en Gibara, Javier González Longoria.

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Lamentablemente hoy el Museo permanece cerrado al público, como todas las instituciones culturales del país, de manera preventiva ante la propagación de la Covid-19. La misma razón que me llevó a la conversación vía telefónica con María, de no haber sido por este virus que te aleja de tus semejantes por miedo a la muerte habría llegado yo hasta el Museo para recorrerlo con ella (que en su trato me pareció orgullosa de su gente y afable, como todo ser humano que habita ese poblado), mientras me acercaba en su conversación a la historia del Museo.

María, ahora vía Facebook, me dice que están preocupados por la situación que vive Gibara, donde hace solo horas decretaron fin de la cuarentena, sin embargo mantienen su trabajo interno en el Museo, a partir de la documentación e investigación de las piezas, pues a veces se completan datos de época que no se conocían. Además se verifica el estado de conservación de cada una. Una vez a la semana, precisa, acuden allí para realizar acciones de limpieza, mientras que otros especialistas trabajan desde casas en otras actividades dirigidas al Museo.

Este 18 de mayo, Día Internacional de los Museos, María de Jesús Chacón seguramente contemplará orgullosa, junto a sus compañeros, un inmueble que ha forjado la historia local y que ha trascendido la curiosidad de los apasionados para convertirse en un coloso del arte y la cultura gibareña y cubana, durante 48 años de labor dedicada al rescate de la memoria de la isla.

Babel: De la aldea, a la isla, al mundo

Por Erian Peña Pupo

Fotos Carlos Parra y Archivos

Dentro del megaevento que es Romerías de Mayo, Babel resulta en cada edición uno de los puntales más altos en un programa que reafirma –más allá del eslogan que cada año nos invita a Holguín, inmerso en el luminoso hervidero de locuras y utopías, esa vorágine donde casi todo es posible en que se ha convertido el Festival Mundial de Juventudes Artísticas–la idea fundadora del Dr. José Manuel Guarch Delmonte: “Porque no hay hoy sin ayer”.

Veinticinco ediciones ha realizado el evento que dentro de las Romerías de Mayo potencia y promociona las artes visuales cubanas: Babel no solo es una vitrina de lo mejor del panorama insular, sino el escenario de un productivo diálogo entre los maestros y los jóvenes.

Surgido en 1995 y organizado por el historiador y crítico de arte Ramón Legón Pino, entonces presidente de la Sección de artes plásticas de la AHS holguinera, Babel es sinónimo de pluralidad y de incorporación de espacios institucionales y públicos en pro del arte.

Danger, obra del artista José Emilio Fuentes Fonseca, expuesta en el Parque Calixto García de la ciudad de Holguín, Cuba, como parte de las actividades por las XX Romerías de Mayo. AIN FOTO/Juan Pablo CARRERAS

Cada edición, realizadas durante quince años por Tatiana Zúñiga, entonces directora del Centro Provincial de Arte, se dedica a diversas manifestaciones y temáticas dentro de las artes visuales: el paisaje, la abstracción, la fotografía, el grabado, el land-art, el performance, el tatuaje, la enseñanza artística… De la misma manera, como parte del tránsito de la tradición a la modernidad que caracteriza todo el Festival, Babel ha rendido homenaje a los maestros de la plástica cubana y universal, exponiendo desde originales de reconocidos artistas, por coordinaciones con el Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP) y el Museo Nacional de Bellas Artes, hasta obras de Oswaldo Guayasamín, y grabados de Pablo Picasso.

 

Babel ha hecho posible que en Holguín se expongan al público piezas de importantes artistas, varios de ellos maestros de las vanguardias cubanas del pasado siglo, como Fidelio Ponce, Víctor Manuel, Leopoldo Romañach, Wifredo Lam, Julio Girona, Adigio Benítez, Raúl Martínez, Rita Longa, Antonio Vidal, Samuel Feijoo, Raúl Corrales, Agustín Cárdenas, Alfredo Rostgard, Salvador Corratgé, René de la Nuez, Alfredo Sosabravo y Belkis Ayón. De la misma manera que Ever Fonseca, Roberto Diago, Lázaro Saavedra, Zaida del Río, Nelson Domínguez, René Francisco, Sandra Ramos, Juan Moreira, Alicia Leal, Eduardo Ponjuán, Osneldo García, Manuel Mendive, Héctor Frómeta, Gustavo César Echevarría, Rocío García, Agustín Bejerano, Joel Jover, Esterio Segura y Arturo Montoto, han expuesto junto a importantes artistas holguineros, como Cosme Proenza, Jorge Hidalgo, Armando Gómez, Julio Breff, Magalys Reyes, Julio Méndez, Ernesto Ferriol, Daniel Santos, y Miguel Ángel Salvó.

“La vocación de Babel, en buena medida por las inquietudes de quienes han transitado por la actual Academia regional de artes plásticas El Alba, de cuyas aulas nació, siempre fue muy clara: transgredir/desmitificar el recinto «sacro» de la galería desde la activación de espacios alternativos, en el que las calles y plazas ganaran protagonismo”, comenta Yuricel Moreno Zaldívar, directora del Centro de Arte y miembro del Comité Organizador de Romerías.

Esta transgresión ha caracterizado el evento, cuyo lema fundacional es “De la aldea, a la isla, al mundo”, pues Babel ha priorizado lo performático en plazas y parques –recuerdo al maestro Lezcay realizando un performance al compás de los acordes jazzísticos de uno de sus hijos–, convocando a tomar por asalto espacios públicos y lograr intervenciones urbanas. Por otra parte, junto a los imprescindibles maestros, los jóvenes creadores de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), muestran su trabajo en galerías y parques de la urbe, demostrando la convivencia de varias generaciones de creadores en el amplio escenario insular.

“En la polifonía que constituye el macro evento, y no exento de necesarios replanteos porque las dinámicas del arte se modifican con celeridad, Babel ha contribuido a mover el epicentro de los circuitos de promoción y, por un lapso pequeñísimo, mostrar los principales referentes de la plástica nacional en diálogo con propuestas locales, osadas, experimentales, que el público ha ido aprendiendo a reconocer dentro de una misma tradición artística problematizadora y audaz: la cubana”, añade Yuricel.

Relevantes muestras confluyendo en un mismo ámbito, y los conversatorios, talleres prácticos, clases magistrales y conferencias, reafirman a Babel –del que han surgido otros eventos como el Festival de Fotografía Autodidacta (FotoFest) y que en esta edición compartirá cronológicamente en las redes imágenes, catálogos y otros materiales–como escenario de múltiples voces y resonancias en ese alucinante torbellino que es Romerías de Mayo (artículo publicado originalmente en la web de la Asociación Hermanos Saíz, AHS).

 

Jorge Hidalgo: Cuba es mi nganga

Por Erian Peña Pupo

En una entrevista con la crítica de arte canadiense Noella Neslody, el pintor, grabador, dibujante y escritor Jorge Hidalgo Pimentel (Obbá Oguniré) aseguró que él pinta “recuerdos y presagios” y que su trabajo lo hace sentirse“un esclavo representante de Dios”.

Foto del autor y Kevin Manuel Noya

Aquellos “presagios” visionados por Hidalgo (Santiago de Cuba, 1941) lo acompañan desde que nació en Santiago –él insiste en recordárnoslo como si sus orígenes fueran su mejor blasón, su santo y seña– “a las 5 y 20 de la mañana, boca arriba y con los ojos abiertos. Fue recibido en la luz por la comadrona Pancha La Negra (Iyá Leri). En el signo de Virgo, bajo la protección de Obatalá como santo de cabecera y Ogún como santo acompañante. Hijo de Federico, descendiente de asturiano y Altagracia (Cucusa) dominicana”. Todo en su obra de más de seis décadas parte de ese momento inicial en que Hidalgo aprehende la luz y se entrega a ella como un aprendiz, y también como un deudor.

Las primeras obras en el tiempo, firmadas a fines de la década de 1950, dejan entrever las potencialidades artísticas de aquel joven que unos años después, en 1962, entraría deslumbrado al estudio habanero del pintor Esteban Valderrama. Allí conoció el olor del aguarrás, la linaza, las variaciones de los óleos –¿bautismales?–, y aunque la visión académica de Valderrama no se adecuaba a su temperamento independiente, inquieto, la posibilidad de insuflar vida a sus criaturas lo atrapó para siempre. ¿Acaso no lo había atrapado ya desde aquellas primeras obras en tinta sobre cartulina o papel?

Aquellos fueron los años de la efímera revista Jigüe –en su duración, no en resonancias, como asegura Alejandro Querejeta Barceló, uno de sus creadores–, donde publicaron autores como Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz y Nancy Morejón, y donde Hidalgo ilustró muchas de sus páginas, junto a Armando Gómez y Roger Salas. Aquellos fueron los años de la exposición Hacer ver, título tomado de un poema del surrealista Paul Eluard y que reunió en una pequeña sala del Colegio de Arquitectos de Holguín la obra de Hidalgo, Salas, Julio Méndez, Jorge González y Nelson García. Como palabras al catálogo, el poema “Felices los normales, de Roberto Fernández Retamar. Aquellos fueron también los años en que Hidalgo se encontró frente a los grabados de Francisco de Goya –Los caprichos, las Tauromaquias y los Desastres de la guerra– y mientras buscaba encontrarse a sí mismo y desentrañar su lenguaje, sus potencialidades creativas, iba poblando su obra de esos personajes “perplejos”, como él mismo los llamara, palpitantes, desvalidos, tercos en su plena orfandad.

La paleta de Hidalgo se volvió cada vez más austera, y desde esa época mantiene su recurrencia a los ocres, a las tierras tutelares, a las fulguraciones del magenta, los negros, a los chispazos de colores puros, a sus sorprendentes iluminaciones visuales. Y el dibujo se hizo gestual, espontáneo, sometido al sentimiento y a la intuición. Una gestualidad que permite una actitud desprejuiciada. El pincel ancho, casi seco, la espátula, los dedos y ocasionalmente la plumilla, le sirven de instrumentos. Y si Goya fue un deslumbramiento para Hidalgo, casi enseguida encontró la obra de Antonia Eiriz, Tapies, Saura, Schiele, Cuevas… De la mano también de Blake, Velázquez, Rembrandt…

Cuando se funda el casi mítico Taller de Grabados de Holguín, encabezado por Nelson García y Julio Méndez,Hidalgo empieza a trabajar la xilografía, mostrándose como un grabador preciso, imaginativo: la expresión –¿acaso americana?– dura visualmente, dramática en su esencia, goyesca, incluso grotesca y desatinada en el sentido de lo esperpéntico, el aparente desaliño que nos muestran sus xilografías, es capaz de trasmitir la intensa poesía del ser, que también nos entrega el Hidalgo escritor en sus poemarios. No es el suyo un traslado mecánico de su obra en tintas y dibujos a la madera, sino un ajuste de un estilo a la riqueza de texturas que la madera ofrece, con influencias del grabado japonés, Durero, y el expresionismo y neoexpresionismo alemán.

Posteriormente el acrílico se incorpora a su quehacer, así como el gran formato, el lienzo y el collage. Sus códigos visuales se tornan complejos, y aparecen figuras que aluden a elementos de la cultura nacional –lo afrocubano, específicamente– y su alcance míticoreligioso. Esta zona creativa quizá sea la más conocida del trabajo de Hidalgo Pimentel, lo que lo ha llevado a ser, varias veces,encasillado en la pintura de tema afrocubano. Pero en él no es pose, mucho menos propensión a modas; es asunción, después de una evolución que podemos palpar en toda la muestra; es gracia, luz.

En sus cuadros viven los orishas del monte: Elegguá, Oggún, Ochosí, Oko, Ayé, Changó, Allágguna Y los Eggun: Eléko, Ikús, Ibbayés… Pero también habitaFernando Ortiz; Lydia Cabrera; Cristo; Artemisia Gentileschi en cofradía con Teresa Centella Oyá, seduciendo a Olofin Changó; la Virgen de Barajagua; Mackandal; José Martí; San Lázaro; Ícaro; Santa BárbaraHay cubanía en cada obra, pero sin perder su proyección universal.

En las páginas iniciales de El monte, Lydia Cabrera subraya: “Persiste en el negro cubano, con tenacidad asombrosa, la creencia en la espiritualidad del monte. En los montes y malezas de Cuba habitan, como en las selvas de África, las mismas divinidades ancestrales, los espíritus poderosos que todavía hoy, igual que en los días de la trata, más teme y venera, y de cuya hostilidad o benevolencia siguen dependiendo sus éxitos o sus fracasos”. Hidalgo ha ido al monte, ha buscado sabiamente, encontrado. Estas divinidades ancestraleshan acompañado a Jorge Hidalgo en un vía crucis artísticoy espiritual a lo largo de seis décadas creativas. Cuba es su nganga, nos dice y como si no bastara, titula así uno de los cuadros de su obra.Nganga quiere decir muerto, espíritu. Y además, “misterio. Y ese misterio lo acompaña, lo protege y nos lo devuelve como uno de nuestros creadores más originales (artículo publicado originalmente en el sitio web de la Asociación Hermanos Saíz).

Yo me quedo en casa, una invitación para los más pequeños

Por Vanessa Pernía Arias

La Brigada de Instructores de Arte José Martí de Holguín se suma a la iniciativa de la Dirección Nacional de esta organización de jóvenes promotores de invitar a todos los pequeños de casa a participar en el concurso infantil de Artes Plásticas “Yo me quedo en casa”.

Esta es propuesta para estimular la creatividad de niños y niñas en este tiempo libre, además de socializar algunas de las medidas para evitar la propagación del Covid-19 en este sector de la población cubana.

Dicho certamen convoca a participar en las modalidades de pintura y dibujo, tomando como tema principal las experiencias vividas en casa con la familia durante el tiempo determinado para la protección contra la Covid-19.

Cada niño o niña deberá tomarse una fotografía con su trabajo y enviarlo al correo electrónico creacionbjm@bjm.cult.cu o al perfil de Facebook Brigada de Instructores de Arte José Martí–BJM.

Los organizadores aseguran también que es importantes enviar en el mensaje: nombre y apellidos, escuela, grado, municipio y provincia; antes del 30 de abril del presente año.

Fotos: perfil de Facebook de Brigada José Martí

Los trabajos originales deben ser guardados y entregados a los Instructores de Arte de su escuela o Casa de Cultura para, una vez que se restablezca el curso escolar, seanexpuestos.

Por otra parte, las obras que sean seleccionadas en el nivel provincial, por un jurado integrado por instructores de trayectoria destacada, serán exhibidas en la galería de la Dirección Nacional de la Brigada, con sede en el Centro Cultural Comunitario Belén, en La Habana (o en las correspondientes sedes de las direcciones provinciales de la misma).

Una visita desde casa a museos y galerías de Holguín

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos tomadas de Internet

El Portal del ciudadano del municipio Holguín pone a disposición del público cubano y extranjero visitas virtuales a varias instituciones culturales de esta ciudad, entre ellas el Museo Casa Natal de Calixto García y el Centro Provincial de Artes Plásticas, como parte de las acciones para fomentar el desarrollo del gobierno electrónico.

En este espacio, nombrado Ciudad Nuestra y localizado en la dirección www.ciudadholguin.gob.cu, los internautas pueden acceder a los compartimentos que sirvieron de hogar a la familia Íñiguez Landín, así como visualizar los distintos objetos que allí se atesoran del Mayor General Calixto García.

 

Otro de los atractivos resultan las visitas a las salas que componen el Centro de Arte holguinero, donde se puede disfrutar en tiempo real de las exposiciones que allí se exhiben, además de obtener información relacionada con la actividad plástica en el territorio y de las bellas artes en general.

Este proyecto de desarrollo local, iniciativa del Gobierno de cara al proceso de informatización de la sociedad, conecta a los usuarios de la plataforma con otras ofertas de contenidos de la propia ciudad, como materiales audiovisuales realizados exclusivamente para el sitio, series dramatizadas, spots que refuerzan la identidad del holguinero, articulando un sistema de conocimientos que resulta novedoso, precisó Eduardo Ávila Rumayor, coordinador del mismo.


El Portal también hipervincula a otros contenidos relacionando a varias páginas que hoy se desarrollan en el país, como Picta, plataforma cubana de contenidos audiovisuales, y otras que proveen nuevas aplicaciones nacionales, bibliotecas virtuales, la red de ciencias de Cuba y al entramado de instituciones del país y sus servicios, explicó.

Ciudad Nuestra, promovido por el Centro para el Estudio y Desarrollo Sociocultural y subordinado a la Casa de Iberoamérica, está diseñado desde la gestión colaborativa y participativa de la ciudadanía, donde coexisten los sectores estatal y privado, para colocar los datos que necesiten sobre sus emprendimientos, o acompañar a estos a escala local en lo relativo al diseño de imagen y la incorporación de valor a sus productos, destacó Ávila Rumayor.

Con información de la Agencia Cubana de Noticias. 

Las armas de doble filo de Osmani Estupiñán

Por Erian Peña Pupo

La subversión del objeto para ofrecernos otra relectura de la realidad –como bien apunta el poeta José Luis Serrano en las palabras al catálogo–, caracteriza la muestra personal Arma de doble filo, de Osmani Estupiñán, expuesta en el Centro de Arte de Holguín.

De formación autodidacta y con varias exposiciones personales y colectivas en su trayectoria, Osmani Estupiñán (1968) “fabrica artefactos irónicos. Su proceso creativo tiene como herramienta fundamental la subversión del objeto. La funcionalidad de las cosas se tambalea. Estamos ante un artista que manipula los elementos que conforman su entorno más inmediato para ofrecernos una corrosiva relectura de la realidad”.

Fotos del autor

La mayoría de sus objetos arte –artefactos en el sentido, como apunta Serrano, que el poeta chileno Nicanor Parra confiere al término– manipulan las funciones u utilidades prístinas en busca de una carga de sentido alegórico, que explota (y explora) metáforas, mecánicas, poéticas, percepciones… para devolvérnoslos con mucha más fuerza. Así elementos cotidianos, muchos relacionados con el campo: metales, machetes, objetos de herrería, tarjetas laborales de firmas, engranajes, piedras, tornillos, viejas postales de ciudades del entonces campo socialista… poseen nuevos significados.

Por ejemplo, las piezas (vidrio tallado) de la serie Convivencia (Grandes ligas) reflejan el tiempo que compartieron juntos, aun sin conocerse, Osmani y grandes representantes del béisbol profesional de Grandes ligas: incluidos los años, meses y días de “existencia común”. En muchos el tiempo es más amplio; en otros entre la fecha de nacimiento de Osmani y la de fallecimiento del pelotero, solo distan pocos años.

La presencia de la res, lo taurino –desde Altamira acá, también como alegoría, como símbolo de lo doméstico, pero al mismo tiempo lo salvaje y además de lo prohibido–, está presente en sus piezas, entre ellas las obras (mixta/papel) de Los hombres se van… Por otra parte, obras como “Las órdenes se cumplen”, “La siesta”, “Los 15 de Jackelin”, “El sudor de tu frente”, “El tiro por la culata” y “Marcas obligatorias” simulan “dispositivos ideológico-explosivos, herramientas para marcar los rebaños, enervantes registros de entrada y salida, extraños instrumentos de corte destinados a producir heridas simbólicas. Todo un arsenal de arquetipos sustraídos del espacio cotidiano y reubicados en el contexto galérico”, añade Serrano, pues, nos dice también el poeta holguinero, “la realidad ha estallado como una granada de fragmentación” y Osmani Estupiñán Ramírez “quiere mostrarnos el ángulo exacto de donde provienen las esquirlas”.

“No hallaremos en las obras de Estupiñán fisuras que nos indiquen fallas conceptuales que lo hagan derivar hacia la mediocridad entronizada en las últimas décadas. Militante fundacional del grupo Vacutainer (…) Estupiñán conoce los mecanismos del performance y la instalación. Estos saberes dotan a su discurso de una dinámica muy particular. Cada pieza suya contiene una secreta pulsión destructiva. Más que una contemplación neutral, sus artefactos reclaman ser arrancados de la pared o el pedestal para reingresar a la realidad”, subraya José Luis Serrano al presentar Arma de doble filo.

Con exposiciones como Lactancia materna, Uneac, Holguín 2011; Vaca no come vaca, Centro de Arte de Bayamo, Granma, 2009; Que no soy yo que pinta y Animal en vías de extinción, Casa de Iberoamérica, Holguín, 2008 y 2007; y Con-Junto a-Contra. Homenaje a Joseph Beuys, Centro Provincial de Arte, 2002, entre otras, Osmani Estupiñán Ramírez ofrece estas armas de doble filo, que nos hacen pensar y que son capaces, al mismo tiempo, de mostrarnos una cosmogonía lacerante por lo metafórica y vital (Tomado de La Jiribilla).

El humor recorre la ciudad

Por Abelardo Leyva Cordero

Fotos tomadas de la sección Caricaturas de la web del periódico !ahora!

(A propósito de la exposición del caricaturista Jorge Sánchez Armas inaugurada en la librería Ateneo Villena Botev durante el VII Festival de Humor para Jóvenes Satiricón).

Jorge Sánchez Armas pasó un susto cuando le informaron que su obra no podía exponerla en la sala del Guiñol por hallarse esta ocupada con una del pintor Cosme Proenza. A esa hora el caricaturista de Palante y periodista de Juventud Rebelde se vio obligado a recorrer toda la ciudad de Holguín con un nudo en la garganta por el peligro que corría la promoción de su arte, acompañado por el colega Onelio Escalona, que no se explicaba lo ocurrido cuando el mismo programa del festival El Satiricón, anunciaba la exposición en dicho lugar. Finalmente, después de fracasar en la visita a varios lugares, a Onelio se le ocurrió la idea de dirigirse a la librería Villena Botev y pedirle ayuda, a manera de súplica, a la administradora del centro, Lourdes Rodríguez, quien los recibió, para alivio de los humoristas que ya sufrían lo que parecía una broma negra o pesada, con su acostumbrada sonrisa y disposición de prestar el local para exponer tan interesantes dibujos. Todo parecía coincidir para que Jorge, en la mañana del sábado veintinueve de febrero (ocasión que solo puede ocurrir cada cuatro años) le diera sus datos y consideración del humor a este librero de uso, quien no lo pensó mucho para escribir esta crónica.

Me cuenta el caricaturista que el objetivo principal en su obra es trasmitir un mensaje a través del pretexto del chiste, que la mayoría de las veces subsiste uno implícito y que tiene la cualidad de llevar a la persona a la reflexión. Pone de ejemplo una caricatura donde usa a la caperucita roja, el cazador y el lobo; donde esta sale en defensa del lobo oponiendo al cazador un libro que anuncia las especies en peligro de extinción. Otra revela al famoso ratoncito Pérez muerto en un ataúd, y como las dos cucarachas que lo velan explican la razón de su fallecimiento: ¿Qué le pasó a ratoncito Pérez? — Le dio un infarto por el precio de la cebolla.

Humor de referencia universal y contemporánea, que refleja la realidad nacional e invita a un análisis sobre el carácter social del cubano. Es de celebrar también la obra que dedica a nuestra ciudad, a manera de colaboración con el periódico ¡ahora! donde se aprecia una parodia de dos símbolos de la localidad: el hacha de Holguín y la cruz de la Loma, ambas tomándose una foto selfie con celular.

Si hay personas que tienen los pies bien puestos sobre la tierra, son los humoristas cubanos, y en particular Jorge Sánchez, caricaturista y cronista de nuestra historia.

Coordenadas o cómo determinar la posición del arte en un espacio

Por Erian Peña Pupo

Todo compendio conlleva a una aptitud de selectividad. A una mirada racional y crítica sobre la muestra original. Y al mismo tiempo, toda selección es parcialmente representativa del quehacer actual de un grupo de creadoresde un determinado contexto social o geográfico, sin que esto signifique que la muestra simboliza el estado real del arte en ese momento.

Algo así sucede con los salones, es verdad, pero ¿tiene futuro la verdad? decía George Steiner.

El Salón de la Ciudad, con una amplia tradición dentro de las artes visuales en el territorio, funcionaría como un sistema de coordenadas (institucionales, legitimadoras) donde se utiliza uno o más números (¿obras, autores?) para determinar unívocamente la posición de un punto (¿el arte?)en un espacio (¿la galería, Holguín, Cuba?). De esta manera el Salón se ha empeñado en las recientes ediciones en mostrar un ejerciciode curaduría sostenible e perspicaz –basado en temas como el mercado, la propia institucionalización y circulación del arte, etc.–, en contra del sino epidérmico, monótono, tradicionalista, rígido, que suele caracterizar este tipo de espacios en el escenario insular. De esta manera, el Salón representa cada año un salto cualitativo como concepto y en la práctica, protagonizado principalmente por jóvenes que van encontrandolas “coordenadas” de un lugar legitimador que la institución ha creado como catapulta visibilizadora. Así el Salón posibilita, sobre todo,la convergencia de diferentes poéticas con un discurso ideoestético propio dentro del quehacer regional y nacional, incluso análogo en cuanto a intenciones e interrogantes creativas.

Fotos: Wilker López

La galería se convierte en ese espacio –como el Aleph borgeano– donde todo es posible: vórtice abierto a múltiples posibilidades que terminan semánticamente interactuando en el Salón: Aníbal de la Torre, Juan José Ricardo, Mariannis Mirabal, Juan Carlos Anzardo, Julio César Cisneros, Nalia Martínez Grau, Lauro Hechavarría, Liz Maily González, Rolando S. Pavón, Rodolfo Ramírez González, Eliani del Rosario Suárez, Pady Hill Pupo, Hennyer Delgado…

Entonces, ¿cuáles son las coordenadas precisas? ¿A qué punto nos llevan? ¿Y cuáles, al decir de José Lezama Lima, serían las imágenes posibles: imagen y posibilidad? ¿Y qué nos ofrecen? Más allá de la presentación de varias posturas creativas, aun jóvenes pero en estado de crecimiento, y lagratitud por encontrarnos con el trabajo de otras más consolidadas, el Salón de la Ciudad sirve para replantearnos algunas de estas preguntas, también a los mismos artistas, y para constatar que no siempre, en cuanto a salones se refiere, el ambiente es tan mimético.Solo basta seguir las coordenadas para llegar al sitio preciso.