Más cerca de Irlanda

Los pies descalzos, extenuados caminan por los dientes de perro en busca de la playa, allí le espera un personaje temerario, una leyenda de los mares. La pequeña tropa de mambises avizora las velas que se acercan desde el intenso azul, a bordo de la embarcación un aliciente para continuar en su empeño, la lucha por la independencia de Cuba.

El grupo Senda realizó la bienvenida a los visitantes. Foto Carlos Rafael

Desde el siglo XIX regresa a Holguín la historia de “Johnny Dinamita”, una suerte de pirata amante de las causas latinoamericanas. El irlandés no conocía el miedo, y se enfrentó a la metrópoli tanto en tierra como en el océano, pero en este caso su ayuda consistía en armas para continuar la lucha en la Isla caribeña.

En Cienfuegos aún retumban los cañonazos con que se enfrentaran los buques de guerra españoles y una nave mambisa en 1896, la llamada Three Friends, bajo el mando del estadounidense de padres irlandeses Jhon O´Brien.

Como espacio idóneo para el acercamiento a la cultura y tradiciones de Irlanda se desarrolla en Holguín la Jornada de intercambio cultural “De Irlanda y América hasta Cuba”, entre los días 11 y 19 de noviembre.

“La música es el lenguaje universal que nos une a todos”. Foto Carlos Rafael

Intercambio con estudiantes de diferentes enseñanzas artísticas, conciertos, paneles y visitas a lugares de interés de la provincia, comprenden el programa que tiene como centro de las actividades a la Casa de Iberoamérica.

La música tradicional cubana ofreció la bienvenida a los más de 10 visitantes entre los que se encuentran artistas estadounidenses que defienden su herencia paterna de Irlanda, así como jóvenes músicos cubanos que se dedican a cultivar las tradiciones de este nórdico país. Durante la tarde de este 11 de noviembre se escucharon temas representativos del repertorio nacional en la interpretación del grupo Senda, entre ellos de la autoría de nuestro Compay Segundo.

Por primera vez en Holguín se escuchará la música celta que para la ocasión será interpretada por el conjunto Green Fields of América, que junto a su director Michael Moloney, pretenden acercarnos sus tradiciones a través de “ese lenguaje universal que nos une a todos”.

Otra de las excusas para realizar el recorrido por la provincia, conjuntamente con la jornada de intercambios, lo constituye la presentación del documental que aborda la vida del temerario pirata antes mencionado. Charles O´Brien, realizador del material, destacó que en aproximadamente 1 hora y 30 minutos intenta resumir la historia de este peculiar personaje, con énfasis en el temor que este provocaba en sus adversarios.

“Un pequeño país que como el nuestro sabe luchar por su independencia”. Foto Carlos Rafael

Por su parte, John McAuliff, artífice de este intercambio entre ambas regiones, excusó sus ganas de realizar la Jornada en la atracción que siente por la música tradicional cubana, y específicamente en esta provincia por una vez en que escuchó a la Orquesta Sinfónica de Holguín: “He venido varias veces a Cuba atraído por su belleza, su sentido de libertad y alegría, este es un pequeño país que como el nuestro sabe luchar por su independencia”.

Lucrecia: sinfónica y cubana

Por Erian Peña Pupo

Fotos Kevin Manuel Noya y Carlos Parra

Lucrecia Marín es una de las voces más auténticas de la música popular cubana. Raigal, potente y única, su voz es sinónimo de cubanía, mientras su registro vocal y el variado repertorio que es capaz de asumir sobre los escenarios, auténticamente cubano por demás, son pruebas ineludibles de su talento.

Concierto homenaje a la artista Lucrecia Marín

Lucrecia, quien recibió recientemente la Distinción por la Cultura Nacional, junto a otros artistas holguineros, ha recorrido con su arte los escenarios de Cuba y otras partes del mundo, llevando lo mejor de la canción cubana en su potente voz. Lo hace desde Holguín, ha decidido quedarse aquí al lado de su pueblo, aquel que la vio crecer poco a poco, y no alejarse en busca de otros horizontes, “el pueblo que quiero y seguiré queriendo porque de aquí no me voy a ir”, aseguró. Su perspectiva siempre fue llegar al corazón del público holguinero y mediante él, al cubano, y lo ha logrado con creces.

Versátil, extrovertida y sincera, Lucrecia nos sobrecogió intensamente, y más a quienes conocemos parte de su trabajo, con el concierto “A lo cubano”, junto a la Orquesta Sinfónica de Holguín, dirigida por el Maestro Oreste Saavedra, como colofón de la XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana.

Lucrecia Marín junto a la Orquesta Sinfónica de Holguín

Además de la Sinfónica, con quien la intérprete ha compartido en otros momentos, entre ellos, el concierto por los 15 años del colectivo holguinero en 2016, Lucrecia se hizo acompañar, en el Teatro Eddy Suñol, con el grupo de Norberto Leyva y artistas invitados como Joel Rodríguez Millord, Alberto Zaldívar, Nadiel Mejías, Betsy Remedios, entre otros.

El repertorio fue variado y mostró la destreza de Lucrecia al abordar diferentes géneros de la música popular cubana. En su conjunto primó en “A lo cubano”, como su propio nombre lo indica, la arraigada cubanía como hilo conductor, mediante temas como “El breve espacio en que no estás”, de Pablo Milanés; “Qué lástima”, del holguinero Koko Leyva; “Alma con alma”, de otro holguinero inmortal, Juanito Márquez; “Longina”, de Manuel Corona, en compañía en la guitarra de Alberto Zaldívar; “Añorado encuentro”, del dúo autoral Piloto y Vera; “La gloria eres tú” y “Me faltabas tú”, de José Antonio Méndez, estos junto a Nadiel Mejías y Betsy Remedios; “Pequeña serenata diurna”, de Silvio Rodríguez, entre otros.

Lucrecia recibe de manos de Ernesto Angulo, miembro del comité organizador de la XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana, la Distinción Casa de Iberoamérica

Al término del concierto, Lucrecia recibió de manos de Ernesto Angulo, miembro del comité organizador de la XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana, la Distinción Casa de Iberoamérica, por sus aportes a la cancionística y a la cultura holguinera y cubana en general, además de su vinculación con la Casa. Asimismo, fue reconocida por el Centro Provincial de la Música y la Gerencia de Artex en Holguín.

Luego de concluido “A lo cubano”, y tras escenarios, Lucrecia nos comentó sobre este concierto sinfónico: “Esta experiencia es única. En realidad no estaba completa la Sinfónica, Oreste ha hecho un reparto con la Orquesta de Cámara que fue quien estuvo en pleno hoy y hemos logrado un concierto único. Cada día uno aprende mucho más, a pesar de la cantidad de años que lleves en la escena. Cada momento es uno nuevo y más si uno está acompañada de una orquesta maravillosa como esta, eso no se da todos los días. Esto es único e irrepetible.”

Orquesta Sinfónica de Holguín junto a la artista Lucrecia Marín

Al concierto, que despidió hasta la próxima edición la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, asistieron, Luis Antonio Torres Iríbar, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y su primer secretario en Holguín; Julio Cesar Estupiñán Rodríguez, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular en la provincia, y Faustino Fonseca, director provincial de Cultura, entre otros dirigentes del Partido, el Gobierno y demás organizaciones de masa en la provincia.

Un mexicano enamorado de Holguín

Por Milena García García

El artista sonorense Avelino Vega ofreció varios conciertos en la ciudad de Holguín durante la Fiesta de la Cultura Iberoamericana. El mexicano cantó además para un público heterogéneo de artistas procedentes de una veintena de países, ofreciéndoles una música reconocida a nivel mundial.

Avelino Vega, se ha convertido en una presencia necesaria en la Fiesta. Foto de la autora

Al ser entrevistado por La Luz acerca de su presencia en el evento expresó: “Esta es la cuarta ocasión en que participo en el multitudinario encuentro y siempre vuelvo porque son muchas y variadas las experiencias. No sé cuál será la última canción que cantaré en esta tierra. Por si fuera poco, está la posibilidad de compartir con numerosos creadores provenientes de distintos países, y uno siempre aprende de su cultura, y eso es bastante provechoso, pues no todos los días se tiene la suerte de intercambiar de esa manera.

¿Cómo lo acoge cada año el público cubano?

“Yo regreso porque el público es muy cálido, para mí es un auditorio sensible, inteligente, capaz de despertar la admiración y el respeto. Todos me saludan y me preguntan: ¿Maestro, dónde va a cantar? Me identifico mucho con las personas, porque son muy campechanas, naturales, y por eso hago hasta lo imposible por estar aquí cada año.

¿Cuáles son las interpretaciones  que más le solicitan?

Todos los cubanos me piden que les cante El rey, ellos lo tararean, lo disfrutan.  Yo soy un cantor de la música del estado de Sonora, al norte de México. Me gusta hacer un popurrí de vez en cuando. Me encanta el romanticismo y a la gente también le gusta; pero nunca puedo dejar el escenario sin cantarles algo bravío mexicano. ¡Y ahí hay que echarle ganas!

Además de traer mis pistas durante las presentaciones, me acompaña el Mariachi Holguín. Juntos nos acoplamos y hacemos Si nos dejan, De qué manera te olvido, La media vuelta, y sacamos chispas en la muchedumbre.

Al maestro Avelino Vega Pérez le gusta el calor del pueblo por eso cada octubre, desde que conoció el evento vuelve con energías renovadas a la Fiesta para regalarnos su música bien mexicana.

A ritmo de tambor

Por Milena García García

A ritmo de tambor el espacio cultural Casa del Taita, fue protagonista de uno de los momentos más significativos de la fiesta. Además de llevar a feliz término las presentaciones de la compañía anfitriona La Campana, el proyecto Los Reyes de la Rumba, las presentaciones del Ballet Folklórico de Oriente y la exposición de audiovisuales, se realizó el Tambor por la Reconstrucción Ambiental en el parque Carlos Manuel de Céspedes, más conocido como San José.

El toque de tambor, despertó una contagiosa curiosidad en el público asistente. Foto de la autora

El mencionado toque estuvo presidido por una intervención de los miembros de la Asociación Yoruba en Holguín. El babalawo Arturo Pablo Sánchez, presidente de la Sociedad en el territorio, pronunció las palabras de inicio del encuentro, en las cuales agradeció a la Casa de Iberoamérica por la invitación y a la Dirección Provincial de Cultura. Explicó a los presentes, pertenecientes o no a la misma creencia religiosa, que el tambor se le ofrecía a Otutuwa, que se hacía también como agradecimiento a los ancestros, y que durante el ritual, se pediría por la salud de los pobladores de la urbe, la derogación del Bloqueo y la paz mundial.

La Casa Cultural del Taita, proyecto perteneciente a la Casa de Iberoamérica tiene como fin defender la diversidad cultural y religiosa existente en la provincia.  Los encuentros teóricos y las danzas tuvieron como sede el Ilé de la Rumba, donde las agrupaciones invitadas defendieron los cantos y bailes de tradición haitiana como el gagá, el vudú, y los coros de los orishas, entre otras tradiciones folklóricas.

A toque de tambor en Iberoamérica. Foto de la autora

Francisco Griñán Sánchez, (Chichío) director de la compañía folklórica La Campana declaró que el Ilé de la Rumba acogía las presentaciones de las delegaciones invitadas y a todos los delegados al evento amantes de esta peculiar manifestación artística.

Gibara en movimiento

Por Erian Peña Pupo y Vanessa Pernía Arias

Según nos cuenta Fray Bartolomé de las Casas, el Almirante Cristóbal Colón luego de observar el enigmático paisaje desde las aguas de la Bahía de Gibara, escribió en su bitácora el 29 de octubre de 1492: “Este otro río y puerto en que agora estaba tiene de la parte del sueste dos montañas así redondas”. Esta es la primera descripción de Gibara que conoce la historia occidental: una ciudad que celebró en enero sus primeros 200 años de fundada, luego se abrió al mundo como destino turístico en mayo de este año, con motivo de la Feria Internacional de Turismo, y sufrió, en septiembre, los vientos obstinados del huracán Irma en su paso por la costa norte del país.

Gibara en movimiento. Foto: Kevin Manuel Noya

Una ciudad que cada 29 de octubre acoge a buena parte de los delegados que asisten a la Fiesta de la Cultura Iberoamericana para protagonizar “Gibara, ciudad en movimiento”, y reanimar así las calles principales de una urbe que bien conoce el arte y los artistas, pues es anfitriona desde hace varios años del Festival Internacional de Cine de Gibara.

Varios carteles esparcidos por las principales arterias de la ciudad anunciaban que la Villa Blanca sería una vez más “ciudad en movimiento” como parte de la 23 Fiesta Iberoamericana. En esta ocasión la llovizna levemente invernal –que mantuvo el cielo nublado buena parte del día– no impidió que los narradores orales de Palabras al viento regalaran sus historias al público gibareño. Tampoco que el colorido desfile inundara literalmente la calle Independencia, desde la Plaza de la Cultura hasta las inmediaciones del cine Giba. Poco antes, en la Casa de Cultura, actuó la compañía Estilo Criollo, de Río Negro, Argentina. Hieráticos, gallardos, regios, sus integrantes demostraron ser genuinos exponentes de las raíces autóctonas y el rescate del folclor del sur del país latinoamericano. Como bailar tango es sinónimo de seducción y maestría, además de identidad argentina, la pareja integrada por Natalia Matoso y Sandro Pérez, miembros del proyecto Patagonia Tango, se sumaron a Estilo Criollo y entregaron su arte en el escenario gibareño.

Rescate del folclor del sur del país latinoamericano. Foto: Kevin Manuel Noya

Por su parte, el Proyecto Ojos, de Santiago de Cuba, y Estilo Propio, protagonizaron el pasacalle que desembarcó en el parque Calixto García de la urbe costera. Todos quisieron tomarse fotos con las “estatuas vivientes” de Ojos, liderados por Alcides Carlos González Díaz (Tití), quienes ya se habían apoderado de buena porción del parque y sus inmediaciones.

Proyecto Ojos, de Santiago de Cuba. Foto: Kevin Manuel Noya

La Fiesta aunó numeroso público al ritmo del Ballet Folklórico de Oriente, la Compañía Ecos, de La Habana, y el Mariachi Holguín junto al maestro Avelino Vega Pérez, de Sonora, México, para quien “es un placer exquisito volver por cuarta vez a Gibara”. Avelino interpretó, además de otros temas clásicos del repertorio mexicano, su canción “Canto a la ciudad de Holguín”, donde asegura que “de estar viniendo seguido yo me quiero aquí quedar”. Finamente, la conocida Steel Band de El Cobre, puso a bailar al público asistente con temas como “Bacalao con pan” y “Despacito”.

Steel Band de El Cobre, puso a bailar al público. Foto: Kevin Manuel Noya

Una vez más la apacible Gibara, escenario obligado del reencuentro y la historia, donde confluyen e interactúan pasado, cultura y desarrollo, se convirtió en una ciudad en constante movimiento en días de Fiesta de la Cultura Iberoamericana.

Antídotos artísticos en la Villa Blanca

Por Claudia Hernández Maden

Ya en las postrimerías de esta Fiesta de la Cultura Iberoamericana, partió la última IX Brigada Artística Internacional de Solidaridad. Llevan nuestra música tradicional, el buen arte de los titiriteros, la alegría de los juegos infantiles. No hubo malos tiempos ni sustos hipoglucémicos que la detuvieran.

El arte es una excelente herramienta para reconstruir el corazón de una comunidad. Foto de la autora

¿Su empeño? Marcar rumbo hacia Gibara, la Villa Blanca de los Cangrejos, donde el azote ciclónico dejó huellas, aun indelebles.  Lo saben bien los vecinos de la comunidad El Güirito, quienes ya han recibido la visita de personalidades, entre ellos, los actores Corina Mestre y Jorge Perugorría, el dúo Buena Fe o el popular grupo Gente de Zona, también los pequeños de La Colmenita, quienes demostraron que tener talento es sinónimo de tener buen corazón.

A la humilde localidad han arribado otras brigadas que han aportado su granito de arena como la “Marta Machado”, la “Compay Segundo” y la Cuadrilla de Teatreros. Igualmente, han brindado su presencia los vicepresidentes de los Consejos de Estado, José Ramón Machado Ventura y Miguel Díaz-Canel Bermúdez, así como otras autoridades.

Brigada artística de solidaridad en Gibara. Foto de la autora

El centro cultural “El Coral” se colmó de sonrisas infantiles y caras de asombro, pues precisamente allí, apareció la Brigada de Arte Rebelde de la Asociación Hermanos Saíz. La queridísima Francisca, siempre dispuesta a participar en estos compromisos de amor y solidaridad, declaró su reverencia hecha poesía al Bárbaro del Ritmo.

Su hija, la joven instructora de arte Adriana, no deseó quedarse atrás. Se las agenció para movilizar corazones y números con sus poemas y juegos didácticos Al puerto de Casigua ha llegado un barco cargado de grupos… A Cuba,  “la Patria de los hermanos, del Nuevo mundo una estrella, en fin, la tierra más bella que vieron ojos humanos”, dedicó su último poema.

El arte es una excelente herramienta para reconstruir el corazón de una comunidad. Foto de la autora

Quizá la sorpresa más emocionante sería la entrada de los payasos de Rompetacones, pertenecientes al Guiñol holguinero. Su propuesta causó júbilo y alguna que otra lagrimita cuando comenzaron a interactuar con el auditorio, que por su ingenuidad y  edad candorosa, se deja impresionar fácilmente ante los efectos sonoros, los peleles coloridos o las travesuras graciosas. La despedida se concretó con la sonoridad tradicional del Septeto Zenda, de Holguín.

Payasos de Rompetacones, pertenecientes al Guiñol holguinero. Foto de la autora

Válido esparcimiento para los padres y niños residentes en El Güirito, donde como aun las imágenes advierten, se requieren mayores esfuerzos para revertir el panorama, en tanto, se trabaja por la total recuperación en la zona próxima al malecón.

Solidaridad se considera aquella adhesión circunstancial a la causa de otros. O, como la conocemos en Holguín, el consabido abrazo entre las comunidades locales y los pueblos iberoamericanos que sobrepasan cualquier obstáculo o coyuntura para ofrecer los mejores antídotos artísticos, esta vez,  contra los estragos causados por el huracán Irma.

Bariay: una cita multicultural

Por Claudia Hernández y Jorge Suñol

Es Cayo Bariay. Donde todo comenzó. Aquí volvemos durante la XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana. ¿Cómo revivir el encuentro? Me pregunta una amiga debutante en estos lares iberoamericanos. Acontece el regreso al Monumento Nacional, a la Aldea taína que ella ha descubierto, como el mismísimo Cristóbal Colón, pero a pie.

Encuentro de los dos mundos. Foto: Kevin Manuel Noya

Obligados a peregrinar, hallamos el paisaje costero que permanece hermoso —aun cuando ha sido trastocado por los vientos huracanados de Irma. Lo atestiguan las tantas fotografías y selfies tomadas al unísono. Los pies hundidos en la arena, listas las protecciones contra el ardiente sol, y el agua de coco hidratando nuestra presencia, que se moviliza ante la marea de sonido del Proyecto Electrozona.

Pronto, los buenos vinicultores del Club Bayado invitan a participar del Brindis por nuestra América. Hay vino de uvas, casabe y muchos amigos juntando sus manos en el escenario natural. “Brindemos por el encuentro y unión de las dos culturas, con casabe de los indios de América y el vino español”, anuncian.

Con Ojos Teatro, proyecto santiaguero habitual en esta celebración, no hay lente que se resista a captar su atrayente ritual de color, ahora representando al Conquistador genovés y su séquito de embarcaciones Niña, Pinta y Santa María, la flota descubridora más trascendental de la historia.

cantos afrocubanos del Ballet Folclórico de Oriente. Foto: Kevin Manuel Noya

Esta vez, se unirían en un culto sui géneris, acompañados por los cantos afrocubanos del Ballet Folclórico de Oriente. En un espectáculo sorprendente, sus bailarines emergen del mar, evocando cantos y danzas para Yemayá y Oshún, hijas de Olofin, la Reina de la superficie y la otra dueña de las Aguas Dulces.

Heredero de la tradición franco haitiana y la religión yoruba, el Ballet debutó en esta ceremonia, junto a Ojos Teatro. La música sonorense del maestro Avelino Vega, de México, conspira a favor de la representación musical. Si nos dejan o De qué manera te olvido suenan inmejorables en su voz. Con su Estilo Criollo, la Argentina se hace presente en los vestuarios típicos y pañuelos al aire. Comparecen el tango imprescindible, la música folclórica y No llores por mí, Argentina que recuerda a la imperecedera Evita.    

Foto: Kevin Manuel Noya

Las vibraciones de la Steel Band cierran la tarde, pero todavía se sienten los aires de esta fiesta. Subimos hasta el mirador, donde la vista es más hermosa, no por gusto el gran Almirante celebró esta Isla convertida en tesoro natural y cultural. Desde allí, el mar se ve diverso e inquieto, y el sol insistente lo acompaña, pero es la gente de todas partes y su andar quienes hacen de todo esto un paisaje digno de fotografiar y recordar.

Desde ese alto escenario del Parque Natural Cristóbal Colón actuaron varios artistas invitados a esta cita multicultural. La agrupación Carpacho y su Súpercombo llega desde Chicago, para regalarnos su música colombiana, sí, porque de eso se trata, de esa mezcla rica de culturas y tradiciones. Ellos se encargarían de cerrar las jornadas en Cayo Bariay.

La Argentina se hace presente en los vestuarios típicos . Foto: Kevin Manuel Noya

Quedaba entonces abierta la convocatoria para la edición 24 de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, algo que ya se sueña y que al decir de Eduardo Ávila Rumayor, director de la Casa de Iberoamérica, tiene que “seguir el concepto que nosotros defendemos, un nacimiento de pueblos nuevos que confluyen a partir del arribo a costas cubanas de la expedición de conquista”.

En esta edición se han organizado más de 250 actividades, donde intervienen alrededor de 15 instituciones culturales, y a pesar de que resulte muy difícil lograr que todo se presente tal y como se diseñó inicialmente en los programas; el evento, según Ávila, demuestra su viabilidad, pues ha logrado sostener los principales espacios con que cuenta, como el Congreso Iberoamericano de Pensamiento.

Bariay: una cita multicultural. Foto: Kevin Manuel Noya

También es importante resaltar la participación internacional, demostrada en la cantidad de países presentes, alrededor de 20 con más 150 delegados. “El balance es positivo, por supuesto, siempre se desprenden enseñanzas, cuestiones que no nos permiten conformarnos con lo que obtenemos, y ahí va un proceso de reflexión una vez terminado el evento, pero hay fiesta y debe haber continuidad”, valora Ávila.

Las jornadas continúan. La Fiesta todavía no acaba. Esta vez, viajaremos hasta Gibara, allí donde los cangrejos “hablan” y te dan la bienvenida. Allí donde los sueños, junto al mar, se hacen más eternos, allí donde la solidaridad de las Brigadas Artísticas Internacionales se escuchará como un fuerte grito.

Poemas, poéticas, poetas

Por Moisés Mayán

La tarde del 27 de octubre llovía copiosamente sobre la ciudad. Sin embargo, un grupo de casi 40 personas nos apretamos en la porción techada del patio de la Uneac, para enterarnos de una buena vez del ganador del décimo octavo Premio Nacional de Poesía “Adelaida del Mármol”. La voz de Betsy Remedios se añadió al fondo musical que había iniciado la lluvia, mientras las manos de Carlos de la Rosa se desplazaban como ágiles arañas sobre el teclado. El solista Luis Orlando Cruz, fue otro de los encargados de rivalizar con la cortina líquida que desprendían los aleros de la antigua Casa de los Mollúa.

Y entonces llega el momento, Ronel González lee el acta en representación de los restantes miembros del jurado, Kenia Leyva y Delfín Prats. Nadia Sánchez, subdirectora del Centro Provincial del Libro, aguarda para entregar el diploma acreditativo. Por fin aparece el primer nombre, Frank Castell, el puertopadrense que se alza con una mención por su cuaderno Biografía de un insecto, y se escucha la segunda clarinada, mención también para Hugo González, el psicólogo que no se resiste al empuje del verso, y nos lega un texto de sobrecogedora hermosura El vértigo de la plenitud. Hay aplausos que se van atenuando por el repiqueteo de la lluvia.

Para esta convocatoria, el Centro de Promoción “Pedro Ortiz” decidió que además de la tradicional versión impresa, los autores pudieran presentar sus libros en formato electrónico. Por eso recibimos 35 propuestas de varias localidades del país. Por eso implantamos un nuevo récord en cuanto a aspirantes al galardón. ¿Y el premio? ¿El Adelaida? Hay un volumen que descuella entre los otros, raro, perturbador, con alteraciones sintácticas de acuerdo a la elaboración convencional del discurso, sesgado, áspero, papel de lija sobre los ojos. Un libro que no debe quedar al margen, aunque ese margen sea realmente estrecho.

Premio Nacional de Poesía ”’Adelaida del Mármol’

¿Vamos quién fue el ganador? Un muchacho. ¿De dónde? De Moa, aunque realmente nació en Sagua de Tánamo. Portador de una poesía fabril, quise decir febril. ¿Su nombre? ¿Por qué esa manía de nombrar las cosas tan despacio? Bien. Edurman Mariño Cuenca. El Diploma está en sus manos. Los flashes le abrillantan el rostro humilde. No se lo cree. Hasta que el aire de la carretera no lo despeine. Hasta que no desembarque después de casi cuatro horas en Moa. Hasta que no pise otra vez el suelo rojizo. No se lo va a creer.

El Premio se va convirtiendo en un concurso de vanguardia. Ahora mismo no encuentro otro término. Holguín es un importante bastión de la lírica insular, pero el Adelaida se desmarca, se desalmidona y le planta cara a esa realidad. Los últimos cuadernos dan fe de esta aseveración. Geometría de Lobachevski, de José Luis Serrano, es una propuesta absolutamente transgresora a pesar del empleo de un soporte de estrofas clásicas. Es algo así como la desconstrucción de la lógica. La búsqueda de una poesía que sucede por reacción (al)química y no porque el sentido común sumerja sus peludas patas en la sopa. La máquina de fallar, de otro José (Aberto Pérez para más señas), es un texto que el propio Serrano reconoce como “no apto para todos los estómagos”.

Y ahora Edurman con El estrecho margen. Creo que estamos enviando coordenadas a otros certámenes de la Isla. Creo que estamos reajustando cierta invisible maquinaria. La convocatoria del 2018 ya está sobre el tapete, y ahora mismo mientras escribo este artículo, quizás en algún lugar de Cuba, un poeta, cuyo nombre desconozco, esté afilándose los dientes.

Premiar nuestro vino

Por Julio César

El VIII Festival Iberoamericano de Vinos Artesanales cerró sus puertas en la noche del 26 de octubre con la tradicional premiación de las mejores producciones. El espacio se desarrolló como es habitual en el Centro Cultural Ibérico, que por estos días festejó la década de fundado y se centró en los homenajes por los 75 años del fallecimiento del poeta español Miguel Hernández.

De la velada no se ausentó el buen arte, sin importar su latitud, por tal motivo se presentaron los trovadores mexicanos Humberto Hernández Alarcón y Saúl Domínguez, quienes interpretaron  temas tradicionales del país norteño, así como otros más populares como “Cucurrucucú, paloma”, de Pedro Infante, todo para, como aseguran los visitantes, traernos un pedacito de su país y su historia a través de la música. Los jóvenes realizaron además un sentido homenaje musical a las víctimas de los sismos que sufrió esta región el pasado mes de septiembre, con un bolero de Rafael Cárdenas.

Eduardo Pérez elaboró el vino más popular del concurso Foto: Carlos Rafael

Por su parte el talento del patio no se hizo esperar, y fue a través del Grupo “Alto concepto”, cuatro talentosos jóvenes que se encargaron de realizar los intermedios musicales, interpretando piezas populares del repertorio nacional e internacional: referentes de la talla de Antonio Carlos Jobim, Miguel Matamoros o Pancho Céspedes, entre otros.

La copa principal de la jornada constituyó la premiación de los vinos en las diferentes categorías. Con el previo agradecimiento a los catadores de Villa Clara, Carlos Alba y Antonio Moya, este último fiel participante de todas las ediciones anteriores, así como a los holguineros, se desarrolló la entrega de los lauros.

Un proceso donde las muestras que concursan están ocultas, es el elegido para seleccionar los mejores vinos, que primero pasan por el proceso de cata, y luego de degustación, se da a conocer el ganador mediante un “disloque” entre la encargada de la mesa de cómputo, Nelvis Batista, la recepcionista de los vinos, Ivette Pupo, y quien trae el cambio de los números, Abilio Torres; solo para dotar de imparcialidad la competición.

En la categoría de “Rosado” rivalizaron 9 muestras: el tercer lugar fue para un “Vino de saúco” de 2016, elaborado por Nilvia Aguilera; el segundo fue para Rosell Martínez, con una combinación entre uva y ciruela de 2015, y el primero para Raquel López con un producto de uva, de 2013.

De los “Blancos” compitieron 15 muestras: el tercer lugar fue para un vino de manzana del año 2016, elaborado por Eduardo Pérez, el segundo para uno de tamarindo, de 2015, elaborado por Juan Infante, y el primero para la combinación entre piña y uva de Luis Bermúdez.

El Vino tinto contó con 10 muestras: el tercer lugar fue para un vino de uva-saúco de 2016, elaborado por Abilio Torres, el segundo para un vino de uva de 2015, de Javier Marrero, y el primero fue para otro con base en el propio fruto, pero de 2016, bajo el sello de Eduardo Pérez.

Cada provincia tiene su vino tradicional, el de Holguín es el de marañón, y en esta ocasión compitieron Villa Clara, Guantánamo y la sede, para un total de 12 muestras, de las que el tercer premio fue para un vino de marañón de 2015, elaborado por Raquel López, de igual forma el segundo fue para otro de la misma fruta, pero esta vez de 2012, creado por Olga Rueda, y el vencedor fue el de Tamarindo de 2015, del villaclareño Carlos Alba.

El vino más popular, que se escoge a través de una cata por parte del público, fue el “Viña 2016” de Eduardo Pérez. Por otra parte, el Gran Premio, por el vino que más puntos gana en la cata oficial, fue para Raquel López, fundadora del Club holguinero de vinicultores y la más experimentada de este grupo.

Organizado por el Club Martiano de Vinos Bayado, en la velada se garantizó la continuidad del Festival Iberoamericano a través del lanzamiento de la convocatoria para la 9na edición, a realizarse el año próximo.

¡A bailar con la Avilés y Carpacho!

Por Julio César

Alegres, jocosos y fiesteros, con ese sazón que identifica a los latinoamericanos se nos presenta el grupo “Carpacho y su Súper Combo”, quienes no renuncian a sus raíces musicales a pesar de radicar en un país que no es el de origen: Estados Unidos.

Músicos ecuatorianos, colombianos, estadounidenses y cubanos se fusionan para conseguir gran éxito en sus presentaciones, así como amplia aceptación en los diferentes escenarios. A la mayor de las Antillas ha arribado la multicultural agrupación, esta vez con motivo de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana.

Con beneplácito celebra la Centenaria su aniversario. Foto: Carlos Rafael

Incluidos en varias actividades, uno de los espacios donde “Carpacho…” cautivó a quienes disfrutan de la Fiesta fue cuando cerraron el Gran concierto por el cumpleaños 135 de la Orquesta “Hermanos Avilés”. “La centenaria y mambisa” agrupación inició la prometedora noche del 26 de octubre, cautivando a los bailadores que desafiaron la lluvia para disfrutar de temas como “De medio la´o”, o “Todos quieren bailar”, entre otros. Frente a un público heterogéneo y de diferentes edades, los integrantes de “la Avilés” anunciaron como regalo por los festejos, la grabación de un disco con la EGREM.

Por su parte, los visitantes a través de una energía contagiosa, así como de un estilo jocoso y desenfadado, lograron una complicidad que desestimó las barreras del sueño cuando la noche avanza, para calentar la pista de los holguineros. Toda una descarga latina se produjo cuando se unieron varias culturas de iberoamérica para festejar como hermanos.

Allá por 1986 en el país norteamericano, surgió la idea de integrar una banda con artistas de varios países ubicados más al sur de esta geografía, todo ello con el objetivo de fusionar el sonido típico de la música que les identifica y así arraigarse a sus tradiciones. Por tal motivo, durante estos años se han especializado en géneros tropicales como la salsa, la cumbia, el merengue, el jazz latino y el Cha cha chá.

Un rapor considerable con el público holguinero. Foto: Carlos Rafael

Las influencias musicales más marcadas de esta agrupación, según su líder Roberto “Carpacho” Marín, de origen colombiano, se remiten a las Fania All-Stars, Tito Puente, el Grupo Niche y Oscar D’Leon. Con una estructura que varía en dependencia del espectáculo que ofrezcan, el “Súper Combo” posee un ensamble de siete piezas que incluye bajo, dos trombones, timbales, congas, percusión y piano.

Una sección rítmica muy ajustada, así como un excelente trabajo de conjunto instrumental y vocalmente, constan como las principales fortalezas de este grupo que prefiere la salsa clásica dentro de su repertorio, pero sin menospreciar al Latin Jazz.