En Ediciones Holguín, guerras de independencia y literatura cubana

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos de la autora

Como parte de las actividades por la Jornada de la Cultura Cubana, que se desarrolla hasta el próximo día 20 de octubre Ediciones Holguín acogió el panel “Guerras independentistas cubanas y literatura”, con el historiador José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia, y los escritores holguineros Eugenio Marrón Casanova y Kenia Leyva.

En el mismo Abreu Cardet destacó la importancia de la documentación de las guerras que han servido como soportes invaluables de investigación de la vida y el pensamiento de la época, como es el caso de los diarios, que aportan una versión personal de los sucesos.

Por su parte Marrón presentó dos novelas que han marcado el panorama histórico y literario cubano, pues exploran zonas poco conocidas de personajes y momentos trascendentales de las gestas libertarias, ellas son A media noche llegan los muertos, de Eliseo Altunaga, y El Caballo bermejo, de Joel James.

A su vez Kenia Leyva, editora del propio sello, abordó el papel de la prensa cubana durante los sucesos de la guerra, destacando publicaciones insignes como El Cubano Libre y Patria.

En el espacio leyeron poemas los escritores Moisés Mayán, del libro Carga al machete, y Ronel González, autor que en sus más recientes libros ha explorado este importante tema.

Diversos paneles, conversatorios, exposiciones de artes plásticas y presentaciones musicales, escénicas, literarias y audiovisuales centran en Holguín el extenso programa de actividades que se realiza con motivo de esta Jornada de la Cultura Cubana, que en la provincia se dedica a los 300 años del pueblo de Holguín, al 150 aniversario de creado el Himno que identifica a la ciudad, al 115 del natalicio de la escritora María Dolores Suárez, al 90 del nacimiento de la reconocida autora Lalita Curbelo Barberán, al 125 de la Invasión a Occidente de las tropas del Ejército Libertados y al 20 del Sistema de Ediciones Territoriales, culminará el día 20 con una gala en el Complejo Cultural Eddy Suñol.

 

 

 

 

 

Holguín en Jornada de la Cultura Cubana

Por Vanessa Pernía Arias

Foto cartel Jornada de la Cultura Cubana

Diversos paneles, conversatorios, exposiciones de artes plásticas y presentaciones musicales, escénicas, literarias y audiovisuales centran en Holguín el extenso programa de actividades que se realiza con motivo de la Jornada de la Cultura Cubana y se desarrolla hasta el próximo día 20.

Entre las momentos más sobresalientes se encuentra el Concierto para Familia, proyecto dirigido el maestro Oreste Saavedra con la actuación de la Orquesta Sinfónica de Holguín, la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento, el dúo de guitarras Sabaret, la Orquesta de Guitarras, y estudiantes del Conservatorio de Música José María Ochoa y de la Escuela Vocacional de Arte Raúl Gómez García, en la Biblioteca Provincial Alex Urquiola.

Otro momento significativo resulta la exposición fotográfica Arquitectura patrimonial holguinera en tres siglos de Historia, del realizador audiovisual Frank Batista, la cual muestra las construcciones de la ciudad que han marcado una pauta en el devenir local.

En este sentido destacan las conferencias y conversatorios dedicados a las guerras de liberación, como el panel “Guerras independentistas cubanas y literatura”, desarrollado en Ediciones Holguín, con el historiador José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia, y los escritores Eugenio Marrón y Kenia Leyva.

Durante los próximos días se desarrollarán otras actividades que incluye un encuentro de repentismo online auspiciado por el Centro Provincial de Casas de Cultura; la muestra “Lalita Curbelo como expresión de la mujer dentro de la cultura cubana”; la retreta en saludo al Día de la Cubanía, a cargo de la Banda Provincial de Conciertos; una exposición colectiva de artistas holguineros, organizada por la filial del Fondo Cubano de Bienes Culturales y el Centro de Artes Plásticas; y la Feria de los Trovadores.

También la Brigada de Instructores de Arte José Martí tendrá su protagonismo en las comunidades, además de las presentaciones escénicas de los grupos del territorio; mientras el día 23 se celebrará el 27 aniversario de la Casa de Iberoamérica, y el 24 iniciarán las sesiones y cursos del Congreso Iberoamericano de Pensamiento.

Por su parte las editoriales holguineras mantienen un amplio programa de presentaciones de libros, lecturas y paneles, donde destaca la propuesta de Ediciones La Luz, mientras que Centro Provincial del Cine propone, entre otras novedades, la premiére del cortometraje Confinamiento, del realizador holguinero Jimmy Ochoa, obra que participó en la muestra online InAcción del Festival Internacional de Cine de Gibara.

Esta Jornada, que se dedica en la provincia a los 300 años del pueblo de Holguín, al 150 aniversario de creado el Himno que identifica a la ciudad, al 115 del natalicio de la escritora María Dolores Suárez, al 90 del nacimiento de la reconocida autora Lalita Curbelo Barberán, al 125 de la Invasión a Occidente de las tropas del Ejército Libertados y al 20 del Sistema de Ediciones Territoriales, culminará el día 20 con una gala en el Teatro Eddy Suñol (Con información de la Agencia Cubana de Noticias, ACN).

Reestructuran Consejo Editorial Provincial de Holguín

El Consejo Editorial Provincial de la Dirección de Cultura quedó oficialmente reestructurado en Holguín tras firmar sus quince miembros la diligencia de notificación.

El Consejo Editorial Provincial de la Dirección de Cultura quedó oficialmente reestructurado. Foto del autor

Directivos de importantes organizaciones y editoriales, escritores de reconocida trayectoria e intelectuales de probada competencia profesional y capacidad crítica conforman el nuevo Consejo del nororiental territorio, que durante varios años había sido uno de los más reconocidos del país.

Nombres como Hiram Pérez Concepción, Ángela Peña Obregón, Armando Cuba, Eugenio Marrón y Lourdes González prestigian al grupo, que será convocado al menos con frecuencia cuatrimestral y en cada sesión evaluará la marcha de los planes aprobados y las propuestas de cambios.

Nombres como Hiram Pérez Concepción, Ángela Peña Obregón, Armando Cuba, Eugenio Marrón y Lourdes González prestigian al grupo. Foto del autor

La directora de Cultura Provincial y presidenta del Consejo, Rachel García Heredia, explicó que sus integrantes “tendrán entre sus tareas el establecimiento de balances, la evaluación de tendencias, el diseño y despliegue de procesos de promoción y circulación de los libros, así como la proposición y aprobación de estrategias para perfeccionar el funcionamiento y alcance de las editoriales que se le subordinan, sin condicionar ni comprometer la calidad de los textos a publicar”.

Por Bernardo Cabrera

Delfín Prats en la intensa luz de su poesía

Por Erian Peña Pupo

Delfín Prats se inclina sobre la mesa, abre el libro y busca la página precisa aunque no la necesite; podría asegurar que Delfín sabe casi de memoria la mayoría de sus poemas.

Oscurece sobre Holguín, es verano, justo ese momento indescriptible en que la tarde agoniza y deja escapar sus últimos estertores en la calidez del trópico. En la terraza de Ediciones La Luz, a pocos metros del salón Abrirse las constelaciones, nombrado así precisamente por uno de sus poemas más conocidos, Delfín Pratsese poeta inmenso al que los jóvenes leemos y sentimos cercano, generacionallee irresoluto y tempestuoso, varios de sus textos. Lo hace con una soltura poco común, un desenfado particular, una especie de gracia aurea que lo invade todo sin remedio. La voz casi performática de Delfín se esparció aquella tarde en La Luz, una editorial que lo ha tenido como ángel tutelar, entre escurridizo y vital, casi desde los días fundacionales en 1997, para reafirmarnos esas palabras harto conocidas: Delfín Prats Pupo, autor de apenas unos pocos libros, que ha escrito y reescrito desde su germinal Lenguaje de mudos en 1968 hasta su Poesía completa, que justamente le publicara Ediciones La Luz, y con varias nominaciones a un Premio Nacional de Literatura que cada año los seguidores de su obra esperamos reciba, por una cuestión de justicia literaria, de verdadero calado en el corpus lírico nacional, es uno de los escritores más necesarios de Cuba.

Por un buen tiempo guardé en mi celular un video –hoy perdido lamentablemente en algún desliz tecnológico– en el que Delfín leía –o buscaba en los entresijos de su memoria– en aquella peña estival, donde un joven acompañaba a un autor reconocido, aquello de No vuelvas a los lugares donde fuiste feliz/ a la isla que con él recorriste/ como Adriano los dominios de su imperio/ con el muchacho de Bitinia/ (ese mar de arenas negras/ donde sus ojos se abrieron al asombro/ fue solo una invención de tu nostalgia).

La Luz, después de su nacimiento con Bufón de Dios, del entonces joven decimista José Luis Serrano, siguió “un camino azaroso, con discontinuidades y parpadeos que amenazaban la permanencia de un sello que en sus inicios sumó los primeros libros de algunos autores o dio continuidad a la carrera literaria de otros”, escribió el poeta Luis Yuseff en “Recorrido de la luz: onda o partícula”, prólogo al Catálogo de la editorial 1997-2015.

Fotos Adrián Aguilera, Wilker López y cubiertas cortesía de Ediciones La Luz

Muchos de estos títulos aparecieron en la colección Libros de Bolsillo, a la que seguiría una época de coedición con Ediciones Holguín. A partir del 2000, el sello de la AHS en Holguín no volvió a publicar en solitario hasta el 2006, cuando –gracias a diferentes empeños, tenacidades y gestiones, subraya Yuseff– salieron a la luz tres títulos que pudieron presentarse en la Feria Internacional del Libro de La Habana, entre ellos una selección de poemas de DelfínPrats aparecida en la colección Capella, con ilustración de cubierta de Armando Gómez: Striptease y eclipse de las almas. Desde ese momento –y sospechamos que desde los propios orígenes– la obra de Delfín estaría ligada a La Luz.

 

Al año siguiente, en 2006, la editorial estrena la colección Abrirse las constelaciones, homenaje explícito a Delfín. El primer libro aparecido en esta colección –y también primero del autor– sería Fábula del cazador tardío, poemario del holguinero Moisés Mayán.

La mayoría de los títulos publicados en la mismapertenecen al género lírico: Muchacha de Eliot, de Alina Alarcón; Toda la sombra, de Kiuder Yero; Herederos de la culpa, de Lisandra Navas; Música de fondo, de Yanier H. Palao; Tratado sobre la emoción, de Fabián Suárez, entre otros libros. Pero incluiría, además, otros géneros: Morir con las botas puestas, cuentos de Alex Jorge, Cierra la boca, teatro de Yunior García...

Poco después, en 2009, la AHS le entregaría el Premio Maestro de Juventudes, a propuesta de la Filial holguinera, en un acto presidido por el Ministro de Cultura, Abel Prieto. Era un acto de justicia reivindicativa a uno de los autores más influentes en los jóvenes poetas cubanos. Más de una generación, desde la cristalizada a fines de los 80 hasta acá, había sentido cercana la obra del poeta holguinero nacido en La Cuaba, en 1945.

 

En 2010 en la colección Quemapalabras –estrenada poco antes con El sol eterno. Antología de jóvenes poetas holguineros, La Luz publicó un audiolibro con la poesía de Delfín. El brillo de la superficie, gestado por el poeta y realizador audiovisual Pablo Guerra, quien dirigiera,además, un documental homónimo donde registra las sesiones de trabajo, fue grabado por Delfín en mayo de 2010 en los estudios de Radio Holguín La Nueva. Por primera vez su voz quedaba “atrapada” en un audiolibro –que se reeditaría en 2017–, mientras leía y comentaba los poemas. Ya no podría deshacerse de ella, pasaría de USB en USB entre los jóvenes lectores, sería escuchado en la intimidad del hogar, en los reproductores cerca del mar…Ámala pero ámala/ como si todo hubiese concluido y pasado/ como si desde el futuro más remoto/ recordaras el vino de tus mejores años/ el verano de mil novecientos ochenta/ el catorce de abril/ cuando fue tuya/ en un hotel cercano del mar/ cuyas ventanas no daban al mar/ pero en el viento su rumor llegaba/ y ella venía a ti como una ola/ muriendo a las orillas de tu cuerpo.

La Luz estrenaría en 2011 la colección Analekta. Al sencillo formato horizontal y su corta tirada, se añade la ventaja de su fácil elaboración, en comparación con otros libros de mayor hechura, y el hecho tangible de haber publicado el primer texto de muchos autores locales y de otros lares. El libro que inició esta colección, la Analekta 1, fue justamente Los mundos y las sombras, de Delfín Prats. Con ilustración de cubierta de Miguel Ángel Salvó, el libro contiene los poemas “Alguien está tocando una trompeta”, “Lento y difuso”, “La sombra de una mujer que amó”, “Velas”, “Evadida” y “Cavas”.

Con la inauguración de la hermosa sede actual de La Luz –donde una vez estuvo ubicada la AHS holguinera y en un local de esta, la editorial– en la calle Maceo 121 altos, el Salón de presentaciones recibió el nombre Abrirse las constelaciones, homenaje al autor de Para festejar el ascenso de Ícaro, Cinco envíos a arboleda y Líricaamatoria.

Otro momento particularmente especial –tanto para la editorial como para el autor– fue la publicación en 2017 de El brillo de la superficie, la Poesía Completa de Delfín Prats.

Con motivo al cincuenta aniversario del Premio David de Poesía a Lenguaje de mudos, libro prístino de Delfín, La Luz propuso esta suerte de Poesía Completa organizada por el propio autor. El brillo de la superficie no es una simple sumatoria de poemas en la vida de un hombre, sino una reivindicación necesaria –muy a su pesar– a una de las voces más singulares y exquisitas de la lírica hispanoamericana. Desde el mismo centro, donde se fraguan los secretos privilegios de la existencia, el autor de estos poemas ha sabido dotar de una brillantes inusual a la indiscreta superficie, donde casi nada es lo que parece”, leemos en la nota de contracubierta del libro, con prólogo de, poeta, narrador y ensayista Ronel González, uno de los mayores estudiosos de la obra de Delfín.

Poeta intenso y meticuloso, dueño de la palabra y su connotada polisemia, Delfín Prats penetra en las interioridades de su isla que es la sumatoria de tosas las islas, replantea la cubanidad como un nexo indeleble con sus modos particulares de aprehender el entorno y nos dice que, de algún modo, él también es la suma de las aspiraciones de un siglo que se extingue para que nazca otro, un tránsito iluminado cuya mayor gloria es haber estado cara a cara y establecido un diálogo intemporal con las esencias de la Poesía”, escribe en el prólogo Ronel, autor de Temida polisemia. Estudio de la obra literaria de Delfín Prats, publicado por Ediciones Áncoras, de Isla de la Juventud.

Recientemente Delfín publicó, por Ediciones Holguín, El huracán y la palma, una peculiar antología de la poesía cubana que constituye “un acto de reverencia” y “no tiene otro propósito que el de comunicar a sus lectores mi experiencia en esa materia resbaladiza que es la poesía, en este caso la escrita en nuestra patria”, escribe y añade: “Nuestra selección tiene como destinatario a la gente que necesita la poesía, que busca en ella respuestas a sus interrogantes vitales. Estos poemas son una fiesta de humanismo y belleza que dedico a los jóvenes cubanos y de otras latitudes dentro del ámbito de la lengua”. Desde José María Heredia hasta Juan Carlos Flores, pasando por Milanés, Martí, Casal, Poveda, Guillén, Lezama, Piñera, Baquero, Eliseo Diego, Vitier, Padilla, Nogueras, Hernández Novás, entre otros, Delfín nos entrega una selección de textos de escritores ya fallecidos que integran parte del selectísimo cuerpo poético del país.

Aunque asegure que está “desasido de todo proyecto” y como el barco ebrio de Rimbaud, pretende “ir descendiendo por ríos impasibles”, por suerte esta no parece ser su poesía completa, ni mucho menos definitiva. “Escribí un poema”, me dijo Delfín hace poco. “Lo leí en la peña en Ediciones Holguín, pero aún no está terminado”, remató.

Un nuevo poema escrito por Delfín –que escribe tan poco, que insiste en reescribir versos y hasta eliminar dedicatorias de antaño de sus poemas– es una buena noticia para quienes seguimos su obra. Esperemos que su afán detallista nos deje conocerlo pronto.

Delfín carga el peso de su condena sin embestir contra los filisteos. Sabe muy bien, porque los tanques de la guerra vuelven en sueños a conmover la noche, que vivir en un recobrado y dulce lugar llamado humanidad no es suficiente. Por eso el bardo prefiere un largo alegato de amor y se decide únicamente por esa belleza transitoria y efímera.

Delfín Prats ha acompañado los viajes de la luz y lapoiesis. Ambos le protegen como fieles guardianes de otros tiempos. El poeta, en cambio, sabe que sus versos se asomaron mucho más allá/ ellos vieron/ del otro lado del horizonte/ abrirse las constelaciones.

45 años de un infante redivivo

Por Abel Castro Sablón

Guillermo Cabrera Infante nació en Gibara el 22 de abril de 1929. Sus padres eran comunistas convencidos y bajo esta condición vivió o, mejor dicho, aprendió a sobrevivir y a los siete años sufrió prisión a causa de la represión que padeció el comunismo en esa época.

Precisamente, esta fue la causa principal por la que sus padres decidieron trasladarse para La Habana en 1941, en el inicio mismo de la adolescencia de Guillermo, a quien, probablemente, este cambio de escenario, de amigos, de “iluminación” (en el solar al que se mudaron casi no entraba el sol) le reforzó una condición que ya padecía: la timidez.

La nueva vida de Cabrera Infante se le antojaba poco promisoria y agónica, lejos de todo lo que había conocido y amaba, incluyendo a su primer amor: una prima hermana de ojos verdes que le “descubrió el amor y los celos”. Sin embargo, en este nuevo escenario fue descubriendo nuevas realidades, fantasías y pasiones.

Fotos tomadas de Internet

Es precisamente en este contexto en que se nos empieza a narrar la historia de La Habana para un infante difunto, cuando, el 25 de julio de 1941, como él mismo dice con exactitud que comenzó su adolescencia; la llegada al solar (que él llamaría falansterio) de Zulueta 408 le abrió las puertas de una nueva educación. Aquí él va adentrándose cada vez más en el mundo amoroso, primero, con la inocencia de la timidez y, luego, con la consumación en la madurez.

Este es un libro de obligada lectura para quienes quieran entender el carácter sexual de los cubanos. Guillermo Cabrera Infante esboza perfectamente la vida habanera antes de la Revolución y asombra con lo que parecen confesiones autobiográficas sobre sus preferencias sexuales y sus propias vivencias, amén del joven que va en la búsqueda del amor y el sexo, y la vida le va abriendo las puertas (¿piernas?) cada vez más.

Pero no solo es de sexo el viaje de Cabrera Infante, sino que, a la vez que va escudriñando en la sexualidad, va introduciéndose en otras pasiones como el cine, la música y la literatura. Mediante su verbo, nos lleva en un recorrido turístico por los múltiples cines de la capital y se puede, incluso, caer en una sinestesia (¿cinestesia?), al calor de las emociones descritas por el autor, que vivió su juventud de cine en cine buscando sexo y de posada en posada, consumando el acto.

El solar en la Habana Vieja es otro de los protagonistas de la historia. Sus inquilinos con sus oscuros secretos y deseos inconfesables o no. Viejos edificios que han acogido desde siempre a los habaneros de menor poder adquisitivo, que le aportan a Cabrera Infante una “fauna social” extremadamente exótica y rica en experiencias, modus vivendi.

Resultan impactantes en el trayecto por la vida sensual del autor varios detalles: primero, sus más íntimos pensamientos en cuanto al sexo, plasmados con desparpajo en el texto; una característica fundamental de la cubanía presente en el libro. Lo segundo, el descubrimiento de que la jerga sexual habanera no es de nueva invención, sino que incluso en una década tan lejana como la de los cuarenta ya se utilizaba.

CAPÍTULO I: FUNCIÓN CONTINUA EN LA CASA DE LAS TRANSFIGURACIONES.

La Habana para un infante difunto, en comparación con otras obras de Cabrera Infante, es un libro menos experimental, sobre un escritor en busca de sí mismo, de un adolescente que va en busca de la adultez y, a la par, va descubriendo (a veces sin quererlo) el amor, el sexo, la musicalidad y la música; el cine como fenómeno y como espacio, ese espacio que se hace recurrente en la obra, como un leitmotiv obligado.

La Habana para un infante difunto recrea los recuerdos de niñez y adolescencia de un narrador siempre innominado, pero que es fácil identificar con Cabrera Infante ya desde el guiño del título. Más de un elemento de la biografía del narrador coincide con la del autor; incluso alguna descripción física, por ejemplo, al contar que le apodaban “el chino” por la forma de sus ojos, aunque, que el supiera, no corría sangre asiática por sus venas.

El tiempo narrativo abarca dos décadas: concretamente desde 1941, año en que la familia del narrador se instala en La Habana, tras emigrar de Gibara, un pueblo cubano de la provincia de Oriente; hasta 1959, cuando triunfa la Revolución.

En la primera y segunda páginas de la novela, el narrador sube una escalera en La Habana, recién llegado del pueblo: “No sólo era mi acceso a esa institución de La Habana pobre, el solar (…), sino que supe que había comenzado lo que sería para mí una educación”.

La Habana para un infante difunto recorre durante dos décadas el aprendizaje sexual o amoroso del narrador; más o menos desde que tiene doce años hasta que alcanza los treinta. Los capítulos son de muy variada extensión: desde dos páginas hasta más de cien; y existen dos premisas lógicas bajo las que están construidos: o bien se narra todo lo que sucedió (relacionado con el amor y el sexo) en un lugar (o lugares); o bien se narra todo el tiempo que dura una relación con una mujer en concreto.

En el capítulo inicial, titulado La casa de las transfiguraciones, la familia del narrador se instala en un solar de La Habana, al que él empezará a llamar “falansterio”. En este edificio de pobres se comparte el baño y casi la vida con los vecinos, puesto que en muchos casos sólo una tela hace de puerta.

El narrador nos hará un recorrido por su falansterio al albor de haber tocado un pecho aquí, haber visto unas nalgas allá… Algo parecido ocurrirá más avanzado el libro, cuando ya el protagonista alcance la adolescencia, y sea en la oscuridad de los cines donde pretenda “conocer”  mujeres, mediante la técnica de sentarse cerca y rozar.

Son más notables, en todo caso, los otros capítulos señalados, aquellos en los que la presencia de una mujer toma la suficiente importancia en la narración como para que el autor nos hable de su relación con ella durante, por ejemplo, cincuenta páginas. La Habana para un infante difunto gana en estos pasajes, porque las memorias de este Don Juanito de La Habana (como se hace llamar con comicidad el narrador a sí mismo, burlándose de su enjuta presencia física) fluyen mejor en el tiempo.

En La Habana para un infante difunto, la narración tiene el defecto de hacerse un poco reiterativa en aquellos capítulos que evocan lugares, y que quizá su no carácter de novela social, no permite leer unas memorias sobre los años 40 y 50 en La Habana que solo hablasen de relaciones sexuales o amorosas.

Aunque es muy probable que en más de una de estas páginas muchos hombres  se hayan enfrentado a los recuerdos de su propia historia sexual o amorosa, y que si bien no todas las páginas avanzan con la fluidez deseada, no se puede negar que el ingenio de Cabrera Infante a la hora de usar (o crear) el lenguaje hace que cada página de este libro contenga más de un hallazgo que celebrar.

 

CAPÍTULO II: PANORAMA DE LA HABANA

En La Habana para un infante difunto el autor no se enfoca en hacer una descripción detallada de locaciones o situaciones típicas habaneras de la época, salvo, quizás, las escenas cotidianas en el solar. Aunque sí aparecen esporádicamente, elementos ilustrativos de la vida citadina de aquellos años.

Otros elementos que van apareciendo paulatinamente son los vocablos empleados en La Habana de mitad de siglo y los objetos o cosas que estos designan; muchos de ellos se mantienen hasta nuestros días, como es el caso, por ejemplo, del “reverbero”, especie de cocina con alcohol, altamente inflamable, creada por el ingenio de la necesidad del cubano.

Cabrera describe de manera ilustrativa la vida cotidiana en el solar; el uso de la cocina colectiva y el baño colectivo, con servicio colectivo, elementos todos a los que el narrador hace rechazo por atentar contra la privacidad. Precisamente este es otro aspecto tocado por Cabrera Infante, la privacidad de los cuartos, o mejor dicho, la poca o nula privacidad de estos, pues muchos solo tenían por puerta, una cortina.

Pero, por ejemplo, no se preocupa por describir otros fenómenos sociales como la situación que vivía Cuba, específicamente La Habana, durante la Segunda Guerra Mundial, en la que la Isla se veía involucrada “al menos nominalmente” y a lo que el narrador apenas se refiere en el libro como “la guerra”.

CAPÍTULO III: ¡MÚSICA, MAESTRO!

En La Habana para un infante difunto, Cabrera Infante hace uso constante de la flexibilidad que le permite el lenguaje. Así, va nutriendo el texto de constantes juegos de palabras, aliteraciones (y alteraciones), con fines estilísticos pero también en busca de la musicalidad de un discurso.

El lenguaje en muchos casos es creado por el autor cambiando una letra, o unas pocas letras, de una palabra para significar otra cosa por asociación, o se usan palabras que suenan de forma parecida. Entre los juegos de palabras se encuentran, por ejemplo, estos: “Camarada sin cama”; “columnas, más toscas que toscanas”; “mi pene y yo –socio sucio–”. Las aliteraciones también son frecuentes: “le dio un vuelvo veraz a su voz”; “coto de caza del coito”, y las paradojas: “No sé cómo mi timidez se atrevía a tanto: creo que de no haber sido tan tímido no habría sido así de atrevido”.

En esta novela se hace un uso excepcional de los acentos y de la rima que le dan un toque de composición musical, como de Jazz, a la vez que juega con el sentido de las palabras, siempre bien intencionado y dirigido a un objetivo estilístico y narrativo.

Pero también la composición musical tiene su espacio en la obra, aunque un poco elitista, hay que decirlo, quizá por el gusto del autor. Es por ello que se hacen referencias constantes a clásicos, en especial a Claude Debussy, con cuya obra La plus que lente intitula uno de los capítulos Cabrera Infante. Es también el recordatorio de su primera mujer “Julieta”, quien se extasiaba sexual y auditivamente con “El mar”, de Debussy.

CAPÍTULO IV: LA SONRISA DE UN INFANTE

Además de la exuberancia del lenguaje recordado o inventado, es destacable también el sentido del humor. Más de una vez el lector se hallará riendo ante un juego de palabras; y en este sentido el libro es profundamente literario, ya que no solo nos reímos de las situaciones propuestas, de las interacciones cómicas entre los personajes (aunque esto también abunda en la novela), de lo que podría ser con facilidad transferible a una pantalla de cine, sino de la forma en la que la escena está creada, de la forma de expresarlo, de lo que sólo pueden crear las palabras como arte independiente del cine.

El otro aspecto infaltable en la obra de Guillermo Cabrera Infante es la jocosidad, que está presente en todas y cada una de las páginas del libro. El autor, por momentos satiriza situaciones o les proporciona una vis cómica aprovechando el lenguaje, por ejemplo, en el pasaje en que describe: “Sucedió que María Montoya envió a su hija Socorrito a un mandado (…) Pero doña María (…) tuvo una súbita inspiración y (…) se asomó al balcón y empezó a gritar a su hija: ´Socorro, Socorro´. (…) Pronto hubo una alarma generalizada ante aquellos gritos de ayuda urgente emitidos por una matrona en apuros (…).

Son muchísimas las situaciones como esta que Cabrera nos regala con su maestría para lo hilarante y lo que él mismo llamara “tono musical” en su lenguaje.

EPÍLOGO

Guillermo Cabrera Infante fue un hombre que nació y vivió por tres motivos: la literatura, el cine y el amor. Estos tres elementos se dan la mano y andan juntos por entre los vericuetos de La Habana de los años 40 y 50 en cada una de las páginas de La Habana para un infante difunto, sin duda todo una obra maestra de la literatura cubana y castellana del siglo XX.

Cabrera se nos muestra con desparpajo, pero a la vez con la elegancia y sutileza que solo poseen los genios, y nos llena los ojos con sus historias de amores y desamores, de cinefilias y parafilias. En sentido general, es una narración fluida y enfocada hacia adelante, aunque por momentos se haga reiterativa.

La utilización de la primera persona en el narrador apresa al lector desde el inicio mismo de la obra, casi obligándole a subir esas escaleras con él, para hacerle cómplice inseparable durante todas sus aventuras y desventuras, más como un voyeur literario que como lector.

El poder cinematográfico que posee Guillermo Cabrera Infante por momentos embelesa y enamora, y nos desvía la mirada lejos de lo que nos quiere decir, solo mediante lo sugerido más que lo implícito, regla básica de la buena literatura.

Es por ello que  La Habana para un infante difunto es obra de obligada lectura y estudio, tanto por su riqueza lingüística como sicológica. No es de extrañarse, entonces, que esta sea reconocida por muchos críticos y estudiosos como su obra maestra, aunque la más conocida y reconocida sea Tres tristes tigres.

La Habana para un infante difunto está cumpliendo, en este 2020, 45 años de haber sido escrita. Fue la obra de honor publicada con motivo de la entrega a Cabrera Infante del Premio Cervantes de Literatura en 1997, lo cual sumó a este escritor a Alejo Carpentier y Dulce María Loynaz como los únicos cubanos en recibirlo. Cabrera Infante es, tal vez junto a Carpentier, el autor cubano del siglo XX más leído y estudiado.

El arte del cine, formas y conceptos de la mano de José Rojas Bez

Por Erian Peña Pupo

El arte del cine: formas y conceptos –cuya edición corregida y aumentada fue publicada en 2018 por la editorial Pueblo y Educación– es uno de los más recientes libros del Dr. C. José Rojas Bez (Banes, Holguín, 1948). Sustentado de un sólido sistema conceptual –que relaciona las obras de arte, los medios de comunicación y la obra de arte cinematográfico con sus consiguientes géneros– y con un “sustrato en la estética, la teoría del arte y de los medios; desarrollando nuevos conceptos así como perspectivas actualizadas sobre las ya existentes”, este libro–como leemos en las palabras de contraportada– “analiza rigurosa y sistemáticamente qué es el cine, sus cualidades, funciones y relaciones con las demás artes y medios”.

Foto portada cortesía de José Rojas Bez

Rojas, profesor titular, investigador y ensayista, nos advierte en el prólogo “Estética, imágenes, instituciones, artes, matrices… cine”, ampliado para esta edición, que pretende “reflexionar sobre múltiples aspectos del cine, partiendo del deslinde de rasgos fundamentales suyos y el logro de un concepto riguroso y actualizado (…) hasta una metodología asumible, aunque no la única posible, para el análisis de filmes”. Este concepto de cine, que ha caracterizado en buena medida su obra, queda explícito desde el primer momento, aunque le dedique todo un capítulo a su búsqueda: “Arte de la sucesión coherente de imágenes comúnmente audiovisuales logradas mediante una matriz y una superficie”, asegura.

¿Qué es el cine? ¿Cuáles son sus rasgos definitorios? ¿Qué lo caracteriza como medio de comunicación, como industria y, en especial, como arte, según la teoría de la comunicación, la semiótica y, en especial, las teorías estéticas y del arte? ¿Cuáles son las propiedades, significados e importancia general de los planos y el montaje (sin ignorar el controvertido término de edición)? ¿Cómo enfocar, con auténtica coherencia y rigor, la cuestión de los géneros cinematográficos; sin perder de vista ni, por el contrario, doblegarnos a las correlaciones y las fecundas insinuaciones dadas por los géneros de otras artes y medios? Estas interrogantes, y muchas otras, motivan las incursiones teóricas y los replanteos de Rojas Bez a lo largo de este voluminoso texto (de aproximadamente 440 páginas) que resulta un material de consulta obligada para los estudiosos del cine, estudiantes e investigadores, pero también para aquellos interesados en comprender,en todas sus posibilidades, el universo fílmico.

Fundador de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, del Taller Nacional de la Crítica de Cine y de la Federación Cubana de Cine-Clubes, Rojas “reflexiona sobre los planos, el montaje y otros recursos expresivos como los letreros dentro del cuadro, también sobre los géneros y subgéneros (con cierto énfasis en el documental, el falso documental, el musical y el western); incluyendo breves monografías sobre el primer plano, el plano-secuencia, el plano sostenido, la cámara subjetiva, el cuadro en el cuadro, el cuadro en negro (o blanco, o un solo color), la sobreimpresión y otros recursos y productos fílmicos. Ofrece, además, una metodología para el análisis del cine (y los audiovisuales, en general) y una amplia bibliografía coherente con el texto y sus notas a pie de página”, leemos en la contraportada de El arte del cine.

Es importante subrayar que cada uno de estos ensayos posee una validez propia y puede leerse independientemente del libro,aunque en su conjunto conforman“una unidad mayor, multipartita”, pues se coordinan sistemáticamente, posibilitan las convergencias y el enriquecimiento mutuo. “Estas reflexiones nada temen a las nuevas ideas y prácticas fílmicas (y audiovisuales), a la especulación, al vuelo del pensamiento y puntos de vista personales; pero, también apegadas a la investigación, el rigor lógico y la seriedad intelectual, nunca menosprecian el caudal ya clásico de pensamiento y práctica artísticos”, destaca José Rojas Bez.

Al mismo tiempo, el autor posibilita –algo difícil en textos con una carga teórica así– “un lenguaje asequible a un público amplio, un estilo coloquial pero nunca, nunca vulgarizador; siempre alejados de la picardía de hacerse oscuros y retorcidos para parecer profundos, pero sin abandonar el rigor y la seriedad” que una investigación integradora como esta amerita en sí.

En los diferentes capítulos que conforman el corpus de este volumen, Rojas nos invita a adentrarnos en cuestiones técnicas como el plano y el montaje en el arte del cine; el cine como medio de comunicación, como arte e industria; la relación con el “sistema de las artes” y sus correlaciones; los géneros cinematográficos (el falso-documental, el noticiero, el western, el musical y obras y autores, entre deslindes y definiciones, como Carlos Saura, Metallica: Through The Never y Vals con Bashir) y el complejo ejercicio del debate y la crítica del filme.

Fundador del cine-club Dziga Vertov y la revista Arte 7 de la Universidad de La Habana; de los programas y textos de Educación Artística para la Extensión Universitaria y de la Filial de la Universidad de las Artes de Cuba en Holguín, José Rojas Bez es autor de numerosos libros y artículos en revistas especializadas, fue becario de la Fundación Carolina en Madrid, Valladolid y Barcelona, profesor visitante en universidades de América Latina y España, y ostenta disimiles reconocimientos a su trabajo como investigador, docente y ensayista en Cuba y el exterior.

Ediciones Holguín, 34 años al pie de la letra

Por Erian Peña Pupo

El escritor Eugenio Marrón asegura que cinco acontecimientos culturales pueden sintetizar los años 80 en Holguín: la creación de Ediciones Holguín y del Premio de la Ciudad; la constitución de la Uneac; el surgimiento del suplemento Ámbito; la exposición La estampa gráfica latinoamericana, auspiciada por la Casa de las Américas en los salones de la Biblioteca Provincial; y la presentación de la ópera La Traviata, realizada por el Teatro Lírico Rodrigo Prats.

“Cada una de ellas, como los dedos de una mano, descubre las huellas de un quehacer que ya constituía, para decirlo a la manera de un título lezamiano, imagen y posibilidad”, añadeMarrón.

El Premio de la Ciudad –que en sus primeras ediciones tuvo jurados del renombre de César López, Pablo Armando, Miguel Barnet, Manuel Díaz Martínez, Abelardo Estorino, Pepe Rodríguez Feo, Carilda Oliver Labra, Reynaldo González, Emilio de Armas, entre otros– abrió en 1986 las puertas a un fuerte movimiento literario que se venía gestando décadas atrás en Holguín. Ese mismo año –nos recuerda la profesora y ensayista Maricela Masseguer–, se realizó la grabación del disco Un lugar para la poesía, con las voces de los bardos de la ciudad. Este hecho impulsó la celebración del Premio de la Ciudad, donde fueron galardonados los poemarios Tenaces como el fuego, de Lourdes González, y Bajo un cielo tan amplio, de Alejandro Fonseca; Primer encuentro, libro de cuentos de Pedro Ortiz; La consagración de los contextos, ensayo de Manuel García Verdecia; y el testimonio Salto al Ogaden, de Mario Nieves. Estos textos fueron los primeros en aparecer bajo el sello de Ediciones Holguín en el propio 1986.

En la entonces Imprenta Provincial de Cultura –logro también de aquella década– se editaron los libros premiados, génesis de lo que es hoy Ediciones Holguín, uno de los sellos más prestigiosos de nuestro país. En las presentaciones, el olor a plomo y tinta aun reinaba en las portadas. En ellas predominaban grabados de artistas holguineros. Tanto escritores como artistas gráficos eran muy jóvenes y concretaban por primera vez el sueño editorial. La hechura final era modesta, reconocen todos, pero aquellas impresiones materializaban un sueño y al mismo tiempo se abría una nueva etapa en el ámbito editorial y literario en la provincia.

Después de la impresión directa llegaría la revolución de la máquina Risográfica en el año 2000 y Ediciones Holguín ampliaría colecciones, logrando un impresionante catálogo, donde encontramos reconocidos nombres de las letras universales e importantes autores cubanos, muchos de ellos reconocidos con el Premio Nacional de Literatura: Paul Celan, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Eugenio Montale, Harold Hart Crane, Virginia Woolf, Fina García Marruz, Roberto Fernández Retamar, Antón Arrufat, Reynaldo González, Miguel Barnet, entre muchos otros.

Ediciones Holguín seguiría publicando, cada año, los ganadores del Premio de la Ciudad, certamen que ampliaría su espectro competitivo, para sumar autores y textos al plan editorial. Los ganadores del Premio Nacional de Poesía Adelaida del Mármol también salen a la luz.

Protagonista de espacios culturales en eventos como la Feria del Libro y la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, entre otros, Ediciones Holguín es la simiente de otros prestigiosos sellos en la provincia, como Ediciones La Luz, La Mezquita, Cuadernos Papiro y Conciencia Ediciones. Por eso cada septiembre –esta vez del 15 al 18– la editorial celebra y festeja “Al pie de la letra”.

Con la peculiaridad de trasladarse hasta el patio interior del Museo Provincial La Periquera, en busca del espacio propicio para el distanciamiento físico y la prevención de la Covid-19, la Jornada realizó un conversatorio sobre la fundación y desarrollo de una de las primeras casas del Sistema de Ediciones Territoriales (SET), con Lourdes González, directora de este sello, el investigador Eduardo Puente y el diseñador Roddier Mouso. Además el programa contó con un homenaje a los títulos que arriban este 2020 a su 30 aniversario, con palabras de elogio a cargo del poeta y promotor cultural Gilberto González Seik: Navegaciones al filo del alba, de Eugenio Marrón; Memorias del espejo, de Jorge Hidalgo, y Por toda la luz, de Belkis Méndez Rodríguez.

El programa, en los próximos días, dedicará un espacio a los 30 años de la Antología mínima, una pequeña colección pequeña en su hechura, de confección casi artesanal, pero que lanzó, a inicios de la década del 90, al panorama literario cubano libros de autores hoy reconocidos como Ronel González, Daer Pozo, Juan Siam, Gilberto Cruz, Fernando Cabreja y José Poveda Cruz.

Otro momento particular en la jornada Al pie de la letra –que cuenta, además, con la presentación de reconocidos artistas como Yuri Hernández, Fernando Cabreja, Dúo Vértice y Nadiel Mejías–, será la presentación de novedades editoriales de este sello: Ediciones Holguín. Más allá de una quimera, de Maricela Messeguer, por Manuel García Verdecia; y Mi casa está en el sur, poemas del Premio Nacional de Literatura Luis Álvarez, por su editor Eugenio Marrón.

La Jornada por el aniversario 34 de Ediciones Holguín concluirá con una lectura de poetas holguineros, entre ellos Delfín Prats, Kenia Leyva, José L. Serrano, Yunior F. Figueroa y Moisés Mayán.

Ediciones Holguín: literatura para la historia

Por Abel Castro Sablón

Como parte de las actividades por el aniversario 34 de Ediciones Holguín, en el patio del Museo Provincial La Periquera se desarrolló una suerte de tertulia, en la que se hizo un recuento sobre estas más de tres décadas de vida de la principal editorial del territorio.

Fotos: Wilker López

El encuentro contó con la participación, en su mayoría, de figuras relevantes de las letras holguineras. El reconocido Manuel García Verdecia realizó una breve introducción al conversatorio con los presentes, sobre experiencias vividas durante estos 34 años.

Esta suerte de parnaso sirvió como coyuntura para la presentación de dos libros de esa editorial: “Ediciones Holguín: Más allá de una quimera”, de Maricela Messeguer Mercadé, quien se encargó de la presentación y “Mi casa en el sur”, de Luis Álvarez, cuyos comentarios corrieron de la voz del escritor Eugenio Marrón Casanova.

En el encuentro se recordaron varias etapas de la trayectoria de Ediciones Holguín y se planteó la idea de retomar antiguos proyectos, como la traducción y publicación de autores locales en otras lenguas, así como la colección de bolsillo Mínima, opción económica y práctica, en tiempos donde no abundan recursos.

El talentoso cantautor local Nadiel Mejías regaló a los asistentes diversas interpretaciones de canciones cubanas y extranjeras, con la característica excelencia de su voz.

A manera de cierre, se unieron fraternalmente varios poetas, entre ellos Delfín Prats, Kenia Leyva, Moisés Mayán y José Luis Serrano, quienes ofrecieron un recital de poesía para el deleite del público presente.

Según las palabras de Manuel García Verdecia, el trabajo de Ediciones Holguín son obras que quedarán para la Historia, para que en el futuro se pueda contar la historia de la literatura holguinera.

La pasión como certidumbre

Con el permiso de Eugenio Marrón, encuentro título para este trabajo en su definición exacta de Ediciones Holguín, y es que este sintagma recoge 34 años de intenso bregar, dedicación, de un desandar certero por el mundo de las letras para una de las casas editoriales más importantes de la provincia y el país.

El Coro Orfeón Holguín se encargó de amenizar la mañana. Foto del autor

En el año 1886, durante la pujanza el ferviente movimiento cultural de esa década en la provincia, se creó Ediciones Holguín. En los 90, cuando el derrumbe del Campo Socialista, se pensó que no volverían a publicarse libros por la escases de recursos, y aún así surgió la Antología mínima, donde publicaron por primera vez muchos escritores de los municipios, los mismos que hoy forman parte de ese gran coro lírico de la nación. En el 2000 se tuvo que reinventar con la creación del Sistema de Ediciones Territoriales, y la inserción de la máquina risográfica mediante la que aquellos libros en blanco y negro pasaron a ser en colores. Luego, en el 30 Aniversario, se repensaron como editorial para estar acordes con los cambios, la Internet y la comunicación visual, para lo que cambiaron su perfil editorial. Los anteriores destacan como varios de los momentos más trascendentes dentro del decursar de una de las editoriales más importantes del país.

Septiembre encuentra en una amplia jornada de celebraciones por el arribo de cada nuevo aniversario de Ediciones Holguín, 34 durante este 2020, que para la ocasión encontraron inicio en el patio del Museo Provincial La Periquera, insigne institución de la provincia.

“Decir 34 años es fácil, pero vivirlos, fundar una institución que se mantiene a pesar de los pesares, una editorial inclusiva, que desde sus primeros pasos ha tenido una visión hacia el futuro, para plantearse proyectos siempre encaminados a alimentar nuestra patria mayor, que es la Lengua Española, es bien diferente”-señaló Kenia Leyva, editora de la prestigiosa institución.

“Hemos sido más que una editorial provincial, regional, una cubana en su plenitud, con más de 650 títulos que comprenden un catálogo que la avala como una de las editoriales más fructíferas y persistentes del país, con voces insustituibles, no solo cubanas, sino latinoamericanas y de Hispanoamérica toda. Voces fundamentales se inluyen en nuestros textos, como César López, Antón Arrufat, Miguel Barnet, que publicó su primer libro, Gaviotas Blancas, bajo nuestro sello”, agregó la escritora local.

Septiembre encuentra en una amplia jornada de celebraciones por el arribo de cada nuevo aniversario de Ediciones Holguín. Foto del autor

En la mañana de este martes 15 de septiembre se recordaron momentos trascendentales del devenir de la prestigiosa Casa Editorial que, al decir de sus trabajadores, se ha regido por dos grandes máximas: la martiana de “crear es pelear”, pues desde sus inicios se han mantenido en una contienda de ilusión, entrega de lo mejor de sí con calidad al lector-su meta mayor-, y la otra máxima, bíblica, universal: el germen de todo, el fruto, es el amor, con amor se trabaja: “Mantenemos los sueños de perseverar, ser mejores cada día, fundar nuevos proyectos, porque nos hemos reinventado, repensado a lo largo de todos estos años, para estar acordes con cada tiempo”, apuntó Kenia Leyva.

La jornada matutina fue propicia para resaltar el papel de de la Revista Diéresis, que celebra 33 años, única publicación de su tipo en el país, que involucra a todo el talento de artistas plásticos, con lo más destacado del pensamiento y la intelectualidad.

En los 90 comenzó a trabajar como editora y ocho años después asumió el cargo de directora. Para Lourdes González cada día es un reto frente a este colectivo: “cuento con muy buenos compañeros, yo no soy la editorial, sino las trece personas que trabajamos allí. Estoy contentísima por poder compartir con ustedes, sorteando todos los obstáculos que se nos ha deparado esta difícil situación epidemiológica. No es un aniversario cerrado, pero por la situación del país es importantísimo ratificar los valores, el esfuerzo y la disposición de nuestra Casa para continuar con su trabajo. Me satisface además la imparable creación literaria de Holguín: somos el reflejo de esta ciudad, de la nación Cuba, así como de la retroalimentación internacional y universal”.

El momento fue propicio para recordar a Alejandro Querejeta, quien tuvo la visión y convocó al primer Premio de la ciudad: con el potencial que tenía Holguín ese premio daría pie a la impresión de libros, y ello, por su parte, a la creación de una editorial.

“En este momento debo reconocer que, a pesar de la escases de recursos y lo caras que son las editoriales, hemos contado con el favor, o el deber bien entendido, de la Dirección Provincial de Cultura en la figura de Rachel García Heredia, su directora, para terminar completamente la deuda de impresión del 2019. Estoy contentísima porque pulso la sangre de los escritores y nadie ha dejado de escribir, ni siquiera Delfín Prats, que es la altura máxima poética de nuestra provincia, todos ellos confían en las editoriales y vamos a seguir avanzando. Estoy exultante, llegué a los 68 años con una plenitud que me parece que estoy en la adolescencia y encontrarme con ustedes hoy, en medio de esta situación, me llena de alegría. Felicito a todo el que ha trabajado con nosotros, así como al resto de las editoriales del territorio”, destacó la autora de Tenaces como el fuego, quien publicó por primera vez en esta editorial .

Consecuente con las nuevas ideas y gestiones sostenibles la Casa editora actualmente trabaja en un nuevo proyecto para traducir a los escritores holguineros a otras lenguas y así comercializarlos en el polo turístico. El otro proyecto es contextualizar a los lectores que siguen a Ediciones… en los derroteros contemporáneos internacionales, una retroalimentación sumamente importante en la que giran sus intereses de impresión.

“Hemos sido más que una editorial provincial, regional, una cubana en su plenitud”. Foto del autor

“Desde que comencé a trabajar en Ediciones Holguín-señaló José Luis Serrano, escritor del catálogo y editor de la institución-, entiendo el proceso editorial de otra forma: para los lectores el libro es algo muy unipersonal, cuando realmente no es así, es tan plural como un CD de cualquier músico. Al vivir este proceso he comenzado a leer de otra manera, veo las estructuras subyacentes, la composición, el diseño, las tipografías, las cubiertas, las notas de contracubiertas, todo una serie de detalles que están detrás del texto como objeto. Además he empezado a percibir una especie de retroalimentación de las personas que nos leen a manera de crítica constructiva. Es notable el compromiso e implicación en el proceso de todos los que trabajamos allí, de forma absoluta, cuando nos damos cuenta de algún error en un impreso, o los éxitos de cada publicación, se sufren o gozan en colectivo. Es un equipo pequeño que se caracteriza por un compromiso mayúsculo por la literatura”.

Un aspecto a destacar durante el conversatorio sobre Ediciones Holguín es que acompaña los tres procesos fundamentales en la concepción de un libro: la edición, la producción y la promoción, este último muy importante porque los escritores son respaldados para presentar sus obras.

Aprovechando las condiciones actuales pretenden coordinar con el Centro Provincial de Patrimonio la realización de una tertulia literaria en La Periquera, espacio simbólico de donde se presentaron los primeros libros de Ediciones Holguín y se entregó el primer Premio de la ciudad.

Convocan en Holguín al Premio Nacional de Poesía Adelaida del Mármol 2020

Por Vanessa Pernía Arias

El Premio Nacional de Poesía Adelaida del Mármol convoca a su XVIII edición, organizada por el Centro para la Promoción y Desarrollo de la Literatura Pedro Ortiz Domínguez, el Centro Provincial del Libro y la Literatura de Holguín, y Ediciones Holguín.

Pueden participar todos los escritores cubanos residentes en el país, con un cuaderno inédito de tema libre y una extensión comprendida entre 60 y 80 cuartillas, asegura el escritor Ronel González, especialista del Centro de Promoción Pedro Ortiz. Los libros, añade, se enviarán por vía electrónica en dos archivos, uno con la obra en concurso, acompañado por un seudónimo, y otro con los datos del autor, a la siguiente dirección: premioadelaidadelmarmol@gmail.com  En este último archivo deberán consignarse: título de la obra, nombre y apellidos, seudónimo, número de identidad, teléfono, correo electrónico y una breve ficha biográfica. El plazo vence el 15 de octubre a las 3 pm.

El jurado, comenta Ronel, estará integrado por prestigiosos poetas y su fallo se dará a conocer en la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, a celebrarse desde las plataformas digitales, entre el 24 y el 30 de octubre. El premio consistirá en 3 mil pesos moneda nacional, la publicación del cuaderno por Ediciones Holguín y el pago de los derechos de autor de la primera edición. La participación en el concurso implica la aceptación de las bases, por lo que las obras que no se ajusten a los requisitos serán descalificadas, añade.

Surgido en 1989, el primer libro premiado fue Testigo de los días, de Alejandro Fonseca, con un jurado integrado por Guillermo Rodríguez Rivera, Paco Mir y José Luis Moreno del Toro. Le han seguido premiados como Odette Alonso, Lourdes González, Jesús David Curbelo, Roberto Manzano, Luis Yuseff y José Luis Serrano, entre otros, mientras que voces como David Chericián, Marilyn Bobes, Roberto Méndez, Alberto Garrido o Delfín Prats han formado parte del jurado de este premio que recuerda a la poetisa holguinera Adelaida del Mármol, la más importante voz lírica del siglo XIX holguinero.

En sus más recientes ediciones, el Premio Adelaida del Mármol ha sido entregado, en la sede de la UNEAC, a los holguineros Edurman Mariño por El estrecho margen y Zulema Gutiérrez, con Metralla, y el habanero Lázaro A. Díaz Cala con Por distintas aceras.