Lenguas de marabú llega a Holguín

La autora Verónica Aranda, durante la presentación de Lenguas de marabú. Foto: del autor

Por Moisés Mayán

El  6 de junio la poeta española Verónica Aranda se convirtió en una amable silueta en las calles de Holguín. Nos habíamos conocido en La Habana durante el Encuentro Iberoamericano de Jóvenes Escritores en el pasado febrero. Fue allí, en el Centro Dulce María Loynaz, donde nos compartió a un grupo de autores su intención de conformar una antología dentro de la colección de literatura latinoamericana de la madrileña Editorial Polibea.

Verónica había acabado de presentar en la Feria del Libro de La Habana su libro Mapas (Ediciones Matanzas, 2017) y comenzaba a darse a conocer entre los poetas de la Isla. En España, premios como el Internacional Miguel Hernández, el Juan Goytisolo, y el Antonio Carvajal por citar unos pocos, avalaban la obra de esta joven autora nacida en Madrid en 1982, y licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense. Pero el motivo de la visita de Verónica a esta ciudad era presentar Lenguas de marabú, una selección de 24 poetas cubanos (12 varones y 12 hembras), muchos de ellos desconocidos por los lectores españoles.

La autora junto a escritores holguineros durante la lectura en la sala Abrirse las constelaciones  de Ediciones La Luz    . Foto: del autor.

A las 10 de la mañana Verónica junto a Luis Yuseff ofrecieron una lectura en la sala Abrirse las constelaciones de Ediciones La Luz, donde la visitante nos ofreció muestras de sus libros más recientes Dibujar una isla y Épica de raíles. En la tarde, el ambiente mágico de la casa de Lalita Curbelo Barberán, acogió la presentación de la antología Lenguas de marabú y la lectura de los poetas holguineros Luis Yuseff, Zulema Gutiérrez, Moisés Mayán y la capitalina Margarita (Ketty) Blanco. Los holguineros son mayoría en Lenguas de marabú, pues además de estos autores que concurrieron a la lectura, integran el volumen las poéticas de Jamila Medina, Yanier H. Palao y Antonio Herrada, el más joven de la camada.

Verónica protagoniza una suerte de gira promocional que comenzó el 29 de mayo en el Centro Dulce María Loynaz con la primera presentación de la antología en Cuba, dentro del programa de actividades del Festival de Poesía de La Habana. En el periplo están contenidas además de la capital provincias como Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Villa Clara y la bellísima Trinidad en Sancti Spíritus. Lenguas de marabú es un regalo para los autores cubanos, que agradecemos a la gestión personal de Verónica Aranda y a la Editorial Polibea en este esfuerzo por difundir la literatura latinoamericana y caribeña en el Viejo Continente.

 

La comodidad es fatal para un poeta

El poeta Moisés Mayán, premio Regino Boti 2018.

El jueves 7 de junio, durante la jornada de clausura de la XL edición del Premio Regino E. Boti, volvimos a escuchar el nombre de Moisés Mayán, pues su libro Carga al machete acababa de obtener el galardón en el apartado de poesía. Entonces me propuse llevarme la primicia y entrevistarlo antes de que tuviera tiempo de rumiar sus respuestas, algo que no pude hacer el pasado febrero cuando el poeta conquistó el Premio Calendario.

Con El factor discriminante le aplicaste un violento “golpe de timón” a tu obra que inició un desmarque dentro del lirismo que caracteriza buena parte de la poesía holguinera, de momento nos sorprendes con un nuevo cuaderno que también conquista un premio nacional, ¿qué está cociéndose ahora mismo en las calderas donde generas tus versos?

“En ocasiones uno se siente confiado sobre determinada plataforma, y no quiere abandonar su zona de confort, pero esa comodidad es fatal para un poeta. Si la poesía no te importuna ten por seguro que no moverá un solo nervio en el lector. Entonces abrí las ventanas y entró un poco de aire. Eso fue lo que hice con El factor discriminante. Los autores trabajamos con lenguaje vivo, el problema está en que muchos nos esforzamos para maniatar la movilidad de la palabra y terminamos convirtiéndola en una estructura sedentaria. Ahora bien, clausurar un espacio de tu creación personal y aventurarte a lo desconocido es un riesgo que no todos están dispuestos a asumir. Ni siquiera lo recomiendo”.

¿Qué pueden esperar los lectores de Carga al machete?

“Hasta ahora Carga al machete cuenta solo con el criterio de tres pares de ojos. Me refiero a los miembros del jurado que lo premiaron: José Luis Serrano, Mireya Piñero y José Ramón Sánchez. Desde mis días de estudiante de Historia, estaba un poco conmocionado por la brutalidad de las cargas al machete, por la forma en la que una vulgar herramienta de trabajo se transformó en un arma implacable, y quería escribir sobre eso. Solo hacia el final de la escritura me percaté que estábamos celebrando el 150 aniversario del inicio de las guerras de independencia. Carga al machete es un cuaderno que pretende hacer al lector partícipe de mis inquietudes y por eso fabrico el texto como si se tratara de un tren bala. Necesito transmitir un mensaje alto y claro. No puedo andarme con circunloquios”.

Mayán ha sido galardonado con el Premio Calendario, igualmente, en este 2018. Foto: cortesía del entrevistado.

Recibes el Premio Calendario en la Feria de La Habana y solo unos meses después el Boti, una pregunta se impone ¿qué papel juegan los premios en la formación del escritor?

“Alguien ha dicho que la literatura es algo así como un deporte de alto rendimiento. Me parece que hay mucho de razón en esa frase, porque a veces te llegas a sentir presionado. Conozco de autores que se fijan cuotas de por lo menos un libro al año. Publicar es absolutamente necesario, esa es nuestra razón de ser. Y ahí están los premios, con la disyuntiva de poner a competir tu obra, como si entrenaras perros de pelea. Tu libro contra los libros de otros poetas. Ganar o no ganar, pero en fin jugárselo todo. Los concursos son una vía legítima, el camino más rápido al texto impreso. Cada vez que surge un premio en nuestro panorama literario festejo ese nacimiento”.

El nuevo estado en el que se ubican El factor discriminante y Carga al machete podría entenderse como un nivel definitivo en tu poesía.

“Ni siquiera considero que estos dos libros puedan compartir el mismo estado, pero de algo si estoy seguro, no pienso que se trate de un período definitivo. Yo quería retornar a la prosa, a los ejercicios que había inaugurado con el El monte de los transfigurados, donde por momentos los textos padecían una hibridez inter-genérica que les aportaba cierto dinamismo. Pero además necesitaba desprenderme de algunas herramientas que se habían oxidado en mi taquilla, y eso significa una vuelta al lenguaje palmario, a la idea en sí, a la capacidad comunicativa del poema”.

¿Qué opinión te merece la joven poesía cubana?

“Ya cumplí 35 años. Ha iniciado mi cuenta regresiva dentro de la AHS, una organización que para mí no ha sido ningún fantasma, pues tengo mucho que agradecerle. Así que prefiero hablar de los más jóvenes. Dentro de las pasadas Romerías de mayo participé como jurado del Premio Nuevas Voces de la Poesía Cubana, y pude echarles un vistazo a fondo a 40 autores inéditos de casi todo el país. Mi opinión es que no tenemos de qué preocuparnos, hay modos y maneras bastante válidos, quizás les falte un poco de constancia para transitar de los poemas sueltos al libro, pero eso se aprende sobre la marcha”.

 

 

 

Fulgor de empuñadura de sable

 

Por Moisés Mayán

Nos han propuesto olvidar nuestra Historia. De golpe y porrazo. Sustituir una tradición de más de un siglo por un futuro importado. Como si fuera una simple maniobra informática. Enviar la Historia de Cuba a la papelera de reciclaje, y acto seguido, vaciar esa papelera. ¿Está seguro que desea eliminar 150 años de forma permanente? La propuesta encandila o enardece, depende del combustible que transportes en tu depósito. Uno necesita armas reales. Herramientas que no se afinquen en la arenga vacía, ni el ademán sobreactuado. El apacible tono del diálogo, el arte perdido de la conversación, la lectura en medio del necesario silencio, son capaces de demoler los discursos más eufóricos.

Creo que la poesía puede desmantelar un acorazado, porque el hombre que vive bajo palabra es en sí mismo un ejército. Apuntar que Ronel González ha publicado un libro más, sería incurrir en un lugar común dentro del panorama literario cubano, pero corroborar que este autor ha construido un arma estratégica, me convierte en cómplice de las estructuras que manifiesta Teoría del fulgor accesorio (Ediciones Ácana, 2016). El resurgir de la novela histórica en un puñado de narradores cubanos, y la asimilación de esas propuestas por el público lector, demuestra quizás la necesidad de escalar nuevas alturas.

La poesía que amplifica la Historia y la revisita desde la devoción, constituye un nivel ascendente en el conocimiento de los cauces que desaguan en nuestra inmediatez, pues posibilita la apropiación de figuras y hechos afincándolos en el plano de la sensibilidad, en la raíz misma de la sangre. Estos poemas que conmueven a vuelta de página, no han sido generados por un compromiso artificial, no son despojos de las intensas contiendas de lectura, ni mucho menos producto del oficio de quien conoce el serpenteo de la décima en la manigua del lenguaje. El hombre que escribe los textos de Teoría del fulgor accesorio fue haciendo a pie su historia, rumiándola al margen de todos los discursos, de los argumentos encartonados que la pedagogía nos insufla desde las mesas de las aulas.

Desprendido de cualquier dogma, Ronel González tuvo también su 10 de octubre; el grito del poeta y el Grito de Yara se superponen en las páginas de aire, las que anteceden a la tinta impresa. En las arenas de Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 2015, dos hombres escudriñan la negrura con los ojos fijos en el brillo de la marea, uno de ellos es Ronel González. Dicen que se escucha el chapotear de unos remos. Él sabe que no son pescadores. El 19 de mayo de ese propio año, al pie del monumento en Dos Ríos, un poeta lee bajo el sol del mediodía El peso de la cruz. Las aguas turbias y crecidas del Contramaestre le aventajan. Antes de escribir vive, no quiere que nada apeste a plantilla, a molde, a expresión falsificada. Su casa en La Aduana, cerca del río Miradero, se transforma en campamento. Allí anuda la hamaca de los héroes, a la sombra de parapeto donde sus libros le proporcionan una vibración acompañante, casi vegetal.

La décima que cuajó como plomo en sus primeras estrofas, vuelve a borbotear. Balas, balas es lo que necesita el lector, y si no, machete. Siente un relincho, pero es solo el carretonero que recoge la basura. No sabría explicar por qué se le parece tanto al general Quintín Banderas. En ocasiones, cuando chapea el patio en las mañanas de domingo surge frente a sus ojos un barranco, la destentada boca de un barranco. Inequívoco recordatorio de su peregrinación a San Lorenzo. Solo 98 páginas, como combates, como cargas al machete, y un estremecimiento me despabila, no soy yo quien lee, es el libro quien me escudriña. Estoy mirándome al espejo de la patria en un poema de Ronel González.

Nunca había aflorado en mí semejante tironeo ¿tiroteo? El rompecabezas de la Historia no puede completarse de un modo preestablecido, el tiempo no es lineal. Hablan Céspedes, Bernabé Boza, Antonio Maceo, Agramonte, Vicente García, Perucho Figueredo, y también Lezama, Zenea y Martí. Las armas de la guerra y las armas de la palabra nos vuelven invencibles. Me reconozco en la lectura, asomo detrás de alguna guardarraya, me ubico entre un dagame y un fustete para que me abrase la frente el sol de Cuba libre. Una mano invisible arranca las páginas del 6 de mayo. El Diario de campaña del Apóstol se transforma en otro mutilado. Pero Ronel no condesciende a ese desarraigo. Hay que conocerlo para saber que no va a tolerar la omisión de un día cardinal en la marcha de Martí hacia la muerte.

Amanezco enfermo: dolencia del espíritu que detiene el pulso y vuelve hosca la escritura“. Se nos pone la piel de gallina, como si alguien hubiera removido la losa de un sepulcro. Nos quedamos interrogándonos ¿acaso no son esas las auténticas páginas del diario? ¿Quiso Martí quebrar el mármol de los tiempos para que el santo grial de los historiadores cubanos terminara en manos de Ronel? No sería la primera vez que sucede algo semejante. Él dice que no, que es solo una recreación, la forma de sacarse las púas de esa dolorosa ausencia. ¿Y si hubo alguien que interceptó al poeta en sus expediciones por la Historia, un pescador que atrapaba sus carnadas bajo la noche bella de abril, o una anciana que escuchó la lectura de El peso de la cruz, y luego agradecida, le trajo aquellas hojas como mariposas sucias, o fue el mismo Martí sentado frente a él en la sala de La Aduana? No lo sé, Ronel repite que no, que es solo una mimetización del estilo martiano, un apócrifo, algo que pudo suceder pero que nadie sabe… Sin embargo los poetas mienten, y aunque este es un libro sincero, entre sus páginas 64 y 67 un insondable mecanismo se activa, un fulgor de empuñadura de sable, un misterio que acompaña.

Arrasado, como el texto de Valeriano Weyler, desemboco en la última página. No vamos a olvidar la Historia. No vamos a suprimir tantos ríos de sangre desaguando en el presente. ¿Está seguro que desea eliminar 150 años de forma permanente? Jamás. La teoría de Ronel es irrebatible. Llegue a los lectores su fulgor.

 

Prefectura de La Quinta,

entre dos arroyos sin nombre.

El pan del deseo de Jorge Luis Darcy

Cubierta de El pan del deseo del poeta mexicano Jorge Luis Darcy (foto cortesía del autor).

Por Ronel González Sánchez, poeta y crítico literario

Debido al azar concurrente, como gustaba de afirmar al grande José Lezama Lima, llegó a mis manos El pan del deseo del poeta mexicano Jorge Luis Darcy, publicado en 2017 por la Universidad Autónoma de Nuevo León y prologado por el destacado intelectual cubano Manuel García Verdecia.

Nacido en 1969 en Monterrey, Darcy es un autor que posee en su currículo títulos como Ese es el sitio (1998), El fruto y la espada (2005), Después vendrá el silencio (2009), entre otras elecciones y antologías dadas a conocer en su país y en Colombia, Perú y Nueva Zelanda.

Preocupado por las esencias y la unidad cósmica de la poesía, para Jorge Luis la poesía de algún modo posibilita el ordenamiento de la desmesura, de lo caótico primigenio a través de la supresión de lo antinómico sin prescindir de los equivalentes, en la semejanza de las pausas y las respuestas”, de ese universo que existe más allá de las palabras o de los versos, que persigue el creador y que, sin embargo, permanece oculto, enigmático ante los ojos del lector.

La obra de Darcy persigue inobjetablemente una posibilidad significacional mayor, algo que está y que no vemos, aunque es inevitable lo existente ante lo cual nos mantenemos escépticos porque puede ser una abierta referencia a lo invisible, al Misterio.

Lo simbólico inmanente del poema es, por lo tanto, una preocupación del que lo escribe, lo que no permanece en la ataraxia. Confabularse con lo imposible es, entonces, la tarea del poeta para acceder a la posibilidad. O sea, para explicarlo con términos utilizados por el poeta en numerosas oportunidades: a partir de una sustancia de donde proceden todas las cosas, según Anaximandro el apeiron, y del caos como instancia necesitada de orden, esa imposibilidad moviéndose en la infinitud, aspecto reiterado por el autor que constituye todo un concepto en ese cuerpo de ideas desarrollado sobre y desde su obra poética, como una creación que contiene su propia crítica, como una crítica que es también creación.

La “oscuridad” que pudiera verse como escudo o “disfraz” de esta poética para ocultar esencias y su intención de develar sin desnudar totalmente la obra, pudiera ser resultado de su asunción de la literatura como modo de vida y del traslado de las especificidades de la realidad circundante, de los rasgos de su personalidad y del cosmos intelectual que posee.

Su gusto por la imagen y lo hiperbólico, como si constantemente hablara en parábolas, es el rasgo fundamental de su estilo. A pesar del desconcierto inicial que pudiera dejarnos la lectura de su poesía, si desbrozamos y comprendemos el bosque conceptual de sus textos nos aproximaremos desprejuiciadamente a lo sensual recurrente en su lenguaje.

El autor de El pan del deseo no reduce los símbolos a un esquema frío de lo erótico. Cuando aparece la concupiscible fauna de su obra, sabe el poeta, por ejemplo, que entre los mitos antiguos la serpiente era considerada como la orgía de Baco y como uno de los símbolos principales, que el caballo era un animal lascivo y el perro significaba el impudor, que los latinos consagraban a Venus diversos animales marinos donde el delfín era llamado venerous, entre otras criaturas relacionadas con el andrógino que era visto también como un monstruo y del que Cicerón escribió: ¿no es un lamentable prodigio enviado por los destinos?

La unificación amatoria y sensual del objeto deseado con el encanto telúrico del paisaje conforma un mosaico de sedimentación, de esencialidad en esta poética. La superposición de imágenes para retener al otro, la memoria del otro que satura el trayecto de la poesía y emprende un viaje que comienza en el cuerpo y concluye en sus límites, es el trance espinoso de la obra donde el sujeto lírico parece desconocer otra posibilidad que no sea la pluralidad y desintegración continua de esos elementos.

En el ciclo orgánico que es el conjunto de la obra, la congregación de piezas, unidades coherentes con la sensualidad discursiva a las que el poeta accede sin instrumentales preconcebidos, edifican un ámbito otro que se complejiza a medida que penetramos en la infinitud propuesta. O sea, vista integralmente, la obra poética contenida en este libro, pese a las heterogéneas intenciones con que fue gestada, implica una ética en el personal modo de asumir la construcción y reconstrucción de sus límites, en el dominio de la racional como conjuro del deseo raigal articulado por el hablante y, por consiguiente, el engendro de ese islote-promontorio, que se diferencia entre las islillas más próximas y distantes, asiduamente arrasado por las ráfagas del huracán del deseo.

Aquí el sujeto lírico da continuidad a su asunción estremecedora y desprejuiciada de lo voluptuoso, representa una implacable búsqueda ordenada por lo recóndito que ocurre en el lenguaje.

Obra de madurez tempestuosa, la de Jorge Luis Darcy, más que habitual diálogo o pregunta sin respuesta posible, nos ofrece la posibilidad de acceder a códigos de universalidad nombrados una y otra vez por el poeta con la intención de que la obra perdure más allá de la comunión que establecen sus páginas con el lector. Pan del deseo ofrecido y aceptado como cotidiano aullido entre los buscadores a toda costa del Poema.

Noche del 30 de mayo de 2018

 

Los extraños ritos del alma de Junior Fernández Guerra

El Premio de décima escrita Cucalambé en su edición del 2015 ofrece al lector amante del género octosilábico la posibilidad ineludible de adentrarse en los entresijos de la espiritualidad humana y las obsesiones que rodearon la vida y la muerte de una serie de escritores reconocidos, mediante el cuaderno Extraños ritos del alma. Antología de voces en la niebla (Editorial San Lope, Las Tunas, 2017) del joven escritor Junior Fernández Guerra.

Ruso de nacimiento, pues vino al mundo en la nevada Novosibirsk soviética en mayo de 1984, santiaguero también, ya que vivió en Palma Soriano buena parte de su vida, y ahora tunero adoptivo, Junior Fernández obtuvo el cotizado Premio Cucalambé, el más alto galardón en la décima escrita cubana e iberoamericana, con un jurado integrado por los escritores Pedro Péglez González, Carlos Zamora Rodríguez y José Manuel Espino Ortega.

El propio Pedro Péglez escribe en el prólogo del poemario: “La poesía, ya se sabe, no explica, sino indaga. Explican las ciencias, y ya han venido ellas, y vendrán, a examinar a la luz de la razón lo concerniente a estas decisiones de un ser que se auto reconoce en situación límite, de la que no encuentra otra salida que la evasión”. Precisamente Junior explora esas “decisiones”, “situaciones límites” y “salidas” (el suicidio como vía de escape de una realidad extraña, asfixiante, coercitiva es la principal salida y sobre la que se articula el poemario) de las que hablaba Péglez en el prólogo, pues se hace acompañar en su discurso de una serie de voces tutelares, esas que él dice hablan desde la niebla –le hablan a él, al poeta, al nigromante del verso, y nos hablan también a nosotros, desde sus textos– y que forman parte de las múltiples influencias creativas del autor.

Los propios versos que funcionan como exergos al poemario –versos de Edgar Lee Masters, Bruno Di Benedetto, Carlos Esquivel y Diusmel Machado, ganadores también estos últimos del Premio Cucalambé con El libro de los desterrados– nos advierten, perspicazmente, sobre “las fuerzas invisibles que rigen los procesos de la vida”, al decir del autor de la conocida Antología de Spoon River.

A todos los escritores recogidos en el libro les une algo en común: fueron grandes creadores, muchos totalmente incomprendidos en el trascurso de sus vidas, recluidos en sí mismos, víctimas de enfermedades y trastornos psíquicos, censurados por el poder en sus múltiples formas, incluso por la sociedad, pero justamente valorados después de sus muertes por las generaciones posteriores, esas que escogen de entre toda la paja de la historia y del pasado, aquellos granos fértiles que fructifican y permanecen. Además, todos ellos fueron suicidas: escritores todos, menos el monje budista Thích Quảng Đức, quien se inmoló quemándose vivo en Saigón, en señal de protesta contra las persecuciones que sufrían los budistas por parte del gobierno vietnamita. Incluimos también al pintor Vincent van Gogh quien, por cierto, escribió conmovedoras cartas a su hermano Theo.

Conocedor de que la muerte, incluido ese despegue involuntario de la vida, nos inquieta a todos y que la generación de poetas nacidos posterior a la década de 1980 ha tenido cercano el tema y la obra de sus protagonistas, o sea, de estos escritores suicidas, Junior Fernández Guerra, miembro de la UNEAC y de la AHS, y director de Ediciones EncaminARTE, desarrolla una asombrosa capacidad “metamorfoseadora” en donde “la asunción de cada una de estas figuras como sujeto lírico, a más de revelar una paciente y sensible búsqueda en los entresijos tortuosos de sus respectivas vidas, delata la habilidad de quien escribe para desenvolverse en lo que ha dado en llamarse juego de máscaras”, nos dice Pedro Péglez en su texto introductorio “Otro retablo hereje o mi dios qué bellos éramos”.

Así el poeta nos entrega versos dedicados a –o donde se metamorfosea y nos habla desde– los veintiún creadores suicidas que incluye en su libro: Vincent van Gogh, Emilio Salgari, Ryonosuke Akatagawa, Robert E. Howard, Horacio Quiroga, Alfonsina Storni, Virginia Woolf, Ernest Hemingway, Sylvia Plath, Thích Quảng Đức, Lao She, Violeta Parra, Pablo de Rokha, Calvert Casey, Paul Celan, Yukio Mishima, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton, Reinaldo Arenas, Raúl Hernández Novas y Ángel Escobar. Además, el libro contiene, a manera de pórtico, “Advertencia (Antes de escuchar las voces)” y también “Nota final (Retórica del artista o conjuro contra la niebla)”. En esto el libro recuerda –y desde ese punto podría ser uno de los antecedentes, al menos en lo relativo al tema y el interés por los escritores suicidas– a la antología Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. 33 poetas suicidas, con selección y prólogo de Luis La Hoz (Ediciones de los Lunes, Perú, 1989).

Los poemas, además, fueron “agrupados por el autor en tres secciones epocales bien diferenciadas, lo que habla de una apuesta estético–organizativa que opera en favor de la arquitectura de ese recinto espiritual que ha de ser todo libro de poemas”, añade Péglez. Así, en dependencia cronológica a las muertes de los poetas homenajeados, Junior divide el libro en las secciones 1890–1941, 1961–1969 y 1970–1997, y titula los poemas precisamente con el lugar del fallecimiento y la fecha de este: el dedicado a Mishima se titula “Tokio, 25 de noviembre de 1970”, mientras en “Primrose Hill, 11 de febrero de 1963” descubrimos las obsesiones que rondaron a la estadounidense Sylvia Plath. Además, un verso esclarecedor, o una cita, sirven de exergo a cada poema y como nota al pie de página, el poeta añadió una breve explicación de las causas de la muerte, físicas y existencias, de los creadores homenajeados (sí, porque el libro es también una especie de homenaje) en Extraños ritos del alma, cuaderno con edición de Argel Fernández Granado, corrección de Yeinier Aguilera Concepción y maquetación y diseño, incluida la sugerente cubierta de Yurisleydis Vázquez Urrutia.

En el poema sobre Virginia Woolf, titulado “Lewes, Sussex, 28 de marzo de 1941”, leemos quienes nos adentramos en estas páginas: “Me pierdo en las esquirlas de esta casa/ acróstico de inocuas disecciones/ escapo del fagot/ los escorpiones/ los besos del fantasma que me abraza/ no puedo recordarte sin la escasa demencia de/ lamer los anaqueles que deambulas/ no alcanzan los lebreles del fracaso tu onírica promesa/ ya nadie te maldice/ nadie reza/ un ángel escapó de los dinteles de esta gruta/ vacía como tantas/ murciélagos de sombras al descuido/ no alcanzo a respirar/ es mucho el ruido de las tribulaciones/ ¿Cómo aguantas el peso de la sangre en estas plantas/ que vuelan tras tus besos? ¿Qué insensato demonio me dio alas?/ ¿Qué arrebato de culpa…?/ Como péndulo escabroso me quiebro ante las aguas/ peligroso se muestra mi reflejo/ mi alegato”.

Sin rondar lo metafísico, Junior Fernández Guerra, quien ha obtenido, entre otros, los premios “Toda luz y toda mía” (Sancti Spíritus 2014), “Portus Patris” (décima y narrativa, Las Tunas 2014) y “Memoria Nuestra” (Holguín, 2014), nos habla de la vida además de la muerte, esta es más bien un pie forzado, un motivo escritural, antiguo como la propia existencia, para el abordaje de la obra de estos reconocidos creadores. Si notamos bien, la vida es lo que prevalece en las páginas de Extraños ritos del alma. Antología de voces en la niebla, publicado bajo el membrete de la colección Montaraz y la Serie Iberoamericana de la Editorial San Lope, en Las Tunas. Pero no la vida negada, sino la real, la palpable, aquella que es cotidiana. Junior lo hace desde la décima, un género poético complejo y no justamente valorado en los planes editoriales, que ha venido, además, revitalizándose formal y temáticamente desde inicios de la década de 1990, con autores como los holguineros José Luis Serrano y Ronel González. Lástima que esta edición de Extraños ritos del alma. Antología de voces en la niebla, recibiendo un premio tan prestigioso como el Cucalambé, solo conste de 500 ejemplares para su distribución nacional.

La décima, en la que se requiere el uso de un arsenal idiomático considerable, se despejó de buena parte de su abolengo bucólico y se encaminó hacia nuevas formas de expresión formal y escrita, nuevos usos de la palabra y el lenguaje. La obra de Junior, décimas todas pero con diferentes estructuras, es una muestra de esta experimentación formal con las bases originales de la espinela, muchas veces, incluso, en rejuego con el verso libre y la narrativa.

El poema dedicado a Alejandra Pizarnik, con el título “Buenos Aires, 25 de septiembre de 1972”, es muestra de ello: “Hay un vértigo tangible manchando la realidad…/ hay una absurda orfandad en todo lo cognoscible…/ hay una culpa indecible que supura penitencia…/ hay una gris transcendencia en las manos de la suerte…/ hay esperanza en la muerte…/ ¡Qué irónica coincidencia!”

Celebro estos extraños ritos del alma, esa personal antología de voces en la niebla escrita en décimas por Junior Fernández Guerra, autor además de otro poemario, también en décimas, titulado Fabulaciones del verbo, y publicado por la misma casa editorial en 2017.

Lo saludo doblemente, por el vigoroso estado de la décima joven en Cuba que me ofrecen estas páginas después de la lectura –género que leo por insistencia del propio Junior– y porque, además, esos escritores suicidas nos sigan acompañando desde cualquier lugar del universo para mostrarnos, sobre todas las cosas, el camino hacia la vida.

Por Erian Peña Pupo

Fotos cortesía de Junior Fernández Guerra

Tomado de www.ahs.cu

Poesía Itinerante arrancó por varias escuelas guantanameras

En recitales diseminados por varias escuelas guantanameras bardos cubanos cantaron a la paz dando apertura al evento CubaPoesía Itinerante, que a lo largo del país preludiará al Festival Internacional de Poesía de La Habana.

Guantánamo abre por tercera ocasión estas jornadas de lecturas en la Isla para convertirse por estos días en sede del verso comprometido con ese derecho humano inalienable que es la convivencia pacífica, y abarca en su programa a gran número de centros docentes, espacios públicos y proyectos comunitarios.

A este prólogo del festival asisten los reconocidos intelectuales cubanos Edel Morales, Pierre Bernet, Yanelys Encinosa e Ismael González Castañer, que junto a los poetas locales llegaron hoy a planteles de todas las enseñanzas, entre ellos la Facultad de Cultura Física de la Universidad de Guantánamo y la escuela primaria Conrado Benítez, una de las de mayor matrícula del país.

El cronograma de lecturas se extendió también este martes a la Secundaria Rafael Orejón Forment, al Preuniversitario Enrique Soto Gómez y al espacio comunitario liderado por la escritora Sobidelia Iglesias, donde los bardos convocados agradecieron esta oportunidad de alzar sus voces apelando al valor de la palabra, la poesía, como instrumento y acción universal por la paz.

Los escritores José Raúl Fraguela y Miladis Hernández, organizadores del encuentro en esta ciudad, subrayaron a la ACN que el suceso tiene lugar esta vez en un alentador contexto de la poesía guantanamera, dado por la revitalización de su movimiento, talleres y el florecimiento de nuevos cultores que han rejuvenecido y ampliado el ámbito literario del territorio.

Las actividades en la Villa del Guaso se extenderán hasta el jueves, y de ahí “CubaPoesía” proseguirá su itinerario por toda la Isla hasta coronar del 28 de mayo al tres de junio próximo en La Habana, sede principal del Festival que cada año convoca a la acción poética planetaria por la concordia internacional.

Pierre Bernet, destacado intelectual nacido en Guantánamo, fundador del Festival y su coordinador hoy, subrayó que este año hay grandes expectativas con la cita en la capital, por la magnitud que promete adquirir, el número de acciones y la cantidad de poetas de otras naciones confirmados: más de 140 de 30 países.

En esta ocasión -dijo- el encuentro se dedicará a la oralidad, se apoyará de su dimensión comunitaria para potenciar el gusto literario, llegará a múltiples instituciones, a 80 aulas capitalinas, y tendrá especial momento en el espacio Palabra del Mundo, en la Basílica de San Francisco de Asís, desde donde se convocarán a las ya tradicionales lecturas poéticas simultáneas en todo el orbe.

Por Yaimara Villaverde Marcé

Tomado de www.acn.cu

Realizarán en Granma Festival del Libro en la Sierra

El Festival del Libro en la Sierra, un evento que promueve el amor por la lectura en las montañas de Granma, tendrá lugar del 17 al 20 de mayo, en la comunidad de Palma del Perro, perteneciente a este montañoso municipio.

Exposiciones y ventas de libros, encuentros de decimistas, talleres infantiles, proyecciones de documentales de la Televisión Serrana, recitales de poesías y juegos de participación literaria, forman parte de las actividades del evento, precisó a la ACN, Elena Esther Vila Leyva, especialista literaria en el municipio de Guisa.

Uno de los momentos especiales dentro del encuentro será la canturía Naborí canta a Martí, el día 19, según señaló Vila Leyva, en la cual los escritores y los repentistas declamarán poemas de Jesús Orta Ruiz, por el aniversario de la muerte del Héroe Nacional.

Resaltó que entre los objetivos del certamen están promover los hábitos de lectura, los autores y editoriales nacionales, llevar los libros hasta zonas intrincadas de la Sierra Maestra y fomentar el intercambio con los campesinos y su modo de vida.

Los escritores Alexander Aguilar, Jorge Betancourt y Juan Manuel Reyes Alcolea, del municipio montañoso de Guisa, forman parte de la tropa literaria que llegará hasta la comunidad de Palma del Perro, junto a otros invitados tales como Migdalia Mendoza, Henry William Martínez y Abel Guerrero Castro.

En su XXIV edición, el Festival estará dedicado a Erasmo Rondón Soto, destacado poeta y narrador del municipio de Río Cauto, quien ha sido merecedor de importantes premios en concursos nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Verbum, en España.

 

Por Maité Rizo Cedeño

Tomado de www.acn.cu

Memoria Nuestra: Premios a la investigación joven

El Congreso de Pensamiento y Premio para Jóvenes Investigadores Memoria Nuestra 2018 clausuró en La Periquera con la entrega de los premios que consolidan al evento como una de las más importantes citas de su tipo en el país.

Con un jurado compuesto por la MSc. Elena Socarrás de la Fuente, directora del Instituto Cubano de Investigaciones Culturales “Juan Marinello”; y las doctoras Alicia Martínez Tena y Kenia Abreu, investigadoras de la Universidad de Oriente, y la Universidad de Holguín, respectivamente, fue entregado el Premio Memoria Nuestra al MSc. Víctor Alejandro Aguilera Nonell (Holguín) por la investigación “Jóvenes sangermanenses en el sur de Angola, a 40 años del combate de Cassinga, 4 de mayo de 1970”. El jurado subrayó en esta investigación “el manejo de las diferentes fuentes de información, la metodología aplicada, el dominio de la temática, la importancia de sus resultados, así como la originalidad en el tratamiento de las problemáticas investigadas y la relevancia del tema en la preservación de la historia y la identidad cubanas”.

Víctor Aguilera (derecha) recibe el premio de manos de Luis Felipe Maldonado

Asimismo obtuvo Mención “México en Martí: lazos de fraternidad entre dos hombres”, de la granmense Yaité Martínez Ramínez, mientras el Citma provincial entregó un Premio colateral a la investigación “Iglesia Católica y Revolución en el término municipal Holguín (1959–1976). Peculiaridades del conflicto”, de la joven holguinera Ariadna Figueiras Laguna.

Por su parte, el Premio Memoria Nuestra, en la categoría proyecto sociocultural, fue entregado a la estudiante de Periodismo Yailén Vallejo Paz por la propuesta “Hay luces detrás de la bahía”, considerando “la actualidad y vigencia del tema tratado, los resultados expuestos para el manejo de políticas de atención a comunidades y grupos poblacionales, además de un uso adecuado de los medios para la presentación de los resultados”.

Aguilera Nonell subrayó: “La investigación comenzó cuando yo era estudiante de segundo año de Licenciatura en Historia en la Universidad de Oriente. A partir de unas prácticas laborales estaba en San Germán, el municipio donde vivía, empecé a escuchar sobre un grupo de cubanos que había estado en la guerra de Angola y nunca los habían investigado… Es el estudio de la vida cotidiana de un grupo de hombres que tienen una particularidad: la única unidad que todos sus miembros eran de un mismo municipio, Urbano Noris, que estuvieron entre 1977 y 1979 en la guerra de Angola y participaron en 1978 en la defensa del poblado de Cassinga, atacado por los sudafricanos”.

“La investigación hace un análisis desde el momento en que estos hombres fueron reclutados, su preparación para cumplir misión internacionalista y el día a día en el sur de Angola, defendiendo un pequeño poblado minero. Es un estudio desde el humanismo, viendo cómo repercutió la unión entre jefes y soldados, los vínculos con sus familias a más de 10 mil kilómetros de distancia… No esperaba este Premio, pues todos los trabajos presentados son muy buenos, con un alto nivel de investigación. Me ha cogido de sorpresa y quisiera dedicárselo a estos combatientes internacionalistas que están vivos”, subraya el joven profesor e investigador de la Universidad de Holguín.

Memoria Nuestra, se trasladó esta vez al epicentro de la ciudad, y concluyó con las palabras de Luis Felipe Maldonado, jefe del evento, con la invitación a una nueva edición en 2019, y con la música de Cuarteto de Saxofones “Todo Incluido”, del Instituto Superior de Arte.

Asimismo fueron entregados reconocimientos a los miembros del jurado del Memoria, el Museo La Periquera, el CEDES, el Centro Provincial de Superación para la Cultura, entre otras instituciones.

 

Por: Erian Peña Pupo

Fotos: Torralbas

Pre–Congreso en Romerías

“Los jóvenes creadores son la vanguardia del pensamiento cultural revolucionario en Cuba”, subrayó el escritor y ensayista Abel Prieto Jiménez, Ministro de Cultura, en la sesión Pre–Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) realizada en el Salón Solemne del Museo La Periquera, como parte del Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra.

Abel Prieto Jiménez, Ministro de Cultura.

Con la presencia de Rubiel García, presidente nacional de la AHS, el Pre–Congreso resultó un espacio necesario para el debate sobre cuestiones relativas a la política cultural, las líneas de trabajo y prioridades del sistema de la cultura, y la necesidad de que la vanguardia artística, en este caso los jóvenes creadores, acompañe a la vanguardia política como ha sido tradición en los principales momentos de la historia cubana.

Temas como la conexión de las academias con los procesos culturales que nos permiten entender lo cubano y construir una lógica desde la crítica artístico-literaria; la transdisciplinariedad en los procesos de formación; la profundización de espacios de pensamiento que permitan encontrar una sinergia que no quede en debates de élite sino que involucre al pueblo; y la enseñanza artística como cantera de creación en la propia AHS, fueron abordados por los jóvenes asistentes a la discusión plenaria previa al 3er Congreso de la AHS.

Además, el rescate del repentismo y el punto cubano en eventos como las propias Romerías; la infraestructura tecnológica y la necesidad de nuevas producciones digitales en el marco editorial en tiempos de constante informatización; la necesidad de priorizar un evento como Canción al padre, en Granma, dedicado a Carlos Manuel de Céspedes en el 200 aniversario de su nacimiento; la importancia de un evento como Romerías de Mayo; el diálogo con los cineastas y lo relativo a las leyes que regulan la producción audiovisual, entre otros temas, relucieron en un debate protagonizado por los jóvenes artistas, promotores e investigadores culturales miembros de la AHS en varias provincias del país.

Al respecto Lilién Aguilera, presidenta de la AHS en Holguín, subrayó: “Es importante que en este espacio donde confluyen artistas de diferentes partes del país estemos realizando esta especie de antesala del 3er Congreso. Considero que hemos logrado un avance considerable luego de las líneas trazadas a partir del 2do Congreso. Aunque en este período muchas de las inquietudes siguen siendo las mismas, creo que estamos en un punto superior al que tuvimos esa vez y eso tiene que ver con el esfuerzo realizado por los jóvenes artistas, las instituciones que se han sumado a ese propósito y por supuesto, las autoridades. Ahora creo que lo que nos queda es continuar fortaleciendo todo lo que en este momento hemos avanzado y tiene que ver también con expandir los productos culturales que desde la Asociación se realizan para ir logrando conquistar a un público mucho mayor”.

“Necesitamos un arte crítico, revolucionario y comprometido”, destacó Abel Prieto cuando comentó las intervenciones de los participantes a la plenaria. “Es necesario que la Asociación ejerza una crítica sobre la gestión institucional permanente y crítica”, añadió el autor de la novela El vuelo del gato y el tomo de ensayos Apuntes en torno a la guerra cultural.

“Nos hace falta un debate serio, un debate riguroso…” añadió Abel Prieto al referirse a las particularidades de la reciente producción audiovisual cubana y los últimos debates en torno a esta. “Entre las instituciones y los creadores tiene que haber una relación muy transparente, muy limpia, con la convicción de que estamos trabajando por los mismos objetivos. No puede haber una institución que esté divorciada de sus creadores: esas instituciones languidecen, mueren, por falta de oxígeno, pues su razón de ser son los creadores y la creación”, añadió el Ministro de Cultura en el Pre–Congreso de la AHS.

 

Por Erian Peña Pupo

Fotos Eduardo Cedeño

Abel Prieto: Apuntes en torno a la guerra cultural

El complejo escenario cultural, la resistencia del pueblo cubano y los desafíos que la vanguardia artística y política en Cuba han librado signan los derroteros de Apuntes en torno a la guerra cultural, del escritor, intelectual y Ministro de Cultura Abel Prieto Jiménez. La presentación, atendida por el autor, devino punto de contacto entre dos eventos puntuales,  el Congreso Memoria Nuestra y Palabras compartidas, evento para la literatura, en estas Romerías de Mayo.

En el preámbulo, el prologuista Ernesto Limia, asesor del Ministro y reconocido historiador, expresó palabras de encomio por el estrecho vínculo que le une, tanto al autor como a su obra. Sobre esta segunda edición,  significó  que ha sido fruto de una ingente labor encaminada a tener una edición cubana. Agradeció al sello latinoamericano Ocean Sur por la generosidad para que el texto llegara a los lectores cubanos.

Que Apuntes…  se materializara gracias a la gestión del sello Ediciones La Luz, “una de las casas editoriales del país más serias por su trabajo”, constituye una probada muestra de fe; expresión de cuánto se está apostando por la vanguardia intelectual joven, que con mayor fuerza, se legitima desde la Asociación Hermanos Saíz. El libro, obsequiado al auditorio con la firma de su autor, inauguró la Colección Memoria Nuestra, perteneciente a la casa publicadora holguinera.

En la última década, el autor ha hecho visible ese denominado “nicho de resistencia en el que la vanguardia política y artística se estrecharon junto a su pueblo para combatir” con una serie de ensayos que, aunque distanciados en el tiempo, logran una coherencia y solidez manifiesta; generando un discurso valedero, esclarecedor e imprescindible si se quiere comprender en toda su magnitud el aquí y el cultural.

¿Cómo surge y evoluciona la guerra no convencional en nuestros días? ¿Qué tienen en común El Chapo Guzmán, Beyoncé o Rihanna? Todos perfilados como nuevos líderes de opinión y marcadores de tendencia en un escenario signado por “el imperio absoluto del mercado” y la banalización. Cita, entonces, al investigador belga Mattelard como uno de los voceros de la posición irreflexiva de la izquierda, que nunca se ha detenido a leer las verdaderas motivaciones contenidas en productos del espectáculo, pensados para causar adicción. “Las armas de la dominación cultural han acompañado o precedido a las armas de la guerra”.

Sobre cómo tradicionalmente “en la guerra cultural ha sido derrotada la izquierda”, las causas históricas y sociales que propiciaron el derrumbe soviético, la construcción de símbolos hegemónicamente “modernos”, entre otros temas dialogó el reconocido intelectual cubano; quien no se limitó a trasmitir citas e ideas, sino optó por un tono ameno y conversador al compartir pasajes e historias hilarantes que son constitutivos de la cultura de resistencia del cubano.

“El Che en la revolución y la lucha actual por la hegemonía socialista”, “La industria de los famosos: de Lady Gaga a El Chapo Guzmán” o “Elogio a Armand Mattelart” narran las concepciones defendidas por Prieto, quien introdujo preocupaciones esenciales, entre ellas, la necesidad de promover hábitos literarios y formar gustos ideoestéticos valederos, pues,  “se ha ido colando en el tejido social cubano esa idea de que la modernidad puede asociarse a la industria cultural de Estados Unidos”.

Pensamiento transformador, comunión política e intelectual están en el fondo de su texto, cuya riqueza argumental ve la luz, no por azar, sino que corresponde a la sumatoria de su probada aptitud literaria, sus años experienciales al frente de la Uneac—  organización con más de medio siglo aglutinando el sentir de los creadores cubanos—; así como los tres lustros en los cuales ha encaminado el devenir de un ministerio con tanta influencia dentro del proyecto socialista cubano, como la Cultura.

Con el acompañamiento de Luis Antonio Torres Iríbar,  miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Secretario en Holguín, y Julio César Estupiñán Rodríguez, Presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, se suscitó el encuentro, al que asistieron autoridades de la  AHS, la Uneac y el Instituto Cubano del Libro.

Por: Claudia Hernández Maden

Fotos: Carlos Parra