Lo atípico es raro

Por Abelardo Leyva Cordero

Fotos tomadas de Internet y portada cortesía de Ediciones Holguín

Escudriñad la poesía porque en ella pensáis que hay un tesoro. Así lo hago con el libro Playback de Youre Merino y descubro mi tesoro como curioso lector. Para compartir el placer que causa la buena literatura me dispongo a considerar los elementos causantes del excelente sabor que dejó en mi boca y espíritu la lectura de estos poemas atípicos por naturaleza.

Youre no solo es amigo, sino poeta inteligente que obliga al lector, ahora su amigo, a pensar el contenido del texto para llegar a una comprensión suficiente que garantice un disfrute a la vez suficiente. En la actualidad, entre tantos tipos de poesía, tantos libros premiados y otros no, entre tantos nombres popularizados y otros aúndesconocidos, hallar un ejemplar que brinde un menú diferente es imposible. Pero me corrijo, debería decir casi imposible. Porque la propuesta de Youre es atípica; un libro raro como dijo un poeta de su ciudad; un libro aplaudible por su condición sola de existencia. Criterio que yo comparto 100%.

El poeta banense, amante de la música y en particular del género rock, toma nota de un hecho real ocurrido dentro del mundomusical para tejer una tesis donde el fraude en la cultura es el motor que produce fenómenos graves entre la gente de distintas generaciones. Un dúo de cantantes de los años 80 engañó al mundo completo haciéndose pasar por excelentes intérpretes. Hasta que un trágico día, como sucede en toda buena historia que llega a su final, fueron descubiertos como falsos cantantes. Sorpresa para el público mundial, otros, que no enseñaban la cara, eran los que cantaban mientras el dúo de mulatos se dedicaba solamente a bailar una danza que llenaba de éxtasis los ojos del público ignorante.

Youre, con conocimiento de causa, y haciendo uso de las herramientas del escritor, recrea esta historia de Milli Vanilli para tomarla como referente que, con atrevida intención y natural transparencia, trae a nuestro tiempo para plantearnos el fenómeno, si se puede calificar así, del escritor fraudulento por responder a intereses exclusivos de mercado. Dura realidad que el autor no teme plasmar en la hoja en blanco para que otros se enteren de lo que está sucediendo en sus narices. Nos dice el poeta: Nos dijeron que si mentíamos nos crecería la nariz y comenzamos a mentir” Y también: “Debe ser muy incómodo asumir que, salvo para engañar, no se tiene talento para nada.

Simular ser un cantante de excelencia, para Youre, o simular ser un escritor de pies a cabeza por adoptar mañas impropias de la persona de carne y hueso, sino de tipo comercial y de laboratorio, como los propios poemas sujetos a los gustos e intereses de otros, es lo mismo; y él, de manera muy elocuente, lo combate para evitar morir como víctima del propio mal, cuando nos dice: Extirpo lo que genere contradicciones entre el contenido y sus medios de expresión. La posibilidad de que mi propia obra me fulmine”.

El autor tiene muy claro que la historia de la mentira en el acto creador tiene asegurado un triste final. Y sabiamente procura evadir este resultado escribiendo un libro que rezume denuncia valiente a la vez que asume su responsabilidad en el tema tratado, de la manera más sincera posible. Sus versos validan su posición en el asunto de esta forma. Primero dice: Está el que piensa que el engaño puede prolongarse, el que no se prepara para el golpe”. Y luego declara con toda humildad, genio poético y osadía: ¿Quién tiene el valor de aceptar que plagia? ¿Quién tiene el valor de aceptar que imita, de aceptar que algo de ellos habita en nosotros? Todavía no encuentro a nadie que muestre su estrella de perdedor para compararla con la mía”.

Libro que sostiene un discurso alto, con un lenguaje en prosa, no por ello abundoso en palabras, sino que cada partícula juega su papel, cada una es importante para lograr una música en el fondo de toda línea o verso, y el entendimiento cabal del mensaje sugerente que trasmite cada poema, es la propuesta que mereció con justicia el premio de la ciudad de Holguín en 2016.

Poemas que se comunican uno con otro. Y que poco a poco tejen un organismo vivo, lleno de sugerentes y desafiantes verdades que el lector enfrentará, terminando así complacido por el ejercicio de lectura de una obra de calidad por su innegable originalidad, y sus valores estéticos propios de la poesía. El sujeto lírico es un ser inteligente, que a veces es observador, y otras protagonista de la historia que se cuenta. Un ser de principio a fin, muy consciente de la realidad que se vive en el escabroso mundo del arte, como todos los mundos que existen en el mundo total que es el planeta tierra.

Felicitaciones para mi amigo y poeta inteligente Youre Merino por su atípico e interesante libro Playback Los podios ofrecidos.

 

 

 

Con Virgilio López Lemus en complexidad poética

Virgilio López Lemus nos entrega en Complexidad de la poesía (Ediciones La Luz, 2018) un libro de fascinación por el verso. Virgilio se sabe deslumbrado por sus arcanos, pues cada capítulo de este texto destila seducción prístina por la escritura lírica, por los secretos de la poiesis, a la que ha dedicado buena parte de su vida, para reafirmarnos que “todo misterio es de raíz poética”.

Virgilio se sabe deslumbrado por sus arcanos, pues cada capítulo de este texto destila seducción prístina por la escritura lírica. Foto: Ernesto Herrera

El Virgilio investigador, el Doctor en Ciencias Filológicas, el miembro de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba, el ensayista, crítico literario, compilador y prologuista que desde las rigurosas metodologías de la ciencia y el ejercicio de la docencia nos tiene acostumbrados a valiosos textos para comprender y analizar la literatura no solo cubana, sino hispanoamericana y universal, como El siglo entero. El discurso poético de la nación cubana en el siglo XX y Métrica, verso libre y poesía experimental de la lengua española, busca aquí el goce, la mirada íntima y reflexiva, al reunir varios artículos escritos en diferentes momentos en complexidad, o sea, en laberinto, embrollo, diversidad, pluralidad, acopio, complejidad (y complicidad) de la poesía. Él mismo asegura que estos textos “buscan placer de lectura, no ensayismo de tesis académica o reunión de máximas”, pues, añade, “hemos ido perdiendo un poco el goce de la lectura de textos ensayísticos como si leyésemos novela, poesía, pasión de lector que degusta más que aprehende. No se espera en estas páginas el entramado de la crítica estudiosa y docente, científica, o el análisis por completo racional de los ejercicios académicos; reunidos en torno a la percepción poética, si ofrecen vibración, fruición, ya es suficiente”.

Para ello aquí se entrecruzan literatura y ciencia, cosmología y crítica literaria, reflexiones sobre la poesía, textos sobre autores y una fuerte carga de sabiduría implícita, pues “ciencias y técnicas y religiones y credos de todo tipo, incluso los políticos, encierran dosis elevadísimas a veces (véase las utopías) de poiesis”. Una bella especulación científica puede contener tanta poesía como Los elementales de Paracelso, asegura Virgilio. Y “una maquinación técnica, de sentido práctico puede ser tan poética como las Centurias de Nostradamus”. Virgilio escribe, incluso, como si reflexionara ante un barril de pólvora, que “sin poesía no hay ser”, pues ella “nos identifica”. “La manera en que una nación, un pueblo, un grupo social o una persona manifiestan poesía, es un claro índice de su identidad. La poesía es identidad, identifica”, añade.

“El lenguaje de la verdadera poesía está asociado a los viejos mitos”. Foto: Ernesto Herrera

En estas páginas nos adentramos –desde la reflexión que se sostiene en un vivaz estilo, en la voz de un ensayista que domina la palabra con la elegancia de un miniaturista medieval– en la poesía como objeto; las cuestiones relacionadas a la versificación y la métrica hispánica, de la cual Virgilio es uno de sus principales estudiosos; el hecho poético; líricas y autores como José Martí, “el Apóstol, la estrella humana de la patria nuestra”; la filósofa malagueña María Zambrano, autora de El hombre y lo divino y La agonía de Europa; el irlandés Oscar Wilde, donde escribe que la poesía “está dentro y fuera del poeta, porque él es una suerte de pararrayos, un médium singular, una fuente”; el español Antonio Machado y su Juan de Mairena, desde la intimidad del ser reflexivo; Francisco de Oraá; el neorromántico José Ángel Buesa, del que incluso rescata un raro poema de corte social que podemos leer íntegramente, o Alberto Acosta-Pérez, su compañero, a quien califica como “poeta esencial, cuya labor perdura”, pero también como poeta fatal al decir de Juan Ramón Jiménez, pues para él la poesía “no era solo una expresión artística, sino una necesidad ineludible, al grado de que él no podía ser otra cosa que poeta. La obra que legó, da el mejor testimonio de tal afirmación”, escribe sobre Alberto, a quien le dedicara esa triste y hermosa elegía que es el poemario Hipno.

Virgilio se detiene en el sentido poético de ciertas utopías (Thomas Moro, Tomasso Campanella y Francis Bacon) para reafirmarnos que tres o cuatro siglos después, aún seguimos buscándolas; se apasiona con las Confesiones de San Agustín de Hipona y San Anselmo de Canterbury, manantial de “poesía ardiente” y, para mí, uno de los capítulos más hermosos del libro; se detiene en los arcanos del universo, pues “también desde el lado de la poesía se puede explorar el cosmos, definir al Universo, aprender de la teoría de las cuerdas y especular acerca del Big Bang”, pues, añade, “hay fronteras para las ciencias que la poesía puede sobrepasar”. “La especulación es poesía”, nos dice mientras se sienta a “pensar y poetizar”.

Recordándonos, como escribió Robert Graves, que “el lenguaje de la verdadera poesía” está asociado a los viejos mitos, López Lemus nos devuelve en enjundiosos textos la leyenda de Prometeo, un signo inagotable de la eterna poesía de la praxis y la creatividad; la de Narciso y la idea del juego en la lírica, y la de Perseo, quien nos enseña que también se puede vencer a los monstruos mediante la imagen, pues esta “surca el piélago de la poesía y surge el poema, sea piedra o flor”; o la leyenda del santo católico San Sebastián, cuya historia, nos dice, se convirtió en poesía, mirada desde las artes visuales, pero también en la obra del cubano Eugenio Florit o su siempre admirado autor de Elegías de Duino, de quien publicara recientemente Umbral para una era imaginaria. Acercamientos a Rainer Maria Rilke, e incluso tradujera para el lector cubano –que es de alguna manera versionar– la poesía del bardo checo.

Varias “noticias líricas” –canciones populares cubanas, una mirada a los antecedentes de la poesía social en Cuba, el poema del Himno Nacional cubano, un contrapunteo entre el barroco y el neoclásico a partir de la ceiba y la palma real– concluyen este libro de libre reflexión, de vinculación entre el ensayo y poesía: el ensayo como placer discursivo, como ejercicio dialógico y por demás, poético. En otras palabras: el ensayo como poesía, porque Virgilio López Lemus es, sobre todo, un poeta. Ahí están Hacia la luz y hacia la vida, Aguas tributarias, El peldaño, Cuerpo del día y su antología Un leve golpe de aldabas, entre otros títulos.

Virgilio conversa, pero también versa. ¿Qué es sino “La música de las esferas revisitada”, “Tonto o poeta”? o “Puntas de lo diverso”. Estos textos –y otros tantos– más allá de lo meramente ensayístico o reflexivo, poseen un valor poemático y ahí es donde Complexidad de la poesía seduce y enamora, y recuerda, por ejemplo, los ensayos del poeta mexicano Octavio Paz, quien partía de la necesidad de una “pasión crítica” en este tipo de textos sobre literatura.

Virgilio es nuestro cómplice en los caminos de la percepción poética. Portada cortesía de Ediciones La Luz

Virgilio es nuestro cómplice en los caminos de la percepción poética. Siempre al lado de los jóvenes, quizá para mantenerse lozano en pensamiento y acción, Virgilio sabe que “la poesía vibra en la esencia inteligente del cosmos, en el planeta vivo, en el ser humano reflexivo y pasional” y por eso “goza de la eternidad”. Siempre he creído que Virgilio López Lemus –un ensayista e investigador que desde el verso trabaja con el infinito, un alquimista del saber– porta la luz y la comparte; por la utilidad de esa luz le agradecemos y además, por la fe en la poesía (artículo publicado inicialmente en la web de la Asociación Hermanos Saíz, AHS).

Por Erian Peña Pupo

Hacer Memoria Nuestra también desde las redes

Por Erian Peña Pupo

Fotos Archivos Centro de Comunicación Cultural La Luz – Holguín

El 300 aniversario de la fundación del pueblo de Holguín y sus aportes al corpus cultural e histórico del país abrió temáticamente las sesiones del Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra, columna vertebral de las Romerías de Mayo, que este año se realiza a través de forodebates e intercambios online en las plataformas digitales.

Alejandro Torres Gómez de Cádiz y José Fernando Novoa Betancourt, profesores de la Universidad de Holguín, reflexionaron sobre el sentimiento de holguineridad que distingue a los habitantes de esta ciudad del oriente cubano, los elementos que la peculiarizan y definen, así como la comprensión de la historia y la cultura nacional a partir de la aprehensión de las identidades locales. “¿Podemos hablar de una cultura holguinera o un sentimiento de holguineralidad? Cuándo definimos al holguinero de hoy: ¿Son los del municipio Holguín y zonas aledañas o todos los que viven en la provincia? Es necesario recordar que la identidad local es un proceso complejo y lento. La perseverancia de rasgos identitarios locales diferenciados dentro de la actual provincia de Holguín es persistente aun y se expresa no solo en características somatotípicas sino también en tradiciones, las formas lingüísticas y otras. Se está celebrando el 300 aniversario de la fundación del pueblo de Holguín, fecha que en su exaltación no debe generar una absolutización en la definición cultural de estas zonas fundacionales en detrimento del holguinero actual como provincia”, comentó Alejandro.

Como parte de esta edición del Memoria Nuestra en las redes se realizó también el forodebate Nación y Socialismo, en donde se reflexionó y debatió sobre “el proyecto socialista cubano y sus espeficidades, sobre las formas en que se ha entendido este socialismo, sobre el significado que deben tener en un proyecto nacional socialista conceptos como democracia o soberanía nacional, sobre la relación de esta práctica con la herencia liberal y libertaria que nos legara el siglo XIX” y muchos otros temas afines, moderados por los profesores Frank José Soler, de la Universidad de La Habana, y Daniel Rafulls, de la Universidad de Oriente, ambos miembros de la sección de crítica de la AHS.

Hasta el próximo día siete de mayo, jóvenes investigadores, historiadores y estudiosos de varias provincias del país abordarán temas variados del acontecer sociocultural cubano en estos foros, que se realizan en el sitio web de la AHS, con la participación también de importantes catedráticos e investigadores cubanos, como la historiadora Mildred de la Torre, Mely González Aróstegui, de la Universidad Central en Villa Clara, y Fernando Luis Rojas, del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, en La Habana.

Además, varios trabajos concursantes, entre investigaciones y proyectos socioculturales, serán analizados en las sesiones de la tarde por los participantes de este certamen, con el objetivo de socializar cada uno de los estudios, en un grupo creado en WhatsApp, aprovechando las posibilidades de diálogo permanente de las redes, sin perder el espacio de retroalimentación que ofrece cada año un espacio como este.

El Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra se erige como uno de los principales eventos que se desarrollan cada año en Holguín durante las Romerías de Mayo, por sus aportes a la creación investigativa joven y el desarrollo de proyectos socioculturales en el país.

Importantes intelectuales y artistas han sido miembros de su jurado y han impartido conferencias magistrales, como Eusebio Leal, Pedro Pablo Rodríguez, Fernando Martínez Heredia, Graziella Pogolotti, Adelaida de Juan, Luis Álvarez y Virgilio López Lemus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Compartir palabras y literatura online en Romerías desde casa

Por Vanessa Pernía Arias

El evento literario Palabras compartidas que se realiza dentro de las Romerías de Mayo, desarrolla por estos días un amplio programa que comprende presentaciones digitales de libros, exposiciones virtuales y la socialización de materiales promocionales y parte del catálogo de La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín, a través de diversas plataformas digitales.

Foto tomada del perfil de Facebook de Ediciones La Luz

Auspiciado por la sección de literatura de la AHS en esta provincia y con Ediciones La Luz como anfitrión, en esta edición el espacio se dedica a los 300 años de fundación del pueblo de Holguín, al centenario del nacimiento del poeta, traductor y narrador Eliseo Diego, y al 20 aniversario del Sistema de Ediciones Territoriales, precisó Norge Luis Labrada, organizador del evento.

La creación de este sistema editorial fue lo que reconfiguró el mapa literario de Cuba e hizo visibles a escritores magnífico que no habían tenido la oportunidad de publicar, y Holguín con sus dos sellos es ejemplo que trasciende, destacó la poeta santiaguera Teresa Melo, en las palabras que dedicó a la fecha, en el perfil de Facebook de La Luz.

También se han sumado otros sellos del país, explicó Norge Luis, como Sed de Belleza, Aldabón, Reina del Mar Editores y Áncoras, así como el proyecto de promoción literaria Claustrofobias, con la publicación de galerías fotográficas de eventos de esta manifestación convocados por la AHS en cada una de las sedes de estas editoriales y en las ferias del libro, y la socialización de títulos digitales a través de la Estantería Cubana, mediante su canal en Telegram.

Todas las jornadas hasta el próximo día siete estarán motivadas a partir de la campaña de promoción del libro y la lectura, bajo el slogan “A la luz se lee mejor”, que desde inicios del 2020 lanzó esta editorial holguinera, con el objetivo del disfrute de la lectura y el libro como arte.

Postales, textos digitales del catálogo de La Luz, videopoemas de los autores del e-book La joven Luz: Entrada de emergencias, podcast con producciones autóctonas y audios de Eliseo Diego, son algunos de los materiales que los internautas podrán compartir a través de las redes sociales, puntualizó.

El día siete es el aniversario 23 de Ediciones La Luz, nacida en Romerías con la presentación del poemario Bufón de Dios, de José Luis Serrano, y se celebrará desde internet, explicó Norge, pues se prevé inundar las redes con fotografías de los participantes del evento en pasadas ediciones, además de videos de felicitación de autores, fotógrafos e ilustradores del catálogo, lectores y amigos de este sello.

(Con información de la ACN).

Nuevos premios para autores holguineros

Por Erian Peña Pupo

Fotos archivos de Comunicación Cultural La Luz

Hoy, día Mundial del Idioma Español y Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, fueron dados a conocer los resultados del Premio Pinos Nuevos y de las Becas de Creación Dador 2020, auspiciadas por el Centro Cultural Dulce María Loynaz en La Habana.

Varios autores holguineros se encuentran entre los premiados, en este caso en la beca Dador.

En esta ocasión, el jurado integrado por Roberto Manzano, Gerardo Fulleda León, Caridad Atencio, Rafael de Águila y Zaida Capote, decidió, por mayoría, elegir el proyecto de ensayo Separado de todo cuanto existe; mambises, amores e infortunios, de José Abreu Cardet y Ronel González Sánchez. Mientras que reconoció el poemario Lo que se esfuma, del holguinero residente en La Habana Rubiel Alejandro González Labarta.

“Este libro es una investigación histórica sobre el amor en las guerras del siglo XIX en Cuba, pero se enfoca también con poemas, memorias, cartas…” comentó el historiador y profesor José Miguel Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia. Es, además, licenciado en Historia por la Universidad de La Habana, miembro de la Academia de la Historia de República Dominicana, Máster en Historia, investigador adjunto del Ministerio de Cultura y profesor adjunto de la Universidad de Holguín. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC), la Uneac y la Asociación de Historiadores del Caribe, Abreu se desempeña como especialista en la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos del Centro Provincial de Patrimonio Cultural en Holguín. Ha obtenido los Premios de la Ciudad 1987, 1997, Ramiro Guerra 2000, Regino Boti 1994 y 2002, y José María Heredia 2004, entre otros. Posee el Escudo de la provincia de Holguín, la Distinción por la Cultura Nacional, entre otras importantes distinciones dentro y fuera de Cuba.

“De niño viví rodeado de relatos. Me empezó a interesar la historia por un tío mío, Juan Cardet, que tenía una finca en las afueras y en vez de dedicarse a hacer dinero, leía mucho. Tenía una colección de Selecciones; yo me leí muchas de ellas y eso influyó en mí, incluso en la forma de escribir”, asegura el autor de Los resueltos a morir: relatos de la guerra grande (Cuba, 1868-1878). Abreu primero quiso ser escritor, pero “por suerte me di cuenta a tiempo y me dediqué a la historia”, aunque su obra investigativa se distingue por el constante maridaje entre la literatura y la historia. “Sucede que era un gran lector de literatura y eso influye mucho, incluso la poesía es una manera de testimoniar los sucesos de la historia”.

Autor de más de una treintena de libros, Abreu Cardet ha dedicado parte de su obra al siglo XIX cubano, especialmente a las Guerras de Independencia, con énfasis en la Guerra Grande, destacando títulos como: Calixto García en España, Campaña desconocida de Máximo Gómez, Mambises internacionalistas, El sitio en Holguín, Julio Grave de Peralta. Documentos de la guerra en Cuba, y Gómez, Maceo, Martí: sus discordancias.

Ronel González, reconocido autor holguinero (foto Juan Pablo Carreras/ACN)

Por su parte, Ronel González ha recibido, entre otras muchos premios, distinciones y reconocimientos, el Escudo de la Provincia de Holguín, en 2000; la Distinción por la Cultura Nacional, en 2001; el Gran Premio en poesía y cuento del Primer Concurso Internacional de Literatura Infantil “Los Zapaticos de Rosa”, en 2002; el Premio Iberoamericano “Cucalambé”, en 2006; la Medalla “Abel Santamaría Cuadrado”, 2007; y el Premio “José María Heredia” en literatura para niños, en 2008. En su amplio catálogo destacan los ensayos e investigaciones: Selva interior, estudio crítico de la poesía en Holguín (1862-1930) (2002); La noche octosilábica, historia de la décima escrita en Holguín (1862-2003) (2004); La sucesión sumergida. Estudio de la creación en décimas de José Lezama Lima (2006); Alegoría y trasfiguración. La décima en Orígenes (2007); Árbol de la esperanza. Antología de décimas hispanoamericanas (2008) y Temida polisemia. Estudio de la obra literaria de Delfín Prats (2016). Entre los dedicados al público infantil destacan: La enigmática historia de Doceleguas (2010); Relatos de Ninguna Parte (2013); Los hechiceros de Brujanamá (2013); La honorable bruja Granuja del esqueleto embrutecido (2014); Relatos turulatos (2015); y El secreto alboroto de los bichos (2016). Además, Ronel es autor de recientes títulos como el poemario Teoría del fulgor accesorio (2016) y Érase un elefante bocarriba; racimo de décimas humorísticas cubanas (2017).

Rubiel G. Labarta, joven poeta holguinero (foto tomada de Internet).

Después de publicar su primer cuaderno, Los dioses secretos, por Ediciones La Luz, y que el mismo recibiera el reconocimiento La Puerta de papel, que otorga el Instituto Cubano del Libro con su consiguiente reedición, el holguinero Rubiel G. Labarta (1988) ha obtenido muchos de los más importantes premios del panorama nacional, como el Pinos Nuevos, Manuel Navarro Luna, Ciudad de Ciego de Ávila, Paco Mir Mulet, América Bobia, Hermanos Loynaz, Ciudad de Holguín y la Beca Prometeo de La Gaceta de Cuba, que le han hecho publicar otros tantos libros, con temas que ha ido hilvanando: la familia una y otra vez, sumergida en la cotidianidad asfixiante que las ayuda a soportar el paso de los años, la dura rutina de los años, pues –nos recuerda más adelante–el arduo transcurrir del tiempo, puede ser, sin dudas, una traición imperdonable. Y además, cierta nostalgia hacia un pasado en donde la vida –como síntoma de la cotidianidad de muchas familias– se reduce a la cruel espera. Hay mucho de melancolía cuando se desea medir el verdadero tamaño de lo que perdíamos, aunque estemos seguros de que ya nada hará que recobremos el verdor de antaño.

 

 

 

Leer, escribir y pensar en el idioma de Cervantes

Por Erian Peña Pupo

Fotos Nasquiset Domínguez Pérez (Claustrofobia) y tomadas de Internet

Este 23 de abril se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor y también el Día Mundial del Idioma Español. La misma recuerda a los importantes escritores Miguel de Cervantes, Williams Shakespeare y Garcilaso de la Vega, quienes fallecieron en esta fecha de 1616.

La Unesco aprobó la celebración en 1995, a propuesta de la Unión Internacional de Editores, y añadiendo a las anteriores conmemoraciones el fallecimiento este mismo día de William Wordsworth y Josep Pla, y el nacimiento de Manuel Mejía Vallejo, Maurice Druon y Halldór Laxness. De esta forma se le rinde merecido homenaje mundial al libro y es una manera de alentar a todos, sobre todo los jóvenes, a descubrir el placer de la lectura.

El Día Internacional del Libro se celebra en más de 100 países a lo largo y ancho de todo el mundo, pues busca, sobre todo, fomentar la lectura, pero también defender y proteger la industria editorial y los derechos de autor.

 

El Día del Idioma Español, por su parte, es un homenaje al escritor español Miguel de Cervantes Saavedra, autor, entre otros tantos libros, de El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, con el cual, aseguran los críticos, contribuyó al engrandecimiento del español, y es considerada la obra cumbre de la lengua española y una de las más traducidas.

En 2010, la Organización de Naciones Unidas (ONU) decidió celebrar su diversidad cultural y multilingüismo para los idiomas oficiales, entre ellos el español. Por lo que cada año en esta fecha se celebra Día del Idioma Español, además de concienciar al personal de la Organización, y al mundo en general, acerca de la historia, la cultura y el uso del español como idioma oficial. Casualmente, la fecha de su fallecimiento coincide con la del más prestigioso dramaturgo inglés, William Shakespeare. De ahí que ambas lenguas compartan el día.

 

En esta fecha, el Centro de Comunicación Cultural La Luz y la Dirección Provincial de Cultura felicitan a todos los escritores holguineros y a los amantes del libro en sentido general, principalmente a quienes en sellos como Ediciones Holguín, La Luz, La Mezquita, Papiro y Conciencia, hacen posible el hecho concreto del libro soñado por el autor. A todos nos une el español, nuestra lengua materna, a la que debemos también proteger siempre.

 

 

 

El sabor del instante de Eugenio Marrón

Por Erian Peña Pupo

Eugenio Marrón Casanova (Baracoa, 1953) es un perspicaz conversador que paladea las palabras y su justo peso como si saboreara la mítica ambrosía, prohibida a los mortales.

Con El sabor del instante, bajo el sello de Ediciones Holguín, Marrón se nos muestra, además de narrador y poeta, como un locuaz interrogador de su tiempo y de aquellos que le han precedido, mediante el ejercicio del periodismo, en este caso la entrevista, entre los géneros más complejos, abarcadores y necesarios en la prensa en la actualidad.

Foto cubierta cortesía de Ediciones Holguín

Utiliza Marrón como pórtico de su libro el siguiente verso de Eliseo Diego, “el sabor del instante como un vino de oro” y, luego de haber paladeado ese elixir dorado y antiguo, compartido con escritores amigos, reúne un total de trece entrevistas realizadas a lo largo de dos décadas, y publicadas, la mayoría de ellas, en diferentes medios de prensa de Cuba y América Latina, a importantes escritores cubanos que integran el obligado cuerpo identitario de la Nación, aquel sustrato mágico, piedra de toque identitaria, que acompaña al país frente a las múltiples variaciones de su Tiempo: “Las poéticas, historias personales, preocupaciones culturales y visiones del mundo de estos escritores nos ayudan a entender el siempre complejo y misterioso proceso de la creación, sus incertidumbres y búsquedas, sostenidas muchas veces en tiempos complejos y hasta turbulentos”, asegura, en el prólogo, el escritor y periodista Leonardo Padura.

Así Marrón conversa con Dulce María Loynaz, casi en las postrimerías de la autora de Jardín y Últimos días de una casa, y solo tres días después de la noticia que uniera su nombre a la pléyade de ganadores del Premio Miguel de Cervantes, la más alta distinción en lengua española: “El Premio ha sido un accidente y no lo entiendo de otra forma. Sería yo muy vanidosa si pretendiera que mi nombre y el de Miguel de Cervantes pueden estar unidos”, asegura Dulce María a Eugenio. La entrevista explora, en buena parte, la relación de la escritora con España, sus letras y escritores; y nos ofrece, además, confesiones como esta: “Yo estoy entera en mis versos. Y también estoy en mi novela y en todo lo que he escrito. Mi legado es haberme entregado yo misma”.

Otro de los escritores incluidos, y con quien conversa Marrón en 1993, esta vez en el estudio del poeta, custodiado por fotos familiares y las miradas protectoras de varios poetas, es Eliseo Diego, autor del volumen de traducciones literarias Conversación con los difuntos, recién salido entonces, y de otros títulos necesarios como Por los extraños pueblos, Inventario de asombros y Muestrario del mundo o Libro de las maravillas de Boloña.

Desde el conocimiento profundo y sosegado de los autores y los textos sobre los que inquiere, Marrón se acerca a la obra de Pablo Armando Fernández tras el “aliento bíblico” de Salterio y lamentaciones, y la influencia en el escritor cubano de los paisajes de Carson MacCullers; los diferentes momentos en la narrativa de Jaime Sarusky a través de las novelas La búsqueda, Rebelión en la octava casa y Un hombre providencial; el escudriño del ensayo como género literario y sus posibilidades expresivas en voz de Graziella Pogolotti, y los senderos de la narrativa de Lisandro Otero en novelas como La situación, Pasión de Urbino, En ciudad semejante y Árbol de vida, textos que conforman “una obra que conjuga, con parejas solicitudes, tiempo y fabulación, memoria y lenguaje, historia y nación”.

Además, Eugenio Marrón desanda la amplia poética del autor de Los siete contra Tebas, La puerta está cerrada y La noche del aguafiestas, en diálogo con Antón Arrufat, una de las voces imprescindibles en la literatura cubana contemporánea; desanda la capital cubana de la mano de Reynaldo González y su obra, en una entrevista realizada para la revista Opus Habana “en clave estrictamente habanera”, y se adentra, también, en la obra poética del cubano-judío-americano José Kozer, a través de “la poesía como álbum familiar in extenso” del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en 2013.

Asimismo, Marrón se adentra en la obra de otros creadores hoy en activo, voces sólidas en nuestras letras: Delfín Prats, Margarita Mateo, Luis Álvarez y Lourdes González, estas tres últimas entrevistas, junto a la de Antón Arrufat, inéditas hasta el momento, en busca de las esencias creativas de su discurso, de la impronta que van dejando, a la par de su escritura, en la literatura contemporánea cubana.

Muchas de las entrevistas están teñidas por la circunstancialidad y la inmediatez de la prensa plana, por el “estilo elíptico” del periodismo, según Carpentier; aunque Marrón nos dice que ahora, en forma de libro, están mucho más completas y cuidadas. Pero en todas, el aliento de profundidad, investigación y sapiencia, en Eugenio cuestiones propias y aprehendidas en su ejercicio como lector avezado y editor, prevalece como brújula en alta mar frente a toda posible tempestad.

No encontramos el estilo irreverente y, en ocasiones, agresivo de una genial Oriana Fallaci, esa no es la intención del entrevistador, pero tampoco la interrogante fácil, incluso obvia, de la prensa diarista. Por si fuera poco, un cuadro suficientemente sugestivo, Bouquet de dalias y libro blanco, de Henri Matisse, custodia, a manera de invitación suculenta, incluso curiosamente tropical, la cubierta de El sabor del instante, con edición de Dunia Verdecia, corrección de José Luis Serrano y diseño de Roddier Mouso.

Según Píndaro, una de las impiedades de Tántalo fue ofrecer a sus invitados la ambrosía de los inmortales, un robo parecido al que cometió Prometeo cuando entregó el fuego. Eugenio Marrón, como Tántalo, aunque su objetivo y personalidad sean diferentes al personaje del mito griego, nos ofrece el sabor del instante compartido en estas entrevistas, con la seguridad de que toda búsqueda inicial es, más que atrevimiento y osadía, fugacidad y placer, un peldaño para alcanzar el conocimiento anhelado, para edificar, en comunión con todos, el verdadero corpus de la Isla (reseña publicada originalmente en la revista de la cultura cubana La Jiribilla).

Los avatares de Mayán

Días difíciles son estos que ha traído consigo el 2020, año bisiesto que reafirma la superstición popular acerca de su fatalidad, sin embargo no es oscuro el final que se avecina y depende de nosotros el futuro mediato donde este mal momento quede solo como una enseñanza. Responsabilidad y mucha disciplina se nos demanda para permanecer en el calor del hogar y, mientras otros aprovechan este tiempo como un descanso de la agobiante cotidianidad, otros igualmente se suman con atractivos proyectos que entretienen y educan en estas jornadas que parecen eternas.

A la aventura de las Redes sociales se lanza Moisés en estos días de aislamiento. Foto: Kevin Noya

Moisés Mayán es uno de esos intelectuales holguineros que no puede estar tranquilo en casa y, sin dejar el cobijo que responsablemente debe mantener, se aventura al vertiginoso mundo de Internet y las Redes sociales, en este caso específico, el Facebook.

“He decidido sumarme a las labores promocionales que realizan los artistas cubanos desde las redes sociales, con algo así como el conocido juego Dos imágenes y una palabra, diseñando un atractivo proyecto de promoción de los escritores holguineros”, apunta Mayán.

A través del perfil de Facebook de la Promotora Literaria Pedro Ortiz Domínguez se comparten cada día imágenes que sugieren libros de autores del patio, lo que a su vez provoca un intercambio saludable, “que me ha granjeado no pocos elogios”.

“La idea viene de esas apps que circulan de teléfono a teléfono. Las claves para la construcción de públicos, tal como yo lo veo, las tienen Facebook, YouTube, Twitter, entonces cuando te haces de una herramienta de esas y la insertas en la dinámica del hombre de nuestro tiempo, tienes un elevadísimo por ciento de éxito”.

Así emplea el tiempo de conexión para publicar unos diez al día, mientras “cocina” otro proyecto que se llamará “El escritor incógnito”, todo ello gracias al uso creativo del aislamiento social que garantiza un público atento, al tiempo que difunde la cultura local a través de las facilidades interactivas globales que provee esta plataforma.

“Para evitar el chovinismo-señala Moisés-a veces cuelo algún otro autor, incluso comencé con Don Fernando Ortiz, pero mi objetivo inmediato es dar a conocer las obras de autores holguineros”.

Y en este contexto no podía faltar la buena lectura, por ello el autor de Estética de la derrota (2017), aprovecha el momento para leer algunos textos que la urgencia había relegado, al tiempo que escribe un nuevo libro, “Hablando en plata”: “La peculiaridad de este nuevo cuaderno es que se alimenta de expresiones del habla popular para escalar los dominios del poema. La fraseología que puedes escuchar en una guagua, en una cola, en el ir y venir de lo cotidiano, poseen una fuerza poética propia, y muy poco explorada, así que en ese sentido afinco mis textos”.

“He decidido sumarme a las labores promocionales que realizan los artistas cubanos desde las redes sociales, con algo así como el conocido juego Dos imágenes y una palabra”.

“Es lo que he venido haciendo hasta ahora, prosa poética: trato de rescatar cierta musicalidad de la poesía que se mantiene en las estrofas clásicas, pero se pierde en el versolibrismo”.

En medio de la crisis de insumos que padecen nuestros sistemas de impresión, Moisés se manifiesta agradecido por la fortuna de presentar dos nuevos títulos en la pasada Feria Internacional de La Habana: Mentalidad de enjambre (Ediciones Matanzas, 2019, Premio José Jacinto Milanés, 2018) y Carga al machete (El Mar y la Montaña, 2019, Premio Regino E. Boti, 2018). A nuestra Feria debían llegar los títulos, pero su aplazamiento hace que los lectores no puedan tener el impreso a mano, sin embargo siempre quedan las redes.

La geometría de Lobachevski según José Luis Serrano

Por Erian Peña Pupo

Fotos archivos de La Luz y portada cortesía de Ediciones Holguín

¿Qué obsesiona a un escritor contemporáneo? ¿Qué ideas pueblan su psiquis y cuáles convierte luego en imágenes, metáforas, y finalmente en literatura? ¿Acaso pueden ser cognoscibles sus pensamientos, miedos, pasiones, mediante la lectura y posible interpretación de sus libros? Y más si añadimos que este creador, digámoslo así, es un escritor que se arriesga doblemente (ser escritor ya es de por sí un riesgo con cierto mérito) con el arte de la versificación clásica: el soneto como género que exige ciertos rigores y pertrechos idiomáticos y técnicos no siempre fáciles de dominar y usar en su justa medida.

Eso pienso cuando leo Geometría de Lobachevski, poemario publicado por Ediciones Holguín en 2016, con el cual el poeta holguinero José Luis Serrano (Estancia Lejos, 1971) obtuvo el Premio Adelaida del Mármol en 2015, con un jurado integrado por Daniel Díaz Mantilla, Lourdes González Herrero y Luis Yuseff, y además, el valorado Premio de la Crítica 2016.

Instrumentos de explotan en redondo. / Incursiones al centro de la Tierra. / El edredón que el moribundo aferra. / La soledad del corredor de fondo. / Lo mismo da Comala que Macondo. / Valles de Irlanda. Costas de Inglaterra. / Cae el telón. El círculo se cierra. / Acaban de ajustar el tirafondo. / El criminal ha revelado el móvil. / Los átomos colapsan en Chernóbil. / Hay mil vacas paridas en Holguín. / ¿Campos de fresas? ¿Campos de exterminio/ donde la muerte no tendrá dominio? / Led Zeppelin or Yellow Submarine? (“Átomos”).

¿Qué pasa por la cabeza de J. L. Serrano cuando escribe sus poemas? Poemas estiletes, podríamos decir. Poemas revólveres (para jugar a la ruleta rusa). Poemas AK–47, bazucas, T–34. Amnésico. Poemas botellas de ron, varias cervezas largas. Alcohol en sangre. Poemas tragos ríspidos, cortantes. Aritmética. Matemática. Poemas insurgentes y peliagudos. Indóciles. Pero también gentiles, delirantes. Eso difícilmente lo sabremos, pues quizá ni el mismo poeta haya llegado a conjeturar (a pensar seriamente en ello) la cantidad de flashazos poéticos que visitan/atraviesan/surcan cada segundo su mente. Flashazos inevitables como los que surcaban la cabeza –la cabeza de un creador es cosa compleja sin dudas– de aquel saxofonista de jazz llamado Johnny Carter, inspirado en Charlie Parker, adicto a la marihuana y con una percepción del mundo y del espacio–tiempo muy particular, aquel saxofonista que Julio Cortázar nos entregó magistralmente en su conocido cuento “El perseguidor”.

Como Johnny Carter, J. L. Serrano escribe él mismo su biografía, que sin dudas está en su obra, como si escribiera variando las estructuras y los acordes del jazz más experimental, rompiendo las improvisaciones, insolventes, eléctricas, furiosas, del bebop tradicional.

Blanco país de la anestesia. Limbo/ de los pacientes operables. Aspa/ vertiginosa (helicoidal) que raspa/ los cirros, los estratos y los nimbos. / Nervios de acero. Músculos de mármol. / Imperio epidural de la raquídea. / El tumor se transforma en una orquídea/ que con cuidado se le extirpa al árbol. / ¿Labrar bisontes en la piedra pómez?/ Acaba de morir Máximo Gómez. / Harta la Toga del veneno tirio. / Hacia país inaccesible. Blanco/ país de la anestesia. Hay un barranco: / ¿saltar o proseguir en el martirio? (“Cirros”).

Este es un libro diferente, han dicho muchos, en el panorama de la mecánica clásica en Cuba y probablemente en el ámbito hispanoamericano. Y no es menos cierto, pero es al mismo tiempo un “cuaderno total” que viene a resumir (aunar en su medida si es posible usar el término) el trabajo de J. L. Serrano como versificador en un género que domina como pocos desde que publicara en 1997 Bufón de Dios, libro prístino de la naciente Ediciones La Luz. “José Luis Serrano es un arquitecto que conoce a la perfección de las reglas para construir edificios a partir de un dominio técnico, razón por la cual suele jugar desde la provocación. (…) Geometría de Lobachevski es un libro estremecedor. Su esencia está en aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecen las lecturas acumuladas a lo largo de su carrera por un campo minado y con sus poemas como brújula para asumir tamaña empresa. Su extraordinaria capacidad para convertir frustraciones, caídas y raros silencios en sonetos demoledores le permite estar fuera de toda clasificación en Cuba”, escribe a propósito el poeta tunero Frank Castell.

Serrano incorpora en su poesía temas, contextos y situaciones que afectan (centrífugamente, podríamos decir) al hombre contemporáneo, donde se inscribe el ser cubano de hoy. En ocasiones es como si delante de nosotros, de nuestros asombrados ojos, pasaran múltiples titulares periodísticos o breves leads de agencias de prensa (actuales y antiguos) que terminan siendo pura poesía a quemarropa, sin contención. Es, apoyándome en Frank Castell, como si nos encontrarnos ante un vertiginoso y violento zapping donde “mientras más avanzan los textos es mayor la velocidad de imágenes ofrecida a través de múltiples canales”.

Publicado en la colección Ítaca de Ediciones Holguín, con edición de Lourdes González Herrero y un atractivo diseño a cargo de Roddier Mouso Bahr, a partir de la obra Nido (Land Art, 2015) de Rubén Tomás Hechavarría Salvia, Geometría de Lobachevski es parte de un proyecto mayor llamado “Trilogía acéfala”, que cuenta con el poemario Más allá de Nietzsche y de Marx, editado por la santiaguera Editorial Oriente, en 2016, además del inédito “Los perros de Amundsen”.

En Geometría… J. L. Serrano apoya sus “conjeturas poéticas”, sus “carreteras, cadalsos, calabozos”, en la figura y la obra del matemático ruso Nikolái I. Lobachevski (1792–1856) para articular un “libro de alguien que sin artificios ni figuras planas establece un diálogo muy atractivo con(tra) el lector. Ha contaminado ritmos, recupera contornos culteranos saludables; voces que no entenderíamos propias de la mecánica clásica germinan aquí. La poesía hay que entenderla de modo imperfecto, como creía Coleridge; por tanto, el pervertido y ardiente deseo de imperfección que asoma en los textos de J. L. Serrano, concierne a una manera de asumir un nuevo territorio: la apuesta radical a creer que no existen tradiciones porque todas se convocan en el espectáculo de la ruptura, o tal vez, esa misma ruptura, esa experimentación, no sean otra cosa que la más importante tradición creada”, añade el tunero Carlos Esquivel en el prólogo del libro.

¿Cuerpos astrales? ¿Cuerpos cavernosos? / ¿Desproporción? ¿Arritmia? ¿Desmesura? / ¿Contrarrevolución? ¿Contracultura? / ¿Alcanzar el nirvana o el reposo? / Perdona, Lobachevski, es tan morboso/ confiar en tus precarias herramientas. / Hiperbólicas bestias fraudulentas/ vendrán a cercenarnos los testículos. / Ya están muy cerca. A dos o tres cubículos. / ¿En qué oprobios sumirnos? ¿En qué afrentas/ desvanecernos, Nikolái? Ridículos/ axiomas y sofismas argumentas. / En la bandeja están los adminículos. / Las manos entran en el látex, lentas (“Látex”).

Quizá con ese diálogo lírico y trasgresor, acumulativo, logrado también consigo mismo, diálogo perturbador y contaminante en los terrenos expansibles de la mecánica clásica, como si pensáramos en la expansión del universo y sus contornos a través del propio verso y sus múltiples posibilidades, el holguinero J. L. Serrano nos entrega en Geometría de Lobachevski sin dudas uno de sus mejores poemarios. Poemas que vienen a ser estiletes. Poemas revólveres (cargados) para jugar a la ruleta rusa. Amnésico. Poemas AK–47, bazucas, T–34. Poemas botellas de ron para empatar los días y las noches. Poemas acordes de jazz. Poemas alcohol en sangre. “Otra cerveza, por favor”, amigo Lobachevski. Pero antes dime qué debo hacer: “¿Cortar el cable azul o el cable rojo?” (Publicado originalmente en el sitio web de la Asociación Hermanos Saíz).

 

 

 

Ronel González Sánchez, la historia patria como necesidad vital

Por Vanessa Pernía Arias

Quizás como hubiera reseñado Carlos Manuel de Céspedes el trayecto hasta San Lorenzo en su diario de campaña, el escritor holguinero Ronel González Sánchez (Cacocum, 1971) registra su recorrido hasta el histórico sitio, el último lugar sobre la tierra que estuvo el Padre de la Patria.

Fotos Juan Pablo Carreras (ACN) y cortesía del entrevistado

“Salimos el 22 de agosto de 2018 alrededor de las diez de la mañana en el ómnibus 1231 de montaña desde Contramaestre. Hasta San Lorenzo hay 48 kilómetros, pero el trayecto es arduo a través de un zigzagueante camino en mal estado que varias veces atraviesa el río Contramaestre… Recuerdo el viaje como una experiencia estremecedora. Llegamos poco después de la una de la tarde. Por una escalinata de piedras, ladrillos y mármol fuimos hasta la cima desde donde cayó Carlos Manuel por un barranco…”, escribe Ronel, autor de varios libros publicados por los sellos de la AHS, entre ellos los títulos: Temida polisemia. Estudio de la obra literaria de Delfín Prats, por Áncoras, en Isla de la Juventud, en 2016, y la antropología de décimas humorísticas Erase un elefante bocarriba, por Ediciones La Luz, en Holguín, en 2018.

Recuerda que llevaba una bandera y tomaron prestada la de La Demajagua, que ondeaba en una de las dos astas de la cima. Luego, junto al barranco, completamente cubierto de maleza, con la enseña sobre los hombros, leyó uno de esos poemas dedicados a Céspedes, le rindió tributo.

¿Por qué –podríamos preguntarnos– revisitar los lugares de la historia de nuestra Patria es para Ronel González Sánchez un acto continuo de fe y sensibilidad concretado en versos de alto calibre? Quizás sea porque el poeta tiene su propio grito, como el del 10 de octubre en La Demajagua y prefiere la métrica que amplifica la historia como necesidad espiritual y humana.

Con más de cincuenta libros, en géneros como la poesía, el ensayo y la literatura infantil, siendo uno de los escritores cubanos más publicados, Ronel ha mostrado un marcado interés por los procesos independentistas cubanos y justo detrás de esas palabras existen infinidad de horas dedicadas por completo a la investigación, entre estos se encuentran los cuadernos Teoría del fulgor accesorio, La marcha de la bandera y ¿Cómo se manda un campamento?, ganador este último del Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019, convocado por la Uneac en Villa Clara y entregado recientemente en el Memorial Che Guevara de la ciudad de Santa Clara.

El primero de estos poemarios fue publicado por Ediciones Ácana de Camagüey en 2016 e inicia el abordaje de este importante período de la historia patria. Acompañándose de las posibilidades de la décima, Ronel se acerca a los principales momentos y protagonistas de la gesta del 68, para acercarse a los héroes y devolvérnoslos en carne y hueso, con sus virtudes y defectos. De esta primera exploración a nuestras gestas, asegura Ronel, se desprendió el poemario La marcha de la bandera, pues la temática no se agotó y continuó trabajándola en ese libro.

El texto, bajo el sello de la Editorial Barajagua en formato digital (e-book), fue iniciativa del historiador holguinero José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia, para conmemorar el 150 aniversario de la gesta independentista del 10 de octubre de 1868, por lo que se inspira en este y otros sucesos históricos e importantes figuras del siglo XIX cubano. “El autor de esas páginas se ha dedicado a investigar y a explorar la historia patria desde hace varias lustros, con intenciones de vivenciar e integrar a su trayectoria vital las heroicas secuencias que ahora se entregan transformadas en poemas que nos impresionan por la honestidad y hondura con que fueron escritos”, asegura el escultor Julio Méndez Rivero, presidente de la Uneac en Holguín.

La historia está entre mis principales intereses creativos desde que comencé a relacionarme con la literatura. Escribí mis primeros textos en abril de 1980, sin embargo, no tuve verdadera conciencia de la historia hasta que estudié Arte en Santiago de Cuba y me relacioné con estudiosos de esos temas. Digamos que soy de los que se dispuso a buscar con el alma a aquel inmenso poeta enamorado y fundador de revoluciones que dijo que por Cuba se dejaba clavar en la cruz”, rememora el también promotor cultural, humorista y guionista radial, los lejanos días en que sintió la necesidad de contar desde la perspectiva lírica parte de nuestra historia patria.

Las guerras por la independencia de la Isla, asegura el historiador Pedro Pablo Rodríguez, Premio Nacional de Historia, han sido hasta hoy uno los acontecimientos más interiorizados por la conciencia cubana. La historiografía ha tenido y tiene una alta responsabilidad en ello, pero han sido infinitos los recursos empleados por la sociedad para preservar la memoria de aquellos procesos bélicos que consolidaron la nacionalidad y la nación y que culminaron en un estado nacion.

Precisamente, para Ronel González Sánchez el recurso, el arma o el machete ante la manera de entender y acercarse a los procesos historiográficos ha sido la poesía, pues asegura que “la escritura de la historia en nuestro país quiere desbordar lo académico, la camisa de fuerza de los datos y las cifras, fríos como una granizada sobre un techo de zinc, la elaboración de rugosos e insufribles ladrillos, porque lo reclaman a voz en cuello estos tiempos que se esfuman a toda velocidad”.

Cree que la historia se enriquece con la mirada de los poetas y narradores. Además, “el historiador, junto con el escritor, o integrándolo, tiene que hacer más atractiva su obra, más placentera, más entretenida”.

Los palpable en la obra de este poeta de estirpe mambisa lo logra el lector al acercarse a la cotidianidad manigüera de grandes figuras de nuestra historia, como Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, Ignacio Agramonte y Amalia Simoni, el poeta Juan Clemente Zenea, Bartolomé Masó, Quintín Bandera, José Martí, Vicente García, Pedro Figueredo, Máximo Gómez, Calixto García, e incluso desde la visión del soldado español Antonio del Rosal Vázquez de Mondragón… y es que este poeta holguinero ha vivido y revivido junto a los campamentos mambises que se enarbolan bajo las frías y húmedas sombras de los campos cubanos.

Leer su poesía es “como mirarse en un espejo de la patria” y esta le ha servido para desmantelar cualquier acorazado, porque hombres como Ronel González que viven bajo la palabra, según el poeta Moisés Mayán al reseñar uno de sus libros, son en sí mismos un ejército.

(Tomado del sitio de la Asociación Hermanos Saíz).