El auriga y su premio: conversación con José Luis García

Por Eugenio Marrón

Fotos Amauris Betancourt (Radio Angulo)

Muchas lunas antes –como decían los antiguos– de que los Piratas del Caribe y Juego de tronos inundaran las grandes y pequeñas pantallas, el cine italiano tuvo en las salas de exhibición cubanas toda una época de lujo: me refiero a los años que van desde los 60 hasta los 80 del siglo pasado. En Holguín, por ejemplo, las carteleras del Martí y el Baría eran pródigas con títulos de esa cinematografía.

Y esto no lo apunto por casualidad, sino porque el recuerdo más lejano y puntual que me visita, a propósito del amigo afectuoso que desata estas líneas, tiene que ver con ello: unas noches remotas de tertulias impagables en el parque frente a La Periquera, José Luis García reconstruye paso a paso los diálogos ferozmente hilarantes de la película Los monstruos (I Mostri), del director Dino Risi, una joya que reúne varios relatos fílmicos; en ellos, los grandísimos e inolvidables actores Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi encarnan una galería de pícaros y vividores, que hacen de las suyas en inagotables andanzas romanas.

Tal es así que mi remembranza de esas narraciones a la hora del cine italiano, está entrelazada con la relectura propiciada por José Luis gracias a su memoria fabuladora, a la altura de los mejores escenarios teatrales y, por supuesto, a una ilimitada y seductiva locuacidad, asentada en innumerables lecturas y esplendor imaginativo, sostén de la disciplina y el talento que le han permitido llevar adelante su obra narrativa y dramática.

Para coronar tal desempeño, ahora ha conquistado uno de los lauros más significativos de la cultura cubana y en especial de su literatura: el Premio Alejo Carpentier de Novela 2020, justo al cerrar el fatídico año bisiesto de la pandemia global, para mostrarnos una vez más que la literatura es imbatible, perenne y venturosa. Es así como conversamos al calor de tan alto galardón.

El auriga del carro alado es la novela con la que has ganado el premio Alejo Carpentier. ¿Qué trama se establece tras ese título?

“El título emana de una alegoría de Platón: Tú eres el auriga de tu vida (el carro alado), tirado por dos briosos caballos. Uno representa los instintos más elementales, el otro los más elevados. Uno tira para acá y el otro para allá. Y tu tarea consiste en lograr que esos corceles avancen convenientemente hacia tu destino. El título vertebra toda la novela, que es la historia de una complicada amistad entre dos hombres maduros. Pero es mucho más: la historia fabulada de una isla, mucha filosofía, algo de novela policial en la segunda mitad…”.

Desde tus comienzos como escritor está el cuento, género que has frecuentado, con publicaciones en antologías y revistas, así como tus libros Los silencios del ruiseñor y Apuntes de un cazador, galardonados con el Premio de la Ciudad de Holguín en 1991 y 1998, respectivamente. ¿Qué ha representado esa modalidad literaria para ti como aprendizaje y plenitud?

“Escribir cuentos es una gran cosa, así como contar cuentos (te digo esto último porque aprecio mucho a los que saben hacerlo, no sabes la envidia que siempre le tuve a Álvarez Guedes). Pero, para mí, los cuentos constituyen una etapa que debe coronarse con la producción de novelas, que es sin duda el género mayor. Se ha hablado muchísimo de que escribir un cuento es más difícil que escribir una novela.

Pero yo creo que esto es solo válido cuando una mala novela se coloca al lado de un buen cuento. Por supuesto que Los asesinos, de Hemingway, debe haber sido más difícil de escribir que cualquier novela mediocre, pero la novela El viejo y el mar, del mismo autor, debe haber sido una faena mayúscula, incomparable a la de cualquier cuento que se te ocurra.

En suma: Aprendí mucho escribiendo cuentos, un arte lleno de normas, de barreras que, de incumplirlas, fracasas. Pero no creo que prescindiendo de la novela puedas alcanzar una expresión, digamos, más cabal de tu pensamiento”.

Y el teatro, igualmente, ha sido otra de tus validaciones a la hora de la creación verbal: un ejemplo es El hombre de los guantes amarillos, Premio de la Ciudad de Holguín en 1993. ¿Cómo valoras el mundo escénico en tu experiencia literaria? ¿Cómo se entrecruzan las posibilidades del cuentista y el dramaturgo?

“Escribir teatro es algo maravilloso. Por cierto: está a la venta mi última obra: El amor es una cosa esplendorosa. Cuando escribo teatro me parece que estoy haciéndolo sentado entre el público, observando paso a paso sus reacciones. Técnicamente esto te ayuda a escribir cualquier otro género de ficción, pues aprendes a seleccionar y valorar el resultado de una frase, de una situación específica. Te adiestra en el arte de manejar efectos, te vuelve más preciso, más contundente. Hay muchos elementos del teatro que son utilísimos en la labor cuentística o novelesca, pero son géneros más bien excluyentes”.

Con la novela Últimos días junto al mar, Premio de la Ciudad de Holguín en 2013, inicias tu andar como novelista. ¿Cómo explicarías el salto del cuento a la novela?

“En mí ha sido una transición netamente dialéctica. Pasé de una cosa a otra de forma tan natural que no tengo la menor percepción del salto”.

 

 

 

Eres un lector persistente y voraz. ¿Qué autores consideras entre los más entrañables para ti a la hora de pasar vista a tus años de labor en la literatura? ¿Qué libros te llevarías para una isla desierta si tuvieras que asumir una estancia a lo Robinson Crusoe?

“Es increíble, pero con los años dejas atrás a muchos escritores que en el pasado fueron los santos de tu devoción. Para mí, el único que se mantiene firme en su pedestal hasta hoy es Faulkner, que me sigue pareciendo una síntesis de las virtudes que debe poseer todo buen escritor, incluyendo las profusas locuras que caracterizaron su juventud. En lo segundo me parezco a él, en lo primero ni pensarlo.

En cuanto a los libros que me llevaría a esa estancia Crusoniana serían (sin orden de relevancia y para releerlos una y otra vez): El hombre sin atributos, de Musil; En la colonia penitenciaria, de Kafka; La importancia de vivir, de Lin Yutang; La sala número 6 y otros cuentos, de Chéjov; El bebedor de vino de palma y Mi vida en el bosque de los fantasmas, de Tutuola; Cien años de soledad, de García Márquez; Mientras agonizo, de Faulkner; La casa verde, de Vargas Llosa;1984, de Orwell; El reino de este mundo, de Carpentier; Un día en la vida de Iván Denísovich, de Solzhenitsin; El elogio de la sombra, de Tanizaki; El sabueso de los Baskerville, de Conan Doyle; y Esperando a los bárbaros, de Coetzee”.

Siempre has residido en Holguín. ¿Cuánto debes a la ciudad y a quienes te han acompañado en el fiel de la amistad? ¿Qué nombres holguineros recordarías a la hora de un recuento?

“A la ciudad le debo todo, a pesar de que su actual comunidad artística debe tratar de alcanzar un mayor espíritu de cuerpo, en fraternal emulación con, por ejemplo, la policía, además de que las autoridades gubernamentales deben reconocer más a sus artistas e intelectuales. Pero insisto: a Holguín le debo y me debo.

De los nombres, ¿qué decir?, estoy endeudado con todos ustedes, los que forjaron aquí un ambiente único, irrepetible (hablo de los años 70-80 del pasado siglo), cuando en el parque aquellos jóvenes hablaban armónicamente de los amores y de las artes, tras las últimas muchachas o muchachos, y tras las últimas novedades literarias, cinematográficas, teatrales y pictóricas. Tú mismo jugaste tu rol, y Lourdes González –que era la muchacha más linda del mundo-, Carlín (Carlos Jesús García), Alex Fonseca, Pedrito Ortiz, Alejandro Querejeta, Paquito García Benítez, Madrigal…

Todos ustedes formaron un croché benefactor, estimulante. Los iniciados en aquel grupo aprendían rápidamente a mirar el mundo de otro color, a respetar y amar la creación. Quienes a posteriori no se dedicaron a crear, se convirtieron al menos en mejores personas. Para mí en particular fue determinante la existencia de aquella atmósfera, sin la cual creo que me habría convertido en asaltante de caminos”.

Y claro, por último, algo que no puede obviarse: ¿Qué papel ha jugado la radio para ti, donde has trabajado durante años como realizador, guionista, locutor y promotor cultural?

“Tributando para Radio Angulo llevo unos cuarenta años. Mi primer programa se llamaba Juventud Técnica (1980), luego me involucré en espacios culturales y desde hace más de veinte años cubro dos espacios largos dedicados a la música: uno a los boleros (la primera gran síntesis vocal de la música cubana), y otro a la mejor música de todas partes y de todos los tiempos.

Para mí la radio ha sido como una Alma Máter. Conversar ampliamente con el público como si estuviéramos en la sala de una casa es algo incomparable. Por otra parte me ha obligado a superarme, a conocer, a desentrañar, a mantener viva mi memoria y espolear la memoria de los llamados oyentes. Agradezco a la radio holguinera la confianza, la posibilidad de haberme hecho poco a poco de un oficio que no cambiaría por nada”.

Tomado de la web de Radio Angulo (http://www.radioangulo.cu/la-palabra-compartida/244520-el-auriga-y-su-premio-conversacion-con-jose-luis-garcia).

 

Viaje literario y periodístico alrededor de Rubén Rodríguez

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos tomadas de Internet

Rubén Rodríguez González, reconocido periodista y narrador holguinero, en ese orden porque asegura que debe al periodismo su literatura, se encuentra entre los escritores cubanos más publicados y leídos en el país, con una veintena de textos que oscilan con éxito entre la literatura infantil y la cuentística para adultos.

En su obra creativa destaca la novela El Garrancho de Garabulla, que descubre de algún modo el entorno infantil en que creció el autor, el antiguo poblado de Auras, actualmente Floro Pérez, que se encuentra a pocos kilómetros de la cabecera provincial, y donde surgieron sus primeras necesidades literarias, pues Rubén afirma que la fantasía fue la tabla de salvación y alternativa lúdica en su niñez.

Dicho título lo ha convertido en unos de esos relatores del campo cubano, utilizando las múltiples posibilidades que ofrecen lo bucólico y lo auténticamente nacional.

El maravilloso viaje del mundo alrededor de Leidi Jámilton, es otra de sus sagas infantiles más reconocidas, que narra las peripecias de la ingeniosa bruja y su visión de mejoramiento humano a través de una mirada sensible y humorística.

A esta lista se suman otros textos dedicados a los pequeños, como Rebeca Remedio y los niños más insoportables del mundo, Peligrosos prados verdes con vaquitas blanquinegras, Paca Chacón y la educación moderna y Mimundo.

Su más reciente título infantil es La retataranieta del vikingo, bajo el sello de la Editorial Oriente, que le mereció el Premio de los Lectores otorgado cada año por el Instituto Cubano del Libro (ICL) a los diez textos más vendidos en la red de librerías o de mayor circulación comercial en el país, y entregado en la recién concluida Feria Internacional del Libro de La Habana, amplia cita cultural en la que ha participado frecuentemente con sus obras.

Rubén precisó que se siente satisfecho y feliz con el galardón, pues es señal de que el texto como obra de arte ha cumplido con su ciclo creativo, que lógicamente finaliza cuando el lector interactúa con ella convirtiendo en suyas las vivencias literarias e identificándose con la historia de los personajes.

Además este autor destaca dentro del amplio movimiento literario cubano y latinoamericano a partir de una obra consolidada para adultos, con títulos que aparecen en varias editoriales nacionales y extranjeras; entre ellos Eros del espejo, su primer cuaderno publicado y que le mereció el Premio de la Ciudad de Holguín 2001; Majá no pare caballo, Unplugged y Los amores eternos duran solo el verano.

Dichos textos muestran una narrativa potente, sincera, a ratos descarnada, sobre la pérdida, el dolor, la soledad, la necesidad de querer y ser querido, y fundamentalmente, sobre el amor.

Aunque numerosos premios avalan su creación literaria, como La Gaceta de Cuba, César Galeano, Oriente, La Edad de Oro, Ismaelillo, Abril, Crítica Literaria y su más reciente galardón, el Alejo Carpentier 2019, importante reconocimiento que concede el ICL, la Editorial Letras Cubanas y la Fundación homónima, disfrutar una clase junto al profe Rubén es un lujo que todo estudiante de periodismo no debería perderse en su paso por la academia.

Sus lecciones sobre el estilo, el ensayo y las herramientas literarias de las que se vale hoy la profesión periodística para lograr un acertado texto, atrapan hasta el más escéptico en cuestiones de escritura, sobre todo porque logra una intimidad que sobrepasa los pupitres y te convierte en cómplice de numerosos autores de la literatura universal.

Igual que al gran escritor colombiano Gabriel García Márquez, el periodismo en Rubén Rodríguez González más que una herramienta para ficcionar sus historias, se ha convertido en su cotidianidad, en su razón de ser y existir, por eso aún hoy desde el semanario holguinero ¡ahora!, donde es editor, cautiva con fresco estilo a los lectores con su columna habitual, dejando entrever las historias de esos picarescos personajes que habitan su amplio mundo literario (Artículo publicado inicialmente en la web de la ACN).

 

Rostros como puertas en la obra de Aníbal De la Torre

 

Por Erian Peña Pupo

Fotos del autor 

Aníbal De la Torre posee una poética reconocible a vuelo de águila en el panorama visual holguinero y de por sí, cubano. Basta con detenerse frente a una de sus piezas para darnos cuenta que si bien cada una es diferente, estos rostros que ha captado exploran idénticos temas y al mismo tiempo dan cuerpo a una singular cosmovisión: el individuo (el creador) que asume la fe en la religión yoruba y que la expresa mediante el arte. 

Palpamos –como si estuviéramos escudriñando, buscando algo más allá– esta simbiosis (fe/arte) en la muestra Rostros, expuesta en la galería Fausto Cristo de la sede provincial de la Uneac en Holguín, donde Aníbal reúne 13 piezas en gran y mediano formato que nos reafirman, en primer lugar, su capacidad como dibujante y retratista, a partir de un trazo conciso, una línea depurada e impresionista, y además la intención de capturar ese “algo más” que buscamos y encontramos en la fuerza del rostro. 

Sus rostros (literalmente las deidades yorubas, los Orishas, se llaman “dueños de la cabeza”) no son meros retratos. Los rostros de Aníbal son reflejos del alma; digamos más bien que una especie de puente entre quien nos observa desde el lienzo y quienes, desde este lado del umbral, intentamos comprendernos a nosotros mismos. Aníbal ha ido consolidando su mirada –fraguándola, mirándose a sí y claro, encontrándose en las posibilidades de esta mixtura– luego de las búsquedas a las que se somete todo artista, y del crecimiento que han resultado sus muestras anteriores (unas quince personales y además un promedio de ochenta colectivas, nacionales y foráneas). 

Las obras de Aníbal, los rostros que nos observan, reflejan sus estados de ánimo, atrapan –cuestión difícil, sin dudas– la espiritualidad que los asecha: los miedos, alegrías, esperanzas… que perviven en cada cual y que dan cuerpo a la cosmovisión del artista. Para esto Aníbal De la Torre conjuga elementos propios de la religión yoruba, como clavos de línea, garabatos, herraduras, caracoles y girasoles, que se “estampan en el fondo plano de colores pastel, y que a la vez contrastan con el cinturón escapular, contenidos en un pequeño espacio abstracto con tonos sienas, sepia, negro y blanco, colores que he venido sistematizando en las muestras anteriores”, comenta el artista, graduado en la Escuela de Instructores de Arte (2004) y en Estudios Socioculturales en 2013. 

Otra cuestión evidente en su obra –además de que su pequeña hija y su esposa, la también creadora visual Annia Leyva Ramírez, curadora de esta muestra, sean modelos en algunas de las piezas, como “Madona con Iré” y “Musa de luz”– es la frecuente autorepresentación del propio artista, la mirada hacia el propio yo y sus interrogaciones: “Casi siempre estoy así, de manera evidente, como reflejo del individuo que asume la fe en la religión yoruba”, asegura quien nos mira desde la portada del catálogo (“Autorretrato”) o desde el cartel de la exposición (“Roseado de fe”). 

El culto sincrético no es excusa en estas piezas, es asunción de fe, marca de poética, simbiosis de rostros/fragmentos de alma con elementos de la cultura yoruba, que Aníbal dibuja o inserta como complementos (caracoles, fragmentos de yute) en las obras, y que, desde África llegó a América en los barcos cargados de esclavos que trajeron una cultura que, en el transcurso del tiempo, se sincretizó con religiones preexistentes de base africana, con el cristianismo, con la mitología amerindia, entre otros. 

“Los rostros desde el lienzo invocan a penetrar en el misterio más insondable”, escribió en las palabras del catálogo el escritor José Conrado Poveda, y a este misterio nos convida Aníbal con la seguridad de que un rostro no es una ventana, es una puerta abierta, y con el riesgo de que frente a una de estas piezas, nos encontremos nosotros mismos (artículo publicado inicialmente en el sitio web de la Asociación Hermanos Saíz, AHS). 

 

Una nueva arista de la guerra revolucionaria

Resalta el brillo en su mirada cuando habla apasionadamente de la historia, siente suyos cada hecho, partícipe de la más curiosa anécdota, es un ente imprescindible para desvelar el pasado y una enciclopedia para las generaciones futuras.

José Abreu Cardet es de esas personas que pasan desapercibidas a los ojos ignorantes, pero, quien le conoce, sabe que es todo una institución de la cultura y la historiografía, no solo holguinera, sino cubana y, mucho más allá, hispanoamericana.

Resalta el brillo en su mirada cuando apasionadamente de la historia. Foto cortesía de la Biblioteca

Fidel: la guerra en Tunas (2018, Editorial Sanlope, Las Tunas) fue el texto presentado en el portal de la Biblioteca Provincial Álex Urquiola a través de un conversatorio con centro en la personalidad del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana. El análisis en la visión Fidel durante 1958, cuando ejecuta, desde la Sierra Maestra, decisiones importantes en la última fase de la guerra de liberación cubana, ocupa las páginas del texto que recoge no solo episodios de la lucha desarrollada en los antiguos municipios  de Gibara, Puerto Padre, Victoria de las Tunas, Holguín y parte de Bayamo, sino que también presenta los planes estratégicos del líder cubano en cuanto a la formación de las columnas y pelotones en estos territorios, el ascenso de combatientes y la táctica empleada en varias acciones.

Para documentarse sobre las relaciones de Fidel con las fuerzas que operaban en el llano y revisar fragmentos de documentos valiosos tanto del Comandante en Jefe como de algunos de los capitanes de guerrilla surge este libro bajo la autoría de uno de los investigadores más prominentes de la Ciudad de los parques.

José Abreu Cardet (Holguín, 1951) es historiador y especialista de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos de Holguín, galardonado en 2013 con el Premio de la Crítica Histórica Ramiro Guerra. Por su labor meritoria es miembro de la Academia de Historia de Cuba y de República Dominicana, respectivamente, de la Unión de Historiadores de Cuba, la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe, y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Numerosos textos han salido con su pie de firma como Carlos Manuel de Céspedes: patria y familia, Ediciones Bayamo, 2012, Apuntes sobre el integrasionismo en Cuba 1868-1878, Editorial Oriente, 2012, y Guerra de liberación el Caribe hispano 1863-1878, Archivo General de la Nación, Santo Domingo 2013, así como otros en forma de colaboración, con no menos importancia, a lo que se suman varios artículos en revistas extranjeras.

Al decir de Abreu durante la presentación “los Premios Nobel de Literatura son tratados bien una sola vez en la vida, en Estocolmo, pero nosotros los escritores holguineros nos sentimos en cada encuentro aquí en la Biblioteca como Premios Nobel (…) En la guerra siempre el primer muerto es la verdad y en ese sentido escucho a los dos bandos, ambas fuentes entrecruzadas. Todo el mundo estudia la guerra en la Sierra, o la Columna en Las Villas, nosotros cambiamos en este texto la perspectiva, estudiamos la relación de Fidel con el IV Frente Oriental Simón Bolívar en el llano de esta región, donde destaca la personalidad de Orlando Lara, Lalo Sardiñas, Eddy Suñol, e incluso de Teté Puebla, integrante del pelotón Las Marianas”.

Fidel: la guerra en Tunas fue el texto presentado en el portal de la Biblioteca Provincial.

Significativo es señalar además que por estos días se presenta su texto Matar a RC (2020), en Santiago de Cuba, recientemente publicado por la Editorial Oriente, donde se profundiza en los planes del ejército de Fulgencio Batista para eliminar a los líderes rebeldes durante la última guerra de liberación.

Desarrollan en Holguín encuentro de investigadores de casas de cultura 2020

El Centro Provincial de Casas de Cultura desarrolló su Encuentro de Investigación 2020, en el cual se presentaron diversas ponencias enfocadas hacia el rescate y preservación del patrimonio artístico holguinero y cubano, en sentido general.
El Centro Provincial de Casas de Cultura desarrolló su Encuentro de Investigación 2020. Foto del autor

Como introducción al encuentro de realizó la presentación del software Entorno Musical Cubano, desarrollado en la provincia de Holguín y que recopila una enorme cantidad de información sobre la música nacional. Este software será socializado en los diferentes centros educativos del país, para un mejor estudio y conocimiento de esa manifestación artística en Cuba.

En el evento sesionaron dos paneles expositivos, uno en la sede de la Unión Nacional de Escritores y Artistas (Uneac) y, el otro, en la Casa de Iberoamérica, donde los investigadores presentaron los resultados de sus estudios y fueron evaluados por los correspondientes jurados.
Las ponencias premiadas resultaron como Mención, desde el municipio de Calixto García, el Proyecto sociocultural comunitario de «Mi música molida para ti», de Luis Alberto Góngora. En la categoría de Destacado, el proyecto del municipio de Gibara «Guateque Campesino», autoría de Marcelo Leal, el proyecto artístico «Juventud Taína», del investigador de Mayarí, Emilio Ramírez y el proyecto «Puesta en valor del patrimonio cultural con fines turísticos en el municipio Holguín», de la máster Isairis Rojas.
En el evento sesionaron dos paneles expositivos. Foto del autor

De igual forma, la categoría de Relevante la alcanzó el proyecto «Laboratorio Cultural», presentado por la Especialista de Postgrado María Elena Grey. Todas estas ponencias poseen un alto valor investigativo y, a su vez, la finalidad de mantener tradiciones y afianzar el patrimonio cultural territorial y nacional.

Por Abel Castro Sablón

Nuevos espacios compartidos de Eduardo Leyva

Nuevos espacios compartidos de Eduardo Leyva

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López

Las piezas reunidas en Espacios compartidos II, antológica exposición personal de Eduardo Leyva (Holguín, 1956) inaugurada en el Centro Provincial de Arte, “desde sus dibujos iniciales hasta las pinturas más recientes, comparten como características comunes su impecable factura, el sensible y siempre ajustado uso del color y las texturas, un oficio depurado y seguro, y la poesía que emana de las formas puras, donde el paisaje, ya sea urbano o rural, se ha reducido a sus elementos esenciales. Ellas son, en su exacta materialidad, el testimonio palpable de casi cuatro décadas de ejercicio de arte y la herencia que Eduardo Leyva dejará, sin dudas, a las generaciones futuras”, escribe el investigador y crítico Martín Garrido en las palabras del catálogo de esta. 

Espacios compartidos II está integrada por 82 obras, comprendidas entre los años 80 y la actualidad y abarca dibujos, grabados y pinturas que nos reafirman a Leyva como un gran paisajista (urbano y rural, aunque la primera abunda en los últimos años) que desde sus esencias se sostiene en los terrenos de la abstracción contemporánea en Cuba.

Las obras más recientes de Eduardo Leyva la conocíamos de diferentes exposiciones colectivas, y nos confirman –al verlas aquí reunidas– que su abstracción es eminentemente arquitectónica, urbana, aunque incorpore la figuración mediante el uso del collague. Incluso desde los propios títulos ancla este urbanismo en varias piezas.

El descubrimiento –al menos para mí– son sus primeras piezas, firmadas en la década de los años 80, y los grabados de fines de siglo e inicios de este milenio. “En medio de la efervescencia de aquellos años, cuando el arte joven derriba las barreras impuestas arbitrariamente para mantener el arte en una especie de limbo oficioso y asimila, para expresarse, lo mejor que el arte internacional estaba dando a conocer, los paisajes creados por Eduardo Leyva comparten la mirada fresca y desprejuiciada de toda aquella década. Son, en su mayoría, dibujos, logrados a base de líneas firmes y limpias, que nos recuerdan las sutilezas del arte oriental y donde el paisaje local se revela como un microcosmos cargado de poesía y ausente de elementos documentales. Ya está presente aquí su intención de ir a las esencias, dejando a un lado todo lo anecdótico”, añade Martín. 

Esta mirada fresca y desprejuiciada, que explora desde la sutileza de la línea las posibilidades de un paisaje más poético y metafórico que real, más sugestivo que palpable, la encontramos también en los grabados de los años 90, etapa que resultó una especie de resurgimiento del arte holguinero, gracias al quehacer de una nueva hornada de creadores, egresados de las aulas de la Academia Profesional de Artes Plásticas El Alba y del ISA, y del trabajo de las instituciones culturales de la provincia y los eventos.

Aquí Leyva se nos muestra como un exquisito grabador y un colorista hábil como pocos, que aprovecha las posibilidades de la colografía y del auge de esta disciplina en Holguín, en piezas bajo el nombre genérico de “El huevo”, “Restauración de la memoria”, “Tendederas”, “Metamorfosis del entorno”, “Entre columnas” y “Espacio vital” (lo figurativo da paso a una visualidad fresca, vigorosa, fuerte en lo elemental de los trazos y en las posibilidades de la experimentación con las diferentes técnicas del grabado). 

En estas piezas, como bien escribe Martín Garrido, se reiteran elementos de una tendencia que cobra una importancia capital en su obra, la abstracción, específicamente la abstracción geométrica, y que palpamos en los cuadros más recientes, expuestos en la Sala principal del Centro de Arte. Desde la pintura, ya no el grabado, Eduardo Leyva articula sus paisajes urbanos, sus ciudades, sus arquitecturas cotidianas, con influencia de maestros como Piet Mondrian, Kazimir Malévich, Wassily Kandinsky, Pablo Picasso, Jackson Pollock y los concretos cubanos de los años 50, entre otros, pero subrayando el logro de una poética personal que lo distingue en el contexto. 

Graduado de la Escuela Nacional de Arte, en 1976, y del Instituto Pedagógico de Holguín en 1992, Eduardo Leyva es un creador con amplia experiencia artística y pedagógica. Ha impartido talleres y conferencias sobre impresión gráfica en diferentes soportes en México, España y Canadá, y su obra se encuentra en colecciones de varios países. 

Esta muestra, curada por Bertha Beltrán, constituye, además, un reconocimiento a la labor creativa, pedagógica y de promoción desplegada por Leyva durante casi cuatro décadas, desde la Brigada y la Asociación Hermanos Saíz, la Uneac y El Alba; y “sirve al propósito de la institución –subraya Yuricel Zaldívar, directora del Centro de Arte– por mostrar los referentes de la plástica local que hablan de su historia, de momentos que han sedimentado su legado, aspectos pocos conocidos para las nuevas generaciones y el público que se acerca por primera vez a las artes visuales del territorio”. ¡Bienvenidos entonces los nuevos espacios compartidos y abstractos de Eduardo Leyva!

Viaje holguinero con los músicos de Bremen

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López

Varios de los niños de mi generación crecimos tardíamente con las creaciones de los estudios de animación soviéticos Soyuzmultfilm: Erizo en la niebla, ¡Me las pagarás! (El lobo y la liebre), Cheburashka y El misterio del tercer planeta eran repetidos por la televisión cubana, de entonces solo dos canales, junto a los animados cubanos y las viejas producciones de Disney. Digo tardíamente porque no fueron tan comunes –y por tanto la añoranza es menor– que en la generación anterior, la que tuvo su infancia en los 80. Ya a finales del siglo e inicios del próximo milenio, eran menos frecuentes verlos. 

Uno de aquellos animados fue Los músicos de Bremen, producido por la Soyuzmultfilm en 1969 y que tuvo sus secuelas en Sendero de los Músicos de Bremen (1973) y Los Nuevos Músicos de Bremen (2000), basados libremente en el cuento de los hermanos Grimm. En esos años vimos también otra versión de aquella peculiar historia de cuatro animales músicos: Los trotamúsicos, serie de la televisión española (TVE) en 1989 con 26 episodios, creada por el historietista Cruz Delgado y que se mantuvo una década en su parrilla. 

Pensaba en esto –y en las versiones de mi padre, cuando yo era un niño, con sombras chinescas creadas con sus manos en el techo del cuarto– cuando disfrutaba el más reciente estreno de la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento, precisamente Los músicos de Bremen, presentado en la sala Alberto Dávalos del Teatro Eddy Suñol de Holguín; y que me reafirmó que, además de ser uno de los colectivos de su tipo más importantes en el país, Palabras al viento explota en su trabajo la experimentación con la oralidad y también las posibilidades que los recursos escénicos le aportan a las obras. 

No es –como he escrito en más de una ocasión– un colectivo de narradores orales en el ámbito más restrictivo del término: Los músicos de Bremen, con dirección general de Fermín López y artística de Yeriber Pérez, desborda estas clasificaciones, aunque en menor medida que otro de sus estrenos recientes, Confesiones, para volverse más minimalista, más de las expresiones del cuerpo y las capacidades interpretativas de los actores (subrayar que con esta puesta lograron uno de los objetivos de trabajo del grupo: que uno de sus actores, Yeriber en este caso, fuera capaz de dirigir alguna de las obras). 

Bastan solo dos narradores sobre el escenario, Blanca Isabel Pérez Ricardo y Lainier Verdecia Blanco, para que las peripecias de cuatro personajes animales (un burro, un perro, un gato y un gallo) que huyen de sus hogares y del maltrato de sus amos, en busca de la ciudad alemana de Bremen, donde piensan incorporarse a su banda de conciertos, encuentren justo asidero en la narración oral y sus posibilidades, gracias también al arreglo de la maestra mexicana Sara Zepeda y a la estética que define el grupo. 

Ambos actores aprovechan sus capacidades musicales e interpretan los instrumentos que caracterizan a los personajes en escena: guitarra, flauta, pandero y el “latófono” (este último, cuenta Fermín, lo hicieron a partir de un juguete artesanal consistente en latas de conservas o similares, unidas mediante una cuerda, que al ser pulsada emite sonidos). Lainier Verdecia es, además de actor, un reconocido cantautor joven de la ciudad. 

De todo esto se pertrechan para entregarnos una obra divertida e ingeniosa, que rescata el clásico que muchos padres disfrutaron y que ponen hoy al alcance de los niños. Lo hacen –y ahí parte de su atractivo– incorporando aquellos juegos infantiles hoy casi en desuso, que los pequeños de mi generación y las anteriores, ingenua y felizmente, practicábamos en el barrio o en el patio de la escuela y que hoy, ante la avalancha del Internet y los teléfonos celulares desde edades cada vez menores, son escasos. Cada juego da pie a las peripecias de los personajes, al desenvolvimiento dramatúrgico, a las búsquedas que, en la propia dirección artística, asume un colectivo que, desde sus primeras puestas, han apostado por la interacción con el público y lo lúdico.

Con un diseño de vestuario atractivo y una escenografía aún más minimalista que hace que los instrumentos se “conviertan” con una chispa de imaginación en personajes de la historia, Palabras al viento –ganador, entre otros reconocimientos, del Premio de la Ciudad de Holguín en tres ocasiones (2014, 2017, 2019), el Juglar Honorífico de la Uneac y el premio Contar la vida–, nos recuerda a través de Los músicos de Bremen el valor de la amistad y la perseverancia y sobre todo, la necesidad de seguir cada uno los sueños. 

 

Historiadores holguineros analizaron los retos y perspectivas de la Unhic en 2020

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Wilker López

Con la presencia de Jorge Luis Aneiros Alonso, presidente de la Unión de Historiadores de Cuba (Unhic), se evaluó este sábado en Holguín el trabajo, retos y perspectivas de la filial provincial, que cuenta con más de 300 asociados, distribuidos en 22 secciones de base. 

Aneiros Alonso precisó objetivos prácticos que centran el trabajo de la filial y destacó el quehacer de los asociados locales, vinculados a la promoción del ideario revolucionario desde múltiples perspectivas. 

Además, en este espacio se ratificó la Declaración de apoyo a la Revolución y en defensa de la soberanía ante los que pretenden subvertir la sociedad cubana, firmada por el secretariado nacional de la Unhic, a la cual se sumaron los historiadores holguineros presentes. 

Se destacó el repudio a la postura injerencista del imperio estadounidense y la de aquellos que en Cuba y fuera de su patria le rinden pleitesía y se enrolan en acciones desestabilizadoras y campañas mediáticas, así como la posición del Ministerio de Cultura de no dialogar con los que se sirven y benefician del gobierno de Estados Unidos.

En este sentido, puntualizó Aneiros Alonso, no se pueden librar batallas con instrumentos vencidos, pues se debe poner la comunicación en función de los intereses de la patria, a partir de una política acertada e inteligente, destacando el potencial intelectual y el crecimiento tecnológico de Holguín en estos aspectos.

Durante la Asamblea Provincial de Balance, donde también estuvieron presentes Hiram Pérez Concepción, presidente de la Unhic en Holguín; Rosa María Ráez Abigantú, miembro del Buró Provincial del PCC; Rachel García Heredia, directora del sectorial de Cultura, y más de 60 delegados, se analizó la labor de la filial en el 2020.

Pérez Concepción resaltó el trabajo unido de cada base en los municipios, reconociendo las acciones de socialización histórica y científica, el impulso de los programas investigativos, la participación en eventos de relevancia nacional, y la gestión del conocimiento en otros espacios de debate y publicaciones digitales e impresas.

También puntualizó las relaciones profesionales y los convenios que se han logrado con instituciones culturales y académicas, como la Universidad de Holguín, la Uneac, la Casa de Iberoamérica y la Sociedad Cultural José Martí, además del trabajo sostenido de la editorial La Mezquita, con más de 15 títulos publicados durante el año, y sus iniciativas hacia la profesionalización, demostrando sus resultados en eventos como la Feria Internacional del Libro de este año. 

Durante este espacio de diálogo también fueron reconocidos aquellos historiadores que con su obra han contribuido al desarrollo de las ciencias historiográficas y a la preservación del patrimonio local.

Fundada el 7 de diciembre de 1981, la Unión de Historiadores de Cuba agrupa a los profesionales cubanos que trabajan relacionados con la investigación, la docencia y la divulgación de la historia nacional, así como la conservación del patrimonio histórico y cultural.

 

 

 

Sencillamente Ángel Augier en su 110 aniversario

Por Erian Peña Pupo

Fotos del autor y fotogramas del documental Sencillamente Ángel

Como recordación a la vida y obra del reconocido intelectual cubano Ángel Augier Proenza en el 110 aniversario de su natalicio, la sede provincial de la Uneac acogió la presentación del documentalSencillamente Ángel, perteneciente a la serie Cuando asalta la memoria, realizada por Telecristal y la productora Taguabo de la Uneac, con dirección de Alfonso Bandera.

El documental, con asesoría de Pablo Guerra, dirección de fotografía de Frank Batista yguion del propio Bandera, revisita momentos importantes de la vida del poeta, ensayista, crítico literario y periodista, nacido en el poblado holguinero de Santa Lucía, actualmente cabecera del municipio Rafael Freyre, el 1 de diciembre de 1910. Con conduccióndel historiador Armando Cuba, presidente de la Filial de escritores de la Uneac holguinera, se apoya en testimonios de amigos y compañeros de la infancia, y de investigadores comoNicolás Hernández Guillén, presidente de la Fundación Nicolás Guillén, y sobrino del gran amigo de Augier, y a quien, precisamente, el autor holguinero le dedicó parte de su obra amplia ensayística.

El documental, comenta Bandera, utiliza también elementos de dramatización para recrear momentos del niño y joven Augier en su natal Santa Lucía, y sus primeros pasos en la creación literaria.

El encuentro fue propicio, además, para el diálogo y la remembranza entre el público y quienes conocieron al autor de los poemarios Uno (1932), Canciones para tu historia (1939), Isla en el tacto (1965), Las penúltimas huellas (2000) y la antología Todo el mar en la ola (1989).

Gilberto González Seik, quien acompañó a Augier en varias de sus visitas a Holguín,recuerda que le impactó la humildad del escritor, y su trabajo periodístico en importantes publicaciones de la época, lo que le llevó a ser corresponsal de varias en Europa y a entrevistar a figuras como Charles Chaplin y Pablo Picasso. “Es un hombre extraordinario de la cultura cubana, y además, usted no puede abrir las puertas de Nicolás Guillén sin la llave de Ángel Augier”, añadió.

Armando Cuba subrayó que como parte del trabajo de la Uneac en Holguín para recordar a este importante intelectual, varios escritores han realizado comentarios en programas de la radio y la televisión provincial sobre la vida del autor de Cuba y Rubén Darío (1968),De la sangre en la letra(1977), Acción y poesía en José Martí (1982) y Cuba en Darío y Darío en Cuba (1988).

Fundador de la agencia de noticias Prensa Latina, de la Uneac –de la que fue su vicepresidente durante quince años–, y la Upec, fue miembro de la Academia de Ciencias de Cuba y de la Academia Cubana de la Lengua. Especialista en la obra de Nicolás Guillén y Rubén Darío, y de las figuras de José Martí y José María Heredia, fue profesor invitado en las distintas universidades cubanas, además de las de Sevilla y Santiago de Compostela en España, la Universidad de Burdeos (Francia) y en distintas universidades británicas. Ángel Augier mereció el Premio Nacional de Literatura en 1991, y falleció en La Habana, el 20 de enero de 2010.

 

 

Mayarí festeja los 30 años del Festival del Son

El Encuentro Nacional de Agrupaciones Soneras que cada año se realiza en el municipio holguinero de Mayarí, desarrollará su 30 edición del 11 al 15 de este mes, con un amplio programa de actividades y la utilización las plataformas digitales para la trasmisión de los conciertos.

La cita estará dedicada, además de las tres décadas de existencia del Encuentro, al 85 y 65 aniversarios de la Biblioteca Municipal y los Taínos de Mayarí. Foto: Julio César

“Teniendo en cuenta la situación creada por la Covid-19, la fase de nueva normalidad y el cumplimiento de las medidas higiénico sanitarias, esta edición del Festival del Son, como también es conocido, utilizará la vía online para los conciertos de las agrupaciones, además de que estos conciertos se trasmitirán por el canal Clave”, comentó Aracelis Mustelier, directora municipal de Cultura en conferencia de prensa realizada en la Casa de la Trova Faustino Oramas, en Holguín, junto a Jorge “Tito” Cabreja, presidente de este Encuentro sonero.

Este año, al no realizarse bailables con grupos musicales en las plazas, serán las redes sociales, la radio y la televisión, el escenario principal de las actividades que tendrán como sedes las instituciones y espacios abiertos con poca concentración de público, añadió Aracelis.

La cita estará dedicada, además de las tres décadas de existencia del Encuentro, al 85 y 65 aniversarios de la Biblioteca Municipal y los Taínos de Mayarí, respetivamente, y a los 45 años de vida artística de los músicos Víctor Neyra Torres y Tito Cabreja, director de la emblemática orquesta sonera anfitriona del evento. “Estamos satisfechos por haber podido fomentar la tradición sonera como parte de la cultura popular tradicional del país, y preservar el gusto por el son y su creación como paradigma de los géneros musicales. Se ha demostrado, en Mayarí, que el son tiene una forma propia de interpretarse” aseguró Cabreja.

Como parte del Festival –organizado por el Instituto Cubano de la Música y el Centro Provincial de la Música y los Espectáculos Faustino Oramas, y por el Ministerio de Cultura y la Dirección Provincial de Cultura de Holguín– se realizará, además, el XVI Simposio de Investigación “Raíces y Tendencias del Son en Cuba”, organizado por la Dirección Municipal de Cultura y el Museo Arcadio Leyte Vidal. Propicio para el intercambio entre especialistas, creadores, estudiosos e investigadores de la música, este espacio explora mediante la presentación de ponencias, temas como el surgimiento del son y sus variantes locales, la vida y obra de creadores y agrupaciones que cultivan ese género, la fusión del mismo con otras sonoridades y la creación de eventos culturales que defienden esta tradición, dice Aracelis.

Además se realizará el tradicional desfile por la calle Leyte Vidal, desde el monumento a Altagracia Tamayo hasta la Plaza del Son Martín Meléndez, y la gala de clausura en esta Plaza.

Para los seguidores de la buena música popular y tradicional se avecina una nueva edición del Festival de Agrupaciones Soneras de Mayarí. Foto: ACN

Surgido en 1989, el Encuentro de Agrupaciones Soneras ha contado con la presencia en Mayarí de reconocidos músicos y colectivos como Frank Fernández, Van Van, Septeto habanero, N.G. La Banda, Adalberto Álvarez y su Son, Isaac Delgado, Original de Manzanillo, Cándido Fabré, Manolito Simonet, Paulo FG, Orquesta Revé, Karachi, entre otros.

“La característica de su funcionalidad anual convierte a este evento en el más frecuente realizado en nuestro país, comprometidos a consolidarlo y organizarlo mejor para seguir demostrando que Mayarí es un espacio referencial en la confrontación fraternal de las diversas variantes y estilos soneros para las agrupaciones locales, provinciales, nacionales e internacionales”, añadió finalmente el también director de Taínos de Mayarí, Jorge Cabreja.

Por Vanessa Pernía Arias