El desarrollo cultural, tarea de todos

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López

Con las bases de la política cultural cubana como punto de partida para el diálogo y el trabajo desde el Ministerio de Cultura, se realizó en el Centro Cultural Bariay de la Egrem en Holguín un Taller para el debate del Programa de Desarrollo Cultural en la provincia.

Organizado por la Dirección Provincial de Cultura, en el Taller participaron artistas, profesores universitarios, directivos provinciales de instituciones, representantes de la enseñanza artística, directores municipales de Cultura, especialistas del Sectorial provincial…

De esta manera, directivos del sector y artistas y profesores holguineros debatieron los puntos del Programa de Desarrollo por los cuales se rige en la provincia el trabajo cultural.

Este Programa propone, entre sus puntos, estimular el desarrollo y la promoción de la creación artística, la preservación y difusión del patrimonio cultural de la Nación, potenciar el trabajo artístico-comunitario, la enseñanza artística y la investigación cultural.

El profesor Moisés Álvarez González subraya en este Programa su amplia “proyección provincial”, donde se refleja “la protección y seguridad del Patrimonio” y la “vinculación con los centros superiores”. Mientras el poeta y promotor cultural Gilberto González Seik asegura que “lo más importante es priorizar la creación” y abogó por la “participación activa de los creadores en el diseño de la programación cultural”.

Por su parte el profesor universitario Alejandro Torres Gómez de Cádiz, miembro del Consejo Provincial de las Ciencias Sociales, subrayó la necesidad de generar “un sistema de gestión integral para la cultura” y “un proyecto de estudios de consumo cultural”.

De esta manera se vincularía más el trabajo de la Universidad y el desarrollo cultural, añadió.

Entre los demás debatidos en el Taller, presidido por Rachel García Heredia, directora Provincial de Cultura, y Nilser Batista, funcionario del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba (PCC), estuvieron la necesidad de fomentar la crítica artístico-literaria, la conservación del patrimonio en la provincia, la enseñanza artística, entre otros.

Ronel González Sánchez: la poesía continúa desvelándome

 

Por Erian Peña Pupo

Fotos cortesía del entrevistado

Publicado originalmente en la web de la Uneac

Ronel González Sánchez (Holguín, 1971) escribe muchas veces de madrugada. Probablemente las respuestas a las preguntas de esta entrevista surgieron también en la fecunda aurora holguinera, cuando la poesía insiste en desvelarlo, adquiriendo sentido las métricas, los ritmos, las palabras… Pero Ronel es, además, un escritor que interroga el pasado en diálogo fecundo, necesario; un artista cabal que busca la historia patria para nutrirse de ella, “como la mampara que descorre el poeta cuando se decide a interrogarla”.

Investigador, promotor literario, escritor para niños, guionista radial, humorista, Ronel cree que “no solo la historia se enriquece con la mirada de los poetas y narradores sino que es imperiosa”, pues es “una órbita, un odre temático, un coto significacional visitado y revisitado que de pronto muere y resucita en los cuadernos o documentos de los poetas”, añade.

Este 2019 ha sido para él un año bastante fructífero: recibió el Premio Raúl Ferrer por la Obra de la Vida como promotor de la lectura; el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir de la UNEAC de Isla de la Juventud en Poesía y Mención en Literatura para Niños en el mismo certamen; la distinción Hijo Ilustre de Cacocum, municipio holguinero donde nació, y recientemente la Beca Ciudad del Che y el Premio Ciudad del Che en poesía, en Santa Clara.

La excusa para el diálogo fue el Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019 que recibió por su proyecto ¿Cómo se manda un campamento?, pero conversamos, entre otros temas, sobre la relación entre historia y poesía, en la literatura cubana y particularmente en su amplia obra.

Con el proyecto de poemario ¿Cómo se manda un campamento? acabas de merecer el Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019, convocado por la UNEAC en Villa Clara. Temáticamente este cuaderno se relaciona con dos de tus libros anteriores: Teoría del fulgor accesorio y La marcha de la bandera. ¿Por qué este marcado interés, palpable en estos libros, en revisitar poéticamente la historia nacional?

La historia está entre mis principales intereses creativos desde que comencé a relacionarme con la literatura. Escribí mis primeros textos en abril de 1980, en un momento nacional muy complejo que coincide con el éxodo del puerto habanero del Mariel. Recién había cumplido nueve años y mi mirada era la de un niño nacido en un remoto pueblito de Cuba, que no entendía el instante ni su sentido, pero que bajo los efectos de la atmósfera que transpiraban aquellos días, no podía evitar acudir a la hoja en blanco para enhebrar versos, que a veces rimaban y a veces no, hasta que a los doce años supe de la existencia de múltiples estrofas como la décima y el soneto, y empecé a entrenarme en la escritura métrica, muy cómoda además para narrar sucesos e intentar aproximarse a la vida y la obra de significativas personalidades.

Sin embargo, no tuve verdadera conciencia de la historia hasta que estudié Arte en Santiago de Cuba y me relacioné con estudiosos de esos temas, para percibir que la poesía cubana, sobre todo la del siglo XX, al margen de las intenciones de algunos y la concreción de ciertos poemas dignos, había marmolizado a nuestros héroes, o peor, los había fraguado en cemento y recubierto con una pátina para simular bronce. De modo que gran parte de esa escritura se tornó tan panfletaria que hasta los mismos poetas comenzaron a rehuir lo que tuviera que ver con proezas y destinos épicos o que, atormentados hasta la médula, la emprendieran con la historia desde una postura tan mordaz que tampoco dejaba margen para acercarse a esas temáticas con una mirada más ecuánime; digamos que más fiel a la verdad histórica adquirida por el consenso de muchos investigadores y la elucidación del poeta, también historiador, dispuesto además a emitir criterios, a polemizar incluso, pero dueño de armas ajenas a las reconstrucciones historiográficas, para humanizar tópicos en los que escenarios y personajes volvieran a respirar, sin el fárrago y el frívolo repentismo de una “zona literaria” de las décadas del 60 y el 70 del siglo pasado, con la intención de volver a motivar a los lectores.

Y aspirar a que los más jóvenes no vean nuestro pasado como un abominable muro de piedras pletórico de cronologías/causas/consecuencias/situaciones sociales y políticas/programas/medidas/significados/vigencias… sino como un cuerpo realmente vivo, intenso, conflictivo, contradictorio, aneblado, denigrante, dramático, burlesco, jocoso, sufriente y hermoso como somos en realidad los seres humanos. Digamos que soy de los que se aburrió de ver desaliñados bustos de Martí y se dispuso a buscar con el alma a aquel inmenso poeta enamorado y fundador de revoluciones que dijo que por Cuba se dejaba clavar en la cruz.

Los historiadores han subrayado ciertas zonas de silencio que persisten en nuestra práctica historiográfica: las primeras décadas republicanas y varias figuras del período, los años posteriores al triunfo revolucionario de 1959. Partiendo de que sin el material investigativo sería difícil la escritura literaria, ¿crees que la literatura, específicamente la poesía, puede contribuir a arrojar o esparcir un poco de luz sobre estos momentos históricos o al menos ayudar a transmitirlos, a difundirlos, de otra manera?

Hace dos décadas aproximadamente, los historiadores han ido entendiendo la necesidad de escribir mejor la historia, de acercarla más a la poesía, a la narrativa, a los géneros periodísticos y, aunque en esos rumbos algunos libros dan la impresión de ser una modalidad de collage, la escritura de la historia en nuestro país quiere desbordar lo académico, la camisa de fuerza de los datos y las cifras, fríos como una granizada sobre un techo de zinc, la elaboración de rugosos e insufribles ladrillos, porque lo reclaman a voz en cuello estos tiempos que se esfuman a toda velocidad.

Es cenital la luz que ha aportado la visión transdisciplinar y la participación de la literatura artística. No solo creo que la historia se enriquece con la mirada de los poetas y narradores sino que es imperiosa, sin ir a los extremos, claro. El historiador, junto al escritor, o integrándolo, tiene que hacer más atractiva su obra, más placentera, más entretenida, o las redes sociales, los juegos computarizados, la telefonía celular y, en general la industria global del entretenimiento de una supractivada sociedad del espectáculo, poco a poco borrarán cualquier atisbo de visión creativa del pasado, de pensamiento acerca de cualquier cosa que no sea diversión, placer sensual, inmersión frívola en un suceder que nos devora.

En los últimos años ha existido una vuelta, y no solo en la poesía, al siglo XIX cubano, a las contiendas mambisas, a los líderes revolucionarios de esos años. Eso me lleva a otra idea: las primeras décadas de la República portaron una tradición cívica y revolucionaria desprendida de la propia guerra y reflejada, por solo mencionar algunos, en la obra de Byrne, Acosta, Guillén, Villena, etc. Y en los primeros años posteriores al triunfo de 1959, la epopeya de la Sierra, la clandestinidad, Girón, fueron centro del verso: Retamar, César López, Suardíaz, Jamís, Orta Ruiz, Guillén, etc.

¿Crees acaso que la poesía cubana actual se ha enrumbado por otros senderos y dejado a un lado una mirada a la historia? ¿Crees necesaria esa mirada historicista por nuestros poetas?

El ser humano, a menos que se enajene completamente, necesita saber de dónde viene, conocer su génesis, su pasado, por eso existen los historiadores, y los poetas, desde la reflexión y el cántico, siempre han sido cúspides o complementos en/de ese megarelato. El poeta es una criatura disonante que todo lo observa, lo valora, lo dignifica, lo ensombrece o sencillamente lo desecha, por eso es tan valiosa la visión que posee y puede aportar al hecho de historiar.

Hace algún tiempo ha regresado, tímidamente creo, la historia como materia de la poesía, y dentro de ese retorno hay ejemplos meritorios por su desenfado a partir del conocimiento verdadero y otros arrimos lamentables, como es lógico, pero sí, por supuesto que es muy necesario y útil que el artista de la palabra que sigue siendo el poeta emita sus juicios de valor, vierta o condense emociones o permita que las palabras trabajen desde/sobre la historia.

Se puede ser un clásico poeta de las alegorías, los símbolos, las estructuras tradicionales, las emociones contenidas o desbordadas, la experimentación… un poeta apegado a trasparencias discursivas o a cerrazones semánticas, a “inspiraciones”, facturaciones de lo más simple, barroquismos, transposiciones y aniquilaciones sintácticas, un poeta de la gracia meridiana que habita en lo espontáneo o un poeta de ingenierías lúcidas y ondulantes, no importa porque todo eso está implicado en la multivocidad de la poesía, el asunto es que la historia, como otros, es una órbita, un odre temático, un coto significacional visitado y revisitado que de pronto muere y resucita en los cuadernos o documentos de los poetas. Tan necesaria es la historia como la mampara que descorre el poeta cuando se decide a interrogarla.

De lo anterior se desprende otra cosa: Hay quien habla no ya del fin de la utopía, sino del fin de la utopía colectiva, que es otra cosa. Incluso de arrancar de cuajo parte de nuestra tradición literaria: escribir sin mirar atrás, sin deber nada. ¿Crees que nuestra poesía está falta de épica o que la épica actual se construye/edifica/sostiene de otra manera bastante diferente?

Vivimos en el vértigo y de esa sensación nos alimentamos hoy. Es otro instante del devenir universal. Lo fugaz nos abacora (me gusta esa palabra guajira), nos reduce. No creo que, aunque confieso que me asusta un poco la velocidad con que todo se borra, sea la muerte de nada, la decadencia de la poesía mundial o cubana, la anulación de la épica, el aborto de los discursos íntimos, el cese de la comunicabilidad textual, el traqueteo paradigmático que se evapora, el fallecimiento aparatoso del sujeto lírico, el despalabro o apalabrante desenfreno místico/mítico, la desnaturalización y destierro de las emociones, la dislocación ad infinitum de la lógica, la recontramuerte de Dios…

El ser humano reacciona con alarma ante cualquier sacudimiento. Claro, te zarandean la cuerda floja y pones el consabido grito en el cielo, aunque de inmediato hagas cualquier cosa por regresar al equilibrio. Desde hace miles de años vivimos contingencias similares y reaccionamos de modos parecidos. Inventamos y reinventamos constantemente la lírica y la épica. Hoy todo ocurre, como ha sido y será. La coexistencia es extraordinaria. En el gran milagro que constituyen el universo y la vida, la poesía, mínima fracción, admite la diversidad de lo macro porque también en ella espejea lo micro. No hay que devanarse ni rebanarse demasiado la mollera (otra hermosa palabra guajira), sino fluir en sintonía porque por fortuna, o quien sabe sino como castigo cuando la expulsión del Paraíso, nos ha sido vedado olvidar. Al menos para unos cuantos, que no quiero pecar por absoluto en nada de lo que diga o escriba.

Este año ha sido bastante fructífero para ti: en febrero, el Premio Raúl Ferrer por la Obra de la Vida como promotor de la lectura; en mayo, el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir de la Uneac de Isla de la Juventud en Poesía y Mención en Literatura para Niños en el mismo certamen; la distinción Hijo Ilustre de Cacocum, ahora la Beca Ciudad del Che y el Premio Ciudad del Che en poesía. Háblame un poco de estos premios y lo que significan en tu amplia trayectoria como escritor.

Todos los premios recibidos me producen una doble percepción de la obra creada: satisfacción e inconformidad. Por un lado me animan y por otro me sobresaltan. Como soy de algún modo un historiador no ignoro la historia de la poesía y, cuando comparo mis remedos con la potente tradición de la lírica insular me entra una desazón que no sé describir, por eso prefiero no comparar y recibo los premios con supremo agradecimiento y entusiasmo, sin dejarme cegar ni envanecer porque Cuba está llena de hombres grandes y humildes y, además, yo soy de Caguairanal, un caserío extraviado en el monte de San Pedro de Cacocum. Con un referente tan ilustre como es José Julián Martí Pérez, un poetazo humilde de la calle de Paula que vino a morir a Boca de Dos Ríos, en Jiguaní, me siento con una deuda de gratitud tan responsable que no me puedo permitir vanaglorias. Ni los premios ni los muchos libros dicen nada, o sí, hablan de una avidez incesante por crear, por ser hasta donde sea posible.

No quisiera pasar por alto tu interés investigativo acerca de la obra poética de Delfín Prats, consolidada en tu libro Temida polisemia. Estudio de la obra literaria de Delfín Prats, publicado por Ediciones Áncoras en 2016. Hablemos un poco, pues el tema daría de por sí para otro cuestionario del libro y la importancia que, para nuestro corpus poético, que es arcilla de nuestra identidad nacional, le atribuyes a la obra de Delfín.

Escribir acerca de Delfín Prats fue un reto como investigador y un acto que asumí como justicia. Delfín es un poeta cubano que con pocos textos tiene un sitio seguro en nuestra historia literaria. Como soy un lector de poesía me considero capaz de detectar dónde está y dónde no, y un hombre que escribe: Tigris arriba los argonautas cantan/el anón presta sus ojos al ave consagrada a Juno y Cnosos se extiende/ al amanecer cada fresco y cada balcón y cada cúpula en Cnosos extienden/ canción adentro bogando palmerales/ pueblos que un día me consolaron patria con jitanjáforas y güiras/ qué desnudo mi corazón cuando amanece y tiendo el velero de mis brazos un poco más allá/ no puedo contra la redondez del mundo… con ese demoledor verso final, además de otros poemas, claro, es un Poeta inobjetablemente. Alguien que admiro y a quien considero merecedor de mayor reconocimiento por parte de las instituciones culturales, porque ya tiene el premio de los lectores, que es a la larga el más importante.

Poeta, investigador, promotor literario, escritor para niños, guionista radial, humorista, asiduo a peñas y espacios literarios… Siempre tramando o maquinando algo: un libro, un proyecto, un ensayo, una entrevista ¿Ronel, cómo te las arreglas con el tiempo? ¿De todo lo anterior, si tuviéramos que dejar solo una de las definiciones, con cuál te quedarías finalmente?

Hace poco escribí que soy madrugador desde hace más de treinta años. La madrugada se conecta, de facto, con esa trabazón lúcida donde se desborda lo creacional y adquieren sentido las métricas, los ritmos, las palabras. Luego permanezco en silencio ante una multitud de libros que intentan procurarme paz, aunque generalmente solo consiguen incrementar mi desconcierto, hasta que sea nuevamente la madrugada y me apoltrone en mi claustro como un conventual del Medioevo en espera de la epifanía, porque soy poeta, estoy seguro, la poesía continúa desvelándome.

 

 

EL SEDICIOSO

 

Quebrantado y desprovisto,

el perturbador infausto,

avanza hacia el holocausto sobre un asno,

como Cristo.

 

Entra en el monte imprevisto y ajado

la confidencia.

 

Un hombre pone cadencia

a la rebeldía invasora,

y su anulación sonora paga la desobediencia.

 

En sucesión corrosiva

pasan,

confusos,

los gestos

de los caudillos expuestos

a la fobia anulativa.

 

Van,

sin otra alternativa,

hacia el montaraz peñasco amotinado,

el chubasco reconstituyente,

el miasma del hambre,

la cataplasma,

la fiebre,

el salcocho,

el asco.

 

Ante el burdo antagonista

desfilan caricaturas,

desharrapadas criaturas

en la maniobra ironista

de asumir la reconquista patriarcal,

que se acrecienta bajo la noche harapienta,

cota del día desnudo,

el ímpetu por escudo

y, al dorso, la impedimenta.

 

Soliviantadas colmenas en los trillos de la Nada.

 

Toros contra la emboscada.

 

Provisiones casi obscenas

para cantar en cadenas vivir es vivir…

 

Porfía por un cuero de jutía

curtido en los pantalones

e infectas ulceraciones que asolan la ranchería.

 

Por ciénagas,

a hurtadillas,

avanza la tropa agreste,

aunque la razón le apueste en contra,

y las pesadillas naden hacia las orillas

de la destrucción.

 

A gatas,

sobre las hiedras pacatas

que retardan las contiendas,

escudriñando las prendas de los muertos,

como ratas.

 

Cuando el monte no se abra más con odio

y no amanezca para que el mambí padezca

en la espesura macabra.

 

Cuando cese la palabra

que ordena estar al acecho

del usurpador maltrecho,

también,

por las piedras rotas,

habrá un himno hecho de gotas de sangre

y tiros al pecho.

 

Tenaz frente al vilipendio,

lejos queda el municipio,

que empuñó,

desde el principio,

el pabellón del incendio.

 

La Ciudad,

arduo compendio de afanes,

arde en la pira.

 

El esplendor no es mentira.

 

Hay un fulgor accesorio

que ilumina el territorio.

 

La patria, en sombras, respira.

 

 

 

 

VINDICACIÓN DEL PADRAZO

 

En cuanto a mí, soy una sombra que vaga pesarosa en las tinieblas. Para mí, ni un día de sol!

Carlos Manuel de Céspedes

Diario perdido,

Lunes 12 de enero de 1874.

 

Ante el frívolo barranco

que embiste casi indefenso,

el mártir de San Lorenzo

entra al honor por un flanco.

 

Lo transmutó el odio en blanco

de intrigas y proyectiles,

cuando los correveidiles

del rencor que desampara

no calcularon que Yara

menosprecia a los serviles.

 

En la escéptica maraña

de la fronda que se implica,

donde lo fastuoso abdica

y lo sensitivo daña,

es un altar la montaña

para el solemne ejercicio

del irreverente juicio,

y en su coto nada pulcro

un proyecto de sepulcro

silvestre para el patricio.

 

Cada vez que la rotunda

noche engaña al centinela

hay una campana en vela

y un jagüey que la secunda.

 

No habrá hondonada profunda

que le restaure la piel,

pero si con voz infiel

murmura turbado el viento,

desde el plácido aposento

va al monte Carlos Manuel.

 

Casi a las puertas, 25 Fiesta de la Cultura Iberoamericana

Por Vanessa Pernía Arias y Erian Peña Pupo

Foto: Wilker López y cartel cortesía de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana

La XXV edición de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana se realizará del 24 al 30 de octubre en la provincia de Holguín, bajo el lema El Caribe en Iberoamérica: la utopía de lo posible.

Esta edición estará dedicada al 180 aniversario del natalicio del Mayor General Calixto García, los 60 años de la desaparición física de Camilo Cienfuegos, el centenario del fallecimiento del escritor canario Benito Pérez Galdós y a los 300 años del pueblo de Holguín.

En conferencia de prensa, realizada en la Casa de Iberoamérica, institución organizadora de la Fiesta y que celebra su 26 aniversario el próximo 23 de octubre, Eduardo Ávila Rumayor, director de la Casa, y miembros del Comité Organizador de la Fiesta, caracterizaron los principales espacios de esta edición, entre ellos: el XIV Congreso Iberoamericano de Pensamiento, la Feria de Artesanía Iberoarte, del 11 al 27 de octubre, el Coloquio Iberoamericano de Letras, Audiovisual Iberoamericano, Iberocuento, las Brigadas Internacionales de Solidaridad, la Fiesta Campesina, los Centros Culturales, el Pasacalle Iberoamericano, las presentaciones en el Teatro Comandante Eddy Suñol y el tradicional viaje a cayo Bariay, en el municipio Rafael Freyre.

Aproximadamente 162 delegados –de ellos 58 artesanos de Iberoarte–, residentes en 16 países, participarán en la Fiesta, entre los que destacan Venezuela, España, Perú, Costa Rica, Trinidad y Tobago, México, Ecuador, Estados Unidos, Haití, Chile, Italia y Panamá.

De México asistirá la intérprete Ivette Ríos y la joven Dj Fei Vega; de España, los jóvenes y populares músicos De Marco y Kiko y Sara; mientras de Estados Unidos participarán Bob Michales, León Quincy Allen, y la Original Chicago Blue All Stars, entre otros. También destaca una amplia delegación de Haití. “Que participen estos delegados estadounidenses, interesados en conocer las experiencias culturales cubanas y el trabajo artístico comunitario, es también una manera de enfrentar el bloqueo estadounidense a nuestro país”, subrayó Eduardo, presidente del Comité Organizador.

El Congreso Iberoamericano de Pensamiento, esta vez en su XIV edición, “ha demostrado su crecimiento”. Se realizará del 25 al 27 de octubre y cuenta, entre sus principales momentos, con la entrega del Premio de Investigación José Manuel Guarch Delmonte.

El Congreso contará con más de 200 delegados de varias provincias del país y países como Estados Unidos, El Salvador, Italia, México y Costa Rica. Realizará, asimismo, foros dedicados, entre otros temas, al Pensamiento Social, Estudios de Género, Caribe, Procesos Artísticos, Estudios Sociodemográficos, Un mundo mejor y una Jornada Arqueológica.

En el Congreso, con sede en los salones del Hotel Pernik, se presentarán los recientes libros ganadores del Premio Guarch Delmonte, el volumen Huella y memoria hispánica en Holguín, de un colectivo de investigadores de la Casa, y el No. 2 de la revista Guayza.

Destacan, asimismo, invitados de varias provincias del país: los guantanameros del Nengón de Imías y la Compañía Babul; el Ballet Folklórico de Oriente, la Steel Band de El Cobre y el proyecto Ojos, de Santiago de Cuba; la Tumba Francesa de Sagua de Tánamo, en Holguín; Rumbatá, de Camagüey; la compañía de danza Rosario Cárdenas, las intérpretes Tania Pantoja y Ivette Cepeda, y Vocal Renacer, de La Habana, entre otros.

Ávila Rumayor comentó, además, que en la conferencia de prensa que el próximo 8 de octubre, en el capitalino Hotel Habana Libre, se reconocerá a varias instituciones y se entregará la Distinción Casa de Iberoamérica a la Doctora María Dolores Ortiz y al historiador Eduardo Torres Cuevas, director de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.

 

 

 

Recibe Premio Nacional Beca Ciudad del Che poeta de Holguín

Por Rosana Rivero Ricardo

Foto: UNEAC

¿Cómo se manda un campamento? es el proyecto de libro de poesía por el cual el poeta holguinero Ronel González Sánchez  mereció el  Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019, convocado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) de Villa Clara.

El también narrador y humorista aborda una vez más la temática de las guerras independentistas del siglo XIX cubano, la cual ha estudiado y  le apasiona por herencia directa, al ser bisnieto del capitán mambí Pedro, a las órdenes del Mayor General Calixto García.

Antes concretó su Teoría del fulgor accesorio, una revisitación desde la décima a la Historia de Cuba y el poemario La marcha de la bandera, libro inspirado en héroes y sucesos históricos del siglo XIX.

“No soy un historiador puro, soy un poeta que escribe acerca de la historia. He tratado de indagar desde la poesía en el mundo independentista cubano. Me interesan otras épocas, pero esta es tan vasta y profunda que resulta compleja y me quedé en ella”, comentó.

El lauro será entregado oficialmente el próximo 6 de octubre en el Mausoleo del Che Guevara, en Villa Clara.

El 2019 ha sido especialmente fructífero para el poeta, quien recibió en febrero el Premio Raúl Ferrer por la Obra de la Vida, como promotor de la lectura; y en mayo, el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir en Poesía y Mención en Literatura para Niños en el mismo certamen, convocado por la UNEAC de Isla de la Juventud, por el libro Clavar en la cruz.

 

Centenario de María Elena Molinet, artista imprescindible para el diseño cubano

Con este texto, tomado de Cubaescena, Baibrama recuerda el legado de la diseñadora María Elena Molinet, Premio Nacional de Teatro, nacida en Holguín el 30 de septiembre de 1919.

Cuba siempre tendrá que rendir tributo a María Elena Molinet, una de las mujeres que sentó cátedra con su trabajo en el diseño de este país. Nacida en Holguín el 30 de septiembre de 1919, Molinet se convirtió en diseñadora de vestuario para teatro, el cine y la televisión. A la par fue una excelente profesora que dedicó buena parte de su carrera profesional a investigar.

Con una profunda preparación intelectual, Molinet se graduó en La Habana de la Academia Interamericana de Dibujo Comercial, en 1949; luego estudió pintura y grabado en San Alejandro, en 1952; y más tarde completó su formación con diseño teatral, en la antigua república de Checoslovaquia, con los profesores Ludmila Purquiñova y Ladislav Vichodyl. A esto se suma una interesante lista de talleres y adiestramientos en instituciones de Berlín, Praga y Budapest.

El cine le abrió sus puertas y fue la encargada de los diseños de vestuario de películas medulares como Lucía y Cecilia, de Humberto Solás, y Mella de Enrique Pineda Barnet, entre muchos otros títulos. Para danza, ballet y teatro creó un importante número de bocetos y diseñó para directores transcendentales de la escena cubana como Vicente Revuelta y Abelardo Estorino.

En 2007, le fueron conferidos los Premios Nacionales de Enseñanza Artística, Diseño y Teatro, este último otorgado junto a su entrañable amigo Eduardo Arrocha. En las palabras de elogio, a estos dos grandes de la cultura cubana, el también diseñador Jesús Ruiz expresó sobre la artista:

“La obra de María Elena tiene como ejes la búsqueda de la síntesis, el impulso y la necesidad de expresarse por medio de una paleta dominada por la razón, más que por el placer de la forma y el color. Esta obra, de indiscutible valor, no es sino una parte de su contribución a las artes escénicas cubanas, porque si bien Rubén Vigón fue el ejemplo poderoso al que muchos reconocemos como el punto de partida de nuestro diseño actual, María Elena personifica la batalla perenne e imparable en pro de toda causa y todo empeño que eleve cada día la calidad de nuestro diseño escénico, razón y pasión que la hacen una artista de vocación fundacional con un énfasis especial en el pensamiento teórico y la labor pedagógica.

“A María Elena le deben las artes escénicas cubanas el que el diseñador de escenografía, de vestuario o de iluminación sea considerado un artista y no un técnico, propósito que alcanzó tras una lucha que no estuvo marcada por mezquinos intereses gremiales, sino que fue el resultado de la comprensión profunda de la naturaleza de su profesión. Esto constituye un logro para todos”.

Su activa participación en la vida cultural cubana, le permitió vincularse con artistas de procedencias diversas y colaborar con proyectos múltiples. De su profunda investigación surgieron muchos textos que fueron divulgados en publicaciones periódicas. De este capítulo de su vida quedaron sus libros La piel prohibida (1997) y La vestimenta ritual tradicional de la santería cubana (2008), así como otros materiales que no han sido publicados.

Vestidas por el tiempo fue una hermosa exposición personal de María Elena Molinet, por su cumpleaños 90, que organizó la Galería Raúl Oliva en 2009. La diseñadora recibió elogiosas palabras que fueron plasmadas en el catálogo:

“Concebido tradicionalmente como decoración, el diseño adquiere carta de naturaleza a partir del triunfo de la Revolución, integrado al proceso de maduración del movimiento teatral cubano y al desarrollo de la industria cinematográfica. Se convierte, entonces, en un lenguaje que participa en la producción de sentido en la propuesta escénica. La obra de María Elena, desde la docencia, la creación y el trabajo teórico alcanza, en ese contexto, dimensión fundacional. Deja su impronta en realizaciones clásicas del teatro y el cine con una concepción de la cubanía que trasciende el acercamiento superficial, costumbrista o folklorizante. Su trayectoria previa, en estrecho vínculo con la vanguardia nacional de los años cincuenta, la había preparado para abordar tan exigente empresa. Como diseñadora, sostuvo un diálogo productivo con imprescindibles directores, ya inscritos en la historia de nuestra cultura. Pero no hay que hablar de María Elena en pasado: se mantiene creativa y actuante”. (Graziella Pogolotti)

“Hábil facilitadora de memorables tertulias en las que se debatían los problemas  de la creación, salteados con algunas anécdotas hilarantes, María Elena –de siempre- convirtió su casa en lugar de reunión, al estilo de aquellas fascinantes mujeres francesas de los siglos XVIII y XIX, las Madamas Stäel y de Récamier. Allí también fundó un lugar de aprendizaje, donde aún hoy, a sus noventa años, comparte sus conocimos sobre la indumentaria universal y asume con devoción la formación de jóvenes diseñadores”. (Graciela Fernández Mayo)

En 2014, las Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, sacó a la luz el título María Elena Molinet, diseño de una vida, escrito por la periodista Estrella Díaz, texto que resulta un valioso testimonio en que la propia artista relata momentos de su fecunda existencia.

En ocasión del aniversario 97 del natalicio de María Elena Molinet, en 2016, la Casa de la Obra Pía, de la Oficina del Historiador de La Habana, rindió homenaje a la prestigiosa diseñadora de vestuario, con la exposición María Elena Molinet, una cubana imprescindible.

Recientemente, Biblioteca Nacional de Cuba José Martí realizó una muestra bibliográfica por el Centenario de la notable diseñadora, en la Sala de Arte Wifredo Lam de esa institución cultural. La acción comenzó el 17 de septiembre y concluirá el 30 de este propio mes.

María Elena Molinet falleció el 6 de octubre de 2013 a los 94 años. Dejó para la cultura cubana una rica herencia que continúa siendo sedimento para las nuevas generaciones de diseñadores de nuestro país.

Redacción Cubaescena con información del Centro de Documentación María Elena Molinet de la Galería Raúl Oliva, Radio Habana Cuba, y revista Tablas. (Foto Alexis Rodríguez)

Café Literario de la UNEAC en Holguín: Quince años por la cultura y la civilidad

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López

Corría finales del año 2011 o inicios de 2012. En el pequeño patio de la UNEAC holguinera apenas cabía una persona más. La gente se apretaba al final. El Café Literario, que cada jueves, desde septiembre de 2004, conduce el intelectual holguinero Manuel García Verdecia, había invitado al historiador Rigoberto Segreo y todos queríamos oírlo. Segreo recién había revisitado en un libro el pensamiento del siempre polémico, pero también necesario, ensayista y periodista Jorge Mañach. Si la memoria no me engaña, esa tarde –húmeda, nublada, quizá– asistí por primera vez al Café Literario. Fui más bien por escuchar al profesor Segreo, pero quedé entusiasmado por el espacio y sus posibilidades. Entonces iniciaba mis pininos literarios y estudiaba el primer año de la carrera de periodismo en las aulas de la Universidad de Holguín. Desde el público, imaginaba que algún día podría leer allí, a la diestra de García Verdecia.

El tiempo pasó: aquella sería una de las últimas conferencias de Segreo; empecé a frecuentar el espacio los jueves –saliendo, casi siempre, antes que de finalizara, para no perder el horario de la comida en la universidad, o perdiéndolo–; varias veces, después de graduado y hasta antes, escribiría sobre una de las jornadas del Café, y llegó el día en que me senté, y volví otras veces, con Manolo, para leer cuentos y poemas…

Este año, específicamente el 12 de septiembre, el Café Literario celebró su 15 aniversario. Los inicios del espacio los recuerda su creador, el reconocido narrador, poeta, ensayista y traductor Manuel García Verdecia: “En los 80, los escritores holguineros tenían sus espacios, como la Casa del Té, donde se reunían para leer lo que hacían. Con el Período Especial desaparecieron. Por eso, siempre existió el planteamiento de recuperar este tipo de encuentro. Me hice portador de la inquietud y empezamos”.

“El objetivo –añade el autor del poemario Meditación de Odiseo– era que los escritores miembros de la UNEAC o de la Asociación Hermanos Saíz expusieran sus obras ante un público, para dar a conocer el autor y su literatura. Ello propició un diálogo intergeneracional sin contradicciones entre los creadores. A veces, se sentaba una autora reconocida al lado de una joven que empezaba. Por eso, en Holguín no sucede como en otros territorios de Cuba, donde los de los 80 no quieren hablar con los de los 90”.

Pero con el paso de los años, el Café Literario de la UNEAC ganó un “contenido más sociocultural” y amplió su diapasón. “Nos comenzó a interesar que las personas, además de escuchar las lecturas de los autores locales, conocieran más sobre la obra de escritores cubanos, latinos e internacionales, y vieran la literatura como una vía hacia el desarrollo de la civilidad. Introdujimos conferencias sobre personajes de la historia cubana, el pensamiento filosófico contemporáneo, líneas generales del desarrollo de la literatura en distintos países… Ese fue el corte que le empezamos a dar hacia el 2010”.

Aunque la literatura reina cada tarde de jueves, temas como religión, sociedad, ética, historia, antropología, música, cine… han sido motivo para el intercambio y el debate en el Café.

Para Onelio Escalona, artista plástico, humorista, actual vicepresidente de la UNEAC holguinera y miembro del exitoso duo Caricare, “los temas en el Café son inagotables”, aunque confiesa que lo descubrió algo tarde, “pues viene por vez primera cuando iban a celebrar el quinto aniversario. Descubrí entonces que tenía en la ciudad algo que necesitaba”.

“He ido aprendiendo a disfrutar y asimilar la poesía, que era para mí era casi desconocida. Aquí aprendí a apreciarla y hoy consumo mucha poesía. Te encuentras un ambiente de armonía, de paz entre todos los que vienen al Café, que sales nuevo de aquí”.

Yo escribía guiones, pero lo hacía de manera empírica. El Café me ha dado una idea de por dónde encaminarme. Incluso me he aventurado a escribir cuentos. Hay que defender el espacio contra viento y marea; es una necesidad de un grupo de personas. Manolo, además de un gran intelectual, es líder y un excelente comunicador. Siempre busca lo positivo dentro de lo adverso. Recuerda una etapa en la cual se proyectó un ciclo de conferencias de Fernando Savater sobre filosofía y fue interesantísimo”, añade Onelio.

La Semana de la Cultura holguinera, la Feria del Libro, el Premio Celestino de Cuento, el Festival de Humor para Jóvenes Satiricón, la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, las Romerías de Mayo, entre otros tantos eventos, han tenido abiertas las puertas del espacio.

Ronel González, otro de los asiduos al Café, asegura: “Aquí he realizado lecturas de poesía y presentado mis libros. Después que lees tu obra, las personas emiten criterios y te hacen alguna recomendación. Ha sido motivador para que mucha gente inicie o continúe su carrera literaria. A mí me ha servido, además, para desarrollarme como poeta, narrador, escritor para niños, y también como comunicador y profesor. Cuando me piden que imparta un tema, me veo obligado a investigar y a mantener viva otra zona de mi intelecto. He hablado de un poeta de lengua española o del estado de la décima en Cuba”.

Importantes escritores como Roberto Fernández Retamar, a quien se le dedicó un Café Literario a propósito de su reciente fallecimiento, Reynaldo González, César López, Pablo Armando Fernández, Nicolás Dorr, Ambrosio Fornet Lina de Feria, Antón Arrufat, entre muchos otros, han compartido su creación artística con los miembros asiduos al Café.

Otros escritores de Holguín participan frecuentemente en el espacio: Delfín Prats, Lourdes González, Eugenio Marrón, Mariela Varona, Luis Yuseff, Rubén Rodríguez, Ghabriel Pérez, José Abreu Cardet, Ronel González, Alejandro Torres Gómez de Cádiz, Emerio Medina…

Otro artista que descubrió tarde el Café es el joven músico Yuri Hernández. Tenor del Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín e invitado, además, en importantes compañías cubanas y extranjeras, Yuri lamenta “todo el tiempo que falté al Café para las cosas maravillosas que me han pasado en el espacio, para el océano de conocimiento que me ha aportado el Café Literario de la UNEAC, pues todas las tardes de jueves salgo enriquecido; aprendo mucho y me ha incitado a leer más. Gracias al Café después investigo sobre lo que no sabía. Se tratan temas diversos, no solo de habla de literatura”.

“Es un oasis en medio de las banalidades, entre cosas que se llaman arte y no lo son. La gente interviene, participa el público, da su criterio, no hay presión… Es un espacio de alto pensamiento. No son viejitos, viene gente joven, vienen periodistas, músicos, como en mi caso. Me parece que el Café Literario es un espacio que tiene que perdurar, mantenerse, protegerse, sobre todo, pues, de alguna manera, es nuestro bálsamo semanal”.

Todos –público e invitados– subrayan que la conducción de Manuel García Verdecia es primordial para el desarrollo del Café, pero él insiste que el espacio lo conforman todos.

Ariel Zaldívar, profesor de Pensamiento Filosófico y asiduo al Café, asegura: “Quince años implica un devenir, un desarrollo, una evolución… del espacio. El Café ha ido de un punto de arranque a contribuir a la formación también de una conciencia cívica, de un compromiso profundo de los cubanos con la Cuba actual. Por eso el espacio es tan necesario”. Y añade que este es un “espacio de mediación y confluencias de diversas tendencias culturales, sujetos intelectuales, procesos de comunicación que están marcando la contemporaneidad en la Cuba de hoy, donde se piensan las complejidades de la Nación. El elemento aglutinador siempre ha sido la Nación cubana, en su amplitud, complejidad… pero busca visiones e interrelaciones históricas con otros países y regiones. Lo singular, que es el Café Literario, refleja y manifiesta lo universal”.

Esta mirada universal que subraya Ariel Zaldívar se ha reflejado en varias jornadas del Café, entre ellas las dedicadas a reconocidos escritores como Federico García Lorca, J. D. Salinger, W. Shakespeare, John Banville, Philip Roth, Juan Gelman, Nicanor Parra, entre otros.

“Tiene una dimensión terapéutica, una suerte de ágape, de lugar de celebración”. Contribuye, añade Ariel, “a romper el aislacionismo histórico cultural, las nuevas tendencias y formas de la seudocultura y permite la polifonía de voces literarias en el Café”.

El público asiduo al Café Literario es muy diverso: podemos encontrar desde un sacerdote católico, un reconocido psiquiatra, hasta profesores universitarios, actores de la radio, historiadores, humoristas, músicos, estudiantes, jubilados, y escritores holguineros. Todos, afirman, entusiastas, estar unidos, como una familia, por el gusto al Café.

Precisamente un amplio plegable con el nombre de escritores holguineros y de otras partes del país fue el obsequio que Julio Méndez, presidente de la UNEAC en la provincia, entregó al Café en su 15 aniversario por el hecho de promover “cultura y civilidad”.

El Comité Provincial de la UNEAC reconoció también –de manos de la escritora Lourdes González– el trabajo sostenido de Manuel García Verdecia al frente del Café en los 15 años. Por su parte, Lourdes y Moisés Mayán compartieron varios de sus textos poéticos. El Centro Provincial del Libro y la Literatura reconoció también el aniversario del espacio.

Asimismo, el historiador Armando Cuba, presidente de la Filial de Literatura de la UNEAC en Holguín, aseguró que este es “uno de los mejores espacios culturales en Cuba hoy” y añadió: “Es hermoso que la ciudad cuente con una tertulia madura con el alcance del Café, integrador de todos los géneros literarios y expresiones de la cultura, aglutinador de lo mejor del telento literario y artístico. Aquí los grandes del pensamiento cubano y universal de todos los continentes, han sido sometidos a debate”.

La tarde de celebración –que tuvo el homenaje y el agradecimiento del público y donde se compartió, además del habitual café de cada jueves, el vino Café Literario– contó con la actuación del duo Caricare y las interpretaciones del tenor Yuri Hernández.

Entre el júbilo y la remembranza, la poesía y la amistad, el Café Literario de la UNEAC en Holguín celebró su 15 aniversario, una cifra para elogiar y quitarse el sombrero. Su incansable promotor, Manuel García Verdecia, antes de despedirse y agradecer la presencia del público fiel a la cita, aseguró: “El próximo jueves, como siempre, habrá Café”.

Tomado de la web de la Uneac: http://www.uneac.org.cu/noticias/cafe-literario-de-la-uneac-en-holguin-quince-anos-por-la-cultura-y-la-civilidad

 

 

 

Los ochenta: una década cultural

Por Moisés Mayán

Ediciones Holguín surgió como resultado de la apoteosis cultural que estremecía la ciudad en los años ochenta. También por esa fecha, se organizan los estudios de Tele Cristal, y José Rafael Rojas Bez comienza a fundar el Cine Club y la Cinemateca. Los grupos de teatro de Juan José Serpa y Carlos de Jesús García coincidían geográficamente en este territorio; y mientras Carmen Mora inventaba una feria del libro, el taller de grabado gozaba de una salud envidiable.

Estos temas narrados por sus protagonistas resucitan en las páginas de la nueva edición de Memoria de los 80. Una década cultural, volumen que en la tarde del miércoles 18 de septiembre fue presentado por Lourdes González en el patio de la Uneac. Precisamente a Lourdes, le corresponde la idea de rescatar de la desmemoria aquella reverberación de las artes, de modo que se dispuso a intercambiar con los protagonistas para la conformación de este título.

Memoria de los 80 se publicó por primera vez en 2007, y desde entonces constituye una referencia obligatoria para comprender la fertilidad de esa década. Conocido por muchos como el «boom holguinero de los 80», el periodo arrojó entre otras conquistas, las convocatorias del Premio de la Ciudad y el Premio de la Provincia, además de la celebración de la Semana de la Cultura Holguinera.

Fotos: Wilker López

Lourdes hizo hincapié en dos de los actores innegables de esa época, Julio Méndez, quien se desempeñaba como Director Municipal de Cultura, y el periodista y escritor Alejandro Querejeta. Los asistentes al espacio elogiaron la reedición de un libro necesario que desde hacía más de 10 años se había agotado en todos nuestros puntos de venta. Como parte del festejo por el 33 Aniversario de Ediciones Holguín, la Directora de Cultura en la provincia, Rachel García Heredia entregó un reconocimiento a esta institución. Anisleydis Barquilla, Directora del Centro Provincial del Libro nos acompañó en una tarde muy emotiva que concluyó con un recital de poesía.

El poeta José Luis Serrano, conductor del espacio, invitó a los asistentes a adquirir el libro, mientras todos brindaban por el luminoso futuro de la palabra impresa.

Volver la memoria a los 80 y continuar la creación

Por Erian Peña Pupo

“De tiempo en tiempo los amigos hablábamos de contar la historia de los años ochenta. De contarla nosotros, los protagonistas”, asegura la escritora Lourdes González Herrero en las palabras introductorias a Memoria de los 80, volumen reeditado por Ediciones Holguín y presentado en el espacio “Elogio de la locura”, realizado en la sede provincial de la Uneac como parte del programa de actividades por el 33 aniversario del reconocido sello editorial holguinero.

Memoria de los 80–publicado inicialmente en 2007 y agotado de librerías poco después– recoge testimonios de artistas holguineros que protagonizaron una década de efervescencia cultural que colocó a Holguín–con sus Salones de artes visuales, el Taller de Grabado, el Premio de la Ciudad y el Adelaida del Mármol, el surgimiento de Ediciones Holguín y la publicación de los primeros libros– bajo la mirada atenta de los artistas y escritores del resto del país.

El libro, relata Lourdes, sería como “aquel filme de Akira Kurosawa, Rashomon, en el que una misma historia es narrada desde tres puntos de vistas diferentes”. Y ya “teniendo organizados los testimonios, fijados los títulos, casi diseñado el libro, me cercioro de que nuestra propuesta da trece visiones, todas válidas por nacer de un mismo centro de acciones”.

Muchos de los protagonistas de los ochenta holguineros en materia cultural hoy se encuentran entre los artistas más reconocidos en la provincia y el país: el escritor y periodista Alejandro Querejeta, hoy residente en Ecuador; el poeta y promotor cultural Gilberto González Seik; la propia Lourdes González; el poeta, narrador y ensayista Eugenio Marrón; el reconocido poeta Delfín Prats; el poeta y escritor para niños Luis Caissés; el poeta narrador y traductor Manuel García Verdecia; y el investigador y crítico de cine José Rojas Bez.

Entre los artistas plásticos: Julio Méndez Rivero, relacionado con la fundación del Taller de Grabado y actual presidente de la Uneac en Holguín; y el pintor y escritor Jorge Hidalgo Pimentel. Otros lamentablemente han fallecido: el poeta y narrador José Luis Moreno del Toro; el también poeta y dramaturgo Carlos Jesús García, Carlín, fundador y director del grupo Teatro Duende, y el poeta Alejandro Fonseca, autor del poemario Bajo un cielo tan amplio, título que hoy identifica el espacio que Ediciones Holguín dedica a los recitales poéticos.

“¿Solamente los incluidos están autorizados a opinar sobre los culturales años ochenta en Holguín? Por supuesto que no, pero, en las propias versiones de lo ocurrido, los que aquí atestiguan brindan una valiosa información y un rotundo conocimiento de esos tiempos iniciáticos. Si pasamos líneas entre las coincidencias de cada texto, veremos el paisaje nítido que propició lo que muchos llaman en Cuba: el boom holguinero de esa década”, añade Lourdes.

“Mientras unos evocan con nostalgia, otros hacen gala de su síntesis, ese es un punto a favor de lo heterogéneo y nada absolutista que ha llegado a ser este cuaderno. Como toda conversación, la nuestra en torno a contar la historia fue poco a poco convirtiéndose en necesidad, y ahora que están las cuerdas atadas y las palabras escritas, a los que participamos nos queda la certeza no solo del buen tiempo vivido, sino de su armónica continuidad”.

Sin dudas este libro es necesario para volver la memoria a los 80, época fundacional en varios aspectos, pero también para continuar la creación en una ciudad que hoy es capital artística.

Fotos: Wilker López

Como parte de la jornada por el 33 aniversario de Ediciones Holguín se realizaron, en la sede de la editorial, los paneles Letras de Cuba desde Holguín, con Lourdes González, Eugenio Marrón y Manuel García Verdecia, y Poesía cubana en Ediciones Holguín, con José Luis Serrano, Kenia Leyva y Moisés Mayán. Asimismo, Ángela Peña y Fidel Fidalgo presentaron los libros Holguín. Capital por un día, y Alimentación y salud, en la Fábrica de Tabaco Feliú Leyva.

La jornada de homenaje incluirá, además, un recital poético integrado por Delfín Prats, Ronel González, José Luis Serrano, Kenia Leyva, Lourdes González, Eugenio Marrón y José Poveda.

Café Literario en Holguín arribó a sus 15 años

Por Rosana Rivero Ricardo

El Café Literario, espacio que cada jueves en la tarde acoge la sede en Holguín de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y el mejor de su tipo en el territorio, arribó este 12 de septiembre a su aniversario 15, tres lustros apostando por el desarrollo de la civilidad a través de la literatura.

Fotos: Wilker López

Su artífica y anfitrión, el escritor y profesor Manuel García Verdecia, adujo que el Café es para él regocijo y responsabilidad, un acontecimiento espiritual que durante 48 jueves al año trata de convertir a su público en mejores personas, mediante el tratamiento de temas en disímiles áreas del conocimiento, como la filosofía, la historia, el cine y el humor.

Consciente de que la gratitud es condición humana fundamental, García Verdecia reconoció el apoyo de la UNEAC y su presidente Julio Méndez Rivero, para el desarrollo de esta tertulia; así como el de los presidentes de la filial de Literatura Pablo Guerra y Armando Cuba.

Asimismo, agradeció al público asiduo a las tertulias de café y letras, entre ellos, el siquiatra Orellana, el padre Aldama, el Premio Nacional de Historia José Abreu Cardet, el humorista Onelio Escalona y el tenor Yuri Hernández.

A su vez, el público agasajó al anfitrión del Café Literario con disímiles muestras de cariño como poemas, décimas, personalizadas artesanías y un especial vino de café, bautizado como Café Literario. Sendos reconocimientos le entregaron el Centro Provincial del Libro y la Literatura y la UNEAC.

“El Café Literario se ha ganado un lugar privilegiado en la cultura cubana y holguinera por su autenticidad. Es hermoso que la ciudad cuente con una tertulia moderna, donde se articulan todos los géneros literarios y por donde han transitado grandes del pensamiento cubano contemporáneo. Aquí se escuchan las obras con sentido crítico. Es un espacio democrático, donde se aceptan los disímiles criterios que se comparten”, comentó Armando Cuba, actual presidente de la filial de escritores en Holguín.

Los asiduos al Café tienen la oportunidad de escuchar, mucho antes de que se presenten los libros, las obras de escritores noveles y consagrados, quienes comparten sus nuevas creaciones para escuchar las opiniones del público. Moisés Mayán, quien leyera sus primeros textos en esta tertulia, presentó sus poemas “Sentido común” y “El idioma”, los cuales definen su actual quehacer literario.

Por su parte, la consagrada escritora Lourdes González, leyó fragmentos de su libro en construcción “Arqueología de la vejez”, que aborda el tema de la degradación física del ser humano con la ancianidad.

La jornada de cumpleaños concluyó con la actuación del Dúo Caricare, compuesta por Mireya Abreu y Onelio Escalona, y del tenor Yuri Hernández, asiduos del Café Literario.

Iberoarte celebrará los 300 años de la ciudad de Holguín

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López y Carlos Rafael

La XVIIIedición de la Feria Internacional de Artesanía Iberoartese desarrollará del 12 al 28 de octubre próximos,organizada por el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) y dedicada al 300 aniversario de la ciudad de Holguín, a la manifestación textil y a la urbe cubana de Trinidad.

Con sedes principales en el Recinto Ferial Expo-Holguín y el Complejo Cultural Plaza de La Marqueta, según explicó en conferencia de prensa realizada en la sede provincial de la Uneac holguinera, Manuel Hernández, director del FCBC en Holguín, la Feria contará con la participación de 63 expositores extranjeros y más de 50 nacionales de nueve provincias del país.

De manera especial, añadió, Iberoarte se suma con su dedicatoria a las acciones para festejar el 300 aniversario de la ciudad, cuando el 3 de abril de 1720 –vísperas de San Isidoro–fue inaugurada la iglesia de ese nombre, y la localidad pasó a llamarse Hato de San Isidoro de Holguín.

Entre los extranjeros destaca en Iberoarte la presencia de artesanos de Perú, principal país expositor, México, Argentina, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Ecuador, India y España; además de una significativa presencia nacional, donde abundan las artesanías y los tejidos.

Iberoarte contará, asimismo, con espacios habituales como Lote, dedicado a las artes visuales, desfiles de moda, rondas de negocios, proyectos de decoración y talleres de creación infantil.Entre estos destaca Lote, con un amplio programa de exposiciones de importantes artistas de la plástica cubana, entre ellos Javier Guerra y Nelson Domínguez, este último con su reconocida muestra Mi amiga Alicia, comentó Anette Rodríguez, especialista de Artes Plásticas del FCBC.

Se realizará, además, una muestra con el título Holguín cumple 300, una de artesanos de Trinidad y Gibara, en la sede de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas (Acaa) en esa costera urbe, otra de la provincia Santi Spiritus y Holguín y una de reconocidas artesanas trinitarias.

“La Feria Iberoarte se ha convertido en el segundo espacio comercial cultural más importante del país luego de Feria Internacional de Artesanías (Fiart) en La Habana”, añadió Manuel Hernández, y subrayó que espacios como el Centro Cultural Bariay y El Benny servirán de escenario para las diversas manifestaciones que convergen en esta especie de fiesta inmensa de la artesanía y la cultura, auspiciada también, entre otros, por la Dirección Provincial de Cultura, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín.

La Feria Internacional de Artesanía Iberoarte tuvo su primera edición en 2001 y desde entonces se ha mantenido como un espacio de intercambio cultural entre pintores, talladores, artesanos y diseñadores del mundo, coincidiendo en sus jornadas finales con la Fiesta de la Cultura Iberoamericana que cada año se desarrolla en esta oriental ciudad, en conmemoración al llamado encuentro –o encontronazo, según varios historiadores– entre las dos culturas, la americana que habitaba el continente y la europea, en similar fecha de octubre de 1492.