Viaje literario y periodístico alrededor de Rubén Rodríguez

Por Vanessa Pernía Arias

Rubén Rodríguez González, reconocido periodista y narrador holguinero, en ese orden porque asegura que debe al periodismo su literatura, se encuentra entre los escritores cubanos más publicados y leídos en el país, con una veintena de textos que oscilan con éxito entre la literatura infantil y la cuentística para adultos.

Foto tomada de Internet

En su obra creativa destaca la novela El Garrancho de Garabulla, que descubre de algún modo el entorno infantil en que creció el autor, el antiguo poblado de Auras, actualmente Floro Pérez, que se encuentra a pocos kilómetros de la cabecera provincial, y donde surgieron sus primeras necesidades literarias, pues Rubén afirma que la fantasía fue la tabla de salvación y alternativa lúdica en su niñez.

Dicho título lo ha convertido en unos de esos relatores del campo cubano, utilizando las múltiples posibilidades que ofrecen lo bucólico y lo auténticamente nacional.

El maravilloso viaje del mundo alrededor de Leidi Jámilton, es otra de sus sagas infantiles más reconocidas, que narra las peripecias de la ingeniosa bruja y su visión de mejoramiento humano a través de una mirada sensible y humorística.

A esta lista se suman otros textos dedicados a los pequeños, como
Rebeca Remedio y los niños más insoportables del mundo, Peligrosos prados verdes con vaquitas blanquinegras, Paca Chacón y la educación moderna y Mimundo.

Su más reciente título infantil es La retataranieta del vikingo, bajo el sello de la Editorial Oriente, que le mereció el Premio de los Lectores otorgado cada año por el Instituto Cubano del Libro (ICL) a los diez textos más vendidos en la red de librerías o de mayor circulación comercial en el país, y entregado en la recién concluida Feria Internacional del Libro de La Habana, amplia cita cultural en la que ha participado frecuentemente con sus obras.

Rubén precisó que se siente satisfecho y feliz con el galardón, pues es señal de que el texto como obra de arte ha cumplido con su ciclo creativo, que lógicamente finaliza cuando el lector interactúa con ella convirtiendo en suyas las vivencias literarias e identificándose con la historia de los personajes.

Además este autor destaca dentro del amplio movimiento literario cubano y latinoamericano a partir de una obra consolidada para adultos, con títulos que aparecen en varias editoriales nacionales y extranjeras; entre ellos Eros del espejo, su primer cuaderno publicado y que le mereció el Premio de la Ciudad de Holguín 2001; Majá no pare caballo, Unplugged y Los amores eternos duran solo el verano.

Dichos textos muestran una narrativa potente, sincera, a ratos descarnada, sobre la pérdida, el dolor, la soledad, la necesidad de querer y ser querido, y fundamentalmente, sobre el amor.

Aunque numerosos premios avalan su creación literaria, como La Gaceta de Cuba, César Galeano, Oriente, La Edad de Oro, Ismaelillo, Abril, Crítica Literaria y su más reciente galardón, el Alejo Carpentier 2019, importante reconocimiento que concede el ICL, la Editorial Letras Cubanas y la Fundación homónima, disfrutar una clase junto al profe Rubén es un lujo que todo estudiante de periodismo no debería perderse en su paso por la academia.

Sus lecciones sobre el estilo, el ensayo y las herramientas literarias de las que se vale hoy la profesión periodística para lograr un acertado texto, atrapan hasta el más escéptico en cuestiones de escritura, sobre todo porque logra una intimidad que sobrepasa los pupitres y te convierte en cómplice de numerosos autores de la literatura universal.

Igual que al gran escritor colombiano Gabriel García Márquez, el periodismo en Rubén Rodríguez González más que una herramienta para ficcionar sus historias, se ha convertido en su cotidianidad, en su razón de ser y existir, por eso aún hoy desde el semanario holguinero ¡ahora!, donde es editor, cautiva con fresco estilo a los lectores con su columna habitual, dejando entrever las historias de esos picarescos personajes que habitan su amplio mundo literario (Artículo publicado inicialmente en la web de la ACN).

Hacer Memoria Nuestra también desde las redes

Por Erian Peña Pupo

Fotos Archivos Centro de Comunicación Cultural La Luz – Holguín

El 300 aniversario de la fundación del pueblo de Holguín y sus aportes al corpus cultural e histórico del país abrió temáticamente las sesiones del Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra, columna vertebral de las Romerías de Mayo, que este año se realiza a través de forodebates e intercambios online en las plataformas digitales.

Alejandro Torres Gómez de Cádiz y José Fernando Novoa Betancourt, profesores de la Universidad de Holguín, reflexionaron sobre el sentimiento de holguineridad que distingue a los habitantes de esta ciudad del oriente cubano, los elementos que la peculiarizan y definen, así como la comprensión de la historia y la cultura nacional a partir de la aprehensión de las identidades locales. “¿Podemos hablar de una cultura holguinera o un sentimiento de holguineralidad? Cuándo definimos al holguinero de hoy: ¿Son los del municipio Holguín y zonas aledañas o todos los que viven en la provincia? Es necesario recordar que la identidad local es un proceso complejo y lento. La perseverancia de rasgos identitarios locales diferenciados dentro de la actual provincia de Holguín es persistente aun y se expresa no solo en características somatotípicas sino también en tradiciones, las formas lingüísticas y otras. Se está celebrando el 300 aniversario de la fundación del pueblo de Holguín, fecha que en su exaltación no debe generar una absolutización en la definición cultural de estas zonas fundacionales en detrimento del holguinero actual como provincia”, comentó Alejandro.

Como parte de esta edición del Memoria Nuestra en las redes se realizó también el forodebate Nación y Socialismo, en donde se reflexionó y debatió sobre “el proyecto socialista cubano y sus espeficidades, sobre las formas en que se ha entendido este socialismo, sobre el significado que deben tener en un proyecto nacional socialista conceptos como democracia o soberanía nacional, sobre la relación de esta práctica con la herencia liberal y libertaria que nos legara el siglo XIX” y muchos otros temas afines, moderados por los profesores Frank José Soler, de la Universidad de La Habana, y Daniel Rafulls, de la Universidad de Oriente, ambos miembros de la sección de crítica de la AHS.

Hasta el próximo día siete de mayo, jóvenes investigadores, historiadores y estudiosos de varias provincias del país abordarán temas variados del acontecer sociocultural cubano en estos foros, que se realizan en el sitio web de la AHS, con la participación también de importantes catedráticos e investigadores cubanos, como la historiadora Mildred de la Torre, Mely González Aróstegui, de la Universidad Central en Villa Clara, y Fernando Luis Rojas, del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, en La Habana.

Además, varios trabajos concursantes, entre investigaciones y proyectos socioculturales, serán analizados en las sesiones de la tarde por los participantes de este certamen, con el objetivo de socializar cada uno de los estudios, en un grupo creado en WhatsApp, aprovechando las posibilidades de diálogo permanente de las redes, sin perder el espacio de retroalimentación que ofrece cada año un espacio como este.

El Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra se erige como uno de los principales eventos que se desarrollan cada año en Holguín durante las Romerías de Mayo, por sus aportes a la creación investigativa joven y el desarrollo de proyectos socioculturales en el país.

Importantes intelectuales y artistas han sido miembros de su jurado y han impartido conferencias magistrales, como Eusebio Leal, Pedro Pablo Rodríguez, Fernando Martínez Heredia, Graziella Pogolotti, Adelaida de Juan, Luis Álvarez y Virgilio López Lemus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abel Prieto en torno a la guerra cultural

Por Erian Peña Pupo

Muchos de nosotros, los más jóvenes, conocimos primero al Abel Prieto Jiménez Ministro de Cultura. Desde 1997 lo observábamos en actos políticos, galas, inauguraciones,mesas redondasY sabíamos, aun sin leerlo, que el Ministro era escritor. Y eso nos inspiraba confianza: no es lo mismo que un Ministro de Cultura sea un artista, un intelectual, que un cuadro más dentro de un aparato burocrático. Otros, algo más mayores que yo, lo conocían desde que Abel fuera designado presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) años antes. Después conocimos al Abel Prieto narrador a través de varios de sus libros: las selecciones de cuentos Los bitongos y los guapos (1980) y Noche de sábado (1989) y sobre todo las novelas El vuelo del gato (Editorial Letras Cubanas, 1999y Viajes de Miguel Luna (2012). De la primera, ya una especie de clásico de la literatura finisecular cubana, conservo la primera edición, un libro que ya no aparece en casi ningún lugar, me dijo Abel cuando la dedicó.

Del Abel no personaje público fuimos conociendo algunas cosas: estudió Letras en la Universidad de La Habana y fue un joven como otro cualquiera; bueno, quizá no tan así: conjugada en sí al apasionado jugador de ajedrez con el hippie trasnochado y soñador que usaba botas, el pelo largo, los pitusas gastados y estrechos… que lo han caracterizado; por otro lado Abel se enamoró del Disco Blanco de The Beatles, de la psicodélica y veinteañera Janis Joplin, y de un Bob Dylan que no pensaba recibir el Premio Nobel de Literatura, mientras cantaba en contra de la agresión norteamericana a Vietnam.

Aquello entonces no era lo más aconsejable, aunque esosmuchachos melenudos y despreocupados que se reuníanen Woodstock bajo los influjos del rock sesentero y que rompían sus boletas de inscripción al servicio militar, muchas veces enarbolando la famosa foto del Che de Korda, se inspiraran en los barbudos que –tan jóvenes como ellos– habían bajado de la sierra, también melenudos, rebeldes y soñadores, para darle una estocada crucial al imperialismo. Esa es una deuda generacional aun no del todo saldada, aunque una estatua de Jhon Lennon custodie un parque del Vedado capitalino.

De su ensayística apenas conocíamos piezas de un puzzle: algunos de sus artículos dedicados a José Lezama Lima en las páginas de varias revistas en la década del 80, La Gaceta de Cuba entre ellas; y un texto clásico, publicado también en La Gaceta en 1997, como contribución a un dosier sobre teatro cubano contemporáneo y del cual varios amigos me habían comentado: La cigarra y la hormiga: un remake al final del milenio Lo demás se esfumaba en publicaciones, intervenciones, conferencias, prólogos…

Apuntes en torno a la guerra cultural –publicado por Ocean Sur en 2017 y por Ediciones La Luz en 2018, como parte de la celebración de la 25 edición de las Romerías de Mayo– viene a saldar esa deuda editorial con la obra no ficcional de Abel Prieto Jiménez, al reunir en un mismo volumen varios de estos textos de amplio perfil ensayístico.

Todos no son ensayos propiamente dichos, si analizamos un género que se resiste a catalogaciones, pero en estos prólogos, presentaciones, charlas, intervencionesestá el ojo y la mente aguzados del ensayista que analiza y presiente, que estudia y propone, que investiga y comparte desde el humanismo y además desde una profunda cubanía.

Si algo que prima en estas páginas es precisamente un humanismo y una cubanía cabal y raigal, que en el caso de Abel Prieto se dimensionan a una mirada martiana que lo inunda todo y que le llegó, entre otros, por ese maestro tutelar que es y será Cintio Vitier. Además, estos textos traslucen frecuentes reminiscencias lezamianas y un antiimperialismo que, además de José Martí, Ernesto Che Guevara y Fidel Castro, le llega por la obra de su admirado Roberto Fernández Retamar y su necesario ensayo Calibán

Apuntes en torno a la guerra cultural aborda principalmente la necesaria relación entre la vanguardia artística y la vanguardia política y también –subraya su prologuista, el historiador Ernesto Limia– “nos define el horizonte de la utopía en un mundo en que el imperio absoluto del mercado reemplaza el arte por el entretenimiento baladí y acrítico”.

Abel Prieto se detiene en cuestiones que –al parecer– siempre le han obsesionado y las matiza con cierta dosis de humor, ese que también ha analizado: la dominación cultural, aquello que Christiane Rochefort llamara “la colonización de las consciencias”; los círculos de poder transnacional; el ultraderechismo de algunos filmes de Hollywood y de la cultura de consumo estadounidense; el plattismo; las campañas publicitarias y reality shows que hacen de los “famosos” patrones a seguir por millones de persona: Abel pone los ejemplos de Rihanna, Shakira, Justin Bieber, Lady Gaga… y otros tantos famosos del mundo del espectáculo, y creo que no se extrañaría ahora al comprobar que esos patrones han sido calcados con fugaces estrellas del repertorio nacional; la relación entre la intelectualidad cubana y la Revolución y las contracciones en el seno de esta, incluido el llamado Quinquenio Gris con “su enfoque dogmático, sectario y homofóbico”… Todo ello se redirecciona –en la obra y el pensamiento de Abel– a la consolidación de una política cultural unitaria y fidelista, según sus propias palabras, primero desde la Uneac, después desde el Ministerio de Cultura, ambas con un amplio enfoque martiano: una política que él ha catalogado, además, de “abierta, plural, antidogmática y enemiga de los sectarismos” que muchas veces suelen asediar un proyecto así. Los textos reunidos en Apuntes en torno a la guerra cultural vienen a sostener de alguna manera su vía crucis personal en pos de esa lúcida y necesaria utopía (reseña publicada inicialmente en revista cultural La Jiribilla y en la web de la AHS).

Nuevos premios para autores holguineros

Por Erian Peña Pupo

Fotos archivos de Comunicación Cultural La Luz

Hoy, día Mundial del Idioma Español y Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, fueron dados a conocer los resultados del Premio Pinos Nuevos y de las Becas de Creación Dador 2020, auspiciadas por el Centro Cultural Dulce María Loynaz en La Habana.

Varios autores holguineros se encuentran entre los premiados, en este caso en la beca Dador.

En esta ocasión, el jurado integrado por Roberto Manzano, Gerardo Fulleda León, Caridad Atencio, Rafael de Águila y Zaida Capote, decidió, por mayoría, elegir el proyecto de ensayo Separado de todo cuanto existe; mambises, amores e infortunios, de José Abreu Cardet y Ronel González Sánchez. Mientras que reconoció el poemario Lo que se esfuma, del holguinero residente en La Habana Rubiel Alejandro González Labarta.

“Este libro es una investigación histórica sobre el amor en las guerras del siglo XIX en Cuba, pero se enfoca también con poemas, memorias, cartas…” comentó el historiador y profesor José Miguel Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia. Es, además, licenciado en Historia por la Universidad de La Habana, miembro de la Academia de la Historia de República Dominicana, Máster en Historia, investigador adjunto del Ministerio de Cultura y profesor adjunto de la Universidad de Holguín. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC), la Uneac y la Asociación de Historiadores del Caribe, Abreu se desempeña como especialista en la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos del Centro Provincial de Patrimonio Cultural en Holguín. Ha obtenido los Premios de la Ciudad 1987, 1997, Ramiro Guerra 2000, Regino Boti 1994 y 2002, y José María Heredia 2004, entre otros. Posee el Escudo de la provincia de Holguín, la Distinción por la Cultura Nacional, entre otras importantes distinciones dentro y fuera de Cuba.

“De niño viví rodeado de relatos. Me empezó a interesar la historia por un tío mío, Juan Cardet, que tenía una finca en las afueras y en vez de dedicarse a hacer dinero, leía mucho. Tenía una colección de Selecciones; yo me leí muchas de ellas y eso influyó en mí, incluso en la forma de escribir”, asegura el autor de Los resueltos a morir: relatos de la guerra grande (Cuba, 1868-1878). Abreu primero quiso ser escritor, pero “por suerte me di cuenta a tiempo y me dediqué a la historia”, aunque su obra investigativa se distingue por el constante maridaje entre la literatura y la historia. “Sucede que era un gran lector de literatura y eso influye mucho, incluso la poesía es una manera de testimoniar los sucesos de la historia”.

Autor de más de una treintena de libros, Abreu Cardet ha dedicado parte de su obra al siglo XIX cubano, especialmente a las Guerras de Independencia, con énfasis en la Guerra Grande, destacando títulos como: Calixto García en España, Campaña desconocida de Máximo Gómez, Mambises internacionalistas, El sitio en Holguín, Julio Grave de Peralta. Documentos de la guerra en Cuba, y Gómez, Maceo, Martí: sus discordancias.

Ronel González, reconocido autor holguinero (foto Juan Pablo Carreras/ACN)

Por su parte, Ronel González ha recibido, entre otras muchos premios, distinciones y reconocimientos, el Escudo de la Provincia de Holguín, en 2000; la Distinción por la Cultura Nacional, en 2001; el Gran Premio en poesía y cuento del Primer Concurso Internacional de Literatura Infantil “Los Zapaticos de Rosa”, en 2002; el Premio Iberoamericano “Cucalambé”, en 2006; la Medalla “Abel Santamaría Cuadrado”, 2007; y el Premio “José María Heredia” en literatura para niños, en 2008. En su amplio catálogo destacan los ensayos e investigaciones: Selva interior, estudio crítico de la poesía en Holguín (1862-1930) (2002); La noche octosilábica, historia de la décima escrita en Holguín (1862-2003) (2004); La sucesión sumergida. Estudio de la creación en décimas de José Lezama Lima (2006); Alegoría y trasfiguración. La décima en Orígenes (2007); Árbol de la esperanza. Antología de décimas hispanoamericanas (2008) y Temida polisemia. Estudio de la obra literaria de Delfín Prats (2016). Entre los dedicados al público infantil destacan: La enigmática historia de Doceleguas (2010); Relatos de Ninguna Parte (2013); Los hechiceros de Brujanamá (2013); La honorable bruja Granuja del esqueleto embrutecido (2014); Relatos turulatos (2015); y El secreto alboroto de los bichos (2016). Además, Ronel es autor de recientes títulos como el poemario Teoría del fulgor accesorio (2016) y Érase un elefante bocarriba; racimo de décimas humorísticas cubanas (2017).

Rubiel G. Labarta, joven poeta holguinero (foto tomada de Internet).

Después de publicar su primer cuaderno, Los dioses secretos, por Ediciones La Luz, y que el mismo recibiera el reconocimiento La Puerta de papel, que otorga el Instituto Cubano del Libro con su consiguiente reedición, el holguinero Rubiel G. Labarta (1988) ha obtenido muchos de los más importantes premios del panorama nacional, como el Pinos Nuevos, Manuel Navarro Luna, Ciudad de Ciego de Ávila, Paco Mir Mulet, América Bobia, Hermanos Loynaz, Ciudad de Holguín y la Beca Prometeo de La Gaceta de Cuba, que le han hecho publicar otros tantos libros, con temas que ha ido hilvanando: la familia una y otra vez, sumergida en la cotidianidad asfixiante que las ayuda a soportar el paso de los años, la dura rutina de los años, pues –nos recuerda más adelante–el arduo transcurrir del tiempo, puede ser, sin dudas, una traición imperdonable. Y además, cierta nostalgia hacia un pasado en donde la vida –como síntoma de la cotidianidad de muchas familias– se reduce a la cruel espera. Hay mucho de melancolía cuando se desea medir el verdadero tamaño de lo que perdíamos, aunque estemos seguros de que ya nada hará que recobremos el verdor de antaño.

 

 

 

Adiós al hermano poeta Quintín Ochoa

Por Ronel González Sánchez

En medio de una pandemia que deja huellas imborrables para la humanidad recibimos la noticia del fallecimiento del poeta holguinero Quintín Ochoa Romero, quien el próximo 28 de abril hubiera cumplido 68 años.  

  Lo conocí durante el XII Encuentro-debate provincial de talleres literarios que se celebró en el motel de Aguas Claras en 1985 y a partir de entonces surgió una amistad que cultivamos durante años.

A finales de la década de 1980 y principios de los 90, Quintín trabajó como asesor de literatura en la Casa de la Cultura Gilberto González Rojas de Cacocum, por lo que sus visitas a mi casa en la calle tercera, número 35, se hicieron frecuentes mientras yo comenzaba a estudiar en la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba.

Recuerdo con cariño la presentación de Reflexiones de un equilibrista, mi primer libro, en julio de 1990, todo un suceso cultural en Cacocum, cuidadosamente organizado por Quintín, en el que participaron el poeta y narrador Alejandro Querejeta Barceló, creador de la colección Antología Mínima, la editora y también poeta y narradora Lourdes González Herrero, el entonces presidente de la UNEAC Mario Nieves Cruz y las autoridades políticas y culturales del territorio, una mañana inmejorable en la que se vendieron cerca de doscientos ejemplares y luego celebramos en mi casa acompañados por un enorme kake y refrescos elaborados por mis padres.

Mi cercanía con el autor de Sobre un giro de espejos se hizo mayor cuando un jurado de lujo integrado por Excilia Saldaña, David Chericián y Luis Caissés otorgó en enero de 1992 el Premio de la Ciudad de Holguín en Literatura para niños y jóvenes, al hermoso poemario Cofre de estrellas de Quintín y a Un país increíble, mi primera incursión pública en el género.

  Meses más tarde, exactamente en octubre, vine a vivir a Holguín y desde la vecindad en el mismo reparto compartimos visitas en las que muchas veces me acompañó José Poveda, poeta y amigo inseparable de Quintín hasta sus últimos días.

 De nuestros encuentros en su casa vienen a mi memoria las décimas que nos leía de su libro Desfamilia, que años más tarde y contra nuestra voluntad, dio a conocer como Los recodos del arpa, la lectura de sus noveletas para niños y jóvenes, la conformación de un poemario para niños en el que tuve participación directa como corrector y luego asistimos a la interpretación enrevesada de las escrituras bíblicas que comenzaron a mostrarnos a un ser humano que poco a poco comenzaba a enajenarse, junto a su anciana madre.

    Después supimos de su renuncia a cualquier posibilidad de vínculos laborales que hubieran podido aliviar su difícil situación económica a través del rechazo periódico que hizo de propuestas tanto de Poveda como mías a reincorporarse de alguna manera a la sociedad y aunque lo tuvimos en cuenta para que participara en algunas peñas, lecturas poéticas, ferias del libro, cafés literarios organizados por el escritor Manuel García Verdecia, etc., siempre fueron pocos y distantes los llamados para que el poeta compartiera con lectores y público su obra engavetada durante mucho tiempo.

  Luego vinieron las noticias de sus ingresos hospitalarios, el agravamiento de su enfermedad pulmonar y ahora su muerte en circunstancias verdaderamente lamentables que debido al necesario distanciamiento social imposibilitaron a los creadores acompañar a su familia en sus funerales.

 Cuatro poemarios para adultos, entre los que sobresale un libro de décimas y dos libros para niños, más una plaquette de décimas, constituyen la obra publicada por Quintín Ochoa, un ser humano sobresaliente por su nobleza, compañero silencioso de un movimiento literario que ayudó a gestarse desde mediados de los 80 y del que no podrá separarse, incluso después de su muerte.

 Descansa en Paz, poeta amigo, Carceleros del tiempo, como tú, como Jorge Luis Borges también [miramos] este querido/ mundo que se deforma y que se apaga/ en una pálida ceniza vaga/ que se parece al sueño y al olvido.

Quintín Ochoa Romero (Holguín, 28 de abril de 1952-  20 de abril de 2020). Poeta, narrador y escritor para niños. Técnico en Bibliología y Técnicas Documentarias. Trabajó como mecánico en la Empresa de Reparaciones de Equipos y Agregados de Güirabo, impartió clases en la escuela Rubén Martínez de Villena de Güirabo, fue corrector de pruebas en el periódico ¡Ahora!, laboró en la AHS y fue especialista de literatura en Cacocum. Fue miembro del taller literario Rubén Martínez Villena y del José Lezama Lima. En la década del 80 integró el consejo de redacción de la revista Diéresis. Obtuvo el Premio de Literatura de la Provincia Holguín 1987 en poesía, el Premio de la Ciudad de Holguín 1992 en literatura para niños, el Misael Valentino 1996 de la Casa de la Obra Pía en poesía para niños y recibió una Mención en el concurso David de la UNEAC 1987 también en poesía para niños.

Su obra aparece recogida en Antología de Ámbito(1990), Provincia del universo (1993), Antología de la poesía cósmica cubana (tomo II, México, 2001), Los frutos del sol. Antología poética del oriente de Cuba(Venezuela, 2003), Cuerpo secreto de la rosa; Muestra de poesía holguinera 1990-1995 (2003), Antología de la décima cósmica de Holguín (México, 2003), en el estudio La noche octosilábica; historia de la décima escrita en la provincia de Holguín (2004), en la multimedia La décima espinela (2005),  la selección Puente del tiempo (2006), así como en el disco de los Estudios Siboney de la EGREM Un lugar para la poesía (1986), en el audiolibro Un lugar para la poesía. Tomo I (2006), trabajo conjunto de Ediciones la Luz y la Editorial Cuadernos Papiro (2006).

Colaboró en El Caimán Barbudo, ¡Ahora!, Cayajabo, Diéresis, Ámbito y Catedrales de hormigas.

Datos suyos aparecen en Catálogo literario holguinero siglo XX (Holguín, Eds. Holguín, 2000), Catálogo de Ediciones Holguín 1986-2006. Comp. y pról. Michael Hernández Miranda. Holguín: Eds. Holguín, 2006; Catálogo de Ediciones Holguín 1986-2011. ed. y pról. Moisés Mayán. Holguín: Eds. Holguín, 2011 y en Puente Fernández, Eduardo: Catálogo bibliográfico de Ediciones Holguín (1986-2016). Pról. Lourdes González Herrero. Palabras al lector Eduardo Puente. Holguín: Ediciones Holguín, 2016.  

Bibliografía: Sobre un giro de espejos. [Poesía]. Holguín, Ediciones Holguín, 1987. Voces de tu imagen. [Poesía]. Holguín, Ediciones Holguín, Colección Antología mínima, 1992. Cofre de estrellas. [Literatura para niños.] Holguín, Ediciones Holguín, Colección Premio de la Ciudad, 1992. El retorno de Pío. [Narrativa para niños]. Holguín, Ediciones Holguín, Colección Comunidad, 2003. [Décima]. Holguín, Dirección Municipal de Cultura, Ediciones Baibrama, 2004 [plegable]. Carceleros del tiempo. [Poesía]. Holguín, Ediciones Holguín, 2009. Los recodos del arpa[Décima]. Holguín, Ediciones Holguín, 2013.

La semilla en el hogar

Por Abelardo Leyva Cordero

La familia es el núcleo de la sociedad, la que garantiza el equilibrio social, económico y espiritual de las personas que componen un pueblo o país. La familia puede estar compuesta por diferentes miembros, desde esposos e hijos, y abuelos, hermanos, tíos o primos, hasta parientes postizos, que también se le llaman políticos. Nunca podría componerse de una sola persona, en el caso de vivir bajo un mismo techo. Me refiero a la familia que convive junta en un hogar, que puede hallar calor en noches de invierno, un sabio consejo en tiempos de duda e incertidumbres, un apoyo para aliviar las penas y las cargas de la vida.

Esa familia que en Cuba abunda, que solo hay que asomar la cabeza en cualquier puerta de una casa y encontrar allíuna de su clase. Porque es una tradición que los hijos no abandonen a sus progenitores, y luego los nietos ocupen también la casa. Y los hermanos vivan juntos, y los tíos y primos si son del campo y quieren permanecer en la ciudad.

A esto se le suma, el déficit habitacional que sufre la población. No hay casas donde vivir, ni por la vía de la compra por los precios elevados, ni del alquiler, pues esta modalidad se practica bien poco. La familia se sienta a cenar y no queda un puesto vacío en la mesa, no por tratarse de Navidad, o fin de año, o el cumpleaños de mamá, sino por convivir bajo el mismo techo, un poco acinada.

En una carta que envía Martí a María Mantilla, cuenta su experiencia en el país extranjero, México, con una bella familia que lo acoge. Habla de Manuel Mercado y sus tres hijas que se aman y respetan entre sí; no cesa de elogiar la ternura y el calor recibido en aquella casa, en medio de esas personas. Un hombre lejos de su tierra y seres queridos, necesitado del calor humano, la mirada humana, unos oídos que lo escuchen, una sonrisa y oír otras voces; todo esto el apóstol lo sacia en el seno de esta familia, cuando también es oyente de una fiesta de música que le dedican especialmente a él. Se detiene más en la conducta recta de las niñas, en sus formas para tratar a la visita, practicando esa obra tan sensible como la hospitalidad. Las niñas cantan para alegrar el corazón de Martí, ríen con ingenuidad y recato; sobre todo el decoro que las identifica y hace que Martí las llame princesas. No intervienen nunca en las conversaciones de los mayores, piden permiso para todo. En la mesa son ejemplos de finura y buena educación.

Foto tomada de Internet

La belleza de las niñas le sale de adentro, y el apóstol solo agradece tanta ternura, tanto candor, sabiendo que el progenitor tiene un alto grado de responsabilidad, que ha influido mucho en las buenas maneras de las hijas. Mercado es un buen ejemplo de las pequeñas, no pierde oportunidad para servir al invitado, para sacarle conversación de un tema útil y familiar. Martí extraña a su querida hija y a su patria, como un hombre debe sentir siempre cuando emigra a un país extranjero, pero en medio de tanta tristeza halla consuelo para el alma, alivio al frío del espíritu. Y es que aquella casa conoce las necesidades del hombre, y decide abrazar el dolor ajeno para aliviar. Esto resulta de ser fuerte, de una familia librando cualquier batalla.

Y quién no ha sido parte de una. Quién no ha crecido al abrigo de una madre, padre, abuelos o hermanos. Ciertamente algunos no han tenido la dicha, aunque sí la mayoría. Yo crecí junto a mis padres y pasé mucho tiempo cerca de hermanos, abuelos, sobrinos y primos, aunque no viviesen a mi lado. Mis mejores recuerdos son de esa época, de la infancia que tuve en las muchas casas donde dormí, y a las que quise. Porque desde niños aprendemos a amar no solo a las personas, que es lo primero y más importante, sino también a las casas, ellas con el tiempo se vuelven parte de las personas, un miembro que envejece junto a nosotros, testigo de todas las aventuras que vivimos, permanece fiel en los tiempos malos y buenos. Nos protege del frío y el sol, como una madre o padre.

Las casas son tan discretas, humildes, limpias cuando les prestamos ayuda. Todos aprendemos a amar nuestras casas. Sufrimos cuando la vemos destruirse o sin pintar o sucia, y si nos mudamos y es imposible cargar con ella, lloramos por dentro. Se nos aprieta el corazón al pensar que debemos decirle adiós.

Yo, por algún motivo que desconozco, tengo cierta debilidad por las casas de madera; esas casas que mayormente existen en los campos de Cuba, que por desdicha, pienso, ya desaparecen en el paisaje citadino, donde el ladrillo y el bloque han plantado bandera. De los pueblos que conozco solo uno conserva casas construidas de madera, unas en su totalidad y otras que combinan la madera con el cemento, este es Banes. Cuando lo visito disfruto mucho caminar por sus barrios, tomar fotos de aquellas de modelos más ingeniosos o mejores conservadas de pintura y estado físico.

Lo que me seduce más de estas viviendas son sus ventanas de una hoja; levantarme en la mañana y abrir aquellas para recibir los primeros rayos del sol y apreciar la verde vegetación del campo cubano, es una bendición que no tiene qué la supere, a la que ningún cubano debe nunca renunciar. Guardo celosamente en mi memoria la época de mis vacaciones en Birán, tierra donde nació el Comandante y donde residió Zoila Pereira, una vieja amable que sabía atender a la gente con calor de familia, abuela amada por muchos nietos incluyendo a mi hija.

En la actualidad tener una familia armoniosa bajo el mismo techo es bastante difícil. El pecado de la fornicación, en su modalidad más frecuente de adulterio, ha destruido y destruye aún a muchas familias. También el celo y el egoísmo, eso de pensar solo en uno, y no en los intereses y necesidades del otro, han dañado y puesto final a muchos hogares. Pero todavía quedan algunos que sobreviven a los fuertes vientos del mundo que amenazan la institución divina y primera que existe: el matrimonio; base de la familia y la sociedad.

El matrimonio, pacto solemne, bendecido por Dios y los hombres. Bienaventurado el hombre que halle esposa, dice la Biblia. ¿Pero quién es capaz de llevarlo dignamente? ¿Quién se sacrifica para conservarlo? Porque demanda esfuerzo pasar toda la vida al lado de una misma persona, compartiendo los momentos felices y amargos; las enfermedades; la escasez; los fracasos, las muertes. Me siento en la cafetería Las Tres Lucías con un amigo a tomarnos un café, poeta, quien vive con su esposa e hija de doce años.

Y no interesa su nombre sino sus palabras, sus sentimientos y experiencia. Esa que vive a diario y no puede ocultarla de la gente, y la comparte orgulloso, seguro del tesoro que posee, tesoro que valora y cuida para su provecho y el de todos. Mientras hablamos de disfrutar los momentos que tenemos delante, porque no sabemos cuando acabarán, el poeta confiesa con sencillez que ama a su esposa cada día más, pues el tiempo no vacila en mostrarle sus valores.

Mi reacción no es otra que morir de envidia, anhelando una oportunidad como esa. Aunque mis sentimientos no nacen de un corazón amargado, pues soy el primero que celebro al comprobar que todavía la felicidad es posible, ser parte de una verdadera familia. Esa célula vital que les da vida a los pueblos y a toda la humanidad. A las personas que muchas veces se quieren quitar la vida por la terrible soledad y marginalidad que sufren. Esa compañía pone fin a toda oscuridad, a cualquier dolor y miedo.

Yo, como Martí, fui servido por una familia compuesta de un matrimonio e hijos. El alma es consolada y descansa de los golpes cuando está al abrigo de un hogar aunque sea ajeno. Cuando visitamos un amigo y yo la casa de un hermano de fe y fuimos atendidos por su familia, nos causó una gratísima impresión ver a los hijos encargarse de cocinar el almuerzo y servir la mesa. Era una pareja de hermanos, la hembra muy joven, aunque con edad de mujer, y el varón no alcanzaba los quince años, pero ya maduro de carácter.

Dispusieron la mesa de una gustosa variedad de platos; desde congrí, ensalada de tomates y col bellamente decorada, vianda hervida y fricasé de cerdo, todo acompañado de una sonrisa pura y discreta. Los ojos eran llenos de brillo al presenciar esa escena de amable hospitalidad. Antes de probar el primer bocado, de lo que suponía un menú delicioso, ya nos sentíamos satisfechos, las almas se hallaban repletas de tanto amor y buen trato. Podíamos extrañar la casa, las personas queridas, pero este precio se pagaba con gusto por disfrutar semejante experiencia. La familia buena es un arma contra el mundo malo, contra el miedo de los hombres por su misma especie.

En la década del noventa en Cuba las personas pasaron hambre y vistieron mal por causa del derrumbe del campo socialista y el daño que produjo esto a la economía nacional tan dependiente de la antigua Unión Soviética. Los hogares sufrieron apagones y falta de alimentos. Donde había niños, el dolor se duplicó. Ver a un niño llorar de hambre robó el sueño a los mayores. Los ancianos también robaron la paz a los hijos y nietos que no hallaban solución a sus padecimientos. Todas las noches quitaban la corriente, y cuando volvía ya tarde en la madrugada, se levantaba un grito de alegría al unísono en toda la ciudad. Como si el alma volviera al cuerpo. Muchas noches fui a la cama con luz en el pasillo, pues no podía dormir totalmente a oscuras, y cuando despertaba sin poder verme las manos, mi padre debía socorrerme en mi cama dejando a mi madre sola. La falta de aire se alojaba en mi pecho por ser asmático.

El cubano sufrió tanto este período que nunca lo olvidaremos. No obstante la vida nunca se detuvo; en medio de tanta escasez los artistas revelaron su genio creador en canciones, pinturas, figuras de barro, cerámicas y literatura. Un poeta de la ciudad, Gilberto González Seik (Holguín 1947), escribe: «El pan llegó hoy recortado/ (…) Pero mis hijos preguntan/ de qué otras cosas además vive el hombre/ (…) y el apagón sigue programado/ (…) la escasez de lumbre de sal/ del vino que antes derrochábamos./ (…) Les escribo para dar señales de vida/ (…) aunque ya sea 21 del mes y del año en curso/ y la simple fórmula de vivir no sea tan simple.» Pertenece al poema “No es tan simple”, del libro El país más pequeño del aire. Su fecha de escritura es de 1993, en pleno período especial.

González Seik no es ajeno a las penurias de la isla. El hambre se puede encontrar en la mesa y la casa del poeta, pero muestra en sus versos no haber perdido todavía la esperanza, parece un guerrero gravemente herido con un corazón latiendo. La última palabra no está dicha para él. Aunque el pan no llegue a la mesa y la oscuridad invada la estancia, seguirá invocando el poder de Dios en busca de socorro para no morir junto a los suyos. El siguiente poema lo reproduzco enteramente: Servir la mesa/ el espíritu de la pobreza irradiante, del poder sobreabundante por los dones del espíritu. Lezama./ cuando sea solo/ la harina de maíz o el plátano burro/ necesariamente habrá que tender el mantel de encaje fino/ la jarra de porcelana si la hubiese/ los cubiertos y los platos que se guardan para un día/ Ir a la mesa como en las grandes ocasiones/ y si no hay apagón/ no olvidarse de algún cuarteto de cuerdas/ de Joseph Hayden.» También con fecha de 1993.

Se siente una brisa de lucha cuando se leen los versos de Gilberto. Me parece asistir a una versión honesta de lo que dice la Biblia en Ro.8:37 «Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó». La Biblia enseña que nada ni nadie puede separar al cristiano del amor de Dios. Y el poeta afirma en su obra que nada ni nadie lo puede separar de la poesía, lo puede separar de la familia ni de la casa; incluso si esta no existiera físicamente, en la memoria la conservaría por siempre.

Entonces nos habla de aquella casa de la infancia donde creció, donde aprendió amar a su semejante, donde fue amado incondicionalmente por la madre, padre y abuelos. Allí evoca un Sagrado Corazón, libros de Salgari, el Tratado de Costuras y Bordados, el Manifiesto Comunista, y la Biblia que escondía el padre. El poema da testimonio de la historia cubana antes de la Revolución, cuando las mujeres confeccionaban brazaletes para los hombres de la Sierra, los mismos que dieron la libertad al pueblo de un gobierno tiránico. El poema se titula » La vieja casona familiar» y los últimos versos dictan así: “Llegamos/ porque es víspera de año nuevo/ (…) a este lugar que ha sido/ es/ la más bella estancia de la vida”.

Hay casas que viven cien años, otras ciento cincuenta, y otras que luego de derrumbarse aún viven en la memoria de aquellos que la habitaron. Sucede como con la familia: algunos mueren, pero no están muertos en la memoria de su descendencia.

Hay momentos en la vida de los hombres que nunca más se superan, que quedan adheridos a la memoria hasta la muerte. Como olvidar las reuniones de familia que se celebraban en los campos cubanos. Hay mucha tradición criolla en la vida del campesino. Esta gente supo vivir en familia, y aun hace el esfuerzo luchando contra la inmigración de los más jóvenes a las ciudades, rompiendo con las tradiciones. Mi padre fue el menor de trece hermanos, y ya murió de setenta y uno. Él fue uno de los que renunció a sus raíces abandonando la vida del campo, y tras él algunos otros.

Yo nací en la ciudad y siempre fui criado en ella. Iba al campo solo de visita a ver a tíos y primos, y algún sobrino de mi padre de mayor edad que él. Pero debo reconocer que todas las veces he disfrutado el olor de la tierra y la brisa. Esos momentos donde me han servido comida en un plato de aluminio y café con leche en un jarro: café y leche puros, me han sabido a gloria. Como si esa tierra caliente y con tantos olores me corriera por las venas. Tengo mis raíces campesinas por mi padre. No me imagino ordeñando una vaca a las cuatro de la madrugada, o arando la tierra a pleno sol, o picando un gajo con el machete y menos asistiendo a un animal en su paritorio. Pero no puedo evitar el placer que me produce ocupar ese espacio de mi país, esa gente humilde y sincera que me brinda lo poco que tiene. De experiencias así nace un poema bello y de una estética que trasciende el paso del tiempo, sin importar que la historia que cuenta tal vez nunca más se repita:

NOCTURNO

En las hostiles noches de verano/ la familia se reunía, placida, en el patio/ bajo el espeso silencio de los árboles./ (…) los mayores, en deleitoso y grave acto,/ se entregaban a la plática nocturna;/ Los primeros en salir eran los hombres,/ Después, en obligado rito, las mujeres/ olorosas a sábanas recién planchadas;/ Y tras ellas, solo entonces, los muchachos;/ manada de duendes previamente instruidos/ a callar o dormitar frente a cada milagro./ Era la abuela la última en arribar a la noche/ (…) Entonces/ qué lindo verla ocupar su taburete bajo/ y quedar con las faldas recogidas/ en una paz inolvidable./ Apenas recordaba nadie, en esas noches,/ que el sol estaba en algún sitio de estos mundos/ porque la noche era/ la ocasión feliz para la santa fiesta,/ la demorada gracia de estar vivos./ (…).

Un hermoso paisaje de la familia cubana en los campos. La brisa se alcanza a respirar, se logra ver los rostros graves y delicados, sabios e inocentes, porque a la reunión asisten todos y cada uno juega su papel. Los hombres, con su autoridad y respeto, son los primeros en llegar como ejemplo; siguen las mujeres, ayuda idónea del varón, fiel compañera que se deja guiar por el amado esposo; continúan los niños, como relata el poeta, instruidos en hacer silencio cuando los mayores tienen la palabra, alta educación recibían en el propio hogar, la primera y esencial escuela del hombre una vez que llega al mundo; y por último la abuela, anciana que merece toda la reverencia y cariño, que con su presencia tranquila, como son todas las abuelas que han vivido tanto resistiendo a la muerte, inspira paz a los seres que la rodean.

Poeta y escritor Luis Caissés. Foto tomada de Internet

Todos en círculo observan a la abuela, la calan profundo para sacarle la sabia de la vida por su experiencia. Aquella noche es la ocasión feliz, nos dice el poeta Luis Caissés (Holguín 1950-2019), olvidando que existe un sol en otro parte, porque este momento familiar eclipsa todo acontecer del mundo, para la santa fiesta, la fiesta del compañerismo y el consuelo, el consejo y tanto… “la demorada gracia de estar vivo”, como se llama uno de sus cuadernos. Pero vivo rodeado de personas queridas, o vivo por estar rodeado de personas queridas.

Aunque la familia tiende a desaparecer con los años, incluyendo la del poeta. En el mismo libro nos habla de cómo la madre se agota con el paso del tiempo y la acumulación de tareas, y las preocupaciones por la comida a poner en la mesa. Porque una madre alimenta al esposo, al hijo y a la visita, se sensibiliza con el dolor ajeno, con el hambre que es el dolor universal más grande. El gordo Caissés vuelve a la memoria de la infancia en busca de compañía, duerme y despierta rodeado de gente que lo ama, que se preocupa por él; la familia es una isla de buenos frutos y amigos, dormir bajo el guano oyendo la brisa batir los gajos y las hojas y soñar tranquilo un buen sueño, nunca una pesadilla, es tentador a la mente del poeta que recurre a los versos para inmortalizar esa historia antigua que hoy llega a nosotros con toda pureza y encanto de la palabra e imagen.

Pero tampoco ignora el presente, la madre envejecida y cansada, quien anuncia partir un día de este mundo, y dejar solo a su hijo. La familia más cercana desaparece si no hay descendencia, y es el caso de Caissés que nunca fue padre. Ahora la madre, única compañera en el hogar, comienza a entregar sus últimas fuerzas al mundo, dispuesta ya a despedirse de todos. Cuenta este soneto del poeta:

 

RABIA

A mi madre, en la actualidad.

 

Levantarse temprano y aún dormida

ajuntar el desayuno tan disperso,

para ir del desayuno hasta el almuerzo

y del almuerzo llegar a la comida.

 

Acostarse temprano, y decidida

a cargar con un destino tan adverso,

dormir pensando en el frente y el reverso

de la mesa por servir, y la servida.

 

He aquí toda la historia de su vida,

su partida, su llegada, su regreso.

Apretada en un haz, y tan manida,

 

que da rabia comprobar, desde su beso,

de qué modo la ternura bien traída

se le ha ido convirtiendo en un bostezo.

 

Volviendo a la carta de Martí a Mantilla desde México, se deja apreciar la mirada honda del apóstol por las cosas buenas que se originan en el hogar. Martí destaca la manera cariñosa en que las hijas de Manuel lo tratan; ellas siempre le hacen un plato fino, ya sea de comida o dulce; siempre quieren sorprenderlo con algo que llene no solo su estómago sino su corazón. Y tanto se cumple que el agazajado se goza por ese momento sublime cuando se sienta a la mesa y es atendido con sincero cariño. No puede evitar las comparaciones y le pregunta a Mantilla si es capaz de hacerle un dulce con sus propias manos. Si lo alcanza a amar como estas niñas, que así las llama Martí, aunque son mujeres. La hospitalidad de la familia sensibiliza al extranjero, a la visita que no puede menos que llorar de alegría y recoger todo buen sentimiento en una carta.

A usted no le sucede que convoca a la familia y amigos a la casa y les brinda lo mejor que tiene. Eso que sale con total espontaneidad de su interior y todos lo reciben con agrado. Enseguida expresan con palabras y gestos la alegría por el cake y el helado servido, y una tacita de vino o crema de biek que no emborracha pero endulza el carácter. Y ha podido atender cada necesidad como anfitrión, incluso antes que el invitado abra su boca para pedir algo ya lo recibe de sus propias manos. Se respira un ambiente familiar con la visita de la hija, las hermanas, los amigos y sobrinos. Si la hija sirve las mesas, comprometida con el bienestar de los demás, y todos se sienten protegidos por tanta cercanía de almas, es feliz. Aunque se extrañe la presencia de madre, padre y abuelos.

Con abundancia se sirve la mesa. Como anfitrión pronuncia palabras de agradecimiento a Dios por permitir lo bueno que le acontece, y también a los invitados que son motivo de mucha esperanza. Solo la familia crea estos momentos de paz y esparcimiento al hombre que es, al hombre y mujer que somos.

Dona Grupo Excelencias más de 100 revistas a centros de aislamiento en Holguín

Por Bernardo Cabrera

Los trabajadores del Grupo Excelencias en Holguín realizaron un donativo de más de 100 revistas a las villas Azúcar y Los Tamarindos, para contribuir al esparcimiento y la recreación del personal médico que se encuentra en aislamiento allí por 14 días, tras atender los casos positivos a la Covid-19 en el hospital “Fermín Valdés Domínguez”.

Los ejemplares estaban destinados a la Feria Expo Holguín 2020, a las instalaciones del turismo y al aeropuerto internacional Frank País, pero ante la contingencia que vive Cuba se decidió redireccionarlas a estos centros.

La iniciativa fue realizada de conjunto con el coordinador de la Defensa en la provincia, Juan Miguel Morán, el jefe de la Defensa Civil Territorial, Miguel Rojas Tamayo, y el director de la Empresa Expo Holguín, Alfredo Gómez.

Las revistas Excelencias Turísticas, Excelencias Gourmet, Arte por Excelencias y Excelencias del Motor, así como la Guía Cuba, son los cincos medios impresos del Grupo Excelencias, concentradas en el ámbito de la cultura, el mundo del motor y las tendencias turísticas y gastronómicas de Iberoamérica. Estas publicaciones circulan en más de 60 ferias turísticas y comerciales en idioma español, inglés, ruso y alemán.

La geometría de Lobachevski según José Luis Serrano

Por Erian Peña Pupo

Fotos archivos de La Luz y portada cortesía de Ediciones Holguín

¿Qué obsesiona a un escritor contemporáneo? ¿Qué ideas pueblan su psiquis y cuáles convierte luego en imágenes, metáforas, y finalmente en literatura? ¿Acaso pueden ser cognoscibles sus pensamientos, miedos, pasiones, mediante la lectura y posible interpretación de sus libros? Y más si añadimos que este creador, digámoslo así, es un escritor que se arriesga doblemente (ser escritor ya es de por sí un riesgo con cierto mérito) con el arte de la versificación clásica: el soneto como género que exige ciertos rigores y pertrechos idiomáticos y técnicos no siempre fáciles de dominar y usar en su justa medida.

Eso pienso cuando leo Geometría de Lobachevski, poemario publicado por Ediciones Holguín en 2016, con el cual el poeta holguinero José Luis Serrano (Estancia Lejos, 1971) obtuvo el Premio Adelaida del Mármol en 2015, con un jurado integrado por Daniel Díaz Mantilla, Lourdes González Herrero y Luis Yuseff, y además, el valorado Premio de la Crítica 2016.

Instrumentos de explotan en redondo. / Incursiones al centro de la Tierra. / El edredón que el moribundo aferra. / La soledad del corredor de fondo. / Lo mismo da Comala que Macondo. / Valles de Irlanda. Costas de Inglaterra. / Cae el telón. El círculo se cierra. / Acaban de ajustar el tirafondo. / El criminal ha revelado el móvil. / Los átomos colapsan en Chernóbil. / Hay mil vacas paridas en Holguín. / ¿Campos de fresas? ¿Campos de exterminio/ donde la muerte no tendrá dominio? / Led Zeppelin or Yellow Submarine? (“Átomos”).

¿Qué pasa por la cabeza de J. L. Serrano cuando escribe sus poemas? Poemas estiletes, podríamos decir. Poemas revólveres (para jugar a la ruleta rusa). Poemas AK–47, bazucas, T–34. Amnésico. Poemas botellas de ron, varias cervezas largas. Alcohol en sangre. Poemas tragos ríspidos, cortantes. Aritmética. Matemática. Poemas insurgentes y peliagudos. Indóciles. Pero también gentiles, delirantes. Eso difícilmente lo sabremos, pues quizá ni el mismo poeta haya llegado a conjeturar (a pensar seriamente en ello) la cantidad de flashazos poéticos que visitan/atraviesan/surcan cada segundo su mente. Flashazos inevitables como los que surcaban la cabeza –la cabeza de un creador es cosa compleja sin dudas– de aquel saxofonista de jazz llamado Johnny Carter, inspirado en Charlie Parker, adicto a la marihuana y con una percepción del mundo y del espacio–tiempo muy particular, aquel saxofonista que Julio Cortázar nos entregó magistralmente en su conocido cuento “El perseguidor”.

Como Johnny Carter, J. L. Serrano escribe él mismo su biografía, que sin dudas está en su obra, como si escribiera variando las estructuras y los acordes del jazz más experimental, rompiendo las improvisaciones, insolventes, eléctricas, furiosas, del bebop tradicional.

Blanco país de la anestesia. Limbo/ de los pacientes operables. Aspa/ vertiginosa (helicoidal) que raspa/ los cirros, los estratos y los nimbos. / Nervios de acero. Músculos de mármol. / Imperio epidural de la raquídea. / El tumor se transforma en una orquídea/ que con cuidado se le extirpa al árbol. / ¿Labrar bisontes en la piedra pómez?/ Acaba de morir Máximo Gómez. / Harta la Toga del veneno tirio. / Hacia país inaccesible. Blanco/ país de la anestesia. Hay un barranco: / ¿saltar o proseguir en el martirio? (“Cirros”).

Este es un libro diferente, han dicho muchos, en el panorama de la mecánica clásica en Cuba y probablemente en el ámbito hispanoamericano. Y no es menos cierto, pero es al mismo tiempo un “cuaderno total” que viene a resumir (aunar en su medida si es posible usar el término) el trabajo de J. L. Serrano como versificador en un género que domina como pocos desde que publicara en 1997 Bufón de Dios, libro prístino de la naciente Ediciones La Luz. “José Luis Serrano es un arquitecto que conoce a la perfección de las reglas para construir edificios a partir de un dominio técnico, razón por la cual suele jugar desde la provocación. (…) Geometría de Lobachevski es un libro estremecedor. Su esencia está en aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecen las lecturas acumuladas a lo largo de su carrera por un campo minado y con sus poemas como brújula para asumir tamaña empresa. Su extraordinaria capacidad para convertir frustraciones, caídas y raros silencios en sonetos demoledores le permite estar fuera de toda clasificación en Cuba”, escribe a propósito el poeta tunero Frank Castell.

Serrano incorpora en su poesía temas, contextos y situaciones que afectan (centrífugamente, podríamos decir) al hombre contemporáneo, donde se inscribe el ser cubano de hoy. En ocasiones es como si delante de nosotros, de nuestros asombrados ojos, pasaran múltiples titulares periodísticos o breves leads de agencias de prensa (actuales y antiguos) que terminan siendo pura poesía a quemarropa, sin contención. Es, apoyándome en Frank Castell, como si nos encontrarnos ante un vertiginoso y violento zapping donde “mientras más avanzan los textos es mayor la velocidad de imágenes ofrecida a través de múltiples canales”.

Publicado en la colección Ítaca de Ediciones Holguín, con edición de Lourdes González Herrero y un atractivo diseño a cargo de Roddier Mouso Bahr, a partir de la obra Nido (Land Art, 2015) de Rubén Tomás Hechavarría Salvia, Geometría de Lobachevski es parte de un proyecto mayor llamado “Trilogía acéfala”, que cuenta con el poemario Más allá de Nietzsche y de Marx, editado por la santiaguera Editorial Oriente, en 2016, además del inédito “Los perros de Amundsen”.

En Geometría… J. L. Serrano apoya sus “conjeturas poéticas”, sus “carreteras, cadalsos, calabozos”, en la figura y la obra del matemático ruso Nikolái I. Lobachevski (1792–1856) para articular un “libro de alguien que sin artificios ni figuras planas establece un diálogo muy atractivo con(tra) el lector. Ha contaminado ritmos, recupera contornos culteranos saludables; voces que no entenderíamos propias de la mecánica clásica germinan aquí. La poesía hay que entenderla de modo imperfecto, como creía Coleridge; por tanto, el pervertido y ardiente deseo de imperfección que asoma en los textos de J. L. Serrano, concierne a una manera de asumir un nuevo territorio: la apuesta radical a creer que no existen tradiciones porque todas se convocan en el espectáculo de la ruptura, o tal vez, esa misma ruptura, esa experimentación, no sean otra cosa que la más importante tradición creada”, añade el tunero Carlos Esquivel en el prólogo del libro.

¿Cuerpos astrales? ¿Cuerpos cavernosos? / ¿Desproporción? ¿Arritmia? ¿Desmesura? / ¿Contrarrevolución? ¿Contracultura? / ¿Alcanzar el nirvana o el reposo? / Perdona, Lobachevski, es tan morboso/ confiar en tus precarias herramientas. / Hiperbólicas bestias fraudulentas/ vendrán a cercenarnos los testículos. / Ya están muy cerca. A dos o tres cubículos. / ¿En qué oprobios sumirnos? ¿En qué afrentas/ desvanecernos, Nikolái? Ridículos/ axiomas y sofismas argumentas. / En la bandeja están los adminículos. / Las manos entran en el látex, lentas (“Látex”).

Quizá con ese diálogo lírico y trasgresor, acumulativo, logrado también consigo mismo, diálogo perturbador y contaminante en los terrenos expansibles de la mecánica clásica, como si pensáramos en la expansión del universo y sus contornos a través del propio verso y sus múltiples posibilidades, el holguinero J. L. Serrano nos entrega en Geometría de Lobachevski sin dudas uno de sus mejores poemarios. Poemas que vienen a ser estiletes. Poemas revólveres (cargados) para jugar a la ruleta rusa. Amnésico. Poemas AK–47, bazucas, T–34. Poemas botellas de ron para empatar los días y las noches. Poemas acordes de jazz. Poemas alcohol en sangre. “Otra cerveza, por favor”, amigo Lobachevski. Pero antes dime qué debo hacer: “¿Cortar el cable azul o el cable rojo?” (Publicado originalmente en el sitio web de la Asociación Hermanos Saíz).

 

 

 

El factor discriminante de Moisés Mayán

Por Erian Peña Pupo

Moisés Mayán Fernández inicia y termina su Premio Calendario de Poesía 2018, El factor discriminante, con dos poemas que, de alguna manera, articulan casi cíclicamente el libro y en ellos, dos versos que pueden ser, asimismo, ejes del poemario, engranajes que mueven otros en la aceitada maquinaria de la creación lírica: Lo único que puede llevarse a un hombre hasta el mismo fondo del abismo, es la discriminación, y ¿Alguien puede explicarme la sutil diferencia entre un hombre blanco y un hombre negro?

Moisés nos pone a pensar en ello varias veces, pero nos recuerda que este no es el libro de las respuestas. Todo lo contrario, en todo caso el libro de las interrogantes, las dudas…

Cuál es esa diferencia entre un hombre negro y otro blanco, un judío y un ario, un hombre y una mujer, un practicante de una religión y uno de otra, un comunista y un ateo, una cultura y otra… Eso que el martiniqués Frantz Fanon llama “la relación del colonizado y el colonizador”, observándolo desde el punto de vista del blanco por el negro.

Hemos basado nuestro orden social –cualquiera que fuese este– en la discriminación del otro. La piel, la religión, la pertenencia a un partido político, la orientación sexual… En la superioridad de un grupo de elegidos por sobre otro grupo de excluidos. Pero cuando los marginados toman las riendas, se enseñorea entonces la segregación sobre el otro.

Pero el otro puedes ser tú. Y el término otredad de por sí porta el factor discriminante.

La historia nacional ha sido, en buena medida, la historia del factor discriminante. No hay opción: Fuera de los imperios del álgebra, el discriminante puedes ser tú o puedo ser yo. Esa historia patria –aderezada por migraciones, tratas, esclavitud, guerras, luchas internas– ha ido amasando nuestra psicología. La psicología discriminador-discriminante. La caza, el viaje, el mercado abierto a las monedas sonantes, el escrutinio, el cepo, la escalera, las plantaciones, el látigo del mayoral, un verso como un latigazo sobre la espalda del castigador, una abolición donde nadie enseñó los rudimentos de la libertad. Esa vibración que puede hacer estallar los pulmones de los inadaptados.

La historia como constructo y como resultado. Como suma de condiciones arraigadas…

¿De qué color es la harina y la levadura con que aprietasconstantemente la masa poética, Moisés Mayán? ¿El resultado final –el olor expandiéndose fuera del horno– dependerá de esto? ¿Sobre qué metal martilleas la palabra hasta domeñar sus posibilidades? ¿La ductilidad del metal encendido influirá en la esperada eficacia del poema?

Desde la prosa poética, Moisés ha metido los brazos hasta los codos. Se ha sacudido, para esa zambullida, de toda posible pasividad, manteniendo cierta dosis de agresiónescritural, sin florituras, ni circunloquios, que mellen el efecto del poema. Trata de ser exacto, pues quiere manejarconceptos puntuales, temáticas específicas, mediante una construcción absolutamente cerebral, arquitectónicamenteintencionada del poema en sí.

Letra negra (piedra) sobre superficie blanca (piedra). La poesía como danza de las palabras hermosas, según Alfonso Reyes. Lo bello no existe más que en la poesía, remata Schiller. Pero el poeta –desde los tiempos del rapsoda y el juglar– también ha sido un ser marginado. Ejemplos sobran. El factor discriminante ha sobrevolado su cabeza como un ave rapaz. Le hace guiños, lo observa… Aun así el poeta no ha dejado de crear palabras:atenazado, dependiente de las tantas circunstancias, sumergido en otras variaciones, es un perpetuador desde los tiempos, nos dice Robert Graves, en que la poesía tomaba cuerpo en los hombres y los versos eran dedicados a la “diosa blanca”.

Un verso puede privarte de tu libertad con una sencillez sorprendente. No lo subestimes. Pero hay textos que son una legítima carta de independencia, advierte el poeta.

El factor discriminanteal que se opone Moisés con su arma más afilada, la poesía– porta esa carta de independencia. Independencia escritural, además. La ondea como bandera. La sabe libre, pero la libertad tampoco es como la pintan. Duele respirar en libertad(reseña publicada inicialmente en la web de la Asociación Hermanos Saíz, AHS).

¡El Premio al Suceso Cultural 2019 es para el Eddy Suñol!

Por Erian Peña Pupo

Fotos Carlos Parra

La amplia Jornada de celebraciones por el 80 aniversario del Teatro Comandante Eddy Suñol, con la presentación de importantes solistas, colectivos teatrales y danzarios locales y foráneos, mereció este sábado el Premio Suceso Cultural del 2019 en Holguín, prestigioso galardón que otorga el círculo de periodistas de la cultura en esta provincia.

Dentro del homenaje a esta institución, que inició el 2 de junio con una diversa gala y que concluye en igual fecha de este año, destacan propuestas como las presentaciones del Ballet Nacional de Cuba; el Ballet de Camagüey; la Compañía Rosario Cárdenas; Danza Contemporánea de Cuba; Teatro del Viento, de Camagüey; Ballet Español de Cuba, y los conciertos realizados por Yuri Hernández, Norberto Leyva y Nadiel Mejías, entre otros. El Premio lo recibieron, en la gala realizada en el escenario del propio Teatro, que cada año acoge la entrega del mismo, Yanet Pérez, directora del Consejo Provincial de las Artes Escénicas, y Roger Rodríguez, director de la institución reconocida.

El Premio de la Popularidad, otorgado por votación a través de boletas electrónicas e impresas, lo obtuvo el estreno de la opereta La viuda alegre por el Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín, con una visión renovada de la exitosa obra con música de Franz Lehár.

El Premio es convocado por la Dirección Provincial de Cultura a través del Centro de Comunicación Cultural La Luz y el Círculo de la prensa cultural, representado por periodistas de Radio Holguín, Radio Angulo, semanario ¡ahora!, Tele Cristal, Agencia de Información Nacional, los corresponsales de medios nacionales, entre ellos, Radio Progreso, periódicos Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores, y la emisora Radio Reloj, y periodistas de La Luz. Estos profesionales de la prensa valoraron la calidad y repercusión de las propuestas desarrolladas en el año 2019, y ese sentido decidió priorizar a los creadores holguineros con el fin de promover el movimiento artístico local.

En la gala, dirigida por Isabel García Granados fueron entregados los diplomas acreditativos a los diez nominados al Suceso Cultural del 2019, entre ellos el concierto inaugural de la XXV Fiesta de la Cultura Iberoamericana, realizado por el maestro Frank Fernández, la Orquesta de Cámara, con dirección de Oreste Saavedra, Codanza, el Orfeón Holguín y el solista Yuri Hernández, así como las puestas en escena de las obras Bodas de sangre y Confesiones, realizadas por la Compañía de Narración Oral Palabras del Viento.

También se reconoció el espacio La esquina del jazz, realizado en la XXV edición de las Romerías de Mayo; los estrenos de las piezas Imaginem, et Similitudinem de Yoel González Rodríguez, y Árbol de fuego de Pepe Hevia, por Codanza; las jornadas dedicadas a las artes visuales Buscando a Electa y 50 aniversario del Taller de Grabado, organizado por el Centro Provincial de Arte, y la impronta de la obra literaria de los escritores Rubén Rodríguez, Ronel González, Moisés Mayán y Erian Peña. Otros sucesos nominados por el jurado fueron las presentaciones de teatro dramático e infantil en el XV Festival Internacional de Cine de Gibara (Argos, Las Estaciones, Trébol) y los resultados e impacto de la Enseñanza Artística en diferentes festivales y eventos nacionales.

La gala artística, a la que asistió Rachel García Heredia, directora provincial de Cultura, y otros directivos, contó con las presentaciones del colectivo Palabras al viento, con un fragmento de la obra Confesiones, el Lírico holguinero, con una escena de La viuda alegre y el grupo Los Beltas. El Premio Suceso Cultural del Año se otorga en la ciudad de Holguín desde el 2012 y constituye, asimismo, un importante estímulo a la creación artística de la provincia, reconocida como una de las plazas culturales más importantes del país.