Ronel González recibe Premio Nacional de Poesía José Jacinto Milanés

Por Rosana Rivero Ricardo

Con el poemario Nada es real salvo la noche, el poeta holguinero Ronel González Sánchez obtuvo el Premio Nacional de Poesía José Jacinto Milanés, auspiciado por la filial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en Matanzas, agasajo que recibirá este 12 de noviembre en la Atenas de Cuba.

Foto: Cortesía del entrevistado

El bardo, más conocido por su poesía rimada, emplea esta vez el verso libre para abordar la historia de las gestas independentistas del siglo XIX cubano, enfocada en los temas universales del ser humano como el amor, el odio, la alegría, la tristeza, la victoria, la derrota, la traición, las dudas e, incluso, los cultos populares.

El volumen que toma su título de un verso de uno de los poemas relativos a la tristemente célebre reconcentración de Valeriano Weyler, es el tercero de una pentalogía que el autor pretende realizar con la temática histórica, al cual le precedieron La marcha de la bandera, libro en décimas, y Teoría del fulgor accesorio, publicado por la editorial Ácana, de Camagüey.

“Con esta pentalogía mi intención es darle coherencia a una etapa de mi creación. Me apasiona mucho la historia, la he leído y la he sufrido. Eso se refleja en mi poesía. Este es además un terreno que los poetas han trabajado, pero se van pronto de él. No significa que seré historiador toda la vida, aunque cada vez que termino un libro, pienso que aún queda mucho por contar de todo ese material que la historia le ofrece a la poesía”, comentó González Sánchez.

El lauro se suma a los importantes resultados del poeta este año, quien conquistó el  Premio Nacional Beca Ciudad del Che y el Premio Nacional Ciudad del Che en Poesía, ambos de la UNEAC de Santa Clara; el Premio Raúl Ferrer Por la Obra de toda la Vida, como promotor de la lectura, de la Biblioteca Nacional José Martí; el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir, convocado por la UNEAC de la Isla de la Juventud, en poesía; y la Distinción Hijo Ilustre de Cacocum, tierra natal del poeta.

El Premio Nacional de Poesía José Jacinto Milanés que auspician además el Centro Provincial del Libro y la Literatura, la Dirección Provincial de Cultura, la Casa de las Letras Digdora Alonso y Ediciones Matanzas, como homenaje al más ilustre escritor de ese territorio, fue recibido anteriormente por los holguineros Luis Yuseff, Yunior García, Edurman Mariño y Moisés Mayán.

La UNHIC desde una mirada introspectiva

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Facebook de Rachel García

Con un homenaje a la recién fallecida historiadora camagüeyana Elda Cento, Premio Nacional de Historia 2015, se desarrolló en Holguín la reunión extraordinaria del ejecutivo nacional de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC) para debatir los asuntos internos de la organización y los derroteros en los que se enrumba la investigación historiográfica en nuestro país.

Este encuentro, dirigido por Jorge Luis Aneiros, presidente nacional de la UNHIC y subdirector de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, centró sus objetivos de trabajo sobre los acuerdos tomados en pasadas citas y el trabajo previsto para el próximo año.

Entre los puntos más sobresalientes de esta agenda se destacan: el cumplimiento del presupuesto de la Unión, así como la aprobación de la modificación del presupuesto del 2019 a partir del incremento salarial y el ajuste de otros gastos; la aprobación del proyecto de subvención nacional para el 2020; la situación de la conectividad en cada una de las filiales de la organización y el trabajo con las redes sociales; la revisión del cumplimiento de las tareas del Plan Anual de Actividades del 2019, y un análisis del Plan de Actividades para el 2020.

En este último punto sobresale la filial holguinera, al ser una de las que mayor cantidad de actividades organiza en el año. Dentro de las acciones previstas para el 2020, precisó Hiram Pérez Concepción, presidente provincial de la UNHIC, se encuentra el Evento de Jóvenes Historiadores, el Encuentro de Historiografía, la Jornada por el Bicentenario de Lucía Íñiguez Landín, el Evento Nacional de Guerras de Independencia, Jornadas arqueológicas, entre otras.

Asistieron, entre otros directivos, Rachel García Heredia, directora provincial de Cultura, y Nilser Batista, funcionario del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba (PCC) en Holguín.

 

Anticipándonos al Año Galdós

Por Erian Peña Pupo

El 2020 será en España y en varias partes del mundo el “año Galdós”. Madrid promete saldar su deuda con el novelista, dramaturgo y cronista español Benito Pérez Galdós, nacido en 1843 en Las Palmas de Gran Canaria y fallecido en la capital española, el 4 de enero de 1920. La llamada “reivindicación” comenzará en el monumento que en el parque de El Retiro recuerda su impronta: se reeditarán sus libros por el centenario de su deceso; se llevarán a escena sus obras de teatro; será rebautizada la biblioteca pública de Conde Duque con su nombre; una amplia exposición de objetos suyos, heredados por su bisnieto, se exhibirán durante la Feria del Libro de Madrid; se realizarán “paseos literarios” por varios sitios presentes en su literatura; se develarán placas en la Cava de San Miguel y la Plaza de Pontejos, escenarios claves de Fortunata y Jacinta

Fotos: Alexis Gámez Rodríguez

El 2020 promete ser un año galdosiano –es tanta su importancia que el Diccionario de la Real Academia le dedicó un adjetivo a su apellido: galdosiano, o sea, “perteneciente o relativo a Benito Pérez Galdós, escritor español, o a su obra”– por todo lo alto en España.

Los escritores cubanos y los delegados reunidos en el Coloquio Iberoamericano de Letras, realizado en la sede de la Uneac como parte de la XXV Feria de la Cultura Iberoamericana, se adelantaron varios meses a los colegas ibéricos, al dedicarle las jornadas del evento a Pérez Galdós en el centenario de su fallecimiento en Madrid, con 76 años.

Un panel sobre su obra reunió en el patio de la institución al investigador, profesor universitario y crítico de cine José Rojas Bez, al escritor y traductor Manuel García Verdecia, al narrador, poeta y editor Eugenio Marrón, y al historiador Armando Cuba de la Cruz.

Verdecia y Marrón abordaron varias aristas de la obra de quien es considerado uno de los mejores representantes de la novela realista del siglo XIX en España y un narrador capital en la historia de la literatura en lengua española, al punto de ser reconocido por muchos como el mayor novelista español después de Cervantes, apartándose de la corriente romanticista en pos del realismo, y aportando gran expresividad a la narrativa.

José Rojas Bez, por su parte, recordó el abordaje fílmico a varias novelas de Benito Pérez Galdós, destacando los filmes realizados por el importante director español Luis Buñuel, quien llevó a la pantalla grande Viridiana (1961), Tristana (1970) y Nazarín (1959).

Por su parte, Cuba recordó la novela Juan Martín el Empecinado (1874) y la forma exhaustiva en que describe la forma de vida en la guerrilla en la época de la Guerra de Independencia entre España y Francia, y los diferentes tipos de personas que las integraron.

La jornada concluyó con la lectura, por Mariela Varona, de fragmentos de su novela Las puertas de la perversión, que próximamente será publicada por Ediciones Matanzas.

El Coloquio de Letras, organizado por la Uneac y el Centro de Promoción Literaria Pedro Ortiz, realizó, además, una lectura poética de los premios de poesía Julián del Casals y Nicolás Guillén: Lourdes González Herrero, Manuel García Verdecia y José Luis Serrano, y un recital de trova dedicado a Camilo Cienfuegos, por Fernando Cabreja Garcell.

Pérez Galdós, considerado el cronista del pueblo español, escribió importantes novelas como Doña Perfecta, Fortunata y Jacinta, Misericordia y ese gran fresco de la historia y la vida española que son las obras que integran los Episodios nacionales. Desde 1897 fue académico de la Real Academia Española y estuvo nominado al Premio Nobel en 1912.

Holguín, ínsula embrujada

No hay holguinero que dude de la magia de su tierra, ya sea encanto o embrujo, me atrevo a ir más allá, pues no solo el que aquí nació se siente atrapado, sino también el visitante, que como el mismísimo Colón, cayó rendido ante la tierra más hermosa que ojos humanos vieran.

Holguín, ínsula embrujada, es el texto que nos propone la Editorial Cuadernos Papiro con motivo de los 300 años del pueblo de este pueblo.

El rostro más lindo de Holguín es su cultura. Foto: Wilker López

En los predios de la Feria Iberoamericana de Artesanía “Iberoarte”, el Recinto Ferial Expo Holguín devino durante la tarde de domingo 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana, en escenario propicio para la presentación de este libro que constituye una oda a la ciudad, nuestro terruño.

Como “un equipo de brujos especializados en traer a la luz maravillas del papel” catalogó el poeta Ronel González, al colectivo de Cuadernos…, quienes “concretan este proyecto en página impresa con técnicas de finales del siglo XIX y principios del XX que aún fraguan en plomo nuestras creaciones”, aseveró el escritor holguinero que incluye una de sus poemas en el libro, que además le da título.

“Este es un homenaje a la ciudad y a la nación de Martí y de Fidel, desde las familiares páginas que evocan ilustraciones recurrentes, sitios tan nuestros, tan necesarios para el holguinero como un sorbo de agua, como el aire. Uno de los grandes deberes del ser humano es honrar el lugar donde se nace”, apuntó González.

El encomiable trabajo que desde 2001 realiza la editorial no podía ser menos para esta edición donde se incluyen además poetas holguineros de renombre como Lalita Curbelo Barberán, Lourdes González Herrero, Gilberto González Seik, Alejandro Fonseca Carralero, y Quintín Ochoa.

Sobre la polémica de los últimos tiempos para insertar o no texto en un libro-arte se refirió el diseñador de Cuadernos… José Emilio Leyva, que además enfatizó en la apuesta del colectivo por emplear la palabra escrita dentro de esta edición: “Elaboramos el papel en función del libro, en este caso quisimos lograr uno que representara a Holguín, para ello utilizamos el mineral de Moa y se logró este tono arena, sepia; además se emplean iconos, símbolos y lugares identitarios de la ciudad en las ilustraciones, entre ellos la Loma de la Cruz o el Parque Calixto García. La portada es sencillamente algo emblemáticode nuestra ciudad, El Aldabón. Este texto es resultado no solo del trabajo de una persona, sino de un equipo, pero es necesario resaltar una persona que es bien importante para nosotros y que hoy no nos acompaña, Tatiana Zúñiga”, apuntó Leyva.

Este es un homenaje a la ciudad y a la nación de Martí y de Fidel. Foto: Wilker López

A la jornada vespertina asistieron las principales autoridades culturales de la provincia, cuando se destacó además que la presente es solo la primera edición del texto, pues se pretenden realizar otras bajo el mismo nombre, pero donde se contengan otros creadores que de igual forma hayan homenajeado a su terruño dentro de su obra.

Con motivo del Día de la Cultura Nacional se realizó este adelanto, pues la presentación oficial se será en abril de 2020, con motivo del Aniversario 300 del Pueblo de Holguín.

Por su parte Gilberto González Seik, antes de leer el poema que se incluye en el texto, recordó las palabras de nuestro presidente Miguel Díaz-Canel, quien expresara que el rostro más lindo de Holguín es su cultura: “una ciudad urbanística y arquitectónicamente puede ser hermosa, pero necesita para encantar como la nuestra, el rostro que le dan sus artistas, esa magia que se une a su historia y la forma en que la inventamos, fabulamos, nos la imaginamos”.

Ronel González Sánchez: la poesía continúa desvelándome

 

Por Erian Peña Pupo

Fotos cortesía del entrevistado

Publicado originalmente en la web de la Uneac

Ronel González Sánchez (Holguín, 1971) escribe muchas veces de madrugada. Probablemente las respuestas a las preguntas de esta entrevista surgieron también en la fecunda aurora holguinera, cuando la poesía insiste en desvelarlo, adquiriendo sentido las métricas, los ritmos, las palabras… Pero Ronel es, además, un escritor que interroga el pasado en diálogo fecundo, necesario; un artista cabal que busca la historia patria para nutrirse de ella, “como la mampara que descorre el poeta cuando se decide a interrogarla”.

Investigador, promotor literario, escritor para niños, guionista radial, humorista, Ronel cree que “no solo la historia se enriquece con la mirada de los poetas y narradores sino que es imperiosa”, pues es “una órbita, un odre temático, un coto significacional visitado y revisitado que de pronto muere y resucita en los cuadernos o documentos de los poetas”, añade.

Este 2019 ha sido para él un año bastante fructífero: recibió el Premio Raúl Ferrer por la Obra de la Vida como promotor de la lectura; el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir de la UNEAC de Isla de la Juventud en Poesía y Mención en Literatura para Niños en el mismo certamen; la distinción Hijo Ilustre de Cacocum, municipio holguinero donde nació, y recientemente la Beca Ciudad del Che y el Premio Ciudad del Che en poesía, en Santa Clara.

La excusa para el diálogo fue el Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019 que recibió por su proyecto ¿Cómo se manda un campamento?, pero conversamos, entre otros temas, sobre la relación entre historia y poesía, en la literatura cubana y particularmente en su amplia obra.

Con el proyecto de poemario ¿Cómo se manda un campamento? acabas de merecer el Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019, convocado por la UNEAC en Villa Clara. Temáticamente este cuaderno se relaciona con dos de tus libros anteriores: Teoría del fulgor accesorio y La marcha de la bandera. ¿Por qué este marcado interés, palpable en estos libros, en revisitar poéticamente la historia nacional?

La historia está entre mis principales intereses creativos desde que comencé a relacionarme con la literatura. Escribí mis primeros textos en abril de 1980, en un momento nacional muy complejo que coincide con el éxodo del puerto habanero del Mariel. Recién había cumplido nueve años y mi mirada era la de un niño nacido en un remoto pueblito de Cuba, que no entendía el instante ni su sentido, pero que bajo los efectos de la atmósfera que transpiraban aquellos días, no podía evitar acudir a la hoja en blanco para enhebrar versos, que a veces rimaban y a veces no, hasta que a los doce años supe de la existencia de múltiples estrofas como la décima y el soneto, y empecé a entrenarme en la escritura métrica, muy cómoda además para narrar sucesos e intentar aproximarse a la vida y la obra de significativas personalidades.

Sin embargo, no tuve verdadera conciencia de la historia hasta que estudié Arte en Santiago de Cuba y me relacioné con estudiosos de esos temas, para percibir que la poesía cubana, sobre todo la del siglo XX, al margen de las intenciones de algunos y la concreción de ciertos poemas dignos, había marmolizado a nuestros héroes, o peor, los había fraguado en cemento y recubierto con una pátina para simular bronce. De modo que gran parte de esa escritura se tornó tan panfletaria que hasta los mismos poetas comenzaron a rehuir lo que tuviera que ver con proezas y destinos épicos o que, atormentados hasta la médula, la emprendieran con la historia desde una postura tan mordaz que tampoco dejaba margen para acercarse a esas temáticas con una mirada más ecuánime; digamos que más fiel a la verdad histórica adquirida por el consenso de muchos investigadores y la elucidación del poeta, también historiador, dispuesto además a emitir criterios, a polemizar incluso, pero dueño de armas ajenas a las reconstrucciones historiográficas, para humanizar tópicos en los que escenarios y personajes volvieran a respirar, sin el fárrago y el frívolo repentismo de una “zona literaria” de las décadas del 60 y el 70 del siglo pasado, con la intención de volver a motivar a los lectores.

Y aspirar a que los más jóvenes no vean nuestro pasado como un abominable muro de piedras pletórico de cronologías/causas/consecuencias/situaciones sociales y políticas/programas/medidas/significados/vigencias… sino como un cuerpo realmente vivo, intenso, conflictivo, contradictorio, aneblado, denigrante, dramático, burlesco, jocoso, sufriente y hermoso como somos en realidad los seres humanos. Digamos que soy de los que se aburrió de ver desaliñados bustos de Martí y se dispuso a buscar con el alma a aquel inmenso poeta enamorado y fundador de revoluciones que dijo que por Cuba se dejaba clavar en la cruz.

Los historiadores han subrayado ciertas zonas de silencio que persisten en nuestra práctica historiográfica: las primeras décadas republicanas y varias figuras del período, los años posteriores al triunfo revolucionario de 1959. Partiendo de que sin el material investigativo sería difícil la escritura literaria, ¿crees que la literatura, específicamente la poesía, puede contribuir a arrojar o esparcir un poco de luz sobre estos momentos históricos o al menos ayudar a transmitirlos, a difundirlos, de otra manera?

Hace dos décadas aproximadamente, los historiadores han ido entendiendo la necesidad de escribir mejor la historia, de acercarla más a la poesía, a la narrativa, a los géneros periodísticos y, aunque en esos rumbos algunos libros dan la impresión de ser una modalidad de collage, la escritura de la historia en nuestro país quiere desbordar lo académico, la camisa de fuerza de los datos y las cifras, fríos como una granizada sobre un techo de zinc, la elaboración de rugosos e insufribles ladrillos, porque lo reclaman a voz en cuello estos tiempos que se esfuman a toda velocidad.

Es cenital la luz que ha aportado la visión transdisciplinar y la participación de la literatura artística. No solo creo que la historia se enriquece con la mirada de los poetas y narradores sino que es imperiosa, sin ir a los extremos, claro. El historiador, junto al escritor, o integrándolo, tiene que hacer más atractiva su obra, más placentera, más entretenida, o las redes sociales, los juegos computarizados, la telefonía celular y, en general la industria global del entretenimiento de una supractivada sociedad del espectáculo, poco a poco borrarán cualquier atisbo de visión creativa del pasado, de pensamiento acerca de cualquier cosa que no sea diversión, placer sensual, inmersión frívola en un suceder que nos devora.

En los últimos años ha existido una vuelta, y no solo en la poesía, al siglo XIX cubano, a las contiendas mambisas, a los líderes revolucionarios de esos años. Eso me lleva a otra idea: las primeras décadas de la República portaron una tradición cívica y revolucionaria desprendida de la propia guerra y reflejada, por solo mencionar algunos, en la obra de Byrne, Acosta, Guillén, Villena, etc. Y en los primeros años posteriores al triunfo de 1959, la epopeya de la Sierra, la clandestinidad, Girón, fueron centro del verso: Retamar, César López, Suardíaz, Jamís, Orta Ruiz, Guillén, etc.

¿Crees acaso que la poesía cubana actual se ha enrumbado por otros senderos y dejado a un lado una mirada a la historia? ¿Crees necesaria esa mirada historicista por nuestros poetas?

El ser humano, a menos que se enajene completamente, necesita saber de dónde viene, conocer su génesis, su pasado, por eso existen los historiadores, y los poetas, desde la reflexión y el cántico, siempre han sido cúspides o complementos en/de ese megarelato. El poeta es una criatura disonante que todo lo observa, lo valora, lo dignifica, lo ensombrece o sencillamente lo desecha, por eso es tan valiosa la visión que posee y puede aportar al hecho de historiar.

Hace algún tiempo ha regresado, tímidamente creo, la historia como materia de la poesía, y dentro de ese retorno hay ejemplos meritorios por su desenfado a partir del conocimiento verdadero y otros arrimos lamentables, como es lógico, pero sí, por supuesto que es muy necesario y útil que el artista de la palabra que sigue siendo el poeta emita sus juicios de valor, vierta o condense emociones o permita que las palabras trabajen desde/sobre la historia.

Se puede ser un clásico poeta de las alegorías, los símbolos, las estructuras tradicionales, las emociones contenidas o desbordadas, la experimentación… un poeta apegado a trasparencias discursivas o a cerrazones semánticas, a “inspiraciones”, facturaciones de lo más simple, barroquismos, transposiciones y aniquilaciones sintácticas, un poeta de la gracia meridiana que habita en lo espontáneo o un poeta de ingenierías lúcidas y ondulantes, no importa porque todo eso está implicado en la multivocidad de la poesía, el asunto es que la historia, como otros, es una órbita, un odre temático, un coto significacional visitado y revisitado que de pronto muere y resucita en los cuadernos o documentos de los poetas. Tan necesaria es la historia como la mampara que descorre el poeta cuando se decide a interrogarla.

De lo anterior se desprende otra cosa: Hay quien habla no ya del fin de la utopía, sino del fin de la utopía colectiva, que es otra cosa. Incluso de arrancar de cuajo parte de nuestra tradición literaria: escribir sin mirar atrás, sin deber nada. ¿Crees que nuestra poesía está falta de épica o que la épica actual se construye/edifica/sostiene de otra manera bastante diferente?

Vivimos en el vértigo y de esa sensación nos alimentamos hoy. Es otro instante del devenir universal. Lo fugaz nos abacora (me gusta esa palabra guajira), nos reduce. No creo que, aunque confieso que me asusta un poco la velocidad con que todo se borra, sea la muerte de nada, la decadencia de la poesía mundial o cubana, la anulación de la épica, el aborto de los discursos íntimos, el cese de la comunicabilidad textual, el traqueteo paradigmático que se evapora, el fallecimiento aparatoso del sujeto lírico, el despalabro o apalabrante desenfreno místico/mítico, la desnaturalización y destierro de las emociones, la dislocación ad infinitum de la lógica, la recontramuerte de Dios…

El ser humano reacciona con alarma ante cualquier sacudimiento. Claro, te zarandean la cuerda floja y pones el consabido grito en el cielo, aunque de inmediato hagas cualquier cosa por regresar al equilibrio. Desde hace miles de años vivimos contingencias similares y reaccionamos de modos parecidos. Inventamos y reinventamos constantemente la lírica y la épica. Hoy todo ocurre, como ha sido y será. La coexistencia es extraordinaria. En el gran milagro que constituyen el universo y la vida, la poesía, mínima fracción, admite la diversidad de lo macro porque también en ella espejea lo micro. No hay que devanarse ni rebanarse demasiado la mollera (otra hermosa palabra guajira), sino fluir en sintonía porque por fortuna, o quien sabe sino como castigo cuando la expulsión del Paraíso, nos ha sido vedado olvidar. Al menos para unos cuantos, que no quiero pecar por absoluto en nada de lo que diga o escriba.

Este año ha sido bastante fructífero para ti: en febrero, el Premio Raúl Ferrer por la Obra de la Vida como promotor de la lectura; en mayo, el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir de la Uneac de Isla de la Juventud en Poesía y Mención en Literatura para Niños en el mismo certamen; la distinción Hijo Ilustre de Cacocum, ahora la Beca Ciudad del Che y el Premio Ciudad del Che en poesía. Háblame un poco de estos premios y lo que significan en tu amplia trayectoria como escritor.

Todos los premios recibidos me producen una doble percepción de la obra creada: satisfacción e inconformidad. Por un lado me animan y por otro me sobresaltan. Como soy de algún modo un historiador no ignoro la historia de la poesía y, cuando comparo mis remedos con la potente tradición de la lírica insular me entra una desazón que no sé describir, por eso prefiero no comparar y recibo los premios con supremo agradecimiento y entusiasmo, sin dejarme cegar ni envanecer porque Cuba está llena de hombres grandes y humildes y, además, yo soy de Caguairanal, un caserío extraviado en el monte de San Pedro de Cacocum. Con un referente tan ilustre como es José Julián Martí Pérez, un poetazo humilde de la calle de Paula que vino a morir a Boca de Dos Ríos, en Jiguaní, me siento con una deuda de gratitud tan responsable que no me puedo permitir vanaglorias. Ni los premios ni los muchos libros dicen nada, o sí, hablan de una avidez incesante por crear, por ser hasta donde sea posible.

No quisiera pasar por alto tu interés investigativo acerca de la obra poética de Delfín Prats, consolidada en tu libro Temida polisemia. Estudio de la obra literaria de Delfín Prats, publicado por Ediciones Áncoras en 2016. Hablemos un poco, pues el tema daría de por sí para otro cuestionario del libro y la importancia que, para nuestro corpus poético, que es arcilla de nuestra identidad nacional, le atribuyes a la obra de Delfín.

Escribir acerca de Delfín Prats fue un reto como investigador y un acto que asumí como justicia. Delfín es un poeta cubano que con pocos textos tiene un sitio seguro en nuestra historia literaria. Como soy un lector de poesía me considero capaz de detectar dónde está y dónde no, y un hombre que escribe: Tigris arriba los argonautas cantan/el anón presta sus ojos al ave consagrada a Juno y Cnosos se extiende/ al amanecer cada fresco y cada balcón y cada cúpula en Cnosos extienden/ canción adentro bogando palmerales/ pueblos que un día me consolaron patria con jitanjáforas y güiras/ qué desnudo mi corazón cuando amanece y tiendo el velero de mis brazos un poco más allá/ no puedo contra la redondez del mundo… con ese demoledor verso final, además de otros poemas, claro, es un Poeta inobjetablemente. Alguien que admiro y a quien considero merecedor de mayor reconocimiento por parte de las instituciones culturales, porque ya tiene el premio de los lectores, que es a la larga el más importante.

Poeta, investigador, promotor literario, escritor para niños, guionista radial, humorista, asiduo a peñas y espacios literarios… Siempre tramando o maquinando algo: un libro, un proyecto, un ensayo, una entrevista ¿Ronel, cómo te las arreglas con el tiempo? ¿De todo lo anterior, si tuviéramos que dejar solo una de las definiciones, con cuál te quedarías finalmente?

Hace poco escribí que soy madrugador desde hace más de treinta años. La madrugada se conecta, de facto, con esa trabazón lúcida donde se desborda lo creacional y adquieren sentido las métricas, los ritmos, las palabras. Luego permanezco en silencio ante una multitud de libros que intentan procurarme paz, aunque generalmente solo consiguen incrementar mi desconcierto, hasta que sea nuevamente la madrugada y me apoltrone en mi claustro como un conventual del Medioevo en espera de la epifanía, porque soy poeta, estoy seguro, la poesía continúa desvelándome.

 

 

EL SEDICIOSO

 

Quebrantado y desprovisto,

el perturbador infausto,

avanza hacia el holocausto sobre un asno,

como Cristo.

 

Entra en el monte imprevisto y ajado

la confidencia.

 

Un hombre pone cadencia

a la rebeldía invasora,

y su anulación sonora paga la desobediencia.

 

En sucesión corrosiva

pasan,

confusos,

los gestos

de los caudillos expuestos

a la fobia anulativa.

 

Van,

sin otra alternativa,

hacia el montaraz peñasco amotinado,

el chubasco reconstituyente,

el miasma del hambre,

la cataplasma,

la fiebre,

el salcocho,

el asco.

 

Ante el burdo antagonista

desfilan caricaturas,

desharrapadas criaturas

en la maniobra ironista

de asumir la reconquista patriarcal,

que se acrecienta bajo la noche harapienta,

cota del día desnudo,

el ímpetu por escudo

y, al dorso, la impedimenta.

 

Soliviantadas colmenas en los trillos de la Nada.

 

Toros contra la emboscada.

 

Provisiones casi obscenas

para cantar en cadenas vivir es vivir…

 

Porfía por un cuero de jutía

curtido en los pantalones

e infectas ulceraciones que asolan la ranchería.

 

Por ciénagas,

a hurtadillas,

avanza la tropa agreste,

aunque la razón le apueste en contra,

y las pesadillas naden hacia las orillas

de la destrucción.

 

A gatas,

sobre las hiedras pacatas

que retardan las contiendas,

escudriñando las prendas de los muertos,

como ratas.

 

Cuando el monte no se abra más con odio

y no amanezca para que el mambí padezca

en la espesura macabra.

 

Cuando cese la palabra

que ordena estar al acecho

del usurpador maltrecho,

también,

por las piedras rotas,

habrá un himno hecho de gotas de sangre

y tiros al pecho.

 

Tenaz frente al vilipendio,

lejos queda el municipio,

que empuñó,

desde el principio,

el pabellón del incendio.

 

La Ciudad,

arduo compendio de afanes,

arde en la pira.

 

El esplendor no es mentira.

 

Hay un fulgor accesorio

que ilumina el territorio.

 

La patria, en sombras, respira.

 

 

 

 

VINDICACIÓN DEL PADRAZO

 

En cuanto a mí, soy una sombra que vaga pesarosa en las tinieblas. Para mí, ni un día de sol!

Carlos Manuel de Céspedes

Diario perdido,

Lunes 12 de enero de 1874.

 

Ante el frívolo barranco

que embiste casi indefenso,

el mártir de San Lorenzo

entra al honor por un flanco.

 

Lo transmutó el odio en blanco

de intrigas y proyectiles,

cuando los correveidiles

del rencor que desampara

no calcularon que Yara

menosprecia a los serviles.

 

En la escéptica maraña

de la fronda que se implica,

donde lo fastuoso abdica

y lo sensitivo daña,

es un altar la montaña

para el solemne ejercicio

del irreverente juicio,

y en su coto nada pulcro

un proyecto de sepulcro

silvestre para el patricio.

 

Cada vez que la rotunda

noche engaña al centinela

hay una campana en vela

y un jagüey que la secunda.

 

No habrá hondonada profunda

que le restaure la piel,

pero si con voz infiel

murmura turbado el viento,

desde el plácido aposento

va al monte Carlos Manuel.

 

Recibe Premio Nacional Beca Ciudad del Che poeta de Holguín

Por Rosana Rivero Ricardo

Foto: UNEAC

¿Cómo se manda un campamento? es el proyecto de libro de poesía por el cual el poeta holguinero Ronel González Sánchez  mereció el  Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019, convocado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) de Villa Clara.

El también narrador y humorista aborda una vez más la temática de las guerras independentistas del siglo XIX cubano, la cual ha estudiado y  le apasiona por herencia directa, al ser bisnieto del capitán mambí Pedro, a las órdenes del Mayor General Calixto García.

Antes concretó su Teoría del fulgor accesorio, una revisitación desde la décima a la Historia de Cuba y el poemario La marcha de la bandera, libro inspirado en héroes y sucesos históricos del siglo XIX.

“No soy un historiador puro, soy un poeta que escribe acerca de la historia. He tratado de indagar desde la poesía en el mundo independentista cubano. Me interesan otras épocas, pero esta es tan vasta y profunda que resulta compleja y me quedé en ella”, comentó.

El lauro será entregado oficialmente el próximo 6 de octubre en el Mausoleo del Che Guevara, en Villa Clara.

El 2019 ha sido especialmente fructífero para el poeta, quien recibió en febrero el Premio Raúl Ferrer por la Obra de la Vida, como promotor de la lectura; y en mayo, el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir en Poesía y Mención en Literatura para Niños en el mismo certamen, convocado por la UNEAC de Isla de la Juventud, por el libro Clavar en la cruz.

 

Café Literario de la UNEAC en Holguín: Quince años por la cultura y la civilidad

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López

Corría finales del año 2011 o inicios de 2012. En el pequeño patio de la UNEAC holguinera apenas cabía una persona más. La gente se apretaba al final. El Café Literario, que cada jueves, desde septiembre de 2004, conduce el intelectual holguinero Manuel García Verdecia, había invitado al historiador Rigoberto Segreo y todos queríamos oírlo. Segreo recién había revisitado en un libro el pensamiento del siempre polémico, pero también necesario, ensayista y periodista Jorge Mañach. Si la memoria no me engaña, esa tarde –húmeda, nublada, quizá– asistí por primera vez al Café Literario. Fui más bien por escuchar al profesor Segreo, pero quedé entusiasmado por el espacio y sus posibilidades. Entonces iniciaba mis pininos literarios y estudiaba el primer año de la carrera de periodismo en las aulas de la Universidad de Holguín. Desde el público, imaginaba que algún día podría leer allí, a la diestra de García Verdecia.

El tiempo pasó: aquella sería una de las últimas conferencias de Segreo; empecé a frecuentar el espacio los jueves –saliendo, casi siempre, antes que de finalizara, para no perder el horario de la comida en la universidad, o perdiéndolo–; varias veces, después de graduado y hasta antes, escribiría sobre una de las jornadas del Café, y llegó el día en que me senté, y volví otras veces, con Manolo, para leer cuentos y poemas…

Este año, específicamente el 12 de septiembre, el Café Literario celebró su 15 aniversario. Los inicios del espacio los recuerda su creador, el reconocido narrador, poeta, ensayista y traductor Manuel García Verdecia: “En los 80, los escritores holguineros tenían sus espacios, como la Casa del Té, donde se reunían para leer lo que hacían. Con el Período Especial desaparecieron. Por eso, siempre existió el planteamiento de recuperar este tipo de encuentro. Me hice portador de la inquietud y empezamos”.

“El objetivo –añade el autor del poemario Meditación de Odiseo– era que los escritores miembros de la UNEAC o de la Asociación Hermanos Saíz expusieran sus obras ante un público, para dar a conocer el autor y su literatura. Ello propició un diálogo intergeneracional sin contradicciones entre los creadores. A veces, se sentaba una autora reconocida al lado de una joven que empezaba. Por eso, en Holguín no sucede como en otros territorios de Cuba, donde los de los 80 no quieren hablar con los de los 90”.

Pero con el paso de los años, el Café Literario de la UNEAC ganó un “contenido más sociocultural” y amplió su diapasón. “Nos comenzó a interesar que las personas, además de escuchar las lecturas de los autores locales, conocieran más sobre la obra de escritores cubanos, latinos e internacionales, y vieran la literatura como una vía hacia el desarrollo de la civilidad. Introdujimos conferencias sobre personajes de la historia cubana, el pensamiento filosófico contemporáneo, líneas generales del desarrollo de la literatura en distintos países… Ese fue el corte que le empezamos a dar hacia el 2010”.

Aunque la literatura reina cada tarde de jueves, temas como religión, sociedad, ética, historia, antropología, música, cine… han sido motivo para el intercambio y el debate en el Café.

Para Onelio Escalona, artista plástico, humorista, actual vicepresidente de la UNEAC holguinera y miembro del exitoso duo Caricare, “los temas en el Café son inagotables”, aunque confiesa que lo descubrió algo tarde, “pues viene por vez primera cuando iban a celebrar el quinto aniversario. Descubrí entonces que tenía en la ciudad algo que necesitaba”.

“He ido aprendiendo a disfrutar y asimilar la poesía, que era para mí era casi desconocida. Aquí aprendí a apreciarla y hoy consumo mucha poesía. Te encuentras un ambiente de armonía, de paz entre todos los que vienen al Café, que sales nuevo de aquí”.

Yo escribía guiones, pero lo hacía de manera empírica. El Café me ha dado una idea de por dónde encaminarme. Incluso me he aventurado a escribir cuentos. Hay que defender el espacio contra viento y marea; es una necesidad de un grupo de personas. Manolo, además de un gran intelectual, es líder y un excelente comunicador. Siempre busca lo positivo dentro de lo adverso. Recuerda una etapa en la cual se proyectó un ciclo de conferencias de Fernando Savater sobre filosofía y fue interesantísimo”, añade Onelio.

La Semana de la Cultura holguinera, la Feria del Libro, el Premio Celestino de Cuento, el Festival de Humor para Jóvenes Satiricón, la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, las Romerías de Mayo, entre otros tantos eventos, han tenido abiertas las puertas del espacio.

Ronel González, otro de los asiduos al Café, asegura: “Aquí he realizado lecturas de poesía y presentado mis libros. Después que lees tu obra, las personas emiten criterios y te hacen alguna recomendación. Ha sido motivador para que mucha gente inicie o continúe su carrera literaria. A mí me ha servido, además, para desarrollarme como poeta, narrador, escritor para niños, y también como comunicador y profesor. Cuando me piden que imparta un tema, me veo obligado a investigar y a mantener viva otra zona de mi intelecto. He hablado de un poeta de lengua española o del estado de la décima en Cuba”.

Importantes escritores como Roberto Fernández Retamar, a quien se le dedicó un Café Literario a propósito de su reciente fallecimiento, Reynaldo González, César López, Pablo Armando Fernández, Nicolás Dorr, Ambrosio Fornet Lina de Feria, Antón Arrufat, entre muchos otros, han compartido su creación artística con los miembros asiduos al Café.

Otros escritores de Holguín participan frecuentemente en el espacio: Delfín Prats, Lourdes González, Eugenio Marrón, Mariela Varona, Luis Yuseff, Rubén Rodríguez, Ghabriel Pérez, José Abreu Cardet, Ronel González, Alejandro Torres Gómez de Cádiz, Emerio Medina…

Otro artista que descubrió tarde el Café es el joven músico Yuri Hernández. Tenor del Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín e invitado, además, en importantes compañías cubanas y extranjeras, Yuri lamenta “todo el tiempo que falté al Café para las cosas maravillosas que me han pasado en el espacio, para el océano de conocimiento que me ha aportado el Café Literario de la UNEAC, pues todas las tardes de jueves salgo enriquecido; aprendo mucho y me ha incitado a leer más. Gracias al Café después investigo sobre lo que no sabía. Se tratan temas diversos, no solo de habla de literatura”.

“Es un oasis en medio de las banalidades, entre cosas que se llaman arte y no lo son. La gente interviene, participa el público, da su criterio, no hay presión… Es un espacio de alto pensamiento. No son viejitos, viene gente joven, vienen periodistas, músicos, como en mi caso. Me parece que el Café Literario es un espacio que tiene que perdurar, mantenerse, protegerse, sobre todo, pues, de alguna manera, es nuestro bálsamo semanal”.

Todos –público e invitados– subrayan que la conducción de Manuel García Verdecia es primordial para el desarrollo del Café, pero él insiste que el espacio lo conforman todos.

Ariel Zaldívar, profesor de Pensamiento Filosófico y asiduo al Café, asegura: “Quince años implica un devenir, un desarrollo, una evolución… del espacio. El Café ha ido de un punto de arranque a contribuir a la formación también de una conciencia cívica, de un compromiso profundo de los cubanos con la Cuba actual. Por eso el espacio es tan necesario”. Y añade que este es un “espacio de mediación y confluencias de diversas tendencias culturales, sujetos intelectuales, procesos de comunicación que están marcando la contemporaneidad en la Cuba de hoy, donde se piensan las complejidades de la Nación. El elemento aglutinador siempre ha sido la Nación cubana, en su amplitud, complejidad… pero busca visiones e interrelaciones históricas con otros países y regiones. Lo singular, que es el Café Literario, refleja y manifiesta lo universal”.

Esta mirada universal que subraya Ariel Zaldívar se ha reflejado en varias jornadas del Café, entre ellas las dedicadas a reconocidos escritores como Federico García Lorca, J. D. Salinger, W. Shakespeare, John Banville, Philip Roth, Juan Gelman, Nicanor Parra, entre otros.

“Tiene una dimensión terapéutica, una suerte de ágape, de lugar de celebración”. Contribuye, añade Ariel, “a romper el aislacionismo histórico cultural, las nuevas tendencias y formas de la seudocultura y permite la polifonía de voces literarias en el Café”.

El público asiduo al Café Literario es muy diverso: podemos encontrar desde un sacerdote católico, un reconocido psiquiatra, hasta profesores universitarios, actores de la radio, historiadores, humoristas, músicos, estudiantes, jubilados, y escritores holguineros. Todos, afirman, entusiastas, estar unidos, como una familia, por el gusto al Café.

Precisamente un amplio plegable con el nombre de escritores holguineros y de otras partes del país fue el obsequio que Julio Méndez, presidente de la UNEAC en la provincia, entregó al Café en su 15 aniversario por el hecho de promover “cultura y civilidad”.

El Comité Provincial de la UNEAC reconoció también –de manos de la escritora Lourdes González– el trabajo sostenido de Manuel García Verdecia al frente del Café en los 15 años. Por su parte, Lourdes y Moisés Mayán compartieron varios de sus textos poéticos. El Centro Provincial del Libro y la Literatura reconoció también el aniversario del espacio.

Asimismo, el historiador Armando Cuba, presidente de la Filial de Literatura de la UNEAC en Holguín, aseguró que este es “uno de los mejores espacios culturales en Cuba hoy” y añadió: “Es hermoso que la ciudad cuente con una tertulia madura con el alcance del Café, integrador de todos los géneros literarios y expresiones de la cultura, aglutinador de lo mejor del telento literario y artístico. Aquí los grandes del pensamiento cubano y universal de todos los continentes, han sido sometidos a debate”.

La tarde de celebración –que tuvo el homenaje y el agradecimiento del público y donde se compartió, además del habitual café de cada jueves, el vino Café Literario– contó con la actuación del duo Caricare y las interpretaciones del tenor Yuri Hernández.

Entre el júbilo y la remembranza, la poesía y la amistad, el Café Literario de la UNEAC en Holguín celebró su 15 aniversario, una cifra para elogiar y quitarse el sombrero. Su incansable promotor, Manuel García Verdecia, antes de despedirse y agradecer la presencia del público fiel a la cita, aseguró: “El próximo jueves, como siempre, habrá Café”.

Tomado de la web de la Uneac: http://www.uneac.org.cu/noticias/cafe-literario-de-la-uneac-en-holguin-quince-anos-por-la-cultura-y-la-civilidad

 

 

 

Los ochenta: una década cultural

Por Moisés Mayán

Ediciones Holguín surgió como resultado de la apoteosis cultural que estremecía la ciudad en los años ochenta. También por esa fecha, se organizan los estudios de Tele Cristal, y José Rafael Rojas Bez comienza a fundar el Cine Club y la Cinemateca. Los grupos de teatro de Juan José Serpa y Carlos de Jesús García coincidían geográficamente en este territorio; y mientras Carmen Mora inventaba una feria del libro, el taller de grabado gozaba de una salud envidiable.

Estos temas narrados por sus protagonistas resucitan en las páginas de la nueva edición de Memoria de los 80. Una década cultural, volumen que en la tarde del miércoles 18 de septiembre fue presentado por Lourdes González en el patio de la Uneac. Precisamente a Lourdes, le corresponde la idea de rescatar de la desmemoria aquella reverberación de las artes, de modo que se dispuso a intercambiar con los protagonistas para la conformación de este título.

Memoria de los 80 se publicó por primera vez en 2007, y desde entonces constituye una referencia obligatoria para comprender la fertilidad de esa década. Conocido por muchos como el «boom holguinero de los 80», el periodo arrojó entre otras conquistas, las convocatorias del Premio de la Ciudad y el Premio de la Provincia, además de la celebración de la Semana de la Cultura Holguinera.

Fotos: Wilker López

Lourdes hizo hincapié en dos de los actores innegables de esa época, Julio Méndez, quien se desempeñaba como Director Municipal de Cultura, y el periodista y escritor Alejandro Querejeta. Los asistentes al espacio elogiaron la reedición de un libro necesario que desde hacía más de 10 años se había agotado en todos nuestros puntos de venta. Como parte del festejo por el 33 Aniversario de Ediciones Holguín, la Directora de Cultura en la provincia, Rachel García Heredia entregó un reconocimiento a esta institución. Anisleydis Barquilla, Directora del Centro Provincial del Libro nos acompañó en una tarde muy emotiva que concluyó con un recital de poesía.

El poeta José Luis Serrano, conductor del espacio, invitó a los asistentes a adquirir el libro, mientras todos brindaban por el luminoso futuro de la palabra impresa.

Volver la memoria a los 80 y continuar la creación

Por Erian Peña Pupo

“De tiempo en tiempo los amigos hablábamos de contar la historia de los años ochenta. De contarla nosotros, los protagonistas”, asegura la escritora Lourdes González Herrero en las palabras introductorias a Memoria de los 80, volumen reeditado por Ediciones Holguín y presentado en el espacio “Elogio de la locura”, realizado en la sede provincial de la Uneac como parte del programa de actividades por el 33 aniversario del reconocido sello editorial holguinero.

Memoria de los 80–publicado inicialmente en 2007 y agotado de librerías poco después– recoge testimonios de artistas holguineros que protagonizaron una década de efervescencia cultural que colocó a Holguín–con sus Salones de artes visuales, el Taller de Grabado, el Premio de la Ciudad y el Adelaida del Mármol, el surgimiento de Ediciones Holguín y la publicación de los primeros libros– bajo la mirada atenta de los artistas y escritores del resto del país.

El libro, relata Lourdes, sería como “aquel filme de Akira Kurosawa, Rashomon, en el que una misma historia es narrada desde tres puntos de vistas diferentes”. Y ya “teniendo organizados los testimonios, fijados los títulos, casi diseñado el libro, me cercioro de que nuestra propuesta da trece visiones, todas válidas por nacer de un mismo centro de acciones”.

Muchos de los protagonistas de los ochenta holguineros en materia cultural hoy se encuentran entre los artistas más reconocidos en la provincia y el país: el escritor y periodista Alejandro Querejeta, hoy residente en Ecuador; el poeta y promotor cultural Gilberto González Seik; la propia Lourdes González; el poeta, narrador y ensayista Eugenio Marrón; el reconocido poeta Delfín Prats; el poeta y escritor para niños Luis Caissés; el poeta narrador y traductor Manuel García Verdecia; y el investigador y crítico de cine José Rojas Bez.

Entre los artistas plásticos: Julio Méndez Rivero, relacionado con la fundación del Taller de Grabado y actual presidente de la Uneac en Holguín; y el pintor y escritor Jorge Hidalgo Pimentel. Otros lamentablemente han fallecido: el poeta y narrador José Luis Moreno del Toro; el también poeta y dramaturgo Carlos Jesús García, Carlín, fundador y director del grupo Teatro Duende, y el poeta Alejandro Fonseca, autor del poemario Bajo un cielo tan amplio, título que hoy identifica el espacio que Ediciones Holguín dedica a los recitales poéticos.

“¿Solamente los incluidos están autorizados a opinar sobre los culturales años ochenta en Holguín? Por supuesto que no, pero, en las propias versiones de lo ocurrido, los que aquí atestiguan brindan una valiosa información y un rotundo conocimiento de esos tiempos iniciáticos. Si pasamos líneas entre las coincidencias de cada texto, veremos el paisaje nítido que propició lo que muchos llaman en Cuba: el boom holguinero de esa década”, añade Lourdes.

“Mientras unos evocan con nostalgia, otros hacen gala de su síntesis, ese es un punto a favor de lo heterogéneo y nada absolutista que ha llegado a ser este cuaderno. Como toda conversación, la nuestra en torno a contar la historia fue poco a poco convirtiéndose en necesidad, y ahora que están las cuerdas atadas y las palabras escritas, a los que participamos nos queda la certeza no solo del buen tiempo vivido, sino de su armónica continuidad”.

Sin dudas este libro es necesario para volver la memoria a los 80, época fundacional en varios aspectos, pero también para continuar la creación en una ciudad que hoy es capital artística.

Fotos: Wilker López

Como parte de la jornada por el 33 aniversario de Ediciones Holguín se realizaron, en la sede de la editorial, los paneles Letras de Cuba desde Holguín, con Lourdes González, Eugenio Marrón y Manuel García Verdecia, y Poesía cubana en Ediciones Holguín, con José Luis Serrano, Kenia Leyva y Moisés Mayán. Asimismo, Ángela Peña y Fidel Fidalgo presentaron los libros Holguín. Capital por un día, y Alimentación y salud, en la Fábrica de Tabaco Feliú Leyva.

La jornada de homenaje incluirá, además, un recital poético integrado por Delfín Prats, Ronel González, José Luis Serrano, Kenia Leyva, Lourdes González, Eugenio Marrón y José Poveda.

Ediciones Holguín, una casa para la poesía

Por Moisés Mayán

En la segunda jornada de celebración del 33 Aniversario de Ediciones Holguín, la escritora y promotora Kenia Leyva realizaba una panorámica de los títulos de poesía publicados bajo este sello. Se refería al editor que abandona la pasividad del oficio para convertirse en un gestor cultural, quien con olfato de sabueso procura traer a su contexto y a su lengua, exponentes irrenunciables de las letras universales.

Foto: Onelio Escalona

José Luis Serrano, quien se ha sumado recientemente al equipo de editores, llamaba la atención sobre la presencia de cultores de las estrofas clásicas en el catálogo de Ediciones Holguín. Nombres como Gilberto Cruz Rodríguez (Pucho), Ronel González, Yunior Felipe Figueroa, YordankaHaramboures, Freddy Camilo Morffe, y el propio Serrano, han contribuido al asentamiento de la décima y el soneto en las publicaciones de esta casa de las letras.

Serrano enfatizó además en la alteración de la dinámica poética del territorio con la aparición de libros como La máquina de fallar del tunero José Alberto Velázquez, El estrecho margen de Edurman Mariño, o Play back, o los podios ofrecidos, de Youre Merino, textos galardonados con los premios Adelaida del Mármol o De la Ciudad, como es el caso de este último.

Me correspondió destacar la inclusión de poetas jóvenes en los planes editoriales defendidos por Ediciones Holguín. Desde 1986 cuando Lourdes González a sus 34 años daba a conocer el poemario Tenaces como el fuego, y un Alejandro Fonseca de 32, agregaba al canon literario local su Bajo un cielo tan amplio, Ediciones Holguín iniciaría una apuesta invariable por la poesía y por los jóvenes.

La cuota más arriesgada se alcanzó cuando en 1994 la colección Antología Mínima, publicara Reflexiones de un equilibrista, del joven de 19 años Ronel González Sánchez. A los 22 años vieron sus sueños convertidos en tinta sobre papel Senén Orlando Pupo y George Riverón. Pero Ediciones Holguín nunca ha desistido de confiar en los jóvenes, prueba de ello es la inclusión en su relación de autores de nombres como Kenia Leyva, Luis Yuseff, Yanier H. Palao, IrelaCasañas, Yuliuva Hernández, Orlando Andrade, Eliecer Almaguer, Fabián Suárez, y otros muchos.

Hace algunos años, César López (Premio Nacional de Literatura) definió a Ediciones Holguín como «centro imborrable de la verdad poética»; a ninguno nos cabe duda de que exactamente así.