Lina de Feria abre las puertas de su casa fundacional

Hay libros que son mitos dentro de la literatura de un país, obras fundacionales en el corpus de una nación: Casa que no existía, poemario escrito por Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945) cuando apenas sobrepasaba los 22 años, es uno de esas obras parteaguas de un momento histórico y de una generación poética. Se trata de un cuaderno que irradia una multiplicidad de emanaciones y afluentes entre las más jóvenes generaciones de escritores cubanos a más de medio siglo de publicado.

Casa que no existía recibió el primer Premio David de Poesía, en 1967, compartido con otro poemario mítico: Cabeza de zanahoria, de Luis Rogelio Nogueras, con un jurado integrado por Luis Marré, Heberto Padilla y Manuel Díaz Martínez; celebrando el pasado 2017 sus primeros y atendibles 50 años en el panorama de las letras nacionales.

Al revisar buena parte de la crítica relacionada a la obra poética de Lina de Feria, vemos cómo se torna presente este poemario inaugural. Cuando se escribe, sobre todo el conjunto de su poesía —amplio, por cierto—, a pesar de los años en que su obra no apareció en los planes editoriales, o sobre un bloque menos amplio, incluso sobre un cuaderno breve, Casa que no existía sale a relucir como el punto de partida de una solidez poco frecuente en quien desanda sus primeros pasos en la creación poética, una solidez que identifica, actualmente, una de las voces más interesantes del panorama literario cubano.

Efraín Rodríguez Santana en el prólogo que acompaña País sin abedules (Ediciones Unión en 2003), asegura 35 años después de publicado el poemario, que Casa que no existía “es de una madurez tal que gravitará en toda su poesía y marcará desde el inicio sus derroteros temáticos y estilísticos”. En tanto para el reconocido crítico Enrique Saínz, en el propio año de publicación el poemario mostró la “diferencia de su palabra, una voz otra en el contexto literario de aquellos años, con preocupaciones y búsquedas distintas, aunque sin desentenderse de los aportes del conversacionalismo”.

Mientras César López, en las palabras que prologan Absolución del amor (Ediciones Unión, 2005) ofrece entre las posibles claves para la lectura del cuaderno atender cuidadosamente a elementos como “la pérdida” y “lo perdido”, aquello que estuvo y ahora irremediablemente ha desaparecido como recuerdos de otra época, en lo que se asemeja, por ejemplo, al movimiento del feeling, tan cercano a la joven creación entonces y relacionado a nombres imprescindibles como Marta Valdés, Ella O´Farril y Pablo Milanés, y a los jóvenes nucleados alrededor de Ediciones El Puente.

El autor de Quiebra de la perfección apunta, además, rasgos de importancia no solo para comprender a la autora sino para analizar los rumbos del panorama poético cubano, entre ellos la “proyección de lo femenino oprimido”, el uso de “precisos referentes urbanos”, y la atmósfera “discretamente surrealista” que refleja Lina de Feria en sus poemas. El texto con el cual abre el cuaderno iniciático es muestra palpable de lo que se refiere César López en sus palabras:

“han tomado mi casa/ uno tras otro llegan venciendo su eternidad/ que les parece un obstáculo cercano y fácil/ me faltan el respeto y entran/ tirando al suelo máquina libros cigarros/ cuadros que conservaba. Los afiches/ todo desaparece/ todo es mi madre y su tiza de la Superior/ maggie conrado Úrsula/ mi ejército de la infancia/ mi tropa para huir a la loma del burro/ la soldadesca pura/ ha entrado junto a mí/ y esta casa ya no es mía/ luego se van con sus trajes absurdos/ se va el flaco habitante de la memoria/ rompiendo el blanco perdurar de los papeles/ para dejarme tirado en mi actual tamaño/ sujeto a un tiempo que no existe”.

Esta preocupación, la angustia y la lucha, comunes en la obra de Lina, serán también identificadas por Enrique Saínz al revisar su obra poética, cuando advierte un “caos de imágenes, recuerdos y angustias” en sus textos. Vinculando la aprehensión poética de la angustia y la percepción surrealista de la vivencia y la cotidianidad apuntadas por César López, Saínz descubre en los versos de Lina una “experiencia de lo irrealizable”, en “gradual reelaboración de sus temas capitales, entre ellos, el de la soledad, acaso el más relevante de su poética”:

“cuando mi vejez detenga el tiempo cargado de una brisa/ que haya perdido el espíritu que conmueve las hojas/ que arrasa la sequedad de los depósitos vacíos/ todo será real para entonces/ no seré el pedazo húmedo que espera sin descanso la llegada del joven dominguero/ (ese que acude a la cita convencional/ con el traje lleno de flores silvestres)/ más bien seré como los cuerpos imprecisos/ con el amarillento significado de un libro cualquiera/ tal vez Alicia en el país de las ilusiones/ un buen hombre apegado al gentío/ que conoce el peligro de las calles/ cuando los automóviles destrozan el viento/ llevaré el pecho roído por tanto cadáveres y memorias/ mi cabeza en tus hombros imaginarios vestidos de milicia/ yo corriendo por una calle para encontrarse en la feria/ las tardes de las primeras audacias/ cuando mi vejez detenga el tiempo/ estas cosas serán como recuerdos o crímenes/ la gran puerta amor mío para la resignación”.

Al prologar A mansalva de los años, segundo poemario de Lina de Feria, aparecido más de veinte años después de Casa que no existía y merecedor del Premio de la Crítica en 1991, José Prats Sariol advierte también la soledad como sentido de búsqueda interior, de reconocimiento por las inciertas materias espirituales en busca de la autenticidad.

Mientras Arturo Arango, al reseñar A mansalva de los años, propone como una de las lecturas posibles la “dialéctica entre el individuo y la historia”, o sea, la forma agónica, vital, incluso natural, propia de los cubanos de hacer historia cada día como parte de una cotidianidad visceral. Todo dentro de una “ética humanista” que viene a abarcar su poética. La escritora, merecedora en varias ocasiones del Premio de la Crítica, escribe en uno de los poemas de Casa que no existía:

“ha vendido sus cartas. ha quemado/ sus naves menores/ la familia se largó de Cuba/ dejándolo con su cinto viejo/ y los libros más políticos/ el techo se mira y es un puntal tan alto/ la casa está tan justamente sola/ el desayuno tan contrario a toda maternidad/ la firmeza no se explica en una cuartilla/ y el arte poética/ quede en su mirada de búfalo”.

Más tarde, al introducir De los fuegos concéntricos, el propio Arango identifica tres perspectivas diferentes de escritura: el discurso conceptual, filosófico, desnudo de la misma; las visiones delirantes, surreales, de violentas rupturas lógicas o imágenes de visualidad enloquecida y la cotidianidad como definición de un ser humano concreto, dueño de un pasado y de una vida cuya dolorosa biografía trascurre a lo largo de los poemas.

Sirva el aniversario 50 de un libro medular, constantemente citado y reverenciado por los escritores jóvenes, para repasar y acercarnos a la obra de Lina de Feria y sirva la fecha, además, para movernos el pensamiento y la razón sobre su justo lugar, y el de su autora, en la literatura cubana de todos los tiempos.

¿Qué otros escritores suscitan semejante interés en nuestras letras? ¿Cuántos han sido capaces de sustentar “a mansalva de los años” y los vaivenes de la existencia, una obra sólida, original, imantadora, como la de Lina? Ella mismo lo aseguró en una entrevista a propósito de la entrega del Premio Maestro de Juventudes de la Asociación Hermanos Saíz:

“He ahí, creo, un logro amplio a destacar. Haber conseguido un estilo propio. Y una obra propia”. Pienso también en un Delfín Prats que desde Holguín aflora todavía, en una especie de ostracismo sincero y natural, semejantes iridiscencias en las nuevas generaciones de poetas, aunque muchos sigamos esperando nuevos versos del autor de Lenguaje de mudos, poemario que este año arriba a su cincuenta aniversario. Y además, en una hornada de importantes autores que hoy viven más allá de las aguas territoriales de esta isla”.

Con el cariño y la admiración que le profeso a Lina de Feria me hago la misma pregunta que Jorge Ángel Hernández en su artículo Casa que no existía y las aproximaciones críticas a la poética de Lina de Feria: “¿Cuándo insertaremos el nombre de su autora en la prestigiosa lista de los Premios Nacionales de Literatura?”.

El tiempo pasa inexorable y el silencio parece ser la única pero no válida respuesta: no debe serlo, Lina de Feria abre las puertas de aquella casa fundacional e inscribe su nombre en las letras cubanas con el mismo ímpetu y la misma fuerza centrífuga de su obra lírica.

Por Erian Peña Pupo

Tomado de www.ahs.cu

Convocatoria del Centro Onelio: Curso de técnicas narrativas 2018

Los interesados en participar deberán enviar tres cuentos o un fragmento de novela y los siguientes datos personales: nombre y apellidos, carné de identidad, dirección, teléfono, correo electrónico, y un breve currículo, para ser evaluados por la dirección del Centro.
Por: Redacción Centro Onelio
23 de agosto de 2018

Con el objetivo de continuar estimulando la formación y el desarrollo de los jóvenes narradores, el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, convoca a los jóvenes narradores de toda la Isla, de 16 a 35 años edad, al próximo curso de técnicas narrativas.

Los interesados en participar deberán enviar tres cuentos o un fragmento de novela y los siguientes datos personales: nombre y apellidos, carné de identidad, dirección, teléfono, correo electrónico, y un breve currículo, para ser evaluados por la dirección del Centro al:

Centro Onelio
Curso de Técnicas Narrativas

5ª Ave #2002, esq a 20, Miramar, Playa
Ciudad de La Habana, CP 11300

El plazo de admisión de los textos cerrará el lunes 3 de setiembre de 2018. Se tomará en cuenta el matasellos del correo para verificar la fecha. No se admiten solicitudes por correo electrónico. Los aspirantes seleccionados serán notificados con suficiente antelación a la fecha de comienzo del curso.

El curso para los participantes de La Habana, Artemisa y Mayabeque será los sábados de 9:00 a 1:00. Los participantes de las demás provincias se reunirán en 2 encuentros nacionales de una semana de duración cada uno. Los gastos de transporte, alojamiento y alimentación para este grupo corren por cuenta del Centro Onelio. La asistencia y puntualidad son obligatorias.

Por más información escribir a Diana Castaños, Especialista de Relaciones Públicas a: dianacastanos@gmail.com

Tomado de www.centronelio.cult.cu

Presentado en Holguín Libro de René González

RENE GONZALEZ libro 1

Como una “crónica de la victoria colectiva que libramos todos”, calificó René González Sehwerert, Héroe de la República de Cuba, su libro testimonio “Escribo desde el banquillo”, presentado este viernes en la Sala de las Banderas del Museo La Periquera, de Holguín.

Víctor Rolando Vellido, presidente de la Sociedad Cultural José Martí en la oriental provincia, presentó el volumen de tres tomos, editado por el sello Capitán San Luis, y sobre el cual dijo que es una obra de agradecimiento, testimonio de la conciencia agradecida que se sabe hija de su historia y de su pueblo, revelación de la falsa judicial que condujo a los 5 combatientes cubanos a la cárcel y que emerge como la novela más veraz de la resistencia de sus protagonistas.

René reveló que el libro es la materialización de la promesa hecha desde prisión a su esposa, Olga, de escribirle un diario para acortar la distancia impuesta. Aseguró que tuvieron fe en la victoria -el retorno a la patria- desde el momento cuando decidieron convertir el juicio en otra Historia Me Absolverá.

De acuerdo con el autor, el libro tiene varios méritos, como revelar una historia que los fiscales trataron de ocultar y que los acusados se esforzaron por sacar a la luz, permite al lector conocer la verdadera esencia de las organizaciones anticubanas radicadas en Miami. “El lector podrá entender por qué tuvimos que defendernos de esos elementos.

Su sello fundamental es la convicción de que regresaríamos, como lo vaticinó Fidel”.
El libro se encuentra a la venta en la librería Villena Botev, en esta ciudad de Holguín. Como preámbulo de la presentación se entregó a Juan Millet, estudioso de la obra martiana, el reconocimiento Honrar Honra que concede la Sociedad Cultual José Martí.

Por Maribel Flamand Sánchez

Artículo y foto tomados de www.ahora.cu

Elogio de Manzanillo, ecos de la 46 Jornada Navarro Luna

Manzanillo es ciudad querible. Y por fortuna, los primeros que la hacen querible son sus gentes, que se enorgullecen de ella y que la quieren. El humilde poeta forastero, aunque no viene a ella por vez primera, siente una pueril fascinación como de estreno, un amor a prima vista, por su diseño vial, hecho como para que el caminante no se pierda nunca por sus calles, y una inclinación como de pariente cercano por los lugareños.

El poeta manzanillero Alejandro Ponce, amante de sus raíces y reconocido en el panorama literario nacional, me lleva, como el hermano que es, a andar por las vías colindantes con la emblemática glorieta central, y me habla con pasión genuina de las glorias pasadas y presentes de la urbe. Pareciera que conoce casa a casa, rincón por rincón. Y me dice: “Cuando me preguntan, yo digo que soy de Manzanillo, Cuba”.

Así, caminando con él, se me antoja que protagonizo y reverencio a un tiempo una de las décimas de Manuel Navarro Luna impresas en la contraportada del programa que me acaban de entregar los anfitriones:

Soñar en andar. Soñar

puede cualquier peregrino.

Pero hay que tener camino

para poder caminar.

Más que los pies para andar

y los ojos para ver,

lo que hace falta tener

es camino, duro o blando,

para poder ir cantando

hacia el nuevo amanecer.

La jornada

Me gustó esta edición 46 de la Jornada Manuel Navarro Luna por la atmósfera fraternal que reinó todo el tiempo entre escribas invitados y del patio, en contacto siempre con la población, y por el programa interdisciplinario bien concebido y llevado a vías de hecho por el Centro de Promoción de la Cultura Literaria que lleva el nombre del emblemático bardo calificado como el Poeta de la Revolución. La institución celebró así el cuarto de siglo de su fundación y los quince de la local Editorial Orto. El equipo del Centro, que dirige el poeta Ángel Larramendi, no solo me pareció capaz, sino además talentoso a nivel individual de cada uno de sus miembros. Y da gusto apreciar eso en una institución cultural de este tipo.

Evento teórico. Foto: La Demajagua

Consecuentes con la indivisibilidad entre los afanes creativos y la vocación de lucha por la justicia social, presente en nuestra cultura desde sus orígenes, y consecuentes con la significación de Manzanillo en esas páginas iniciáticas y las que le siguieron hasta hoy, los anfitriones nos permitieron vivir, entre los momentos más emotivos, la visita al complejo Demajagua, en el sitio sagrado donde Carlos Manuel de Céspedes protagonizó aquel episodio fundacional del 10 de octubre de 1868, del cual estamos celebrando en toda Cuba su aniversario 150. Versos allí se leyeron, con natural estremecimiento, al cual contribuyeron las palabras del historiador Delio Orozco González, cuya participación agradecimos en estos cuatro días.

En esa misma línea de tributos ineludibles, estuvo el homenaje al mecenas de la cultura manzanillera Juan Francisco Sariol, en los aniversarios 130 y 50 de su natalicio y muerte, en la que fuera imprenta El Arte, de su propiedad; la peregrinación y ofrenda floral a la tumba de Manuel Navarro Luna —aunque en su caso, desde luego, la reverencia fue toda la Jornada—; y también, por qué no, la íntima dedicatoria del espacio El autor y su obra, en el Museo Municipal, al poeta Felipe Gaspar Calafell, de larga y rica trayectoria literaria y actualmente aquejado de severos problemas de salud.

Yo, por mi parte, con la ayuda y compañía de los anfitriones, quise cumplir la deuda personal de rendir tributo al líder azucarero Jesús Menéndez, en el andén ferroviario de la ciudad, lugar en que fue asesinado el 22 de enero de 1948, hace ahora 70 años.

Presentaciones y ventas de libros, lecturas y declamaciones de obras en versos, conferencias, paneles, conversatorios, intercambios de escritores con estudiantes, trabajadores y población en general, configuraron la felizmente apretada agenda, de la que participaron poetas de disímiles puntos del país, en abrazo con los numerosos autores reconocidos con que cuenta la ciudad y toda esta provincia, y entre los cuales no me perdonaría dejar de mencionar a Luis Carlos Suárez y Lucía Muñoz, a Juventina Soler y a Andrés Conde, y que me perdonen entonces los demás por no hacer más extensa, como debiera, la relatoría.

 

Marlene Moreno, especialista del Centro Navarro Luna, es una prometedora poetisa, al igual que otros integrantes de ese equipo de trabajo. Foto: La Demajagua

Entre los creadores venidos de otras regiones, me resultaron significativos, por los desempeños que asumen en sus respectivos territorios, Yoandra Santana, líder natural de la Cruzada literaria de la AHS en Camagüey; Kiuder Yero, que despliega importantes roles en las Romerías de Mayo, en Holguín; y Sinecio Verdecia, de la Casa de la Poesía de la Oficina del Historiador de La Habana, para mí una de las voces más interesantes de la poesía oral afrodescendiente en la actualidad nacional. Pero más allá de la mención nominal, por supuesto, fue el clima fraterno que se generalizó, y del cual dio fe, quizá mejor que nadie, el poeta Diusmel Machado, Premio Iberoamericano Cucalambé 2010, en el sentido comentario que escribió en una de las informaciones publicadas sobre el evento en Trabajadores:

“Asistí nuevamente a la Jornada dedicada a Navarro Luna, y regreso a Guáimaro satisfecho y agradecido. Fue un honor y un gozo insustituible, confraternizar con el grupo de poetas invitados (los manzanilleros, hijos nobles de su tierra y de su lírica, junto a poetas cubanos como Carlos Esquivel, Pedro Péglez, Herbert Toranzo, Rigoberto “Coco” Entenza… y varios amigos más), y respirar el aire bendecido del mar, y acudir otra vez al altar de La Demajagua… Refrendar el honor que merece un poeta, y con él toda la poesía; compartir mis propios versos y juntarlos con los de todos, y especialmente entre los jóvenes estudiantes manzanilleros: horas inolvidables. Así pues, deber cumplido, amigos. Gracias otra vez al Centro Navarro Luna, a los organizadores y a las autoridades que gestionan y defienden estos días de patria”.

Resultados del concurso

La edición correspondiente del Premio de Poesía Manuel Navarro Luna lo mereció el poeta holguinero Moisés Mayán con su libro inédito Años de plomo, una obra que plasma “un mapa de confluencia simbólica, de un alto nivel de referencialidad histórica, empleando de modo acertado y atractivo el recurso de la prosa poética”, según expresa el acta del jurado presidido por Carlos Esquivel e integrado por Alejandro Ponce (ganadores de este lauro en años anteriores) y quien escribe estas líneas.

Moisés Mayán, reconocido poeta holguinero que mereció el Premio Manuel Navarro Luna. Foto: La Demajagua

Se otorgaron cuatro menciones, a los poemarios Como quien busca una isla, de Julio César Pérez Verdecia, del municipio granmense de Pilón; Voy a parir un país, de la manzanillera Roselia López Saborit —conocida en anteriores certámenes por su obra en décimas que sorprendió aquí con un conjunto en versos libres—; Tránsito a la nada, decimario de la tunera Niurbis Soler Gómez; y Un haz de tiempo y regreso, de Mariela Barrera Ramírez, autora de la ciudad anfitriona del evento.

El teatro Miguel Benavides fue la sede de la premiación, con la cual se clausuró la jornada, y durante la agenda prevista para la ceremonia leyeron textos anteriores laureados de este certamen y ofrecieron muestras de sus desempeños cancionísticos el trovador Axel Milanés y la cantante Yudria del Castillo.

Por Pedro Péglez

Tomado de www.trabajadores.cu

Arte joven al debate

La promoción del arte joven, el cumplimiento de la política cultural frente al avance de manifestaciones foráneas ajenas a nuestra identidad y valores, y la visibilización de los creadores de la vanguardia artística holguinera en diferentes circuitos, eventos y espacios fueron algunos de los temas debatidos en la Asamblea Provincial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) realizada el pasado 14 de junio en el Recinto Ferial Expoholguín.

La relación con los medios de prensa en el territorio; la necesidad de una crítica especializada enfocada al hecho cultural y su impronta en la población; el fomento del trabajo teatral, con énfasis en el titiritero, frente al déficit de actores; el burocratismo que en ocasiones lastra la actividad cultural; la consolidación de locales para ensayos y presentaciones musicales; y la necesidad de potenciar investigaciones de corte sociohistórico fueron también temas debatidos en un encuentro en el que estuvieron presentes Luis Antonio Torres Iríbar, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y su primer secretario en Holguín; Julio Cesar Estupiñán Rodríguez, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular en la provincia; Abel Acosta, viceministro de Cultura y Rubiel García González, presidente nacional de la AHS, entre otros directivos del Partido, el Gobierno, Cultura y demás instituciones en la provincia.

Los jóvenes artistas plantearon sus principales dudas y preocupaciones (foto Adrián Aguilera).

Previo a su tercer Congreso, que se realizará en octubre de este año, la Asociación que agrupa a la joven vanguardia artística e intelectual cubana hasta los 35 años, resaltó como parte de lo más sobresaliente del trabajo en el último período, las buenas relaciones de cooperación con el sistema institucional de la cultura en Holguín; los relevantes premios obtenidos por sus miembros en manifestaciones como artes escénicas y literatura; la apertura de la Casa del Joven Creador, y la reinauguración de Ediciones La Luz, prestigioso sello de la provincia y uno de los más importantes del país.

Intercambio y debate en la Asamblea Provincial de la AHS (foto Adrián Aguilera).

Además, se resaltó el sostenido trabajo en la realización de eventos de carácter nacional como las Romerías de Mayo, el Festival Nacional de Teatro Joven, el Premio Celestino de Cuento, el Festival de Música Electrónica Stereo G, entre otros cuyo principal objetivo es realizar una “actividad cultural que cautive a los públicos sin facilismos”.

El trabajo de los talleres en los centros educacionales; la comercialización de las obras de arte; la mejora de la conectividad de la Casa del Joven Creador, la ausencia de conexión en La Luz y la pertinencia del proyecto Conéctate a la Luz; la creación de espacios culturales en los municipios; y la necesidad de pertenencia de los asociados, estuvieron entre los temas tratados por los miembros pertenecientes a las células de Calixto García, Gibara, Banes, Báguanos, Moa y la Casa del Joven Creador de la cabecera provincial.

Intercambio y reflexión en torno a la cultura en la Asamblea Provincial de la AHS (foto Adrián Aguilera).

En su intervención, Rubiel García resaltó la necesidad de una aplicación coherente de la política cultural de la Revolución Cubana y un diálogo respetuoso pero crítico con las instituciones, además subrayó el trabajo de La Luz en el panorama de los sellos editoriales en el país.

“Si no existiera la AHS habría que inventarla y ustedes los holguineros deben sentir mucho orgullo por su Asociación, pues apostar por la cultura es apostar por el futuro”, subrayó.

Lilién Aguilera fue ratificada como presidenta de la AHS en Holguín, acompañada por los vicepresidentes Ernesto (Tiko) Hidalgo y el joven escritor y diseñador Frank Alejandro Cuesta.

Los jóvenes artistas plantearon sus principales dudas y preocupaciones (foto Adrián Aguilera).

Asimismo, fueron ratificados los jefes de las secciones de Literatura, Música, Artes Visuales, Crítica e Investigación, Audiovisuales y Artes Escénicas, y de las células municipales. También quedaron seleccionados las propuestas a la presidencia nacional de la Asociación y los delegados al Congreso. Entre estos últimos, además de los mencionados, se encuentran Armando Ruiz, Carlos Manuel Rojas, Karel Fernández Molina, Gabriel Cabrera y Raúl Damián Prieto. Además, fue reconocido el trabajo de Faustino Fonseca como director provincial de Cultura en el período analizado en la Asamblea.

En su intervención, el primer secretario del PCC en la provincia, Luis A. Torres Iríbar, comentó: “Yo he ido adquiriendo un orgullo de la AHS en Holguín. Por eso les digo que sigan haciendo, soñando, realizando esos sueños… y cuenten con nosotros para seguir avanzando”.

Fueron seleccionados los delegados al 3er Congreso de la AHS (foto Adrián Aguilera).

En tiempos donde se multiplica la banalidad y el mal gusto, urge escuchar a los jóvenes escritores, artistas e investigadores, y potenciar por todas las vías posibles el arte de vanguardia que realizan. Luis Saíz Montes de Oca escribió: No tenemos más que nuestras vidas y una obra inmensa que realizar. Esa obra que el joven pinareño no pudo concretar crece hoy en el eco inconfundible que irradia la creación joven desde la AHS.

Fotos Adrián Aguilera

Lenguas de marabú llega a Holguín

La autora Verónica Aranda, durante la presentación de Lenguas de marabú. Foto: del autor

Por Moisés Mayán

El  6 de junio la poeta española Verónica Aranda se convirtió en una amable silueta en las calles de Holguín. Nos habíamos conocido en La Habana durante el Encuentro Iberoamericano de Jóvenes Escritores en el pasado febrero. Fue allí, en el Centro Dulce María Loynaz, donde nos compartió a un grupo de autores su intención de conformar una antología dentro de la colección de literatura latinoamericana de la madrileña Editorial Polibea.

Verónica había acabado de presentar en la Feria del Libro de La Habana su libro Mapas (Ediciones Matanzas, 2017) y comenzaba a darse a conocer entre los poetas de la Isla. En España, premios como el Internacional Miguel Hernández, el Juan Goytisolo, y el Antonio Carvajal por citar unos pocos, avalaban la obra de esta joven autora nacida en Madrid en 1982, y licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense. Pero el motivo de la visita de Verónica a esta ciudad era presentar Lenguas de marabú, una selección de 24 poetas cubanos (12 varones y 12 hembras), muchos de ellos desconocidos por los lectores españoles.

La autora junto a escritores holguineros durante la lectura en la sala Abrirse las constelaciones  de Ediciones La Luz    . Foto: del autor.

A las 10 de la mañana Verónica junto a Luis Yuseff ofrecieron una lectura en la sala Abrirse las constelaciones de Ediciones La Luz, donde la visitante nos ofreció muestras de sus libros más recientes Dibujar una isla y Épica de raíles. En la tarde, el ambiente mágico de la casa de Lalita Curbelo Barberán, acogió la presentación de la antología Lenguas de marabú y la lectura de los poetas holguineros Luis Yuseff, Zulema Gutiérrez, Moisés Mayán y la capitalina Margarita (Ketty) Blanco. Los holguineros son mayoría en Lenguas de marabú, pues además de estos autores que concurrieron a la lectura, integran el volumen las poéticas de Jamila Medina, Yanier H. Palao y Antonio Herrada, el más joven de la camada.

Verónica protagoniza una suerte de gira promocional que comenzó el 29 de mayo en el Centro Dulce María Loynaz con la primera presentación de la antología en Cuba, dentro del programa de actividades del Festival de Poesía de La Habana. En el periplo están contenidas además de la capital provincias como Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Villa Clara y la bellísima Trinidad en Sancti Spíritus. Lenguas de marabú es un regalo para los autores cubanos, que agradecemos a la gestión personal de Verónica Aranda y a la Editorial Polibea en este esfuerzo por difundir la literatura latinoamericana y caribeña en el Viejo Continente.

 

La comodidad es fatal para un poeta

El poeta Moisés Mayán, premio Regino Boti 2018.

El jueves 7 de junio, durante la jornada de clausura de la XL edición del Premio Regino E. Boti, volvimos a escuchar el nombre de Moisés Mayán, pues su libro Carga al machete acababa de obtener el galardón en el apartado de poesía. Entonces me propuse llevarme la primicia y entrevistarlo antes de que tuviera tiempo de rumiar sus respuestas, algo que no pude hacer el pasado febrero cuando el poeta conquistó el Premio Calendario.

Con El factor discriminante le aplicaste un violento “golpe de timón” a tu obra que inició un desmarque dentro del lirismo que caracteriza buena parte de la poesía holguinera, de momento nos sorprendes con un nuevo cuaderno que también conquista un premio nacional, ¿qué está cociéndose ahora mismo en las calderas donde generas tus versos?

“En ocasiones uno se siente confiado sobre determinada plataforma, y no quiere abandonar su zona de confort, pero esa comodidad es fatal para un poeta. Si la poesía no te importuna ten por seguro que no moverá un solo nervio en el lector. Entonces abrí las ventanas y entró un poco de aire. Eso fue lo que hice con El factor discriminante. Los autores trabajamos con lenguaje vivo, el problema está en que muchos nos esforzamos para maniatar la movilidad de la palabra y terminamos convirtiéndola en una estructura sedentaria. Ahora bien, clausurar un espacio de tu creación personal y aventurarte a lo desconocido es un riesgo que no todos están dispuestos a asumir. Ni siquiera lo recomiendo”.

¿Qué pueden esperar los lectores de Carga al machete?

“Hasta ahora Carga al machete cuenta solo con el criterio de tres pares de ojos. Me refiero a los miembros del jurado que lo premiaron: José Luis Serrano, Mireya Piñero y José Ramón Sánchez. Desde mis días de estudiante de Historia, estaba un poco conmocionado por la brutalidad de las cargas al machete, por la forma en la que una vulgar herramienta de trabajo se transformó en un arma implacable, y quería escribir sobre eso. Solo hacia el final de la escritura me percaté que estábamos celebrando el 150 aniversario del inicio de las guerras de independencia. Carga al machete es un cuaderno que pretende hacer al lector partícipe de mis inquietudes y por eso fabrico el texto como si se tratara de un tren bala. Necesito transmitir un mensaje alto y claro. No puedo andarme con circunloquios”.

Mayán ha sido galardonado con el Premio Calendario, igualmente, en este 2018. Foto: cortesía del entrevistado.

Recibes el Premio Calendario en la Feria de La Habana y solo unos meses después el Boti, una pregunta se impone ¿qué papel juegan los premios en la formación del escritor?

“Alguien ha dicho que la literatura es algo así como un deporte de alto rendimiento. Me parece que hay mucho de razón en esa frase, porque a veces te llegas a sentir presionado. Conozco de autores que se fijan cuotas de por lo menos un libro al año. Publicar es absolutamente necesario, esa es nuestra razón de ser. Y ahí están los premios, con la disyuntiva de poner a competir tu obra, como si entrenaras perros de pelea. Tu libro contra los libros de otros poetas. Ganar o no ganar, pero en fin jugárselo todo. Los concursos son una vía legítima, el camino más rápido al texto impreso. Cada vez que surge un premio en nuestro panorama literario festejo ese nacimiento”.

El nuevo estado en el que se ubican El factor discriminante y Carga al machete podría entenderse como un nivel definitivo en tu poesía.

“Ni siquiera considero que estos dos libros puedan compartir el mismo estado, pero de algo si estoy seguro, no pienso que se trate de un período definitivo. Yo quería retornar a la prosa, a los ejercicios que había inaugurado con el El monte de los transfigurados, donde por momentos los textos padecían una hibridez inter-genérica que les aportaba cierto dinamismo. Pero además necesitaba desprenderme de algunas herramientas que se habían oxidado en mi taquilla, y eso significa una vuelta al lenguaje palmario, a la idea en sí, a la capacidad comunicativa del poema”.

¿Qué opinión te merece la joven poesía cubana?

“Ya cumplí 35 años. Ha iniciado mi cuenta regresiva dentro de la AHS, una organización que para mí no ha sido ningún fantasma, pues tengo mucho que agradecerle. Así que prefiero hablar de los más jóvenes. Dentro de las pasadas Romerías de mayo participé como jurado del Premio Nuevas Voces de la Poesía Cubana, y pude echarles un vistazo a fondo a 40 autores inéditos de casi todo el país. Mi opinión es que no tenemos de qué preocuparnos, hay modos y maneras bastante válidos, quizás les falte un poco de constancia para transitar de los poemas sueltos al libro, pero eso se aprende sobre la marcha”.

 

 

 

Fulgor de empuñadura de sable

 

Por Moisés Mayán

Nos han propuesto olvidar nuestra Historia. De golpe y porrazo. Sustituir una tradición de más de un siglo por un futuro importado. Como si fuera una simple maniobra informática. Enviar la Historia de Cuba a la papelera de reciclaje, y acto seguido, vaciar esa papelera. ¿Está seguro que desea eliminar 150 años de forma permanente? La propuesta encandila o enardece, depende del combustible que transportes en tu depósito. Uno necesita armas reales. Herramientas que no se afinquen en la arenga vacía, ni el ademán sobreactuado. El apacible tono del diálogo, el arte perdido de la conversación, la lectura en medio del necesario silencio, son capaces de demoler los discursos más eufóricos.

Creo que la poesía puede desmantelar un acorazado, porque el hombre que vive bajo palabra es en sí mismo un ejército. Apuntar que Ronel González ha publicado un libro más, sería incurrir en un lugar común dentro del panorama literario cubano, pero corroborar que este autor ha construido un arma estratégica, me convierte en cómplice de las estructuras que manifiesta Teoría del fulgor accesorio (Ediciones Ácana, 2016). El resurgir de la novela histórica en un puñado de narradores cubanos, y la asimilación de esas propuestas por el público lector, demuestra quizás la necesidad de escalar nuevas alturas.

La poesía que amplifica la Historia y la revisita desde la devoción, constituye un nivel ascendente en el conocimiento de los cauces que desaguan en nuestra inmediatez, pues posibilita la apropiación de figuras y hechos afincándolos en el plano de la sensibilidad, en la raíz misma de la sangre. Estos poemas que conmueven a vuelta de página, no han sido generados por un compromiso artificial, no son despojos de las intensas contiendas de lectura, ni mucho menos producto del oficio de quien conoce el serpenteo de la décima en la manigua del lenguaje. El hombre que escribe los textos de Teoría del fulgor accesorio fue haciendo a pie su historia, rumiándola al margen de todos los discursos, de los argumentos encartonados que la pedagogía nos insufla desde las mesas de las aulas.

Desprendido de cualquier dogma, Ronel González tuvo también su 10 de octubre; el grito del poeta y el Grito de Yara se superponen en las páginas de aire, las que anteceden a la tinta impresa. En las arenas de Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 2015, dos hombres escudriñan la negrura con los ojos fijos en el brillo de la marea, uno de ellos es Ronel González. Dicen que se escucha el chapotear de unos remos. Él sabe que no son pescadores. El 19 de mayo de ese propio año, al pie del monumento en Dos Ríos, un poeta lee bajo el sol del mediodía El peso de la cruz. Las aguas turbias y crecidas del Contramaestre le aventajan. Antes de escribir vive, no quiere que nada apeste a plantilla, a molde, a expresión falsificada. Su casa en La Aduana, cerca del río Miradero, se transforma en campamento. Allí anuda la hamaca de los héroes, a la sombra de parapeto donde sus libros le proporcionan una vibración acompañante, casi vegetal.

La décima que cuajó como plomo en sus primeras estrofas, vuelve a borbotear. Balas, balas es lo que necesita el lector, y si no, machete. Siente un relincho, pero es solo el carretonero que recoge la basura. No sabría explicar por qué se le parece tanto al general Quintín Banderas. En ocasiones, cuando chapea el patio en las mañanas de domingo surge frente a sus ojos un barranco, la destentada boca de un barranco. Inequívoco recordatorio de su peregrinación a San Lorenzo. Solo 98 páginas, como combates, como cargas al machete, y un estremecimiento me despabila, no soy yo quien lee, es el libro quien me escudriña. Estoy mirándome al espejo de la patria en un poema de Ronel González.

Nunca había aflorado en mí semejante tironeo ¿tiroteo? El rompecabezas de la Historia no puede completarse de un modo preestablecido, el tiempo no es lineal. Hablan Céspedes, Bernabé Boza, Antonio Maceo, Agramonte, Vicente García, Perucho Figueredo, y también Lezama, Zenea y Martí. Las armas de la guerra y las armas de la palabra nos vuelven invencibles. Me reconozco en la lectura, asomo detrás de alguna guardarraya, me ubico entre un dagame y un fustete para que me abrase la frente el sol de Cuba libre. Una mano invisible arranca las páginas del 6 de mayo. El Diario de campaña del Apóstol se transforma en otro mutilado. Pero Ronel no condesciende a ese desarraigo. Hay que conocerlo para saber que no va a tolerar la omisión de un día cardinal en la marcha de Martí hacia la muerte.

Amanezco enfermo: dolencia del espíritu que detiene el pulso y vuelve hosca la escritura“. Se nos pone la piel de gallina, como si alguien hubiera removido la losa de un sepulcro. Nos quedamos interrogándonos ¿acaso no son esas las auténticas páginas del diario? ¿Quiso Martí quebrar el mármol de los tiempos para que el santo grial de los historiadores cubanos terminara en manos de Ronel? No sería la primera vez que sucede algo semejante. Él dice que no, que es solo una recreación, la forma de sacarse las púas de esa dolorosa ausencia. ¿Y si hubo alguien que interceptó al poeta en sus expediciones por la Historia, un pescador que atrapaba sus carnadas bajo la noche bella de abril, o una anciana que escuchó la lectura de El peso de la cruz, y luego agradecida, le trajo aquellas hojas como mariposas sucias, o fue el mismo Martí sentado frente a él en la sala de La Aduana? No lo sé, Ronel repite que no, que es solo una mimetización del estilo martiano, un apócrifo, algo que pudo suceder pero que nadie sabe… Sin embargo los poetas mienten, y aunque este es un libro sincero, entre sus páginas 64 y 67 un insondable mecanismo se activa, un fulgor de empuñadura de sable, un misterio que acompaña.

Arrasado, como el texto de Valeriano Weyler, desemboco en la última página. No vamos a olvidar la Historia. No vamos a suprimir tantos ríos de sangre desaguando en el presente. ¿Está seguro que desea eliminar 150 años de forma permanente? Jamás. La teoría de Ronel es irrebatible. Llegue a los lectores su fulgor.

 

Prefectura de La Quinta,

entre dos arroyos sin nombre.

El pan del deseo de Jorge Luis Darcy

Cubierta de El pan del deseo del poeta mexicano Jorge Luis Darcy (foto cortesía del autor).

Por Ronel González Sánchez, poeta y crítico literario

Debido al azar concurrente, como gustaba de afirmar al grande José Lezama Lima, llegó a mis manos El pan del deseo del poeta mexicano Jorge Luis Darcy, publicado en 2017 por la Universidad Autónoma de Nuevo León y prologado por el destacado intelectual cubano Manuel García Verdecia.

Nacido en 1969 en Monterrey, Darcy es un autor que posee en su currículo títulos como Ese es el sitio (1998), El fruto y la espada (2005), Después vendrá el silencio (2009), entre otras elecciones y antologías dadas a conocer en su país y en Colombia, Perú y Nueva Zelanda.

Preocupado por las esencias y la unidad cósmica de la poesía, para Jorge Luis la poesía de algún modo posibilita el ordenamiento de la desmesura, de lo caótico primigenio a través de la supresión de lo antinómico sin prescindir de los equivalentes, en la semejanza de las pausas y las respuestas”, de ese universo que existe más allá de las palabras o de los versos, que persigue el creador y que, sin embargo, permanece oculto, enigmático ante los ojos del lector.

La obra de Darcy persigue inobjetablemente una posibilidad significacional mayor, algo que está y que no vemos, aunque es inevitable lo existente ante lo cual nos mantenemos escépticos porque puede ser una abierta referencia a lo invisible, al Misterio.

Lo simbólico inmanente del poema es, por lo tanto, una preocupación del que lo escribe, lo que no permanece en la ataraxia. Confabularse con lo imposible es, entonces, la tarea del poeta para acceder a la posibilidad. O sea, para explicarlo con términos utilizados por el poeta en numerosas oportunidades: a partir de una sustancia de donde proceden todas las cosas, según Anaximandro el apeiron, y del caos como instancia necesitada de orden, esa imposibilidad moviéndose en la infinitud, aspecto reiterado por el autor que constituye todo un concepto en ese cuerpo de ideas desarrollado sobre y desde su obra poética, como una creación que contiene su propia crítica, como una crítica que es también creación.

La “oscuridad” que pudiera verse como escudo o “disfraz” de esta poética para ocultar esencias y su intención de develar sin desnudar totalmente la obra, pudiera ser resultado de su asunción de la literatura como modo de vida y del traslado de las especificidades de la realidad circundante, de los rasgos de su personalidad y del cosmos intelectual que posee.

Su gusto por la imagen y lo hiperbólico, como si constantemente hablara en parábolas, es el rasgo fundamental de su estilo. A pesar del desconcierto inicial que pudiera dejarnos la lectura de su poesía, si desbrozamos y comprendemos el bosque conceptual de sus textos nos aproximaremos desprejuiciadamente a lo sensual recurrente en su lenguaje.

El autor de El pan del deseo no reduce los símbolos a un esquema frío de lo erótico. Cuando aparece la concupiscible fauna de su obra, sabe el poeta, por ejemplo, que entre los mitos antiguos la serpiente era considerada como la orgía de Baco y como uno de los símbolos principales, que el caballo era un animal lascivo y el perro significaba el impudor, que los latinos consagraban a Venus diversos animales marinos donde el delfín era llamado venerous, entre otras criaturas relacionadas con el andrógino que era visto también como un monstruo y del que Cicerón escribió: ¿no es un lamentable prodigio enviado por los destinos?

La unificación amatoria y sensual del objeto deseado con el encanto telúrico del paisaje conforma un mosaico de sedimentación, de esencialidad en esta poética. La superposición de imágenes para retener al otro, la memoria del otro que satura el trayecto de la poesía y emprende un viaje que comienza en el cuerpo y concluye en sus límites, es el trance espinoso de la obra donde el sujeto lírico parece desconocer otra posibilidad que no sea la pluralidad y desintegración continua de esos elementos.

En el ciclo orgánico que es el conjunto de la obra, la congregación de piezas, unidades coherentes con la sensualidad discursiva a las que el poeta accede sin instrumentales preconcebidos, edifican un ámbito otro que se complejiza a medida que penetramos en la infinitud propuesta. O sea, vista integralmente, la obra poética contenida en este libro, pese a las heterogéneas intenciones con que fue gestada, implica una ética en el personal modo de asumir la construcción y reconstrucción de sus límites, en el dominio de la racional como conjuro del deseo raigal articulado por el hablante y, por consiguiente, el engendro de ese islote-promontorio, que se diferencia entre las islillas más próximas y distantes, asiduamente arrasado por las ráfagas del huracán del deseo.

Aquí el sujeto lírico da continuidad a su asunción estremecedora y desprejuiciada de lo voluptuoso, representa una implacable búsqueda ordenada por lo recóndito que ocurre en el lenguaje.

Obra de madurez tempestuosa, la de Jorge Luis Darcy, más que habitual diálogo o pregunta sin respuesta posible, nos ofrece la posibilidad de acceder a códigos de universalidad nombrados una y otra vez por el poeta con la intención de que la obra perdure más allá de la comunión que establecen sus páginas con el lector. Pan del deseo ofrecido y aceptado como cotidiano aullido entre los buscadores a toda costa del Poema.

Noche del 30 de mayo de 2018

 

Un centro para promover la obra de Lalita Curbelo

La Torre era el sitio dentro de su casa en el que Lalita unía su amor hacia los libros y la patria. Foto: Lisandra Cardoso (Archivo)

La céntrica calle Frexes, de la ciudad de Holguín, atesora entre sus edificaciones de valor histórico y patrimonial al Centro Cultural Eulalia (Lalita) Curbelo Barberán, dedicado a promover la obra de la destacada poetisa.

Esa edificación, ubicada en áreas cercanas del otrora Hato de San Isidoro, resguarda unos mil objetos personales y documentos de la escritora, nacida el dos de febrero de 1930 en el poblado de San Germán, de la actual provincia de Holguín, y fallecida en 2002.

Dentro de la instalación se aprecian manuscritos con alusiones al mar y la naturaleza, presentes en la obra de esta mujer holguinera resaltó a la ACN Carmen Mora, especialista de la institución.

Subrayó que en el centro cultural se realizan recitales de poesía, conciertos, presentaciones de libros y conferencias dirigidos a preservar los valores de la literatura en la isla caribeña.

Restaurado recientemente, el edificio es una puerta abierta hacia el arte y los jóvenes creadores, que magnifican el valor cultural a la vivienda que fuera ocupada como residencia de Lalita como era conocida en el ámbito social y familiar.

El sitio rememora, además, el amor de la poetisa por los niños, a través de imágenes y memorias personales de la autora, cuyos poemas, cuentos, novelas y narrativas aparecen en conocidas publicaciones cubanas de la época, como el periódico El País Gráfico, las revistas Colorama, Romances y Carteles, entre otras.

Por Radio Angulo

Con información de Eileen Molina Fernández (ACN)

Tomado de www.radioangulo.cu