Ronel González Sánchez: la poesía continúa desvelándome

 

Por Erian Peña Pupo

Fotos cortesía del entrevistado

Publicado originalmente en la web de la Uneac

Ronel González Sánchez (Holguín, 1971) escribe muchas veces de madrugada. Probablemente las respuestas a las preguntas de esta entrevista surgieron también en la fecunda aurora holguinera, cuando la poesía insiste en desvelarlo, adquiriendo sentido las métricas, los ritmos, las palabras… Pero Ronel es, además, un escritor que interroga el pasado en diálogo fecundo, necesario; un artista cabal que busca la historia patria para nutrirse de ella, “como la mampara que descorre el poeta cuando se decide a interrogarla”.

Investigador, promotor literario, escritor para niños, guionista radial, humorista, Ronel cree que “no solo la historia se enriquece con la mirada de los poetas y narradores sino que es imperiosa”, pues es “una órbita, un odre temático, un coto significacional visitado y revisitado que de pronto muere y resucita en los cuadernos o documentos de los poetas”, añade.

Este 2019 ha sido para él un año bastante fructífero: recibió el Premio Raúl Ferrer por la Obra de la Vida como promotor de la lectura; el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir de la UNEAC de Isla de la Juventud en Poesía y Mención en Literatura para Niños en el mismo certamen; la distinción Hijo Ilustre de Cacocum, municipio holguinero donde nació, y recientemente la Beca Ciudad del Che y el Premio Ciudad del Che en poesía, en Santa Clara.

La excusa para el diálogo fue el Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019 que recibió por su proyecto ¿Cómo se manda un campamento?, pero conversamos, entre otros temas, sobre la relación entre historia y poesía, en la literatura cubana y particularmente en su amplia obra.

Con el proyecto de poemario ¿Cómo se manda un campamento? acabas de merecer el Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019, convocado por la UNEAC en Villa Clara. Temáticamente este cuaderno se relaciona con dos de tus libros anteriores: Teoría del fulgor accesorio y La marcha de la bandera. ¿Por qué este marcado interés, palpable en estos libros, en revisitar poéticamente la historia nacional?

La historia está entre mis principales intereses creativos desde que comencé a relacionarme con la literatura. Escribí mis primeros textos en abril de 1980, en un momento nacional muy complejo que coincide con el éxodo del puerto habanero del Mariel. Recién había cumplido nueve años y mi mirada era la de un niño nacido en un remoto pueblito de Cuba, que no entendía el instante ni su sentido, pero que bajo los efectos de la atmósfera que transpiraban aquellos días, no podía evitar acudir a la hoja en blanco para enhebrar versos, que a veces rimaban y a veces no, hasta que a los doce años supe de la existencia de múltiples estrofas como la décima y el soneto, y empecé a entrenarme en la escritura métrica, muy cómoda además para narrar sucesos e intentar aproximarse a la vida y la obra de significativas personalidades.

Sin embargo, no tuve verdadera conciencia de la historia hasta que estudié Arte en Santiago de Cuba y me relacioné con estudiosos de esos temas, para percibir que la poesía cubana, sobre todo la del siglo XX, al margen de las intenciones de algunos y la concreción de ciertos poemas dignos, había marmolizado a nuestros héroes, o peor, los había fraguado en cemento y recubierto con una pátina para simular bronce. De modo que gran parte de esa escritura se tornó tan panfletaria que hasta los mismos poetas comenzaron a rehuir lo que tuviera que ver con proezas y destinos épicos o que, atormentados hasta la médula, la emprendieran con la historia desde una postura tan mordaz que tampoco dejaba margen para acercarse a esas temáticas con una mirada más ecuánime; digamos que más fiel a la verdad histórica adquirida por el consenso de muchos investigadores y la elucidación del poeta, también historiador, dispuesto además a emitir criterios, a polemizar incluso, pero dueño de armas ajenas a las reconstrucciones historiográficas, para humanizar tópicos en los que escenarios y personajes volvieran a respirar, sin el fárrago y el frívolo repentismo de una “zona literaria” de las décadas del 60 y el 70 del siglo pasado, con la intención de volver a motivar a los lectores.

Y aspirar a que los más jóvenes no vean nuestro pasado como un abominable muro de piedras pletórico de cronologías/causas/consecuencias/situaciones sociales y políticas/programas/medidas/significados/vigencias… sino como un cuerpo realmente vivo, intenso, conflictivo, contradictorio, aneblado, denigrante, dramático, burlesco, jocoso, sufriente y hermoso como somos en realidad los seres humanos. Digamos que soy de los que se aburrió de ver desaliñados bustos de Martí y se dispuso a buscar con el alma a aquel inmenso poeta enamorado y fundador de revoluciones que dijo que por Cuba se dejaba clavar en la cruz.

Los historiadores han subrayado ciertas zonas de silencio que persisten en nuestra práctica historiográfica: las primeras décadas republicanas y varias figuras del período, los años posteriores al triunfo revolucionario de 1959. Partiendo de que sin el material investigativo sería difícil la escritura literaria, ¿crees que la literatura, específicamente la poesía, puede contribuir a arrojar o esparcir un poco de luz sobre estos momentos históricos o al menos ayudar a transmitirlos, a difundirlos, de otra manera?

Hace dos décadas aproximadamente, los historiadores han ido entendiendo la necesidad de escribir mejor la historia, de acercarla más a la poesía, a la narrativa, a los géneros periodísticos y, aunque en esos rumbos algunos libros dan la impresión de ser una modalidad de collage, la escritura de la historia en nuestro país quiere desbordar lo académico, la camisa de fuerza de los datos y las cifras, fríos como una granizada sobre un techo de zinc, la elaboración de rugosos e insufribles ladrillos, porque lo reclaman a voz en cuello estos tiempos que se esfuman a toda velocidad.

Es cenital la luz que ha aportado la visión transdisciplinar y la participación de la literatura artística. No solo creo que la historia se enriquece con la mirada de los poetas y narradores sino que es imperiosa, sin ir a los extremos, claro. El historiador, junto al escritor, o integrándolo, tiene que hacer más atractiva su obra, más placentera, más entretenida, o las redes sociales, los juegos computarizados, la telefonía celular y, en general la industria global del entretenimiento de una supractivada sociedad del espectáculo, poco a poco borrarán cualquier atisbo de visión creativa del pasado, de pensamiento acerca de cualquier cosa que no sea diversión, placer sensual, inmersión frívola en un suceder que nos devora.

En los últimos años ha existido una vuelta, y no solo en la poesía, al siglo XIX cubano, a las contiendas mambisas, a los líderes revolucionarios de esos años. Eso me lleva a otra idea: las primeras décadas de la República portaron una tradición cívica y revolucionaria desprendida de la propia guerra y reflejada, por solo mencionar algunos, en la obra de Byrne, Acosta, Guillén, Villena, etc. Y en los primeros años posteriores al triunfo de 1959, la epopeya de la Sierra, la clandestinidad, Girón, fueron centro del verso: Retamar, César López, Suardíaz, Jamís, Orta Ruiz, Guillén, etc.

¿Crees acaso que la poesía cubana actual se ha enrumbado por otros senderos y dejado a un lado una mirada a la historia? ¿Crees necesaria esa mirada historicista por nuestros poetas?

El ser humano, a menos que se enajene completamente, necesita saber de dónde viene, conocer su génesis, su pasado, por eso existen los historiadores, y los poetas, desde la reflexión y el cántico, siempre han sido cúspides o complementos en/de ese megarelato. El poeta es una criatura disonante que todo lo observa, lo valora, lo dignifica, lo ensombrece o sencillamente lo desecha, por eso es tan valiosa la visión que posee y puede aportar al hecho de historiar.

Hace algún tiempo ha regresado, tímidamente creo, la historia como materia de la poesía, y dentro de ese retorno hay ejemplos meritorios por su desenfado a partir del conocimiento verdadero y otros arrimos lamentables, como es lógico, pero sí, por supuesto que es muy necesario y útil que el artista de la palabra que sigue siendo el poeta emita sus juicios de valor, vierta o condense emociones o permita que las palabras trabajen desde/sobre la historia.

Se puede ser un clásico poeta de las alegorías, los símbolos, las estructuras tradicionales, las emociones contenidas o desbordadas, la experimentación… un poeta apegado a trasparencias discursivas o a cerrazones semánticas, a “inspiraciones”, facturaciones de lo más simple, barroquismos, transposiciones y aniquilaciones sintácticas, un poeta de la gracia meridiana que habita en lo espontáneo o un poeta de ingenierías lúcidas y ondulantes, no importa porque todo eso está implicado en la multivocidad de la poesía, el asunto es que la historia, como otros, es una órbita, un odre temático, un coto significacional visitado y revisitado que de pronto muere y resucita en los cuadernos o documentos de los poetas. Tan necesaria es la historia como la mampara que descorre el poeta cuando se decide a interrogarla.

De lo anterior se desprende otra cosa: Hay quien habla no ya del fin de la utopía, sino del fin de la utopía colectiva, que es otra cosa. Incluso de arrancar de cuajo parte de nuestra tradición literaria: escribir sin mirar atrás, sin deber nada. ¿Crees que nuestra poesía está falta de épica o que la épica actual se construye/edifica/sostiene de otra manera bastante diferente?

Vivimos en el vértigo y de esa sensación nos alimentamos hoy. Es otro instante del devenir universal. Lo fugaz nos abacora (me gusta esa palabra guajira), nos reduce. No creo que, aunque confieso que me asusta un poco la velocidad con que todo se borra, sea la muerte de nada, la decadencia de la poesía mundial o cubana, la anulación de la épica, el aborto de los discursos íntimos, el cese de la comunicabilidad textual, el traqueteo paradigmático que se evapora, el fallecimiento aparatoso del sujeto lírico, el despalabro o apalabrante desenfreno místico/mítico, la desnaturalización y destierro de las emociones, la dislocación ad infinitum de la lógica, la recontramuerte de Dios…

El ser humano reacciona con alarma ante cualquier sacudimiento. Claro, te zarandean la cuerda floja y pones el consabido grito en el cielo, aunque de inmediato hagas cualquier cosa por regresar al equilibrio. Desde hace miles de años vivimos contingencias similares y reaccionamos de modos parecidos. Inventamos y reinventamos constantemente la lírica y la épica. Hoy todo ocurre, como ha sido y será. La coexistencia es extraordinaria. En el gran milagro que constituyen el universo y la vida, la poesía, mínima fracción, admite la diversidad de lo macro porque también en ella espejea lo micro. No hay que devanarse ni rebanarse demasiado la mollera (otra hermosa palabra guajira), sino fluir en sintonía porque por fortuna, o quien sabe sino como castigo cuando la expulsión del Paraíso, nos ha sido vedado olvidar. Al menos para unos cuantos, que no quiero pecar por absoluto en nada de lo que diga o escriba.

Este año ha sido bastante fructífero para ti: en febrero, el Premio Raúl Ferrer por la Obra de la Vida como promotor de la lectura; en mayo, el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir de la Uneac de Isla de la Juventud en Poesía y Mención en Literatura para Niños en el mismo certamen; la distinción Hijo Ilustre de Cacocum, ahora la Beca Ciudad del Che y el Premio Ciudad del Che en poesía. Háblame un poco de estos premios y lo que significan en tu amplia trayectoria como escritor.

Todos los premios recibidos me producen una doble percepción de la obra creada: satisfacción e inconformidad. Por un lado me animan y por otro me sobresaltan. Como soy de algún modo un historiador no ignoro la historia de la poesía y, cuando comparo mis remedos con la potente tradición de la lírica insular me entra una desazón que no sé describir, por eso prefiero no comparar y recibo los premios con supremo agradecimiento y entusiasmo, sin dejarme cegar ni envanecer porque Cuba está llena de hombres grandes y humildes y, además, yo soy de Caguairanal, un caserío extraviado en el monte de San Pedro de Cacocum. Con un referente tan ilustre como es José Julián Martí Pérez, un poetazo humilde de la calle de Paula que vino a morir a Boca de Dos Ríos, en Jiguaní, me siento con una deuda de gratitud tan responsable que no me puedo permitir vanaglorias. Ni los premios ni los muchos libros dicen nada, o sí, hablan de una avidez incesante por crear, por ser hasta donde sea posible.

No quisiera pasar por alto tu interés investigativo acerca de la obra poética de Delfín Prats, consolidada en tu libro Temida polisemia. Estudio de la obra literaria de Delfín Prats, publicado por Ediciones Áncoras en 2016. Hablemos un poco, pues el tema daría de por sí para otro cuestionario del libro y la importancia que, para nuestro corpus poético, que es arcilla de nuestra identidad nacional, le atribuyes a la obra de Delfín.

Escribir acerca de Delfín Prats fue un reto como investigador y un acto que asumí como justicia. Delfín es un poeta cubano que con pocos textos tiene un sitio seguro en nuestra historia literaria. Como soy un lector de poesía me considero capaz de detectar dónde está y dónde no, y un hombre que escribe: Tigris arriba los argonautas cantan/el anón presta sus ojos al ave consagrada a Juno y Cnosos se extiende/ al amanecer cada fresco y cada balcón y cada cúpula en Cnosos extienden/ canción adentro bogando palmerales/ pueblos que un día me consolaron patria con jitanjáforas y güiras/ qué desnudo mi corazón cuando amanece y tiendo el velero de mis brazos un poco más allá/ no puedo contra la redondez del mundo… con ese demoledor verso final, además de otros poemas, claro, es un Poeta inobjetablemente. Alguien que admiro y a quien considero merecedor de mayor reconocimiento por parte de las instituciones culturales, porque ya tiene el premio de los lectores, que es a la larga el más importante.

Poeta, investigador, promotor literario, escritor para niños, guionista radial, humorista, asiduo a peñas y espacios literarios… Siempre tramando o maquinando algo: un libro, un proyecto, un ensayo, una entrevista ¿Ronel, cómo te las arreglas con el tiempo? ¿De todo lo anterior, si tuviéramos que dejar solo una de las definiciones, con cuál te quedarías finalmente?

Hace poco escribí que soy madrugador desde hace más de treinta años. La madrugada se conecta, de facto, con esa trabazón lúcida donde se desborda lo creacional y adquieren sentido las métricas, los ritmos, las palabras. Luego permanezco en silencio ante una multitud de libros que intentan procurarme paz, aunque generalmente solo consiguen incrementar mi desconcierto, hasta que sea nuevamente la madrugada y me apoltrone en mi claustro como un conventual del Medioevo en espera de la epifanía, porque soy poeta, estoy seguro, la poesía continúa desvelándome.

 

 

EL SEDICIOSO

 

Quebrantado y desprovisto,

el perturbador infausto,

avanza hacia el holocausto sobre un asno,

como Cristo.

 

Entra en el monte imprevisto y ajado

la confidencia.

 

Un hombre pone cadencia

a la rebeldía invasora,

y su anulación sonora paga la desobediencia.

 

En sucesión corrosiva

pasan,

confusos,

los gestos

de los caudillos expuestos

a la fobia anulativa.

 

Van,

sin otra alternativa,

hacia el montaraz peñasco amotinado,

el chubasco reconstituyente,

el miasma del hambre,

la cataplasma,

la fiebre,

el salcocho,

el asco.

 

Ante el burdo antagonista

desfilan caricaturas,

desharrapadas criaturas

en la maniobra ironista

de asumir la reconquista patriarcal,

que se acrecienta bajo la noche harapienta,

cota del día desnudo,

el ímpetu por escudo

y, al dorso, la impedimenta.

 

Soliviantadas colmenas en los trillos de la Nada.

 

Toros contra la emboscada.

 

Provisiones casi obscenas

para cantar en cadenas vivir es vivir…

 

Porfía por un cuero de jutía

curtido en los pantalones

e infectas ulceraciones que asolan la ranchería.

 

Por ciénagas,

a hurtadillas,

avanza la tropa agreste,

aunque la razón le apueste en contra,

y las pesadillas naden hacia las orillas

de la destrucción.

 

A gatas,

sobre las hiedras pacatas

que retardan las contiendas,

escudriñando las prendas de los muertos,

como ratas.

 

Cuando el monte no se abra más con odio

y no amanezca para que el mambí padezca

en la espesura macabra.

 

Cuando cese la palabra

que ordena estar al acecho

del usurpador maltrecho,

también,

por las piedras rotas,

habrá un himno hecho de gotas de sangre

y tiros al pecho.

 

Tenaz frente al vilipendio,

lejos queda el municipio,

que empuñó,

desde el principio,

el pabellón del incendio.

 

La Ciudad,

arduo compendio de afanes,

arde en la pira.

 

El esplendor no es mentira.

 

Hay un fulgor accesorio

que ilumina el territorio.

 

La patria, en sombras, respira.

 

 

 

 

VINDICACIÓN DEL PADRAZO

 

En cuanto a mí, soy una sombra que vaga pesarosa en las tinieblas. Para mí, ni un día de sol!

Carlos Manuel de Céspedes

Diario perdido,

Lunes 12 de enero de 1874.

 

Ante el frívolo barranco

que embiste casi indefenso,

el mártir de San Lorenzo

entra al honor por un flanco.

 

Lo transmutó el odio en blanco

de intrigas y proyectiles,

cuando los correveidiles

del rencor que desampara

no calcularon que Yara

menosprecia a los serviles.

 

En la escéptica maraña

de la fronda que se implica,

donde lo fastuoso abdica

y lo sensitivo daña,

es un altar la montaña

para el solemne ejercicio

del irreverente juicio,

y en su coto nada pulcro

un proyecto de sepulcro

silvestre para el patricio.

 

Cada vez que la rotunda

noche engaña al centinela

hay una campana en vela

y un jagüey que la secunda.

 

No habrá hondonada profunda

que le restaure la piel,

pero si con voz infiel

murmura turbado el viento,

desde el plácido aposento

va al monte Carlos Manuel.

 

Recibe Premio Nacional Beca Ciudad del Che poeta de Holguín

Por Rosana Rivero Ricardo

Foto: UNEAC

¿Cómo se manda un campamento? es el proyecto de libro de poesía por el cual el poeta holguinero Ronel González Sánchez  mereció el  Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019, convocado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) de Villa Clara.

El también narrador y humorista aborda una vez más la temática de las guerras independentistas del siglo XIX cubano, la cual ha estudiado y  le apasiona por herencia directa, al ser bisnieto del capitán mambí Pedro, a las órdenes del Mayor General Calixto García.

Antes concretó su Teoría del fulgor accesorio, una revisitación desde la décima a la Historia de Cuba y el poemario La marcha de la bandera, libro inspirado en héroes y sucesos históricos del siglo XIX.

“No soy un historiador puro, soy un poeta que escribe acerca de la historia. He tratado de indagar desde la poesía en el mundo independentista cubano. Me interesan otras épocas, pero esta es tan vasta y profunda que resulta compleja y me quedé en ella”, comentó.

El lauro será entregado oficialmente el próximo 6 de octubre en el Mausoleo del Che Guevara, en Villa Clara.

El 2019 ha sido especialmente fructífero para el poeta, quien recibió en febrero el Premio Raúl Ferrer por la Obra de la Vida, como promotor de la lectura; y en mayo, el Premio Nacional Francisco (Paco) Mir en Poesía y Mención en Literatura para Niños en el mismo certamen, convocado por la UNEAC de Isla de la Juventud, por el libro Clavar en la cruz.

 

Dibujos de Cosme Proenza reinauguran galería de Cacocum

Palabras a propósito de la muestra Dibujos, del Maestro Cosme Proenza Almaguer, inaugurada en la reapertura de la galería Wifredo Lam en Cacocum, municipio sede de las actividades provinciales por el 26 de Julio en Holguín

Por Erian Peña Pupo

Fotos cortesía de Cosme Proenza

Pintor, dibujante, ilustrador y muralista, Cosme Proenza Almaguer (Báguanos, Holguín, 1948) ha conformado una sugerente y sui generis cosmovisión pictórica que lo hace distinguible en el ámbito artístico contemporáneo, más allá de las fronteras nacionales.

Graduado de la Escuela Nacional de Arte, en La Habana, y del Instituto de Bellas Artes, en Kiev, Ucrania, Cosme ha creado, en series como Manipulaciones, Boscomanías, Los dioses escuchan, Mujer con sombrero, y Variaciones sobre temas de Matisse, reconocibles mitologías individuales, donde lo simbólico y lo mítico, mediante el uso de signos e intertextualidades, acompañan al ser humano en un vía crucis artístico a través del estudio de los códigos del arte europeo. Su obra está basada principalmente en el análisis: “Soy un investigador que trabajo con los códigos del arte europeo”, asegura.

 

Precisamente esto –el énfasis analítico, la apropiación de referentes– lo convierten en uno de los pioneros del posmodernismo cubano, cuando en el escenario insular otras corrientes predominaban. “Mi vida ha sido la interacción, no el reflejo. Somos un maremágnum de mezclas. Soy un resultado más de eso. Reflejo algo que tiene que ver con lo cubano, pero no con lo cubano sígnico, pues Cuba es más que eso”, comenta. “Lo grande que tiene el arte es precisamente su capacidad de expansión. La belleza es imperdonablemente adhesiva, no hay manera de escapar de ella”, añade Cosme Proenza.

Estas piezas en la remozada galería de Cacocum “Wifredo Lam” –el más universal quizá de los pintores cubanos–, nos muestra a un Cosme Proenza que ha caminado con soltura por diferentes técnicas, potenciando la plenitud de su impronta. Las más anteriores en el tiempo fueron firmadas a inicios de la década de 1970 y las más cercanas, en los primeros años de este milenio. Su obra es posible –además de su talento sin igual– gracias a Holguín, lugar al que afinca su residencia física y espiritual. Por Holguín –nos ha dicho– ocurrió el “encuentro” o “encontronazo” entre la cultura europea y quienes habitaban el archipiélago mayor del grupo de las Antillas; por Holguín, en las aguas de la bahía de Nipe, sucedió el hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre… Por aquí llegó la tradición y se acrisoló la identidad del cubano: permanencia y continuidad, lirismo y erotismo, lo lúdico y lo mítico… conviven en su obra.

Cacocum –el pueblo de las verbenas de San Pedro y San Juan– reabre su galería con la mirada de Cosme Proenza, un creador que integra el imaginario colectivo del cubano y sus múltiples resonancias universales, y se reafirma como entre los artistas hispanoamericanos dueño de una de las cosmovisiones más originales en los últimos tiempos.

Fiesta del humor con el Satiricón

Por Erian Peña Pupo

Foto cartel cortesía del comité organizador

El V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón se realizará en Holguín entre el 25 de febrero y 3 de marzo, y estará dedicado al 25 aniversario del Centro Promotor del Humor y a los 80 del Teatro Comandante Eddy Suñol, institución que acogerá el evento junto con la Universidad de Holguín y la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

En conferencia de prensa, realizada en la sala “Los gavilanes” del Teatro Suñol, Kike Quiñones, director del Centro Promotor del Humor, Eider Luis Pérez, integrante del grupo Etcétera, anfitrión de la cita, y Yanet Pérez, presidenta del Consejo Provincial de las Artes Escénicas, anunciaron las principales novedades de esta edición del evento, con auspicio de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la Uneac y la Dirección Provincial de Cultura.

Esta edición –además del 25 aniversario del Centro Promotor del Humor y la misma cantidad de año en escena de su director Luis Enrique Amador Quiñones, Kike Quiñones– celebrará el cuarto de siglo de las agrupaciones La oveja negra y Komotú. La primera de ellas integrada por Leandro Cáceres, Maikel Castillo y Luis Alexis Pérez Mora, Nwito, mientras la nómina del guantanamero colectivo de Komotú se compone por Miguel Moreno, La Llave, Alexis Ayala, su director, Yasnay Ricardo, Anachelis Matos.

La Sala “Raúl Camayd” del Teatro Suñol acogerá la gala inaugural con la actuación de Caricare, Etcétera, La leña del humor, Komotú, La oveja negra, Kike Quiñones y Los hepáticos (Rikimbili y El colorao). Estas agrupaciones y exponentes del género humorístico cubano se presentarán, a las 7 y 9 de la noche, en la Sala “Alberto Dávalos” y en la mencionada Sala Camayd del Suñol: el día 26 Komotú, Los hepáticos y La oveja negra junto a Caricare; el 27 La oveja negra, y Komotú junto a Kike Quiñones; el 28 Etcétera, y La leña del humor con Kike Quiñones; el 1 de marzo La leña del humor y Etcétera; y el 2 Caricare, Los hepáticos, y Ángel Ramis (Cabo Pantera) y Julio César (El habanero). En el espectáculo de clausura en la Sala Camayd se presentarán El habanero, Pantera, Kike Quiñones, Caricare, Rikimbili y El colorao, Etcétera y La leña del humor.

En esta edición el evento llegará también a varios municipios holguineros: La leña del humor y Etcétera se presentarán en Calixto García; Los hepáticos y La oveja negra en Moa; Kike Quiñones en Banes, y el Cabo Pantera y El habanero en Báguanos. Además se harán extensivas las presentaciones humorísticas a las principales sedes universitarias holguineras, con la presentación de Los hepáticos, La leña del humor y Komotú.

Otro rasgo distintivo –advierten sus organizadores– será el Evento Teórico Satiricón 2019. Con sede en el patio de la Uneac holguinera tendrá como ponentes al Dr. en Ciencias Alejandro Torres Gómez de Cádiz y Hernández, Ariel Zaldívar, Ronel González y David Ledesma. Mientras en la sala “Los gavilanes” del Suñol, Kike Quiñones impartirá la conferencia “La teoría del simulacro. Humor escénico cubano contemporáneo”, y en la Uneac quedará inaugurada la muestra Humor gráfico Satiricón 2019.

Además, el sábado 23 se realizará el acostumbrado juego de béisbol entre miembros de diferentes medios de prensa y los humoristas, en el estadio Mayor General Calixto García. Mientras el Café Literario que cada jueves conduce en la Uneac el intelectual Manuel García Verdecia estará dedicado al humor en la literatura. “Es importante destacar que eventos como este son pensados para los territorios en los que se desarrollan y traen la vanguardia del Centro desde el punto de vista artístico”, comentó Kike Quiñones.

El Festival de Humor para Jóvenes Satiricón, considerado el más importante que se realiza fuera de la capital cubana, presenta los espectáculos más importantes del año anterior e incluso los que se desarrollando en este, y defiende nuevas maneras de interactuar con el público holguinero en la búsqueda de un humor escénico y teatral de calidad y buen gusto, en consonancia con los presupuestos del Centro Promotor del Humor.

 

 

Gana “Punto de Giro” Gran Premio de festival del humor en Granma

Cacocum

Según escritura pública del 9 de julio de 1599 quedó establecido Cacocum como Hato independiente que hasta ese momento
formaba parte de la hacienda Cauto-Saos-Cacocum, pasando estos hatos a lo hermanos Gabriel de Salinas (Saos – Cauto) y
Alonso Cepeda (Cacocum – Saos). Sus primeros pobladores se dedicaron a la ganadería y a la agricultura de consumo
correspondiendo al patrón económico social de la región holguinera.