Visiones sobre el odio

Por el Ms. C. José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia

En Holguín existe un extenso y rico territorio que sorprende a los estudiosos de las guerras de independencia. Nos referimos a una región que ha sido llamada como la zona de influencia del puerto de Gibara. Los historiadores a esa zona alrededor de un puerto la llaman el hinterland, término que nosotros utilizaremos.
El territorio comprende gran parte del norte del oriente cubano y conforma los actuales municipios de Gibara y Rafael Freyre, de la actual provincia Holguín. Durante las guerras de independencia se le llamó “La Covadonga Cubana” o la “España Chiquita”.

Una parte de sus vecinos defendieron el imperio español con gran convencimiento. Todo parece indicar que sentían un profundo odio contra los independentistas. Existen diversos testimonios al respecto.
El Diario de la Marina, el 8 de diciembre de 1868, informaba:
Gibara, según se nos dice está hecha una pequeña plaza fuerte, rodeada de estacadas, trincheras y otras obras de defensa entre las cuales descuella un hermoso fortín triangular, rodeado de profundo foso y con su puente levadizo, cuya construcción dirigió y costeo el patriota y hacendado señor Caldero…. (1)
Un ejemplo del convencimiento de los integristas de esta zona se dio durante el ataque a Auras que, en abril de 1873, realizó Calixto García. Un grupo de vecinos se refugiaron en la casa del comerciante Manuel Argudín. La residencia fue incendiada. Un oficial mambí cuenta que “… a pesar de que se les brindó el perdón y se les proponía no tocarles. Prefirieron morir quemados haciéndonos fuego a rendirse” (2)

La situación se repite, en buena medida, con el estallido de la guerra de 1895. Aníbal Escalante Beatón, oficial del ejército insurgente escribió un extenso texto sobre la campaña dirigida por el general insurrecto Calixto García. En el hace referencia a una incursión a la zona de Gibara:
Poblada como estaba la comarca por una mayoría notables de inmigrantes canarios, cuyos sentimientos reaccionarios eran de todos conocidos, los cubanos progresistas la consideraron siempre como una zona enemiga de la revolución, tildándola, al efecto de España Chiquita, con cuyo mote deprimente era conocida por los patriotas. (3)
El estudio del integrismo es una asignatura pendiente de los historiadores cubanos. Se han realizado pocos análisis.
El historiador Francisco Pérez Guzmán, (4) refiriéndose a la pasión que matiza muchos de los estudios sobre las guerras de independencia de la mayor de las Antillas, afirmó en una entrevista (5) que muchos de ellos parecen estar escritos por algún miembro del Partido Revolucionario Cubano (6) o del ejército mambí. (7) De esta manera, el destacado historiador pone de manifiesto la subjetividad que ha predominado en la historiografía cubana, con lo cual se ha caído en extremos de parcialidad que han llevado, en unos casos, a santificar a los libertadores insulares y, por la otra, a satanizar a los integristas, con lo cual se han perdido muchas oportunidades de hacer estudios más equilibrados y objetivos sobre esta trascendental etapa de la historia de Cuba.
Esta falta de objetividad en algunos análisis de la guerra, quizás sea la causa de que los integristas han llamado poco la atención de los estudiosos de la historia de Cuba. Sin embargo, la mayoría de los peninsulares, canarios y baleares establecidos en la isla actuaron con bastante energía a favor de la integridad del imperio.

También muchos descendientes de colonos franceses del sur de oriente y no pocos cubanos pensaban igual. Incluso negros y mulatos pelearon en las filas coloniales. Las referencias más comunes a estos partidarios de España se concentran, casi siempre, en La Habana y en el Cuerpo de Voluntarios. Se les culpa de numerosos crímenes; pero esas turbas cometieron todo tipo de exceso, prácticamente, en todo el país.

Durante la etapa álgidamente triunfal de la Revolución de 1959, algunos historiadores oficiales utilizaron de un modo unilateral el concepto pueblo, y consideraron solo como tal a los que peleaban por la independencia o simpatizaban con ella, descalificando o excluyendo a amplios sectores que por diversos intereses y razones defendieron el pabellón español. El idealismo político trasladado al campo historiográfico llevó a que los crímenes, robos y excesos de cualquier tipo solo eran perpetrados por la metrópoli y sus acólitos; en tanto, las fuerzas independentistas y sus colaboradores quedaban exonerados de toda responsabilidad en actos criminales desmesuras civiles o morales, como si, por la sencilla razón de pelear por una “causa justa” ya los convirtiera en paradigmas de justicia y racionalidad.

Tales perspectivas, en la mayor parte de los ejemplos, se adoptaba de modo inconsciente y llevaba también al desconocimiento no solo de los errores o manchas presentes en el campo mambí, sino a no ver o a no poder apreciar en la medida que corresponde los actos de perseverancia, valentía y hasta de altruismo y otros valores de los contrarios. Inclusive en la parte oriental, donde el independentismo tuvo un peso determinante, los integristas combatieron en ocasiones con mucho valor a los insurrectos.

Por supuesto, lo que se ha divulgado de un modo mayoritario por la historiografía cubana han sido los abusos y crímenes de la parte peninsular dentro de la cual, es conveniente aclarar, no todos eras españoles, pues también contó con el apoyo de criollos blancos, y de negros y mestizos de distintos niveles o estamentos sociales.

Hay muchos ejemplos acerca de la leyenda negra que se ciñe sobre el accionar metropolitano en la isla; uno de ellos es que al ser hecho prisionero el general insurrecto, Pedro Figueredo, fue trasladado a la ciudad de Manzanillo en un buque de guerra con otros dos patriotas. Pese a que en esta ciudad se había iniciado la contienda de 1868, y Perucho tenía una amplia fama de independentista, cuando se divulgó la noticia de su presencia en el puerto se creó un estado de indignación colectiva en un grupo de vecinos de la ciudad, lo cual indica que no todos eran partidarios del independentismo. Según un cronista de aquellos acontecimientos:
El cañonero ancló fuera de los muelles, medida que hubo necesidad de adoptar, porque las turbas recorrían las calles pidiendo la cabeza de los prisioneros. (8)
En La Habana una multitud tan furiosa y convencida de su odio, como la de Manzanillo, quería linchar a los estudiantes de medicina acusados, en noviembre de 1871, de profanar la tumba de un periodista español ultimado por los independentistas. Ocho de ellos fueron condenados a muerte y ejecutados. y a otros muchos a diversas penas de prisión

Esta es la imagen que se tiene de los integristas, la de individuos sedientos de sangre, dispuestos a agredir al primer inocente que encuentre a su paso sin tener motivo alguno que no fuera el dar rienda suelta a sus odios contra los cubanos.

Tal parece que son una de esas pinturas de Goya sobre el dos de mayo de 1808, en Madrid, donde los franceses integrantes de los pelotones de ejecución no tienen rostro. Esa multitud de voluntarios del 68, enardecida y cruel, tenía rostro, nombre y sobre todo motivaciones para cometer esos excesos. Por regla se pierde la objetividad y se les condena sin escuchar sus razones.

Sin embargo, los integristas forman parte de la historia cubana. Muchos de los cubanos actuales tienen un antepasado integrista, tan convencido como su bisabuelo mambí. Fue un independentista, como José Martí, quien pidió a la posteridad una valoración menos apasionada sobre estos incondicionales a la metrópoli. Al hacer un análisis sobre las causas que llevaron a los voluntarios de La Habana a asesinar a los estudiantes de medicina nos dice Martí:

En verdad, aquel crimen, concreción y estallido de fuerzas hasta entonces confusas, no tan claramente manifiestas, puede ser, y ha de ser, objeto de hondo estudio, en que se acomode el resultado sangriento a los agentes sordos, y de siglos, que se enconaron y revelaron en él. (9)

De esa forma el cubano genial dejó un reto a los estudiosos de la historia patria que le continuarían. Casi por regla, el integrismo se analiza siguiendo los senderos de las instituciones en que se apoyó. Así en la contienda de 1868 siempre estarán muy presentes los llamados Casinos, mientras en la guerra de 1895, un factor esencial es el Partido Unión Constitucional. En ambos casos estamos, casi ante élites que promueven una reacción en defensa de la supervivencia del imperio. Pocas veces se tiene en cuenta al hombre y mucho menos a la mujer común, sus intereses y motivaciones.

En el caso de los canarios el asunto es más complejo, pues no conformaron la élite de poder del colonialismo. Lo que pensaban los vegueros de Gibara, en el oriente o La Palma, en Pinar del Río no era tan importante para quienes presidían los casinos españoles en el 68 o el Partido Unión Constitucional en el 95. Por lo que nuestro estudio se concentrará en analizar la visión del canario común.

Sin intentar dar una respuesta definitiva a un asunto tan subjetivo como las motivaciones y mucho menos hacer el “hondo estudio” que pidió el Héroe Nacional de la Cuba, hemos realizado algunos análisis sobre las motivaciones de los integristas y, en particular, sobre el caso de los canarios. Intentamos entender la “concreción y estallido de fuerzas hasta entonces confusas”.

A partir de este artículo y como parte de la conmemoración del 150 aniversario de las guerras de independencia publicaremos una serie de artículos sobre ese acontecimiento. Entre ellos nos referiremos a los integristas como se les llamaba a los defensores del imperio español y los motivos de sus odios.

Notas:
1–Diario de la Marina, martes 8 de diciembre de 1868. Página 2. Columna 2.
2– Nydia Sarabia, Ana Betancourt Agramonte, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970. p. 75.
3–Aníbal Escalante Beatón: Calixto García: Su campaña de 1895, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p 29.
4–Francisco Pérez Guzmán, nació en Güira de Melena, en la provincia de La Habana. Llevó a cabo varias investigaciones principalmente sobre las guerras de independencia. Falleció recientemente.
5–La entrevista fue publicada por Pedro Pablo Rodríguez, “Radiografía de un historiador”, En La Gaceta de Cuba Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, marzo abril, 2006, p 19.
6–Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí en abril de 1892 para dirigir la lucha por la independencia.
7–Mambí nombre con que se designaban a los guerrilleros cubanos que luchaban por la independencia. Al parecer e origen del término proviene de Republica Dominicana
8–José Maceo Verdecía: Bayamo. Ediciones Bayamo, 2009, p. 139.
9–José Martí: La Revolución de 1868, Instituto del Libro, La Habana, 1968, p. 330.

León Hernández Cáceres: Un canario en el camino de las artes plásticas cubanas

Por el Ms. C. José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia

Hace varios años, los investigadores Elisa María Mesa Lemus y José Fernández Fernández terminaron una detallada investigación sobre el pintor canario, establecido en tierras cubanas, León Hernández Cáceres. Más que la biografía de un artista, ambos colegas nos mostraron un camino poco andado y es el estudio de los canarios que arribaron a nuestra isla y avanzaron con éxito por los caminos del arte y las ciencias.

Elisa María nació en Holguín en 1970 y se ha especializado en estudios sobre el arte de la mayor de Las Antillas. Actualmente labora en el Museo Provincial de Historia de su ciudad natal. José Fernández Fernández “Cheíto” como lo llamábamos sus amigos nació en Torriente, Jagüey Grande, el 19 de mayo de 1956. Historiador, narrador y compositor, nos dejó una larga lista de publicaciones entre las que se encuentran: “El Bandolerismo en Cuba” (Co – autor. Islas Canarias. 1994), “Mambises Canarios” (Tenerife. 2000), “El Camino de los Isleños” (Narrativa. Tenerife, 2000) y “Toque a Degüello” (Matanzas, 2001). Además “José Morales Lemus: Un canario en la evolución del pensamiento político cubano del siglo XIX”, “Los alzamientos revolucionarios del 24 de febrero de 1895 en el occidente de Cuba”, “La guerra de Independencia en Jagüey Grande”.

Entre sus textos está uno cuyo título marcó el sendero de este creador: “No moriré del todo”, un libro de cuentos que encierra una gran verdad. Cuando en 2004 la muerte tocó en su puerta y de inmediato la falta de vida inició su macabro andar, los músculos entraron en la flacidez inicial del fin de todo, luego comenzó el rigor mortis al desaparecer el impulso nervioso y el riego sanguíneo; su cuerpo, delgado y pequeño dejó de lanzar señales de vida. Pero sus libros han continuado en su existir más que en el papel donde fueron impresos en la cultura nacional cubana.

Cheíto nos dejó este valioso texto inédito que hizo en coautoría con Elisa María Mesa Lemus al que titularon “Pintor canario de la Villa Blanca” que espera por un editor. Reproducimos textualmente la introducción más que como homenaje al colega desaparecido y reconocimiento a la coautora, como un llamado a editoriales e interesados en la cultura para que se lleve a letras de imprenta este texto original y hoy olvidado.

Introducción a “Pintor canario de la Villa Blanca”

“Es como adentrarse en las interioridades de una pequeña comunidad cubana y ver, en los ojos de los descendientes de inmigrantes canarios, las visiones que tuvieron a lo largo del tiempo de su entorno, de sus próceres, de su propia vida. Este trabajo constituye, entonces, un homenaje a los miles de hombres y mujeres que llegaron desde aquellas islas atlánticas para hacer de esta su segunda y definitiva Patria, con todo lo que ello significa. Y es, también, un homenaje a Gibara, la “Villa Blanca”, que, propietaria de un patrimonio excepcional y de una historia preciosa, fue testigo del ansia canaria de mejores destinos y de su imbricación cierta en la historia cubana.

Conocida es la visión, cierta, pero no absoluta, de la creación del campesinado original cubano a partir, esencialmente, de la inmigración procedente de las Islas Canarias. Cierto es, también, que ellos estuvieron enmarcados en esa cultura rural que se introdujo medularmente en la identidad de la Mayor de las Antillas, pero también existe una parcela identitaria que nos lleva por otros caminos. Es que, para suerte de ese movimiento migratorio y para bien, definitivamente, de la cultura cubana, hubo isleños que se acercaron a las artes, la política, la sociedad y la economía cubanas.

Cuando apreciamos en la muy ilustre para la historia decimonónica cubana familia de los Alfonso, procedentes de Icod de los Vinos, un verdadero fenómeno inusual en que unos inmigrantes que descendían de un hombre analfabeto no pudo firmar su testamento en el lejano año de 1809 llegaron a obtener en Cuba títulos de Castilla como el de Marqués de Montelo y Conde de Canímar, llegando a estar imbricados varios de los descendientes en lo más granado de la sociedad colonial de entonces, nos damos cuenta de ciertos espíritus de autosuperación que han caracterizado desde siempre a los canarios. Pero esto no es, siquiera, una excepción en cuanto a la inserción de aquellos en el nuevo medio.

Un inventor como José Roque de Escobar y Hernández, con sus ancestros en La Palma; unos periodistas como Manuel Fernández Cabrera y Luis F. Gómez Wangüemert, también palmeros; unos generales mambises como Matías Vega, Jacinto Hernández, Julián Santana, Manuel Suárez y Juan Monzón, todos llegados de aquellas islas; un pintor como Valentín Sanz Carta, que llevó a sus lienzos los motivos antillanos con mucha mayor razón de ser que muchos de los nacidos en Cuba, son otros ejemplos donde los canarios destacaron en la vida cultural de esta isla más acá del Atlántico. Otros los hubo catedráticos universitarios, políticos, propietarios (pequeños y medios y, también, de gran fortuna, aunque en menor medida), luchadores sociales y dirigentes sindicales. En fin, todo un conjunto de visiones de la historia de Cuba está permeada por la presencia de aquellos inmigrantes y sus descendientes.

Por otra parte, el distinguido historiador canario José Manuel Castellano Gil, en ocasión de la Mesa Redonda ofrecida en el marco teórico de la Fiesta Iberoamericana celebrada en Holguín, en octubre del año 2000, señalaba que el campesino analfabeto no tiene una cultura inferior, sino otro modo de acercarse al medio. Ello es cierto, ese hombre, conocedor de una especial manera de comunicarse con la naturaleza, de arrancarle sus secretos en una lucha fortísima por la supervivencia, adquiere y desarrolla elementos que conforman una cultura de matices y proyecciones insospechadas para los factores dominantes de la cultura en las sociedades discriminatorias existentes hasta el día de hoy.

Tenga el color que se quiera, en la ruralidad cubana, en los «pueblos de campo», en las manifestaciones del folklore campesino y hasta en las esferas intelectuales de Cuba, está la huella canaria de manera indeleble. Ella se aprecia también en un llamado «pintor menor», hombre que nació en la isla canaria de La Palma y murió en esta otra Patria que adquirió con los años. Fue cercano a la iconografía de los jefes libertadores de la zona holguinera, dejó su huella paisajística en Gibara, ese enclave primigenio de la presencia isleña en la zona oriental de Cuba, hizo una vida común contó una familia y fue, en definitiva, un amante más de esta realidad que nos identifica. Su nombre fue León Hernández Cáceres.

Aquel pintor no fue descubierto por nosotros, que no se descubre lo que es patrimonio de muchos. Nos acercamos a él a partir de un amor un poco mayor a la zona gibareña. Y allí pudimos sorprendernos con su obra, con su luz, con sus acercamientos a la historia y la identidad del territorio, con la memoria canaria guardada para siempre. Y allí encontramos manos amigas que hicieron lo posible porque este trabajo llegara a buen destino. Agradecemos entonces la ayuda prestada por las autoridades gubernamentales y culturales de Gibara, por el exquisito Museo de Artes Decorativas de aquel pueblo y por el Museo Histórico, por la Asociación Canaria y por los amigos José Abreu, Antonio de Jesús Lemus, Luis Catalá y otros. También nos ayudaron el Museo Provincial “La Periquera”, de Holguín, la Dirección Provincial de Cultura de esa provincia, los Registros Civiles y muchos amigos que también hicieron suyo este esfuerzo.

Por último, queremos dejar constancia de gratitud a aquellos que en Canarias también vieron en este su libro, el libro que rescata a uno de los pintores que también es importante para la identidad de aquellas islas. Vayan nuestras muestras de agradecimiento a José Manuel Castellano, María de Jesús Luis Yanes y otros.

Queremos dejar constancia de nuestra gratitud a todos.

Los autores”.

Regresó la música electrónica a las arenas de Caletones


Por Vanessa Pernía Arias
Fotos Facebook AHS Holguín
El Festival de Música Electrónica Stereo G regresó a la playa de Caletones, en el municipio costero de Gibara, en Holguín, clausurado hoy con la salida de los primeros rayos de sol sobre el mar, luego de dos años realizándose vía online debido a las restricciones de la Covid-19.

Auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en la provincia y el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica, esta oncena edición, desarrollada en sólo una jornada, reunió un grupo importante de productores de la isla, quienes ofrecieron 16 horas ininterrumpidas de música para un público esencialmente joven, comentó Norge Luis Labrada, presidente de la AHS holguinera.

De manera especial se dedicó a Ernesto Jorge Hidalgo (TikoSK8DJ), quien falleció recientemente y fuera desde su creación, junto a Luis Ángel Jiménez, organizador del Stereo G y productor del proyecto Electrozona.

Jiménez, a cargo de la organización del Festival y del proyecto Electrozona, explicó que la mayoría de los asistentes fueron DJs productores de relevancia nacional, y jóvenes artistas locales que se sumaron con atractivas propuestas.

Figuraron en el programa: Whisper, Faleke, The Kun, Rakxo, Acid Seduction, Arte, Alex6music, Electrozona, Axennar, primera Dj femenina en Holguín, Dian, de La Habana; y Richie Castro, de Camagüey.

Añadió que a las presentaciones y las sesiones creativas de DJs se unió el trabajo audiovisual y de efectos visuales, empleados de forma directa para promocionar la cultura electrónica en todos sus géneros y estilos; y en sus sesiones los artistas expusieron sus últimas creaciones, con variedad de géneros dentro de lo electrónico.

Como parte de la jornada se realizó, igual que en otras ocasiones, acciones de limpieza de la playa, lo que contribuye a preservar el espacio natural en que durante años se ha realizado el evento, destacó.

Surgido en 2012 y promovido por el proyecto Electrozona, Stereo G se ratifica cada año como uno de los festivales más importantes de su género en Cuba, logrando una interacción íntima entre el público asistente y los artistas, en la cual la música electrónica es pretexto y soporte.

Este Festival, dedicado este año al aniversario 35 de fundada la filial de la AHS en Holguín, pretende promover una cultura sonora diferente y defender el trabajo de jóvenes músicos que apuestan por la electrónica y la experimentación con los sonidos, añadió Luis Ángel Jiménez.

Contra naufragios

Por el Ms. C José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia

En el siglo XIX, tan solo, existía un puerto en las costas del territorio de la actual provincia Holguín: el de Gibara. Numerosos buques entraban y salían de aquella bahía lo que conllevaría a no pocos naufragios. Para dar solución a la seguridad de la navegación el estado español construyó el faro Lucrecia. Inaugurado, por cierto, el 10 de octubre de 1868 el mismo día que se iniciaba la guerra de 1868.

El siglo XX traería nuevos problemas a la navegación en estas costas. El norte de oriente se había convertido en una región de grandes inversiones de capital estadounidense. En el territorio de la actual provincia Holguín se encontraban los centrales azucareros Boston y Preston propiedad de la United Fruit Company. A esto había que agregar las plantas de Nikel de Nicaro y Moa, estas también propiedad de empresas estadounidense. Tierra adentro se encontraban otros centrales azucareros como el Tacajó, Báguano y San Germán. Estas industrias generaban un activo tráfico marítimo que requería una mínima seguridad.

Muy pronto comenzaron a aparecer nuevos puertos y subpuertos o simples embarcaderos como el de Vita, Antillas, Nicaro, Preston, Boston, Felton, Cayo Mambí, Moa. El tráfico naval se intensificó, tanto el de cabotaje como internacional. Se destacaba el puerto de Antillas hasta donde llegaba un ramal del ferrocarril central y por allí se llegaron a exportar el azúcar de gran cantidad de centrales azucareros.

Se requería un sistema de faros y alumbrado que ayudaran a estos navegantes a sortear el peligro de los bajos.

En el primer gobierno de la República, el de Tomás Estrada Palma, se situaron luces que guiaban a los navegantes en las bahías de Banes y Nipe. (1) En esta zona comenzaban importantes inversiones estadounidenses que le dio un rápido impulso al comercio.

Al crearse la Marina de Guerra en 1909 la atención a estos medios auxiliares de la navegación pasó a su jurisdicción. Este servicio se extendió a otras bahías del litoral holguinero. Antes de 1923 se habían instalado señales en las bahías de Tánamo, Vita y Samá. (2) La marina de Guerra Cubana aprovechó los adelantos que se hicieron en la tecnología. Este sistema de señales fue mejorado, a partir de 1928, con el establecimiento de medios de alumbrado más modernos y seguros en las bahías de Nipe y de Tánamo. (3)

En Banes fueron colocadas siete balizas ciegas es decir que no poseían iluminación, pues se consideró que por las características de esa bahía y el tráfico no eran necesarias las lumínicas. (4)

Para mejorar la navegación entre 1935 y 1941 se reparó el faro de Punta Lucrecia (5) En 1954 se estableció en Antillas una estación de servicio. Esta era una dependencia de la marina de guerra que estaría encargada del mantenimiento de las señales establecidas en las costas que les fueran asignadas. La estación de servicio contaba con una oficina, un almacén, un tungar para cargar las baterías de las balizas de señales, un mecánico de faros y una embarcación con su dotación. (6) El mundo de la navegación en las costas holguineras es un tema inédito. Los faros y la señalización de las bahías forman parte de ese pasado desconocido que espera por que sea sacado del olvido.

NOTAS
1–Milagros Gálvez Aguilera, La Marina de Guerra de Cuba (1909- 1958), Primera parte, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 199
2–Ídem
3—Ibídem p. 201
4—Ibídem p. 202
5–Ídem
6—Ibídem p. 204

Entregan en FICGibara los premios Lucía

Entregan en FICGibara los premios Lucía

Por Vanessa Pernía Arias y Erian Peña Pupo

Fotos cortesía de FICGibara 2022

Con la entrega de los premios Lucía en el cine Jibá y la convocatoria a la próxima edición en 2023, finalizó el XVI Festival Internacional de Cine de Gibara (FICGibara)luego de un amplio programa multicultural que, del 2 al 6 de agosto, reunió a directores, actores, músicos, artistas plásticos y escénicos en esta urbe holguinera, como deseó Humberto Solás al fundar en 2003 una cita que potenció un cine pobre en recursos pero rico en expresión.

El jurado de ficción, integrado por el director cubano Arturo Sotto, como presidente, junto a la realizadora Laura Cazador (Suiza) y Tito Cañadas, director del Festival Internacional de Cine Social (FECISO) de Castilla-La Mancha, en España, entregó el Premio Lucía en la categoría de Mejor Largometraje de Ficción aPapicha, de Mounia Meddour, producción de Argelia, Francia, Bélgica y Qatar) “por la defensa de igualdad de derechos frente a la intolerancia y el oscurantismo religioso y cultural”, “por darle voz al colectivo femenino en un contexto en extremo hostil”, y “significar la creación artística como una expresión de libertad y reconocimiento”, asegura en el acta del jurado.

El hijo muerto, de Maysel Bello (Cuba) recibió el Premio Lucía al mejor cortometraje de ficción, por “ser una expresión universal del dolor frente a la pérdida o ausencia de un hijo. Por los matices, sugerencias y selección del escenario donde se desarrolla la historia. Por la síntesis y la fuerza interpretativa del elenco que transmite una singular emoción”. Los criminales, de Serhat Karaaslan (Francia-Rumanía-Turquía) obtuvo un Premio Especial del Jurado, yLa campaña, de Eduardo del Llano (Cuba) una Mención especial.

El Lucía a Mejor largometraje documental lo obtuvo Ophir, de Alexandre Berman y Oliver Pollet (Francia-Reino Unido), por “revelar con respeto la dignidad y lucha de los habitantes originarios de una pequeña isla situada en Papúa, Nueva Guinea; utilizando para ello el lenguaje cinematográfico en la defensa de su identidad y su territorio, logrando que empaticemos con la causa que defienden los protagonistas”, aseguró la realizadora cubana Belkis Vega, presidenta de este jurado, junto el gestor cultural español Francisco Jiménez y la directora mexicana Amaranta Díaz Carnero. Mientras que el Mejor cortometraje documental, por “mostrar que es posible construir con pocos recursos una narrativa que profundice en las contradicciones de nuestro día a día. El documental cuestiona la esencia de las imposiciones religiosas en la infancia cuando aún no tenemos la capacidad de elección ni los recursos cognitivos necesarios para comprenderlas”, fue para La comunión de mi prima Andrea, de Brandán Cerviño (España).

El Premio Lucía en animación lo obtuvoCalamity. La infancia de Martha Jane Cannary, de Remi Chayé (Francia), por “mostrarnos la fortaleza de una niña en medio de un mundo donde se niega que las mujeres puedan aceptar retos y decidir sobre su destino. Martha Jane recorre un vasto territorio mientras va construyendo su identidad, venciendo el machismo tradicional arraigado aún en nuestras culturas”, añade el jurado. Una Mención especial fue para Mata, de Ingrid Fadnes y Fabio Nascimento, de Noruega-Brasil.

La prensa –con un jurado integrado por Rafael Grillo, junto a Yudiannis González y Rubén Padrón– premió a Libertad, de Clara Roquet (España) y a La campaña, de Eduardo del Llano. Al primero “por la profundidad y la sutileza con que emprende un estudio de identidad de una adolescente, que desde su mirada permite abarcar una diversidad de temáticas y conflictos humanos relacionados con la libertad, como diferencias de clases y generacionales, roles de género, sexualidad, emigración, conflictos familiares”. Y de La campaña destacó “el ingenio y el sentido lúdico y desacralizador con que deconstruye el relato oficial de la historia, invitando a reflexionar sobre cómo la aplicación rígida, vertical y mecanicista de políticas sociales entraña el peligro de estimular la hipocresía y la simulación, así como el temor a expresar la verdad y a asumir la realidad en toda su diversidad”.

En los premios colaterales encontramos el entregado, por primera vez en FICGibara, por un Jurado joven: Papicha, de Mounia Meddour; La campaña, de Eduardo del Llano; Un viaje hacia nosotros, documental de Luis Cintora (España) y La comunión de mi prima Andrea, de Brandán Cerviño. Mientras que la Federación de Cine Clubes de Cuba reconoció con sus premios a La gente del documental, de Inti Herrera y Reymel Delgado (Cuba) y Mujeres sobrevivientes de dos pandemias, documental de Lizette Vila e Ingrid León.

De manera especial en esta ocasión le fue entregado al actor cubano Jorge Martínez el Premio Lucía de Actuación Masculina, merecido en esta cita en 2018 por su trabajo en el filme Últimos días en La Habana, de Fernando Pérez. Se reconoció, además, la impronta de la Compañía de Danza Contemporánea Codanza, dirigida por Maricel Godoy, en su 30 aniversario, con un trabajo vinculado al Festival desde la primera edición.

El Comité organizador de FICGibara2022, conmocionado al lado del pueblo matancero y toda la nación cubana, acordaron que, tras el acto de entrega de los premios Lucía, no se realizara el concierto de clausura de Alexander Abreuy Havana D’Primera, ni el resto de las actividades festivas programadas para esta jornada de cierre de la edición XVI del evento.

Nelson Rodríguez, maestro de editores

Por Erian Peña Pupo

Con la proyección de una copia restaurada del filme Los sobrevivientes (1979) de Tomás Gutiérrez Alea (Titón), el XVI Festival Internacional de Cine de Gibara rinde homenaje al decano de la edición en el cine cubano, Nelson Rodríguez Zurbarán, quien falleció el 12 de febrero de 2020.

Nacido en Cienfuegos en 1938, y considerado uno de los más importantes editores de Iberoamérica, Nelson trabajó –además de en gran parte de la obra de Humberto Solás, como Manuela, Un día de noviembre, Cantata de Chile, Cecilia, Un hombre de éxito y Miel para Oshún, y de directores cubanos y extranjeros, como como Miguel Littín, Jaime Humberto Hermosillo, Jorge Alí Triana, Jaime Osorio y María Novaro– en varios filmes de Titón. Uno de los hitos de su trabajo es haber editado con apenas 30 años dos películas diferentes y consideradas clásicos del cine cubano y universal: Memorias del subdesarrollo, de Titón, y Lucía, de Solás, en 1968.

La historia de los Orozco, aunque ellos insistan que solo la escriben los Orozco, encerrados en su mansión, en una especie de involución histórica a través de las diferentes fases sociales, mientras afuera se desarrolla el torbellino de la Revolución cubana, tuvo el cuidadoso corte de Nelson. Aclamado por el público y la crítica, el filme –presentado en el cine Jibá de la Villa Blanca por Sergio y Aldo Benvenuto Solás, quienes destacaron aspectos humanos y profesionales del Nelson– fue considerado ese año una “metáfora cuidadosamente elaborada, en la que nada se deja al azar”, además “un ejercicio de profundización respecto a las comedias anteriores de Alea” y la culminación de “un ciclo de películas sobre nuestra historia”, solo tres de los criterios que afloran al aproximarnos a esta obra inspirada en el cuento “Estatuas sepultadas” del narrador y ensayista cubano Antonio Benítez Rojo, guionista junto a Titón de la película, y que puso en escena a mitos de nuestro cine, un elenco irrepetible, como Enrique Santiesteban, Reinaldo Miravalles, Vicente Revuelta, Carlos Ruiz de la Tejeda, Germán Pinelli y Ana Viñas.

“La experiencia que más me aportó fue la de Tomás Gutiérrez Alea”, le contó a Luciano Castillo, aunque en esta obra, Los sobrevivientes, que pudo ver restaurada, no logró, por problemas familiares, imbuirse en los procesos como acostumbraba en sus otros filmes, le comentó a Luciano. “Lo que me gustaba de Titón era que siempre tenía que estar preparado para sus preguntas. Esa experiencia partió de Memorias del subdesarrollo, pero después siempre sucedió igual (…) Titón es mi director de cine cubano preferido. Siempre era una persona que me cuestionaba y con quien me metía que mantener muy activo (…) De las películas que he editado en mi vida, la que más me gusta es Memorias… y luego Lucía. Inevitablemente Lucía fue muy de los dos, estuve siempre muy integrado a ese proyecto y le puse el amor del mundo”, añadió.

Memorias… significa un logro descomunal, entre muchas otras razones, por su edición anticonvencional, godardiana, sobre todo en aquel memorable final cuando el corte hace «brincar» la narración entre los cañones de la Crisis de Octubre y el personaje, desesperado, encerrado en su apartamento y en sus indecisiones”, asegura el crítico e investigador Joel del Río.

En esa película exploró un método que denominó “cortar a lo Godard”, consistente en interrumpir la continuidad de la escena con la inserción de otros planos y alterar el ritmo; tomado de Sin aliento (1959) de Jean-Luc Godard, que sugirió el final antológico del clásico cubano. Además de Memorias… y Los sobrevivientes, Nelson editó para Titón Una pelea cubana contra los demonios (1971) y La última cena (1976), dos películas bastante distintas en su estética.

En los filmes de Humberto, Nelson no solo fue el editor, pues su presencia irradia el guion, el doblaje, incluso la dirección… Así sucedió con Amada (1983), cuyo guion escribió a partir de la novela La esfinge, de Miguel del Carrión, y dirigió en buena parte, aunque no aparece en los créditos. Amada justamente será otro de los filmes que, como homenaje al Premio Nacional de Cine 2007, se presentará en el Festival, junto al documental de Manuel Iglesias, El cine es cortar.

 

 

 

 

 

 

Declaración oficial del Festival Internacional de Cine de Gibara

El comité organizador del 16 Festival Internacional de Cine de Gibara, y todos los participantes en el evento, hemos estado siguiendo con mucha angustia desde la noche de ayer la lamentable situación desencadenada en la base de supertanqueros de Matanzas. Estamos conmocionados al lado del pueblo matancero y toda la nación cubana. Con empatía y dolor, cineastas, músicos, artistas y los gibareños que nos acompañan hemos acordado que, tras el acto de entrega de los premios, no se realice el concierto de clausura de Alexander Abreu  y Havana D’Primera ni el resto de las actividades festivas programadas para esta jornada de cierre.

 

El trabajo actoral entre la realidad y el anhelo 

Por Vanessa Pernía Arias 

Fotos Wilker López

Reconocidos actores cubanos dialogaron sobre su trabajo, retos y proyecciones actuales como parte del evento teórico de la XVI edición del Festival Internacional de Cine de Gibara. 

En el foro, con el título “Palabra de actor: entre la realidad y el anhelo”, moderado por Néstor Jiménez, los actores René de la Cruz, Jorge Martínez, Bárbaro Marín, Tahimí Alvariño, Alicia Hechavarría, Denys Ramos, Félix Beatón y Amalia Gaute, compartieron sobre sus trabajos actuales y los desafíos que impuso la etapa de pandemia a la profesión. 

Jorge Martínez subrayó la cotidianidad del actor y lo que logra después con el personaje, lo que conlleva luego a la acogida o no del público del trabajo realizado. Destacó, asimismo, los esfuerzos del Icaic por mantener la realización cinematográfica y el trabajo actoral en la Covid-19; además instó a los jóvenes a no perder la capacidad de soñar en situaciones difíciles porque es algo esencial en el ser humano que hace vender los retos diarios. 

A su vez Tahimí Alvariño insistió en aprovechar las oportunidades y no tener miedo a las negativas en los castings; pues es necesario aprender a lidiar con eso ya que existen más oportunidades, vida y proyectos. “Siempre debemos ponernos retos y proponerse metas altas, así como personajes complejos que demanden mucho más en escena”, subrayó. 

Alicia Hechevarría destacó que es necesario preservar las raíces de la actuación y la realización audiovisual cubana, recordando a grandes filmes y figuras del cine y la cultura cubana, como lo son Los sobrevivientes, Tomás Gutiérrez Alea y Humberto Solás, entre otros. 

Por su parte Marín debatió sobre las distintas vías por las que llega un actor a concretar su carrera, y ahí, insistió, es donde está el anhelo y la realidad de todo profesional del arte. 

Asimismo el joven actor Denis Ramos analizó la realidad de los actores, cómo se produce y sobre las expectativas de lo que se quiere lograr con el personaje, que no siempre se cumple.

En las próximas jornadas los foros teóricos del Festival de Gibara centrarán sus sesiones sobre la curaduría y la programación cinematográfica en festivales alternativos, espacio en que debatirán sus experiencias importantes programadores de muestras internacionales.

 

Curaduría y la programación de festivales en FICGibara2022

Por Vanessa Pernía Arias

Foto Wilker López 

La curaduría y la programación de cine en certámenes alternativos motivaron hoy el debate teórico en FICGibara2022. Moderado por Sergio Benvenuto Solás, director general del certamen, el foro estuvo integrado por el programador de esta cita, Ariel Montenegro, junto a Paco Jiménez, Tito Cañada, Héctor Ramírez, Léa Teixeira y Adriana Niemeyer.

Benvenuto destacó la labor formativa vinculada a las comunidades que ha alcanzado el proyecto Cámara Chica Voces del Audiovisual, que reúne a niños, adolescentes y jóvenes gibareños en torno a la realización, y que surgió por la repercusión del Festival. Asimismo enfatizó en la capacidad de resiliencia de este proyecto, que pese a las dificultades impuestas por la Covid-19 y la crisis económica mundial, se ha mantenido creando cultura. 

Tito Cañadas, programador del Festival Internacional de Cine Social (FECISO) de Castilla-La Mancha, en España, compartió las experiencias de este evento itinerante que involucra a diversas instituciones locales y apuesta por la inclusión y los derechos sociales desde una perspectiva formativa. 

Por su parte Héctor Ramírez conversó sobre la amplia labor que realiza el Festival de Cine de la Universidad Autónoma de México (UNAM) y cómo se preserva el patrimonio audiovisual de esta casa de altos estudios, una de las más importantes de América Latina. 

Enfatizó, además, en la programación extensiva de TV-UNAM, promovida en diferentes canales televisivos de Latinoamérica con la finalidad de que se conozca el cine de la región. 

En este sentido, Sergio insistió en la protección del audiovisual cubano, a partir de soluciones que permitan la restauración del patrimonio cinematográfico de la isla. Añadió que del cine cubano solo se han restaurado seis películas, una de Humberto Solás y cinco de Tomás Gutiérrez Alea, por lo costoso y difícil de este proceso, y subrayó que lo verdaderamente importante es lo que ponemos en custodia para el futuro de la nación. A su vez la realizadora cubana Belkis Vega insistió en que se está perdiendo el patrimonio audiovisual de Cuba, sin contar lo que no se exhibe y programa en salas de cines. 

En FICGibara2022 se debatió, además, sobre los retos y desafíos de la dirección de cine en la actualidad y las peculiaridades del trabajo actoral en Cuba y en tiempos de pandemia. 

 

Cuentos de un día más

 Por Erian Peña Pupo 

Cuentos de un día más fue presentado en el Cine Jibá por su director general, Fernando Pérez. Integrado por seis cuentos que dirigieron ocho jóvenes realizadores, la película es el resultado de la colaboración entre el Icaic y varios colectivos audiovisuales independientes (i4films, Wajiros Films, DB Estudio. Cocuyo Media Lab) con el objetivo de crear una obra coral en la que la esperanza se sobreponga a las adversidades de la pandemia, complejo momento en que lograron filmarse las diferentes historias de este filme.

Componen este filme: “La trenza”, dirigido y escrito por la holguinera Rosa María Rodríguez; “Los días”, del dueto Katherine T. Gavilán y Sheyla Pool; “Mercuria”, de Carolina Fernández-Vega Charadán; “La muchacha de los pájaros”, de Alan González; “Ella y él”, de Yoel Infante, y “Gallo”, de Eduardo Eimil, que “además de compartir con el espectador soledades y pérdida de sus personajes –comenta el crítico Joel del Río– también recurre al sempiterno valor de la solidaridad y la resiliencia, que triunfan en una de las escenas finales más hermosas que nos ha regalado el cine cubano en los últimos años”. 

Añade Joel del Río que “el filme manifiesta la justificadísima confianza en el talento no solo de los realizadores jóvenes, sino, sobre todo, la de las realizadoras, porque tres de los cuentos están dirigidos por mujeres, y esta no es una victoria pequeña cuando recordamos la deuda que el Icaic acumuló con las cineastas en sus primeros 40 años de historia”. 

Para Fernando: “Cada director es responsable de su película y su mirada. La asesoría termina donde comienza la mirada del realizador. Por eso me he definido en este caso como coordinador. Por supuesto, en la etapa de guiones los leí y discutí con ellos, di mis puntos de vista… pero cada director fue el que decidió como iba a ser su corto, qué final iba a tener… y muchos me escucharon y otros no, lo que lo hizo muy lindo, porque también es lo que yo pido cuando hago mis películas, pensar no por cabeza ajena, sino propia”. 

Mientras trabajaba en su próxima película, El mundo de Nelsito, el director de Clandestino, Martí, el ojo del canario e Insumisas tomó el timonel de un proceso que fue “muy enriquecedor. Hay cuentos más logrados que otros desde mi punto de vista, que no son los mismos que los espectadores. Lo que hay en la película son diversidad de miradas y maneras de contar, más clásicas, más desdramatizadas, más abiertas… para que no todos los cuentos fueran iguales, sino que mostraran un mosaico con diversas maneras de contar”.

Seis historias, ocho directores jóvenes, la necesaria mirada de Fernando Pérez, maestro artístico y ético de generaciones de creadores, la Covid-19 sobrevolando los diferentes cuentos, la vida, el cine, la esperanza asomándose en los momentos más oscuros, el futuro… se entrecruzan en Cuentos de un día más, un filme que agradecerá el amante del cine.