Siempre estoy en estado de alarma creativa (Primera parte)

El artista de la plástica Rubén Tomás Hechavarría Salvia. Foto tomada del sitio del artista salviarte.ch

Artista las veinticuatro horas del día, el pintor, performer, profesor, interventor público y curador Rubén Tomás Hechavarría Salvia, nació en la ciudad cubana de Holguín el 7 de marzo de 1967. Ha participado en 155 exposiciones colectivas, ha realizado 25 exposiciones personales en Cuba y en otros países y ha ejecutado más de 170 acciones plásticas en público. Ha obtenido más de veinte premios, dos menciones y dos menciones especiales. Obras suyas integran colecciones particulares en México, Argentina, los Estados Unidos, Canadá, Suiza, Alemania, España y Cuba y es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Usted no es lo que puede considerarse un artista “consagrado”, en la acepción que le da la tradición al término. Usted es un ente que posee una visión muy particular del mundo y supongo que su incompletez lo conduce a búsquedas permanentes, a una indagación a toda costa en la esencia de lo que “debe ser” un creador. ¿De dónde parte esa idea y a que se debe su inconformidad?

Mi concepción del arte, desde el punto de vista de la creación, está totalmente vinculada a mi vida. Desde que el hombre nace, comienza un proceso de cognición que termina solo con la muerte, aún en el vientre materno experimentamos sensaciones, luego comenzamos a percibir olores, sabores, a reconocer imágenes y colores, a esgrimir gestos, a aprender palabras, a asimilar experiencias, a entender fenómenos. Este proceso se va complicando cada vez más, en la medida en que nos relacionamos con los otros y conformamos lo que se llama sociedad, somos seres que no pueden escapar del contexto. En mi caso la creación se da exactamente de este modo, pero de forma inversa, es la manera de sacar desde mi interior todo este cúmulo de experiencias mediante un procedimiento primero mental –selección, análisis, síntesis— y luego fáctico –concreción del objeto u obra artística—. Estos dos procesos: el vital y el creativo, se complementan mutuamente, uno arroja luz sobre el otro y ambos, de a poco, van segando esa interminable brecha de inconformidad de la que hablas, esa necesidad humana de conocer y de expresar, lo que se traduce en progreso.

¿Desde que comenzó su tránsito vital a través de los entresijos de la creación usted fue siempre así? Me refiero a si sus presupuestos iniciáticos estuvieron en concordancia con lo que sería después Rubén Hechavarría Salvia.

Recuerdo los comienzos y sí, desde el principio era muy inquieto e inconforme en el mundo de la creación, me movía hacia muchas direcciones en cuanto a temáticas, técnicas, procedimientos, soportes, materiales e incursionaba en manifestaciones como la pintura, el dibujo e, incluso, en la instalación que era algo muy novedoso por aquel entonces en el territorio. Puedo decir, además, que fui pionero en la realización de performances o más bien happenings en aquellos años de estudios de nivel medio en la Academia de Artes Plásticas. Para entonces (1985) realicé mis primeras acciones, varias prácticas no tan elaboradas, donde involucraba a mis compañeros de estudio exigiéndoles, dentro del propio acto, asumir una posición acerca del fenómeno, muy discutido entonces, Vanguardia-Tradición. Los supuestos happenings se sucedían en el patio de dicha escuela en horarios de receso docente y todos partían de juegos activos de la infancia tales como: la marchicha o Pon, las bolas y el trompo. Estos “juegos-happenings” nunca fueron bien vistos o entendidos del todo por la mayoría de los profesores que eran generalmente de corte académico o tradicional.

Entonces, no sería errado afirmar que desde siempre me han movido los mismos instintos e inquietudes, pero claro está que en ese origen era mucho menos consciente de la utilización de los llamados presupuestos artísticos; la plena conciencia vino luego de un serio análisis personal y re-conocimiento de periodos (siglo XX), movimientos (Dada) y artistas que me interesaban dentro de la vasta historia del arte (especialmente conocer la obra del artista alemán Joseph Beuys y comprender su filosofía Arte = Hombre = Vida) y además, un intenso análisis de mi propia obra en los años de estudio del nivel superior.

Una vez que descubre sus aptitudes creacionales, ¿cuándo y dónde comenzaron sus estudios relacionados con la artes visuales específicamente? ¿Alguna anécdota en particular?

Comienzo los estudios de las Bellas Artes en el nivel elemental del año 1979 en la Academia de Artes Plásticas “El Alba” en la ciudad de Holguín. Contaba solamente 12 años de edad y empezaba lo que serían los estudios secundarios. Me acuerdo del primer día del curso y de una sensación de haber llegado a un sitio mágico, no solo por la arquitectura del lugar, sino también por la energía que sentí al entrar a aquel recinto, energía que emanaba de su historia (desconocida para mí en aquel momento) y de los nobles seres que lo habitaban (también desconocidos). Fue una experiencia innombrable el sentirme parte de aquello, de un sitio que en lo adelante se convertiría en mi otra casa.

En su elección de las artes plásticas como vía de expresión ¿le fue favorable su entorno familiar?

En realidad no lo creo, al menos no directamente, en toda mi familia, según conozco, no existía ninguna persona que practicase, ni como aficionado, alguna de las manifestaciones de las artes. Solo mi papá, desde pequeño, cuando enfermaba y caía en cama, comenzaba a dibujar y colorear como una forma de entretenimiento y pienso también que como terapia, según una de las cualidades del arte. No obstante, en toda mi infancia mis padres se preocuparon fundamentalmente por una educación que potenciaba lo humano, lo más profundo del ser, la sensibilidad, pero también acatábamos una férrea disciplina; creo que de aquí parten los verdaderos nexos que me atan a la creación.

Me recuerdo niño, sentado frente a mi padre, al lado de mis hermanos y rodeado de otros niños del barrio; papi haciendo uno de los mil cuentos que se sabía (Los siete sirvientes), o leyéndonos un libro (Oros viejos), pasando algún rollito de diapositivas en los proyectores rusos y haciendo de narrador cambiando de voces según los personajes (Gulliver en el país de los enanos), o cantándonos décimas campesinas aprendidas desde niño, que se sabía de memoria (Camilo y Estrella). Puedo decir que gracias en especial a mi padre Rusbel Máximo Hechavarría Báez, desarrollé esa vena de sensibilidad y gusto por las artes.

Más allá de los nexos consanguíneos, usted y su hermana son, de cierto modo, una sola persona, con inquietudes artísticas semejantes y modos similares de ubicarse ante y en el hecho creativo. ¿Ese tramado de conexiones ocurre ad libitum entre ustedes?

Aunque existen sustanciales diferencias entre nuestras inquietudes artísticas y sobre todo en los modos de asumir y concebir el arte, no es menos cierto que tenemos zonas de contacto que, a mi entender, se manifiestan desde una manera afín de entender la vida. Dos personas que compartimos los mismos padres (genes), el mismo país, la misma ciudad, el mismo barrio, los mismos vecinos, el mismo hogar, la misma comida, la misma música, la misma educación, la misma época, la misma sociedad y sistema, durante muchos años inobjetablemente tenemos que tener puntos de contacto. Aunque Niurys y yo nos queremos “hasta hacernos daño” –como escribió Vallejo—, somos entes independientes, más en obra que en alma.

¿Considera que la enseñanza de las artes que usted recibió fue la más adecuada? ¿Puede comentar acerca del plan de estudios y el claustro de profesores de su etapa elemental?

La enseñanza de las artes en Cuba ha gozado de buena salud desde sus inicios, cosa que ha ido desarrollándose paulatinamente con la experiencia ganada en el transcurso de los años. En el caso de la plástica, a partir de la fundación de San Alejandro el 12 de enero de 1818 y de las demás escuelas del país, han habido planes de estudio y claustros de maestros con una calidad acorde a sus tiempos y necesidades. En mi caso particular creo que esta esencia no cambió, pues en los tres niveles de estudios que cursé (elemental, medio y superior) los contenidos recibidos estaban en sincronía con los códigos de enseñanza y las exigencias del momento. En este aspecto creo que realmente fui un discípulo privilegiado puesto que, en dichas etapas de estudio, tuve la posibilidad de recibir clases y aprender de los mejores colectivos de maestros en cada ocasión y especificidad. Nombro algunos de ellos a modo de agradecimiento y homenaje: Manuel Canelles, Argelio Cobiellas, Miguel Mayán, Fernando Barquín, Fausto Cristo, Fernando Bacallao, Carlos Parra, José Aguilar, Ramiro Ricardo, Rafael Campaña, Arturo Montoto, Pepe Franco, Alberto García, Lupe Álvarez, Magalis Espinosa, Flavio Garciandía, Josè Bedia.

El nivel elemental me proporcionó un acercamiento a las principales manifestaciones de las Artes Plásticas (pintura, escultura y grabado, además del diseño básico) y a los contenidos teóricos fundamentales del arte y su historia. En estos años comenzaba, además, la incursión en las distintas técnicas, métodos, procedimientos y géneros de dichas manifestaciones, incluyendo la interpretación de estos últimos (naturaleza muerta, bodegón, paisaje, retrato y autorretrato).

El plan de estudios en general, y particularmente los programas de cada asignatura en estos tres años de intenso trabajo y constante aprendizaje, estaban bien diseñados y mejor defendidos por un claustro muy profesional y que se tomaba bien en serio el digno acto de la enseñanza de las Bellas Artes.

El nivel medio fue un periodo de maduración y esplendor donde profundicé en el estudio y conocimiento de las técnicas de la pintura como especialización y el oficio del artista, aquí la experimentación creativa era una constante gracias al director Ramiro Ricardo Feria que nos daba luz verde en ese sentido, motivándonos de mil maneras en el estudio y conocimiento del arte moderno y las vanguardias del siglo XX. El tercero y cuarto años fueron una etapa de perfección técnica y de libertad de creación total (pre-tesis y tesis de grado respectivamente) con temas de libre elección. En esta fase de aprendizaje reconozco y agradezco personalmente la labor pedagógica del profesor Rafael Campaña Ochoa recién egresado del Instituto Superior de Arte (ISA).

Considero que la cenicienta del plan de estudios de nivel medio fue la asignatura de Historia del Arte, por la falta de profundización en los contenidos impartidos, por la no actualización de los programas con respecto a las nuevas tendencias que se manifestaban, por la carencia de una visión crítica del arte desde la historia, por la tremenda escasez de bibliografía e información y por la real incapacidad de los profesores que la impartían.

Para concluir esta etapa media de estudios, a modo de complemento, voy a mencionar algunas de las mil maneras en que nuestro profesor y director Ramiro Ricardo mantenía vivo el espíritu creativo y la motivación en los alumnos de El Alba. Ramiro invitaba a nobeles artistas de todas partes del país, recuerdo a Moisés Finalé, a compartir sus experiencias creativas con los estudiantes mediante charlas y conferencias y a trabajar codo a codo en nuestros propios talleres de creación (algunas de esas obras quedaron en la escuela como huella de sus pasos por el centro y muchos de estos jóvenes creadores marcaron pauta en el arte cubano); propiciaba también el intercambio con alumnos y maestros de otras escuelas (ISA), convocaba a personalidades de la literatura y el arte en Cuba como conferencistas y para ejercer en calidad de tribunal en nuestras tesis de grado (un ejemplo ilustre fue Eliseo Diego), planificaba además viajes a lugares de interés artístico cultural como Las Tunas, ciudad de las esculturas, y a museos como al Nacional de Bellas Artes. Aunque muchos tildaban a Ramiro Ricardo de muy exigente y estricto pienso que, gracias a él, su periodo de mandato se podría llamar “La era de oro de El Alba”.

Los estudios superiores en el ISA marcaron definitivamente mi carrera como artista, fue la época de un encuentro conmigo mismo, de un reconocimiento de mi yo, de autognosis profunda y verdadera, lejos de los míos, de mi contexto inmediato y fuera de los límites del mundo conocido por mí hasta entonces; fue un salto hacia la libertad, de independencia y quizás hasta de anarquía. Estimo que esta etapa fue imprescindible en mi formación académica y profesional, porque ahondé en fenómenos del arte que había estudiado en el pasado por mero interés personal, estudié movimientos y tendencias artísticas que desconocía o conocía a medias, investigué a fondo la obra de artistas que me interesaban para la estructuración de mi propuesta artística al servirme de una mayor y mejor bibliografía en la biblioteca del ISA, la Biblioteca Nacional José Martí y otros centros de estudios; me instruí con mayor agudeza en materias como Estética, Filosofía, Semiología, Historia del Arte Universal, Arte Precolombino, Arte Cubano, Inglés, Cultura Cubana, Arquitectura, Pedagogía, Gráfica Aplicada, entre otras; entré con mayor profundidad en procesos de creación, de codificación y decodificación de una obra, el sistema de comunicación de acuerdo con la relación artista-obra-público; entre muchas otros aspectos positivos que redundaban en la intención de graduar a profesionales del arte con un alto nivel y preparados para enfrentar una exitosa carrera en solitario. Todo este cúmulo de conocimientos se generaba gracias a los nuevos planes de estudios implementados en el ISA y a los profesores que los impartían.

¿Fue realmente significativa su inserción en el movimiento cultural capitalino en su período de estudios en el Instituto Superior de Arte?

Debo decir que fue de vital importancia en mi periodo formativo. La oportunidad de estudiar en el ISA me abrió nuevos campos de exploración intelectual, pues propició el contacto con otros artistas de reconocido prestigio, cubanos como René Francisco y extranjeros como Juan Dávila, tuvo que ver en la interacción con importantes muestras en espacios galéricos de la ciudad (Roxi de Robert Raushemberg), mediante la inserción en eventos artísticos de alto nivel (La Bienal de La Habana) y la vinculación con disímiles eventos culturales y festivales de cualquier índole como el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, el Festival del Humor Aquelarre o el de Jazz, también la posibilidad de presenciar las puestas en escenas de cientos de obras de teatro (recuerdo Contigo pan y cebolla) y de Ballet (Cascanueces), los cientos de conciertos de la nueva trova (Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en el propio ISA); en fin: las innumerables opciones culturales que ofrece La Habana para alimentar el espíritu y amplificar nuestro horizonte intelectual.

Fue, además, la oportunidad de ser copartícipe de una gesta única en el mundo de las artes plásticas a raíz de mi estancia en el ISA (1986-1991), la llamada década de oro o del florecimiento de la plástica cubana (los 80 del siglo XX). Recuerdo exposiciones trascendentales y polémicas como El Objeto Esculturado, donde el artista Ángel Delgado subastó una cuerda con el nudo de la horca, abriéndose paso entre el público, y donde, además, por primera vez expusieron como grupo tres jóvenes artistas que luego se convirtieron en el fenómeno Los Carpinteros. Recuerdo proyectos como La Real Fuerza del Castillo y otros que recibieron su buena cuota de censura, también las novedosas representaciones del grupo Puré, Los provocativos performances del grupo Arte Calle, los interesantes cuadros del dúo conformado por René Francisco y Eduardo Ponjuán, las místicas creaciones de Elso Padilla, las controvertidas y morbosas pinturas de Tomás Esson, las hermosas e intensas obras de José Bedia, las profundas y reflexivas instalaciones de Flavio Garciandía, los gigantescos performances de Manuel Mendive… Recuerdo también el oportunismo de artistas mediocres abriéndose paso desde posiciones lamentables y una lista interminable de acontecimientos que sucedieron ante mis propios ojos y que me aportaron una gran experiencia de arte y vida.

En un artista que posee un dominio excepcional de técnicas y soportes, una revolucionaria visión del proceso creativo y de vinculación con el espectador, ¿cómo se produjo el abandono de los caminos tradicionales de la comunicación y su relación con la posibilidad figurativa, para adentrarse en los rumbos de la transgresión permanente?

Me entiendo en el sentido más ortodoxo de la palabra como un artista figurativo pues, a pesar de haber coqueteado en algunos momentos de mi obra con el fenómeno de la abstracción, nunca he dejado de usar la figuración como medio expresivo indispensable en mi propuesta. Es cierto que en mi discurso estético me ha gustado siempre (y es una intensión marcada) transgredir, crear extrañamientos, caos, rupturas, trastocar códigos y provocar al espectador desde cualquier arista posible, pero todos esos propósitos parten siempre de un reconocimiento de los vericuetos de la tradición, de plantar fuerte los pies en esos caminos convencionales de la comunicación y avanzar explorando hacia una dirección ya decidida, hasta encontrar el verdadero entendimiento y la razón en mí mismo, para entonces poder subvertir.

Conocedor de las tendencias expresivas contemporáneas del arte, de cierto modo un teórico por su laboreo pedagógico, ¿qué le aportó su relación conceptual y pragmática con las vanguardias artísticas del siglo XX, en particular el Dadaísmo, el Surrealismo y otros “fenómenos” de la visualidad como el Pop Art y el Arte Minimal?

En verdad, todos estos movimientos o tendencias artísticas han afectado de manera más o menos intensa los presupuestos teóricos y las maneras representacionales de mi propuesta, son fuentes de las que sigo bebiendo en la actualidad.

Del movimiento Dada, surgido en Zúrich el 8 de febrero de 1916 en la tribuna de emigrantes del Cabaret Voltaire, me interesa el sentido de rebeldía total contra todo tipo de convencionalismos y la contradicción entre la praxis de la vida y el mundo idealizado del arte tradicional, lo versátil y abarcador dentro de los géneros artísticos que incluyen la poesía, la música, el ruido, el montaje de objetos y de desechos cotidianos, que establecen una identidad entre el arte y la vida; me atañe además el uso constante de la sátira y la ironía, el carácter de protesta, la exaltación de lo absurdo y carente de valor, y la introducción del caos en la escena artística.

El Surrealismo, cuyo manifiesto lo creó Andre Bretón en 1924, me ha aportado un modo interesante de acercarme a la lectura e interpretación de mis más profundos sueños y pensamientos desde una óptica freudiana a través del subconsciente, rescatando ideas y asumiendo lo irracional e intuitivo como procesos válidos en el acto creativo.

Al Pop-Art, que nació en los años 50 aproximadamente al mismo tiempo, pero de forma independiente, en los Estados Unidos y en Inglaterra, le debo, además de algunos de sus modos de representación en una faceta de mi obra y un límpido lenguaje plástico, la vocación de integración del arte en el contexto sociológico del espíritu de la época. También, como a sus principales exponentes, me seduce la estética de los objetos triviales del universo cotidiano, el uso vehemente del collage, los colores intensos y la indagación en las subculturas populares.

El Minimal Art o neoabtraccionismo, aunque en el plano visual es totalmente opuesto a la gran totalidad de mi obra, me interesa desde una perspectiva del análisis del pensamiento y mayormente a la hora de resumir las ideas, de deslindar fenómenos, objetivos e intereses, es una tendencia que enarbola la filosofía de la síntesis, que va a lo concreto.

Por Ronel González Sánchez

Tomado de www.uneac.org.cu

Instructores de arte contribuyen a no perder la identidad de la nación

 

Consejo provincial de la Brigada de instructores de arte José Martí. Foto: Carlos Rafael
 Dedicado al aniversario 165 del natalicio del Apóstol se desarrolló en Holguín el Consejo provincial de la Brigada de instructores de arte José Martí. Durante el encuentro se analizó el funcionamiento del trabajo de los brigadistas y se expusieron algunos de sus avances en el último periodo. 

La sesión estuvo presidida por Liliam Mendoza, presidenta nacional de la Brigada José Martí y Margarita Mejuto, vicepresidenta del Consejo Nacional de Casas de Cultura.

Los jóvenes a propósito de celebrarse el aniversario 40 de la constitución de las Casas de Cultura en el país aseguraron que desempeñan un rol protagónico en estas instituciones culturales, fomentando el gusto estético en los públicos.

De vital importancia resultó el debate originado a partir de la necesidad de los instructores de arte de superarse profesionalmente así como especializarse en distintas aristas como pueden ser: el teatro, la danza, el canto y las artes plásticas.

Demandaron la necesidad de estrechar vínculos con instituciones a fin de potenciar la educación artística que llevan a cabo en las escuelas e involucrar a diversos factores en espacios socioculturales que partan de la comunidad.

Juan Carlos Hernández, instructor de arte, fue reconocido por los logros alcanzados en su desempeño y de igual manera llegó el reconocimiento a los presidentes de las brigadas de los municipios de Cacocum, Cueto, Báguanos y Frank País.

Liliam Mendoza reconoció el trabajo de las brigadas a nivel provincial a partir del cumplimiento de la política de cuadros, a la vez que exhortó a ser jóvenes de estos tiempos, actuar a tono con el contexto histórico que vive el país y contribuir desde la cultura a no perder la identidad de la nación.

Por Yarima Lisbet Acosta Torres
Tomado de www.radioangulo.cu

Los Premios de la Ciudad de Holguín tienen nombres y apellidos

Edilberto Carmona, jefe del Grupo Multimedia del Semanario !ahora! recibe en nombre de su equipo el Premio de la Ciudad en la categoría Multimedia. Foto: Juan Pablo Carreras
La entrega de los Premios de la Ciudad distinguió la noche de este sábado la Semana de la Cultura Holguinera, que concluye hoy con motivo del aniversario 266 del otorgamiento del título de ciudad y tenencia de Gobierno al otrora Hato de San Isidoro, el 18 de enero de 1752.
En el teatro Comandante Eddy Suñol, de la llamada Ciudad de los Parques, se reconocieron las mejores obras en las categorías de Literatura, Prensa Escrita, Radio, Televisión, Comunicación Promocional, Video, Arquitectura, Historia y Artes Plásticas y Escénicas.
Los artistas y escritores galardonados fueron agasajados con el cemí Baibrama, símbolo aborigen que se relaciona con la fertilidad y la constancia en la creación, el cual es un emblema distintivo de la cultura holguinera.
El periodista del semanario Ahora Luis Mario Rodríguez Suñol obtuvo el Premio de la Ciudad en la categoría de prensa escrita por la serie de reportajes- Crónicas en ruso.
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El de televisión lo ganó Omar Pupo Portelles y el de Radio Amalio Carralero, por su programa Esto sí sabe a Cuba, que se transmite por la emisora provincial Radio Angulo.
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En Comunicación Audiovisual resultó galardonado el Grupo Multimedia del Semanario !ahora! por el conjunto de productos comunicativos en multimedia por el aniversario 55 del semanario Ahora.
En el apartado de Comunicación Promocional en Radio se alzó con el laureo Vivian García Rojas, con el conjunto de Spot para la feria de artesanía Iberoarte.
El libro El cuerpo al final del camino, del escritor tunero José Alberto Velázquez López, obtuvo el premio en narrativa, mientras el volumen Danza alrededor del fuego, de la holguinera Zulema Gutiérrez, lo alcanzó en poesía.
A la gala de premiaciones, matizada con la proyección de algunas de las obras audiovisuales ganadoras, asistió Julio César Estupiñán Rodríguez, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, además de otras autoridades políticas y gubernamentales del oriental territorio.
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La Semana de la Cultura Holguinera, que concluye hoy, estuvo dedicada a los 120 años del fallecimiento de Calixto García Íñiguez (1839-1898), General de las Tres Guerras por la Independencia de Cuba y a las cuatro décadas del Sistema de Casas de Culturas en el país. (Con Información de ACN y Radio Angulo)
Por Redacción AHORA
Tomado de www.ahora.cu

La Ciudad premia a sus hijos

¿Qué significa ser artista?

A partir de esta filosófica interrogante se desarrolló la Gala de entrega de los Premios de la Ciudad Holguín 2018. En una demorada noche y con escasa asistencia de público recibieron los galardones en los diferentes apartados, donde destacan el “Desierto” en Artes Escénicas y la prevalencia del talento del semanario ¡ahora! entre los laureados.

En ruso perfectamente legible escribió Luis Mario Rodríguez sus crónicas. Foto: Ernesto Herrera

Como en los años 80 nos sentimos al leer “Crónicas en ruso”, textos que narran atractiva y jocosamente las vivencias de Luis Mario Rodríguez por el país más extenso del mundo, trabajo que además hizo valer su calidad para llevarse el Sello Baibrama en prensa escrita, secundado por las menciones a las entrevistas “Mujer con alas enormes, de Dénise Montero, y “Un baile de máscaras al borde de la bañera”, de Katherine Pérez y Edgar Ariel. En coordinación con la Unión de Periodistas de Cuba se entrega este lauro donde el jurado estuvo integrado por los periodistas Isis Galano, Rubén Rodríguez, Jorge Luis Cruz y Abdiel Bermúdez.

Para continuar con su prominencia entre los galardonados, Juan Pablo Aguilera Torralbas obtuvo el Premio de la Ciudad en Comunicación Promocional dentro de la categoría Multimedia, por su conjunto de productos comunicativos dedicados al aniversario 55 del semanario ¡ahora!, el cual justifica su premio en la diversidad de soportes empleados sobre un concepto unificador en función de la promoción en la Rede de redes de un hecho de alcance histórico. Con su Manual de Identidad Visual “Holguín: Pórtico de Cuba”, Raúl Dranyl Barea desbancó en la categoría Diseño al resto de los competidores para llevarse el galardón; en este trabajo el autor “asume puntualmente un encargo de elevada importancia para el reconocimiento a nivel nacional del quehacer socioeconómico de la provincia y sus valores identitarios, con alta efectividad en las soluciones gráficas”, destacó el jurado en esta variante. En el apartado de Audiovisuales, también en Comunicación…, obtuvo el Premio la Serie de spots para el Fondo Nacional de Desarrollo Agrícola y Forestal (FONADEF), de Paula Reynaldo. Por su parte en Radio fue la serie de spots para la Feria de artesanía Iberoarte 2017, de Vivian García.

Un tunero bailó en casa del trompo al llevarse el Premio en Literatura. Foto: Ernesto Herrera

El Sello en Arquitectura fue para una obra terminada que “destaca por su respetuosa puesta en valor de un bien patrimonial y por lograr una destacada rehabilitación arquitectónica, el Hotel Esmeralda, de la arquitecta Ivette Planas y Equipos de dice;o Arquitectónicos y de Interiores”, destacó el jurado. También en este acápite inmobiliario se reconoció la lograda integración del edificio al entorno, el respeto de la ejecución de la obra a la concepción del proyecto, por lograr un espacio funcional en lo interno y externo, por el diálogo urbanístico y cultural que se establece entre el parque y el café, y por la integración de los actores Disenador, Constructor y Operador del edificio;  se le concedió Mención al Café “Los tiempos”, idea original del Maestro Cosme Proenza, concebida por los arquitectos Carlos Rodríguez, William Crespo y Andor Caballero, así como el artista de la plástica Rolando Escobar.

Las Artes Plásticas reconocieron con menciones al proyecto de escultura ambiental “Homenaje al escarabajo pelotero”, de Osmani Reyes; al proyecto de video “Nada está en reposo, todo se mueve, todo cambia”, de Linet Oquendo; y al proyecto “Del polvo eres y al polvo volverás” de Leonardo Jiménez. Para estas manifestaciones se concedieron dos Premios de la Ciudad: uno para el proyecto “Juego de ni;os”, de Dagoberto Driggs, y para el dúo de proyectos “Sin título” y “Vuelo al vacío” de Ladisbellis Carmenate.

Cubandaluz fue de lo mejor en la noche. Foto: Ernesto Herrera

El Sistema Provincial de la Radio premió al programa “Esto si sabe a Cuba”, de Amalio Carralero, dedicado a la figura de nuestro juglar mayor, Faustino Oramas, El Guayabero. Por su parte en Televisión obtuvo el Premio Omar Pupo por el conjunto de obras presentadas, y la mención fue para el programa “Por Cuba”, de Marel González y Abdiel Bermúdez.

Más que prestigioso fue el jurado en la categoría de Video, tal es el caso de Frank Padrón y Félix Beatón, quienes reconocieron al grupo comunitario integrado por niños y adolescentes “Almiquí”, por la creación colectiva “Amor boutique”, producto que realizaron con celulares y cámaras casi antiguas, para así contar “una obra muy actual y con resultado encomiable”, coincidieron ambas personalidades. Por otra parte la Mención fue para el videoarte “Plumarte”, de Idalberto Betancourt, y el Premio fue para “Ángelus”, de Dayamí Rodríguez.

La Literatura encontró competencia en los géneros narrativos y poéticos. En Narrativa obtuvo Mención el libro “El asesinato de Thomas Pynchon”, de José Luis García, y el Sello Baibrama fue para “El cuerpo al final del camino”, del tunero José Alberto Velázquez, quien se llevó el triunfo junto con su equipo en esta noche de gala. En Poesía alcanzó Mención “La contienda”, de Félix Batista, y el Premio fue para “Danza alrededor del fuego”, de Zulema Gutiérrez.

Un premio desierto fue la excusa para reconocer a Palabras al Viento. Foto: Ernesto Herrera

Por no presentación de los colectivos que competirían por el Premio y por causas ajenas a su voluntad, el jurado de Artes Escénicas no encontró otra opción que dejar “Desierto” el premio correspondiente a esta manifestación; en su lugar se le entregó un Baibrama Especial al Proyecto de Narración Oral Palabras al Viento por su entrega y dedicación, lo cual también le confirió recientemente el Premio Honorífico Juglar que entrega la Uneac. La extensa gala, a la que asistieron las principales autoridades de la provincia, y que encontró momentos amenos en las interpretaciones musicales del Trío Zahorí y Cubandaluz, fue el motivo para lanzar la convocatoria a los Premios de la Ciudad 2019, en lo que se espera sea una Semana de la Cultura menos golpeada por las inclemencias del tiempo y la desorganización.

Entregan distinciones a Hijos Destacados e Ilustres

A Hijos Destacados e Ilustres se les reconoció su aporte a la Ciudad durante el sistema de homenajes ocurrido en el Museo Provincial “La Periquera”, este 18 de enero, con motivo del aniversario 266 del otorgamiento del título y tenencia de Gobierno.

La lluvia no malogró el momento en que unos 20 trabajadores, artistas, estudiantes y jubilados de diversos sectores y organismos territoriales-  Organización de Pioneros José Martí, la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales, los Comités de Defensa de la Revolución- , recibieran la placa conmemorativa, entre ellos, la joven instructora de arte Ana Rosa Pierre y el humorista Rodolfo “Fito” Otero, así como Ricardo Ronda con una considerable labor en el sector de la Cultura, quienes atestiguan:

“Ha sido gratificante recibir la Distinción Hija Destacada, por lo visto, no ha sido en vano todo el sacrificio que hacemos durante  14 años de trabajo en la instrucción del arte.”

“Resulta un honor y ,además, un compromiso para mí con la Ciudad y con los holguineros por seguir esforzándome y llevar adelante el trabajo, siempre pensando en mi ciudad. Estoy feliz, aunque no esperaba recibirla, pues aún quedan muchas cosas por hacer. Estaré siempre presente a la hora que me llame la Cultura.”

A la gala asistieron representantes del Partido y autoridades de la Cultura en nuestra ciudad así como las personalidades agasajadas en esta XXXVI Semana de la Cultura Holguinera, el connotado artista de la plástica Argelio Cobiellas, y el destacado promotor cultural  Jesús Téllez. Paralelamente la distinción le fue otorrgada a  la máxima dirección del Sistema de Casas de Cultura, a cargo de  Mayra Pupo, por sus  40 años fundacionales.

La velada se engrandeció con el talento local del Coro Opus David, el proyecto infantil Ilusión, perteneciente al sistema de Casas de Cultura, la potente voz de la solista invidente Roxi junto a su par Yamila Rodríguez así como el vocalista Wíster Cobas, quienes ofrecieron una meritoria entrega.

“Sin título S/T”, trabajo en ¿progreso? XXXII Salón de la Ciudad

 

Veinte artistas. Veinte ideas. Proyectos “Sin título S/T, trabajo en progreso”, que nombran la XXXII edición del Salón de la Ciudad y sorprenden a los espectadores con una propuesta, sino arriesgada, por lo menos distintiva. Con la presencia de autoridades del Partido y el Gobierno ocurrió la apertura del espacio dedicado a las artes visuales en esta Semana de la Cultura Holguinera.

Altas cotas de creatividad e imaginación se expresan  en cada una de las fichas. Reflejos de la mente ilimitada y la inquietud artística. Lo que muchos anticipaban como una oferta cultural polémica y novedosa se traduce en una triple mirada al arte (artista- curador- público). Ellos entrelazados en una alianza que, al decir del profesor Ramón Legón en sus palabras inaugurales:

“Esta vez, curador y artista proponen el proyecto de esa obra, objeto ambivalente y ficcional.  Y lo sitúan en un terreno para todos. El artista propone, el curador exhibe y los públicos recepcionan un significado en curso y cada uno lo completa.”

¿Prima la imaginación? Quizá la utopía… Una verdadera  “ecología” de proyectos que incluye la instalación, el muralismo, el performance, la escultura monumental. Para los jóvenes curadores- Yanna Velázquez, Josvel Vázquez, Dailé Escalona- , este nuevo enfoque sitúa a nuestro Salón en el centro de la contemporaneidad marcada por los grandes espacios galéricos.

“Acá se presenta las concepciones de obras que no se han materializado por diversas causas, algunas por el amplio inventario recursivo que implican, otras incluso irrealizables.”

Y si la pauta la marca el mundo, nosotros, desde esta “provincia del universo”, también optamos por trazar una raya oblicua, distintiva, que impone no pocos desafíos  a los jueces que tienen a su cargo el otorgamiento de lauros durante la esperada noche de los Premios de la Ciudad. Prometedor ha sido descubrir la confluencia de varias generaciones de artistas, desde  iniciados aprendices de El Alba, academia profesional de la ciudad,  concomitando con otros ya establecidos, de la talla de Lauro Hechavarría, Argelio Cobiellas, Dagoberto Driggs, etc.

Desde la incitación a cuidar el medioambiente, con una serie de esculturas de animales en peligro de extinción, a escala natural, diseminadas por espacios públicos de la ciudad; metáforas escultóricas a la leyenda de Sísifo desde un homenaje al escarabajo pelotero; instalaciones comestibles que aluden al constructos y estereotipos de la mujer cubana; pueden encontrarse en “Sin título S/T “. Todas apelando a la interacción directa con el público.

Dinamizan el Salón, el proyecto expositivo “El juego es un derecho” que comprende cinco acciones colectivas a cargo del artista Dagoberto Driggs, cuya esencia ubica en una misma línea temática el rescate de elementos lúdicos presentes en la formación de varias generaciones de cubanos junto al cuidado de los niños. Otra loable proposición se registra en el mural “Camino del hierro”, del reconocido artista Lauro Hechavarría. Con el uso de la técnica de esmalte sobre pared, se ha diseñado un verdadero recorrido por la historia y desarrollo del ferrocarril que, desplegado en las inmediaciones de nuestra antigua estación, pretende contribuir a la cultura y ambientación de Holguín.

Así conforman un novedoso panorama visual que impacta directamente en el espectador, quien puede obrar, cual primer magistrado y discernir dentro de esta llamada “ecología visual” notables contrastes, los que obligan a ejercer una lectura crítica aún al ojo más inexperto.

No se aboga acá por enjuiciar lo que a claras luces se concibió como proyectos. O sea, no se está evaluando la obra en sí. Transgresora apuesta esa de mostrar, únicamente, una concepción ideo estética. Palabras más, palabras menos. Pequeños bosquejos, esquemas y anteproyectos no equivalen a la magnitud de una obra, al hecho de apreciarla en toda su dimensión, desplegando su capacidad de provocar sensaciones, reflexiones y no pocos cuestionamientos en el espectador.

Quizá este nuevo enfoque sea síntoma de lo que, en cuestiones artísticas, aún nos queda por aprehender. Quizá todavía nuestros públicos aun no asimilen, reconstruyan y se apropien de los códigos que maneja el arte a través de una mínima ficha.  Lo que acá se muestra no responde a futuros anteproyectos, cuya materialización en el tiempo será posible. Hablamos de agujeros negros en plena ciudad, o intervenciones que implican mutilaciones. Del otro lado de la balanza se exhiben proyectos nimios, supuestos “tótem” y “juegos crípticos” que buscan abrirse paso entre sus competidores pero no dan, como bien se expresa , en el “clavo” visual.

En conclusión, se advierte la intención por repensar nuestro Salón; romper con las pautas tradicionales de las artes visuales y proporcionarle una dinámica otra, airear este espacio de la creación artística en la Isla urgido por concertar nuevos públicos, nuevos cuestionamientos, nuevas búsquedas.

 

 

 

Tiempo de homenajes

Las frescas y lluviosas jornadas de un antojado y a la vez anhelado invierno no han impedido que los holguineros festejen el 266 aniversario del otorgamiento del Título de ciudad a nuestro pedazo de tierra. Férreos frente a las inclemencias del tiempo nos hemos congregado en disímiles espacios del municipio para festejar la 36 Semana de la Cultura.

La Casa de Iberoamérica acogió la tarde de homenajes. Foto: Internet

Con una copa para espantar el frío y agasajados por la buena música, se desarrolló este viernes 19 de enero la entrega de la distinción “Casa de Iberoamérica” al ferviente promotor cultural Jesús Luciano Téllez Carracel.

Téllez, a quien se le dedica la XXXVI Semana de la Cultura holguinera, junto al artista plástico Argelio Cobiellas, ha sido protagonista del movimiento cultural en la provincia desde hace varias décadas, de igual forma lo ha sido de la cultura cubana desde una provincia que se empeña cada día en sus pretensiones de universalidad. Muchas veces desde el anonimato más sencillo y provechoso: ese anonimato que tras un puesto de dirección o en la organización de determinado evento, se aleja de cámaras, reflectores, periódicos, flashes y notoriedad popular en pos de la calidad del hecho cultural en sí, del fomento de la cultura en el pueblo y de la relaciones ineludibles entre cultura, sociedad y Revolución.

Su profundo agradecimiento ante tal homenaje expresó el reconocido artista, quien en el pasado también ocupara el puesto de director de la prestigiosa institución de Iberoamérica.

Téllez es sin dudas una de las personalidades más importantes en el ámbito de la cultura holguinera. Foto: Ernesto Herrero Pelegrino

Como una personalidad de las artes en la provincia, incluso nacional e internacionalmente, catalogó Ernesto Angulo Mesa a Téllez, sin dudas “una personalidad a la que se intenta agasajar de una forma sencilla pero sincera”, destacó el investigador holguinero que labora en la Casa Ibero.

De un “Menú musical” variado disfrutan quienes asisten al espacio fijo que acoge la Casa Iberoamericana el segundo viernes de cada mes; su protagonista, Nadiel Mejías, se encarga de regalar una “carta” que incluye variadas piezas del repertorio nacional e internacional.

 

Téllez por Téllez

Jesús Téllez Carrasedo (1946) tiene mucho que contarnos. Solo él puede hacerlo con la seguridad de que no tiene nada que perder cuando, entre amigos, se dispone al diálogo ameno y desenfadado, salvo historias reales que son al fin y al cabo, fragmentos de vida que han pertrechado a este hombre, momentos de la existencia sociocultural de un país.

Téllez, a quien se le dedica la XXXVI Semana de la Cultura holguinera, junto al artista plástico Argelio Cobiellas, ha sido protagonista del movimiento cultural en la provincia desde hace varias décadas, que es ser protagonista también de la cultura cubana desde una provincia que se empeña cada día en sus pretensiones de universalidad. Muchas veces desde el anonimato más sencillo y provechoso: ese anonimato que tras un puesto de dirección o en la organización de determinado evento, se aleja de cámaras, reflectores, periódicos, flashes y notoriedad popular en pos de la calidad del hecho cultural en sí, del fomento de la cultura en el pueblo y de la relaciones ineludibles entre cultura, sociedad y Revolución.

Por eso, para encender el diálogo memorioso, para inflamar la memoria en donde ardió el suceso, como tan bien ella sabe, la escritora y editora Lourdes González Herrero, invitó a Jesús Téllez Carrasedo al espacio “Con olor a tinta”, en la sede de Ediciones Holguín.

Aunque no lo notáramos a simple vista, buena parte del diálogo estuvo regido por la influencia de la política cultural de la Revolución Cubana en la vida de Jesús Téllez. No podríamos desligar una de otra. Ambos accionares han ido de la mano. Como tampoco podríamos hacerlo con las condiciones sociohistóricas que la han marcado como cubano.

De eso habló Téllez, quien actualmente trabaja en el departamento de Relaciones Exteriores en la Uneac holguinera, cuando se refirió a su labor en determinados sectores de la cultura holguinera luego del triunfo del proceso revolucionario en 1959 y desde que comenzó a laborar en el sector en 1965, relacionado al movimiento de artistas aficionados.

A finales de 1969, Téllez fue delegado en Holguín del Consejo Nacional de Cultura. Con posterioridad estuvo al frente del Movimiento de Artistas Aficionados y las Casas de Cultura. Más tarde, con la creación del Ministerio de Cultura en 1976 y la nueva división política administrativa, estuvo al frente del Movimiento de Aficionados, Casas de Cultura y Literatura en Holguín.

Incomprensiones epocales propias de una Revolución que se radicaliza en un contexto complejo, logros culturales, interpretaciones erróneas de postulados marxistas, trabajo, también censuras, esfuerzos cotidianos, artistas aficionados, creación, nuevamente desacuerdos, consolidación artística de la provincia y nombres de creadores y directivos de diferentes sectores y niveles, como Angélica Serrú, Raúl Camayd, con quien desarrolla festivales internacionales de ballet y canto lírico, Luis Pavón Tamayo, Ángel Augier, Faustino Oramas, Julio Méndez, Alberto Cortez, Estela Raval y Los Cinco Latinos, Carlos Jesús García, Faustino Oramas, Armando Hart Dávalos, Felix Varona, Joan Manuel Serrat, entre otros con los que se ha relacionado a lo largo de su vida profesional, se fueron intercalando y siendo parte del ameno diálogo en Ediciones Holguín.

Jesús Téllez Carrasedo (1946) tiene mucho que contarnos (foto Ernesto Herrero Pelegrino).

Melómano nato –la música clásica, el jazz y el rock and roll entre sus preferencias– y amante de los relojes y los bolígrafos, que combina unos con otros, Téllez visitó diferentes países de la Europa socialista (Alemania, Polonia) llevando las experiencias en la fomentación y dirección de la cultura en Holguín. Asimismo, fue partícipe de las diferentes estructuras desde las cuales se articuló la cultura en Cuba, desde el Consejo Nacional de Cultura hasta el actual Ministerio de Cultura.

Téllez sería también consultor de la ONU en Nicaragua: allí se reencuentra con el reconocido poeta, sacerdote y teólogo Ernesto Cardenal, que años antes había visitado la ciudad de Holguín, y conoce, también, al recientemente fallecido pensador marxista Fernando Martínez Heredia. Además, se desempeñó como director del Consejo Provincial de las Artes Escénicas. “Los directivos existimos por los creadores y nuestro papel es facilitarles a los creadores la obra”, añadió.

Diálogo de Jesús Téllez con la escritora y editora Lourdes González en Ediciones Holguín (foto Ernesto Herrera Pelegrino).

“Soy un patriota, amo a este país con sus virtudes y defectos”, aseguró finalmente Jesús Téllez Carrasedo y esa parece ser su divisa, el blasón que porta contra todo viento: el estandarte de un hombre que mientras la vive ha sido, además, constructor de la cultura.

 

 

 

 

 

 

Patrimonio Cultural: salvaguarda del legado sociohistórico

Por Vanessa Pernía Arias

La Casa de Cultura Manuel Dositeo Aguilera, en el marco de la XXXVI Semana de la Cultura Holguinera y como parte del evento Feria de Traiciones, efectuó el V Encuentro de Investigación sobre Patrimonio Cultural del Territorio.

El Encuentro, que llegó a su aniversario cerrado, tiene como objetivo propiciar espacios de intercambio, reflexión, socialización y promoción de estudios investigativos sobre el patrimonio cultural del territorio, mostrando sus fortalezas y limitantes como salvaguarda de nuestro legado histórico.

Esta vez fueron presentadas ocho ponencias ante un jurado compuesto por el metodólogo de la Casa de Cultura, MSc. Moisés Álvarez González, la investigadora MSc. Isairis Rojas París, y la metodóloga de Patrimonio Inmaterial de la Casa de Cultura, Lic. Violeta Rodríguez Fernández, quienes decidieron otorgar tres premios en idéntica cantidad de categorías: mención, destacado y relevante, correspondiendo al grado de cientificidad y preeminencia de los trabajos expuestos.

Dicho jurado otorgó unánimemente menciones a las siguientes ponencias: “La miel de abeja en la clarificación en la producción de vinos artesanales”, del autor Freddy Peña Abreu, quien hizo un recorrido bastante acertado por el proceso de confección del vino artesanal, los aportes nutritivos de la miel en este proceso y cómo influye en la clarificación o eliminación de impurezas para la excelencia de la bebida. Asimismo, el trabajo “Incrementación de la efectividad de la fermentación, suplementando levaduras con hidrosis de la moringa”, del MSc. José Ramón Torres Aguilera y el Lic. Abilio Torres Batista, un estudio sobre la tradición de la utilización de las plantas en el proceso de producción del vino, enfatizando en el uso la moringa, planta que permite, según los ponentes, alimentar la levadura que se añade al vino para que el nivel de alcohol se logre en el menor tiempo posible, así como la producción de un producto más sano. Los autores de dichas investigaciones son miembros del Club de Vinicultores Bayado, del municipio Holguín, quienes a su vez han obtenido premios relevantes en festivales nacionales e internacionales de vinos.

La categoría de destacado, también fue compartida entre las ponencias “Leyendas de supersticiones que giran en torno a la Semana Santa cubano–haitiana en Báguanos”, del MSc. Yosvani González Muriño y el MSc. Tomás Renal Masena, y “Antecedentes de la narración oral escénica en Holguín”, de la Lic. Glenda Pavón Martínez, quien nos acercó a esta conducta expresivo comunicadora que va más allá del imaginario popular que recrearon nuestros ancestros con mitos y leyendas que luego se difundirían de generación en generación hasta nuestros días, pues la narración oral escénica requiere de cierta especialización artística, a través de dos importantes compañías holguineras: Pico de oro y Palabras al Viento.

Premiación del V Encuentro de Investigación sobre Patrimonio Cultural del Territorio (foto Ernesto Herrera Pelegrino).

A su vez, la categoría de relevante la disputaron cuatro investigaciones: “Los carnavales en San Germán. Historia y Tradiciones” y “Acercamiento a la literatura de transmisión oral. Mitos y leyendas Sangermanences”, ambas del MSc. Pedro Jorge Calzadilla Espósito, del municipio Urbano Noris.

Además, la ponencia “Catálogo de la hachas petaloides del Museo Provincial La Periquera, de la Lic. Rosabel Reyes Portelles, ponencia que aborda la importancia de estos instrumentos líticos comunes al gran conglomerado antillano aborigen, específicamente las encontradas en zonas arqueológicas importantes del territorio holguinero, en su mayoría pertenecientes a la colección García–Feria. La misma nos remite a la impronta de nuestros antepasados, su cosmovisión del mundo cuando el arte no poseía aun una concepción estética y estos instrumentos tenían tres funciones primordiales: utilitaria, mágico–religiosa y educativa.

V Encuentro de Investigación sobre Patrimonio Cultural del Territorio (foto Ernesto Herrera Pelegrino).

También se alzó con categoría de relevante “La colección Andrés García Benítez. Su catálogo”, de la Lic. Lilian Leyva Infante, investigación que constituye un estudio minucioso sobre los aportes que dejó a la posteridad el dibujante y diseñador holguinero Andrés García Benítez, entre los que destacan las 139 portadas realizadas para la revista Carteles y otras dedicadas a la revista Crónica, y la portada de un libro del Poeta Nacional Nicolás Guillén. Así mismo, esta ponencia saca a la luz una significativa colección de obras autografiadas por importantes artistas plásticos del siglo XX cubano, como Víctor Manuel, Portocarrero, Cundo Bermúdez…, retratos hechos por él a su familia, documentos personales, fotos familiares y artículos de importante valor museológico.

El encuentro tuvo lugar en el Centro para el Estudio y Desarrollo Socio–Cultural (CEDES) y reconoció de manera especial al jurado que participa en esta edición, a los trabajadores de dicha institución, por acoger en su espacio al evento cada año, y al investigador MSc. Pedro Jorge Calzadilla Espósito, fundador del encuentro y fiel participante del mismo.

 

Pensar las Guerras de independencia

“Estamos en presencia de una de las figuras emblemáticas dentro de la tradición del independentismo cubano, sin embargo se conoce más por su dimensión militar y su pensamiento táctico y estratégico. No obstante, es imposible entender a Máximo Gómez si solamente lo asumimos como un hombre enrolado en cuestiones militares, y no entendemos otras facetas que forman al hombre en toda su integridad”, aseguró el Dr. Yoel Cordoví Núñez en la conferencia magistral “Ética y Revolución en Máximo Gómez”, que inauguró el

“Máximo Gómez se autodefine en la década del 80 del siglo XIX como un revolucionario radical que pone en el centro de su pensamiento los factores populares y la idea de la soberanía de Cuba y con ella el establecimiento de una república independiente y soberana”, añadió el también vicepresidente del Instituto de Historia de Cuba durante la inauguración del Encuentro celebrado en el Museo Casa Natal Mayor General Calixto García Íñiguez, como parte de la XXXVI Semana de la Cultura holguinera

El Encuentro, que articuló sus actividades sobre la exposición y debate de ponencias y además, las conferencias y los paneles, contó con la actuación del solista Ernesto Infante y el cuarteto Bayado, y la presencia, además, de Elda Cento Gómez, Premio Nacional de Historia 2016 y presidenta de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba. Asimismo, se realizó la conferencia magistral “Consideraciones martianas sobre la crisis de la unidad en la Guerra Grande”, por Ibrahim Hidalgo, investigador del Centro de Estudios Martianos, y el panel interactivo “Las Guerras de independencia: hechos significativos y personalidades”, integrado por los reconocidos historiadores Yoel Cordoví, Ibrahim Hidalgo y Hernel Pérez Concepción, miembros del jurado que evaluó las investigaciones presentadas.

Más de treinta ponencias de historiadores, investigadores y profesores universitarios, entre ellos David Gómez Iglesias, Angélica Ramos, Jorge Luis Ochoa, Rolando Núñez, Nelson Peña, Nuvia Artigas, Alexander Abreu, Armando Rodríguez, Yadira Rojas, Paul Sarmiento, Leidiedis Góngora, Carmen Montalvo, René Hidalgo y Plácido Cruz, entre otros, abordan las Guerras de independencia en un lapso de tiempo que puede delimitarse desde 1868 hasta finales de siglo, desde diversos enfoques y perspectivas historiográficas.

Además, se presentó el libro José Agustín Castañeda, un científico holguinero del siglo XX, de Isairis Rojas París y Margarita París Johnson, publicado por el sello editorial holguinero La Mezquita.

l Dr. Yoel Cordoví Núñez en su conferencia “Ética y Revolución en Máximo Gómez” en el Museo Casa Mayor General Calixto García (foto Ernesto Herrera Pelegrino).

El jurado, después de resaltar la calidad de las ponencias presentadas y la apertura de miras y enfoques en los temas investigados, decidió entregar menciones a las ponencias “La decisión de presentarse al indulto español”, de Yadira Rojas Espinosa; “Documentos de la guerra de 1895. Huellas de hechos y personalidades”, de Angelina Ramos Blanco, y “Antonio Maceo visto desde las emisiones postales en Cuba”, de Carmen Montalvo Suárez. Asimismo, calificó como destacados “Una singular relación: Calixto García y Cosme de la Torriente en la Guerra del 95”, de Paul Sarmiento Blanco y Leidiedis Góngora Cruz, y “Los señores del azúcar en la jurisdicción de Holguín (1800–1868)”, de Alexander Abreu Pupo.

Finalmente, según añadió el acta del jurado, leída por Hernel Pérez Concepción, la investigación relevante en el XXIX Encuentro de Estudios sobre las Guerras de independencia resultó “Hace 120 años. Los Centauros ganaron la batalla”, de Aldo Daniel Naranjo Tamayo y Rosa María Rodríguez.

Holguín celebró el XXIX Encuentro de Estudios sobre las Guerras de independencia (foto Ernesto Herrera Pelegrino).

La XXX edición del Encuentro, según anunciaron sus organizadores, se realizará del 17 al 18 de enero del 2019 y estará dedicada al 180 aniversario del natalicio del Mayor General Calixto García Íñiguez.