Piensa, actúa, luego existe


Por Bernardo Cabrera

Un trébol joven le dio suerte tras volar con Alas Buenas por un tiempo, pero fue entre marionetas donde encontró su verdadera casa.

Su contagioso carisma, histrionismo y desdoblamiento escénico se ganaron rápidamente la preferencia del exigente público infantil, así como el respeto y admiración de sus compañeros del Guiñol, a los que hace apenas un año comenzó a dirigir, tras mudarse a la capital cubana su anterior guía Dania Agüero. Continuar leyendo «Piensa, actúa, luego existe»

LAS BANDAS DE MÚSICA: UN VEHÍCULO DE CULTURA EN EL SIGLO XXI

Desde tiempos pretéritos, la cultura de distintos pueblos ha tenido como paisaje sonoro el sonido de una banda de música. Estos conjuntos instrumentales tienen su origen, por una parte, en los toques militares, tanto para la estrategia de los ejércitos como para las ceremonias. Pero por otro lado, la evolución de los instrumentos de viento y percusión con movimientos propició una nueva visión de estas formaciones.

Desde tiempos pretéritos, la cultura de distintos pueblos ha tenido como paisaje sonoro el sonido de una banda de música. Foto del autor

El auge de las bandas de conciertos en distintas regiones del mundo permitió la creación de adaptaciones para estas de grandes obras sinfónicas, lo cual trajo una gran difusión de la cultura musical en núcleos de población, los cuales no hubiesen tenido acceso a tal deleite en otras formaciones instrumentales. En muchos pueblos se conocieron las melodías de oberturas, sinfonías, óperas o zarzuelas gracias a las bandas, más que por sus originales de orquestas sinfónicas o de cámara, por lo que muchos la reconocen como  las sinfónicas de los parques.

Nuestro país se destaca por una gran tradición bandística en formaciones escolares y también por contar con un buen número de bandas profesionales, civiles y militares. Sin embargo, la cultura actual sigue sin considerar el trabajo de estas entidades. Adentrados en este nuevo siglo, en el cual aparecen nuevas tendencias en la evolución bandística, nos encontramos con la necesidad de salvaguardar las particularidades locales y tradicionales de nuestras bandas, darles un nuevo empuje que pueda adherirse a los movimientos bandísticos que desde cualquier parte del mundo (Estados Unidos, Europa, Japón,  o América Latina) nos invitan a una globalización de su arte. Cuando hoy en día podemos escuchar bandas en salas de conciertos, teatros y espectáculos multimedia, conviene pensar en sus grandes posibilidades y capacidad de difusión de altos valores estéticos.

También convendría readecuar las plantillas ante la internacionalización de la composición para banda. Este planteamiento de renovación hacia una orquesta de vientos podría tener como base: 1 Flautín, 2 Flautas, 2 Oboes, 1 Corno Inglés, 2 Fagotes, 1 Requinto, 14Clarinetes (uno de ellos Cl. Alto), 1 Clarinete Bajo, 2 Saxos Altos, 2 Saxos Tenores, 1 Saxo Barítono, 5 Trompas, 3 Trompetas, 2 Fliscornos, 3 Trombones, 1 Trombón Bajo, 2 Bombardinos, 3 Tubas, 1 o 2 Contrabajos, 1 Timpanista y 4 Percusionistas.

A esta plantilla cabría la posibilidad, según exigencias del repertorio, de añadirle ocasionalmente otros instrumentos que demandara la partitura. Así se podría diversificar su timbre, dar mayor libertad a los compositores y ofrecer al público nuevas formas de ver una banda de música. Tenemos el repertorio, los músicos; tenemos los compositores para ello y las salas, tan solo nos falta un apoyo firme, serio, responsable y con criterio que sepa aprovechar nuestra gran fortuna, esa magnífica tradición bandística de nuestro país y de Iberoamérica para potenciarla y disfrutarla. La cultura de nuestros días se vería enriquecida con nuevas vías de comunicación y goce.

Nuestro país se destaca por una gran tradición bandística en formaciones escolares y también por contar con un buen número de bandas profesionales, civiles y militares. Foto del autor

Debemos buscar los medios necesarios para dar a las músicas de bandas el rango que les pertenece. Al igual que las orquestas sinfónicas, ellas pueden traducir las inspiraciones del compositor y ser dignas de su atención. Es curioso observar cómo, hace más de un siglo, ya, se reclamaba dignidad para las bandas. Cabría reflexionar sobre ese detalle con nuestra situación actual y, sobre todo, con las oportunidades que estamos perdiendo de disfrutar de estas entidades artísticas; con ellas podemos contribuir de manera notoria y diversificada a la cultura contemporánea.

Por Humberto Pino Hernández, Director Titular de la Banda Provincial de Conciertos de Holguín.

Exhibe Ediciones La Luz muestra de carteles dedicada a escritores universales

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Con el nombre La Luz nos convoca, Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, exhibe en el salón Abrirse las constelaciones una exposición de 20 carteles como muestra de su campaña de promoción del libro y lectura desde las redes sociales.

Los diferentes carteles que integran la exhibición componen la imagen visual del trabajo de la editorial en las plataformas digitales, impulsados por la pandemia generada por la Covid-19 en el país durante varios meses.

Con la intención de recordar a varios autores, especialmente poetas, en la fecha de su nacimiento o muerte, surgió la idea de los carteles, comenzando en julio, con el centenario del escritor cubano Eliseo Diego.

Al inicio se trataba de promocionar a escritores cubanos, pero luego se extendió también a los universales, comentó el diseñador y escritor Robert Ráez, autor de las obras donde se pueden apreciar sus diseños a partir de imágenes de autores como Charles Baudelaire, Paul Celan, Julio Cortázar, Emily Dickinson, Virgilio Piñera, Arthur Rimbaud y Oscar Wilde.

El escritor y periodista holguinero Eugenio Marrón precisó en las palabras de presentación de la muestra que el hecho de ilustrar la literatura y sus protagonistas a la hora del cartel resulta una aventura apasionante, logrando que las posibilidades de la fotografía y las letras se conjuguen en una puesta sensorial dirigida a promover y celebrar la lectura.

Las influencias que intervienen en el proceso creativo del diseño de esta colección son muchas, precisó Robert Ráez, entre ellas el estilo de periódicos y revistas como Lunes de Revolución y La Gaceta de Cuba, portadas de discos, y todo lo que en materia de diseño parezca bien concebido.

Con esta propuesta Ediciones La Luz deja entrever el ingenio y la avidez de su equipo creativo, con una elevada elaboración en el plano conceptual, mostrando los rostros de veinte poetas universales y al mismo tiempo influyendo en la promoción de la lectura a través del arte (Con información de la ACN).

 

Ante la Covid-19: la cultura prevalece

A Marrón, como se le conoce en el mundo del arte y las letras holguineras, estos días de enero le provocan nostalgia por fechas pasadas de júbilo y entusiasmo, de jóvenes emprendedores en busca de construir un sueño que quizás no imaginaron, en su momento, se convertiría en un magno evento para la cultura local y nacional.

Para rememorar aquellos maravillosos años, de creación ferviente e inmensas ganas de hacer, conversamos con el periodista, poeta y ensayista, Eugenio Marrón Casanova, artífice de los primeros pasos para crear la Semana de la Cultura holguinera y el Premio de la Ciudad.

A Marrón estos días de enero le provocan nostalgia por fechas pasadas de júbilo y entusiasmo. Foto: Cortesía de Ediciones Holguín

Aquellos primeros avatares

Hace muchos años cuando era periodista y reportero del entonces diario ¡ahora!, que salía de martes a domingo, participé de forma muy especial en todos los organizativos de la primera edición de la Semana de la Cultura, no solo por mis avatares profesionales, sino también porque en coordinación con el Sectorial Municipal de Cultura, viabilizaba contactos, posibilidades, reencuentros con los jurados: en esos tiempos íbamos a La Habana a establecer todas esas relaciones.

Así las cosas, desde las primeras ediciones de la Semana de la Cultura y, de modo especial, el Premio de la Ciudad, la participación de figuras notables de la cultura y la literatura cubana estuvo muy marcada. Si te asomas a la primera edición del Premio, en 1986, los poemarios agasajados de Lourdes González y Alejandro Fonseca, el de cuentos escrito por Pedro Ortiz, el de testimonios de Mario Nieves, sobre las guerras en Etiopía y la participación de cubanos, así como el ensayo de Manuel García Verdecia sobre Carpentier, estaban apoyados en el dictamen de un jurado con nombres entre los que pueden citarse muchas de las figuras más importantes de la literatura en el país; ello demuestra que este evento y su galardón principal, desde sus orígenes, estuvo enmarcado en un diálogo de Holguín con Cuba, de los creadores de la ciudad con sus homólogos de la Isla, en la necesidad de que esta cita fuera lo que desde ese tiempo marcó puntualmente, puente de intercambio con otras disciplinas, autores, para convertirla en una Semana de la Cultura Holguinera de alcance cubano y más allá de nuestras fronteras.

Más allá de las distintas vicisitudes y los problemas de aseguramiento logístico en alguno que otra edición reciente, nuestra Semana de la Cultura es de referencia en todo el país: ¿se imaginaron aquellos muchachos que su proyecto alcanzaría tal magnitud?

En esos primeros años, cuando nos empeñamos en el trabajo organizativo, de promoción, de participación en la Semana… y de modo especial en el Premio, con las actividades que se hacían a la sombra suya: conversatorios, conferencias, entrevistas, etc.; siempre tuvimos bien claro que tenía que ser una plataforma de crecimiento desde la cual nosotros los autores holguineros pudiéramos estar, no solo con lo más importante de la cultura y la literatura cubana, sino también inscribir nuestras obras en el mapa del país; eso fue lo que propició que los creadores de las distintas disciplinas se dieran a conocer desde su localidad en el mapa de la cultura cubana.

“Uno se siente muy agasajado y obliga a ejercicios de nostalgia, de viajar hacia el pasado y recordar”. Foto: Internet

¿Qué representa para uno de los artífices de este evento el hecho de que se le dedique un proyecto que vio nacer y crecer?

Ha sido muy emotivo porque tuve el privilegio de participar en los momentos organizativos de las primeras Semanas…, las primeras Ferias del Libro, recuerdo de modo especial cuando la Dirección Municipal de Cultura estaba encabezada por Julio Méndez, a cuya sombra organizativa se reunían un grupo de creadores que propiciaron lo fecundo de este diálogo, de este crecimiento: allí estábamos periodistas, escritores, pintores, todos a favor de la cultura y de crear un elemento aglutinador. Para mí es sumamente significativo que me dediquen esta edición, así como compartirla con un amigo de años como el investigador David Gómez, quien ha dedicado su vida al estudio y promoción de la Historia de Cuba. Este hecho constituye una alegría en medio de los difíciles tiempos que vivimos con el nuevo coronavirus, la cultura prevalece y la Semana de la Cultura holguinera con ella. Uno se siente muy agasajado y obliga a ejercicios de nostalgia, de viajar hacia el pasado y recordar a los que están y los que no, pero que con su obra permanecen en esa plataforma sobre la que está la Semana de la Cultura.

Una peña holguinera para un guajiro natural

Por Bernardo Cabrera

Decir Polo Montañez en Cuba 19 años atrás era casi como mencionar a un Dios. Sus composiciones, impregnadas de las raíces más autóctonas, eran tarareadas en cada rincón del país gracias al alcance de la radio y la televisión.
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Holguín, a 269 años del título de ciudad 

 

Por Erian Peña Pupo

Fotos Carlos Rafael 

Este 18 de enero se celebra el 269 aniversario del otorgamiento del título de Ciudad y Tenencia de Gobierno a Holguín. Ese día de 1752 el mariscal don Alonso de Arcos y Moreno hizo constar que, obedeciendo las órdenes del rey español Fernando VI y luego de varios intentos de los holguineros solicitando ese derecho a la Corona española, San Isidoro de Holguín dejaba de ser un pueblo para convertirse en una ciudad.

Fue la cuarta ciudad en obtener tal condición. Para esa época y según Merced de Santa Cruz, contaba con 1291 personas blancas y 135 esclavos y existían 211 casas de rústica y sencilla construcción, donde solo había una escuela pública a cargo de Don Luis González de Rivera. En 1863 ya existían 76 ingenios, 753 vegas de tabacos y cientos de fincas rústicas y atendidas por esclavos, lo que muestra el crecimiento progresivo de la urbe. 

Ese mismo año, 1752, a los originales San Isidoro y la Virgen del Rosario, se agregaron los paternos San Idelfonso y San Miguel, que dieron nombre a las actuales calles Aricochea y Luz Caballero. La ciudad contaba a partir de ese momento los vecinos pudieron gozar de todos los privilegios, honores y franquicias propias que este título poseía. 

Con motivo a esta fecha, la ciudad de Holguín celebra cada año su Semana de la Cultura.

La primera fonda o mesón

Se instaló en 1820, en una vieja casa que ocupaba parte del espacio donde está enclavado hoy el Teatro Eddy Suñol. Llevaba por rótulo La Viajera, y fue propietario Don José Canciell. Los escasos viajeros que a ella llegaban, disfrutaban, por poco dinero, de buena comida y cama. Era obligatorio despertar a los viajeros, sin importar el rango, los domingos a las 6 de la mañana. Así los huéspedes podrían cumplir con la obligación de oír misa, que se rezaba a esa hora en las iglesias de San José y San Isidoro. 

La primera iglesia fundada en el Hato de Holguín

Durante la primera centuria de la colonización española, los oficios religiosos se celebraban bajo las palmas reales o a la acogedora sombra de otros árboles. Eso fue así hasta el 5 de octubre de 1692, cuando se inauguró la primera iglesia en Managuaco. El presbítero Don Gonzalo de Lagose se encargó de oficiar la primera misa. 

El primer teatro

Surgió en 1833, en un sitio que ocupa hoy el Museo de Historia Natural en la calle Maceo. Se le bautizó pomposamente con el nombre de El Coliseo. En las temporadas entre funciones, servía también como depósito de granos y frutos. Los actores eran aficionados. Duró varios años hasta que se construyó otro en la calle Arias, con igual nombre. 

La Plaza del Mercado

Se levantó en 1829, y era conocido como La Marqueta. Para construirla hubo que desecar un enorme lagunato que abarcaba el tramo de las actuales calles Máximo Gómez, entre Martí y Luz Caballero. El sitio estaba rodeado de tupidos árboles y era lugar de cita de las comadres y amas de casa de la ciudad. Allí se comentaban las noticias de la época a falta de otros medios. En la Plaza se vendía carne, café criollo, viandas, frutas, empanadillas, churros y otros artículos de consumo popular. Hoy, luego de un proceso de restauración, ocupa el sitio el Complejo Cultural Plaza de La Marqueta.

Fuentes: Internet (Ecured y Wikipedia). 

 

“Me mantengo”

Fieles a su terruño, son 65 años ya en defensa del Son oriental los que acumula la agrupación Taínos de Mayarí.

El Videoclip “Me mantengo” deviene en el homenaje de los holguineros con motivo además de los 40 años de vida artística de su actual director Jorge “Tito” Cabreja.

Fieles a su terruño, son 65 años ya en defensa del Son oriental los que acumula la agrupación Taínos de Mayarí. Foto: Rodaje del clip

Con el realizador y director de este producto audiovisual, Wilker López, conversamos para conocer detalles sobre este y otros proyectos en los que ha incursionado.

Homenaje a la constancia y fidelidad

Bajo el auspicio de la Dirección Provincial de Cultura en Holguín, el tema musical intenta recrear parte de la trayectoria del grupo desde su creación como defensores del Son desde Mayarí, cantándole a su pueblo y como agradecimiento a sus seguidores.

El video recrea parte de la letra, por tal motivo el pueblo mayaricero es partícipe de las tomas, niños y estudiantes bailan, disfrutan del contagioso ritmo al tiempo que se mantiene esa premisa popular de que “Taínos sigue aquí”. Las tomas reflejan parte del pueblo al este de la Ciudad de los parques, pero con énfasis en la naturaleza que le identifica, su río, la vegetación.

A cargo de la fotografía se encuentra Pablo Galafat, y en la asistencia Yojanner Cedeño, ambos se suman al pequeño equipo dirigido por el colega Wilker López, quien destaca que este es “un clip bien dinámico, actualmente en etapa de edición, dieciséis horas de grabación sin un guión escrito resumen el proceso, todo fue sobre la marcha. Desde las 5:30 de la mañana iniciamos para captar el amanecer, todo el día de rodaje y luego en la noche, como cierre, grabamos a la orquesta completa. Agradecemos además, de forma especial, a la ECOI 16, Empresa Castor, que apoyaron con las luces y parte de la transportación”.

Músico, poeta…

Comencé en el mundo de la cultura como bailarín-apunta López-, la última compañía a la que pertenecí fue el Lírico holguinero. Cuando entré a la Facultad holguinera del Instituto Superior de Arte, comienzo a estudiar el audiovisual en el perfil de dirección de fotografía, y en el Tercer año de la Carrera me surgió una propuesta para rodar un mediometraje fuera del país, en Ecuador, sobre el caso Chevron, con la Compañía “Demente films”.

Las tomas reflejan parte del pueblo al este de la Ciudad de los parques, pero con énfasis en la naturaleza que le identifica, su río, la vegetación. Foto: Rodaje del clip

Durante cuatro años me surgieron otras propuestas de trabajo independientes con productoras en ese país y me dedicaba lo mismo a camarógrafo, director de fotografía, o editor… En Ecuador dirigí tres documentales y dos spots publicitarios de pequeño formato. En 2016 obtuve premio con un documental en un festival de publicidad muy importante que se realiza en Argentina, “El ojo de Iberoamérica”, así como en los Effie Awards, otro festival de publicidad en Ecuador donde se premia la realización.

Luego decidí regresar a Cuba para terminar la universidad. Una vez aquí, no se me conocía en el perfil de dirección y comencé a insertarme en este mundo para encaminar mi trabajo.

Ahora edito el documental “Pescador”, sobre una persona que se dedica a este oficio y sale a pescar por un río hasta llegar al Océano Pacífico, el cual grabé en 2017 para presentarlo en festivales foráneos, al tiempo que cocino otros proyectos mediatos.

“Un defensor de la música cubana”

De regreso a Holguín he hecho los tres videoclips dedicados a los 300 años del Pueblo, con Nadiel Mejías, el Orfeón y otros artistas, también realicé el de Los Guayaberos, con la banda Tópop, para el Festival Cuerda Viva, y ahora este de Los Taínos.

“Desde las 5:30 de la mañana iniciamos para captar el amanecer, todo el día de rodaje y luego en la noche, como cierre, grabamos a la orquesta completa”. Foto: Rodaje del clip

Me he convertido en un defensor de la música cubana, trato de que mis videos se asemejen a estos tiempos para que gusten a los jóvenes y con ello llamar la atención, despertar el gusto hacia agrupaciones poco escuchadas por ellos.

Un Club fotográfico para un pueblo tricentenario

Club de fotógrafos de Holguín «Arnoldo Martínez».

Por Bernardo Cabrera

Más de 200 profesionales, aficionados y estudiantes conforman el Club de Fotógrafos de Holguín, fundado de manera oficial con el nombre de Arnoldo Martínez, en honor al maestro de generaciones que salvaguardó durante varios años el patrimonio visual de la nororiental provincia. Continuar leyendo «Un Club fotográfico para un pueblo tricentenario»

Arte para romper el silencio

 

Por Bernardo Cabrera

Con las palabras de la curadora y profesora Rosa Leticia Leyva Azze quedó oficialmente inaugurada la exposición conjunta del colectivo plástico Bayado, en la galería Marcos Pavón, de la Casa de la Cultura “Manuel Dositeo Aguilera”, de Holguín. Continuar leyendo «Arte para romper el silencio»

El auriga y su premio: conversación con José Luis García

Por Eugenio Marrón

Fotos Amauris Betancourt (Radio Angulo)

Muchas lunas antes –como decían los antiguos– de que los Piratas del Caribe y Juego de tronos inundaran las grandes y pequeñas pantallas, el cine italiano tuvo en las salas de exhibición cubanas toda una época de lujo: me refiero a los años que van desde los 60 hasta los 80 del siglo pasado. En Holguín, por ejemplo, las carteleras del Martí y el Baría eran pródigas con títulos de esa cinematografía.

Y esto no lo apunto por casualidad, sino porque el recuerdo más lejano y puntual que me visita, a propósito del amigo afectuoso que desata estas líneas, tiene que ver con ello: unas noches remotas de tertulias impagables en el parque frente a La Periquera, José Luis García reconstruye paso a paso los diálogos ferozmente hilarantes de la película Los monstruos (I Mostri), del director Dino Risi, una joya que reúne varios relatos fílmicos; en ellos, los grandísimos e inolvidables actores Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi encarnan una galería de pícaros y vividores, que hacen de las suyas en inagotables andanzas romanas.

Tal es así que mi remembranza de esas narraciones a la hora del cine italiano, está entrelazada con la relectura propiciada por José Luis gracias a su memoria fabuladora, a la altura de los mejores escenarios teatrales y, por supuesto, a una ilimitada y seductiva locuacidad, asentada en innumerables lecturas y esplendor imaginativo, sostén de la disciplina y el talento que le han permitido llevar adelante su obra narrativa y dramática.

Para coronar tal desempeño, ahora ha conquistado uno de los lauros más significativos de la cultura cubana y en especial de su literatura: el Premio Alejo Carpentier de Novela 2020, justo al cerrar el fatídico año bisiesto de la pandemia global, para mostrarnos una vez más que la literatura es imbatible, perenne y venturosa. Es así como conversamos al calor de tan alto galardón.

El auriga del carro alado es la novela con la que has ganado el premio Alejo Carpentier. ¿Qué trama se establece tras ese título?

“El título emana de una alegoría de Platón: Tú eres el auriga de tu vida (el carro alado), tirado por dos briosos caballos. Uno representa los instintos más elementales, el otro los más elevados. Uno tira para acá y el otro para allá. Y tu tarea consiste en lograr que esos corceles avancen convenientemente hacia tu destino. El título vertebra toda la novela, que es la historia de una complicada amistad entre dos hombres maduros. Pero es mucho más: la historia fabulada de una isla, mucha filosofía, algo de novela policial en la segunda mitad…”.

Desde tus comienzos como escritor está el cuento, género que has frecuentado, con publicaciones en antologías y revistas, así como tus libros Los silencios del ruiseñor y Apuntes de un cazador, galardonados con el Premio de la Ciudad de Holguín en 1991 y 1998, respectivamente. ¿Qué ha representado esa modalidad literaria para ti como aprendizaje y plenitud?

“Escribir cuentos es una gran cosa, así como contar cuentos (te digo esto último porque aprecio mucho a los que saben hacerlo, no sabes la envidia que siempre le tuve a Álvarez Guedes). Pero, para mí, los cuentos constituyen una etapa que debe coronarse con la producción de novelas, que es sin duda el género mayor. Se ha hablado muchísimo de que escribir un cuento es más difícil que escribir una novela.

Pero yo creo que esto es solo válido cuando una mala novela se coloca al lado de un buen cuento. Por supuesto que Los asesinos, de Hemingway, debe haber sido más difícil de escribir que cualquier novela mediocre, pero la novela El viejo y el mar, del mismo autor, debe haber sido una faena mayúscula, incomparable a la de cualquier cuento que se te ocurra.

En suma: Aprendí mucho escribiendo cuentos, un arte lleno de normas, de barreras que, de incumplirlas, fracasas. Pero no creo que prescindiendo de la novela puedas alcanzar una expresión, digamos, más cabal de tu pensamiento”.

Y el teatro, igualmente, ha sido otra de tus validaciones a la hora de la creación verbal: un ejemplo es El hombre de los guantes amarillos, Premio de la Ciudad de Holguín en 1993. ¿Cómo valoras el mundo escénico en tu experiencia literaria? ¿Cómo se entrecruzan las posibilidades del cuentista y el dramaturgo?

“Escribir teatro es algo maravilloso. Por cierto: está a la venta mi última obra: El amor es una cosa esplendorosa. Cuando escribo teatro me parece que estoy haciéndolo sentado entre el público, observando paso a paso sus reacciones. Técnicamente esto te ayuda a escribir cualquier otro género de ficción, pues aprendes a seleccionar y valorar el resultado de una frase, de una situación específica. Te adiestra en el arte de manejar efectos, te vuelve más preciso, más contundente. Hay muchos elementos del teatro que son utilísimos en la labor cuentística o novelesca, pero son géneros más bien excluyentes”.

Con la novela Últimos días junto al mar, Premio de la Ciudad de Holguín en 2013, inicias tu andar como novelista. ¿Cómo explicarías el salto del cuento a la novela?

“En mí ha sido una transición netamente dialéctica. Pasé de una cosa a otra de forma tan natural que no tengo la menor percepción del salto”.

 

 

 

Eres un lector persistente y voraz. ¿Qué autores consideras entre los más entrañables para ti a la hora de pasar vista a tus años de labor en la literatura? ¿Qué libros te llevarías para una isla desierta si tuvieras que asumir una estancia a lo Robinson Crusoe?

“Es increíble, pero con los años dejas atrás a muchos escritores que en el pasado fueron los santos de tu devoción. Para mí, el único que se mantiene firme en su pedestal hasta hoy es Faulkner, que me sigue pareciendo una síntesis de las virtudes que debe poseer todo buen escritor, incluyendo las profusas locuras que caracterizaron su juventud. En lo segundo me parezco a él, en lo primero ni pensarlo.

En cuanto a los libros que me llevaría a esa estancia Crusoniana serían (sin orden de relevancia y para releerlos una y otra vez): El hombre sin atributos, de Musil; En la colonia penitenciaria, de Kafka; La importancia de vivir, de Lin Yutang; La sala número 6 y otros cuentos, de Chéjov; El bebedor de vino de palma y Mi vida en el bosque de los fantasmas, de Tutuola; Cien años de soledad, de García Márquez; Mientras agonizo, de Faulkner; La casa verde, de Vargas Llosa;1984, de Orwell; El reino de este mundo, de Carpentier; Un día en la vida de Iván Denísovich, de Solzhenitsin; El elogio de la sombra, de Tanizaki; El sabueso de los Baskerville, de Conan Doyle; y Esperando a los bárbaros, de Coetzee”.

Siempre has residido en Holguín. ¿Cuánto debes a la ciudad y a quienes te han acompañado en el fiel de la amistad? ¿Qué nombres holguineros recordarías a la hora de un recuento?

“A la ciudad le debo todo, a pesar de que su actual comunidad artística debe tratar de alcanzar un mayor espíritu de cuerpo, en fraternal emulación con, por ejemplo, la policía, además de que las autoridades gubernamentales deben reconocer más a sus artistas e intelectuales. Pero insisto: a Holguín le debo y me debo.

De los nombres, ¿qué decir?, estoy endeudado con todos ustedes, los que forjaron aquí un ambiente único, irrepetible (hablo de los años 70-80 del pasado siglo), cuando en el parque aquellos jóvenes hablaban armónicamente de los amores y de las artes, tras las últimas muchachas o muchachos, y tras las últimas novedades literarias, cinematográficas, teatrales y pictóricas. Tú mismo jugaste tu rol, y Lourdes González –que era la muchacha más linda del mundo-, Carlín (Carlos Jesús García), Alex Fonseca, Pedrito Ortiz, Alejandro Querejeta, Paquito García Benítez, Madrigal…

Todos ustedes formaron un croché benefactor, estimulante. Los iniciados en aquel grupo aprendían rápidamente a mirar el mundo de otro color, a respetar y amar la creación. Quienes a posteriori no se dedicaron a crear, se convirtieron al menos en mejores personas. Para mí en particular fue determinante la existencia de aquella atmósfera, sin la cual creo que me habría convertido en asaltante de caminos”.

Y claro, por último, algo que no puede obviarse: ¿Qué papel ha jugado la radio para ti, donde has trabajado durante años como realizador, guionista, locutor y promotor cultural?

“Tributando para Radio Angulo llevo unos cuarenta años. Mi primer programa se llamaba Juventud Técnica (1980), luego me involucré en espacios culturales y desde hace más de veinte años cubro dos espacios largos dedicados a la música: uno a los boleros (la primera gran síntesis vocal de la música cubana), y otro a la mejor música de todas partes y de todos los tiempos.

Para mí la radio ha sido como una Alma Máter. Conversar ampliamente con el público como si estuviéramos en la sala de una casa es algo incomparable. Por otra parte me ha obligado a superarme, a conocer, a desentrañar, a mantener viva mi memoria y espolear la memoria de los llamados oyentes. Agradezco a la radio holguinera la confianza, la posibilidad de haberme hecho poco a poco de un oficio que no cambiaría por nada”.

Tomado de la web de Radio Angulo (http://www.radioangulo.cu/la-palabra-compartida/244520-el-auriga-y-su-premio-conversacion-con-jose-luis-garcia).