El último recurso de los hijos del director

Como parte de una gira nacional que los ha llevado también a las ciudades de Santa Clara y Camagüey, el grupo danzario Los hijos del director, dirigido por el coreógrafo y bailarín George Céspedes, presentó, en el Complejo Teatral Eddy Suñol, la obra El último recurso.

Los Hijos del Director, colectivo danzario dirigido por el coreógrafo George Céspedes, presentó en gira nacional la obra El último recurso. Foto tomada de internet

Según George Céspedes –en entrevista a propósito del estreno habanero en El Ciervo Encantado–, El último recurso surgió con el objetivo de asistir al Colors International Dance Festival, en Stuttgart, Alemania. La pieza, compuesta de tres cuadros coreográficos y los solos de los seis bailarines, nació como un “último recurso” con el cual aunar a un colectivo disperso debido a problemas logísticos e incluso motivacionales, según añade el coreógrafo. “Yo trabajo por impulsos, digamos que por motivación. Tenía una imagen, una idea, un sentir, y a partir de ese sentimiento empecé a separar, y esas cosas que separaba las iba desfragmentando cada vez más. Así desarrollé herramientas, sistemas… hasta llegar a movimientos. Todo eso fue trabajado en conjunto, pues sin los bailarines no soy nada. Casi todo sale de los bailarines, yo únicamente los guio, busco cualquier recurso para lograr un resultado”, asegura el autor de reconocidas coreografías, entre ellas La ecuación, Mambo 3XXI, Matria Etnocentra, Identidad a la menos uno, Dejando el cascarón y Mekniksmo, creadas por Céspedes para Danza Contemporánea de Cuba, colectivo dirigido por el maestro Miguel Iglesias.

“Mi trabajo gira alrededor del hombre y su existencia en este mundo: cómo vive, cuál es su cultura, su forma de ser, qué le preocupa, qué le hace sufrir. La obra habla de la vida diaria de cada ser humano en cualquier parte del mundo, de problemas que afrontamos, y de la resistencia que hacemos. Trabajamos a nivel sensorial y todos los bailarines tuvieron el noventa por ciento de libertad para crear. Yo soy más bien el conceptualizador”, añade el joven coreógrafo al frente de un colectivo integrado por los bailarines Aymara Vila, Álvaro Torres, Odelis Mederos, Rafael Doimeadios, Arianna Nuñez y Thais Doimeadios. “Cada uno de ellos se creó una historia que no quise conocer, quería verla con mis propios ojos en cada puesta en escena”, subrayó George Céspedes.

Los Hijos del Director, colectivo danzario dirigido por el coreógrafo George Céspedes, presentó en gira nacional la obra El último recurso. Foto tomada de Internet

El último recurso –definida, además, por su joven creador como “una obra existencialista” y en eso radica parte de su esencia cosmopolita y universal– deviene muestra de resistencia y al mismo tiempo de reconciliación, mientras ratifica a George Céspedes como uno de los coreógrafos cubanos más reconocidos y dueño, al mismo tiempo, de una estética distintiva dentro del panorama coreográfico nacional; una estética marcada, al decir de la crítica especializada, por el juego con la ruptura, el hieratismo de la proyección escénica, el entramado geométrico y por potenciar la técnica de los bailarines en una unidad plural de música, vestuario, escenografía y significación. Además, destaca en la puesta el diseño de vestuario de Paula Fernández y el de luces, perteneciente a Guido Gali. Por su parte, la banda sonora –entre lo metafórico y lo cotidiano– facilita los solos de los bailarines y las partes en conjunto de manera imprescindible, maleable, apoyado en temas, entre otros, de System of a Down, Autechre, Scott Matthew, Polito Ibáñez, Marilyn Manson, Muse y Ludovico Einaudi. “Estuve casi dos meses para seleccionar la música. Los solos, sobre todo, fueron acorde con los bailarines y las letras de las canciones”, explica Céspedes.

Al respecto subrayó Leonardo Estrada al reseñar El último recurso en La Jiribilla: “En efecto, la coda que por adelantado auguramos es la profunda conexión entre los bailarines y la coreografía, entre el mundo tejido en escena con el mundo interior del espectador. Sin lugar a dudas, durante la presentación se rendirán ante el desasosiego y la incertidumbre que provocan los pasos dinámicos ejecutados por los bailarines. Inclusive, desde el punto de vista interpretativo, de sus expresiones faciales rígidas, agónicas, las cuales se conectarán, trasmutarán y cuestionarán la verdad más íntima del público con los demás seres sociales, pero sobre todo, de su esencia”.

Graduado de la Escuela Nacional de Danza, el coreógrafo y bailarín George Céspedes decidió crear un proyecto personal llamado Los hijos del director, cuyo primer estreno tuvo lugar en el 2015 bajo el nombre La Tribulación de Anaximandro (Hombre, Arché, Ápeiron) y que ahora recorre algunos escenarios de la Isla con la puesta El último recurso.

 

Adelante la cultura en Holguín

Recién celebrado el Día del Trabajador de la Cultura, este 14 de diciembre, mucho alienta el reconocimiento del Sindicato Provincial del sector a una veintena de instituciones y unos 93 trabajadores, quienes se han consagrado durante  más de cuatro décadas como artífices del desarrollo cultural en esta  Ciudad de los Parques.

La direccion de cultura homenajeo a la centenaria de cuba. Foto: Carlos Rafael

En tiempos de superficialidad patente, no ha opacado el tiempo implacable,  el valor y la vigencia del legado del Comandante en Jefe o las palabras del poeta del Centenario y mártir del sector Raúl Gómez, cuyo natalicio 89 también fuese rememorado en la gala honorífica. Una velada donde la tradición musical de la Centenaria Orquesta Avilés hizo la diferencia. Junto a ella, la joven generación de Golden Voices, el talento del solista Nadiel Mejías y el Club del Danzón “Miguel Cuní”.

Golden voices en gala por dia del trabajador de la cultura. Foto: Carlos Rafael

A la celebración, suscita en el Centro Cultural Bariay, se sumó el Partido y Gobierno provincial con la presencia de de Luis Antonio Torres Iríbar, miembro del Comité Central y Primer secretario del Partido y Julio César Estupiñán, presidente de la Asamblea del Poder Popular en Holguín. Ambas autoridades entregaron la Condición “40 aniversario” al historiador Hiram Pérez Concepción, director de Oficina de Sitios Históricos y Monumentos, así como al músico  Jorge Tito Cabreja, director de la Orquesta Taínos de Mayarí.

Reconocimiento especial al director de los tainos de mayari. Foto: Carlos Rafael

Próxima a celebrar la I Conferencia Nacional del sector, los trabajadores del Sindicato Provincial en la voz de la secretaria general Graziella González reafirmaron su aporte en los diversos ámbitos de la cultura, donde “este ejército de la ideología y el pensamiento sigue en combate, como nos llamó el poeta de la Generación del Centenario. Ante el llamado de la Patria, mantenemos fresca en nuestra memoria la heroicidad de trabajadores, artistas y directivos que respondieron a las tareas más urgentes como el paso del huracán Irma, que demandó nuestra presencia allí donde la espiritualidad del arte supo sanar las “heridas” materiales.”

Orquesta aviles celebra su 135 aniversario. Foto: Carlos Rafael

En el acto, se ponderó la labor de varias personalidades de la música, las artes escénicas, la literatura y el cine. De igual modo, fueron galardonados investigadores culturales y representantes de la Unión Nacional  de Escritores y Artistas,  del  Fondo Cubano de Bienes Culturales, la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas, la Casa de la Prensa y el sistema de medios locales.

La velada fue propicia para homenajear al prestigioso Teatro Lírico Rodrigo Prats con motivo de sus 55 años de fundación junto a la  Orquesta Hermanos Avilés por su 135 años en defensa de la identidad musical del territorio y la Isla. Otros importantes lauros se concedieron a las instituciones municipales: la Biblioteca “Enrique Hart” y la emisora La Voz del Azúcar, sitas en  Báguanos y “Urbano Noris”, respectivamente.

Entrega colectivo distinguido nacional a emisora de san german. Foto: Carlos Rafael

Por su notorio aporte cultural, le fue otorgadas distinciones a importantes centros de la enseñanza artística, entre ellos: la Escuela Elemental de Artes “Raúl Gómez García”,

Academia Profesional de Artes Plásticas “El Alba” y la Escuela Profesional de Música “José María Ochoa Correa.”

Merecido reconocimiento al verdadero  ejército de formadores, elencos artísticos, creadores e instituciones, que componen los que crean y fundan, hombres y mujeres entregados, por y para la cultura en Holguín.

 

Falleció el destacado repentista holguinero Felo García

Senovio Rafael García Rodríguez, conocido en el ámbito artístico como Felo García, falleció en la madrugada de este sábado 16 de diciembre de 2017. Foto: Amauris Betancourt (Archivo)
En la madrugada de este sábado 16 falleció en esta ciudad de Holguín, a la edad de 79 años, el poeta campesino y repentista holguinero Senovio Rafael García Rodríguez, conocido en el ámbito artístico como Felo García. 

Felo nació el 29 de octubre de 1938 en la zona rural de La Gegira, municipio de Gibara, y dedicó más de cinco décadas a cultivar la décima campesina, labor que le hizo merecedor de diversas condecoraciones, entre ellas las distinciones Raúl Gómez García, Antero Regalado y 28 de Septiembre.

El bardo le cantó a la vida, al amor, al ensueño, las tareas cotidianas, en ocasiones acompañado por el grupo Cacoyugüín y también por su propio tres, según reseña el periodista Astor Hernández Sánchez.

Genuino en su cantar y profundo en el decir, legítimo intérprete de lo que produjo se mantuvo, hasta que la salud se lo permitió, trasmitiendo su arte a través del programa Fiesta en el Campo (La Carreta de Valero) por la emisora provincial Cmko, Radio Ángulo. Cantó también en actos y actividades de las organizaciones políticas y de masas, en cooperativas y albergues cañeros.

Felo García participó en programas de la Televisión y Radio nacionales como Palmas y Cañas y Fiesta Guajira, junto a los famosos cultivadores de este arte Justo Vega y Adolfo Alfonso.

En el patio compartió su quehacer con reconocidos juglares como Eugenio Escobar “Escobarito”, Rafael Félix Obregón, Ramón Acosta, Norge Paz, Mariano Hernández y Amalia Rosa Rivero.

Felo llevó aparejado a su compromiso con el arte el de importantes tareas de la Revolución Cubana como la participación en siete zafras azucareras del pueblo machetero permanente; estuvo movilizado en distintas ocasiones como soldado reservista en unidades militares y en 1975 cumplió misiones internacionalistas en la República Popular de Angola con las armas en la mano y también desgranando décimas.

Participó en las populares Fiestas Cucalambeanas de Las Tunas, en 1970 resultó ganador del Primer Premio en décimas en el concurso convocado por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (Anap) y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), tomó parte de Congresos Campesinos como delegado y poeta y en los Festivales de Aficionados Campesinos.

Su cadáver está expuesto en la capilla de ceremonia de Los Álamos y el sepelio serás a las 04:30 pm en el cementerio de la ciudad de Holguín. A familiares y amistades del querido Felo García llegue las más sentidas condolencias.

Por Noire Aguilera Montaña
Tomado de www.radioangulo.cu

Cosme Proenza desnuda su alma en exposición en Centro de Artes en Holguín

El maestro Cosme Proenza (izq) junto a Luis Antonio Torres Iribar, primer secretario del Comité Provincial de Partido Comunista de Cuba en Holguín (der), en la apertura oficial de la exposición nombrado “Variaciones sobre tema de Matisse” en el Centro Provincial del Arte en la ciudad de Holguín. Foto: Germán Veloz
Justo en el corazón de la ciudad cubana de los parques se expone, desde la noche de este viernes y hasta mediados del mes de enero de 2018, la obra del imprescindible Cosme Proenza, un regalo de navidad para los holguineros. 

Variaciones sobre tema de Matisse es la propuesta del artista que recoge 51 piezas agrupadas en dos series que muestran la Sala Principal y la Sala Pequeña del Centro Provincial de las Artes Plástica.

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Con la presencia de Luis Antonio Torres Iribar, primer secretario del Comité Provincial de Partido Comunista de Cuba en Holguín y Julio Cesar Estupiñan Rodríguez, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, así como autoridades de cultura, personalidades, amigos y seguidores del artista, abrió sus puertas la exposición.

En la serie sobre el pintor francés Henri Matisse sobresale el desnudo y la naturaleza muerta. De ella el artista refiere que a través de su carrera siempre ha trabajado desde el siglo XV hasta el siglo XX con los grandes temas de los grandes artistas de esa época, pues más que un pintor él se ve como un investigador y eso es lo que quiere que el público vea.

“Tenía pendiente trabajar con la obra de Henri Matisse, que es uno de los grandes pintores que cerraron el siglo XX, con discursos y aportes pictóricos importantes. En los años 70 había hecho unas copias de su obra, lo dejé, estaban ahí y luego en el 2014 pinté uno detrás del otro, porque disfruté pintarlo como no se imaginan”.

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“Dicen que los pintores cuando envejecen son más alegres y son más sueltos, porque ya tu miras las cosas desde un ángulo diferente sin compromiso, entonces el compromiso es con el alma de uno, con el disfrute de lo que uno hace. Ya a estas altura yo creo que domino mi oficio y ese dominio te hace disfrutar enormemente lo que haces”.

Por primera vez, estas obras son expuestas al público, la curaduría de la muestra fue realizada por Ángel San Juan, Josvel Vázquez y Daile Escalona.
Según Ángel este pintor próximo a cumplir 70 años se muestra más reflexivo, joven y alegre.

La Sala Pequeña acoge la serie Tetris, nombre que se debe a un juego que Cosme practicaba con frecuencia, que al decir del artista, representan las relaciones espaciales entre una forma y el resto del cuadro. Esta serie cuenta también con cuatro piezas relacionadas con la religión cristiana, referencia recurrente en la obra del artista.

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Cosme Proenza Almaguer nació en 1948 en Tacajó, Holguín y estudió primero en la Escuela Nacional de Arte en La Habana y después en el Instituto de Bellas Artes de Kiev, donde se graduó de “Master of Fine Arts”. Sus obras forman parte de 23 colecciones de museos en 23 países, entre otros, el del Vaticano.

Pero más allá de todo reconocimiento en los ojos de Cosme todavía vemos reflejado al niño que creció en una finca en Tacajó, donde soñó muchísimas cosas, al profesor que viajaba diario de Tacajó a Holguín para enseñar a sus alumnos y al pintor que en un cuarto de la casa de campo con un bombillo encendido creó gran parte de su obra.

Pero también vemos al artista que al decir de Miguel Barnet: “… no conoce el pudor. Se enfrenta al lienzo, dueño y señor de su cabeza, de sus fantasías. Nadie se ha apoderado de la tradición como él, nadie con manos más firmes y ondulantes ha recreado al Bosco como él; no creo que en Cuba haya un pintor más excéntrico, más aparentemente ajeno. Pocas obras de arte cubanas muestran un virtuosismo tan inusual”.

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La obra de este holguinero universal que hoy se expone en el Centro Provincial de Artes Plásticas tiene la pretensión de quienes lleguen hasta allí vean más que a un pintor a un investigador. Más allá de las interpretaciones y los conocimientos de la historia del arte, el artista se da por satisfecho si su obra despierta sentimientos en el holguinero común, aun cuando no puedan expresar con palabras lo que sienten.expo cosme proenza f carlos parraexpo cosme proenza f carlos parra 01
Por Yudit Almeida Pérez
Tomado de www.radioangulo.cu

Festejan en Holguín Día del Trabajador de la Cultura

La Orquesta Hermanos Avilés durante la celebración en Holguín del Día del Trabajador de la Cultura en el Centro Cultural Bariay. Foto: Lisandra Cardoso
Un recorrido por los éxitos musicales de todos los tiempos de la centenaria Orquesta Hermanos Avilés fue el regalo de la cultura holguinera este 14 de diciembre, día del trabajador del sector en recordación al poeta de la Generación del Centenario, Raúl Gómez García. 

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El Centro Cultural Bariay fue el lugar escogido para rendir homenaje a los afiliados del sector. Con la presencia de Luis Antonio Torres Iríbar, primer secretario del Partido en la provincia y Julio César Estupiñán Rodríguez, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, se reconocieron a trabajadores con 40 años o más al servicio de la cultura y las artes, así como instituciones destacadas del territorio.

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Vimos pasar así por el escenario del Bariay a recibir su reconocimiento a las agrupaciones musicales Los Tanameños y Los Taínos de Mayarí; la Banda Provincial de Concierto, el Órgano de los Hermanos Ajo, la Academia El Alba, la Escuela Vocacional de Arte Raúl Gómez García, la Emisora Provincial Radio Angulo, el Periódico Ahora y el Teatro Guiñol, entre muchos otros colectivos de la cultura holguinera.

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Fueron distinguidas además la Biblioteca Municipal de Báguanos y la Emisora Radio SG con la condición de colectivo Distinguido por la Cultura Nacional.

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La condición 40 aniversario del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura fue otorgada a Jorge “Tito” Cabreja Rondón, director de Los Taínos de Mayarí así como a Hiram Pérez Concepción, director de la Oficina de Monumentos y Sitios históricos de la ciudad de Holguín.

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La Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos entregó un reconocimiento especial a la llamada guarachera holguinera Irma Oramas, quien coincidentemente cumple años el 14 de diciembre, entre tanto la Dirección Provincial de Cultura junto a las autoridades del Partido y el Gobierno en la provincia, reconocieron al Teatro Lírico Holguinero por sus 55 años y a la orquesta más longeva de América Latina, la Hermanos Avilés, que celebrara en el 2017 su cumpleaños 135.
Por Yudit Alemida Pérez
Tomado de www.radioangulo.cu

Matisse de la mano de Cosme

Privilegio para los holguineros fue el de este 15 de diciembre cuando se produjo el estreno internacional de la muestra “Variaciones sobre temas de Matisse”.

Un afan del artista se evidencia por recrear la obra de Matisse. Foto: Carlos Parra

El artista plástico más universal de la nororiental provincia regaló a los presentes más de una treintena de obras que evocan su encuentro con ese exponente del postimpresionismo francés.

En técnicas como el óleo y el acrílico sobre tela o lienzo, Cosme Proenza se auxilia de géneros como el desnudo, el paisaje y la naturaleza muerta para evidenciar su interés por comprender a un periodo tan complejo como fecundo en la producción artística y que cautivó a tantos autores como la Modernidad.

Tres series de producción reciente componen la muestra que se exhibirá durante un mes en el Centro Provincial de Artes Plásticas, específicamente hasta el día 15 de enero de 2018: “Variaciones sobre temas de Matisse” (2014), “Tetris” (2015) y “Pintura” (2016).

A la velada asistieron las principales autoridades de la provincia. Foto: Carlos Parra

Una juventud alegre y a la vez autoreflexiva del artista holguinero se percibe en “Variaciones…”, donde “Cosme alcanza una síntesis privilegiada de la tradición figurativa occidental y cierra con ello un círculo creativo iniciado en sus primeros años de trabajo”, apuntó Dailé Escalona, curadora de la Expo.  

Como nada es ajeno a la perspectiva del creador, un juego practicado con frecuencia por Proenza, Tetris, se convierte en eje central de varias obras que juegan con el abstraccionismo pictórico.

Y por si fuera poco, para quienes no sacian sus ansias de disfrutar la obra del Maestro de Juventudes con esta muestra, queda la invitación para presenciar el último regalo de Cosme a su tierra, un trabajo del año en curso: cuatro pechinas que se alzan sobre el altar de la Catedral San Isidoro de Holguín.

 

 

Cosme Proenza: Un investigador que pinta

Fotos: Reynaldo Cruz y Cortesía del Centro Provincial de Arte

El próximo 15 de diciembre se inaugurará en el Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín una exposición del reconocido pintor Cosme Proenza, que agrupa las series Variaciones sobre Temas de Matisse (2014) y Tetris (2015), así como varias obras análogas a esta última, tituladas Pintura (2016).

Por tal motivo, ¡ahora! se adentró en el proceso de montaje de las más de 40 piezas que serán exhibidas y dialogó con el maestro, quien reflejaba en el rostro la felicidad con la que, según él, pintó estos cuadros.

“Yo tenía una cuenta pendiente con la obra de Henri Matisse, un pintor francés del siglo XX con discursos y aportes pictóricos importantes. Había hecho unas copias de su obra, lo dejé y luego lo retomé. En 2014 pinté uno detrás del otro, porque me divertí como si estuviera en la mejor fiesta del mundo, fui feliz, sin presión, sin momentos tortuosos, cada cuadro era una fiesta.

“Estudié lo que me faltaba de Matisse, luego empecé a aplicarlo de una manera más abstracta y después, retorné al concepto de mi trabajo, es decir, la representación de los grandes íconos de la Historia del Arte, como el Renacimiento y el Barroco.

“Lo más interesante fue la batalla entre contrarios. Por un lado, la representación con luces y sombras, y volúmenes, y por otro, llevar eso a la obra plana de Matisse, donde él rompía con la perspectiva y las posibilidades de representación que no fuera la superficie del cuadro.

Fotos: Reynaldo Cruz y Cortesía del Centro Provincial de Arte

“Entonces, me vi en la disyuntiva de cómo hacerlo sin que perdiera su belleza primogenia, y el resultado en conjunto es muy feliz”, expresó.

Por primera vez, estas obras son expuestas al público y la curaduría de la muestra fue realizada por Ángel San Juan, Josvel Vázquez y Daile Escalona. Otros espacios del Centro de Arte acogerán también piezas de la serie Tetris, basado en el juego de igual nombre, que al decir del artista, representan las relaciones espaciales entre una forma y el resto del cuadro.

“Hay cuatro piezas relacionadas con la historia de la religión cristiana, que tiene una raíz tradicional, pero en estas obras no hay nada de ello, pues es un espacio donde se adivina el personaje y puedes ver, poco a poco, lo que abordan. Son obras de alto cálculo, que requieren de mucha exactitud, pero la observación humana necesita de tiempo y cierto conocimiento.

Fotos: Reynaldo Cruz y Cortesía del Centro Provincial de Arte

“No pretendo que una persona humilde, sin mucho acceso a este mundillo artístico, venga y adivine, simplemente si le gusta, que aprecie lo bello. La pintura si la vez y te hace feliz el color, ya cumplió su objetivo”, destacó.

Sin dudas, esta exposición de Cosme Proenza invita a todos los públicos a disfrutar de esta “fiesta”, para apreciar desde cerca la producción artística de un holguinero universal, que ha reflejado en su obra la tradición pictórica de todos los tiempos, desde el siglo XV hasta nuestros días.

Quizá por eso, él mismo afirma: “Yo más que un pintor soy un investigador, y eso es lo que quiero que el público interprete”.

Por María Caridad Martínez Peregrín

Tomado de www.ahora.cu

Cosme Proenza: Mi pintura es pura investigación…

Cosme Proenza Almaguer (Holguín, 1948) ha creado un universo propio en su pintura que lo hace distinguible en el ámbito artístico cubano (foto tomada del blog aldea cotidiana).

Por Erian Peña Pupo

Cosme Proenza Almaguer (Holguín, 1948) ha creado un universo propio en su pintura que lo hace distinguible en el ámbito artístico cubano. En series como “Manipulaciones”, “Boscomanías” y “Los dioses escuchan”, el artista holguinero ha forjado reconocibles “mitologías individuales”, donde lo simbólico y lo mítico, mediante el uso de diferentes signos e intertextualidades, acompañan al ser humano en un vía crucis artístico a través del estudio de los códigos del arte europeo. Sus obras –recogidas, en buena medida, en la exposición “Paralelos. Cosme Proenza: Historia y Tradición del Arte Universal”, 2011– son parte del imaginario colectivo del cubano y de sus múltiples resonancias universales. Conversar con uno de los artistas hispanoamericanos más reconocidos, dueño de una de las cosmovisiones más enigmáticas y originales en los últimos tiempos, es un privilegio realmente único.

Cosme, ¿cuándo supo que las imágenes le obsesionaban de manera diferente?

Nací en Tacajó, donde soñé muchísimas cosas que logré y otras que no he logrado aún. Tuve una infancia muy linda, totalmente feliz. Vivía en una finca preciosa, un paraíso creado por mis abuelos. No fui un niño prodigio como Mozart. Me gustaba mucho la pintura y en mis caminatas de Tacajó a Santa Rita, donde vivía, había ocho kilómetros y me daba tiempo pensar. Leía cosas muy gordas en esa época: los tratados de José Ortega y Gasset sobre arte, por ejemplo… Eso creó una base que me hizo saltar en el pensamiento. Yo me decía: “Qué podré hacer con la pintura para no pintar por pintar…” Luego fui dándome cuenta de cosas estudiando: sé lo que estoy haciendo y por qué lo hice…

Luego vivía allí y era profesor en Holguín. Trabajaba los fines de semana, pintaba como un trastornado en uno de los cuartos de la casa que daba a la calle, donde había una ventanona grande con un bombillo encendido. Yo en Tacajó pinté una gran parte de mi obra, incluso de los cuadros que se utilizaron luego en “Paralelos…” No es que sean muy buenos, ni malos, pero son eslabones que tienes que mantener y son parte, además, de una relación, una cadena.

Antes realizó estudios en la Escuela Nacional de Arte (La Habana). ¿Qué le aportaron esos años en Cubanacán?

Cubanacán en aquella época era, con variantes, lo que son otras cosas de hoy mismo. Yo fui a Cubanacán con una visión y una experiencia diferentes. Había pasado tres años en el servicio militar, salí de allí con la zafra de los 10 millones. Cuando me encontré allí resulta que el régimen de beca de Cubanacán era mucho más militar que la unidad donde yo estuve. Había que marchar a toda hora, entrar marchado. No sé cómo no acabamos con el Country Club dando patadas en el piso. Era un régimen muy duro, muy de caerle atrás a la gente, pasaban lista a toda hora. Pero no obstante a eso, fíjate, parece que esas cosas aceleran el espíritu de algunos seres humanos, la generación más rica –en el sentido de que son los que están ahora– es mi generación, ya los viejos se murieron, ahora estamos nosotros, después que nos muramos vienen otros…

Nunca se me olvida que un día Portocarrero le dijo a Nelson Domínguez: “Aprovechen ahora, aprendan bastante, porque hasta que nosotros no nos muramos ustedes no se van a sentar en el trono”. Fíjate el concepto, la mentalidad que se tenía… Y por suerte nosotros no somos una generación de pensamientos de tronos. Fue una época que generó muchísima espiritualidad, parece que la pobreza, la carencia… Nosotros en beca nos daban las cinco, las seis de la mañana en el piso, creando… Hay un dibujo mío, de lo poco que está expuesto en el Museo Nacional de Bellas Artes, que lo hice en el piso de la beca. El Museo no exhibe las cosas mías actuales…

Cosme Proenza Almaguer – Obra de la serie Variaciones sobre temas de Matisse (óleo sobre tela, 2014) foto del autor.

Eso me di cuenta…

Ese es su problema… Tiene un dibujo de cuando yo era estudiante, que no lo niego, me salió bien, de verdad que sí. Pero no es lo que debe tener, el Museo debe estar representando la creación actual de sus artistas.

En una ocasión me dijo que la pintora Antonia Eiriz fue su profesora. ¿Es cierto que le escuchó decir que las obras de El Bosco eran lo más moderno e interesante que se exponía en el madrileño Museo del Prado?

Sí… Esa época parió buenas cosas, porque tuvimos también buenos maestros, una cantidad de profesores cubanos y extranjeros que eran excelentes. Antonia fue la excelencia de las excelencias. Ella marcó toda una generación, de Tomás Sánchez hasta Zaida del Río, quizá un poquito más para allá. Marcó duro, porque Antonia era una mujer muy potente, bellísima y, además de eso, tenía un carácter agudísimo. Era como un látigo, pero de seda. Sabía darte un golpe, pero que te llegara a donde era y, sin embargo, no te ofendieras con ella. Yo conocí en esa época pintores importantísimos, españoles, contemporáneos, Antonio Saura, por ejemplo, toda esa gente iban allá a ver a Antonia, y ella nos relacionaba.

Antonia es un monstruo de la plástica, lo es toda su obra… Yo tenía mucha amistad con ella, iba a su casa y nos contaba, a Tomás Sánchez y a mí, sobre todo, que fuimos gente muy cercana, sobre varios temas. Ella dejó de pintar, se ofendió muchísimo en el Salón 70, y no pintó más. Luego murió de un infarto y ahí acabó su historia. Antonia era una persona, cómo decirte… Había muchos profesores, gente de mucho talento allí, había un checo de diseño que era espectacular, teníamos un alemán que era buenísimo también, siempre había alguien bueno… pero, con Antonia yo tengo tantas maneras… Antonia me contaba que había gente que pensaba: “Maestra, está usted pintando ahora…” “Pensaban que yo estaba con un trapo negro enrollado, dando brochazos en una tela…”, me decía. “Sí, mi amor, yo lo que estoy es ablandando una olla de frijoles negros que no la brinca un chivo, a ver si tres días por lo menos tengo comida con eso…” Ella pasó historias muy tristes, perteneció a una generación muy a caballo entre… encontrados políticamente horribles, de tránsito.

¿Qué asignatura les impartió Antonia?

Pintura, pintura…

Luego usted estudió en el Instituto de Bellas Artes de Kiev. ¿Cuál fue el resultado de “enfrentarse” con una cultura milenaria como la Ucrania en un momento histórico como aquel?

Antes de irme estábamos en una exposición en La Habana de profesores de las escuelas de arte, entonces me dice un pintor: “Ja, ya te perdimos”. “¿Por qué…?”, le pregunto. “Porque ahora vas a venir para acá hecho un realista socialita, te van a lavar…”, me dijo. Entonces Yánez, que es un pintor que ya está bastante mayor, que fue profesor mío también, le dijo: “No, Cosme es un pintor formadísimo, él lo que va es a absorber de allí lo que necesite y lo otro lo va a dejar allá mismo”. Es decir, yo no traje de allí nada que no fuera el conocimiento.

Cosme Proenza Almaguer – Obra de la serie Variaciones sobre temas de Matisse (óleo sobre tela, 2014) foto del autor.

¿Y estos estudios influyeron en su obra?

Sí… Bueno, en mi obra no te sé decir. Todo esto que yo estoy hablando del discurso de mi obra, de lo que tiene que ver, del análisis, de esto y de lo otro, tiene mucho que ver, quizá, con el aprendizaje tecnológico, independientemente de las exigencias tontas del realismo socialista, un arte estatal, un arte ya premeditado, que no es arte, nunca será arte…

Propaganda quizá…

Es propaganda, sencillamente propaganda. Hecha a diferencia de los Papas, pues la propaganda de los Papas la hacía Miguel Ángel, Da Vinci o Rafael. Era buena propaganda. Esta otra era, a veces, muy terrible. Y aprendí allí, te digo, porque me pasé de la pintura… Allí había dos opciones: o sigues con la pintura de caballete, o sea la pintura de los cuadros, o continúas haciendo la especialidad en pintura monumental, que es aprender del muralismo. A mí me pareció fabuloso, porque en La Habana había dado clases con un ayudante de David Alfaro Siqueiros y tenía una previa muy buena. Entonces me decidí por esa, porque, además, el profesor que tenía era un hombre muy librepensador, era más abierto. “Pongan ustedes las poses, dos muchachas desnudas por acá, y lo otro por allá”, decía. Y nosotros lo poníamos como nos daba la gana y la cuestión era que trabajáramos con gusto, y nos enseñaban tecnología de la pintura desde el principio del óleo hasta hoy… Sí aprendí, en verdad que sí. Disfruté mucho la gran cultura ucraniana y rusa. Milenaria, y además de eso, culta, cultísima. Viví seis años en esa ciudad, no es poco tiempo.

Después de los estudios europeos nació “Manipulaciones”…

Antes de “Manipulaciones” –que es una postura de análisis posmoderno– yo había hecho otras cosas. Cuando regresé de Ucrania hice una exposición en la biblioteca provincial de Holguín: se hicieron unos paneles y ahí hice mi exposición del regreso. Esa fue una etapa importante porque hice dos exposiciones de copias de grandes pintores, a ese tamaño, como podía hacerlas, ese fue el primer paso hacia una estructura de análisis de lo que iba a trabajar en el futuro. Ya estaba trabajando, estaba democratizando esas cosas, las estaba exhibiendo y dando conferencias de qué se trataba, quién era este pintor, quién era el otro; esa es una manera muy pública de aportarle a la gente. De ahí seguí haciendo trabajos que tenían que ver con este estudio, del Renacimiento sobre todo. Irlo mezclando con visiones mías un poco más contemporáneas; hice cosas mejores, hice horrores, hice de todo, porque para aprender tienes que machacar.

Y cómo surgió “Boscomanías”…

No es que yo tenga influencias de Brueghel y El Bosco… Como dices, tuve una época que se llamó “Boscomanías”, el estudio de la obra de El Bosco y la trascendencia que tuvo, porque, después, el surrealismo tuvo que ver con El Bosco. Todas esas relaciones que existen en la historia, esas idas y vueltas son importantes.

Muchos opinan que pintar es una manera de ir dejando cosas, partes de uno mismo en cada obra… Lo que conlleva a preguntarle, ¿hasta qué punto un pintor “va dejando su vida” en la pintura, en el enfrentamiento constante y creo que de por sí desgarrador con el lienzo en blanco? ¿Qué deja Cosme en un cuadro cuando ya lo ha terminado?

Esto es una idea que tiene que ver con lo que nos dejó el romanticismo como pensamiento del arte: es el artista, como decía Antonia, enredado en un trapo negro imaginándose las cosas… Musa, no, la mía es secretaria. Sí, entra a trabajar por la mañana cuando desayuno y se va por la tarde, si hay trabajo por la tarde. Yo trabajo como trabaja cualquier persona, normalmente. Yo no dependo de una inspiración, eso sí, cuando inicio un sector de estudio para hacerlo, trabajo hasta reventarme y lo disfruto, además. Cuando trabajo no es que dejé parte de mí, es respetarte a ti mismo, respetar lo que haces y hacerlo de la manera mejor posible. Uno tiene que saber qué quiere y para qué lo quiere…

Cosme Proenza Almaguer – Obra de la serie Variaciones sobre temas de Matisse (óleo sobre tela, 2014) foto del autor.

Usted realizó dos amplias exposiciones personales: “Voces del Silencio” (MNBA, 2002) y “Paralelos. Cosme Proenza: Historia y Tradición del Arte Universal” (Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín, 2011). ¿Cómo valora ambas exposiciones si las analiza desde la actualidad?

Si viste “Paralelos…” lo viste casi todo, esa es la columna vertebral de mi obra. En ese momento nos volcamos al tema de una exposición compleja, que pude hacer en Holguín. Tengo toda esa obra guardada en esta casa: la mayoría la tengo yo, pedimos alguna pero lo demás es personal, una colección personal, es mi discurso completo. La comparación de diferentes etapas del arte con relación a mi obra. Dentro se hallaba “Medio occidental”, que era la capilla que había abajo, la hice para esa exposición… Medio es lo que utilizas, el óleo; y occidental, de Occidente. Lo que se reflejaba allí, en esa capilla, era el principio y el final de la pintura: seis siglos de existencia resumidos. El fin de la cultura, el fin de las grandes narraciones, el fin de la pintura, y del medio, o sea, en aquello que se pinta un objeto, un objeto bello.

Cuando la expresión es igual a la belleza máxima y la belleza máxima es un cuadrado de un solo color y más nada… Tope. ¿Y después de eso qué hay si ya está a tope? A mí me parece bueno. Si tuviera edad haría eso. Yo pasé por un proceso, y me maravillo con las cosas que se hacen cuando se hacen en grande, no por copiar… No olvido que en la entrada de la Bienal de Venecia observé unos norteamericanos que habían hecho una pieza: un tanque de guerra bocabajo. Ellos llevaron cinco deportistas que corriendo movían las esteras del tanque. ¿Cuánta inteligencia, cuánto contenido, cuánta maravilla? Visto desde ese ángulo, mis respetos… Ya no tengo oportunidades, lo mío es otra cosa. Lo que pasa es que estas exposiciones se insertan dentro de la contemporaneidad. Tengo 69 años, pero mi obra es tan contemporánea como eso que te estoy hablando, porque es una obra de análisis, no es una obra trabajada con algo muerto.

Cuando tú escribes un libro haces un análisis de cosas que pasan y lo públicas. Ese libro es contemporáneo, fue visto con una visión contemporánea. Eso es lo que hace contemporánea una cosa y es lo que pasa con mi obra. Eso, en la raíz más profunda, es elitista…

Pero usted expuso antes en Bellas Artes, en 2002…

Esa fue una curaduría no hecha por mí, la hizo un especialista habanero que entonces presentó todo lo que él creía era yo… Entre ello este cuadro –Cosme señala una de las obras de su conocida serie “Los dioses escuchan”, que custodia, imponentemente, detrás de nosotros, una de las paredes de su casa–, con el que no estoy en contra, pues todo es mi obra.

Este lo bautizó, sabes quién, Abilio Estévez. Abilio es mi gran amigo, estaba un día en mi casa y yo había empezado este cuadro. Se hospedaba en el hotel Pernik y me llamó por la noche: “Coño, cabrón, ese cuadro tuyo no me dejó dormir anoche”. Le digo: “Ni que fuera un bicho tan feo”. “No, precisamente la belleza no me dejó…”, y me metió un teque de esos… “Cómo se va a llamar esa obra…” Le dije: “Yo primero hago los muchachos y después los bautizo, y a veces no soy muy bueno poniendo nombres, por qué no se lo pones tú que eres escritor”. “Tú me das ese honor…” “Pues sé padrino…” “Me da pena, yo después te llamo desde La Habana… Te voy a dar una lista, tú escoges el que te dé la gana…”

Luego me llamó: “Cosme, aquí tengo la lista. Dime cuál te gusta… El primero es –casi siempre el primero es el que sirve, lo demás se repiensa– “Los dioses escuchan…” “Ya no me digas más nada…”, le dije. “De verdad no te digo…” “Ya no me digas más nada, el esfuerzo posterior no me interesa… Me interesa esa eyaculación poética tuya”.

Alguna vez ha sentido que las imágenes que una vez pintó de forma apasionada han “muerto” para dar paso a imágenes nuevas…

Sucedió precisamente con “Los dioses escuchan”. Era un cuadro pero se convirtió en una serie muy larga, muy larga… Hace poco tuve que añadirle uno a la serie y como dices, esas cosas cuando mueren… El arte tiene eso: una poética que tiene un sentido hasta un momento determinado, tú no puedes amarrarte con esa porque te mueres… A mí me pasó algo así en Madrid. Estábamos exponiendo en el Pabellón de Cuba, allí había varios pintores y mi representante de Christie’s me dice: “¿Maestro, cuándo vamos a subastar? ¿Quiere subastar este año o el que viene…?” Le digo: “No, no, no…” “¿No, no tiene cuadros?”, añade. Y le respondo: “Cantidad…” “¿Pero, porqué…?”, dice. “No, mire, sería un poco amarrarme al mercado, mi pintura nada tiene que ver con eso. Yo vivo de ella, se venden mis cuadros, pero mis cuadros no se hacen para eso. Yo los conservo, los colecciono, pero si me subasto con ustedes y da la casualidad que sale bien subastado, y ustedes me hacen una oferta de cinco años de esclavitud y no puedo pintar otra cosa que no sea lo que a ustedes les dé la gana…” Él me miraba y me dijo: “Joder, primer cubano que me dice eso…” “Bueno, es el primero y no sé si será el último…”, le dije.

Usted también ejerció la enseñanza artística durante quince años y ha sido tutor de numerosas tesis. ¿Qué es lo más difícil de enseñar? ¿Qué siente cuando le dicen profesor, maestro…?

Siempre lo he hecho. Yo nunca he dejado de ser pedagogo. A mí se me acerca lo mismo un pintor que estudia en la escuela, que un profesional que todavía tiene un determinado grado de juventud. Si tengo que decirle algo que lo pueda ayudar, lo hago, siempre lo he hecho, nunca lo he dejado de hacer. También creo que una exposición es una especie de clase magistral. Allí tú estás presente: está presente no solo el mundo de los artistas, sino una multitud total de personas, muchos jóvenes… En realidad, la parte pedagógica no solo se resume en actos de participación, pues siempre he estado cada vez que me lo han solicitado. Es decir, me vienen a buscar y yo voy… Aquí yo soy un holguinero más, pero la gente… Mira, yo venía hoy en un bicitaxi y me dicen: “Maestro, para dónde va…” “Voy para mi casa”, digo, porque todo el mundo sabe dónde yo vivo. Paré en una esquina y otro señor que estaba allí me dijo: “Maestro, qué, paseando…” Ya la gente prácticamente no me dicen Cosme, me dicen Maestro… Yo lo respeto, porque es una retroalimentación semántica. Cuando una persona te dice Maestro, es porque entiende que has hecho algo que tiene una maestría determinada que mereces ese título popular, que en Holguín sí es popular…

Una de sus últimas exposiciones en la ciudad de Holguín se tituló “Imágenes de María”. Y cuando la misa del Papa Francisco en la Plaza de la Revolución Calixto García de Holguín, un amplio mural con una hermosa imagen suya de la Virgen de la Caridad pudo ser contemplado por miles de personas en lo alto de uno de los edificios cercanos a la plaza…

Es cierto. Yo tengo un cuadro en el Vaticano regalado a Juan Pablo II, luego canonizado como San Juan Pablo. Después de eso, ya… No Cosme, no señor… Yo no soy el artista oficial de los Papas. Ahora, cuando vino el Papa Francisco, da la casualidad que me llama el Obispo y me dice: “Tú permites –porque ellos tienen esa delicadeza– reproducir la Virgen que nos regalaste para la Catedral…” Y esa es una participación. Yo estaba viendo la misa por televisión, fui invitado pero no me arriesgué. Yo estaba allí, porque estaba mi obra presente. No soy cátedra de nada, no dicto maneras de hacer. Esas son maneras de pertenecer, estando presente… porque uno cuando se muera va a seguir presente, esa es la única ventaja que tenemos los artistas.

Ha dicho que “Holguín son dos: el Holguín que es mi casa y el que está de la puerta para afuera”. ¿Qué significa Holguín en la obra y la vida de Cosme Proenza?

Tu casa es un lugar donde habitas, tu predio, tu patria… donde mandas o eres mandado, pero es tu casa. Estamos viviendo en una ciudad donde coinciden muchísimas generaciones, no dos o tres… hay muchísimos puntos de vista, maneras de ver la vida. Por suerte a mí nadie me puede venir a decir lo que pinto. Pero vamos al tema en cuestión: sí, es mi casa. Yo aquí en Holguín te garantizo que ando sin un centavo, me encuentro a un bicitaxi, a alguna gente, y me trae gratis… porque lo sé, y porque me lo han dicho, y lo hacen con gusto. Si a lo mejor yo fuera bicitaxista le hubiera dicho a otro igual, pero te digo, no es ese lugar donde la gente se enajena con el medio, no es que estemos apartados de la problemática actual del país, pero trascurre suave cuando la gente te trata así.

Creo que el Cosme muralista es uno de los menos conocidos, aunque usted es autor de varios murales, entre ellos: “Celia, la flor más autóctona”, en la sede Celia Sánchez Manduley de la Universidad de Holguín; un conjunto de tres murales en el Hotel Sol del Atlántico, Guardalavaca, Holguín, y “Juventud”, en el Motel El Bosque, Holguín.

El mural siempre es de mucho esfuerzo físico, porque tienes que fajarte con el espacio de una pared, subirte en un andamio y trabajar como un obrero más. En Guardalavaca, por ejemplo, era serigrafiado en cemento. Eso es cemento con colores. Pones las capas, las recortas y van saliendo. Yo tenía nueve pintores conmigo, nueve artistas plásticos, pero tenía que treparme en el andamio o ponerme a darle gritos a alguien que estaba pegado a la pared y no me oía. El último mural que yo pinté, todavía en uso de mis facultades físicas, fue el que coincidió con la caída de las Torres Gemelas, en la sede Celia Sánchez. Ese fue mi último mural, en 2001.

Cosme Proenza Almaguer – Obra de la serie Variaciones sobre temas de Matisse (óleo sobre tela, 2014) foto del autor.

¿Ya no se dedica a la cerámica?

Yo sí la podría hacer, lo que pasa es que la cerámica requiere de taller, requiere de otras cosas. La última cerámica que hice fue en el Taller de Cerámica de Varadero. Buenísimo, con artistas allí que son fabulosos. Y yo hice dos piezas, una se llevó al bronce en Argentina; yo tengo el original aquí, por supuesto… Hice otra que la tengo aquí también pero no se llevó al bronce, se llama “El perfumista”. Esto ha sido lo último que he hecho en cerámica. Tengo aquí en la casa muchas cosas que he hecho en cerámica, muchas fragilísimas, del año 1987.

Usted ha comentado: “Yo trabajo con la superficie, con la cáscara de toda la pintura histórica. Ya no es manipular, porque ya manipulé bastante con otros elementos, donde eran evidentes las manipulaciones de la historia del arte”. No le molestaría que le llamaran alegórico o paródico, en el buen sentido de recrear y de reinventar universos en su obra. Y además, volver a una tradición y trabajar sobre ella, como si fuera de la copia al homenaje, y de este a la inversión…

La alegoría es una palabra que no cabe en toda mi obra.

Entonces, no se considera alegórico… ¿Por qué?

No, son signos e intertextualidades. Es decir, citas de cosas. Mira –Cosme señala uno de los cuadros que cuelga en las paredes de su casa y que semeja la estética del francés Henri Matisse–, este yo lo hice y no se ha exhibido, son 34 cuadros… Cuando la gente lo ve… están acostumbrados a aquello. Esto es un estudio de la obra de Matisse y lo estoy intertextualizando con obras que son importantes, que son íconos de la historia del arte. Estoy mezclando un tipo que es imposible de mezclar, pero lo logré, está mezclado… Sigue hablando de esto, porque esto mismo tiene más que ver con el modernismo, el art nouveau y, quizá, cierto asomo al simbolismo… pero eso es una forma más del arte.

Lo han calificado de pintor “posmedieval”. Cómo calificaría Cosme su pintura…

No, eso es un disparate de marca mayor, un término tan poco feliz creado por un crítico habanero. Los pos–medievalistas y los pos–rafaelistas eran pintores que hacían una obra influenciada por la obra que se hizo antes de Rafael, esos sí son posmedievales, pero están en un museo, son gente muerta. Yo no tengo nada que ver con eso, será otra gente, pero yo no… Yo soy un estudioso, así me llamo.

No soy un artista en el sentido de tener una obra personal, más bien soy un investigador que trabajo con los códigos del arte europeo desde lo que nos interesó aquí, lo que llegó y lo que no llegó. Yo en “Paralelos…” tenía toda la escuela abstracta norteamericana, que en esa época era el enemigo total; los estudié, los puse, por dentro estaba el siglo XV: las primeras obras importantes al óleo, y por fuera estaba la muerte de eso, es decir, ya la pintura se acabó ahí, llegó a la belleza total con la abstracción. De ahí para adelante no hay más nada. Lo demás es: pinta si quieres… Y entonces dije: “Yo soy pintor, me encanta pintar. Pero lo que voy a hacer es pintar analizando…” Es como si tú te pusieras a hacer el estudio literario de algo, te tienes que meter en la literatura del mundo, aprender idioma… Yo todo esto me lo sé porque me tengo que aprender la técnica del pintor, o sea, a quién estoy citando, porque si no sería una mala palabra… Los he visto en originales y luego ahora trabajé eso. En mi caso tiene que ver más con la investigación histórica de algo que heredamos de Occidente que con el artistaje, como quieras decirlo.

Cosme, puedo decir entonces que su pintura es investigación…

Es eso, es pura investigación.

Codanza celebra su 25 aniversario

Por Edgar Ariel

La Compañía de Danza Contemporánea Codanza presentó  una temporada de aniversario. Celebración que comenzó el 25 de septiembre –día de la fundación– dentro del IV Concurso de Danza del Atlántico Norte Codanza y Grand Prix Vladimir Malakhov.

Obra Inside, coreografía de Vianki González Miranda Foto: Carlos Rafael

Los días de la temporada fueron el viernes 8 y sábado 9 de diciembre en el Complejo Cultural “Eddy Suñol”, en su sala principal Raúl Camayd. Cinco las piezas en programa. Al final de este texto dilucidaré sobre ellas. Ahora se impone una recapitulación.

Codanza, como Adeona (Los fundadores)

El hombre funda cuando, en la estrechez de su campo visual, piensa que puede descubrir nuevos hechos y hacer avanzar lo que concienzudamente desconoce. No se funda lo conocido. Se funda para conocer.

¿Pero qué demanda el hecho de fundar? No es una pregunta fácil. No se funda con facilismos. Pobre del que crea que puede fundar con facilismos.

Obra Casita, coreografía de Robert J. Priore Foto: Carlos Rafael

La cosa es harto sabida: las bases tienen que ser fuertes, sino la torre se inclina, declina, y cae.

El hecho de fundar demanda sobre todo interés del fundador cuando es una empresa individual, o de los fundadores cuando es colectiva.

La fundación que llama a escritura es un ejemplo concreto de colectivismo: Codanza. Hay fundaciones inevitablemente individuales, hay otras, inevitablemente colectivas.

Pero toda fundación necesita, sin remedio, un líder; así como la población de cualquier urbe, para caminar pacíficamente, necesita, sin remedio, un ente que regule la circulación, y que además les muestre definitivamente el porvenir.

Obra Suelo, coreografía de Osnel Delgado Foto: Carlos Rafael

El 25 de septiembre de 1992, mientras la NASA estaba lanzando la sonda Mars Observer para estudiar el planeta Marte, Maricel Godoy estaba fundando en Holguín lo que un tiempo después sería Codanza, para estudiar el planeta Cuerpo.

Según Ana Lourdes Estrada Fernández, en su libro Codanza,Espíritu vivo del fuego, la primera presentación del grupo fue el 29 de diciembre de ese año en el teatro Eddy Suñol. Las obras del programa fueron Tridireccional, Trajecomedia y Transición. Parece que fue casualidad la confluencia de las tres T.

Los primeros en bailar Tridireccional fueron Gilberto Pérez y Wilber Pérez, en ese momento profesores en la Escuela de Arte, junto a las bailarinas del Teatro Lírico Rodrigo Prats Rosario Arencibia (Rosy) y Rosario Hernández.

Vianki González llega en 1993, graduada de la Escuela Nacional de Arte, a impartir clases de técnica y folclore en la Escuela Vocacional de Arte (EVA). Según recuerda, Maricel Godoy le habló para que entrara a lo que todavía no era Codanza. Y entró. Bailó mucho Tridireccional, lo llama su doctorado.

Obra Suelo, coreografía de Osnel Delgado Foto: Carlos Rafael

Fue José Miguel, por entonces profesor de Acrobacia en la EVA y productor del grupo, quien propone la palabra Codanza: “Cohesión, conjunto de figuras que confluyen para convergir en un todo orgánico, compacto, donde el cuerpo es el trazo, la combinación de las disímiles formas que dan armonía y belleza al universo que habitamos”.

Al inicio ensayaban en los salones de la Escuela de Arte, después rodaron y rodaron. Estuvieron en la Casa del Ballet, la Periquera, el Caligary, el tabloncillo de Ciencias Médicas y hasta en Yatobá, como le decían a un lugar que no conozco por el Hospital Psiquiátrico de Holguín. En Yatobá, como prefiere decirle Rosi, recibieron el taller “Cárcel de Aire”, por Marianela Boán.

Obra Muerte prevista en el guion, coreografía de Susana Tambutti Foto: Carlos Rafael

La Asociación Hermanos Saiz los acogió antes de ser un proyecto de Artes Escénicas. Bailaban más que ahora, en cualquier parte, con vestuario propio, inventando. Improvisaban mucho, quizá eso deberíamos retomarlo. Los bailarines ya casi no quieren improvisar. Se olvidan que es en la improvisación donde pueden desprenderse de automatismos ajenos y buscar el rito en la danza propia.

Hoy Wilber Pérez está en Viena. Rosario Hernández en España. José Miguel en Italia. Gilberto Pérez en México. Están lejos, es decir, no están.

Hoy, a Rosario Arencibia se le puede ver como maître de ballet en Codanza. Pero lo mismo es maître, que regisseur, que anda con las tarjetas de pago. Le pregunto si se mantendrá y ladeando la cabeza: “bueno”, como queriendo decir que sí, que no piensa irse.

Vianki González sigue bailando, seguirá. Ahora se enfoca en la creación, me dice que tiene muchas ideas coreográficas por concretar. No abandonó Codanza porque creyó en ella. Casi toda su vida como bailarina se la dio a Codanza, y su cuerpo.

Obra Suelo, coreografía de Osnel Delgado Foto: Carlos Rafael

Hablábamos de un líder. Maricel Godoy sigue firme en sus propósitos: convertir a Holguín en la capital de la danza en Cuba y que Codanza sea una compañía reconocida en todo el mundo.

Maricel Godoy, Rosario Arencibia y Vianki González persisten. Están cerca. Formaron parte de la fundación. Adeona, en la mitología romana, es la diosa de la llegada. Codanza, como Adeona, hizo llegar esa maravilla que es la danza contemporánea a Holguín.

Muerte…y otras digresiones

Codanza repuso Muerte prevista en el guion, ese portento de coreografía de la argentina Susana Tambutti. Se estrenó en Holguín (según el programa de mano entregado esa noche) el  6 de junio de 1999. Yo era muy joven, era un niño, pero lo recuerdo. Recuerdo que el primer cisne que vi morir era tremendamente musculoso, era un hombre, casi nada que ver, hoy lo sé, con el cisne de Fokine. Por eso hoy creo que hay pocas cosas más masculinas que un cisne. Y lo creo desde mucho antes de ver El lagoavant–gardede Mathew Bourne.

Obra Muerte prevista en el guion, coreografía de Susana Tambutti. Foto: Carlos Rafael

De manera especial, cuando pienso en Muerte…, veo a Gilberto Pérez lanzando Camelias desde su cama mortuoria en el personaje de Margarita Gautier de La dama de las cameliascarraspeando la tisis. Y a Wilber Pérez muriendo como Giselle en la escena de la locura.

Inevitablemente comparo ese elenco con el de hoy, repleto de bailarines muy jóvenes. Y me inclino a pensar que “cualquier tiempo pasado fue mejor”como decía Jorge Manrique, citado por José Ortega y Gasset en La rebelión de las masas. “(…) lo más sólito ha sido que los hombres supongan en un vago pretérito tiempos mejores, de existencia más plenaria (…)” Pero me equivoco.

Esta es una sensación peligrosa. Nos obliga a perder el pulso del momento. Nos obliga a pensar que estos nuevos danzantes están venidos a menos. Y no es verdad.

Podría pensarse que Codanza es una compañía de tránsito. Muchos bailarines, buenos bailarines, se van, emigran. Esa juventud es transitoria en la medida que lo es todo. Todo es provisional.

Codanza no es la única que lo sufre, no es la excepción pero puede confirmar la regla. En Cuba casi todas las compañías danzarias se ven atribuladas por dichas pérdidas. Tendríamos que preguntarnos por qué, pero esas son profundidades que ahora no estoy dispuesto a medir.

Obra Muerte prevista en el guion, coreografía de Susana Tambutti Foto: Carlos Rafael

Muchas veces por una necesidad objetiva, determinada por el éxodo, no pocos bailarines, apenas terminado su Nivel Medio, asumen roles protagónicos. Puedo decir que Codanza es una de las compañías en Cuba que mejor prepara a los bailarines. Y es en Codanza donde muchos de esos bailarines llegan a su plenitud. Lo demuestra la reposición de Muerte prevista en el guion, con un elenco que no tiene nada que envidiarle a los anteriores.

Susana Tambutti había creado la obra en Argentina, donde imbricaba actores y en los protagónicos bailarinas; pero al llegar a Codanza y ver un deslumbrante cuerpo de baile masculino dijo: “Casi todo será con hombres”.

Por entonces, después de presentarse la obra original en Estados Unidos el crítico Joan Freese dijo:

“El momento más brillante de la noche fue Muerte prevista en el guion, tributo a los melodramas del ballet clásico. Mientras otros coreógrafos utilizan estas tramas con fines humorísticos (como la notable Gala Performance de Anthony Tudor, o el Push comes to shove de Twyla Tharp), sería difícil comparar la visión de Tambutti con algo visto anteriormente. La muerte del Cisne, Giselle, Carmen, La dama de las camelias y la víctima del sacrificio de Consagración de la primavera, desfilan ante nosotros, al mismo tiempo que Tambutti destraba todos los límites en este montaje ambicioso.”

Como aclara el maestro Ramiro Guerra, en el posmodernismo la relación entre arte y técnica desvalorizó el antiguo concepto de lo bello plasmado en la disciplina estética para darle mayor importancia al concepto de la obra que a la obra misma. Esto hizo que la expresión interior del creador fuera más importante ante los ojos del espectador que la propia obra.

Obra Muerte prevista en el guion, coreografía de Susana Tambutti Foto: Carlos Rafael

Muerte prevista en el guion es una obra eminentemente posmodernista en cuanto desarticula–deconstruye modelos de la representación trágica como el Cisne, Giselle, Carmen, La dama de las camelias y La elegida de La consagración de la primavera, mediante un desparpajo paródico que pone en evidencia apuntes a la “decadencia cultural” finisecular en que fue creada la obra. Cultura de mezcla (y a veces mezcolanza) de todo lo que circula a través de los medios de comunicación, que suele transitar de lo sublime a lo ridículo.

Cinco obras en programa, sin Muerte…

El viernes 8 Codanza presentó  dos obras: Suelo y Casita.

Suelo, coreografía del cubano Osnel Delgado, fue el resultado del premio que obtuvo el creador –Premio Codanza de Coreografía– en el III Concurso de Danza del Atlántico Norte Codanza y Grand Prix Vladimir Malakhov.

Suelo es la unión de cuatro obras anteriores de Osnel Delgado, puestas en práctica de una manera diferente para permitirle a los bailarines expresarse mediante el material coreográfico, la oportunidad de conocerse y relacionarse con una partitura física y calidad diferentes.

Obra Imago, coreografía de Vianki González Miranda Foto: Carlos Rafael

Y Casita, una pieza del estadounidense Robert J. Priore. En octubre de 2016 Robert J. Priore llegó a Holguín junto a Company E, compañía estadounidense que bailó junto a Codanza en función única la obra Speak Easy. El intercambio propició que ambas compañías pensaran en colaboraciones que hoy se materializan.

Robert J. Priore montó para Codanza la obra Casita, pieza con matices autobiográficos que antes formó parte del repertorio de Company E y ahora se redimensiona con los bailarines de Codanza.

 

Para el sábado 9 fueron reservados, aparte de Muerte prevista en el guion, dos solos: Inside e Imago, con interpretación de Leonardo Domínguez Rodríguez y Lianet Díaz Silva respectivamente.

Vianki González Miranda sigue explorando con la coreografía. Se nota interés por re-conocer el movimiento. Insidee Imago no son cápsula aislada. Recordemos La memoria del pez, Estación para pensar, 6º de—–separación, y démonos cuenta, la cuerda empezó a tejerse con anterioridad. Estas piezas no son culminación en la obra de esta coreógrafa, pero demuestra que persiste en la búsqueda del movimiento que transgrede lo liso. Y no se conforma, quiere emoción, no se conforma con el mero movimiento, quiere agitación, sobrecogimiento, primero en el bailarín, y luego, en la butaca, ¿cómo no sobrecogerse?

Obra Muerte prevista en el guion, coreografía de Susana Tambutti Foto: Carlos Rafael

Es un lujo, Swarovski, la reposición de Muerte prevista en el guion, junto a piezas que ayudan a comprender los nuevos caminos de la danza cubana, excelente manera de celebrar el 25 aniversario de la fundación de Codanza.

 

El arte como virtud: Codanza en su 25 aniversario

 

Obra Muerte Prevista en el guion. Foto: Carlos Rafael

En homenaje a los 25 años de la Compañía de Danza Contemporánea Codanza, dirigida por la maestra Maricel Godoy, el colectivo holguinero repuso en la Sala Raúl Camayd del Complejo Cultural Eddy Suñol, las obras Casita, Suelo, Imago, Inside y Muerte prevista en el guion.

Las obras repuestas –presentadas, además, en otros momentos del año– son coreografías que han caracterizado de alguna manera el trabajo de Codanza en los últimos tiempos en la búsqueda de lo que su propio lema reza: fuerza, vitalidad y destreza.

Ninguna de estas piezas busca ser complaciente, ni con el público ni con la crítica, ni mucho menos con una Compañía que ha asumido los riesgos como parte de su concepción fundacional. Solo lo difícil, aseguraba José Lezama Lima, resulta estimulante. Uno de sus principales logros es la osadía conceptual en la que articulan sus discursos, a riesgo de que las coreografías parezcan herméticas o al menos complicadas a simple vista para un espectador no acostumbrado a ese tipo de osadías escénicas. Ahí, en esa urdimbre que conforma la interacción de múltiples significados y aleaciones culturales que es la danza contemporánea, podría decirse incluso posmoderna, encontramos uno de sus principales atractivos: la propia complejidad con que asumen la belleza para entregárnosla, no idealizada pero sí palpable, humana, real, aunque también algo etérea, sublime, en cada una de las piezas que observamos con los sentidos aguzados sobre un escenario dispuesto a sorprendernos con cada una de las puestas.

Casita, coreografía del estadounidense Robert J. Priore, explora la interioridad familiar y las dudas del individuo, basándose –como nos dice el programa de la noche– en matices autobiográficos del propio creador. Semejantes exploraciones, temáticas más que formales y coreográficas, caracterizan Suelo, del cubano Osnel Delgado, presentada, además, en la pasada edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov.

Subrayo las dos coreografías creadas por Vianki González que forman parte del programa: Inside e Imago. La primera resulta una acertada exploración por las ensoñaciones más ocultas del alma humana, “aquel sitio donde las turbulencias son más profundas, viscerales”, nos recuerda la sinopsis de la obra. Además, Inside permite al joven Leonardo Domínguez Rodríguez lucirse como interprete en una coreografía minimalista, sobria, compleja, lúcida. Inside no es lo que vemos, es lo que sentimos, nos señala la obra.

Obra Imago. Foto: Carlos Rafael

Por su parte, Imago explora plásticamente la relación vida–muerte, un ciclo elemental, abordado y hasta trillado si se quiere, en los terrenos del arte y la danza. Aquí la crisálida y el nacimiento, uno de los momentos más cálidos y hermosos de la coreografía, se aproxima simbólicamente al útero femenino. La metamorfosis, por su parte, evoca al crecimiento del ser humano, el insecto kafkiano podríamos decir, y además, al desarrollo y la evolución inevitable que termina con el ocaso y el fin de ese ciclo lógico. ¿Pero acaso es el fin de la belleza? ¿Es el fin del cuerpo como portador de esa belleza? El cuerpo sigue siendo el más hermoso y terrible de los misterios del ser humano. Eso también nos recuerda Imago, una coreografía interpretada por Lianet Díaz Silva, que tiene al mismo tiempo, una perfección decadentista, lírica… y que coloca a Vianki González entre los coreógrafos jóvenes más interesantes en el panorama nacional, aun en su corto haber, pues la mayor parte del tiempo se ha desarrollado como bailarina en la propia Codanza. Subrayo, además, en ambas obras el acertado uso de la música como un elemento más, vital en este caso, en la puesta coreográfica.

Obra Inside. Foto: Carlos Rafael

La última de las obras viene a cristalizar un empeño mayor, colectivo, por parte de Codanza y su directora Maricel Godoy. Muerte prevista en el guion es una coreografía de la argentina Susana Tambuti y una de las piezas características del repertorio de la compañía desde su estreno en Holguín en 1999. Tambuti creó la obra en Argentina, con una propuesta que unía en escena a actores y bailarines en los papeles protagónicos, pero en la puesta holguinera la coreógrafa decidió explotar el magnífico cuerpo de baile masculino de Codanza. Por eso los personajes principales, en una suerte de vuelta de tuerca doblemente posmoderna y atractiva, donde la propia arquitectura coreográfica más que contemporánea es propia de un posmodernismo finisecular, son asumidos por los bailarines masculinos. A nivel macroestructural, Muerte prevista en el guion se acerca a elementos posmodernos como la metaficción, la recursividad, el pastiche, la parodia y la apropiación de múltiples referentes que tributan al ballet clásico. Además, utiliza la alegoría y la polifonía como características de la posmodernidad a un nivel microestructural. Tambuti rinde homenaje, entre otros, a obras clásicas, melodramas donde la muerte es parte consustancial de la puesta: La muerte del cisne, coreografía del ruso Michel Fokine creada inicialmente para la mítica Anna Pávlova; Giselle de Jules Perrot y Jean Coralli; Carmen, con música de Georges Bizet; La dama de las camelias en su versión de Verdi, y La Consagración de la primavera, de Ígor Stravinsky, con coreografía original de Vaslav Nijinsky para los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev.

Foto: Carlos Rafael

Vemos, en una obra que se destaca, entre otros elementos, por el ritmo, la progresión dramatúrgica y el montaje ambicioso, a un Leonardo Domínguez paródico en La Muerte del cisne, lo mismo Osvaldo Cardero Alcorta en la interpretación de su Giselle casi carnavalesca. Por su parte, Leonardo Fonseca Hernández ofrece una Carmen andrógina, palpable, procaz en su personaje, mientras la Dama de las Camelias de José A. Iglesia Cruz y La elegida, de Consagración de la primavera, de Lianet Díaz Silva, única interprete femenina de la puesta, por cierto excelente bailarina e intérprete, constituyen uno de los momentos más acertados y evocadores, dentro de la vorágine de asociaciones y apropiaciones de la reciente puesta holguinera de Muerte prevista en el guion.

Muerte prevista en el guión no pierde actualidad a dieciocho años de estrenada en Holguín por Codanza. En cambio se reconstruye y actualiza, como debe ser, sin alterar sus cimientos originales, en busca de una organicidad plástica que viene dada desde su propia concepción. La verdad es cuestión de perspectiva o contexto, más que algo universal y concreto, plantean algunos teóricos del posmodernismo. El arte, como la verdad, también depende de ciertas perspectivas que bien pueden o no quebrarse y que hacen perdurable una creación por encima de otra, en otros contextos, en otros ámbitos. Casita, Suelo, Imago, Inside y Muerte prevista en el guion nos muestran la encomiable altura en que se ha colocado la compañía Codanza en sus primeros 25 años de creada.