Fulgor de empuñadura de sable

 

Por Moisés Mayán

Nos han propuesto olvidar nuestra Historia. De golpe y porrazo. Sustituir una tradición de más de un siglo por un futuro importado. Como si fuera una simple maniobra informática. Enviar la Historia de Cuba a la papelera de reciclaje, y acto seguido, vaciar esa papelera. ¿Está seguro que desea eliminar 150 años de forma permanente? La propuesta encandila o enardece, depende del combustible que transportes en tu depósito. Uno necesita armas reales. Herramientas que no se afinquen en la arenga vacía, ni el ademán sobreactuado. El apacible tono del diálogo, el arte perdido de la conversación, la lectura en medio del necesario silencio, son capaces de demoler los discursos más eufóricos.

Creo que la poesía puede desmantelar un acorazado, porque el hombre que vive bajo palabra es en sí mismo un ejército. Apuntar que Ronel González ha publicado un libro más, sería incurrir en un lugar común dentro del panorama literario cubano, pero corroborar que este autor ha construido un arma estratégica, me convierte en cómplice de las estructuras que manifiesta Teoría del fulgor accesorio (Ediciones Ácana, 2016). El resurgir de la novela histórica en un puñado de narradores cubanos, y la asimilación de esas propuestas por el público lector, demuestra quizás la necesidad de escalar nuevas alturas.

La poesía que amplifica la Historia y la revisita desde la devoción, constituye un nivel ascendente en el conocimiento de los cauces que desaguan en nuestra inmediatez, pues posibilita la apropiación de figuras y hechos afincándolos en el plano de la sensibilidad, en la raíz misma de la sangre. Estos poemas que conmueven a vuelta de página, no han sido generados por un compromiso artificial, no son despojos de las intensas contiendas de lectura, ni mucho menos producto del oficio de quien conoce el serpenteo de la décima en la manigua del lenguaje. El hombre que escribe los textos de Teoría del fulgor accesorio fue haciendo a pie su historia, rumiándola al margen de todos los discursos, de los argumentos encartonados que la pedagogía nos insufla desde las mesas de las aulas.

Desprendido de cualquier dogma, Ronel González tuvo también su 10 de octubre; el grito del poeta y el Grito de Yara se superponen en las páginas de aire, las que anteceden a la tinta impresa. En las arenas de Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 2015, dos hombres escudriñan la negrura con los ojos fijos en el brillo de la marea, uno de ellos es Ronel González. Dicen que se escucha el chapotear de unos remos. Él sabe que no son pescadores. El 19 de mayo de ese propio año, al pie del monumento en Dos Ríos, un poeta lee bajo el sol del mediodía El peso de la cruz. Las aguas turbias y crecidas del Contramaestre le aventajan. Antes de escribir vive, no quiere que nada apeste a plantilla, a molde, a expresión falsificada. Su casa en La Aduana, cerca del río Miradero, se transforma en campamento. Allí anuda la hamaca de los héroes, a la sombra de parapeto donde sus libros le proporcionan una vibración acompañante, casi vegetal.

La décima que cuajó como plomo en sus primeras estrofas, vuelve a borbotear. Balas, balas es lo que necesita el lector, y si no, machete. Siente un relincho, pero es solo el carretonero que recoge la basura. No sabría explicar por qué se le parece tanto al general Quintín Banderas. En ocasiones, cuando chapea el patio en las mañanas de domingo surge frente a sus ojos un barranco, la destentada boca de un barranco. Inequívoco recordatorio de su peregrinación a San Lorenzo. Solo 98 páginas, como combates, como cargas al machete, y un estremecimiento me despabila, no soy yo quien lee, es el libro quien me escudriña. Estoy mirándome al espejo de la patria en un poema de Ronel González.

Nunca había aflorado en mí semejante tironeo ¿tiroteo? El rompecabezas de la Historia no puede completarse de un modo preestablecido, el tiempo no es lineal. Hablan Céspedes, Bernabé Boza, Antonio Maceo, Agramonte, Vicente García, Perucho Figueredo, y también Lezama, Zenea y Martí. Las armas de la guerra y las armas de la palabra nos vuelven invencibles. Me reconozco en la lectura, asomo detrás de alguna guardarraya, me ubico entre un dagame y un fustete para que me abrase la frente el sol de Cuba libre. Una mano invisible arranca las páginas del 6 de mayo. El Diario de campaña del Apóstol se transforma en otro mutilado. Pero Ronel no condesciende a ese desarraigo. Hay que conocerlo para saber que no va a tolerar la omisión de un día cardinal en la marcha de Martí hacia la muerte.

Amanezco enfermo: dolencia del espíritu que detiene el pulso y vuelve hosca la escritura“. Se nos pone la piel de gallina, como si alguien hubiera removido la losa de un sepulcro. Nos quedamos interrogándonos ¿acaso no son esas las auténticas páginas del diario? ¿Quiso Martí quebrar el mármol de los tiempos para que el santo grial de los historiadores cubanos terminara en manos de Ronel? No sería la primera vez que sucede algo semejante. Él dice que no, que es solo una recreación, la forma de sacarse las púas de esa dolorosa ausencia. ¿Y si hubo alguien que interceptó al poeta en sus expediciones por la Historia, un pescador que atrapaba sus carnadas bajo la noche bella de abril, o una anciana que escuchó la lectura de El peso de la cruz, y luego agradecida, le trajo aquellas hojas como mariposas sucias, o fue el mismo Martí sentado frente a él en la sala de La Aduana? No lo sé, Ronel repite que no, que es solo una mimetización del estilo martiano, un apócrifo, algo que pudo suceder pero que nadie sabe… Sin embargo los poetas mienten, y aunque este es un libro sincero, entre sus páginas 64 y 67 un insondable mecanismo se activa, un fulgor de empuñadura de sable, un misterio que acompaña.

Arrasado, como el texto de Valeriano Weyler, desemboco en la última página. No vamos a olvidar la Historia. No vamos a suprimir tantos ríos de sangre desaguando en el presente. ¿Está seguro que desea eliminar 150 años de forma permanente? Jamás. La teoría de Ronel es irrebatible. Llegue a los lectores su fulgor.

 

Prefectura de La Quinta,

entre dos arroyos sin nombre.

Regresa el Festival Internacional de Cine de Gibara

Venta de libros durante la última edición del Festival Internacional de Cine de Gibara. Foto: Lisandra Cardoso (Archivo)
El Festival Internacional de Cine de Gibara (FIC Gibara) en su edición 14 se desarrollará del primero al siete de julio de 2018, convocado por el Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), así como los órganos de Gobierno de Holguín y Gibara.

El evento será auspiciado por Iberoestar, el Fondo Cubano de Bienes Culturales, Cubatur, la Embajada de Noruega, el Consejo Nacional de las Artes escénicas, entre otros que garantizarán de conjunto con el Comité Organizador hacer realidad una vez más el sueño de Humberto Solás al proclamar en su manifiesto fundacional que es necesario “[…] legitimar, de una vez y por todas, la polivalencia de estilos, legados y propósitos de un arte que no será patrimonio de un solo país ni de una sola e impositiva concepción del mundo”.

En esta ocasión distinguidas personalidades del audiovisual y las artes tanto nacional como internacional integrarán el jurado que evaluará las obras participantes en las categorías de Largometraje de ficción, Cortometraje de ficción, Largometraje documental, Cortometraje documental, Animación y videoarte, Guiones inéditos, Cine en construcción (largometrajes de ficción y documental), recibiendo cada uno de los ganadores el premio Lucía. La decisión del jurado será inapelable.

La Plaza Da Silva será el escenario idóneo para el concierto inaugural que ofrecerá el cantautor cubano Silvio Rodríguez, al cortar la cinta roja del Festival como cada año se hace a ritmo de buena música cubana.

Tendrá buena participación además la música alternativa, la canción, el pop, el jazz y la música electrónica en el habitual espacio dedicado a los DJ’s, confirmando hasta la fecha su presencia Iván Lejardi.

Otras manifestaciones del arte como la danza y el teatro se harán presentes con interesantes propuestas, tal es el caso de la compañía Codanza bajo la dirección de Maricel Godoy, el conjunto de teatro Callejero Andante de Bayamo, el dramaturgo Yunior García, la compañía de Teatro Guiñol de Holguín, Rompe Tacones, Alas Buenas y Palabras al Viento.

Por Yarima Lisbet Acosta Torres
Tomado de www.radioangulo.cu

Fue una estrella quien te puso aquí

No es tan solitario el escenario cuando el trovador se acompaña de su guitarra. Con la noche como testigo y un encuentro aplazado como pretexto, nos canta, nos describe y atrapa en cada nota.

Sin dudas es un privilegio escuchar la música de Gerardo Alfonso. Foto: Torralbas

Como un contacto necesario con “su pueblo” define la actual Gira Nacional el cantautor Gerardo Alfonso con su Grupo. Interminables jornadas marcan el periplo del prestigioso creador por nuestro país, que comenzó el pasado lunes 28 de mayo por la provincia de Guantánamo, y que le ha llevado a otras como Santiago de Cuba.

Una vez en Holguín, no pierde tiempo el artista y acaricia a su compañera de mil noches, de ella sale una melodía que nos retrata sin complejos algoritmos ni términos rebuscados, es una música tan simple y natural como el cubano, pero sin dejar de ser profunda y compleja, como nosotros.

Caminando por las calles de “su hermosa Habana” nos encontramos con “El ilustrado caballero de Paris”, y entre un estreno u otro se percibe el olor a “sábanas blancas colgando en los balcones”.

Gerardo canta nuestra cotidianidad en un lenguaje que no nos es ajeno, y en esa fusión de géneros musicales nunca escapa de su esencia trovadoresca.

El cantautor arribó a Holguín como parte de una Gira Nacional que comenzó el pasado lunes por Guantánamo. Foto: Torralbas

“Son los sueños todavía” los que tiran de la gente, quienes degustaron este sábado de uno de los creadores más prominentes del pentagrama nacional, en un escenario que desafió la madrugada y el sofocante calor nocturno para que los fieles se congregaran en un momento como pocos: allí en la Plaza de la Marqueta no son “Las cosas que yo te cuento”, sino las que te canta Gerardo, las que te incitan a vivir.

¡Cumpleaños feliz!

Noche de celebraciones la de este sábado 2 de junio cuando el principal escenario artístico de la Ciudad de los Parques se engalanó para festejar sus casi ocho décadas de fundado.

El espectáculo danzario se erigió como el mejor homenaje a la prestigiosa institución cultural holguinera. Foto:Torralbas

La mejor forma de homenajear a esta institución de la cultura cubana fue la presentación de tres obras a cargo de la Compañía de Danza Contemporánea “Codanza”, pretexto que igualmente sirvió para felicitar a Maricel Godoy, directora de la agrupación artística, quien celebra su onomástico en coincidencia con la fecha.

“Casita”, del coreógrafo norteamericano Robert J. Priore, expone matices autobiográficos que exploran la interioridad familiar. Diferentes estados anímicos, emociones y sentimientos reprimidos que emanan de situaciones comunes a la convivencia hogareña centran la pieza. Todo este complejo entramado compone la obra que se auxilia de una banda sonora donde prevalece la música del Medio Oriente; en suma una coreografía donde lo más llamativo es su larga duración.

Para realzar la velada la propuesta fue “Exilio”, fragmento de la obra “Interiores”, del mexicano Aldo Siles, momento propicio para que el bailarín invitado, Carlos Carbonell, dedicara su actuación a Godoy, quien se sumó a la velada para festejar su cumple como corresponde a una maestra de su talla, esa misma que ha formado generaciones de bailarines y que es un pilar de la danza en la provincia, en gran medida gracias a la fundación de su Compañía.

La velada sirvió de pretexto para festejar el cumpleaños de la consagrada directora danzaria. Foto: Torralbas

El tercer momento de la noche correspondió a la obra “Tráiler”, de Norge Cedeño. Una propuesta con énfasis poético y filosofía definida hacia lo utópico es la que nos trae este coreógrafo cubano, quien nos explica que “La vida eterna anida en el fondo del profundo pozo del instante”; quizás un enamorado más del Carpe Diem.

Fundado en 1939, el Teatro Eddy Suñol, antes Teatro Infante, se erige como complejo cultural e institución insigne de las artes escénicas en Holguín. Durante casi ocho décadas el espacio ha sido centro de numerosas presentaciones de prestigiosos creadores del panorama cultural foráneo y nacional.

Fomentan en Holguín protección del patrimonio cultural

Fotos: ACN y Consejo Nacional de Patrimonio Cultural
Múltiples proyectos enfocados en la promoción del patrimonio cultural en el oriente cubano, sobresalen entre las alternativas de la provincia de Holguín para proteger las tradiciones locales, distintivas de la región.
Estas iniciativas se extienden por los municipios de Gibara, Báguanos y Cueto, representativos de la historia nacional por el florecimiento de costumbres autóctonas y con aportes al desarrollo del comercio durante la etapa colonial.
María Eugenia Brito, especialista del Centro Provincial de Superación para estos proyectos, fundamentó que en el territorio existen rutas culturales ubicadas en esos asentamientos poblacionales, las cuales resaltan los valores identitarios de sus habitantes.
Uno de estos recorridos, indicó, se concentra en Báguanos, a unos 30 kilómetros de la ciudad cubana de los parques, donde el azúcar constituye el centro de la economía e incluye la venta de derivados como la raspadura y guarapo.
Holguín, cuenta además con otras dos rutas culturales, el recorrido desde la Cueva de los Panaderos, localizada en zonas de Gibara, reconocida por sus pictografías aborígenes, hasta el Museo de Historia Natural de esa localidad marina y el Camino de la Virgen, en el municipio de Cueto, señaló Brito.
En estas giras, se propone la venta de artesanías, flores, velas, fabricadas en la localidad y se incluyen aspectos representativos de las guerras por la liberación nacional cubana, como parte de los programas de enseñanza y promoción de la historia.
Esta estrategia se incluye dentro de los Lineamientos aprobados en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, específicamente

El pan del deseo de Jorge Luis Darcy

Cubierta de El pan del deseo del poeta mexicano Jorge Luis Darcy (foto cortesía del autor).

Por Ronel González Sánchez, poeta y crítico literario

Debido al azar concurrente, como gustaba de afirmar al grande José Lezama Lima, llegó a mis manos El pan del deseo del poeta mexicano Jorge Luis Darcy, publicado en 2017 por la Universidad Autónoma de Nuevo León y prologado por el destacado intelectual cubano Manuel García Verdecia.

Nacido en 1969 en Monterrey, Darcy es un autor que posee en su currículo títulos como Ese es el sitio (1998), El fruto y la espada (2005), Después vendrá el silencio (2009), entre otras elecciones y antologías dadas a conocer en su país y en Colombia, Perú y Nueva Zelanda.

Preocupado por las esencias y la unidad cósmica de la poesía, para Jorge Luis la poesía de algún modo posibilita el ordenamiento de la desmesura, de lo caótico primigenio a través de la supresión de lo antinómico sin prescindir de los equivalentes, en la semejanza de las pausas y las respuestas”, de ese universo que existe más allá de las palabras o de los versos, que persigue el creador y que, sin embargo, permanece oculto, enigmático ante los ojos del lector.

La obra de Darcy persigue inobjetablemente una posibilidad significacional mayor, algo que está y que no vemos, aunque es inevitable lo existente ante lo cual nos mantenemos escépticos porque puede ser una abierta referencia a lo invisible, al Misterio.

Lo simbólico inmanente del poema es, por lo tanto, una preocupación del que lo escribe, lo que no permanece en la ataraxia. Confabularse con lo imposible es, entonces, la tarea del poeta para acceder a la posibilidad. O sea, para explicarlo con términos utilizados por el poeta en numerosas oportunidades: a partir de una sustancia de donde proceden todas las cosas, según Anaximandro el apeiron, y del caos como instancia necesitada de orden, esa imposibilidad moviéndose en la infinitud, aspecto reiterado por el autor que constituye todo un concepto en ese cuerpo de ideas desarrollado sobre y desde su obra poética, como una creación que contiene su propia crítica, como una crítica que es también creación.

La “oscuridad” que pudiera verse como escudo o “disfraz” de esta poética para ocultar esencias y su intención de develar sin desnudar totalmente la obra, pudiera ser resultado de su asunción de la literatura como modo de vida y del traslado de las especificidades de la realidad circundante, de los rasgos de su personalidad y del cosmos intelectual que posee.

Su gusto por la imagen y lo hiperbólico, como si constantemente hablara en parábolas, es el rasgo fundamental de su estilo. A pesar del desconcierto inicial que pudiera dejarnos la lectura de su poesía, si desbrozamos y comprendemos el bosque conceptual de sus textos nos aproximaremos desprejuiciadamente a lo sensual recurrente en su lenguaje.

El autor de El pan del deseo no reduce los símbolos a un esquema frío de lo erótico. Cuando aparece la concupiscible fauna de su obra, sabe el poeta, por ejemplo, que entre los mitos antiguos la serpiente era considerada como la orgía de Baco y como uno de los símbolos principales, que el caballo era un animal lascivo y el perro significaba el impudor, que los latinos consagraban a Venus diversos animales marinos donde el delfín era llamado venerous, entre otras criaturas relacionadas con el andrógino que era visto también como un monstruo y del que Cicerón escribió: ¿no es un lamentable prodigio enviado por los destinos?

La unificación amatoria y sensual del objeto deseado con el encanto telúrico del paisaje conforma un mosaico de sedimentación, de esencialidad en esta poética. La superposición de imágenes para retener al otro, la memoria del otro que satura el trayecto de la poesía y emprende un viaje que comienza en el cuerpo y concluye en sus límites, es el trance espinoso de la obra donde el sujeto lírico parece desconocer otra posibilidad que no sea la pluralidad y desintegración continua de esos elementos.

En el ciclo orgánico que es el conjunto de la obra, la congregación de piezas, unidades coherentes con la sensualidad discursiva a las que el poeta accede sin instrumentales preconcebidos, edifican un ámbito otro que se complejiza a medida que penetramos en la infinitud propuesta. O sea, vista integralmente, la obra poética contenida en este libro, pese a las heterogéneas intenciones con que fue gestada, implica una ética en el personal modo de asumir la construcción y reconstrucción de sus límites, en el dominio de la racional como conjuro del deseo raigal articulado por el hablante y, por consiguiente, el engendro de ese islote-promontorio, que se diferencia entre las islillas más próximas y distantes, asiduamente arrasado por las ráfagas del huracán del deseo.

Aquí el sujeto lírico da continuidad a su asunción estremecedora y desprejuiciada de lo voluptuoso, representa una implacable búsqueda ordenada por lo recóndito que ocurre en el lenguaje.

Obra de madurez tempestuosa, la de Jorge Luis Darcy, más que habitual diálogo o pregunta sin respuesta posible, nos ofrece la posibilidad de acceder a códigos de universalidad nombrados una y otra vez por el poeta con la intención de que la obra perdure más allá de la comunión que establecen sus páginas con el lector. Pan del deseo ofrecido y aceptado como cotidiano aullido entre los buscadores a toda costa del Poema.

Noche del 30 de mayo de 2018

 

Espíritu Codanza

Tres importantes acontecimientos son noticia en el ámbito escénico holguinero: la reciente gira realizada por la Compañía Codanza en varios países europeos; la temporada que celebrará el 1 y el 2 de junio a propósito del 25 aniversario de la compañía liderada por la maestra Maricel Godoy, y el lanzamiento de la convocatoria de la V edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov.

Noches de temporada

Como parte del año en que Codanza –fundada el 25 de septiembre 2017– celebra su 25 aniversario, la compañía repondrá en la Sala “Raúl Camayd” del Teatro “Eddy Suñol” dos obras de su amplio repertorio: Casita, del coreógrafo norteamericano Robert J. Priore, y Tráiler, del cubano Norge Cedeño, estrenadas en la pasada edición del Gran Prix, subrayó Maricel Godoy en conferencia de prensa realizada en el Salón de protocolo del Teatro Suñol.

Conferencia de prensa en el Salón de protocolo del Teatro Eddy Suñol (foto Adrián Aguilera).

Casita está “inspirada en parte de la biografía de este creador, la relación con su familia, las dudas de él como individuo…”, comenta Edgar Ariel Leyva, comunicador de la Compañía.

Por su parte, Tráiler tiene similitudes con otras piezas de Norge Cedeño, como Happy ending y Nada, “dos obras que comparten el estilo de este coreógrafo y que fueron estrenadas en Codanza en 2012 y 2013 respectivamente: preocupaciones importantes con la psiquis del individuo, el ser humano con su pensamiento y lo que está detrás de nosotros…”

La temporada se enmarca dentro de las actividades por la celebración de los 79 años del Teatro Suñol, antiguo Wenceslao Infante, subraya el director del mismo, Roger Rodríguez Ramírez.

Danza, belleza. magia… en Codanza (foto Adrián Aguilera).

Abiertas las puertas del “Malakhov”

La convocatoria al “Malakhov” quedó abierta a la prensa y al público interesado: la V edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov volverá a Holguín entre el 23 y el 29 de septiembre como plataforma para el intercambio y el desarrollo escénico en una urbe que bien merece el apelativo de “ciudad de la danza”.

El evento reunirá nuevamente en Holguín a importantes maestros, bailarines, compañías e investigadores escénicos de varias partes del mundo, y contará con la presencia del importante bailarín ucraniano Vladimir Malakhov, mítica figura del ballet mundial de todos los tiempos, y su manager, el empresario internacional de ballet Paul Seaquist.

Maricel Godoy comenta sobre la reciente gira europea de Codanza (foto Adrián Aguilera).

Entre las compañías confirmadas se encuentran: Danza Espiral, de Matanzas; Danza del Alma, de Villa Clara; Médula, de Guantánamo; el Ballet Contemporáneo de Camaguey; Huracán, de España… entre otras.

En el “Malakhov” se concursa en las modalidades de Danza Clásica, Neoclásica y Contemporánea, además del Premio Codanza, el Gran Prix y el Premio del público… Respecto a este último Maricel Godoy subraya leves modificaciones: “Todas las coreografías que participen en el evento tengan derecho a obtener el Premio del público, no solo las finalistas como se acostumbraba hasta ahora, creemos que es justo hacerlo así”.

“Esperamos que este año sea mayor la convocatoria, pues este es un concurso imprescindible, único en Cuba en su tipología, convertido ya en un festival de la danza…”, añade Edgar Ariel Leyva.

Además, fueron presentados el nuevo cartel y el spot como parte de la campaña promocional de la V edición del importante evento.

Conquistando Europa

La compañía holguinera se presentó recientemente en varios países europeos: Alemania, Austria y Suiza aplaudieron la calidad interpretativa y el desempeño escénico de los jóvenes bailarines de Codanza, quienes llevaron a escena Don´t stop Music, “un espectáculo que recorre los ritmos musicales y la danza de los Estados Unidos: comienza con el jazz a finales del siglo XIX y se va haciendo un recorriendo por el tap, el charlestón, el rocanrol, la música disco, el pop, danzas de calle como el hip hop, el breakdance, todas esas danzas de tipo…”, comenta Maricel Godoy, directora de la compañía.

La compañía holguinera celebra sus 25 años de fundada (foto Adrián Aguilera).

El espectáculo, “bautizado con el estilo contemporáneo de danza que realiza Codanza”, duró una hora y cuarenta minutos y se presentó en más de 50 ciudades en tres meses, alrededor de 50 presentaciones en lo que Maricel ha catalogado como una “gira de teatro”, por la rapidez entre una presentación y otra y las largas distancias que separan las ciudades.

“Fui un éxito realmente rotundo. Los teatros estaban muy abarrotados, la gente aplaudía mucho, se paraba al final del espectáculo, ovacionaba… Llegó un momento en que tuvimos que saludar cinco veces y otro en que los bailarines tuvieron que bajar a la sala a saludar al público. Además, la crítica fue extremadamente buena y resaltó la contemporaneidad de la puesta, a pesar de que este es un espectáculo que viene haciendo historia”, subraya la también coreógrafa, nominada al Premio Nacional de Danza.

Catalogada por muchos especialistas como “la mejor academia de danza que tiene el país”, Codanza ha llegado “a desarrollar una habilidad para formar bailarines en un corto espacio de tiempo y eso también nos distingue en el panorama nacional”, asegura Maricel Godoy.

Fue lanzado el nuevo cartel y spot de la V edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov (foto Adrián Aguilera).

Motivos suficientes tiene la compañía holguinera para celebrar su primer cuarto de siglo con la reposición de las obras Casita y Tráiler y el lanzamiento de la convocatoria a la V edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov.

 

Servicios al Arte en la Feria Comercial Expo–Holguín 2018

La empresa Servicios al Arte recibió importantes reconocimientos en la XV Feria Comercial Expo–Holguín 2018, celebrada entre el 21 al 25 de mayo bajo el auspicio de la Cámara de Comercio de la República de Cuba y convocatoria de la Asamblea Provincial del Poder Popular.

Dedicada al Aniversario 90 del natalicio del Comandante Ernesto Che Guevara y al 60 de la Revolución, la Feria Comercial buscó promover negocios y lograr alianzas estratégicas entre las empresas, así como sustituir importaciones, exponer y promocionar productos y servicios a nuevos mercados, como parte del perfeccionamiento del nuevo modelo económico cubano.

“La empresa Servicios al Arte, en especial los proyectos de desarrollo local, estuvimos presentes en la XVI Feria del recinto Ferial de Expo–Holguín, donde expusimos cada uno de nuestros servicios. Participamos en el concurso para la premiación del mejor diseño de stand con un diseño novedoso, donde se expuso cada día un proyecto distinto con su servicio cultural y gastronómico diferenciado, con iniciativas diarias del bolero, la trova, desfiles de modas…”, comenta Lizandra Lafuente González, directora del Complejo Cultural Plaza de La Marqueta, quien se encuentra entre los patrocinadores junto a Industrias Locales, Aseguramiento y Servicio a la Actividad Comunal, Havana Club Internacional S.A, la Dirección Provincial de Cultura y el Fondo Cubano de Bienes Culturales, entre otros.

Yanet Ronda, directora de la empresa, explicó a la prensa de la provincia, que la exposición en la Feria de Expo–Holguín pretende mostrar el potencial de la entidad, las ofertas de estos proyectos que contribuyen al desarrollo local de la ciudad e invitar a empresarios y a la población a que acudan a estos espacios de gran impacto en la vida social del holguinero.

“Allí tuvimos la posibilidad de interactuar con varias empresas y varios de nuestros proveedores, donde afianzamos convenios tanto con Tradiza, el Lácteo, Tecnoazúcar, Cubaron, Havana Club… En la premiación obtuvimos el Premio a Mejor diseño de Stand, un reconocimiento por parte del Reciento por las iniciativas culturales que habíamos expuesto durante la semana y el Premio al Mejor Impacto en el servicio a la población, por lo representamos todos los días, un cómputo de todas las actividades en cuanto al servicio gastronómico y cultural al mismo tiempo…”, subraya Lizandra Lafuente.

En el Stand de Servicios al Arte en la Feria holguinera –en la cual participaron 57 empresas, más Laslúc, del sector no estatal, y la extranjera Anillos Hidráulicos Anticorrosivos SIALEX– estuvieron presentes los servicios de la Plaza de La Marqueta, el Rincón de las Romerías, el Café de Los Tiempos, la Loma de la Cruz y el Patio del Bolero, para demostrar el aporte de esta entidad al desarrollo socio–cultural del territorio.

Yanet Ronda, directora de la empresa, explicó a la prensa de la provincia, que la exposición en la Feria de Expo–Holguín pretende mostrar el potencial de la entidad, las ofertas de estos proyectos que contribuyen al desarrollo local de la ciudad e invitar a empresarios y a la población a que acudan a estos espacios de gran impacto en la vida social del holguinero.

Fotos tomadas del periódico ¡ahora! y Radio Angulo

Los extraños ritos del alma de Junior Fernández Guerra

El Premio de décima escrita Cucalambé en su edición del 2015 ofrece al lector amante del género octosilábico la posibilidad ineludible de adentrarse en los entresijos de la espiritualidad humana y las obsesiones que rodearon la vida y la muerte de una serie de escritores reconocidos, mediante el cuaderno Extraños ritos del alma. Antología de voces en la niebla (Editorial San Lope, Las Tunas, 2017) del joven escritor Junior Fernández Guerra.

Ruso de nacimiento, pues vino al mundo en la nevada Novosibirsk soviética en mayo de 1984, santiaguero también, ya que vivió en Palma Soriano buena parte de su vida, y ahora tunero adoptivo, Junior Fernández obtuvo el cotizado Premio Cucalambé, el más alto galardón en la décima escrita cubana e iberoamericana, con un jurado integrado por los escritores Pedro Péglez González, Carlos Zamora Rodríguez y José Manuel Espino Ortega.

El propio Pedro Péglez escribe en el prólogo del poemario: “La poesía, ya se sabe, no explica, sino indaga. Explican las ciencias, y ya han venido ellas, y vendrán, a examinar a la luz de la razón lo concerniente a estas decisiones de un ser que se auto reconoce en situación límite, de la que no encuentra otra salida que la evasión”. Precisamente Junior explora esas “decisiones”, “situaciones límites” y “salidas” (el suicidio como vía de escape de una realidad extraña, asfixiante, coercitiva es la principal salida y sobre la que se articula el poemario) de las que hablaba Péglez en el prólogo, pues se hace acompañar en su discurso de una serie de voces tutelares, esas que él dice hablan desde la niebla –le hablan a él, al poeta, al nigromante del verso, y nos hablan también a nosotros, desde sus textos– y que forman parte de las múltiples influencias creativas del autor.

Los propios versos que funcionan como exergos al poemario –versos de Edgar Lee Masters, Bruno Di Benedetto, Carlos Esquivel y Diusmel Machado, ganadores también estos últimos del Premio Cucalambé con El libro de los desterrados– nos advierten, perspicazmente, sobre “las fuerzas invisibles que rigen los procesos de la vida”, al decir del autor de la conocida Antología de Spoon River.

A todos los escritores recogidos en el libro les une algo en común: fueron grandes creadores, muchos totalmente incomprendidos en el trascurso de sus vidas, recluidos en sí mismos, víctimas de enfermedades y trastornos psíquicos, censurados por el poder en sus múltiples formas, incluso por la sociedad, pero justamente valorados después de sus muertes por las generaciones posteriores, esas que escogen de entre toda la paja de la historia y del pasado, aquellos granos fértiles que fructifican y permanecen. Además, todos ellos fueron suicidas: escritores todos, menos el monje budista Thích Quảng Đức, quien se inmoló quemándose vivo en Saigón, en señal de protesta contra las persecuciones que sufrían los budistas por parte del gobierno vietnamita. Incluimos también al pintor Vincent van Gogh quien, por cierto, escribió conmovedoras cartas a su hermano Theo.

Conocedor de que la muerte, incluido ese despegue involuntario de la vida, nos inquieta a todos y que la generación de poetas nacidos posterior a la década de 1980 ha tenido cercano el tema y la obra de sus protagonistas, o sea, de estos escritores suicidas, Junior Fernández Guerra, miembro de la UNEAC y de la AHS, y director de Ediciones EncaminARTE, desarrolla una asombrosa capacidad “metamorfoseadora” en donde “la asunción de cada una de estas figuras como sujeto lírico, a más de revelar una paciente y sensible búsqueda en los entresijos tortuosos de sus respectivas vidas, delata la habilidad de quien escribe para desenvolverse en lo que ha dado en llamarse juego de máscaras”, nos dice Pedro Péglez en su texto introductorio “Otro retablo hereje o mi dios qué bellos éramos”.

Así el poeta nos entrega versos dedicados a –o donde se metamorfosea y nos habla desde– los veintiún creadores suicidas que incluye en su libro: Vincent van Gogh, Emilio Salgari, Ryonosuke Akatagawa, Robert E. Howard, Horacio Quiroga, Alfonsina Storni, Virginia Woolf, Ernest Hemingway, Sylvia Plath, Thích Quảng Đức, Lao She, Violeta Parra, Pablo de Rokha, Calvert Casey, Paul Celan, Yukio Mishima, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton, Reinaldo Arenas, Raúl Hernández Novas y Ángel Escobar. Además, el libro contiene, a manera de pórtico, “Advertencia (Antes de escuchar las voces)” y también “Nota final (Retórica del artista o conjuro contra la niebla)”. En esto el libro recuerda –y desde ese punto podría ser uno de los antecedentes, al menos en lo relativo al tema y el interés por los escritores suicidas– a la antología Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. 33 poetas suicidas, con selección y prólogo de Luis La Hoz (Ediciones de los Lunes, Perú, 1989).

Los poemas, además, fueron “agrupados por el autor en tres secciones epocales bien diferenciadas, lo que habla de una apuesta estético–organizativa que opera en favor de la arquitectura de ese recinto espiritual que ha de ser todo libro de poemas”, añade Péglez. Así, en dependencia cronológica a las muertes de los poetas homenajeados, Junior divide el libro en las secciones 1890–1941, 1961–1969 y 1970–1997, y titula los poemas precisamente con el lugar del fallecimiento y la fecha de este: el dedicado a Mishima se titula “Tokio, 25 de noviembre de 1970”, mientras en “Primrose Hill, 11 de febrero de 1963” descubrimos las obsesiones que rondaron a la estadounidense Sylvia Plath. Además, un verso esclarecedor, o una cita, sirven de exergo a cada poema y como nota al pie de página, el poeta añadió una breve explicación de las causas de la muerte, físicas y existencias, de los creadores homenajeados (sí, porque el libro es también una especie de homenaje) en Extraños ritos del alma, cuaderno con edición de Argel Fernández Granado, corrección de Yeinier Aguilera Concepción y maquetación y diseño, incluida la sugerente cubierta de Yurisleydis Vázquez Urrutia.

En el poema sobre Virginia Woolf, titulado “Lewes, Sussex, 28 de marzo de 1941”, leemos quienes nos adentramos en estas páginas: “Me pierdo en las esquirlas de esta casa/ acróstico de inocuas disecciones/ escapo del fagot/ los escorpiones/ los besos del fantasma que me abraza/ no puedo recordarte sin la escasa demencia de/ lamer los anaqueles que deambulas/ no alcanzan los lebreles del fracaso tu onírica promesa/ ya nadie te maldice/ nadie reza/ un ángel escapó de los dinteles de esta gruta/ vacía como tantas/ murciélagos de sombras al descuido/ no alcanzo a respirar/ es mucho el ruido de las tribulaciones/ ¿Cómo aguantas el peso de la sangre en estas plantas/ que vuelan tras tus besos? ¿Qué insensato demonio me dio alas?/ ¿Qué arrebato de culpa…?/ Como péndulo escabroso me quiebro ante las aguas/ peligroso se muestra mi reflejo/ mi alegato”.

Sin rondar lo metafísico, Junior Fernández Guerra, quien ha obtenido, entre otros, los premios “Toda luz y toda mía” (Sancti Spíritus 2014), “Portus Patris” (décima y narrativa, Las Tunas 2014) y “Memoria Nuestra” (Holguín, 2014), nos habla de la vida además de la muerte, esta es más bien un pie forzado, un motivo escritural, antiguo como la propia existencia, para el abordaje de la obra de estos reconocidos creadores. Si notamos bien, la vida es lo que prevalece en las páginas de Extraños ritos del alma. Antología de voces en la niebla, publicado bajo el membrete de la colección Montaraz y la Serie Iberoamericana de la Editorial San Lope, en Las Tunas. Pero no la vida negada, sino la real, la palpable, aquella que es cotidiana. Junior lo hace desde la décima, un género poético complejo y no justamente valorado en los planes editoriales, que ha venido, además, revitalizándose formal y temáticamente desde inicios de la década de 1990, con autores como los holguineros José Luis Serrano y Ronel González. Lástima que esta edición de Extraños ritos del alma. Antología de voces en la niebla, recibiendo un premio tan prestigioso como el Cucalambé, solo conste de 500 ejemplares para su distribución nacional.

La décima, en la que se requiere el uso de un arsenal idiomático considerable, se despejó de buena parte de su abolengo bucólico y se encaminó hacia nuevas formas de expresión formal y escrita, nuevos usos de la palabra y el lenguaje. La obra de Junior, décimas todas pero con diferentes estructuras, es una muestra de esta experimentación formal con las bases originales de la espinela, muchas veces, incluso, en rejuego con el verso libre y la narrativa.

El poema dedicado a Alejandra Pizarnik, con el título “Buenos Aires, 25 de septiembre de 1972”, es muestra de ello: “Hay un vértigo tangible manchando la realidad…/ hay una absurda orfandad en todo lo cognoscible…/ hay una culpa indecible que supura penitencia…/ hay una gris transcendencia en las manos de la suerte…/ hay esperanza en la muerte…/ ¡Qué irónica coincidencia!”

Celebro estos extraños ritos del alma, esa personal antología de voces en la niebla escrita en décimas por Junior Fernández Guerra, autor además de otro poemario, también en décimas, titulado Fabulaciones del verbo, y publicado por la misma casa editorial en 2017.

Lo saludo doblemente, por el vigoroso estado de la décima joven en Cuba que me ofrecen estas páginas después de la lectura –género que leo por insistencia del propio Junior– y porque, además, esos escritores suicidas nos sigan acompañando desde cualquier lugar del universo para mostrarnos, sobre todas las cosas, el camino hacia la vida.

Por Erian Peña Pupo

Fotos cortesía de Junior Fernández Guerra

Tomado de www.ahs.cu

El quehacer inmenso de Caridad Rodríguez Cullel

 

Caridad Rodríguez Cullel trabajando en la cueva de Punta del Este en la década del 60 foto tomada del periódico ¡ahora!

José Manuel Guarch Delmonte y Caridad Rodríguez Cullel –además de compartir el amor en la vida cotidiana y formar una familia que se mueve entre la arqueología, la espeleología y las artes– aportaron descubrimientos relevantes en la profunda comprensión del mundo pre–hispánico en Cuba: Guarch Delmonte fue el primer director de la holguinera Casa de Iberoamérica y sacó a la luz en 1986 el sitio arqueológico Chorro de Maíta en las inmediaciones del poblado de Yaguajay, en el municipio de Banes. Allí, entre las excavaciones del cementerio aborigen que evidencia el contacto y la convivencia española en la zona, Caridad, también reconocida arqueóloga y escultora, recreó artísticamente, en lo que es actualmente un museo indotaíno, la vida común de nuestros primeros habitantes. José Manuel Guarch falleció en septiembre de 2001 y Caridad Rodríguez Cullel se despidió silenciosamente el pasado domingo 25 de marzo, sin que la noticia apenas trascendiera los medios locales.

Además del diseño de la Aldea Taína en el sitio arqueológico Chorro de Maíta, uno de sus trabajos más complejos y ambiciosos, entre el importante legado de Caridad se encuentra la inmensa réplica del Hacha de Holguín –símbolo de la provincia– que se ubica frente a los edificios 18 Plantas, y la Fuente de la lluvia, recreada con motivos aborígenes y emplazada en la rotonda cercana a la Plaza de la Revolución Calixto García en Holguín.

Al triunfo revolucionario en 1959, este matrimonio camagüeyano partió hacia La Habana tras los pasos del Ejército Rebelde, donde le aguardaría la agitada y cambiante vida del momento. Cacha –como la llamaban sus familiares y amigos– trabajó en la creación de las escuelas de Artes Plásticas y Música, por ser graduada de pintura y escultura, y además como maestra de piano. Al fundarse la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba, donde su esposo era Jefe de Excavaciones Arqueológicas del departamento de Antropología, Caridad sintió que allí podría cumplir su gran anhelo: hacerse arqueóloga.

Entonces se encargó de recoger todas las colecciones arqueológicas dispersas por el país, fichar cada pieza, y hacer sus moldes y réplicas en yeso. Junto a su esposo Guarch Delmonte y Antonio Núñez Jiménez restauró, en los años 60, la cueva de Punta del Este, donde existe una amplia variedad de exponentes pictográficos en la zona del Caribe. Además, concibió y realizó una réplica de esta caverna en áreas del Capitolio Nacional.

En una entrevista reciente, Caridad expresó: “Mi esposo y yo nos pasábamos la vida en Banes, porque allí están todos los grupos aborígenes, no hay que ir a ningún otro lugar a estudiarlos. Cada año hacíamos un plan de excavaciones de uno o dos meses en la zona, donde no había ni agua. A finales de los años 70 el Partido en Holguín nos pidió que nos estableciéramos allí, y permutamos de La Habana para esta provincia, donde aún vivo”.

“Por aquella época Chicho –como llamaba a Guarch Delmonte– dividió el mapa de Holguín en pedacitos y empezó a excavar en todos los lugares que tenían depósitos, donde alguien había encontrado alguna pieza. Cuando tocó la parte del Chorro de Maíta halló un esqueleto, y ocho más seguidos. Los dejó en el mismo lugar, y comenzó a publicar los hallazgos. Al llegar a 13, un guajiro de paso por el lugar dijo: ¡Ay, qué cosa más linda! Qué bueno fuera si ustedes pudieran dejarlos y viniera la gente a verlos”, rememora Caridad los orígenes de la actual Aldea Taína que ella concibió en el sitio arqueológico Chorro de Maíta, declarado Monumento Nacional el 30 de noviembre de 1991.

Allí Caridad creó la réplica de la Aldea Taína, que contiene, además, 38 esculturas humanas que reflejan el fenotipo o físico exacto de la etnia aruaca, logradas con hiperrealismo por los escultores Argelio Cobiellas, padre e hijo, y Lauro Echavarría Osorio.

Aun después de jubilada, Caridad Rodríguez Cullel continuó su trabajo en la conservación y la creación de réplicas de las principales obras aborígenes encontradas en la provincia y otras partes del país. Su obra, prolija, cuidada, patrimonio holguinero y nacional, quedará como el mejor testamento de una vida consagrada a la investigación y la cultura.

Por Erian Peña Pupo