La miel más dulce del Naranjo Agrio

Las abejas cuentacuentos de la Colmenita de Naranjo Agrio llegaron hasta Holguín, en los días de la fiesta literaria. Foto: Ernesto Herrera Pelegrino

Las abejas cuentacuentos de la Colmenita de Naranjo Agrio llegaron hasta Holguín, en los días de la fiesta literaria, para contagiarnos con lo más dulce de su miel, esa que se fabrica al pie de la serranía, en el municipio holguinero de Sagua de Tánamo. Nos hicieron cómplices de una historia que sus amigos los cocuyos les contaron: la de una cucarachita que vive al pie de una ceiba rodeada de flores, olores, mariposas y mira por la ventana como las abejas fabrican la miel por las mañanas. Una cucarachita muy diferente a las demás por díscola y coqueta.

La versión de La Cucarachita Martina relatada desde la perspicacia infantil de las abejas de Naranjo Agrio, parte esencial del Proyecto Voluntad, es, sobre todas las cosas, demostración de la “cubanía” que nos hace únicos en cualquier lugar, de ese parecer que nos distingue por encima de cualquier ciudadano del resto del mundo: lo que parecemos y no somos, lo que decimos y de la forma que lo hacemos, lo bello de nuestra gente, de nuestro paisajes, la vida cotidiana del cubano de a pie…

Es un espectáculo infantil que se ambienta pertinentemente en los campos cubanos y que va contando la historia de “una cucarachita cubana” y por demás “guajira”, en el mejor sentido de la palabra. Una cucarachita muy presumida que barriendo su pequeña casa se encontró una moneda, pero “hoy día con una moneda no se resuelve mucho” y pensó en comprar polvos de arroz para “maquillarse” y sentarse a la ventana para encontrar pretendiente con quien casarse. Para lograrlo propone, algo ingenioso y actual, “un concurso de talentos”, incluso con vías para para localizarla: e–mail y celular, elementos que se insertan dentro de las propuestas televisivas cubanas actuales.

Una obra en la cual subyace, de manera metafórica, la tecnología, esa que no podemos dejar de lado en estos tiempos porque sería ir contra el propio desarrollo. Foto: Ernesto Herrera Pelegrino.

A dicho concurso se presenta primeramente Don Lagartijo, pero este queda descartado porque ella no quiere un marido vicioso “que fume y tome ron”. El segundo pretendiente es el chivo Antonio que cree ser más inteligente que ella, le formula adivinanzas que para ella ya estaban vencidas, pero la Cucarachita le dice: “Tumba Antonio”. El tercer pretendiente era el sapo Suárez, que era muy cobarde, y a nuestra protagonista le gustaban los “maridos valientes”.

El último postulante era el ratón Pérez, un ratón repentista que presume ser el más capaz de los pretendientes de la Cucarachita, y así le improvisa dos o tres versos y esta queda perdidamente enamorada de él. Lograron finalmente casarse. Pero lo que no sabía Martina era que el ratón era muy goloso y un día fue al mercado por unas viandas y dejó a su cuidado la olla con sopa y el ratoncito, siempre goloso, “no quería que le tocaran la puerta” porque estaba “cocinando”. Finalmente, como en el cuento original, el ratón termina metido en la sopa, pero logra salvarse gracias a la Cucarachita.

Este es un espectáculo que alterna entre la música el baile, la actuación, el canto y la interacción con el público. Foto: Ernesto Herrera Pelegrino.

Este es un espectáculo que alterna entre la música el baile, la actuación, el canto y la interacción con el público. Integra de manera efectiva elementos del repertorio musical cubano: infantil (Don Lagartijo, de Lidis Lamorú), campesino (Tumba Antonio y el repentismo) y música popular bailable (El negro está cocinando, de Pedrito Calvo). Además, es una obra de tiene un fuerte matiz didáctico con un hallazgo positivo y es que mueve un universo que no es común en la escena para niños, porque los niños de hoy tienen un universo de preocupación nada lejano de la realidad de los adultos, preocupaciones reales y que va más allá de lo cotidiano. Asimismo, la estructura del cuento hace adecuada la personalización y adaptación a los oídos infantiles, es también utilizable para enseñar a los pequeños acerca de animales y sus diferentes sonidos, o para hacerlos participar imitando estos. Finalmente, algunos sentidos de peligro pueden ser percibidos por la audiencia, al mencionar objetos que pueden dañarlos o cosas con las que no deberían jugar los más pequeños.

Una obra en la cual subyace, de manera metafórica, la tecnología, esa que no podemos dejar de lado en estos tiempos porque sería ir contra el propio desarrollo. Es prudente resaltar la actuación de la pequeña Cucarachita, que lo entrega “todo” espontáneamente en la escena y no por ser la protagonista, asimismo el vestuario empleado, acorde al contexto en que es narrada la historia. Un espectáculo que demuestra que las mejores cosas, las esenciales, son esas que se hacen desde el corazón y la voluntad humana, desde el talento infantil, que es un talento original sin muchos rebuscamientos ni poses, porque los más pequeños tienen un talento innato que los hace especiales y siempre nos tocan las fibras más humanas, las fibras del corazón.

Por Vanessa Pernía Arias

 

Sagua de Tánamo

En el año 1804 se funda la villa de Sagua de Tánamo, con ello nace un poblado, crece el número de habitantes y se generaliza la actividad económica junto a la desigualdad social. Los distintos censos de población arrojan cifras que
contienen habitantes negros, blancos, poseídos y poseedores. Adquiere su municipalidad en 1879 con la entrega del Escudo
de la Municipalidad.