Entre muñecos y títeres… A 50 años del Teatro Guiñol de Holguín 

Por Erian Peña Pupo 

Fotos Carlos Rafael Archivos del CCCLaLuz

En la calle Martí, justo en uno de los laterales del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, tiene su sede el Teatro Guiñol de Holguín, compañía que celebra en este 2022 su aniversario 50 en pos del desarrollo del arte titiritero y sus expresiones en la provincia y el país. 

Antecedentes… 

Los orígenes del Guiñol holguinero se relacionan con los antecedentes inmediatos de esta manifestación en la provincia, no tan fecunda en el arte del títere como otras, pero sí necesaria a la hora de historiar el panorama teatral cubano y sus múltiples convergencias. A lo largo del siglo XIX e inicios del XX, en las ciudades de Holguín y Gibara, sobre todo, eran comunes las representaciones teatrales y musicales, en cines y teatros como el “Wenceslao Infante” y el Teatro Colonial de Gibara, de zarzuelas, operetas, vodevil, danza… 

Respecto al arte titiritero, uno de los primeros referentes conocidos es el quehacer del gibareño Modesto Centeno (1913-1985), quien realizó la adaptación del cuento popular La Caperucita Roja en 1943, gracias a un concurso efectuado en la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL). Tiempo después, una de las figuras tutelares de esta manifestación artística en Cuba, Pepe Carril nacido en el central Preston, Mayarí, en 1930 crea en el propio poblado holguinero, el Teatro de Muñecos de Oriente, en 1952. Luego Carril sería uno de los fundadores en 1963 del Teatro Guiñol Nacional, junto a los hermanos Camejo (Carucha, Bertha y Pepe) y el joven Armando Morales, director de ese colectivo hasta su reciente fallecimiento (La historia de Carril y los Camejo difuminada en el tiempo y en consiguientes periodos, ha sido rescatada gracias al trabajo de creadores como Norge Espinoza, Rubén Darío Salazar y el propio Morales).

No fue hasta inicios de 1959 cuando comienza a gestarse en la ciudad de Holguín la idea de hacer teatro para niños con el títere, y sus diversos formatos y estéticas, como protagonista.

Nacimiento: las luces del día del Teatro Yarabey 

El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey –en voz aborigen “luz del día”–, creando así la primera compañía teatral que se gesta después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual Guiñol de Holguín. Aunque hoy no se encuentra en activo por problemas de salud, Arturo Ricardo, uno de los fundadores del entonces Teatro Yarabey, cuenta con más de 37 años dedicados al arte de los títeres en la provincia, una impronta que no ha sido estudiada y que se va perdiendo, inexorablemente, con el paso del tiempo: “El Guiñol de Holguín se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave de Peralta. Después del triunfo de la Revolución inician las primeras actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos, animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado. Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo… Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras más de entonces”, comenta Ricardo. 

Lo que hoy conocemos como Teatro Guiñol de Holguín sufre por largos años las mudanzas y fusiones con otros proyectos de la provincia. En la aun inédita cronología cultural de Holguín, realizada por el investigador Zenovio Hernández, se sitúa la culminación del primer curso de Instrucción del Teatro el 4 de noviembre de 1963, y además, refiere del inicio del cursillo de teatro de títeres impartido por Arturo y Carlos Ricardo, el 4 de abril de 1964, en los estudios de la emisora provincial CMKO Radio Angulo. Los hermanos Ricardo se mantienen trabajando solos en Yarabey hasta 1965, cuando incorporan alumnos de secundaria básica y forman una brigada artística que actuaba dentro y fuera de la ciudad. Con esta brigada montaron obras de payasos, cuentos con muñecos y actores con máscaras: Las bodas del ratón Pirulero, La bruja que no era bruja y El hacha de oro.

Desde 1972 –fecha que marca el aniversario del Guiñol pues pasa a la categoría profesional– hasta 1983, asumió la dirección Felipe Betancourt del Río, quien contribuyó notablemente a la preparación del elenco, cuestión que conllevó a la calidad artística de muchas de las obras: Para reír y aprender, Lo que nos cuenta Din Don, La paloma Blanquiperla, Un día en el zoológico, De cómo la astucia venció al perro jíbaro, Las tres semillas, El conejo valiente, Armandito y las vacaciones, El rey del corral, Felo Jutía y El perro burlón

En 1983, tras el fallecimiento de Betancourt, la dirección del Guiñol pasó por un período inestable hasta 1991: Alejandro Hiralda, Armando Vielza, Rubén Mulet, Fernando Gil y Marisela Espinosa, estuvieron al frente de la compañía en una época donde el teatro de títeres en Cuba se caracterizó por su marcado carácter didáctico y el reflejo de matices sociales, apoyado en adaptaciones de cuentos populares clásicos e historias cubanas, ubicadas, en su mayoría, en la campiña insular y sus delimitaciones. En esta nueva etapa presentan obras como Quién puede más, El conejito Blas, El pájaro feo, La cucarachita Martina, El cocodrilo Tato, El caballito enano, Pedro y el Lobo, Un día en el teatro (Premio en guion en el I Encuentro Nacional de Guionistas de Espectáculos Infantiles, en 1986), El león hambriento y El chivo patijovero coliamarillo, obra que obtuvo el Premio en la categoría de música en el Encuentro Territorial Profesional de Teatro Infantil, en Ciego de Ávila, 1983, por el trabajo de Maricela Miranda, asesora musical del Guiñol desde 1982 hasta 2013. 

Años de esplendor, la estética de Miguel Santiesteban 

En 1992 asumió la dirección del grupo, por breve tiempo, la instructora de arte Grecia Lemus, y luego Marisela Espinosa hasta 1993, año en que el grupo se fusionó con Talismán, dirigido por Ángel Cruz. Ambos elencos acuerdan que Talismán sería un proyecto dentro del grupo fundacional; luego continúan trabajando con el nombre de Girasol. En esta etapa representaron piezas que caracterizarían nacionalmente el trabajo del Guiñol de Holguín: La Caperucita criolla, dirigidas por Ángel Cruz; Pelusín frutero, Un rayito de sol, La calle de los fantasmas, La muñeca de trapo y El sol negro, dirigidos por Miriam Suárez, pieza que obtuviera en 1997 el Premio de la Ciudad de Holguín en Teatro en mano de los actores Marisela Espinosa y Mario Brito; y Los sueños de Verdolina, unipersonal de Marisela Espinosa, Premio de la Ciudad 1999 en actuación femenina, entre otras.

En 1998 asume la dirección artística Miguel Santiesteban, hasta el 21 de marzo de 2012, fecha de su fallecimiento. Bajo su dirección se abren nuevos y amplios horizontes en el teatro de títeres en Holguín, imprimiéndole mayor fuerza profesional con la línea espectacular y el trabajo con esperpentos en calles y teatros. Así se pusieron en escena obras clásicas en el repertorio del Guiñol: La cucarachita Martina, Historia de una muñeca abandonada (Premio de la Ciudad 2000, en actuación femenina, a Magali Mola), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, obra del español Alejandro Casona, Espantajo y los pájaros, El chivo patijovero coliamarillo, El majá de Santa Manigua, El Conejito Blas, Las tres semillas, Galápagos, del holguinero radicado en México Salvador Lemis (Gran Premio del Festival de Teatro Máscaras de Caoba 2008, y Premio de la Ciudad 2009 en actuación femenina a Dania Agüero), El Ogrito, de la canadiense Suzanne Lebeau, y La calle de los fantasmas, del argentino Javier Villafañe (1909-1996). Quizá sea esta la obra más premiada del colectivo holguinero: Premio de la Ciudad 2002 en manipulación; Premios Avellaneda en actuación masculina y femenina, a Dania Agüero y Jorge del Valle, respectivamente, y en diseño a Karel Maldonado, en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey, en 2002. Además, el Premio Caricato 2003 en actuación masculina y femenina, a los mencionados actores y los Premios en el Festival de Teatro para niños y jóvenes (Guanabacoa, 2003) en manipulación colectiva, música y diseño, así como los premios especiales de la revista Tablas, de la Unión Nacional de la Marioneta (Unima) y de la Asociación Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud (ASSITEJ). Por estos años el Guiñol realiza, además, una gira por México donde muestra parte de su repertorio. 

Según Martha Proenza, actriz del antiguo bloque dramático del ICRT en Holguín y miembro del Guiñol desde 1982: “El problema recurrente que impedía una mejor concepción ideoestética del colectivo, recaía en que ninguno de los que habían dirigido espectáculos en aquella etapa eran egresados de escuela, sin formación académica. Se viene a concretar un cambio positivo cuando dirige Miguel Santisteban y con los diseños de Karel Maldonado. Una estética más encaminada a la calle y al público todo que lo potencia”.

Cuenta, por su parte, la actriz Dania Agüero Cruz, hasta hace poco directora del Teatro Guiñol de Holguín, que cuando ella se incorpora a trabajar en 1999, se acerca al experimentado Armando Vielza, actor, director, clown y realizador de sonidos en la radio: “Enseguida me acerqué a él para tratar de alimentarme de su experiencia y tratar de aprender. Armando Vielza cuenta, además, con un carisma especial para el clown. Su payaso era el auténtico payaso de circo. Un payaso diferente al que nosotros tuvimos como línea de trabajo. Desarrollaba situaciones, dentro de otras situaciones, y ahí armaba su historia”. 

De aquellas propuestas comenta Vielza: “Lo espectacular primaba en nuestros montajes, así como el espectáculo de calle y la luz negra como líneas ideoestéticas. Dejamos de usar los títeres atrezados, y adoptamos a los títeres de telas rellenos con polietileno o esponja”. Añade que en el proceso creativo de Santiesteban, “la creación colectiva marcó la línea de dirección del grupo; Miguel seleccionaba las mejores ideas y las ponía en función de su idea como director. Él introdujo la espectacularidad y se amplió el uso del esperpento en espacios abiertos, la luz negra, con el uso de los títeres de piso, asesorados por mí. Maricela Miranda, Maricela Espinosa, Martha Proenza, continuaron con nosotros. Al paso de los años se incorporan nuevos actores y actrices: Dania Agüero, Migdalia Albear Camejo, Roberto Cera, Yuder Ortega, entre otros más, que llegaron después que salí del colectivo”. 

Al respecto nos contó el maestro Armando Morales, Premio Nacional de Teatro, cuando visitó Holguín invitado a la Fiesta del Títere, organizada por el Guiñol holguinero: “Yo recuerdo que una vez fui jurado del Premio de la Ciudad en Teatro, y en el aspecto del teatro para niños y de títeres se le dio el Premio a Maricela Espinosa, que era una actriz de primer nivel. Después, con la renovación y la llegada de Miguelito Santiesteban, que fue alumno mío en el Isa, los espectáculos que montó en el Guiñol, con la imagen de Karel Maldonado, uno de los grandes diseñadores del teatro de figuras, aunque no se diga, llevaron a esa especialización que es el teatro de figuras, a un momento de gran envergadura para el arte y la cultura teatral, sobre todo la cultura que tiene que ver con el títere”. 

El extraño caso… 

Tras el fallecimiento de Miguel en 2012, el Guiñol continúa trabajando en la puesta en escena que el director dejara adelantada: así se estrena Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León, como homenaje a su dirección artística y su legado. Asume la dirección Dania Agüero y estrenan Payasoñar (Premio de la Ciudad a la mejor puesta en escena en 2014) y Los tres cerditos. Igualmente continúan representando obras conocidas dentro de su repertorio, siguiendo la estética de Santiesteban y el trabajo de otro imprescindible para el grupo, Javier Villafañe. Las sonrisas agradecidas de los niños en cada función, aseguran ellos, es el mejor premio posible al esfuerzo y la creación artística teatral.

Dirigido por la joven actriz Karel Fernández, estrenó recientemente El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, de Salvador Lemis, puesta que se presentará en esta edición del Teatro Joven. Hoy el Teatro Guiñol de Holguín es uno de los colectivos teatrales con una importancia medular en el escenario teatral holguinero y el arte titiritero en sentido general: sus 50 años en escena y la realización de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el hermoso y útil arte del Teatro Guiñol de Holguín que celebra sus cinco décadas entregado al arte del títere. 

 

 

Del 2 al 8 de mayo ¡estamos en Romerías!

Vanessa Pernía Arias y Erian Peña Pupo

Fotos Archivos CCCLaLuz y carteles del evento 

Con un concierto pre-inaugural protagonizado por la Orquesta Sinfónica de Holguín, bajo la dirección invitada de Joaquín Betancourt, Premio Nacional de Música y Maestro de Juventudes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), iniciará este lunes dos en Holguín la XXIX edición de las Romerías de Mayo, fiesta grande de la vanguardia artística en Cuba. 

El Festival Mundial de Juventudes Artísticas, que se extiende hasta el ocho con un variado programa de actividades, regresa de manera presencial luego de dos años, debido a las situación epidemiológica por la Covid-19, y dedicará sus jornadas al 65 aniversario del asesinato de los hermanos Sergio y Luis Saíz Monte de Oca, y al arte joven como temática general, comentó el escritor Norge Luis Labrada, presidente de la AHS local.

El Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra, considerado la columna vertebral de la cita, contará con una conferencia inaugural de José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia 2018, explicó Luis Felipe Maldonado, al frente de su comité organizador. En esta ocasión, el certamen de pensamiento e investigación asume como temática principal “La cultura cubana en medios digitales”, sumando a delegados de varias provincias en conferencias, mesas paneles y debates; en su última jornada se otorgarán los Premios Memoria Nuestra en Investigación y Proyecto Sociocultural, así como dos Premios de Honor. 

Babel, espacio de las artes visuales, estará dedicado a la crítica de arte y homenajeará la impronta del investigador, profesor y crítico holguinero Ramón Legón; además se realizarán varios proyectos curatoriales en diferentes espacios. Destaca una muestra de litografías de Rafael Zarza, Premio Nacional de Artes Plásticas 2020, destacó Josvel Vázquez, al frente del evento. Mientras que Liset Prego, quien asume la organización de la parte de Literatura, señaló que Palabras compartidas celebrará los 25 años de Ediciones La Luz, sello de la AHS en Holguín, y el centenario de la poeta Carilda Oliver Labra, por lo que se presentará el audiolibro Territorios en conflictos. Una mentira de la luna, homenaje de poetisas holguineras a Carilda, y el título Paquidermo, de José Luis Serrano, recordando el primer texto publicado por este sello hace 25 años, Bufón de Dios, del propio autor. También se desarrollarán paneles y lecturas de narrativa y poesía con miembros de la organización joven en Holguín e invitados de varias provincias del país. 

Por su parte el certamen Cámara Azul, que reúne a jóvenes realizadores del audiovisual, dedica sus espacios a los 30 años de la Televisión Serrana y al centenario de la radio cubana. Tendrá proyecciones, paneles, conversatorios y debates con Caridad Martínez, Premio Nacional de Radio, Amílcar Salatti, guionista de la serie Calendario, y Carlos Rodríguez, realizador de TV Serrana, subrayó Aniel Santiesteban, organizador de esta cita.

Mientras que desde las artes escénicas se recordará el 50 aniversario del Teatro Guiñol de Holguín y la obra del artista santiaguero Alcides Carlos González (Titi), fundador de las Romerías y director del proyecto Ojos. Las jornadas contarán con varias compañías, entre ellos el Guiñol Polichinela, de Ciego de Ávila; el Ballet Folklórico de Oriente; la Compañía de Danza Contemporánea Codanza; y el Grupo Humorístico Etcétera. Mientras que Raíces, espacio que promueve el sistema de Casas de Cultura, homenajeará al promotor cultural mayaricero Clinton Allen Edwors, Premio de Cultura Comunitaria, y al grupo anglo caribeño Rescat, fundado por Allen; este evento se distinguirá por la presencia de agrupaciones que defienden el legado y la mezcla de culturas. 

Musicalmente estas Romerías de Mayo contarán con las sonoridades de los intérpretes Ivette Cepeda, Polito Ibáñez, David Blanco, Nasiri Lugo y Moneda Dura; a su vez el espacio de trova tiene como invitados a Augusto Blanca, Fernando Cabreja, Raúl Prieto, Manuel Leandro Sánchez y Rey Montalvo. Mientras las Rockmerías, el evento de Hip Hop y las Electroromerías, se dedicarán especialmente a Ernesto Hidalgo Meriño (Tiko SK8), Dj productor recientemente fallecido y fundador de este último espacio. Por su parte La esquina del jazz destaca con las presentaciones de Joaquín Betancourt, Giraldo Piloto, Carlos Millares, Julio Avilés, César Gutiérrez, el Holguín Jazz Ensamble, Norberto Leyva, entre otras agrupaciones y solistas que, mayormente, distinguirán las noches en Romerías. 

 

Entregan a Palabras al Viento la placa Colectivo “Unidos los que fundan y aman”

Por Erian Peña Pupo

Fotos Yanisleidys Hernández Grave de Peralta

La Compañía de Narración Oral Palabras al Viento recibió la placa Colectivo “Unidos los que fundan y aman”, entregado por el Sindicato Provincial de Trabajadores de la Cultura, como parte de las actividades por el 60 cumpleaños de la UJC y el Primero de Mayo.

Palabras al viento celebra este 14 de abril su aniversario 18, y esta placa, aprobada por el secretario nacional de la Central de Trabajadores de Cuba por única vez, estimula a trabajadores y colectivos que se destaquen por sus aportes y relevantes resultados, manteniendo una destacada trayectoria revolucionaria y social, como el caso de la compañía. También el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y la Dirección Provincial de Cultura reconocieron a este colectivo por su aniversario 18, y a la Casa del Cuento.

La placa la recibió, en nombre de la Compañía, su director Fermín López, quien realizó una panorámica del trabajo realizado durante la etapa de enfrentamiento a la Covid-19.

Estuvieron presentes en la entrega Nilser Batista, funcionario del Departamento Ideológico del Comité Provincial del Partido, Idalmis Serrano Gómez, Secretaria General de la CTC en la provincia y miembro del Comité Provincial del Partido, Náyade Smart Gómez, subdirectora técnico-artística de la Dirección Provincial de Cultura, y Graziella González Aguilera, al frente del Sindicato Provincial de Trabajadores de la Cultura.

La entrega concluyó con una muestra del trabajo de esta reconocida compañía holguinera.

Jugando con recepciones, imaginaciones y secretos bajo la luna

 

Por José Rojas Bez

Fotos Facebook de La Chimenea

Cuando hay inventiva y sensibilidad, hay siempre buenas posibilidades para el teatro, y para todo arte, sin necesidad de contar con grandes recursos escénicos ni actorales. Por supuesto, aquí “grandes” se refiere a cantidad porque “grandes” en calidad si han de ser, no pueden escasear.

Bastan dos o incluso un actor, algún pequeño escenario, algunos pocos “mecanismos” (muñeca, fuente con agua, algodón…) y, eso sí es imprescindible, una considerable dosis de imaginación y creatividad para lograr una auténtica “obra escénica”.

Lo de “obra escénica” es un concepto que también hay que remarcar como susceptible (y conveniente) de consideración en su más amplio sentido, porque claro que en Secretos bajo la luna, del grupo La Chimenea, hay “escenario” (basta que haya un actor, es decir, un ser en movimiento dirigido a la expectación para que haya espacio escénico, creado por este mismo ser) aunque no el escenario de la más tradicional edificación teatral.

Con imaginación, basta un pequeño rincón para un complejo escenario de danza y riesgosas contorsiones nocturnas, y otro pequeño, al fondo, para los auxilios convenientes. 

También está, ya mencionado, el factor “espectador”, porque toda obra teatral (toda obra escénica y, en fin, toda obra de cualquier arte o espectáculo) quiere tener espectadores y, como se sabe, al menos una mayoría de ellas quiere muchos espectadores, si es posible una ingente cantidad de espectadores en cada momento; pero muy pocas son las que, como esta, más que simplemente conformarse, quieren… y les conviene tener… un solo espectador.

Cuenta mucho la calidad de este receptor; no ya que sea buena o mala calidad como tal, no hay por qué enjuiciarla y catalogarla, sino sus diversas posibilidades, “calidad” como sinónimo de “cualidad”, es decir de modalidad porque se exige y juega bien con las perspectivas y distinciones con que el “espectador” asuma lo que muestra “el escenario”.

Economía de recursos, pequeño y nada convencional escenario, soledad del espectador y perspectiva de recepción, entre otros factores donde importan mucho la música y las luces; todo ello aparece muy bien confabulado bajo la dirección artística de Heidy Almarales. 

Como quiera que se asuma, o sea, cualquier clase de receptor y cualquier perspectiva de recepción (incluso una variable u oscilante en cada momento); el espectador llegará a ofrecerse como “participante” de un espectáculo que puede muy bien asumir como el espacio personal de una danza erótica desde una barra a una piscina, pecera o un lago según imaginaciones (y el nivel de erotomanía y necesidades) o como un juego irónico y burlesco (no nos atrevemos a llegar hasta la enunciación de lo “farsesco”, aunque no impugnaríamos a otro que lo hiciese) de tales clases de “distracciones y placeres”, nivel de suave y sutil comicidad que depende, por supuesto, del humor del espectador particular.

También puede recepcionarse, como se hace con el guiñol o las marionetas, con el doble juego, doble perspectiva de muñeca y personaje: la excelencia del medio–muñeca y la excelencia del personaje construido. 

De cualquier manera el resultado es placentero, ya sea que el espectador asuma irónicamente la sensual y atrevida danza de una muñeca vicaria (y la esbelta e impresionante figura de quien la manipula) o ya sea que el espectador (u otro espectador) se transporte e imagine en un erótico salón, aspirante a ulteriores servicios ya nada “espectatoriales”. 

Para ambas recepciones cuenta también como auxiliar el “vino”, estimulante de sentidos y recordatorio de lugares, porque cualquiera de los espectadores podrá disfrutar, no como simple espectador sino como espectador–participante una copa en la mano para algunos sorbos de vino. 

Sobraría decir, dígase de todos modos, que tal clase de propuestas implica no solo la buena manipulación de los “artefactos” mencionados, sino también de las luces adecuadas y una canción que favorezca tanto a la atmósfera general de la “representación” como, muy en particular, los movimientos de la bailarina. Jazz, blue, blue-jazz… “Sky Criyng” de Coleman es idónea.

Haber visto Secretos bajo la luna significa el disfrute de una propuesta creativa que ha sabido realizarse con precisión y buen juicio, manejando elementos mínimos pero altamente sugestivos, capaz de mover diferentes ánimos valiendo para cada uno de ellos y siempre favorecedora del suave placer propugnado por la poética horaciana, mejor que la chabacana risotada de empresas menos refinadas.

Cinco minutos de canción, cinco minutos de vino, cinco minutos de bailarina sensual, cinco minutos de introspección sobre uno mismo, cinco minutos de humor o ironía, cinco minutos de admiración por el juego ofrecido a vista, oídos y gusto, cinco minutos de participación… significan un completo juego y rejuego que, inspirado y realizado mediante el teatro, alcanza más allá del teatro estrechamente entendido. 

 

Una renovada Comedia a la antigua

Por José Rojas Bez

Fotos Wilker López

A partir de una pieza teatral de Aleksei Arbuzov, el grupo santiaguero Teatro A dos manos propone situaciones dramáticas, personajes, acciones y conflictos arraigados en la tradición escénica que, desarrollada desde el siglo XIX y básicamente apoyada en la dramaturgia stanislavskiana, ha sabido recorrer los siglos con éxito. 

Reconocemos no haber tenido nunca la oportunidad de sentarnos ante la puesta en escena de una obra de Arbuzov, manteniendo solo nociones referenciales de este autor. Sí hemos tenido la buena suerte de hacerlo ante obras de Chéjov, diversas y con montajes asimismo muy variados (además, por supuesto, de las que nos ha ofrecido el cine que, claro, no es lo mismo). 

No sabemos en qué medida exacta Chéjov influyó en Arbuzov, aunque no cabe duda de que la huella chejoviana ha impregnado todo el escenario ruso que le sucedió. No solo el ruso, sino el de todo el mundo. Y, además, también se conoce el gran prestigio y el perenne regusto que Chéjov ha hallado siempre entre cubanos, entre los teatristas y los cinéfilos (aunque se vuelve a decir que no es lo mismo). No queda al margen, para nada, todo lo contrario, también el regusto e influjo por la cuentística chejoviana.

Todo ello hace que nada extrañe el sabor chejoviano de la puesta en escena de Comedia a la antigua, dirigida y con adaptación textual a manos de Nelson Acevedo y actuada por Dagoberto Gaínza y Nancy Campos. Pensamos en muchas obras, incluyendo Tío Vania, pero más aún en La Gaviota y la cuentística de este autor, La dama del perrito, por ejemplo.

Los comentarios sobre Arbuzov y Chejov son, en este caso, más bien circunstanciales y motivadores para otras reflexiones, quizás aquellas interesadas en autores, influjos entre ellos, adaptaciones y vaivenes entre una u otro obra. 

Lo que nos interesa comentar aquí se centra en el mundo de imágenes escénicas que se produce, de hecho, en nuestra expectación de esta puesta en escena muy concreta; y, aunque seguimos manteniendo el comentario sobre su sabor chejoviano, lo hacemos para recalcar precisamente eso que Chéjov tiene de universal, en tiempo y espacio –su mundo de personajes, sentimientos, situaciones y desenlaces o no desenlaces, tan lleno de matices e impresiones conceptuales y sensoriales–; ese influjo del cual, más bien que renegar, cualquier dramaturgo puede sentirse orgulloso siempre que sepa recrearlo, renovarlo, hacerlo auténticamente propio también, como ocurre ahora con este ofrecimiento del grupo Teatro A dos manos.

No cabe duda de las –una vez más luego de miles– excelentes actuaciones de Gaínza y Nancy, capaces de construir con la mayor precisión y sugestividad sus personajes. En alguna medida también, aunque ya no tanto –le llevará aún algún tiempo alcanzarlos, si lo quiere así– la de Nelson Acevedo, cuyas intervenciones como narrador- introductor e irrupciones esporádicas en similar función, incluyendo la de cantor, resultan en verdad eficaces y bien concebidas, conceptual y enriquecedoras de una dramaturgia que, sin dejar de ser básicamente stanislavskiana hace muy buenos guiños a dramaturgias del siglo XX, como la más irónica del absurdo. 

Una fábula de conocimiento, descubrimientos y amor entre dos seres maduros, hombres y mujer ya entrados en años y llenos tanto de frustraciones como de sentimientos y necesidades afectivas; atrae por su calidez y autenticidad. Una historia de auto-descubrimiento, descubrimiento del otro, confesiones de debilidades que serán superadas, así como de florecimiento de lo más noble de cada uno y nacimiento de amor; se desenvuelve con eficaz ligereza y gracia a pesar de cuan tormentosas pudiesen ser las emociones imbricadas.

Por ello hay que elogiar el logro de un idóneo ajuste de lo cómico, de esa suave comicidad, quizá más a menudo ironía, que se sostiene de principio a fin.

Sin duda, la pieza ha sido bien concebida y realizada, no solo en cuanto se refiere a fabulación y actuaciones, incluyendo su estructuración con intervención tercera del referido narrador y cantor desde fuera y desde dentro del escenario; también en la labor de vestuario, maquillaje, de general caracterización –en el mismo juego de transformaciones y pérdidas de velámenes– donde las luces y la escenografía se conjugan muy bien a favor de la totalidad de la imagen escénica.

Al final, Comedia a la antigua ha ofrecido una excelente fábula tan actual como antigua –los seres humanos de ayer y hoy–, de interioridades conflictivas y nuevas esperanzas, de transformaciones hacia el amor y la autenticidad, de justa comicidad moduladora de frustraciones y anhelos, de romántica y moderna ironía, con actuaciones francamente disfrutables y siempre bien logradas imágenes teatrales. 

Donde hay títeres no hay fantasmas. A 50 años del Teatro Guiñol de Holguín


Por Erian Peña Pupo
Fotos Carlos Rafael y Archivos

En la calle Martí, justo en uno de los laterales del
Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, tiene su sede el Teatro Guiñol de Holguín, compañía que celebra en este 2022
su aniversario 50 en pos del desarrollo del arte titiritero y
sus expresiones en la provincia y el país.
Antecedentes…
Los orígenes del Guiñol holguinero se relacionan con
los antecedentes inmediatos de esta manifestación en la
provincia, no tan fecunda en el arte del títere como otras,
pero sí necesaria a la hora de historiar el panorama
teatral cubano y sus múltiples convergencias. A lo largo
del siglo XIX e inicios del XX, en las ciudades de Holguín
y Gibara, sobre todo, eran comunes las representaciones
teatrales y musicales, en cines y teatros como el “Wenceslao
Infante” y el Teatro Colonial de Gibara, de zarzuelas,
operetas, vodevil, danza…
Respecto al arte titiritero, uno de los primeros referentes
conocidos es el quehacer del gibareño Modesto Centeno
(1913-1985), quien realizó la adaptación del cuento popular La Caperucita Roja en 1943, gracias a un concurso
efectuado en la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL). Tiempo después,
una de las figuras tutelares de esta manifestación artística
en Cuba, Pepe Carril –nacido en el central Preston, Mayarí, en 1930– crea en el propio poblado holguinero, el
Teatro de Muñecos de Oriente, en 1952. Luego Carril
sería uno de los fundadores en 1963 del Teatro Guiñol
Nacional, junto a los hermanos Camejo (Carucha, Bertha
y Pepe) y el joven Armando Morales, director de ese
colectivo hasta su reciente fallecimiento (La historia de
Carril y los Camejo difuminada en el tiempo y en consiguientes periodos, ha sido rescatada gracias al trabajo de
creadores como Norge Espinoza, Rubén Darío Salazar y el
propio Morales).

No fue hasta inicios de 1959 cuando comienza a gestarse
en la ciudad de Holguín la idea de hacer teatro para niños
con el títere, y sus diversos formatos y estéticas, como
protagonista.

Nacimiento: las luces del día del Teatro Yarabey
El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey –en voz aborigen “luz
del día”–, creando así la primera compañía teatral que se gesta
después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual
Guiñol de Holguín. Aunque hoy no se encuentra en activo por problemas de salud, Arturo Ricardo, uno de los fundadores del entonces
Teatro Yarabey, cuenta con más de 37 años dedicados al arte de los
títeres en la provincia, una impronta que no ha sido estudiada y que
se va perdiendo, inexorablemente, con el paso del tiempo: “El Guiñol
de Holguín se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave
de Peralta. Después del triunfo de la Revolución inician las primeras
actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y
allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio
le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos,
animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado.
Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que
nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo…
Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no
había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras
más de entonces”, comenta Ricardo.

Lo que hoy conocemos como Teatro Guiñol de Holguín sufre por
largos años las mudanzas y fusiones con otros proyectos de la provincia. En la aun inédita cronología cultural de Holguín, realizada por
el investigador Zenovio Hernández, se sitúa la culminación del primer
curso de Instrucción del Teatro el 4 de noviembre de 1963, y además,
refiere del inicio del cursillo de teatro de títeres impartido por Arturo
y Carlos Ricardo, el 4 de abril de 1964, en los estudios de la emisora provincial CMKO Radio Angulo. Los hermanos Ricardo se mantienen
trabajando solos en Yarabey hasta 1965, cuando incorporan alumnos
de secundaria básica y forman una brigada artística que actuaba dentro y fuera de la ciudad. Con esta brigada montaron obras de payasos,
cuentos con muñecos y actores con máscaras: Las bodas del ratón
Pirulero, La bruja que no era bruja y El hacha de oro.
Desde 1972 –fecha que marca el aniversario del Guiñol pues pasa a
la categoría profesional– hasta 1983, asumió la dirección Felipe
Betancourt del Río, quien contribuyó notablemente a la preparación
del elenco, cuestión que conllevó a la calidad artística de muchas de
las obras: Para reír y aprender, Lo que nos cuenta Din Don, La
paloma Blanquiperla, Un día en el zoológico, De cómo la astucia
venció al perro jíbaro, Las tres semillas, El conejo valiente, Armandito
y las vacaciones, El rey del corral, Felo Jutía y El perro burlón.
En 1983, tras el fallecimiento de Betancourt, la dirección del Guiñol
pasó por un período inestable hasta 1991: Alejandro Hiralda, Armando
Vielza, Rubén Mulet, Gilberto Gil y Marisela Espinosa, estuvieron al
frente de la compañía en una época donde el teatro de títeres en Cuba
se caracterizó por su marcado carácter didáctico y el reflejo de matices
sociales, apoyado en adaptaciones de cuentos populares clásicos e historias cubanas, ubicadas, en su mayoría, en la campiña insular y sus
delimitaciones. En esta nueva etapa presentan obras como Quién
puede más, El conejito Blas, El pájaro feo, La cucarachita Martina,
El cocodrilo Tato, El caballito enano, Pedro y el Lobo, Un día en el
teatro (Premio en guion en el I Encuentro Nacional de Guionistas de
Espectáculos Infantiles, en 1986), El león hambriento y El chivo
patijovero coliamarillo, obra que obtuvo el Premio en la categoría de
música en el Encuentro Territorial Profesional de Teatro Infantil, en
Ciego de Ávila, 1983, por el trabajo de Maricela Miranda, asesora
musical del Guiñol desde 1982 hasta 2013.

Años de esplendor, la estética de Miguel Santiesteban
En 1992 asumió la dirección del grupo, por breve tiempo, la instructora de arte Grecia Lemus, y luego Marisela Espinosa hasta 1993,
año en que el grupo se fusionó con Talismán, dirigido por Ángel Cruz.
Ambos elencos acuerdan que Talismán sería un proyecto dentro del grupo
fundacional; luego continúan trabajando con el nombre de Girasol.
En esta etapa representaron piezas que caracterizarían nacionalmente
el trabajo del Guiñol de Holguín: La Caperucita criolla, dirigidas por
Ángel Cruz; Pelusín frutero, Un rayito de sol, La calle de los fantasmas, La muñeca de trapo y El sol negro, dirigidos por Miriam
Suárez, pieza que obtuviera en 1997 el Premio de la Ciudad de Holguín
en Teatro en mano de los actores Marisela Espinosa y Mario Brito; y
Los sueños de Verdolina, unipersonal de Marisela Espinosa, Premio de
la Ciudad 1999 en actuación femenina, entre otras.
En 1998 asume la dirección artística Miguel Santiesteban, hasta el
21 de marzo de 2012, fecha de su fallecimiento. Bajo su dirección se
abren nuevos y amplios horizontes en el teatro de títeres en Holguín,
imprimiéndole mayor fuerza profesional con la línea espectacular y el trabajo con esperpentos en calles y teatros. Así se pusieron en escena
obras clásicas en el repertorio del Guiñol: La cucarachita Martina,
Historia de una muñeca abandonada (Premio de la Ciudad 2000, en
actuación femenina, a Magali Mola), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, obra del español Alejandro Casona, Espantajo y los pájaros,
El chivo patijovero coliamarillo, El majá de Santa Manigua, El Conejito Blas, Las tres semillas, Galápagos, del holguinero radicado en
México Salvador Lemis (Gran Premio del Festival de Teatro Máscaras
de Caoba 2008, y Premio de la Ciudad 2009 en actuación femenina a
Dania Agüero), El Ogrito, de la canadiense Suzanne Lebeau, y La
calle de los fantasmas, del argentino Javier Villafañe (1909-1996).
Quizá sea esta la obra más premiada del colectivo holguinero: Premio
de la Ciudad 2002 en manipulación; Premios Avellaneda en actuación
masculina y femenina, a Dania Agüero y Jorge del Valle, respectivamente, y en diseño a Karel Maldonado, en el Festival Nacional de
Teatro de Camagüey, en 2002. Además, el Premio Caricato 2003 en
actuación masculina y femenina, a los mencionados actores y los
Premios en el Festival de Teatro para niños y jóvenes (Guanabacoa,
2003) en manipulación colectiva, música y diseño, así como los premios especiales de la revista Tablas, de la Unión Nacional de la
Marioneta (Unima) y de la Asociación Internacional de Teatro para la
Infancia y la Juventud (ASSITEJ). Por estos años el Guiñol realiza,
además, una gira por México donde muestra parte de su repertorio.
Según Martha Proenza, actriz del antiguo bloque dramático del ICRT
en Holguín y miembro del Guiñol desde 1982: “El problema recurrente
que impedía una mejor concepción ideoestética del colectivo, recaía
en que ninguno de los que habían dirigido espectáculos en aquella
etapa eran egresados de escuela, sin formación académica. Se viene a concretar un cambio positivo cuando dirige Miguel Santisteban y con los
diseños de Karel Maldonado. Una estética más encaminada a la calle
y al público todo que lo potencia”.
Cuenta, por su parte, la actriz Dania Agüero Cruz, hasta hace poco
directora del Teatro Guiñol de Holguín, que cuando ella se incorporaa trabajar en 1999, se acerca al experimentado Armando Vielza, actor, director, clown y realizador de sonidos en la radio: “Enseguida me
acerqué a él para tratar de alimentarme de su experiencia y tratar de
aprender. Armando Vielza cuenta, además, con un carisma especial
para el clown. Su payaso era el auténtico payaso de circo. Un payaso
diferente al que nosotros tuvimos como línea de trabajo. Desarrollaba
situaciones, dentro de otras situaciones, y ahí armaba su historia”.
De aquellas propuestas comenta Vielza: “Lo espectacular primaba
en nuestros montajes, así como el espectáculo de calle y la luz negra
como líneas ideoestéticas. Dejamos de usar los títeres atrezados, y
adoptamos a los títeres de telas rellenos con polietileno o esponja”.
Añade que en el proceso creativo de Santiesteban, “la creación colectiva marcó la línea de dirección del grupo; Miguel seleccionaba las
mejores ideas y las ponía en función de su idea como director. Él introdujo la espectacularidad y se amplió el uso del esperpento en espacios abiertos, la luz negra, con el uso de los títeres de piso, asesorados por mí. Maricela Miranda, Maricela Espinosa, Martha Proenza,
continuaron con nosotros. Al paso de los años se incorporan nuevos
actores y actrices: Dania Agüero, Migdalia Albear Camejo, Roberto
Cera, Yuder Ortega, entre otros más, que llegaron después que salí del
colectivo”.


Al respecto contó Armando Morales, Premio Nacional de Teatro,
cuando visitó Holguín invitado a la Fiesta del Títere, organizada por
el Guiñol: “Yo recuerdo que una vez fui jurado del Premio de la Ciudad
en Teatro, y en el aspecto del teatro para niños y de títeres se le dio el
Premio a Maricela Espinosa, que era una actriz de primer nivel.
Después, con la renovación y la llegada de Miguelito Santiesteban,
que fue alumno mío en el Isa, los espectáculos que montó en el Guiñol,
con la imagen de Karel Maldonado, uno de los grandes diseñadores
del teatro de figuras, aunque no se diga, llevaron a esa especialización
que es el teatro de figuras, a un momento de gran envergadura para el
arte y la cultura teatral, sobre todo la cultura que tiene que ver con el
títere”.
El extraño caso…
Tras el fallecimiento de Miguel en 2012, el Guiñol continúa trabajando en la puesta en escena que el director dejara adelantada: así
se estrena Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León, como homenaje a su dirección artística y su legado. Asume la dirección Dania Agüero y estrenan Payasoñar (Premio de la Ciudad a la mejor
puesta en escena en 2014) y Los tres cerditos. Igualmente continúan
representando obras conocidas dentro de su repertorio, siguiendo la
estética de Santiesteban y el trabajo de otro imprescindible para el
grupo, Javier Villafañe. Las sonrisas agradecidas de los niños en cada
función, aseguran ellos, es el mejor premio posible al esfuerzo y la
creación artística teatral.
Dirigido por la joven actriz Karel Fernández, estrenó recientemente
El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, de
Salvador Lemis, puesta que se presentará en esta edición del Teatro
Joven.
Hoy el Teatro Guiñol de Holguín es uno de los colectivos teatrales
con una importancia medular en el escenario teatral holguinero y el
arte titiritero en sentido general: sus 50 años en escena y la realización
de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo
de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo
demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el
hermoso y útil arte del Teatro Guiñol de Holguín que celebra sus
cinco décadas entregado al arte del títere (Publicado originalmente en Cubaescena).

Historias de muchachas no tan complicadas

 

 

Por Abel Castro Sablón

La compañía teatral Guiñol de Guantánamo presentó su obra Historias de muchachas complicadas, en la sala Alberto Dávalos del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol de Holguín, como parte del Festival de Teatro Joven, que organizan la Asociación Hermano Saíz y el Centro Provincial de Artes Escénicas.

La puesta, un espectáculo de títeres, entrelaza las historias de tres niñas con ámbitos, épocas y problemáticas diferentes, como el sonambulismo, la incomprensión y el descubrimiento del amor en edades tempranas.

Palmira, Alicia y Aitana, son las tres niñas que nos regalan igual número de relatos que en ocasiones tocan referentes literarios, como el de Alice Liddle, de la obra de Lewis Carroll y su afán por saber qué se esconde más allá de su antiguo espejo.

De manera muy sutil esta obra se acerca a problemáticas actuales como la aceptación social, las identidades sexuales, la discriminación y la incomprensión familiar, entre otras, lo cual dotan a esta puesta de múltiples lecturas a varios niveles, que la hacen disfrutable para todas las edades.

Teatro Guiñol de Guantánamo regala esta joya contada a cuatro voces (tres  femeninas y una masculina) y actuada a seis manos, que dieron vida a tres historias de muchachas no complicadas, pero sí diferentes; historias que se complican solo desde el prisma de quien las observa.

Intimidad, conceptual, autogestión: algunos caminos escénicos del teatro joven cubano

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Wilker López  

El teatro contemporáneo en la era de los medios electrónicos resalta su carácter performativo de la realidad presencial, utilizando, en muchos casos, técnicas de performance, en las propias acciones y el cuerpo humano que, como tal son enfatizados, y otras prácticas comunes a las cuales el teatro cubano no es ajeno. Actualmente esta manifestación escénica se prefigura como una especie de función ritual, asumiendo a su vez una comunicación más directa entre actores-espectadores, experimentado cierta intensidad emocional; a su vez una nueva cultura de la actuación implica a ese espectador, invitándolo a cuestionar su percepción de la realidad.

Estas alternativas de producción realista, los sistemas simbólicos que permiten representar conceptos, a partir de la asociación de ideas y búsquedas interiores y en el propio espectador, resultan algunas temáticas de investigación recurrentes entre los directores y creadores jóvenes de la escena cubana actual. En este sentido varios directores noveles se cuestionaron sus modos de producir y hacer teatro como parte del panel teórico que abordó la dramaturgia cubana actual y los nuevos caminos de la dirección escénica en el XII Festival Nacional de Teatro Joven.

Karelia Fernández, directora del Teatro Guiñol de Holguín, explicó sus rutinas y como fue producir su último espectáculo El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, una especie de comedia del arte que dignifica la creación titiritera a partir de un texto del dramaturgo cubano Salvador Lemis. 

Mientras que Heidy Almarales, del grupo cienfueguero La Chimenea, comentó sobre la obra Work in progress (Secretos bajo la luna), un historia fragmentada que se sustenta en el microteatro, siendo la intimidad del espectáculo la característica fundamental. “Me interesa mucho explorar la interioridad del espectador, cuestionarlo y provocarlo desde lo íntimo, desarrollando mi propia dramaturgia que llega a ser más literaria que dramática”, añadió la actriz. 

Por su parte Pedro Franco, director de Teatro El Portazo, de Matanzas, insistió en la autogestión a que se somete su creación, que implica nuevos textos y espectáculos en función de una necesidad estética. “Los tiempos escénicos de mi teatro se pusieron en función del consumo”, a la vez que le permite rupturas creativas en la escena que funcionan como una manera de “limpiar la recepción entre los actores y espectadores para volver a un próximo acto”. 

La poética del pastiche y la combinación de otros modelos dramáticos resumen buena parte de la más reciente creación de este colectivo matancero, con obras como Cuban Coffee by Portazo´s Coperative y No puedo tengo ensayo, aunque su trabajo actual se centra en rescatar su repertorio con piezas anteriores, que, de alguna manera, exploran un teatro más “convencional”. 

Asimismo Juan Edilberto Sosa, director del Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra, de Santiago de Cuba, abordó la necesidad de montar obras de autores contemporáneos, asumiendo un pensamiento desde y para la escena, y dejando que muchas veces el contexto modifique el trabajo final; mientras que el dramaturgo Raúl Bonachea insistió en el urgente papel de la crítica frontal con los creadores noveles y la necesidad de un desmontaje analítico de sus obras para crecer en cuanto a las nuevas maneras de hacer teatro.

Como parte de esta jornada fueron presentados los libros Destino Cuba, de Freddys Núñez Estenoz; Primavera en vano, de Abel González Melo; y Penélope aserrando televiché, de Marien Hernández, publicados bajo el sello de Ediciones La Luz; además Porno o fermentar la carne con más carne para que se sepa mejor, de Juan Edilberto Sosa; La caída, de Raúl Bonachea; la revista Tablas y el documental “El público de Carlos Díaz”, de Raúl Valdés González (Raupa).

 





Fernandina: la historia de una ciudad

Por Abel Castro Sablón

Fotos por el autor

La sala Alberto Dávalos del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, acogió la presentación de la obra Fernandina, del grupo Cañabrava, proveniente de la provincia de Cienfuegos, como parte del Festival de Teatro Joven, que organiza la Asociación Hermanos Saíz en Holguín.

La puesta, cuenta la historia de la fundación de la villa de Fernandina de Jagua, hoy Cienfuegos, conducida por los hilos de las aventuras de dos niños, Fernan y Dina, quienes recorren parte de las leyendas de esa ciudad y de algunos de sus lugares más icónicos.

Fernan y Dina, a través de la presentación actoral y también de títeres, se adentran en un mundo de piratas, naufragios y seres mitológicos vinculados al mar y a la icónica bahía de Cienfuegos, para mostrar al público por qué se ha dado en llamar La Perla del Sur.

Una muestra refrescante para todas las edades, con versión libre de Antonio Liuvar sobre la obra de Rafael González Muñoz, que cuenta con las actuaciones de Dayli Morfi (Fernan), Ester Valladares (Dina) y Ofelia Pacheco (Dama Azul), quien también tuvo a su cargo la puesta en escena y la dirección general.





Karell Maldonado y Erenio Pérez: Dávalos 2022

Por Erian Peña Pupo

El diseñador y artista visual holguinero Karell Víctor Maldonado O´ryan y el tramoyista Erenio Pérez Nápoles recibieron el Premio Alberto Dávalos 2022 en su veinte edición por una vida consagrada a la escena, entregado por el Consejo Provincial de las Artes Escénicas de Holguín (CPAE) como parte de las actividades por el Día Mundial del Teatro.

El acta del jurado, compuesto por el dramaturgo Carlos Leyva Bonaga, ganador de la edición anterior; Luisa González Pérez, jefa del Centro de Comunicación Cultural La Luz, y Eduardo Martín Arranz Fuentes, fundador y actor-cantante del Teatro Lírico Rodrigo Prats, decidió luego de un análisis exhaustivo de cada una de las nominaciones, seis en total, y todas con meritorios aportes al desarrollo escénico en la provincia; y teniendo en cuenta que debido a la Covid-19 en los dos últimos años no se realizó la entrega del Dávalos, de manera excepcional otorgar dos premios en esta edición.

El diseñador y artista visual holguinero Karell Víctor Maldonado O´ryan y el tramoyista Erenio Pérez Nápoles recibieron el Premio Alberto Dávalos 2022. Foto: Juan Pabrlo Carreras

El jurado distinguió la obra de Karell Maldonado por “los resultados, los méritos y premios a lo largo de una sólida carrera, su participación en giras y talleres internacionales, y su aporte significativo a la historia del Teatro Guiñol de Holguín en las últimas décadas, logrando una reconocible estética visual que identifica este colectivo hasta colocarlo en planos nacionales y por la cual el Guiñol ha recibido muchos de sus principales reconocimientos. Mientras que del tramoyista retirado del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, Erenio Pérez, destacó la obra de toda la vida dedicada a la escena, al ser “fundador del Teatro Lírico Rodrigo Prats con múltiples distinciones y reconocimientos, por su alto compromiso de poner la técnica y mecánica escénicas en función del resultado creativo con tanta profesionalidad y de esta manera reconocer la importancia de todo el personal técnico para la concreción del hecho artístico”.

Entre las principales obras para las que Karell ha realizado el diseño para el Teatro Guiñol de Holguín se encuentran Historia de una muñeca abandonada, La calle de los fantasmas (que obtuvo el Premio Nacional de Diseño de Teatro infantil en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey en 2002), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, Silencio Orgánico, Galápago y el reciente El extraño caso de los títeres que asesinaron a los espectadores. Ha trabajado con colectivos como el Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín con La viuda alegre, y la Compañía de Narración Oral palabras al Viento, así como ha realizado numerosas exposiciones con su trabajo como diseñador y artista visual.

Por su parte, Erenio Pérez Nápoles comenzó a trabajar en 1962 en el Teatro Lírico Rodrigo Prats, bajo la dirección de Raúl Camayd, como tramoyista. Posee reconocimientos como las distinciones 50 Aniversario del Lírico y 40 del Sindicato de la Cultura, y 75 años de la fundación del Teatro Eddy Suñol. Además posee, entre otras, la medalla Raúl Gómez García, la condición Hijo Destacado de la Ciudad y el Hacha de Holguín.

Fueron nominados a la XX edición del Premio, además, Vianki González, coreógrafa y bailarina fundadora de la Compañía de Danza Contemporánea Codanza; Damaris Hernández, intérprete y directora del Coro del Teatro Lírico Rodrigo Prats; el actor titiritero Armando Vielza, y Francisco Griñán, director de la Compañía Folclórica La Campana.

La entrega del Premio Alberto Dávalos 2022 es el preámbulo de la XII edición del Festival Nacional de Teatro Joven que reúne del 27 al 30 de marzo en la ciudad de Holguín a importantes colectivos teatrales, dramaturgos, investigadores y críticos cubanos y que estará dedicado al 110 aniversario del natalicio del dramaturgo y escritor Virgilio Piñera, y a los 50 años de institucionalización del Teatro Guiñol de Holguín.

Erenio Pérez Nápoles comenzó a trabajar en 1962 en el Teatro Lírico Rodrigo Prats. Foto: Juan Pablo Carreras

Organizado por la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín y auspiciado por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, la Dirección Provincial de Cultura, la Uneac, la Casa de Iberoamérica y el Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, el Festival propone un amplio programa de actividades que incluye puestas en escena, evento teórico, encuentro con críticos y presentaciones de libros.