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Críticas y comentarios
Una experiencia comunitaria con Rosa Esther Taberas de la Guardia
Por: Por Yinet Domínguez Ruiz / 30-09-2016 2:34 PM
En la ladera de la conocida Loma de la Cruz, uno de los símbolos identitarios de la ciudad de Holguín, y a menos de 3 kilómetros de su centro histórico, se encuentra la comunidad El Progreso (Antiguo Trenes). Lo que es hoy una comunidad de Nuevo Tipo, en el que se desarrolla un proyecto de autogestión comunitaria como ejemplo de superación y empoderamiento social de la localidad, se debe en gran medida al trabajo de la educadora popular y promotora cultural Rosa Esther Taberas de la Guardia.

Para comprender la impronta del trabajo social comunitario de Rosa E. Taberas de la Guardia es necesario remontarnos a lo que eran Los Trenes de la Loma de la Cruz antes de 1986.

Esta comunidad situada en las periferias de la urbe, se caracterizaba por el elevado índice de delincuencia, la violencia, la desvinculación laboral y el alto número de niños sin asistencia educacional. Proliferaban las madres solas y la mayoría de los pequeños vivían con sus abuelas. La presencia masculina era transitoria.

Según los pobladores, en este período las viviendas eran construcciones precarias, hechas de recortes de madera, sacos, latas, cartón, una seguida de la otra como vagones de tren… Tenían pisos de tierra sin letrinas y carecían de servicios básicos, en un estado de insalubridad total. La mayoría tomaba la electricidad por el peligroso sistema de tendederas. Contaban con la existencia de un solo pozo para el abastecimiento de agua (Taberas, 2000).

Eran frecuentes, además, los desprendimientos de tierras, que provocaban numerosos accidentes sobre todo en períodos de lluvias. El estado sanitario tan deficiente generaba una serie de padecimientos como el parasitismo y las enfermedades respiratorias agudas, que provocaban reiterados ingresos en hospitales.

El alcoholismo era otro de los males que asechaba la comunidad Los Trenes. Esto provocaba violencia y constantes alteraciones del orden público. La escolaridad y la incorporación laboral en la comunidad eran sumamente bajas, pero afectaba más a las mujeres que, por lo general, abandonaban los estudios para comenzar a cuidar a sus hijos.

La escolaridad máxima a la que llegaban los hombres era el 7mo grado, incorporándose luego a trabajar esporádicamente en otras provincias o bien dedicados a la economía informal. Esta situación continuó hasta avanzados los dos primeros años en El Progreso.

En 1986 se acerca a la comunidad la trabajadora social Rosa Esther Taberas de la Guardia, perteneciente a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Rosa se gana el cariño y el respeto de los habitantes de Los Trenes, para así impulsar las grandes transformaciones en la vida de estas mujeres y hombres, que poco a poco gracias a su ayuda, comenzaron a creer en sus potencialidades y en lo beneficioso que resultaba la idea de crecerse ante las dificultades que les afectaban.

En las reuniones que se convocaron inicialmente, se reportó, como hemos visto, el alto índice delincuencial en la comunidad. Esta situación, llevó a las mujeres a actuar para cuidar a las familias y su entorno inmediato, participando en actividades que por tradición y concepto correspondían solamente a hombres, como ser representantes de la comunidad y ocupar diferentes cargos: sociales, políticos y culturales que por tradición las mujeres no desempeñaban.

Fue entonces cuando se crean las organizaciones de masas lideradas por féminas con ansias de cambios: en este momento surge en la comunidad una delegación de la FMC y un consejo de vecinos.

Fue entonces cuando se puso en práctica un plan de acción encaminado a lograr cambios profundos en la vida de los comunitarios de Los Trenes. Se creó un taller artesanal con fines educativos para preparar a las mujeres y jóvenes sin vínculo laboral en un oficio que les permitiera ganarse la vida honradamente; a su vez se abrió un aula para la educación de adultos. Los niños comenzaron a asistir de manera sistemática a la escuela; se concibieron algunos proyectos como una brigada artística, la cual realizaba actividades políticas y culturales alrededor del pozo de la comunidad los fines de semana, principalmente para los niños de la zona y los cercanos a ella.

En opinión de Taberas los resultados del trabajo social comunitario hasta 1994 fueron alentadores, entre los más significativos menciona:

La capacitación de las mujeres y el aumento de su sentido de pertenencia a la comunidad; la alta incorporación de hombres y mujeres al trabajo; los indicadores de salud mejoraron por el control de algunas enfermedades; el aumento del nivel de escolaridad alcanzado por la comunidad, logrando el 100 % de incorporación de los menores a las aulas y el total apoyo gubernamental al proceso que se estaba desarrollando, a través de su consejo popular.

Pero el sueño de todos era la construcción de viviendas en mejor estado. Sueño que fue hecho realidad con la implementación del proyecto Los Trenes, desarrollado por “Hábitat Cuba” con la ayuda de la ONG Ayuda Popular Noruega, quien aportó el 17 % de los fondos para el mismo; además de la cooperación de las diferentes organizaciones de masas como la FMC, los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), el Gobierno y el Partido (Taberas, 2000).

Así se logró luego de 10 años de esfuerzo y trabajo en equipo, la transformación no solo del entorno habitacional de la comunidad que resurgía, sino también de los hombres y mujeres que, sin duda alguna, se llevaron grandes enseñanzas y guardan experiencias de vida que aplican en su accionar cotidiano.

Hoy, las condiciones de vida de los habitantes de esta comunidad son totalmente distintas a las que tenían antes –aunque aún persisten problemáticas comunitarias en las que se debe incidir– pues cuentan con graduados de enseñanza técnica y universitaria, han disminuido las actividades delictivas, existe una conciencia sobre el cuidado y la protección del medio ambiente, se consolidan los líderes naturales y la existencia de un Consejo de vecinos, tres CDR y la Delegación directa de la FMC “Lucía Íñiguez”, conformándose así la estructura organizativa de la comunidad.

Se ha ganado, además, en equidad en cuanto a las responsabilidades y al rol que desempeñan tanto los hombres como las mujeres, no solo en las organizaciones de masas, sino también en cada acción que se realiza en la comunidad, donde existen grupos de talleres comunitarios a los que asisten tantos hombres como mujeres.

Se realizan paulatinamente actividades culturales encaminadas por dos promotores culturales que se desempeñan como activistas y tienen una programación cultural en la que se incluyen dos proyectos culturales dirigidos a los niños: La Casa del Barrio y Riéndole al Sol, y un mini-proyecto llamado Opina y Aprende, en el que participan solistas, aficionados al baile, la danza, el teatro, declamadores y otros. Además, cuentan con un espacio fijo llamado Arcoíris Musical, integrando el “Programa Educa a tu hijo” con el proyecto Riéndole al Sol. También, existe un movimiento de padres y madres combatientes por la educación en la comunidad.

La situación sociocultural de la comunidad El Progreso difiere totalmente con la de Los Trenes. Hombres y mujeres al estudiar y trabajar juntos, construyen nuevos tipos de familias, algo que influye decisivamente en la formación de las nuevas generaciones, constituyendo así una comunidad mucho menos vulnerable y donde la vida transcurre con las mismas fortalezas y debilidades que las otras comunidades cubanas, pero con la característica que es una comunidad empoderada, donde hombres y mujeres son dueños de su porvenir y su destino.

Breves notas de la labor de Rosa E. Taberas de la Guardia

La educadora popular y promotora cultural Rosa E. Taberas de la Guardia nació en Holguín, el 29 de enero de 1935. De ascendencia mambisa y esclava desde que era adolescente tenía una gran pasión por ser maestra. Decidió entonces abrir una escuelita en la sala de su casa con niños pequeños que no iban a la escuela por no tener zapatos, ropas y dinero para comprar los lápices y libretas.

En 1954 logró graduarse de Maestra Normalista. Comienza así su vida laboral en Salsipuede, entre los barrios Cañamazo y Mamey, donde no existía entonces escuela. Se incorpora desde temprana edad a la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista, como mensajera de una célula de Movimiento 26 de Julio, garantizando la llegada a los campamentos rebeldes de medicamentos y otros medios necesarios para la subsistencia.

Creó, además, una red de puntos con los primeros auxilios para las tropas rebeldes que sitiaban al Regimiento de Holguín en los últimos días de diciembre de 1958.

Luego de 1959, trabaja intensamente en la organización del Movimiento de Maestros Voluntarios, Maestros Populares y de Montaña. En este mismo año comienza a trabajar en una escuela 408 del Cuartón Vallejo.

iniciar la Campaña de Alfabetización la designaron como Asesora Técnica de más de 60 alfabetizadores que procedían de varias partes del país. Luego de concluir la Campaña, pasa a trabajar en la Granja Reynerio Almaguer de la comunidad de Mayabe; junto a su esposo participaron en la organización de una nueva comunidad de campesinos, creación de brigadas artísticas y en la realización de actividades culturales; organiza además el sindicato en esa Ruta rural y comienza su trabajo comunitario, lo que significó el impulso para la realización en años posteriores de grandes proyectos como: Los Trenes, Desarrollo Integral de la comunidad Amanecer, Oscar Lucero, Las casitas quemadas, El Barrio de todos, Los Guillenes, Trans-Educa, Alucinaciones de Marcos Pavón, entre otros, que la llevaron a no solo ser reconocida como una brillante educadora, sino también como una promotora cultural por excelencia.

Posteriormente trabaja en la Secundaria Básica Antonio Maceo y participa en el Primer Plan Mayo Norte de Escuela al Campo hasta llegar a catorce. Fue, además, profesora adjunta del Instituto Superior Pedagógico. Luego dirigió la Escuela Secundaria Obrera Patricio Lumumba y trabajó en Docencia Médica Media y como asesora de las aulas de la Unidad Militar 3278.

Se jubila luego de 35 años de estar ejerciendo como maestra. Pero decide repasar en la casa a alumnos de la Universidad en materia de Marxismo, asesora de trabajos de diploma, tesis y colaboradora de todo el que solicitaba su ayuda. Se incorpora como Trabajadora Social de la FMC e ingresa al Colectivo de Investigación Graciela Bustillo de la Asociación de Pedagogos de Cuba; allí conoce la Metodología de la Educación Popular del brasileño Paulo Freyre y comienza nuevos cursos, talleres, eventos y un diplomado de Trabajo Comunitario de la educación popular.

Por su destacada labor educacional e investigativa ha recibido varios certificados, diplomas y reconocimientos por la participación en eventos nacionales e internacionales, entre los que se destacan: Premio José de la Luz y Caballero, Premio a la labor Educativa Raúl Ferrer, Aldabón y el Escudo de la Ciudad, la Condición de Hija Destacada de la Ciudad de Holguín, Distinción por la Educación Cubana, Medalla Rafael María de Mendive, Sello Jesús Menéndez 60 aniversario de la CTC y la Orden Ana Betancourt, entregada por el Consejo de Estado de la República de Cuba.

Rosa Esther Taberas de la Guardia, maestra formadora de valores en las aulas y fuera de ellas, activista y promotora cultural, es un ejemplo para las generaciones más jóvenes y en especial para los miles de maestros de todos los niveles de enseñanza y los futuros promotores de la cultura en Cuba.

Referencias bibliográficas:

Taberas, R. (2000). Los trenes, memorias de una comunidad. La Habana: Editorial Asociación de Pedagogos de Cuba.

González, N. (2010). Manual de buenas prácticas. Reflexiones sobre el trabajo comunitario desde la educación Popular. CEAAL Caribe.

Arias, M. (2013). Rompiendo silencios. Lecturas sobre Mujeres, Género y Desarrollo Humano. La Habana: Editorial de la Mujer.

Arés, P. (1997). El trabajo grupal. Colección de Educación Popular de Cuba. Centro Memorial Martín Luther King. La Habana: Editorial Caminos.


Nota: Este artículo es parte de la investigación que realiza la autora en su tesis en opción al Título de Licenciatura en Estudios Socioculturales.
 

 
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