Vuelven las Romerías, la gente, la lluvia, y el Encuentro Nacional de Danza en Paisajes Públicos en su catorce edición, que se realiza como parte de la gran vorágine que es las Romerías de Mayo.
Este año se unen tres de las más importantes y laboriosas compañías en el panorama danzario cubano. Me refiero a la Compañía Codanza, que sirve de anfitriona y celebra su veinticinco aniversario; el Ballet Contemporáneo de Camagüey, con más de quince años de quehacer; y la Compañía Médula, de Guantánamo, con apenas cuatro años de fundada pero ya con una línea y con una irreverencia que asombra. Es un lujo para los holguineros, no todos los días se puede ver tanto, y bueno.

Para aderezar este encuentro también participan los estudiantes de la escuela de danza de Holguín y un proyecto venido de Austria llamado Ritmo Tropical. Desmenucemos este nombre: Encuentro Nacional de Danza en Paisajes Públicos, para entender qué significa la magnitud de un Encuentro Nacional, y qué valor tiene la Danza en Paisajes Públicos.
Para que un movimiento danzario nacional se desarrolle es indispensable el encuentro e intercambio entre sus hacedores. En Cuba, lamentablemente, son pocos los espacios donde se pueda tener, al menos, una sumaria panorámica de los caminos actuales que van guiando a los bailarines, coreógrafos y personas que piensan la danza en general.

Podemos decir que en las últimas décadas uno de los mayores logros de la danza es haber salido de la arquitectura ambiental del escenario tradicional para irrumpir en parques, plazas, galerías, azoteas, almacenes abandonados…
La convulsión de la danza en espacios públicos tuvo lugar, sobre todo, a partir de las Vanguardias en el siglo XX, y con ellas el Performance se posiciona como ente mediante el cual se genera descontextualición de las distintas formas de arte. Coreógrafos como Trisha Brown, Pina Bausch, Sasha Waltz, la belga Anne Teresa de Keersmaeker, Wim Vandekeybus, son paradigmas en las iniciativas que entrelazan la danza y el espacio urbano.
Por Edgar Ariel