Por Vanessa Pernía Arias
La proyección de tres obras de ficción abrió la muestra de este apartado en el XIV Festival Internacional de Cine de Gibara: Autumn Equinox (Equinoccio de Otoño), de Luis Felipe Moncada, Mauro y Olivia, de Eduardo Elli, y Vivir y otras ficciones, del español Jo Sol.

Autumn Equinox (2017) se presenta como “homenaje” a un héroe desconocido, como tantos otros, llamado Petrov que, supuestamente, salva la humanidad durante la Guerra Fría al precipitarse un misil a la Tierra. Historia absurda y llena de símbolos que nos hace reflexionar sobre lo irracional, la guerra, los conflictos humanos… esta coproducción entre Colombia y Reino Unido hace prevalecer el “hombre” por encima del absurdo.
Por su parte el cortometraje argentino Mauro y Olivia (2016) sucede en la habitación de un hombre hipocondríaco, Mauro, quien además es médico, alejado de todo vínculo social y se reinventa un “mundo de cartón” con cajas de medicamento. Olivia es vecina de Mauro, vive en un tercer piso y es visitadora médica. Ella se interesa por Mauro y descubre que ambos están vinculados desde pequeños por una misma razón: siempre desearon sufrir algún tipo de accidente o enfermedad que llamara la atención de las personas a su alrededor.

Al parecer, ambos encuentran en cada uno la atención que pretendían acaparar desde pequeños. Mauro y Olivia forma parte de la extensa soledad y la mejor forma de esquivar esa realidad, en muchas ocasiones, es inventarse otro mundo, quizás uno de cartón, reinventarse la vida desde lo lastimoso, la falsedad, las máscaras…
Con las actuaciones de Pepe Rovira y Antonio Centeno, el cineasta español Jo Sol nos presenta en Vivir y otras ficciones (2016) dos personajes complejos dentro de un ámbito social–familiar singular. Pepe es un taxista que acaba de salir del psiquiátrico tras pagar una condena. Gracias a la solidaridad de Antonio, un activista con diversidad funcional, puede construir una vida frágil sobre la que empieza a proyectar nuevos retos.
Sin embargo, la necesidad de Pepe de encajar en un mundo al que no encuentra sentido se convierte en una tarea desesperada y siente que el horizonte de su ansiada “normalidad” es por tanto inalcanzable. Pero la relación con Antonio cambia su mirada sobre la vida, invitándole a reconocerse socialmente e inventar una locura mayor para vivir.

Estas tres obras en concurso no están ajenas a temas medulares que signan la existencia de las últimas generaciones y al mismo tiempo la cinematografía contemporánea: el aislamiento, los cambios sociales, las diferencias, los conflictos del hombre con la tecnología y consigo mismo, el absurdo, la subsistencia… Además, enfocan sus miradas a zonas arriesgadas (conceptual y estéticamente) y sobresalen por su fuerte impacto visual, su elevado poder de análisis y su apego a la utilización de signos y símbolos propios de la ficción.
En la presentación de los filmes sus realizadores enfatizaron en la importancia del Festival de Cine de Gibara, que articula y vuelca sus miradas a las distintas maneras de narrar el cine contemporáneo, sobre todo el realizado por jóvenes, pero además que reúna a grandes personalidades del cine y de todas las manifestaciones artísticas en general.