Por Katherine Pérez
Mira ¿Ves el mar azul cobalto, que trae olas y cantos y barcas y peces? Allá, detrás de las montañas, digo. De las neblinosas montañas que parecen el lomo de un caballo verde. ¿No lo ves aun?
Sí, hay gaviotas y calles torcidas, espigadas como olas de concreto y gente venida de todas partes, vestidos con los colores del verano. El rosa helado y el verde menta. El blanco nube y el gris tormenta. El rojo amapola y el naranja…el naranja Gibara.

Y al llegar a donde te cuento, verás, en un parque a media mañana, niños que ríen y aplauden, salpicados por las aguas de un teatro que cada vez da más alegría y belleza a las Tablas cubanas. Teatro de las Estaciones.

Los niños ven los pájaros, aves de costa y monte que los sobrevuelan y cantan y se pierden entre el cielo apacible de los pueblos del mar. Y vuelven trayendo sobre las alas hermosos secretos que dejan caer en las manos de los niños (con el cuidado del cerezo que pierde sus flores) y los niños los aprietan y los ponen en sus bolsillos para que nadie nunca los pueda robar. Como quien guarda entre el sueño y el recuerdo el trote de gamusa de un caballito enano.

Un aguacero de versos. Un aguacero de risas. Y el agua feliz que es la risa de los niños inunda las calles de Gibara, y canta contra las puertas y las ventanas. Un canto de agua. Un canto de vida. El canto de la belleza. El canto del Arte. Y los niños se van felices, con el teatro en el pecho y una alegría desconocida, que es la cosquillita de la poesía como plumitas de gorrión en la nariz.
Dice Federico García Lorca en su Pequeño vals vienés, que en Viena sueñan los niños con viejas luces de Hungría, y yo hoy vi a los niños de Gibara soñar con las luces de este pueblo suyo, con las electrizantes luces del sol sobre el océano.
Y uno, que cree en la luz del teatro como otro sol sobre los mares del mundo, aplaude y se ríe como si fuera acaso un niño más y hasta repite: Los aguinaldos en el invierno. Los aguinaldos en el invierno. ¿En el invierno? Y no es acaso este teatro también un aguinaldo, un aguinaldo de versos y vida puesto a los pies de los pinos del Verano…