Palabras a los intelectuales, base programática de la política cultural de la Revolución

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El 30 de junio de 1961, el Comandante en Jefe Fidel Castro, reunido con varios de los principales intelectuales cubanos en el ya mítico encuentro en la Biblioteca Nacional, compartió las Palabras a los intelectuales, que se han convertido en bases programáticas de la política cultural de la Revolución cubana en los últimos sesenta años. A un aniversario de la importante fecha, y como parte de las acciones de recordación que se han realizado en el país, Baibrama comprarte opiniones de reconocidos intelectuales sobre este documento que hoy continúa a la vanguardia de la relación entre los artistas y nuestras instituciones culturales, como ejemplo de la política cultural fidelista y martiana, antidogmática, abierta y plural.


Abel Prieto, fragmentos de Apuntes en torno a la guerra cultural (Ediciones La Luz, 2018).

No existe ninguna política cultural alternativa a la política martiana y fidelista que se inauguró en 1961 con Palabras a los intelectuales, y que ya tenía –antes de ese discurso programático– expresiones institucionales tan ejemplares como el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y la Casa de las Américas. En esa política abierta, plural, antidogmática, enemiga de todos los sectarismos, están las bases conceptuales y prácticas de la unidad del movimiento intelectual cubano.

Como mediadoras entre el creador y el receptor, las instituciones culturales desempeñan un papel insustituible en un proceso donde hay que desechar toda tentación autoritaria y vertical. Promotores y creadores, especialistas y críticos, en un debate franco, abierto y culto, intervienen en la imprescindible labor de selección y análisis que acompaña a la promoción y difusión de una obra determinada.

En este punto vale la pena detenerse y recordar aquella expresión de Fidel en Palabras a los intelectuales, acerca de que solo podemos renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios. Primero, las organizaciones e instituciones de la Revolución deben saber distinguir entre el neoanexionismo, de un lado, y, del otro, las dudas legítimas y la crítica nacida de un análisis comprometido y auténtico.

Alfredo Guevara, en “El peor enemigo de la Revolución es la ignorancia. Entrevista con Alfredo Guevara” (Leandro Estupiñán Zaldívar, Revolución y Cultura, 5-6, 2009).
Me quedé entonces tranquilo con aquel mensaje de Fidel. Él empezó a pensar cómo arbitrar entre todos. No eran solo dos grupos, eran muchos, y diferenciados incluso en las mismas organizaciones. Fidel comprendió muy bien que tenía que actuar y que tenía que unir porque se había dividido demasiado el ambiente. Después, al no hablarse de estas cosas, quedarse nada más el discurso de Fidel, y apenas esa sola frase de “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”, se ha limitado muchísimo la posibilidad de comprender toda la trama.

Yosvany Montano Garrido, en Debatir en Revolución. Otras formas de hacer, otros modos de ser (Ocean Sur, 2018).

En 1961 durante su conocidos reunión con intelectuales, Fidel prevenía los efectos negativos de maniatar la capacidad de raciocinio del revolucionario: “(…) cuando al hombre se le pretende truncar la capacidad de pensar y razonar lo convierten, de un ser humano, en un animal domesticado”. Una educación concebida meramente como adaptación, poco puede brindar como abono a un proyecto revolucionario como el nuestro. De ella dependerá su desarrollo integral y multifacético. De sus contribuciones madurarán los gérmenes del proyecto de conciencia que significó y debe seguir representando el socialismo cubano.