
Por Abel Castro sablón
Fotos por el autor
La pandemia de la Covid-19 paralizó a Cuba durante casi un año, período en el que prácticamente ninguna actividad cultural o recreativa se pudo realizar de manera presencial. Holguín no estuvo ajena a esta realidad y casi que se hacía tangible el deseo popular de volver a la vida normal pre pandemia.
Hace aproximadamente un año, conocí de un proyecto muy interesante que se realizaba en el Centro para el Desarrollo Sociocultural (CEDES), donde un grupo de personas de estratos sociales y etarios diferentes se encontraban para dar rienda suelta al bailador oculto que llevaban dentro.
Se trata del Curso de Bailes Populares, impartido por el profesor Raúl Rojas Mañé y adscrito al proyecto Laboratorio Sociocultural de CEDES, en el que se enseña y perfecciona una de las expresiones danzarías más populares de la Isla: el casino.
Es notable que desde esta semana, de lunes a jueves, de 5 a 7 pm, a muchos caminantes les atrape la curiosidad y el ritmo, y decidan asomarse a mirar cómo un conjunto de personas (en su mayoría jóvenes) aprenden, se divierten y de paso mantienen viva una de las manifestaciones culturales de Cuba más reconocidas a nivel mundial.
Bajo la tutela del excelente instructor Raúl Rojas Mañé, muchos que llegan creyendo tener “dos pies izquierdos”, aprenden a mover sus pies y cuerpos al ritmo constante del 1, 2 y 3, tanto individualmente, como en parejas o ruedas de casino. Varios integrantes repiten de cursos anteriores y, más que un grupo, se ha conformado una familia, en la que todos se ayudan y apoyan.

Sin dudas, ha sido una excelente iniciativa de CEDES, aprovechando la oportunidad que ha brindado la nueva política de MIPYMES (Micros, pequeñas y medianas empresas), actualmente llevada a cabo en el país. Con un precio asequible, no existe un límite de edad para inscribirse en el curso, que pretende relanzarse periódicamente, debido a la enorme popularidad que ha adquirido.
El baile es una excelente manera de recreación sana y una forma de mantener y mejorar la salud, pues es un ejercicio completo, a la vez que divertido. Estos jóvenes y otros no tan jóvenes, casi sin quererlo, ofrecen una ingente bocanada de aire a una expresión danzaria surgida en el Casino Deportivo de La Habana, allá por los años 50 del pasado siglo y que, ya más que cubana, es universal.