
Catorce ediciones atrás, las calles gibareñas eran testigo del andar de aquel señor. El rostro resultaba familiar y los pobladores del lugar le conocían de vista, pero les resultaba extraño no verlo detrás de una cámara dirigiendo actores o pendiente del más mínimo detalle del rodaje. Humberto, se había convertido en un gibareño más y este pueblo pesquero le había abierto las puertas de su corazón.
Ese espíritu se respira en la exposición ‟Humberto Solás un deseo, un camino, inaugurada por Sergio Benvenuto, sobrino del afamado director de cine cubano y parte del Comité Organizador del Festival Internacional de Cine de Gibara. Durante la apertura, Benvenuto aprovechó para una vez más agradecer a Jorge Perugorría, actual presidente del evento, “por devolver este Festival a su grandeza”.

La inauguración de esta exposición fue la primera actividad oficial del programa colateral del evento, que abre su décimo cuarta edición. El momento fue preciso para que familia y amigos de Solás compartieran sus experiencias de vida con el realizador a manera de homenaje al cineasta que cumplirá diez años de su partida física.
Solás camina por estas imágenes, collages e instantes de su creación que son recreados en la entrada del Cine Jibá, donde se respira el legado, la memoria y la visión de futuro de Humberto. Algunas de estas obras ya estuvieron expuestas en Holguín, y junto a las nuevas formarán parte de la exposición “Imágenes de vida.
Gibara enamoró a Humberto, y él se quedó para siempre en este pueblo. La experimentación lo trajo a esta región alejada de La Habana y la idea de transformarlo en capital del cine de autor, apartado de las grandes productoras, movió su vida hasta su último aliento.
Así lo reseña Alicia García, curadora de la exposición cuando planteó en la apertura:“Con su inmensa carga de ilusiones y desilusiones, inquietudes, dudas y esperanzas continuó «volando» en avanzada para ser el primero en el ICAIC que filmaba en formato digital un guión de su hermana. Miel para Oshún, Barrio Cuba y el Festival del Cine Pobre le llevaron por los caminos de “gente de pueblo”, cierre terrenal de su vida que Elia bautizó como “trilogía para un epílogo”.
Solás fue un agudo crítico de los procesos sociales, políticos y culturales, desde su arte fue capaz de cuestionar lo preestablecido, innovar y experimentar, lo que hizo que se convirtiera en uno de los directores de cine más importantes de Cuba.
Solás se caracterizó por su sencillez y su amplia creatividad. Incomprendido por algunos, amado por muchos, devolvió la vida a Gibara, un pequeño pueblo a más de setecientos kilómetros del bullicio de la capital, que hoy se convierte en ese desván de su casa donde según decía su hermana Elia: “…no irrumpían los ruidos y aconteceres de la cotidianeidad para de esta manera echar a volar sus sueños, sus deseos”.
Una vez más el otrora Festival del Cine Pobre ve caminar por las calles gibareñas, el alma y el pensamiento de este grande, Gibara no está sola. Solás siempre estará en Gibara.
Por: Juan Pablo Torralbas