Por Claudia Hernández Maden
Un SOS patrimonial repercutió desde la Villa Blanca durante la concurrencia de especialistas del Instituto Cubano e Industrias Cinematográficas (Icaic) y el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural en el panel SOS Patrimonio, Resiliencia e integridad, este 3 de julio.

Una esclarecedora disertación sobre nuevas maneras de emprender y comprender el patrimonio, visto desde la integridad y esa capacidad de adaptación humana que llamamos resiliencia. ¿Qué se entiende por patrimonio en Cuba? ¿Cómo declarar nuevos y sustanciosos bienes inmuebles o no? ¿Cuáles son las fortalezas e iniciativas que pueden visibilizar a una villa patrimonialmente privilegiada como Gibara?
Desde lo arquitectónico hasta lo culinario, pasando por las riquezas naturales, la ciudad costera alberga un sinnúmero de posibilidades inexploradas que la colocan en el centro de un debate donde los especialistas disertan/propone/justiprecian y los decisores omiten/relegan/desconocen mucho de lo que, particularmente, la convierten no solo en Destino Turístico ya reconocible; también en una verdadera joya sustentable.
Una aproximación al status presente del patrimonio cultual cubano ofreció Gladys Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural donde se reconocen categorías y condiciones bien validadas por la Unesco, de las que Cuba es signataria con áreas, ciudades y bienes declarados patrimonio mundial, subacuático, diversidad cultural e inmaterial.
Rescatar nuestra memoria cultural constituye razón de ser para el otorgamiento, que no declara ni evento o proyectos gestados desde la institucionalidad, sino valida y reconoce los aportes culturales nacidos a través de la expresión identitaria, local, auténtica. “No es declarar por declarar, es un compromiso adquirido, deviene una acción conservacional que debe trascender en el tiempo y no desaparecer junto con las personas, un legado que contará con futuros continuadores,” acota Collazo.
En términos cinematográficos, Cuba llegó tardía al reconocimiento de sus efectivos. Desde 1991 se atesora en el Icaic un largo un extenso y nutrido inventario que nos recuerda cuánto trabajo debe acometerse para salvaguarda del caudal histórico audiovisual, entre ellos, carteles de filmes, fotos fija, rollos, planos arquitectónicos de cines, bandas sonoras, videotecas, fototecas, etc.
Todo ello anuncia una dicotomía real: “¿Por dónde empezar? O hacemos películas, que llevan recursos, o nos dedicamos a invertir en su cuidado. Ni especialistas ni realizadores deben perder de vista esta problemática porque las producción de época también necesita tales acervos como escenografías, vestuarios, muebles y objetos de estilo que se conservan.”
Sobre la especialización en los procesos restaurativos y la imbricación integral con el turismo para mantener una identidad única, sin falsear ni replicar bienes como la Bodeguita del Medio, también se disertó.
Tal realidad implica una “vuelta de timón.” Se trata de desmitificar el patrimonio, según Orlando Inclán, representante de la Oficina del Historiador. Reconoce Inclán, “patrimonio es memoria, de lo que somos y lo que hemos hechos a lo largo de la existencia; si la falseamos se pierde la autenticidad y, con ella, el valor patrimonial.”

Valorizar el potencial económico que supone el Patrimonio Cultural, otrora visto como un lastre improductivo, estático. Varias experiencias ilustran el fenómeno en La Habana, por solo citar, el proyecto Rutas y Andares liderados desde la Oficina del Historiador que, a lo largo de una década, ha generado el encuentro entre los capitalinos y su ciudad, con una amplia convocatoria y repercusión.
Lo propio ha suscitado desde el barrio San Isidro la plataforma cultural gestada por el actor Jorge Perugorría, cuyo impulso moviliza a artistas y creadores en la intervención artística y rescate de la memoria intangible/tangible de dicha comunidad. ¿Resultado? Una feliz concomitancia entre lo gubernamental, lo privado y la ciudadanía, revertida en responsabilidad ciudadana, juiciosa y consensuada.
En una versión gibareña de las Rutas y Andares se anunció la invitación a redescubrir la Casa de Cultura de la comunidad de Velazco, joya y obra del arquitecto cubano Walter Betancourt, ubicada a unos 20 km de Gibara. Al conversatorio trascendió — la degustación, por medio, de uno de los platos del acervo culinario gibareño― una lúcida conclusión: el Festival puede generar patrimonio. “Cada Festival debería proponerse una intervención por la ciudad, generar acciones concretas.”
Cierra las sesiones y las interrogantes ¿Deudas? Salvar identidad y memoria, mejorar los apoyos institucionales. Se produjo, entonces, una actualización de los últimos avances del Icaic en materia de procesos restaurativos; una revisitación al acervo cubano en la televisión a cargo de la realizadora audiovisual Mercedes Abriles.
Queda extasiarnos ante esta ciudad patrimonial. Admirarla con otros ojos “arquitectónicos” o “históricos”, lo mismo da. Descubrirla a pie cual un visitante más; desde el mar como el Gran Almirante; al interior de sus bellas construcciones o en ascenso a su punto más alto para encontrar “esos múltiples cierres de perspectiva tan difíciles” que, al decir del arquitecto gibareño Adalberto Mora, solo se hallan en la ciudad que se insinúa al mar.
La Villa que se sostiene, como le confesara Elia Solás, “más con amor que con dinero” seguirá encantando otros ojos enamorados de su belleza, su gente y un Festival que ya siente suyo.