Por Julio César
Las calles de Gibara en estos días de festival devienen en una gran galería de arte. Muchos muros se convierten en espejo donde la gente observa un reflejo que no es el suyo, pero que mucho se le parece. Varias son las escenas pero la esencia es una, el ambiente: en simbiosis con la brisa del mar se respira algo más que identifica a estas jornadas.
Un cuarto de siglo tuvo que transcurrir para que Casey Stoll y Laurie Schang palparan el sueño de Humberto Solás, pues fue para 1991 cuando se conocieron, y una década más tarde cuando escucharon sobre su idea del festival de cine pobre.
Entre los tantos méritos que se le atribuyen a Jorge Perugorría, actual presidente del evento, está el de invitar al Festival a estos dos artistas del lente empeñados en captar la esencia de la cotidianidad cubana, esa misma que encuentra culminación en la Villa Blanca.

“Gibara: un pueblo de película”-también título del libro que le da origen-, es la muestra que se integra a las paredes de la ciudad para deleitar al transeúnte con instantáneas que recogen momentos de la edición de 2017 del FIC.Casey, otro atrapado por el encanto de la villa,se enfrascó sin descanso en su trabajo durante una semana para captar el resurgir del prominente evento.
De esta forma registra en instantáneas el ambiente de la ciudad en esos días,“con una carga emocional tan fuerte que capturó el espíritu de interacción profunda entre la comunidad, los artistas y el Festival, un proceso de especial intimidad que se construyó en la villa a lo largo de una década y media de cortejo mutuo”, expresó Sergio Benvenuto Solás, uno de los pilares organizativos del Festival.
Y es que precisamente en la belleza de una imagen se resumen 15 años de una obra iniciada por Solás y que hoy continúa fidedignamente Perugorría, quien catalogó a Casey como uno de los fotógrafos más importantes de la generación del prestigioso actor cubano:“pues ha captado su realidad de la forma más auténtica”, resaltó“Pichi”.
El camino hacia la felicidad es a través del horizonte
Esa ruta que todos perseguimos pero que pocos saben cómo empezar es la que intenta mostrarnos Gabriel Guerra Bianchini a través de su expo “Es la esperanza”. Inaugurada, al igual que la anterior, durante la tarde de este 3 de julio, la muestra recurre en la misma medida a los espacios públicos como gran galería. Las fotografías abordan al transeúnte que no puede escapar de sus grandes dimensiones, para incluso a veces detenerse y así comprender en detalle la magnitud de lo que le rodea.
Esta vez el autor busca “llenar de nubes” las calles de Gibara y así posibilitar un trance hacia la utopía, un somnífero que nos impulse a buscar esa ruta hacia el más grande anhelo de la humanidad: ser feliz.
En ese periplo hasta el horizonte no puede faltar la esperanza, e incluso soñando desde las nubes, cuando se busca la felicidad debe recordarse que lo hacemos desde estas calles, con los pies sobre el asfalto.
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