Por Juan Pablo Torralbas
La sala Luis Buñuel fue testigo. Lucía acaparaba la atención de todos. Tres mujeres trascendían en la historia del cine cubano. Sergio y Memorias correrían la misma suerte, aun cuando su propuesta era más reflexiva.

Conversar sobre las dos obras cimeras del cine cubano siempre es un reto, y aunque sea difícil abordarlas en su magnitud es bueno volver cuadro a cuadro a cada uno de los momentos que matizaron filmes como Lucía y Memorias del subdesarrollo. Las obras de Humberto Solás y Tomás Gutiérrez Alea (Titón) fueron rememoradas en el panel de «De Cannes Classics a Gibara» que tuvo lugar en la Casa de Cultura de esta localidad.
La restauración de esas películas estuvieron a cargo de la Film Fundation y la Cinemateca de Boloña, quienes vieron la necesidad de preservar el valor transcendental de estos materiales. Con una inversión de alrededor de un cuarto de millón de dólares, el público tiene ahora a su disposición una versión de las obras donde se sacan a la luz matices nuevos sobre todo en los campos de la iluminación y el sonido.
Ambas películas que fueron filmadas en 1968 marcan un hito en la historia del cine contemporáneo cubano, en ellas sobresale el espíritu innovador en cada una de la especialidades del séptimo arte. El uso de la banda sonora, la cámara en mano, y las secuencias bélicas, se convirtieron en referencia para el cine latinoamericano.

El panel que devino en diálogo fue moderado por Sergio Benvenuto, y contó con la participación de las actrices Eslinda Núñez y Mirtha Ibarra, el crítico de cine Antonio González, Alicia García y Rafael Grillo, quienes recordaron momentos detrás de la filmación de estas obras que cumplen medio siglo de vida.
«Estas películas han sido etiquetadas y no son obras que se puedan etiquetar, hay que dejarlas volar para siempre», concluyó Benvenuto. Dos filmes que han entrado a la historia universal del cine se presentan en esta edición del Festival de Cine Internacional para gratitud del público presente que hoy las redescubre.