Para sostener este sueño han sido imprescindible el ímpetu de tres personas: Maricel Godoy, Vladimir Malakhov y Paul Seaquist. Ellos fueron los gestores de la aventura, que ha recorrido cinco años y se ha enriquecido con este tiempo. Aquella hermosa casualidad que nació en el Gran Teatro de La Habana es hoy una realidad. La ciudad, cada año, palpa el movimiento, siente el ritmo, el sudor y el calor de bailarines de todas partes. Telón y pupila alerta. Holguín es danza.
Viajamos al futuro. Proyectamos al Concurso de Danza del Atlántico Norte Codanza y Grand Prix Vladimir Malakhov en próximas ediciones. Sépase que el año que viene no tendremos festival. Pero habrá danza, aclara Godoy, directora de la compañía anfitriona Codanza. Este templo no se puede destruir.
“Lo más difícil en todo este tiempo ha sido tomar fuerza, el camino que hemos recorrido. Lo hemos hecho a golpe de mucho esfuerzo y sacrificio, con nuestros medios y recursos. No ha sido fácil que La Habana reconozca a este certamen como uno de los más importantes de Cuba, pero hoy, felizmente, tenemos los mejores críticos y especialistas apoyando el festival”, cuenta Maricel.
Se han afrontado obstáculos, pero han sido más los placeres y los buenos encuentros. Dice Malakhov: “Siempre hay problemas, pero hemos podido encontrar una ventana para solucionarlos. El objetivo es dar la mano a los bailarines cubanos que necesitan nuestro soporte”. Y lo han hecho, desmedidamente.

Para Paul, manager de Vladimir y empresario internacional de ballet, ha sido muy complejo venir a un país completamente diferente como es Cuba, instaurar una instancia como la que tienen, sin conocer verdaderamente la idiosincrasia de la Isla: “Pero como en el proyecto que estamos haciendo entregamos y donamos un poco de nuestra experiencia, de muchas maneras se han abierto bastante puertas. Dificultades como las hay en todas partes, pero no mayores. Si hubieran sido tan grandes, no estaríamos donde estamos”.
El Grand Prix se despide y no vuelve hasta el 2020. Fue una decisión de los organizadores que creemos acertada. “Consideramos que esta es una fecha para comenzar hacer pequeños cambios en nuestro desarrollo futuro. Vamos hacer el concurso año por medio. Es muy importante no apurar procesos creativos, tienen que tener su tiempo de maduración y desarrollo”, refleja Seaquist.
Maricel, en ese sentido, afirma: “Lo acordamos así para no quemar la marca Malakhov y también para dar más plazo para que los jóvenes creen su coreografías, que sean más sólidas, tengan que estudiar más y traigan mejores propuestas”. Tradicionalmente los grandes festivales tienen ese respiro, ello posibilitará más organización dentro de los diferentes espacios, más calidad en los concursantes.
“Es muy importante que te extrañen y yo quiero que Holguín extrañe a Vladimir Malakhov. Pregunte: ´¿dónde está este hombre?, ¿a dónde se fue?´, y que sepan que al año siguiente estará nuevamente en Cuba”, añade Paul.
Pero en 2019 no hay vacíos. Para el 27 aniversario de Codanza tendremos una temporada, revela Godoy. “Los estudiantes de periodismo tendrán sus talleres sobre crítica danzaria, los de la Facultad de Medios Audiovisuales del Isa van tener su espacio video-danza y el público disfrutará de esos 3 o 4 días que nos reunamos para celebrar, donde involucremos coreografías de jóvenes”.
Al concurso llegan bailarines y coreógrafos de distintas partes del país y del mundo. “Crear un lugar en el cual nos podamos reunir para construir arte y desarrollar nuevos proyectos es hermoso. Y que ese lugar sea en Oriente, es mejor para nosotros”, apunta Vladimir.
Desde el comienzo, ha sido un propósito darle visibildad a los bailarines y artistas de Oriente. “Por algún motivo todo lo que se hace un Cuba termina sucediendo en La Habana, lo que me parece válido porque es la capital, pero creo que olvidarse del talento que existe en otras partes del país es un poco egoísta. Es importante descentralizar la cultura. Estamos dándole luz a estos artistas, el talento sobra, pero a veces necesita un poquito de guía”, sostiene Seaquist.
Para Malakhov ha sido importante sorprenderse y todos los años lo hace: “A veces cuando estamos en un ensayo o en una preselección vemos un bailarín de una manera, después se sube al escenario y con las luces, con la escenografía, se ve diferente. Eso es lo que me motiva de cada pieza, de cada bailarín”.
A lo que se suma el criterio de Paul en esa búsqueda constante de encontrar artistas con ganas de querer desarrollarse, querer crecer:“Tener las motivaciones para dar ese paso extra es lo importante. Hay que sacar lo oculto del bailarín, ese secreto, que va hacer llegue un poquito más arriba”.
El hecho de gestionar un festival de este tipo, con carácter internacional, le da visibilidad a Holguín. La ciudad puede convertirse en capital de la danza, eso lo tienen claro sus gestores, pero hace falta compromiso, apoyo. Vamos por un buen camino.
“Cuando yo lo digo es porque lo creo, y si lo creo, es porque lo vi. Primero por el público que tiene Holguín, que ama las artes. Tenemos mucho material humano para la danza. Aquí se tiene que respirar danza y tiene que existir un cuerpo de críticos de la disciplina, traer propuestas durante todo el año. Y eso es muy fácil. Solo está en crear el espacio para hacerlo, en recibir el apoyo estatal para que se logre”, asegura Godoy.
Finalmente, Paul Seaquist refleja: “Es importante soñar, pero los sueños deben sostenerse en el talento y la gestión”. Telón cerrado. La sala quiere sentir otra vez pies descalzos, en zapatillas, pies libres, los pies de un bailarín entregado.
Por Jorge Suñol Robles