DETRÁS DE UN NOMBRE, LA HISTORIA

Publicado el Categorías Holguín, Instituciones, Libro y Literatura, Literatura, Noticias

Por Jorge Suñol Robles

Esta vez no contaremos la historia que escribe y deja en los libros, la de héroes y ciudades, la de estatuas y hechos, la de cronologías empolvadas, pero aún intactas. Para eso diríjase a sus textos de máxima certeza, que bajan del pedestal y acaban con el mito, que han hecho de este cuento, que es Cuba, un camino contradictorio y a la vez apasionante, pudiera decirse, también, excitante.

Foto: Carlos Rafael

José Miguel Abreu Cardet se merece, de sobra, que le cuenten (o cuente desde su voz) su historia. No porque haya obtenido otro premio, no porque ahora muchos lo llamen para entrevistarlo, sino por lo que ha aportado en el campo de la historiografía cubana y latinoamericana. Hay que escucharlo, comprenderlo y distinguirlo como un hombre entregado.

Precisamente a él,  Premio Nacional de Historia 2018,  se dedica la edición XXVIII de la Feria del Libro en Holguín. Este investigador se presentará en varios espacios de la cita literaria, para impartir conferencias y formar parte de paneles sobre estudios de Guerras de Independencia. Como homenaje, La Luz se acerca a su labor como acucioso investigador.

En su biblioteca personal, Cardet guarda memorias, títulos, viejos espejuelos, retratos de Céspedes y Martí, atentos y cómplices de todo lo que piensa y dice. Allí, donde se palpan los años y las anécdotas, un Holguín infinito, recordamos y viajamos en el tiempo, trazamos sus caminos.  Mientras, su compañera de vida y de labor investigativa, Elia Sintes, nos escucha desde la cocina. Abreu dice que no fuera nadie sin ella. Imagino el rostro de Elia, lleno de orgullo. Me queda claro: esta también es su historia.

Recuerda,  cuando en el año ´58, se trasladó a la finca de su abuela. Ella le contó de algunos de sus famliares que estuvieron y se batieron en la guerra. Y eso lo ayudó a sentir y escribir su obra de una manera más cercana a los lectores. “Conocí a los mambises cotidianos, no los mambises que después se han idealizado y se han convertido en estatuas. La historia me llegó muy humanizada. Y bueno, los rebeldes estaban combatiendo en ese momento,  yo los vi de chiquito.

“Aunque yo he escrito cosas tradicionales, he tratado, sobre todo, de hacer cosas más humanas, en menor o en mayor medida. He estudiado lo que es parte del norte de Oriente, toda la zona de Holguín, Las Tunas y parte de Bayamo en las Guerras de  Independencia, así como la lucha contra Batista.

No me he enfrascado en contar la historia, porque me he hecho preguntas como por qué van a la guerra la gente.  Estar en contacto con numerosos intelectuales me ha aportado mucho”, confiesa sobre la idea de compartir con otros investigadores.

Le pregunto, entonces, sobre lo más difícil  como historiador y  me responde, sin dudar: “Las fuentes. Es complejo desde Holguín investigar porque hay que ir La Habana y a otros lugares. Eso es un problema serio que tenemos los investigadores. He tenido  otro choque y radica en los conceptos, por la formación que he tenido como historiador. A veces te encuentras una información un poco de lo heroico, de los grandes combates, y tienes que tratar de adaptarse a esa metodología, y en ese sentido, hacerte otras preguntas”.

Un historiador, dice este intelectual, tiene que trabajar mucho: “No perder tiempo, darte cuenta que la vida es limitada, en todos los sentidos, y tratar de tener una información sòlida. Hay que buscar muchas visiones, por ejemplo, qué piensan los poetas sobre la historia. Hay que indagar en otras ciencias, como la sociología. Darte cuenta que los seres humanos idealizados, heroicos, no existen; esas son creaciones poéticas y literarias”.

Cardet ha alcanzado disímiles reconocimientos y distinciones, algunos cuelgan en la pared de aquel cuarto-estudio, otros los porta en la sala de su casa con orgullo, pero es un hombre que habla con modestia y compromiso, se nota. “Hay muchos prejuicios con los premios, pero tienen algo importante: te obligan a terminar un texto. Eso sí, no debes trabajar nunca para un título, porque de lo contrario, nunca harás una obra. Es muy difícil publicar, y sobre todo, para la gente que no tiene nombre, ganarlo te puede ayudar a eso”.

Antes de despedirnos, y tomarnos el té y el café que Elia nos prepara, le pido que me valore el papel de los historiades cubanos. Convencido, afirma:  “En general la historiografía cubana, independientemente de todos los errores que se puedan haber cometido, los dogmatismos que han existido, los visiones cerradas, creo que va por buenos caminos.

“La gente está investigando de temas diversos, prácticamnete en cada localidad hay un historiador, algunos aficionados, otros son profesionales. Los que han aprovechado el tiempo y les gusta el oficio, tienen posiblidades asombrosas”.

Entonces, off the record, nos ponemos hablar de la vida, de Cuba y su estabilidad, de los jóvenes, de la emigración, hasta de la mala suerte que tuvo el mismísimo Calixto García y sus sufrimientos. Y grabo, en la mente, el ruido intenso de los carros que pasan y avisan un mediodía agitado,  varias fotos de familia, grabo, sobre todo, la pasión desmedida que ha invadido su rostro.