Una mirada poco ingenua

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Por Abelardo Leyva Cordero

Cuando hojeé la primera vez el libro de ensayo La mirada del ingenuo. Celestino antes del alba, de Yailén Campaña Cisneros, publicado en 2017 por Ediciones La Luz, sello de la AHS en Holguín, y al vuelo alcancé a leer algunos párrafos aislados, sin relación entre sí, me parecieron atractivos por dos razones: una la calidad de la prosa; sin contar con palabra rebuscadas, si mostraba un vocabulario rico; y la otra fue la profundidad de los análisis; la más importante atendiendo el tipo de obra. Entonces no faltó nada para decidir, sabiamente, leérmelo de principio a fin.

Comenzando por el prólogo para respetar el orden de contenido de la obra, nos hallamos con uno del investigador y ensayista cubano Luis Álvarez, Premio Nacional de Literatura. No podía aparecer mejor pórtico para esta propuesta. Si consideramos que el prólogo debe hablarnos del libro que presenta, como es de suponer, sirviendo de guía al lector –para esto deberá destacar valores del libro y ofrecer datos biográficos, históricos o teóricos, si fuesen necesarios, podemos estar seguros que Luis cumple con tal empresa.

Es capaz, como acucioso lector, de elegir momentos elevados de la obra para destacar la calidad del trabajo de la ensayista. Entre otras observaciones nos dice de Yailén: “La ensayista nos revela que la angustia mayor de Celestino antes del alba se proyecta hacia la angustiada percepción de qué significa ser cubano…” “El otro componente que Yailén Campaña ilumina con gran fuerza es la función de lo fantástico en Celestino antes del alba…” Cita, para demostrar estas afirmaciones y otras, porciones muy puntuales de la obra.

Foto cubierta cortesía de Ediciones La Luz

Se agradece un prólogo que avanza coherente, claro, dando siempre señales de la esencia del libro precedido, preparando de manera sabia el camino y despertando el interés del lector ante la lectura que le aguarda.

«Entre el espanto y la ternura, Celestino canta», se titula el primer capítulo donde se recoge una breve síntesis histórica de la cultura en la revolución cubana en la primera década de su existencia. El nuevo orden social no solo influye, sino que exige una participación activa de los escritores cubanos, los cuales debían testificar a través de sus obras todos los cambios sociales en la nueva política del país. Trayendo con esto una inevitable división en el mundo de las letras: por una parte transitaba la literatura puramente testimonial; mientras que por la otra una estética con carácter experimental, de mayor énfasis en lo subjetivo, que da mayor importancia a la forma y manera de expresar el mensaje. Oportunamente se cita al intelectual Rogelio Rodríguez Coronel cuando dice: “La historia de la literatura cubana de los últimos treinta años se ha caracterizado por ser una historia de las exclusiones y, por supuesto, las instancias ideológicas y políticas han sido protagonistas en ello. Así, se ha promovido una bifurcación que remite a la existencia de dos literaturas cubanas en pugna: una dentro del país y otra en el extranjero, una comprometida con la Revolución y otra en contra del proyecto revolucionario. En esta historia de las exclusiones hemos participado todos”. Y seguido la autora añade: “Uno de los autores que ha quedado oculto tras ese velo de silencio es el escritor Reinaldo Arenas (Holguín, 1943-Nueva York, 1990)”.

La ensayista incita a una investigación de la obra de Reinaldo por no existir todavía, y hace énfasis en la necesidad de formular estudios narratológicos sobre ella, como el presente, por el vacío existente en la cultura de la Isla, no siendo así en el ámbito internacional donde el holguinero es ampliamente reconocido.

Llegamos al segundo capítulo que lleva por nombre: “Reinaldo Arenas: el escritor”. Podemos asegurar que este apartado es el más estremecedor de todo el libro, por tratarse propiamente de la convulsa vida del escritor. A continuación elaboro un resumen con mis palabras:

Reinaldo Arenas nace en 1943, y vive sus primeros doce años entre Los Lirios y Perronales, ambas zonas de campo, donde se vive por esos años una honda pobreza. En este tiempo ya comienza a sufrir una temprana inclinación homosexual que debió reprimirse por la circunstancia adversa a cualquier actitud no convencional como la suya.

Conocer de forma escueta y honda la vida personal del escritor, se vuelve una aventura emocionante y dolorosa. Yailén inquiere en la lacerante relación que sufrió Reinaldo con el mundo cultural cubano de la década del sesenta, con el cual nunca consiguió entenderse, así como también con el gobierno que en aquellos años no mostraba ninguna tolerancia con los homosexuales. Nos dice: “En los años sesenta se adoptaron recias medidas contra los homosexuales porque no se creía que pudieran reunir las condiciones de un verdadero revolucionario”.

El siguiente capítulo se titula: “Celestino antes del alba: más que un argumento”.

Aquí se menciona el argumento de la historia con sus temas a desarrollar, citando algunos componentes formales, y técnicas propias de la narrativa que usa el autor, siempre con el ánimo de no profundizar ningún tópico sino mencionarlos a manera de presentación.

Al inicio hallamos un análisis e interpretación del título de la obra que sí debemos destacar por parecernos una composición lírica. Su criterio sobre los dos sustantivos Celestino y alba contiene una alta dosis de imaginación y sensibilidad. Luego pasa a caracterizar la psicología del personaje niño, narrador de la historia, haciendo uso de conocimiento en el campo y buena disertación de recursos formales propios de la novela que interactúan con el niño.

Igualmente brinda un bosquejo de la historia que se cuenta, el lugar donde se desarrolla, cita ejemplos de algunos acontecimientos que describen a los personajes principales y sobre todo al niño protagónico.

El cuarto capítulo con nombre “La técnica de narrativa de Celestino antes del alba”, brinda la presentación quizá, a mi juicio, mejor fundamentada y rica en contenido de toda la obra.

La ensayista ahora hace un estudio profundo e histórico de la voz narrativa o el narrador de la historia en la novela. Cita la escuela y tradición rusa; francesa e inglesa fundamentalmente. Establece una comparación entre dos conceptos: uno que dicta que el narrador debe ser un auténtico diseñador del material narrativo, construyendo formalmente el relato, influyen en ello su punto de vista; y otro que habla de la concepción del narrador como un discreto observador de los hechos, y una actitud neutra ante los acontecimientos. Menciona a su vez nombres importantes de la literatura y el pensamiento universales como son: Roland Barthes, Gérard Genette, Boris Upenski y el boliviano Renato Prada Oropeza. Todos disertan sobre el tema del narrador y su importancia en el relato. Yailén, sutilmente, va dirigiendo el bosquejo al caso que la ocupa hasta decirnos: “La novela de la voz interior nos sitúa ante la incertidumbre de un narrador consciente del carácter hipotético de sus representaciones y de la parcialidad de su visión (…). Su apariencia autobiográfica actúa persuasivamente sobre el lector como garantía de la veracidad del relato. (…) la narración en primera persona se ha instituido en la novela contemporánea como un recurso fuerte para “naturalizar” el procedimiento narrativo y conseguir un alto efecto de credibilidad. Esta es precisamente la persona escogida como emisor por Reinaldo Arenas en Celestino antes del alba…”.

Yailén Campaña trae un fenómeno universal a nuestro contexto nacional cuando cita un artículo del escritor Francisco López Sacha donde este reflexiona sobre el personaje del niño o adolescente llamándolo reflexivo, y da cuenta de sus características a la hora de narrar. Cita también a Arturo Arango, igualmente destacado escritor, quien valora este personaje como deficiente para lograr una narración ordenada según un ordenamiento lógico del argumento, y que tuvo que esperar, confiesa, un libro de Senel Paz, El niño aquel, de 1979; para contar con una obra totalmente ejemplar en su realización. Con esta segunda posición Yailén difiere, y presenta defensa en favor del estilo literario de Arenas, e incluso cita otras obras de Cabrera Infante que confirman la calidad estética y renovadora de este tipo de narrador personaje, todas anteriores a la de Senel. Más adelante contempla unas palabras de E. Dujardin que validan concisamente la obra de Arenas y su personaje principal:“…evocar el flujo ininterrumpido de pensamientos que atraviesan el alma del personaje a medida que surgen y en el orden que surgen, sin explicar el encadenamiento lógico; por medio de frases reducidas al mínimo de relaciones sintácticas, de forma que da la impresión de reproducir los pensamientos tal como llegan a la mente”.

El lector que se estudie este capítulo podrá hallar un tesoro de conocimientos de orden narratológicos que seguramente le serán de provecho.

El siguiente capítulo se encarga de la exposición de los personajes principales que, por cuestión de espacio, prefiero no abordar como los anteriores. Y ocuparnos finalmente del penúltimo apartado que se titula “Estilística del texto”; que sin ser el más abarcador, ni contar con el mayor cúmulo de teoría e información, me parece el de mejor factura y acabado.

En esta porción del libro, una vez más Yailén demuestra el dominio de la materia que desarrolla con pleno acierto, y algo que agradezco mucho, el pleno conocimiento que guarda de la novela, de la cual extrae ejemplos puntuales que ayudan a confirmar la veracidad de sus nuevos conceptos. Diserta la ensayista: “El narrador como personaje principal deforma la realidad, a partir de un hecho ocurrido recrea una situación irreal que mantiene puntos en común con el anterior. Este mecanismo logra hiperbolizar la realidad, dotándola de un sentido esperpéntico y macabro”. Luego cita el fragmento donde el niño juega a matar una lagartija: “Al fin doy con una. Le descargo el palo, la trozo en dos. Pero se queda viva, y una mitad sale corriendo y la otra empieza a dar brincos delante de mí, como diciéndome: no creas, verraco, que a mí se me mata tan fácil”.

Yailén venció este gran desafío de estudiar y valorar a fondo la novela de Reinaldo Arenas con el propósito justo de resaltar sus valores; motivar a otros al estudio de la obra total de este ya clásico escritor cubano y universal; así como también de exponer su interpretación teórica del argumento y la forma no convencionales de Celestino antes del alba.

A estas alturas ya me he leído el libro más de una vez, y considero que se vuelve material de estudio y consulta para el conocimiento de la narratología, no solo relacionado a la novela de Reinaldo Arenas, sino también al cuerpo de la literatura universal.

Gracias a Yailén Campaña por su encomiable esfuerzo y rigor en la elaboración de este preciado libro: La mirada del ingenuo.Celestino antes del alba.