Conversación con un coleccionista de la historia

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Cuando tienes amigos o personas cercanas que en el campo profesional aseguran ser continuadores de la historia, no ves más allá de sus cualidades humanas por más que pienses en la trascendencia que puede tener su accionar cotidiano. Victor Aguilera Nonell ha sido un profesor-amigo cercano que, acompañado de sus cualidades personales, ha trascendido por el respeto que asume ante su profesión, ante un aula repleta de preguntas “periodísticas”, su cualidad irremediable de investigador y el compromiso con su terruño natal, su Patria chica, y con su país. Es un apasionado anticuario de la memoria fotográfica de Fidel Castro y además, dedica parte de su agitada agenda de historiador nato al estudio de los sangermanenses que participaron en la defensa de Cassinga, un pueblo minero del interior de Angola atacado por los sudafricanos en 1978, investigación con la cual obtuvo el premio Memoria Nuestra 2018 en las 25 Romerías de Mayo.

Victor Aguilera Nonell ha sido un profesor-amigo cercano que ha trascendido por el respeto que asume ante su profesión. Foto cortesía del entrevistado

De niño hay temas y asignaturas que nos apasionan más que otras, pero específicamente: ¿cuándo surge en ti el interés de estudiar la Historia y sus procesos?

Desde que comencé a estudiar la Historia de Cuba en 5to grado, con la profesora Elia Pupo Maceo, esta asignatura es la predilecta. La forma en que nos la enseñaba fue la clave para el apasionamiento por esta ciencia, aunque mi formación familiar también incidió. Mi bisabuelo Santiago Salazar fue fundador del Partido Revolucionario Cubano Auténtico y del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo, tuvo vínculos con Eduardo Chibás. Mis abuelos maternos también han estado vinculados a varios procesos de los cuales atesoran grandes recuerdos, y esos son temas de conversación constante en la casa. Desde muy pequeño me llevaban a visitar los museos, los sitios históricos y de conjunto con lo que aprendía en la escuela me fue apasionando la Historia. A lo largo de los años de estudio puedo decir que me enorgullezco de todos mis profesores de Historia, de todos aprendí mucho y fueron creando en mí el amor por la investigación y formándome como historiador.

¿Cuánto te aportó nacer y vivir en un pueblo de tradición azucarera y de luchas obreras en el período republicano como San Germán, en el municipio holguinero Urbano Noris?

La primera historia a conocer debe ser la de tu pueblo o ciudad, el terruño. Mucho me aportó vivir en San Germán, pueblo donde se respira Historia. Vivir al frente de uno de los centrales de mayor producción en Latinoamérica y del cual depende gran parte de la población del municipio, me permitió interesarme específicamente por su historia, ligada indisolublemente a la del territorio. El vínculo desde muy pequeño con las actividades políticas locales, me dio la posibilidad también de participar en la rememoración en 1998, del ataque al cuartel de la Guardia Rural y el Combate de Los Palacios, ambas en conmemoración del 40 aniversario de las acciones decisivas para el triunfo revolucionario.

A la hora de enfrentarse al aula, ¿cómo motivas a tus alumnos en la compresión de la Historia?

Enfrentar cada día el aula universitaria es un reto, y hay que hacerlo bien, demostrando profesionalidad. Las asignaturas vinculadas a la Historia necesitan mucha motivación, para que los estudiantes la interioricen y lleguen a amarla como los historiadores. En mi caso trato de enseñar la Historia de Cuba analizando los procesos menos estudiados en la enseñanzas precedentes, las contradicciones, las virtudes y los defectos de los protagonistas. Asimismo, me apoyo en documentos y testimonios de la época, audiovisuales si existen, mapas y cuantos medios tengamos al alcance. Considero que lo más importante es tratar de darle un enfoque a la asignatura que tribute a la especialidad de los alumnos. Uno de los grandes problemas que hoy tenemos, es que se imparte la Historia desde el punto de vista político, económico, y no se tienen en cuenta otros fenómenos sociales de igual importancia como la cultura, el deporte, la ciencia, la tecnología, las relaciones internacionales, el pensamiento… La clave, además, está en vincular la historia con el pasado y antepasado de cada persona.

Víctor es un apasionado anticuario de la memoria fotográfica de Fidel Castro. Foto cortesía del entrevistado

¿Por qué escoges la figura del Comandante Fidel para investigarla mediante la fotografía? ¿Qué foto encontrada te ha parecido novedosa, sorpresiva y por qué?

Tuve la posibilidad de ver a Fidel muy cerca por primera vez, el lunes 6 de mayo de 1996, cuando visitó el central de mi pueblo natal, y eso me impactó mucho. Desde pequeño siento gran admiración por Fidel, por sus cualidades como persona y estadista. Desde entonces comencé a recopilar todas las fotografías suyas, hasta hoy. De una forma rústica las guardaba en guías telefónicas, mayormente provenían de periódicos; les anotaba la fecha y la actividad a la que pertenecían. Con el paso de los años, el conocimiento adquirido en la carrera y las bondades que ofrece la informática, pude ampliar la colección y adquirir imágenes con mayor calidad, además, profundizar en detalles de cada una de las actividades donde estuvo presente, pudiendo utilizarlas también como fuente de información. Fidel puede ser, incluso, la persona más fotografiada en la historia, lo cual permite reconstruir parte de su vida. Cientos de fotógrafos tuvieron la posibilidad de inmortalizarlo, tomando instantáneas en las más disímiles posiciones, permitiéndonos realizar desde la actualidad la interpretación de las mismas.

Tu labor de coleccionista va mucho más allá de la recolección de fotografías del Comandante en Jefe. Entonces, ¿cómo precisar los elementos que llevaba Fidel en cada foto hasta encontrar el instante preciso en que fue tomada la instantánea?

No solo colecciono las fotografías, también como historiador, las estudio. Este análisis me permite confeccionar una metodología para identificar sus fechas y extraer informaciones valiosas que tal vez no han quedado escritas en documentos. Analizo las características físicas del Comandante: la forma de la barba, la posición de sus canas, la dentadura y los rasgos faciales; además observo el grado militar, el tipo de camisa o pantalón utilizado, pues aunque a lo largo de su vida predominó la vestimenta con uniforme militar, en varias ocasiones las características del uniforme cambiaron en cuanto a los cierres, tipo de bolsillos de la camisa y el pantalón, puños de las mangas de la camisa.

En el caso de estar vestido de traje, estudio los rasgos distintivos de las corbatas. Es necesario conocer las personalidades que más aparecían por etapas con Fidel en actos públicos y recorridos, los miembros de su seguridad personal, así como los medios de transporte, las características de los podios y los micrófonos por los cuales hablaba, las gigantografías colocadas en las plazas, entre otros muchos aspectos de valor identificativo. Las publicaciones periódicas nacionales y provinciales me permiten constatar la fecha exacta en que fueron tomadas muchas de ellas y en la mayoría de las ocasiones conocer los fotógrafos.

«La primera historia a conocer debe ser la de tu pueblo o ciudad, el terruño». Foto cortesía del entrevistado

Además de tu interés por las instantáneas de Fidel eres un acucioso investigador de la participación cubana en la guerra de Angola… ¿Por qué te apasiona ese tema?

Cuando realicé las prácticas preprofesionales correspondientes al segundo año de la carrera de Licenciatura en Historia, pude participar en un conversatorio en el Museo municipal de Urbano Noris, con la presencia de varios veteranos de la guerra de Angola. Sus anécdotas, los sentimientos expuestos por los protagonistas, y el análisis de una epopeya que incluyó a casi todas las familias cubanas, me motivaron a adentrarme en una parte de nuestra historia más reciente y casi desconocida. Hora y media de franco diálogo bastó para concientizarme de la necesidad de estudiar un tema relegado hasta el momento por la historiografía nacional por disímiles cuestiones. Desde ese día proyecté mi investigación hacia el estudio de la vida cotidiana de los combatientes cubanos en la guerra de Angola. He tenido la suerte de solicitarles entrevistas a más de cien combatientes internacionalistas de diversas graduaciones y especialidades militares y tengo un compromiso de lealtad científica con cada uno de ellos y sus familiares, quienes también me han hecho entender la otra parte de la historia.

Con una investigación dedicada a los sangermanenses que lucharon en Angola obtuviste el premio Memoria Nuestra 2018… ¿Qué significa este Premio para tu vida profesional?

Cuando me entregaron en La Periquera el Premio me tomó de sorpresa. Fui al evento con el deseo únicamente de rendirle tributo a los combatientes de la Primera Batería de la defensa antiaérea 14,5 mm del Grupo Táctico No 2 de Tchamutete, los que ese día conmemoraron el 40 aniversario del combate de Cassinga, acción armada que cambió el destino de la guerra. Aquel 4 de mayo de 1978, 56 sangermanenses enfrentaron con derroche de coraje a la Fuerza Aérea y al 32 Batallón Búffalo Sudafricano quienes atacaron un campamento SWAPO en el sur de Angola, dejando un saldo de 725 namibios muertos y un número indeterminado de heridos, mientras que por la parte cubana las bajas sumaron 16 caídos y 75 heridos. La obtención del Premio creo que es un reconocimiento a más de diez años de investigación y espero sea un fiel testimonio y rinda merecido tributo a sus protagonistas. Quiero agradecerles a los organizadores de este evento por haberme permitido participar sin ser miembro de la AHS.

Tuve la posibilidad de ver a Fidel muy cerca por primera vez, el lunes 6 de mayo de 1996, cuando visitó el central de mi pueblo natal, y eso me impactó mucho. Foto cortesía del entrevistado

¿Cuáles crees son los principales vacíos que presenta la historiografía cubana actual?

Creo que se encuentran en el estudio de la Revolución en el poder de forma general: 1959-actualidad. Los historiadores cubanos se han dedicado en mayor medida a investigar la Cuba anterior a 1959. Diversos son los motivos que han originado tal problemática entre los que se pueden citar la cercanía en el tiempo, la persistente renuncia oficial a la desclasificación de documentos, el limitado acceso a las fuentes documentales aparentemente ya de uso público, el mantenimiento en altos cargos partidistas y de gobierno de varios protagonistas de los hechos y acontecimientos más importantes ocurridos en los últimos 60 años y el desinterés de los investigadores a tratar temas polémicos que, en algunos casos, pueden entrar en contradicciones con el discurso oficial.

¿Cuáles son los principales retos que le imponen los nuevos tiempos a la enseñanza de la Historia de Cuba, sobre todo para las nuevas generaciones de cubanos?

Es necesario replantearnos las formas de enseñar nuestra historia a todos los niveles. Tenemos que enseñar a nuestros estudiantes a analizar los procesos internos y externos que repercuten en nuestra sociedad, a ver a los héroes y mártires como hombres y mujeres comunes, con virtudes y defectos pero teniendo muy en cuenta su pensamiento y el medio en que se desenvolvieron. Es necesario buscar un equilibrio entre las temáticas políticas, las sociales, culturales, las de género, las vinculadas a la economía y a la introducción de los adelantos científico técnicos, pues todas conformaron el pasado.

Es importante, además, que cada profesor que imparte Historia y conferencista que diserte sobre un tema determinado, lo haga con conocimiento, con rigor científico, con devoción, sentido de pertenencia, compromiso con las nuevas generaciones. Que sembremos valores, nacionalismo, amor por lo autóctono, compromiso con el presente y futuro de la Patria. Creo también que estas son las verdaderas claves para mantener el proceso de unidad nacional y única vía para enfrentar el devenir histórico con todos sus retos (entrevista publicada originalmente en la web de la Asociación Hermanos Saíz, AHS).

Por Vanessa Pernía Arias