Cuentan que cuando se reconoció oficialmente la municipalidad de Holguín y recibió el título de ciudad en el año 1752, un grupo de frailes franciscanos encabezados por su superior Fray Juan Cordero, enterados de la noticia, apresuraron su llegada al territorio con el objetivo de gestionar un convento de San Francisco, servido por los frailes de dicha orden misional.

El convento tenía como propósito enseñar a los niños a leer y a escribir, ayudar al cura y al sacristán mayor de la ciudad en sus tareas, así como brindar a un mayor número de vecinos el santo sacrificio de la misa.
A pesar de negársele la autorización para edificar este sitio, los frailes de dicha orden levantaron en el lugar donde actualmente se encuentra la iglesia de San José, una pequeña Ermita que posteriormente desapareció con la ida de estos de la ciudad.
No fue hasta 1803 que se autorizara la construcción de la iglesia por el obispo de Santiago de Cuba Don Joaquín de Océs y Alzúa, pero la obra no iniciaría hasta 1815 por deberse a las donaciones del pueblo, no así a los financiamientos de la orden.
Finalmente su inauguración fue en 1819 con la realización del primer bautizo el 2 de septiembre y su primera boda el 4 de octubre del propio año, teniendo como primer cura párroco a Salvador Lozada.
Símbolo arquitectónico de la Ciudad de los Parques, la Iglesia San José es inmueble religioso situado en el centro de Holguín, para ser testigo, por demás, de una historia de humildad y entrega de sus vecinos en la época de la colonia, donde cada uno de sus fieles contribuyó a su construcción y conservación.
Tanto por su arquitectura como por su valor histórico, el edificio constituye uno de los de mayor importancia para el territorio, ya que formó parte de nuestras guerras de independencia, específicamente durante el sitio de Holguín por los mambises, por constituir uno de los cuatro puntos para la defensa de la ciudad por el ejército español debido a que era la edificación de mayor altura y de donde se podía dominar casi toda la población. De esta forma los voluntarios que se encontraban en este edificio podía defender y controlar a tiempo el golpe de los mambises: las huellas del cañoneo mambí en sus paredes persistieron hasta hace poco, aunque con los trabajos de restauración del templo se han perdido casi totalmente.

Tres naves, una central y dos laterales, así como un cuerpo secundario dedicado a sacristía y vivienda del cura párroco, ubicada al fondo de estas naves, conformando un solo volumen, componen el conjunto arquitectónico.
Techo de tejas a dos aguas, con estructura de par y nudillo para la nave central y en colgadizo las naves laterales componía la obra inicial, ejecutada a la usanza de las cubiertas españalas y que tipificaron las construcciones coloniales. Su exterior e interior no tenían decoración, y sus puertas y ventanas estaban rematadas por arcos de medio punto.
La reconstrucción del campanario, a partir de 1842, por encontrarse en malas condiciones estructurales que amenazaban su derrumbe, consta como la primera de las remodelaciones que sufrió el edificio que mantiene su fisonomía neoclásica, pues los elementos conformadores del mismo se inscriben dentro de los cánones de esta corriente que en Cuba alcanza su mayor esplendor en la segunda mitad del siglo XX.
Una posterior reforma asumió la restauración de su reloj, ubicado en el tercer nivel del campanario, averiado producto a una descarga eléctrica, que tras el encargo hecho a una prestigiosa casa constructora de Alemania, volvió a marcar el tiempo el norte de la Ciudad para 1927 y hasta nuestros días.
Durante el pasado siglo la Iglesia de San José continuó su proceso de evolución arquitectónica, derivado de nuevas modificaciones: en 1937, Pedro Tabares Céspedes, entonces mandatario de la iglesia, hace una petición al cabildo de la ciudad un aumento de superficie del templo, que les pertenecían por derecho según las normas de fincas urbanas de entonces, a la cual se le dio una respuesta positiva; acto seguido, para 1938, se realizó el proyecto de ampliación en el templo, donde se le añadió en su fondo una vivienda para el cura párroco y coadjutores, así como se modificaron la sacristía, dividiéndola en recibidor para el público, sacristía propiamente dicha y archivo; con esta acción se creció hacia los laterales y en dos niveles de estilo ecléctico-neoclásico, característico de las edificaciones del segundo cuarto del siglo XX en Cuba. El proyecto fue realizado por el arquitecto Federico Navarro y costó un presupuesto total mil 741.80 pesos.
La acción constructiva de mayor envergadura, por sólo dejarnos para la actualidad la torre del campanario y muros de la sacristía que datan del siglo XIX, quedando demolido el cuerpo principal antiguo y levantándose el que hoy observamos, fue la de ampliación y reforma de la iglesia presentada en 1951: el 23 de julio de 1953 la alcaldía le concedió la licencia para que se llevasen a cabo las obras que consistían en levantar a ambos lados de la iglesia dos nuevos cuerpos de dos plantas, dividiéndose la primera en dos, y que sólo se aprecia por su interior. Sobre estas naves se proyectó levantar dos pequeñas torres que armonizarían con la central, pero comprobándose posteriormente que estaban en competencia con esta, no se edificaron.
Producto de estas acciones el pórtico pasó a ser parte integral de las naves actuales y el coro se hizo sobre este teniendo su acceso por una escalera de caracol, la parte alta de las naves tienen su acceso por los altos de la parte posterior ya construida y, en la cubierta del presbiterio, donde se encuentra el altar mayor, se concibió una cúpula octogonal con aberturas que permiten la entrada de luz exaltando las imágenes que tiene el altar. Por su parte, el techo de la nave central se hizo de mayor altura que el de las naves laterales, para permitir una mayor ventilación. La cubierta en su totalidad se concibió de hormigón armado, así como las placas de los nuevos cuerpos laterales. En el interior del templo y en su cubierta se construyeron falsas bóvedas, de cañón para la nave central y cuatripartita en las naves laterales.

Sin ornamentos llamativos y con apariencia austera, sencilla y sin colorido ostentoso, la Iglesia del Parque San José atrapa la vista del que circunda por el denominado Parque Carlos Manuel de Céspedes, es su estilo arquitectónico y su imponente belleza lo que la convierte, junto con la Catedral San Isidoro, en uno de los edificios más encantadores del territorio.
(Con información del texto Holguín colonia, páginas de su historia, de los autores Peña Obregón, Ángela, Fernández Perdomo, Elda y Campano Vega, Enrique)