Por Bernardo Cabrera
Por estos días estamos tan saturados de noticias del coronavirus que resulta normal que nuestro móvil “tosa” en lugar de vibrar o que la gran mayoría padezca de coronavitis aguda (estado de bloqueo mental por exceso de información sobre la Covid-19).

Ante ese fenómeno el humor se erige como uno de los principales alicientes para sobrellevar las preocupaciones, el miedo y la ansiedad, así como para inculcarnos optimismo.

En los hogares y comunidades se combate el coronavirus adoptando las medidas de protección orientadas por las autoridades del país. En tanto, en las redes sociales se contrarresta con humor.
Caricaturas, memes, cuentos, sátiras y hasta perfiles ficticios con el nombre del virus, se comparten y comentan en Facebook, Twitter, WhatsApp, Telegram y Youtube, entre otros, haciéndonos olvidar por un momento esta experiencia surrealista que nos ha privado de afectos y contactos físicos.
Colas, mascarillas, productos de aseo, mandatarios, anhelos, frases populares, alimentos, tallas, piropos, chismes, teletrabajos y escuelas desde casa, entre muchos otros tópicos, son objeto del choteo que nos advertía en la primera mitad del siglo XX el intelectual cubano Jorge Mañach.

Y es que de ese humor variopinto que oscila entre lo fino, lo burlesco, lo creativo y lo vulgar, no escapa prácticamente nada ni nadie, y en él pulula como trasfondo la crítica sagaz, reflexiva o punzante.
El psicólogo sanitario y pionero del humor terapéutico en España, Luis Elías, afirma que “es la mejor vacuna porque eleva nuestras capacidades y cualidades y hace que tomemos mejores decisiones”.

Mientras que el filósofo John Morreall en su libro Comic Relief refiere que “se basa en gran medida en la desconexión emocional, como mecanismo psicológico que nos ayuda a tomar distancia para reírnos y ver las cosas con una perspectiva diferente, por lo general, enriquecedora”.
El sociólogo francés Robert Escarpit esgrime que “es el único remedio que distiende los nervios del mundo sin adormecerlo, le da su libertad sin volverlo loco y pone en manos de los hombres, sin aplastarlos, el peso de su propio destino”.
No obstante, muchas personas satanizan o desaprueban el humor de las redes por abrirse paso a través de la falta de empatía y hacer bromas con temas susceptibles como la muerte o los síntomas de la enfermedad.
Si tenemos en cuenta que casi 500 000 personas en el mundo han perdido la vida y que cada uno de ellos al menos tenía 10 familiares, la pérdida del ser querido afectaría a casi 5 millones de personas. Por ello, “es mejor pensar dos veces antes de bromear sobre el coronavirus”, enfatiza Paul Lewis, autor de Cracking Up: Humor americano en tiempos de conflicto.
El estado de gravedad o la pérdida de un ser querido son puntos sensibles que no se deben prestar a la comicidad y que requieren de un límite bien definido para evitar hacer catarsis sobre el dolor, la angustia y la tristeza.
Por otro lado, en muchos casos subyace la intención de educar, quizás porque nunca somos tan serios como cuando nos tomamos en broma asuntos peligrosos.
Varios estudios sociológicos demuestran que las personas aprenden más rápido mediante el humor que por otros medios y así lo confirman los integrantes de la agrupación de teatro de títeres Guiñol, de Holguín, quienes lo emplean didácticamente en sus cápsulas audiovisuales.
Un Ratoncito Pérez al que multan por no traer nasobuco, tres cerditos que construyen su hogar para poder quedarse en casa o un padre que hace de todo para mantener entretenida a su hija durante la cuarentena, son algunos “Guiños desde casa”, que se pueden disfrutar en la cuenta oficial de Telegram y Facebook del grupo.
A través de esos materiales comparten con creatividad las medidas orientadas y la importancia de ser disciplinados y responsables en tiempos en que cuidar la salud resulta indispensable.
Hoy, frente a una pandemia mundial que ha cobrado más de 476 000 vidas alrededor del orbe y ha dejado en confinamiento a millones de personas, se debe tener cuidado a la hora de bromear.
Así lo defiende el conjunto humorístico holguinero “Los dinámicos de la risa”, que convierte sus risibles publicaciones online y sketches en un entorno de relajación para alejar los temores.
Sus miembros apuntan al humor inteligente y creativo como clave para afrontar la sensación de “no saber qué va a pasar” y encauzar mejor la situación actual.
Lo cierto es que ya sea satanizado, didáctico o hilarante, el humor constituye un espacio lúdico para esbozar sonrisas cómplices y no pensar constantemente en la posible morbilidad.
Su aporte a la prevención, a ahuyentar pensamientos negativos y a proporcionar fortaleza y alegría lo convierte en la mejor vacuna para sanar el alma en tiempos de pandemia.