
José Manuel Guarch Delmonte y Caridad Rodríguez Cullel –además de compartir el amor en la vida cotidiana y formar una familia que se mueve entre la arqueología, la espeleología y las artes– aportaron descubrimientos relevantes en la profunda comprensión del mundo pre–hispánico en Cuba: Guarch Delmonte fue el primer director de la holguinera Casa de Iberoamérica y sacó a la luz en 1986 el sitio arqueológico Chorro de Maíta en las inmediaciones del poblado de Yaguajay, en el municipio de Banes. Allí, entre las excavaciones del cementerio aborigen que evidencia el contacto y la convivencia española en la zona, Caridad, también reconocida arqueóloga y escultora, recreó artísticamente, en lo que es actualmente un museo indotaíno, la vida común de nuestros primeros habitantes. José Manuel Guarch falleció en septiembre de 2001 y Caridad Rodríguez Cullel se despidió silenciosamente el pasado domingo 25 de marzo, sin que la noticia apenas trascendiera los medios locales.
Además del diseño de la Aldea Taína en el sitio arqueológico Chorro de Maíta, uno de sus trabajos más complejos y ambiciosos, entre el importante legado de Caridad se encuentra la inmensa réplica del Hacha de Holguín –símbolo de la provincia– que se ubica frente a los edificios 18 Plantas, y la Fuente de la lluvia, recreada con motivos aborígenes y emplazada en la rotonda cercana a la Plaza de la Revolución Calixto García en Holguín.
Al triunfo revolucionario en 1959, este matrimonio camagüeyano partió hacia La Habana tras los pasos del Ejército Rebelde, donde le aguardaría la agitada y cambiante vida del momento. Cacha –como la llamaban sus familiares y amigos– trabajó en la creación de las escuelas de Artes Plásticas y Música, por ser graduada de pintura y escultura, y además como maestra de piano. Al fundarse la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba, donde su esposo era Jefe de Excavaciones Arqueológicas del departamento de Antropología, Caridad sintió que allí podría cumplir su gran anhelo: hacerse arqueóloga.
Entonces se encargó de recoger todas las colecciones arqueológicas dispersas por el país, fichar cada pieza, y hacer sus moldes y réplicas en yeso. Junto a su esposo Guarch Delmonte y Antonio Núñez Jiménez restauró, en los años 60, la cueva de Punta del Este, donde existe una amplia variedad de exponentes pictográficos en la zona del Caribe. Además, concibió y realizó una réplica de esta caverna en áreas del Capitolio Nacional.
En una entrevista reciente, Caridad expresó: “Mi esposo y yo nos pasábamos la vida en Banes, porque allí están todos los grupos aborígenes, no hay que ir a ningún otro lugar a estudiarlos. Cada año hacíamos un plan de excavaciones de uno o dos meses en la zona, donde no había ni agua. A finales de los años 70 el Partido en Holguín nos pidió que nos estableciéramos allí, y permutamos de La Habana para esta provincia, donde aún vivo”.
“Por aquella época Chicho –como llamaba a Guarch Delmonte– dividió el mapa de Holguín en pedacitos y empezó a excavar en todos los lugares que tenían depósitos, donde alguien había encontrado alguna pieza. Cuando tocó la parte del Chorro de Maíta halló un esqueleto, y ocho más seguidos. Los dejó en el mismo lugar, y comenzó a publicar los hallazgos. Al llegar a 13, un guajiro de paso por el lugar dijo: ¡Ay, qué cosa más linda! Qué bueno fuera si ustedes pudieran dejarlos y viniera la gente a verlos”, rememora Caridad los orígenes de la actual Aldea Taína que ella concibió en el sitio arqueológico Chorro de Maíta, declarado Monumento Nacional el 30 de noviembre de 1991.
Allí Caridad creó la réplica de la Aldea Taína, que contiene, además, 38 esculturas humanas que reflejan el fenotipo o físico exacto de la etnia aruaca, logradas con hiperrealismo por los escultores Argelio Cobiellas, padre e hijo, y Lauro Echavarría Osorio.
Aun después de jubilada, Caridad Rodríguez Cullel continuó su trabajo en la conservación y la creación de réplicas de las principales obras aborígenes encontradas en la provincia y otras partes del país. Su obra, prolija, cuidada, patrimonio holguinero y nacional, quedará como el mejor testamento de una vida consagrada a la investigación y la cultura.
Por Erian Peña Pupo