
Por Richard Driggs
Un cambio en el aspecto físico no significa una pérdida identitaria o una evolución de las virtudes artísticas, pues el arte pasa por diversos tamices y aunque es la mayor expresividad del vínculo entre nuestro sistema sensorial y las emociones, muchas veces nuestra ánima hace caso omiso a lo que simplemente mira, porque reconoce lo que existe un poco más allá. Athanai ya no tiene dreadlocks, y ahora porta un look más cercano a las expresiones trovadorescas. Pero ¿por qué hacerle juego a los códigos estéticos que encasillan el arte más por su forma que por su contenido?
Athanai sigue siendo Athanai,»el blanco rapero» que no cree en las fronteras de los géneros musicales y solo apuesta por la música, su música. Quizá por ello se vislumbra en la conexión de sus líneas melódicas, sus progresiones armónicas y su sección rítmica las influencias, entre otras, de la música española, la irlandesa, la norteamericana, la africana y por supuesto la cubana. Estas características expresivas pudieron ser percibidas por todos aquellos que acudieron al concierto ofrecido por Athanai durante el cierre de la tercera jornada de la 14 edición del festival internacional de cine pobre, suceso cultural que pretende lograr la concatenación de las artes para logra una diégesis más compacta y con ello generar cultura, costumbres, tradiciones.

Por eso Athanai viene como anillo al dedo a este festival. Disfrutar de su arte, es para los diversos públicos, interpolar los sentimientos en el reconocimiento de la autenticidad de quien hace gozar a rastas, freakys, repas, mickey, funkies, y a cuantas tribus urbanas existan, pues lo renovador de su musica conquista a todos los que aman el arte de bien combinar los sonidos y silencios en un tiempo determinado.
Esto es algo que también logro Zeus, banda insignia del rock cubano, que por más de treinta años ha proyectado la consagración de los metaleros del Patio de María, aún cuando este es un género musical que a ratos se traduce como “contracultural”. Pero no en Gibara; no en su Festival Internacional de Cine. Allí la gloria de la banda rozó con las referencias épicas al dios rey del Olimpo.

Su público así lo sintió, también las personalidades y artistas que acudieron al brutal suceso, exacerbado sobremanera, cuando se escucharon temas tan mitológicos como “El renacer de los muertos”, uno de esos temas que condensa toda la energía de la banda, expresada en escena cuando las espectrales líneas de bajo, acompañan los ya aclamados y tarareados riff, que enriquecen su contagioso sonido con los martillazos remarcados de la batería, y los guturales gritos que rajan las dimensiones para llevar a quienes escuchan a Zeus a un Parnaso psicodélico.
Así se vislumbró el escenario de la Plaza Da Silva, un verdadero monte de desenfreno y bestialismo musical, demostrado por esos metaleros pesados que agradecieron a Gibara acogerlos con el entusiasmo de un pueblo que sabe reconocer la excelencia artística de los mitológicos dioses del Olimpo rockero de Cuba.