Por Erian Peña Pupo
Alfonso Bandera Tamayo trasluce cubanía a simple vista. Es lo que podríamos llamar un cubano nato, rellollo. No es solo por su personalidad campechana y jovial: su obra audiovisual parte del interés por salvaguardar las esencias de una cubanidad ingente, vital.

A Bandera se le ha dedicado –junto con la historiadora Georgelina Miranda– la XXXVII edición de la Semana de la Cultura holguinera y él, hombre agradecido y deudor de quienes le anteceden, no piensa en primer lugar en su amplia obra audiovisual, ni que es artista de mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión, presidente de la Filial de Cine, Radio y Televisión de la Uneac en Holguín y miembro de su secretariado nacional. Agradece en cambio a sus maestros: Manuel Porto, Germán Pinelli, Ana Lasalle, Enrique Santiesteban, Yolanda Guillot, Marta Jiménez Oropesa, Chucho Cabrera, Digna Guerra, Antonio Lloga Simón…
Primero se hizo radiotécnico y poco después participó en una convocatoria para estudiar en la Escuela de Formación de Actores para el estudio 2 de Tele Rebelde en Holguín. “El parque Las Flores estaba lleno y quedamos solo 19”, cuenta. Esa gran actriz llamada Yolanda Guillot le dijo: “Usted no es electrónico ni musicalizador. Usted es actor”.
Antonio Lloga sería fundamental en su vida profesional, pues estuvo vinculado a su quehacer durante cuatro años en Santiago de Cuba, una urbe entonces muy efervescente y que le permitió estar en contacto con importantes actores y el mundo teatral.
A partir de entonces, la vida de Bandera se desencadena como un torrente. Regresa a Holguín en 1976, donde crece su pasión por el teatro –recuerda Érase una vez un rey, a Carlos Jesús García y Teatro Duende–; parte hacia Etiopía un año después; dirige televisión y radio; actúa; recibe premios; funda el cineclub Jorge Herrera, “uno de los primeros cineclubes de ficción en toda Cuba”; escribe poesía; recibe otros premios; filma Oficio de hombre, “primer largo realizado en Holguín y además el primero en digital presentado en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano”; recibe más premios por su trabajo, entre ellos la Medalla Raúl Gómez García, la Distinción Nicolás Guillén y el Aldabón de La Periquera; realiza programas como Triunfadores del saber y el exitoso y aun recordado El patio de Gabriela; imparte clases de actuación, dirección de radio y guion en la Filial holguinera del Instituto Superior de Arte, de donde es uno de sus fundadores, pues su vocación pedagógica no le abandona; cumple misión en Venezuela; publica sus poemas y textos ensayísticos en países como México, Nicaragua, Suecia, Rusia, Ecuador, Venezuela y España; trabaja en la productora Taguabo, en la Uneac, donde ha realizado documentales y productos audiovisuales dedicados a personalidades como el músico Manuel Galván o el historiador Antonio Lemus Nicolau…

Ahora sueña con realizar un largometraje relacionado con la vida de Faustino Oramas, El Guayabero. “El último juglar”, serían el nombre con el que recordaría al rey del doble sentido. “No paro, no puedo parar”, dice y sonríe, o mejor dicho Alfonso Bandera lanza una carcajada bien cubana, enorme, redonda, y se sabe seguro de sí mismo.