
Los primeros días del Festival de La Habana han transcurrido a sala llena. En Cuba existe un público que entiende los códigos teatrales. Puestas en escenas nacionales e internacionales han creado un panorama teatral donde conviven distintas maneras de concebir y hacer, una amplitud de caminos que apuntan, sobre todo, a la responsabilidad social de proyectar el arte con las luces y sombras de lo humano.
Es imposible verlo todo. Por más cronometrado que nos programemos el recorrido. Pero sí es posible disfrutar de una buena cantidad de obras y hay, eso sí, para todos los gustos.
Para quienes gustan del teatro de títeres la cartelera ofreció funciones de Los dos príncipes, del matancero Teatro Las Estaciones; Como la noche y el día, de Alas Teatro de Pinar del Río; Érase una vez… un pato, de Teatro La Proa; Las descabelladas historias de Polichinela en La Habana, de Teatro del Caballero; Historias bien guardadas de La Salamadra, estos tres últimos elencos de La Habana; y Lupa: Mundos para mirar de cerca, de Argentina.
De la muestra nacional para adultos que se exhibe en esta cita, varios han sido los montajes que en los últimos dos años hemos podido disfrutar en el momento de su estreno, en temporadas en la capital, o en el Festival de Teatro de Camagüey, que acogió a muchas de estas obras.
Éxtasis de Teatro Buendía; ¡Guán Melón! ¡Tú Melón! de El Ciervo Encantado; Harry Potter: se acabó la magia, de Teatro El Público; Diez Millones de Argos Teatro; Balada del pobre BB de Impulso Teatro; La pasión King Lear de Teatro D’ Dos; y Baquestribois de Osikán Plataforma Escénica Experimental, son algunas de las obras presentadas por estos días que, aun cuando han tenido temporadas en la capital, siguen llenando los teatros.
Igual convocatoria de público han tenido Los caballeros de la mesa redonda de Teatro del Viento, de Camagüey; y Jacuzzi de Trébol Teatro de Holguín.

Jacuzzi, con dirección y dramaturgia de Yunior García, se presentó en el teatro City Hall, un espacio en desuso durante mucho tiempo y con evidentes problemas de infraestructura que –a pesar de los esfuerzos de los trabajadores del centro– atentan contra los espectáculos teatrales. No obstante, Jacuzzi llenó la sala los tres días de presentaciones.
La obra basa su argumento en el reencuentro de tres jóvenes amigos y las controversias de estos hacia la sociedad contemporánea en la que vivimos. Lo que impresiona mayormente en esta pieza es la vitalidad de la palabra, la crudeza descarnada con que se asume la realidad al mismo tiempo que ofrece momentos de estrujante cuestionamiento y de verdadera rebeldía.
Yunior García, director, dramaturgo y actor de esta pieza se convierte en una revelación no solo por su evidente talento y versatilidad, si no por encarnar un personaje que él mismo creó y por tanto es de una coherencia abrumadora.
En un éxito de público y de crítica se convierte esta obra que debería tenerse en cuenta para largas temporadas, más allá de este Festival.
Por otra parte, dos homenajes a figuras de las artes escénicas cubanas han tenido lugar en este Festival, aun cuando en esta 17 edición no existió una dedicatoria específica como ha sido recurrente en otros momentos.
Un mural de cerámica dedicado a Raquel Revuelta se develó en la sala teatral que lleva el nombre de la actriz. Creado por los artistas Raciel Feria y Luis Zamora, la obra presenta a la emblemática artista, figura imprescindible de la cultura cubana, en uno de sus roles más aplaudidos: la Madre Coraje de Bertolt Brecht.
El otro homenaje, que tuvo lugar desde las tablas, fue al dramaturgo recientemente desaparecido Amado del Pino. Una de sus últimas obras, Espontáneamente, cobró vida en la escena con el montaje de Laudel de Jesús para Cabotín Teatro de Sancti Spíritus.
La obra, que Amado no alcanzó a ver estrenada, aparece en la antología de Letras Cubanas Nueve dramas en presente, antología de dramaturgia cubana de hoy, con concepto, selección y nota introductoria de Omar Valiño. Y como casi todo el teatro que escribió el dramaturgo parte de la realidad y toma la ilusión como escudo. Este es, ciertamente, el primer Festival de La Habana sin Amado del Pino, cuesta imaginárselo. Pero confiemos en la sobrevida de su obra, que así sea.
Por Amelia Duarte de la Rosa
Tomado de www.granma.cu