Sin temor a la adulación producto de lo que pudiese parecer fanatismo me aventuro a escribir estas letras, pues desde hace un tiempo eran una deuda pendiente.

La primera vez que le vi-iluso ignorante-, no sabía que era él, o no podía imaginarme que esa personalidad que acababa de saludar como a cualquier otro ser común, fuese el mismo del que conocía más por comentarios de amigos que por medio de la radio y la televisión.
Fue un pichón de periodista quien le gritó en plena calle: “¡Pancho, ven acá!”, como si llamase a un conocido, a lo que este respondió con el mismo tono de cercanía. Esa fue una entrevista simple, en un modesto espacio, sin tantos adornos ni preparativos, pero de allí salió un trabajo a la altura de la personalidad que respondió gustoso cada pregunta con una sencillez impresionante.

Todavía lamento haberme perdido su concierto ese año, por motivos que no vienen al caso, pero la ausencia a su primera presentación en Gibara, en Holguín, me motivó a seguir su obra y esperar con ansias su regreso.
Fue en 2017, durante una nueva edición del Festival Internacional de Cine que se realiza en la Villa Blanca, cuando disfruté de una noche excepcional, no solo porque fue bajo un constante aguacero, sino porque pude entender con sus canciones Dónde está la vida. Dios lo ofreció y San Pedro lo bendijo, así, en consonancia con el dicho popular, se desarrolló aquel concierto, donde el apóstol cristiano ofreció su veniaala velada. Pancho, comprendiendo el regalo divino, se consagró en interpretaciones a capella para deleitar a los fieles presentes que junto a él se bañaron bajo la lluvia.
Así, como un remolino en el escenario, le dedicóa Victoria Abril, más que una canción, un apasionante beso, y nos hizo sentir una amalgama de sentimientos que van desde las pasiones más ocultas hasta las más transparentes intenciones.

En este 2018 regresa, una vez más, quizás el momento indicado para declararlo hijo de Gibara por su fidelidad y constancia en estas citas a las que ya se ha vuelto habitual, pero no en el sentidotedioso, pues con Pancho Céspedes cada noche es única.Hoy fue el solo de su pianista, o su dueto con Bárbaro Marín, e incluso su invitado especial, Fito Páez, algunos de los momentos que junto a su presencia transformaron una simple madrugadaen un momento tan especial.
Acto seguido, una de las agrupaciones más reconocidas y populares del panorama sonoro de la música cubana: “Síntesis”, ofreció continuidad a la velada.Caracterizados por un estilo único en la integración de fuentes ancestrales y contemporáneas de los géneros populares de nuestro país, esta agrupación se enfoca en mezclar los antecedentes africanos con los procedimientos creativos tomados de estilos como el jazz, el rock, el pop y la música internacional.

Sin dudas una noche sui géneris fue la de este miércoles, donde encontraron complicidad ambos referentes del pentagrama nacional para contagiar a los presentes con arte de elevada factura.
En esta vida loca que llevamos, momentos así nos ayudan a seguir, a creer en sentimientos casi perdidos, a encarnar pasiones imperecederas. Pancho, si te vas a marchar, llévate antes estas letras que tenía dentro.