Orgullo de ser maestro

Publicado el Categorías Holguín, Música, Noticias, Personalidades

No puede entrevistarse a un maestro de generaciones como Héctor Luis Barrientos Ochoa sin percibir el orgullo que emana en cada palabra por su profesión . Con más de treinta años consagrado a la educación, este formador de artistas de excelencia no se concibe en ningún otros espacio laboral que no sea el del aula.

El profesor Barrientos recibió recientemente la distinciones «Raúl Gómez García» y «Por la cultura nacional» en homenaje a su trayectoria como pedagogo. Foto del autor

El Conservatorio de Música “José María Ochoa” de la provincia de Holguín destaca en igual medida por el talento de sus egresados, como por la calidad de su claustro. No es de extrañar entonces que frente a los pupitres se ubiquen personas como Barrientos, para quien luego de 1981, cuando se inició en esa honrosa tarea que es enseñar, cada día es como si fuese el primero.

Luego de recibir recientemente las distinciones “Raúl Gómez García” y “Por la cultura nacional”, Baibrama tiene el placer de recibir una clase de “cuerdas” a través de breve entrevista al consagrado educador.

Al final Holguín pudo más

Mis inicios como pedagogo fueron en la ciudad de Guantánamo, en el año 1981, cuando hice mi servicio social e inauguré la línea de violín en la recién inaugurada escuela vocacional de arte en esa provincia. De allá guardo buenos recuerdos como los premios que alcanzaron mis alumnos en el concurso nacional, cuando apenas era el tercer año que llevaba frente a ellos.

Luego vine para Holguín a trabajar en la Escuela Elemental de Arte “Raúl Gómez García”. En esa etapa la provincia tenía el último lugar nacional en el nivel de “Cuerdas”, y luego de tres años pasamos a la tercera plaza en el país, gracias al arduo trabajo de mis compañeros del profesorado de esta cátedra. Esos fueron mis primeros pasos en la enseñanza.

De ahí me trasladé a La Habana luego de aprobar para continuar estudios en el Instituto Superior de Arte a través del curso para trabajadores, y pasé tres años estudiando y trabajando en la Capital para decidir mi el regreso definitivo a Holguín. En esa etapa fue que empecé a trabajar en el Conservatorio.

¿Enemigo público número 1?

Lo más difícil-sobre todo en la enseñanza artística-, son aquellos alumnos que generalmente por razones psíquicas o de vocación no responden al nivel que deben. Esa es una situación desagradable porque a veces ni ellos ni los padres entienden- y ahí trabajo por el concepto europeo-, que es preferible abandonar la carrera: en esta profesión el que no aprueba o no está a la altura, cuando se gradúa sufre mucho y es ampliamente cuestionado.

Como profesor me toca sufrir esta situación, por eso a veces te buscas de problemas y desavenencias cuando dicen: “el profesor desaprobó a mi hijo”, y no es así, es el alumno quien desaprueba, unos porque no estudian, o porque no pueden; pero es un momento bastante engorroso con el educando y su familia.

De un extremo a otro

Me generan gran satisfacción y orgullo: en primer lugar los conciertos que realizamos aquí en el Conservatorio con motivo de los exámenes-por lo menos tres veces en todo el curso-. En segundo lugar los alumnos que han aprobado en el Isa; y por último los concursos, tanto nacionales como iberoamericanos, donde incluso los extranjeros se sorprenden del talento y la calidad interpretativa de nuestros alumnos-esto último también está dado por la formación académica para futuros profesores de mi generación, que fue a partir de la Escuela Soviética de Violín-. Esos son mis momentos más felices como educador.

Entre tantas profesiones y con una vocación por la música se impone una pregunta: ¿por qué ser maestro?

Siempre fue lo que más me gustó. Desde aquel primer soviético que vino a instruirnos cuando estábamos en 7mo grado y nos puso a elegir vocaciones, yo me decidí por esta. Gracias a su dedicación y la calidad de sus clases-cuando aprendía como alumno y a la vez para ser un futuro profesor-, me convertí en el educador que soy.

Y no me aburro de estar en esta escuela, incluso los colegas que nos visitan me preguntan si quiero irme de Holguín, de este centro, a lo que respondo rotundamente que no. Parece que eso tiene que ver con las características personales de cada cual, porque llevo más de 30 años en el mismo lugar y cada día es para mí como el primero.

¿Cómo ha recibido la entrega las distinciones “Raúl Gómez García” y “Por la cultura nacional”?

Como pedagogo es muy grato que reconozcan nuestro trabajo. A estas dos también se suman otras como la que me confirió el Ministro de Cultura, Abel Prieto. Uno se siente orgulloso porque se recalca la importancia de nuestra obra.

En ese camino que es enseñar a que otros anden por sí mismos se inmiscuyó hace varios años Barrientos. Hoy, orgulloso de sus pupilos, encuentra realización cuando asiste a sus conciertos, no solo como integrantes de orquestas y agrupaciones holguineras, sino nacionales; lo que resalta por encima del nombre de una persona,  sino del Conservatorio José María Ochoa, de Holguín, pues el nivel adquirido aquí les distingue en cualquier parte del mundo.