Versos de madrugada

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Por Julio César

No existe momento exacto para expresar lo que se siente: malgastado está el segundo en el que se calla cuando el pretexto es desahogar el alma. Bajo la mirada consentida de la escultura insigne se reúnen los románticos, los que aman las palabras, para dejar su huella en la madrugada con un verso sentido.

Con el mensaje de Teresa Melo, poeta fundadora del espacio, leídas por la escritora Zulema Gutiérrez, fue inaugurado “El Angelote”, suerte de peña para el cultivo literario que ocupa las madrugadas del Parque San José.

Este sábado 4 de mayo los románticos empedernidos, esos mismos que encuentran belleza en lo cotidiano, se encargaron de emanar pasiones desenfrenadas, los más ocultos deseos, o simplemente una musa escurridiza que pasó por allí cuando menos lo esperaban.

“Escucha hermano la canción de la alegría…” fue la evocación acertada de Teresa Melo para expresar su nostalgia por no asistir a la 26 edición de las Romerías: “hoy mi espíritu viaja a Holguín y no sé como resumir ese río de recuerdos, ni describirlo, pero le dedico esta emoción”, apuntó.

Por su parte el encargado de cortar la cinta de versos fue el joven escritor Moisés Mayán, quien encontró en el espacio momento propicio para celebrar su reciente premio, “La Gaceta”: “Son tres elementos básicos los que definen a un poeta, su patria, su lengua y su lector, en esta noche intento rescatar con mi breve intervención a esas personas que los poetas hemos dejado olvidados al filo de la página”.

“Los que estamos aquí creemos en nuestro lector, lo necesitamos, escribimos para que los textos sean leídos, decodificados, buscados, y es ahí donde la pequeña vanidad que tenemos como seres humanos se alimenta: ¿de qué sirve nuestra escritura si se queda en nuestra consulta y no es elogiada por el ojo del amigo? La poesía no debe quedarse en los espacios cerrados, debe ir a la intemperie, moverse en las plazas, sacudir los corazones, salir a conquistar a su lector”, enfatizó el poeta del patio.

Y entre el violín de Jonathan, que nos invitó a enamorarnos con el antológico «Cómo fue», y las sentidas letras de los trovadores Leonardo García, de Villa Clara, y nuestro Maestro Fernando Cabreja, se escaparon las composiciones, víctimas del ímpetu juvenil, o de la pausada experiencia, pero todas ellas conjugadas en un propósito: el de acariciar el oído con suaves textos, de palpar el alma con hondas palabras.

Y así me pierdo en la madrugada, con el brillo de la luna en tus labios, con la sonrisa cómplice, en el abrazo del fresco matinal.