Si no fuera por Emiliano…

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Por Vanessa Pernía Arias

De la nada, como buen improvisador, Emiliano Sardiñas llega como la inmediatez de su verso al sitio acordado para impartir su taller de repentismo, esta vez en el renovado, para bien de todos los holguineros, centro cultural Casa del Tango Carlos Gardel en la ciudad.

Allí bien apretados, entre risas y miramientos de mujeres que sobresalen unas encima de otras, se aplaude al unísono la llegada del poeta. Al parecer Emiliano ha cautivado las féminas de esta ciudad y como lo afirmó “quieren que un poeta negro se quede en Holguín”, y es que, por encima de todas las cosas, en su mochila se desborda la alegría y la cubanía que nos distingue y hace peculiares en cualquier parte del mundo.

Emiliano también ha cultivado su arte con el virtuosismo de los grandes maestros, tal como los músicos cubanos tocan el laúd en cada guateque, porque “es diferente al que se toca en España, en esta país que nos legó el instrumento se improvisa diferente, allá se toca acompasadamente y en Cuba con un tono más libre y atrevido”: así es Emiliano Sardiñas, atrevido y virtuoso, como los acordes del laúd cubano y como el punto guajiro.

Porque el poeta también es un emprendedor, llegó a esta ciudad para ayudar a construir el sueño del Guateque Holguinero, un proyecto que pretende rescatar las más genuinas tradiciones de la improvisación y la décima espinela, sobre todo, en los más pequeños.

Para ello, Emiliano disertó sobre los orígenes de la improvisación, que como los de otra manifestación de la literatura oral, se pierde en el tiempo. Explicó que no se puede hablar de una fecha exacta, de un acontecimiento cultural determinado, de un lugar o país de origen, sin embargo, se cree que en Cuba llegó con los primeros conquistadores.

“La literatura oral, la poesía oral, y la poseía oral improvisada han estado unidas, desde siempre a las necesidades estéticas del hombre y sus orígenes están en los orígenes mismos del lenguaje, de la comunicación humana como necesidad de convivencia social”, añadió.

Fotos: Wilker López

Escasos son los jóvenes que muestran gusto por la música campesina y, por lo general, la rechazan por considerarla “fuera de tiempo”. Sin embargo, el poeta apela a sus raíces jóvenes, su herencia paternal de la poesía improvisada y cuando le preguntan de su pasión, gusta responder en forma de verso.

“Si de talento se trata seguimos creciendo, precisó, pues impresionantes son las estrofas que se componen con elevadísimo vuelo poético. Trabajamos para preparar a los niños y jóvenes en diferentes manifestaciones de la música guajira y aunque no sean profesionales, por lo menos logramos educar un público capaz de respetar, reconocer y valorar su acrecentamiento”.

Evocó al Guayabero, como improvisador por excelencia y recopilador de la décima tradicional, así como a diversos investigadores de esta manifestación en el país, que han aportado con su obra al desarrollo de la cultura oral tradicional, entre ellos Alexis Díaz Pimienta y Virgilio López Lemus. También aludió a los principales proyectos que rescatan este necesario arte en el país, como el proyecto de repentismo de Mayabeque que aúna, sobre todo, a las más jóvenes generaciones de poetas del verso libre.

La más curiosa y olvidada de nuestras manifestaciones poéticas ante tantos infortunios debe sentirse orgullosa con poetas improvisadores como Emiliano Sardiñas, quien agradeció su presencia en Holguín en esta gran fiesta popular donde se celebra el 300 aniversario de un pueblo que sigue pensando en defender lo más genuino de sus tradiciones.