
Por Erian Peña Pupo
Fotos Carlos Rafael y Archivos
En la calle Martí, justo en uno de los laterales del
Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, tiene su sede el Teatro Guiñol de Holguín, compañía que celebra en este 2022
su aniversario 50 en pos del desarrollo del arte titiritero y
sus expresiones en la provincia y el país.
Antecedentes…
Los orígenes del Guiñol holguinero se relacionan con
los antecedentes inmediatos de esta manifestación en la
provincia, no tan fecunda en el arte del títere como otras,
pero sí necesaria a la hora de historiar el panorama
teatral cubano y sus múltiples convergencias. A lo largo
del siglo XIX e inicios del XX, en las ciudades de Holguín
y Gibara, sobre todo, eran comunes las representaciones
teatrales y musicales, en cines y teatros como el “Wenceslao
Infante” y el Teatro Colonial de Gibara, de zarzuelas,
operetas, vodevil, danza…
Respecto al arte titiritero, uno de los primeros referentes
conocidos es el quehacer del gibareño Modesto Centeno
(1913-1985), quien realizó la adaptación del cuento popular La Caperucita Roja en 1943, gracias a un concurso
efectuado en la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL). Tiempo después,
una de las figuras tutelares de esta manifestación artística
en Cuba, Pepe Carril –nacido en el central Preston, Mayarí, en 1930– crea en el propio poblado holguinero, el
Teatro de Muñecos de Oriente, en 1952. Luego Carril
sería uno de los fundadores en 1963 del Teatro Guiñol
Nacional, junto a los hermanos Camejo (Carucha, Bertha
y Pepe) y el joven Armando Morales, director de ese
colectivo hasta su reciente fallecimiento (La historia de
Carril y los Camejo difuminada en el tiempo y en consiguientes periodos, ha sido rescatada gracias al trabajo de
creadores como Norge Espinoza, Rubén Darío Salazar y el
propio Morales).
No fue hasta inicios de 1959 cuando comienza a gestarse
en la ciudad de Holguín la idea de hacer teatro para niños
con el títere, y sus diversos formatos y estéticas, como
protagonista.
Nacimiento: las luces del día del Teatro Yarabey
El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey –en voz aborigen “luz
del día”–, creando así la primera compañía teatral que se gesta
después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual
Guiñol de Holguín. Aunque hoy no se encuentra en activo por problemas de salud, Arturo Ricardo, uno de los fundadores del entonces
Teatro Yarabey, cuenta con más de 37 años dedicados al arte de los
títeres en la provincia, una impronta que no ha sido estudiada y que
se va perdiendo, inexorablemente, con el paso del tiempo: “El Guiñol
de Holguín se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave
de Peralta. Después del triunfo de la Revolución inician las primeras
actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y
allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio
le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos,
animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado.
Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que
nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo…
Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no
había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras
más de entonces”, comenta Ricardo.
Lo que hoy conocemos como Teatro Guiñol de Holguín sufre por
largos años las mudanzas y fusiones con otros proyectos de la provincia. En la aun inédita cronología cultural de Holguín, realizada por
el investigador Zenovio Hernández, se sitúa la culminación del primer
curso de Instrucción del Teatro el 4 de noviembre de 1963, y además,
refiere del inicio del cursillo de teatro de títeres impartido por Arturo
y Carlos Ricardo, el 4 de abril de 1964, en los estudios de la emisora provincial CMKO Radio Angulo. Los hermanos Ricardo se mantienen
trabajando solos en Yarabey hasta 1965, cuando incorporan alumnos
de secundaria básica y forman una brigada artística que actuaba dentro y fuera de la ciudad. Con esta brigada montaron obras de payasos,
cuentos con muñecos y actores con máscaras: Las bodas del ratón
Pirulero, La bruja que no era bruja y El hacha de oro.
Desde 1972 –fecha que marca el aniversario del Guiñol pues pasa a
la categoría profesional– hasta 1983, asumió la dirección Felipe
Betancourt del Río, quien contribuyó notablemente a la preparación
del elenco, cuestión que conllevó a la calidad artística de muchas de
las obras: Para reír y aprender, Lo que nos cuenta Din Don, La
paloma Blanquiperla, Un día en el zoológico, De cómo la astucia
venció al perro jíbaro, Las tres semillas, El conejo valiente, Armandito
y las vacaciones, El rey del corral, Felo Jutía y El perro burlón.
En 1983, tras el fallecimiento de Betancourt, la dirección del Guiñol
pasó por un período inestable hasta 1991: Alejandro Hiralda, Armando
Vielza, Rubén Mulet, Gilberto Gil y Marisela Espinosa, estuvieron al
frente de la compañía en una época donde el teatro de títeres en Cuba
se caracterizó por su marcado carácter didáctico y el reflejo de matices
sociales, apoyado en adaptaciones de cuentos populares clásicos e historias cubanas, ubicadas, en su mayoría, en la campiña insular y sus
delimitaciones. En esta nueva etapa presentan obras como Quién
puede más, El conejito Blas, El pájaro feo, La cucarachita Martina,
El cocodrilo Tato, El caballito enano, Pedro y el Lobo, Un día en el
teatro (Premio en guion en el I Encuentro Nacional de Guionistas de
Espectáculos Infantiles, en 1986), El león hambriento y El chivo
patijovero coliamarillo, obra que obtuvo el Premio en la categoría de
música en el Encuentro Territorial Profesional de Teatro Infantil, en
Ciego de Ávila, 1983, por el trabajo de Maricela Miranda, asesora
musical del Guiñol desde 1982 hasta 2013.

Años de esplendor, la estética de Miguel Santiesteban
En 1992 asumió la dirección del grupo, por breve tiempo, la instructora de arte Grecia Lemus, y luego Marisela Espinosa hasta 1993,
año en que el grupo se fusionó con Talismán, dirigido por Ángel Cruz.
Ambos elencos acuerdan que Talismán sería un proyecto dentro del grupo
fundacional; luego continúan trabajando con el nombre de Girasol.
En esta etapa representaron piezas que caracterizarían nacionalmente
el trabajo del Guiñol de Holguín: La Caperucita criolla, dirigidas por
Ángel Cruz; Pelusín frutero, Un rayito de sol, La calle de los fantasmas, La muñeca de trapo y El sol negro, dirigidos por Miriam
Suárez, pieza que obtuviera en 1997 el Premio de la Ciudad de Holguín
en Teatro en mano de los actores Marisela Espinosa y Mario Brito; y
Los sueños de Verdolina, unipersonal de Marisela Espinosa, Premio de
la Ciudad 1999 en actuación femenina, entre otras.
En 1998 asume la dirección artística Miguel Santiesteban, hasta el
21 de marzo de 2012, fecha de su fallecimiento. Bajo su dirección se
abren nuevos y amplios horizontes en el teatro de títeres en Holguín,
imprimiéndole mayor fuerza profesional con la línea espectacular y el trabajo con esperpentos en calles y teatros. Así se pusieron en escena
obras clásicas en el repertorio del Guiñol: La cucarachita Martina,
Historia de una muñeca abandonada (Premio de la Ciudad 2000, en
actuación femenina, a Magali Mola), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, obra del español Alejandro Casona, Espantajo y los pájaros,
El chivo patijovero coliamarillo, El majá de Santa Manigua, El Conejito Blas, Las tres semillas, Galápagos, del holguinero radicado en
México Salvador Lemis (Gran Premio del Festival de Teatro Máscaras
de Caoba 2008, y Premio de la Ciudad 2009 en actuación femenina a
Dania Agüero), El Ogrito, de la canadiense Suzanne Lebeau, y La
calle de los fantasmas, del argentino Javier Villafañe (1909-1996).
Quizá sea esta la obra más premiada del colectivo holguinero: Premio
de la Ciudad 2002 en manipulación; Premios Avellaneda en actuación
masculina y femenina, a Dania Agüero y Jorge del Valle, respectivamente, y en diseño a Karel Maldonado, en el Festival Nacional de
Teatro de Camagüey, en 2002. Además, el Premio Caricato 2003 en
actuación masculina y femenina, a los mencionados actores y los
Premios en el Festival de Teatro para niños y jóvenes (Guanabacoa,
2003) en manipulación colectiva, música y diseño, así como los premios especiales de la revista Tablas, de la Unión Nacional de la
Marioneta (Unima) y de la Asociación Internacional de Teatro para la
Infancia y la Juventud (ASSITEJ). Por estos años el Guiñol realiza,
además, una gira por México donde muestra parte de su repertorio.
Según Martha Proenza, actriz del antiguo bloque dramático del ICRT
en Holguín y miembro del Guiñol desde 1982: “El problema recurrente
que impedía una mejor concepción ideoestética del colectivo, recaía
en que ninguno de los que habían dirigido espectáculos en aquella
etapa eran egresados de escuela, sin formación académica. Se viene a concretar un cambio positivo cuando dirige Miguel Santisteban y con los
diseños de Karel Maldonado. Una estética más encaminada a la calle
y al público todo que lo potencia”.
Cuenta, por su parte, la actriz Dania Agüero Cruz, hasta hace poco
directora del Teatro Guiñol de Holguín, que cuando ella se incorporaa trabajar en 1999, se acerca al experimentado Armando Vielza, actor, director, clown y realizador de sonidos en la radio: “Enseguida me
acerqué a él para tratar de alimentarme de su experiencia y tratar de
aprender. Armando Vielza cuenta, además, con un carisma especial
para el clown. Su payaso era el auténtico payaso de circo. Un payaso
diferente al que nosotros tuvimos como línea de trabajo. Desarrollaba
situaciones, dentro de otras situaciones, y ahí armaba su historia”.
De aquellas propuestas comenta Vielza: “Lo espectacular primaba
en nuestros montajes, así como el espectáculo de calle y la luz negra
como líneas ideoestéticas. Dejamos de usar los títeres atrezados, y
adoptamos a los títeres de telas rellenos con polietileno o esponja”.
Añade que en el proceso creativo de Santiesteban, “la creación colectiva marcó la línea de dirección del grupo; Miguel seleccionaba las
mejores ideas y las ponía en función de su idea como director. Él introdujo la espectacularidad y se amplió el uso del esperpento en espacios abiertos, la luz negra, con el uso de los títeres de piso, asesorados por mí. Maricela Miranda, Maricela Espinosa, Martha Proenza,
continuaron con nosotros. Al paso de los años se incorporan nuevos
actores y actrices: Dania Agüero, Migdalia Albear Camejo, Roberto
Cera, Yuder Ortega, entre otros más, que llegaron después que salí del
colectivo”.

Al respecto contó Armando Morales, Premio Nacional de Teatro,
cuando visitó Holguín invitado a la Fiesta del Títere, organizada por
el Guiñol: “Yo recuerdo que una vez fui jurado del Premio de la Ciudad
en Teatro, y en el aspecto del teatro para niños y de títeres se le dio el
Premio a Maricela Espinosa, que era una actriz de primer nivel.
Después, con la renovación y la llegada de Miguelito Santiesteban,
que fue alumno mío en el Isa, los espectáculos que montó en el Guiñol,
con la imagen de Karel Maldonado, uno de los grandes diseñadores
del teatro de figuras, aunque no se diga, llevaron a esa especialización
que es el teatro de figuras, a un momento de gran envergadura para el
arte y la cultura teatral, sobre todo la cultura que tiene que ver con el
títere”.
El extraño caso…
Tras el fallecimiento de Miguel en 2012, el Guiñol continúa trabajando en la puesta en escena que el director dejara adelantada: así
se estrena Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León, como homenaje a su dirección artística y su legado. Asume la dirección Dania Agüero y estrenan Payasoñar (Premio de la Ciudad a la mejor
puesta en escena en 2014) y Los tres cerditos. Igualmente continúan
representando obras conocidas dentro de su repertorio, siguiendo la
estética de Santiesteban y el trabajo de otro imprescindible para el
grupo, Javier Villafañe. Las sonrisas agradecidas de los niños en cada
función, aseguran ellos, es el mejor premio posible al esfuerzo y la
creación artística teatral.
Dirigido por la joven actriz Karel Fernández, estrenó recientemente
El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, de
Salvador Lemis, puesta que se presentará en esta edición del Teatro
Joven.
Hoy el Teatro Guiñol de Holguín es uno de los colectivos teatrales
con una importancia medular en el escenario teatral holguinero y el
arte titiritero en sentido general: sus 50 años en escena y la realización
de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo
de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo
demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el
hermoso y útil arte del Teatro Guiñol de Holguín que celebra sus
cinco décadas entregado al arte del títere (Publicado originalmente en Cubaescena).