Interpretar con el corazón

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Por Bernardo Cabrera

Repica el tambor batá y los metales tintinean. Los pies danzan a compás mientras un canto negrero anuncia bembé. El sudor anega el pavimento y el jadeo denota cansancio.

– ¡Otra vez, desde arriba, con corazón!

Refunfuñan y retoman la rutina. El que los corrige lleva rastas y un gorro jamaiquino, aunque sus orígenes son del barrio de los Olmos, en la provincia de Santiago de Cuba. Allí bailaba en cada fiesta y la gente lo premiaba con aplausos.

“Desde niño vi el amor de mi gente por los orishas, las danzas, los cantos, las vestimentas y los collares acordes a cada ángel de la guarda. Vivía a tres cuadras de donde ensayaba la famosa conga de Los Hoyos y luego integré el grupo folclórico aficionado Guillermo Moncada, la compañía Cumbata y el ballet folclórico de Oriente.

“Tras llegar a Holguín, fundé en 1992 la compañía folclórica músico danzaria D´Okokan, que en dialecto yoruba significa “de corazón”. La idea era rescatar las costumbres folclóricas afro y campesinas en esta ciudad”

Rumba, conga, vodú, chachachá, mambo, caringa, chivo capón, danzas campesinas y muchas más integran el repertorio del conjunto. La exigencia, el trabajo arduo y la entrega de sus 24 miembros se materializan en cada presentación.

“Si no trabajas con el corazón no haces nada, por mucha técnica danzaria o muy afinado que seas cantando. Hay un público delante al que tienes que respetar y darle lo mejor de ti. Si no lo haces así para qué estás en una compañía. Conmigo no hay medias tintas, si quieres lograr algo tienes que ser exigente”.

Si hubiera que definir un sello propio del conjunto, aparte de la exigencia y el dinamismo, no podría faltar la versatilidad.

“Nuestra política es que todos canten, bailen, toquen e interpreten, es decir, que sean integrales y que le pongan bomba a todo lo que hacen. Aquí puedes ser el mejor bailarín, pero también tienes que desdoblarte como músico y cantante, y viceversa. Además, debes poseer un alto nivel de captación y fijación”.

En la Fiesta del Fuego, de Santiago de Cuba, el Olorum, de Camagüey, y el Wemilere, de Guanabacoa, son siempre esperados y aclamados por los participantes y el público. Esto se debe en gran medida al maestro Armando Duany, quien además de ser bailarín y director general de la compañía, es también el coreógrafo, director artístico, músico y diseñador de vestuario.

“Mi esposa Maribel Flamand, que es periodista del semanario ¡ahora¡, publicó una vez cuando vinimos del Festival del Fuego que D´Okokan había bailado en la casa del trompo y lo había hecho bien. Eso se debe a que aun cuando no soy egresado de una escuela de arte ni tengo formación académica, sí soy de la calle, de donde suenas una lata con un palo y sale todo el mundo a bailar. Además de que aprendí mucho en las compañías en que estuve y siempre hemos contado en el grupo con profesores que comparten sus conocimientos, ya que es un error pensar que un bailarín folclórico no necesita técnica.

“Nosotros tenemos todos los repertorios de Cuba, desde folclórico yoruba, palo monte y abacuá, hasta popular y contemporáneo. Somos una gran escuela en la cual se han formado los integrantes de otras compañías, incluso los directores, como Francisco Griñán, alias Chichío, y Alejandro Berrillo, entre otros. Algunos ya se han retirado y varios están en la capital de Cuba o en el extranjero”.

“También hacemos trabajo comunitario y hemos integrado al grupo a varios muchachos del vecindario que tienen inclinación por la música y el baile, pero que por un motivo u otro no pudieron entrar a las escuelas de arte”.

Duany también le pone corazón al montaje de la comparsa de Vista Alegre, galardonada en múltiples ocasiones con el Premio a Mejor coreografía de paseo y comparsa, incluso con el Premio al Mejor espectáculo del carnaval holguinero.

“Tengo en cuenta todo: escenografía, vestuario, atuendos, danzas, mensajes y sobre todo el talento y potencialidades del bailador. Ningún evento se puede subestimar y siempre hay que trabajar para recibir espontáneamente el aplauso del público. El carnaval también me permite ver quiénes tienen aptitud, corazón artístico y proyección escénica”.

Quienes lo han visto bailar como el orisha del panteón yoruba Shangó, afirman que es el que mejor lo hace en Cuba o uno de ellos. Su caracterización y fuerza interpretativa del personaje es tan loable que por un momento uno ve en la escena a la deidad africana y se olvida del bailarín.

“Observo mucho, leo mucho y estudio mucho cada personaje, sus expresiones y movimientos, como hace cualquier artista que respete su profesión. Por eso cuando interpreto a Shangó, orisha del trueno, el rayo y la virilidad, además de bailar, también estoy actuando y viviendo el momento. No considero que sea el que mejor lo caracterice en Cuba, pero sí te aseguro que lo disfruto y lo hago con pasión”.

Con una compañía de casi 28 años y dos hijos bailarines que quieren ser tan buenos o mejor que él, Duany poco a poco va preparando su relevo.

“Aún me falta mucho camino por recorrer y unas cuantas coreografías por montar y bailar, pero estoy preparando a mi hijo más pequeño desde ahora para que algún día asuma la dirección de la compañía. No quisiera morirme y que cuando mire del más allá -si es que existe- no vea a D´Okokan, porque me vuelvo a morir. Pero para eso falta mucho, aquí hay D´Okokan y Duany pa´ rato.

– ¡Arriba, que ya descansaron bastante, repetimos otra vez¡