“Mi locura de toda la vida”

Publicado el Categorías Grand Prix "Vladimir Malakhov" 2018, Holguín, Noticias, Teatro y Danza

Escuchar durante más de dos horas a un ponente pudiese tornarse tedioso, más si es viernes por la tarde; pero en el caso de por la Doctora Bárbara Balbuena, es diferente lo que puede decirse.

Inmiscuida en el magisterio desde los 17 años, ha dedicado casi toda su vida a la superación e investigación constante por medio de una pasión que supera su existencia: la de conocer en pos de solidificar la calidad de lo que enseña y enriquecer cada clase impartida.

En un periplo de constante ida y vuelta de África a Cuba, la tarde se escapa y no alcanzan los minutos por disfrutar de la conferencista, quien atrapada por las tradiciones llegadas del continente negro, realiza un efecto similar en el que la escucha cuando habla de ese encanto que da raíz a su faena.

La sede provincial de la Uneac fue el escenario de la Conferencia. Foto: AA

Sin dudas uno de los momentos más significativos dentro del programa de actividades de la V Edición del “Malakhov” fue la Conferencia “Las Fiestas Rituales en la Regla de Ocha”, realizada en la sede provincial de la Uneac.

Luego de estudiar en profundidad a las deidades y mitos afrocubanos, la Doctora describió los cinco tipos de fiestas que existen en la Regla de Osha en honor a los Orichas: “Tambor de santo Batá” o “Wemilere”, el “Güiro”, el “Bembé”, el “Cajón de Santo”, y el “Violín”.

La riqueza cultural afrocubana fue centro de este intercambio, centrado principalmente en lo que puede aportar a las artes cada una de estas celebraciones, que poseen conjuntos instrumentales y danzas diferentes.

“De las cinco fiestas anteriores cada una cumple una estructura en dependencia de las motivaciones y el tipo de ritual a cada Oricha, con un toque específico por cada deidad, y una danza particular”, apuntó Balbuena.

Entre las diferentes motivaciones para festejar se encuentra los cumpleaños de santo, “El día del medio”, por la conmemoración de la Casa Santo o un Cabildo determinado-como también se le denomina-, o para dar cumplimiento a una promesa, como limpieza, o como acto de depuración además.

“De todas estas tradiciones los artistas bebemos el conocimiento para teatralizarlo y escenificarlo, nuestra labor es una proyección escénica de la realidad que no tiene porque ser ofensiva a estas creencias siempre y cuando sea lo más fiel y respetuosa a ellas; pero para ello hay que investigar a fondo e interpretar todas estas costumbres en pos de conocerlas mejor y realizarlas correctamente”, señaló la profesora de “Historia del folclore danzario cubano”.

Entre las nomenclaturas que definen cada tipo de fiestas se encuentran las orquestas instrumentales, los toques y ritmos, las formas de danza y el clima general que alcanzan estos acontecimientos, por ejemplo-explica Balbuena-, el “Wemilere”-según Ortiz la “casa de las imágenes” dentro del trance-, es el de mayor categoría-todos son religiosos-, pero este es el de mayor connotación. El “Bembé” tiene tambores de un solo parche y a veces de dos, en este caso hay mayor diversidad en la morfología de los conjuntos instrumentales: “aunque a casi todas estas fiestas generalmente se le conoce de esta forma, en realidad no son lo mismo y hay una tipología diferente para cada una, en este último son tres tumbadoras, a veces un güiro, y el cencerro o la guataca, los instrumentos que se emplean”.

“En el caso del Cajón de Santo-como lo expresa su nombre-, surgió por la escases de tambores Batá que hubo en una etapa de la Isla, es como un Wemilere, pero sin la connotación religiosa debido a la ausencia de los tambores. Por su parte, el Violín surgió a partir de los años sesenta del siglo pasado y toma además del Espiritismo, es un híbrido que se hace con una pequeña orquesta con violines, guitarras, y donde se canta cualquier género musical, hasta canciones para niños, o danzón, incluso he visto en estas fiestas pianos de cola, o eléctricos”, agregó la Doctora.

Investigar es una pasión de la Doctora, para perfeccionar sus clases de Historia del folclore danzario cubano. Foto: AA

Ni es santera, ni practica ninguna de estas creencias, solo participa en las ceremonias como investigadora para entender la danza de esta índole, para lo que es necesario estudiarla en estos contextos; así se define la profesora Bárbara Balbuena, quien no se ha iniciado en estos “caminos” porque no es creyente, pero respeta mucho la religión y siente gran atracción por la atmósfera de estos lugares, según declaró en la jornada vespertina ante la acuciosa pregunta de los presentes.

“Desde que tengo 17 años soy profesora. Llevo muchos años impartiendo la asignatura Historia del folclore danzario cubano, teoría que apoya a las clases prácticas, pero de igual forma voy a una fiesta campesina u observo otros bailes populares, esta ha sido mi locura de toda la vida: profundizar desde el punto de vista teórico”, resaltó la Doctora.

De ahí parte su vasta experiencia que le posibilita realizar con magisterio una conferencia de esta índole, así puede conocerse además que las danzas caracterizan a los Orichas y los elementos que representan, donde cada detalle se cuida en dependencia de lo que quiera expresarse: estados de ánimo, momento de la vida, secuencia de la personalidad. Cada movimiento, gesto o pantomima tiene una significación y en correspondencia con él un mensaje, esta es una danza simbólica-narrativa, pues representa a un personaje o cuenta una historia determinada. Su ejecución-señala la Doctora-, es difícil, y cada movimiento necesita un nivel de coordinación del cuerpo a la par del ritmo que se toca, existen además una gran diversidad de pasos básicos y variantes.

En la disposición corporal de estas danzas fundamentalmente se emplean los brazos, los hombros, el plexo, y la utilización de las pelvis en algunas, principalmente para movimientos eróticos. La inclinación leve del cuerpo hacia adelante es otra característica, conjuntamente con movimientos ondulares del torso, el pecho y los hombros. Gestos funcionales relacionados con acciones cotidianas, sociales, que tienen que ver con el saludo y otros, se le suman a cada interpretación.

“El movimiento constante es fundamental para el trance o posesión, esto ha sido analizado por los sicólogos y expresan que el tipo de concentración produce pérdida temporal de la conciencia por escuchar la música, el canto y repetir constantemente estos pasos”, resaltó Balbuena sobre lo que comúnmente se conoce como “montar un muerto”.

“Estas son fiestas públicas a la que puede ir cualquier persona, solo tiene que respetar cada ritual o costumbre, y sobre todo conocer de que se trata para no faltar a los anfitriones y sus creencias. Los verdaderos conocedores de esta materia, que son los practicantes, utilizan determinados intermediaros para transmitirme sus experiencias. También me llaman chismosa por investigar sobre estos temas y más de una vez me han dicho que un día de estos tocaré su puerta”, agregó jocosamente.

Y con la frase que culmina cada festividad religiosa de esta rica cultura, para rendir tributo a al nombre de las tres mujeres que rescataron a “Orula”, se despide la tarde, mientras ansiosos los presentes por conocer más intentan estirar los segundos fugaces que se le escurren entre los dedos, y es que así de magistral fue la clase: “Ibogú, Yboya, Ybocheché”.

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