Por Arlene Gómez Palacios
“Este domingo ha sido el más movido del último año en Gibara” dice Rolando, quien me acogió en su casón de tejas rojas y puntal alto frente al Museo Colonial. “Dan deseos de sentarse en la acera porque nunca se sabe que estrella del cine pueda pasar y saludar. Ahorita pasó Jacqueline Arenal por aquí, ya la viste?”.
Este domingo 7 de julio se entregaron los Premios Lucía de Honor a dos artistas que llevan el nombre de su país en la frente, los mismos que en la tarde saludaron a Rolando mientras sonreían en el desfile inaugural. Fernando Pérez y Daisy Granados recibieron un lauro que les hace justo honor a quienes han dedicado sus vidas al séptimo arte.

Como plato fuerte para arrancar la jornada estuvo el converatorio con estas grandes estrellas. El prestigioso director desde su sencillez y la bellísima Daisy, tan ella, conquistaron, con sus historias, a un público ávido de saberles, de sentirles cerca y así estuvieron.
Junto a Jorge Perugorría, Presidente del Festival que soñara e hiciera posible Huberto, Fernando y Daisy moderaron el panel Gráfica en Reto, de Cine Pobre a Festival Internacional de Cine de Gibara. “Quiero personalmente, agradecerle a Fernando y a Daisy, en nombre del equipo realizador y pero sobre todo en nombre de los gibareños” apuntó Perugorría y dio pie a un mar de historias que fueron desde la niñez de la prestigiosa actriz hasta lo medular de sus pasiones.

Luego de un repaso por toda su filmografía, la actriz habló de sus tropiezos y dificultades pero a su vez subrayó que fue siempre una mujer que se impuso y sacó adelante todos sus proyectos.

“Yo soy un hombre felíz porque nada me ha sido fácil” aseguró Fernando justo desde la inmensidad en la que reposa en su sencillez. “Precisamente ese es un tema recurrente en mis películas, el hecho de cómo uno simplemente lucha por lo que quiere”. Fernando Pérez conoció a Humberto Solás en el año 1962, en plena crisis de octubre, era Asistente de Producción C. Por aquellos años se comenzaba a desarrollar la industria cinematográfica en Cuba.

Fernando recordó cuando coincidía con Daisy en el elevador, y Daisy recordó cuán buen mozo era Fernando. Fue una charla entre amigos de siempre, dos estrellas que coincidieron en un mismo espacio, el cine Giba de esta Villa Blanca, para continuar la obra de Humberto Solás y la magia del séptimo arte con factura autóctona.
Han pasado unas horas desde que llegué. Escribo este texto sentada en la calle “Real” o Independencia de la Villa Blanca de los Cangrejos, Gibara. El mar, el que te regala su olor desde que agarras la primera curva en el automóvil y el otro, el de arte, me han abrazado fuerte, desde la cabeza hasta los pies. Es el XV Festival Internacional de Cine de Gibara.