En lo que otros ven una pérdida de tiempo, Jorge Luis encuentra una pasión: los trastos son inservibles solo para los ojos ignorantes y, por muchas jornadas que le robe, convierte los imposibles en increíbles.
Apenas siendo un niño fue atrapado en el mundo de la restauración y hoy en día no se concibe sino perdurando los encantos del pasado en cada pieza u objeto de exquisita manufactura. Es un gendarme de la historia, su profesión es el legado seguro del pasado para las venideras generaciones.

Devolver a la vida los pianos del Conservatorio José María Ochoa, impregnándoles un valor de uso y calidad incluso por encima de la original es una de las proezas que recientemente han ocupado al artista-restaurador Jorge Luis Betancourt Sánchez, quien nos cuenta sobre este encomioso proyecto, así como sus planes mediatos con el grupo de creación “JOTANE Restauro”, el cual dirige además.
Diario de una pasión
Trabajo la restauración desde que era niño, a los doce años hice mis primeras incursiones en este mundo. Esta no es la primera vez que tengo la tarea de salvar un piano a lo largo de mi carrera, recuerdo con mucho cariño un ejemplar francés que querían tirar de un quinto piso para deshacerse de él porque estaba destruido: con mucha paciencia logré rehacerlo nuevo en un año, actualmente mi hija es la dueña de una pieza tan hermosa. En Gibara, cuando restauramos el Museo de Artes Decorativas en 2017, también trabajamos con un piano Pleyel, que obtuvo premio en Paris y actualmente consta dentro de la colección de ese centro.
En el proyecto de reparar los pianos del Conservatorio trabajas de conjunto con el Fondo Cubano de Bienes Culturales: ¿cuán difícil ha sido asumir esta tarea con tanta brevedad?
Nos propusimos tenerlos listos para el día primero de septiembre y lo logramos trabajando en las noches, los sábados y domingos, los días feriados de julio, incluso, hace un par de semanas, nos fuimos de aquí a las once de la noche.
Había hecho el levantamiento de todos los pianos de la provincia desde marzo, pero a principios de junio me convocaron a realizar el trabajo en esta institución. Restauramos siete instrumentos, afectados en su mayoría por insectos, xilófagos, y otro de los problemas que encontramos, en el caso de los pianos de estudio, que el fabricante, por abaratar el costo, los laterales los hizo de cartón prensado que no transmite la vibración del instrumento. La mayor recompensa que he tenido en este tiempo fue elogio de Julia Barrientos, profesora veterana y muy querida en la escuela, así como del profesor Jefe de la Cátedra de piano, quienes destacaron la ganancia de sonido, en acústica, de los equipos luego de su restauración: para mí ha sido de gran regocijo porque asumí esta tarea, pero no pensé que fueran a quedar mejor que como vinieron de fábrica.

Un arduo y meticuloso proceso
Todos los muebles de los pianos, las patas, el fondo, donde van los pedales, vinieron con materiales endebles que fueron sustituidos por madera de calidad, le dimos el lacado de fábrica, respetando los colores, en cada reproducción de sus piezas se mantuvo el diseño original, es decir que estos restaurados no tienen nada que envidiarle a uno nuevo y tampoco se encuentran diferencias a simple vista.
¿Un piano histórico para Holguín?
Restauramos el famoso piano Baldwin de concierto perteneció a varias instituciones de la ciudad: estuvo en La Periquera, en el Lírico y finalmente en la Casa de los Combatientes, para ser donado al Conservatorio y que fuese empleado en la enseñanza. Por sus varios años de fabricación y el prolongado desuso, tenía afectaciones en las patas, el sistema de pedales, oxidación en las cuerdas, problemas en la maquinaria, así como el ataque por el comején, constituyó todo un reto el salvarlo, mucho más en el breve tiempo que lo hicimos. Ahora, luego de la reparación, es el piano que por su calidad tímbrica quieren para las graduaciones de los estudiantes. Se encuentra flamante, afinado, con una reproducción fiel de sus partes dañadas, respetando el diseño del fabricante, pero esta vez trabajado en una buena caoba, madera idónea para el clima de Cuba, así como su resistencia ante el ataque de los insectos. Mi esposa, que es el brazo derecho de mi labor, le dio un retoque a toda el arpa para recuperar su tonalidad. Removimos, además, toda la oxidación a las cuerdas y aplicamos un anticorrosivo porque este fenómeno produce un sonido parásito que impide el sonido brillante de la cuerda.
Convertir en increíble lo que muchos creen imposible
Hay muchos pianos que están de baja, son inservibles, pero mi propuesta es que en lugar de incinerarlos, deben guardarse en un inventario pasivo del que se puedan reutilizar sus partes: bastones, bridas, bielas…y evitamos su costosa importación.
El jefe de cátedra al principio se mostraba un poco incrédulo a los trabajos de restauración, alegando que no podían salvarse, sin embargo hoy se encuentra totalmente sorprendido, y agradecido a la vez, por el resultado.
Esa es mi mayor recompensa, la satisfacción de todos aquí, por ello me he comprometido a apadrinar la escuela pues el control de insectos en los instrumentos debe hacerse cada seis meses, así apoyaremos al afinador que tiene el centro, mecánico de piano, para dos veces al año mantener este trabajo, además de que nos inmiscuimos en la restauración de otros utensilios de suma necesidad: equipos de audio, sillas de paleras…hemos asumido esto con el único interés de apoyar la escuela.
Futuro promisorio
A partir de ahora sé que se va a disparar la demanda de estos trabajos: de La Habana, Las Tunas, Camagüey, me han llamado porque increíblemente Holguín, una provincia alejada de la capital, ya tiene todos sus pianos reparados y en La Habana no han comenzado esta labor, con más de cien instrumentos por restaurar. De aquí nos trasladaremos para la Escuela Elemental de Arte, pues tienen el interés de restaurar algunos pianos, pero comenzamos por aquí porque era donde más lo necesitaban.

Valiosísimo y significativo en extremo es este trabajo que recupera los pianos para las actividades de la escuela, al tiempo que, dado su alto valor en el plano internacional, ahorra una elevada suma de divisas al país, además de que los instrumentos alcanzan un valor de uso sumamente perdurable. Al estudiantado le queda desbordar talento en estas teclas que hoy emiten dulces acordes, con una calidad envidiable, a la altura de sus mejores días, cuando recién salieron al mercado del arte.