Por Lilian Sarmiento Álvarez
Se abre el telón para celebrar los 50 años de institucionalizado el Teatro Guiñol de Holguín. El texto escogido para hacerlo es de un holguinero radicado en México, Salvador Lemis, y el título de la puesta promete lo que desde 2007 parece inédito cada vez que alguna compañía teatral lo pone en cartelera: “El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres”.

Dos años –pandemia de por medio – fueron necesarios para que el colectivo del Guiñol, dirigido por Karelia Fernández, pudiera terminar de concebir y producir la obra que durante este fin de semana se estrenó en la Sala Raúl Camayd del Teatro Eddy Suñol, con un variado público, fundamentalmente, infantil.
En el tabloncillo, Fiorinetta y Burattino irrumpieron tras la sentencia de que “los títeres son como los niños, que miran el mundo con los ojos hacia arriba”. Él, aferrado a conducir la dramaturgia del espectáculo apegado a la tradición italiana de la Comedia Dell´ Arte; ella, recordando que efectivamente, esto es teatro de títeres…contemporáneo.
Así, el dúo de muñecos (Karelia Fernández como Fiorinetta, María Isabel Tarafa como Burattino) tendrá que arreglárselas cuando un Spettatore furioso (Leandro Peña) intente asesinarlos con la ayuda de Il dottore (Anika Sánchez), quienes descubren el alto valor de estos títeres del Renacimiento, en lo que representa una oda al teatro de títeres y a los titiriteros.
Por eso no resulta fortuito el despliegue de técnicas teatrales en “El extraño caso…”, desde la utilización de pequeños números de magia y malabares, pasando por la sombra chinesca, la luz negra, la pantomima, máscaras y la danza. Cada una llega en el momento exacto de la puesta para complementar la representación del texto y explotar las capacidades actorales de los intérpretes.
Las referencias al arte circence y el carnaval evocan los orígenes de la Comedia Dell´ Arte, al tiempo que forja el intercambio inmediato con el público. El recurso de las sombras aparece en momentos de tensión dramática específicos. Tanto la sombra chinesca, lograda a la usanza de los maestros orientales, como la luz negra, impactante no solo a nivel visual,sino también sensorial, refuerzan con la oscuridad el sobrecogimiento, la nostalgia o la maldad de los personajes. Particularmente emotivo resulta el instante de recuerdo a los títeres y titiriteros de Holguín, Cuba y el mundo, que contribuyeron a cimentar y sostener esta expresión de las artes escénicas.
Existe una voluntad expresa por sensibilizar con respecto a muchos temas del mundo artístico y de la realidad que nos atañe. “No hay nada más hipócrita que escandalizarse por lo que sucede en un teatro. La vida real es más dura que eso”, dice Fiorinetta, irónica. Y en ello resuena el enjuiciamiento a la ignorancia y la avaricia, a la miseria espiritual, a la doble moral y la corrupción, a la crueldad y la falta de empatía.

Aquí hasta los asistentes han salido a escena, nadie se ha limitado a un único rol dentro de la producción. “El extraño caso…” es el resultado de un trabajo colectivo a la hora de estudiar, construir, buscar, confeccionar, pintar, promocionar y, finalmente, actuar. María Isabel Tarafa se siente doblemente satisfecha con la recepción de la obra, porque “llevo diez años en el Guiñol y aunque no hay una obra fácil, este es el personaje al que más me he dedicado, al que le he impregnado mi psicología, el que ayudé a nacer porque hicimos de todo: cpsimos zapatos, pegamos broches. Hicimos la obra nuestra”.
La música original de Yunior Rodríguez y el diseño de muñecos y escenografía de Karell Maldonado convirtieron en un espectáculo para los sentidos el texto de Lemis, también autor de Galápagos, otras de las obras representativas del Guiñol holguinero. Los arreglos musicales se antojan una especie de máquina del tiempo en la que las tarantelas italianas se fusionan con ritmos y textos propios de la modernidad. Mientras, Karell Maldonado hizo magia dándole vida a los títeres, respetando la caracterización de cada personaje así como el espíritu de alabanza al teatro de títeres que ellos representan. En el caso de Fiorinetta y Burattino, salen a escena como títeres de guante y como peleles de piso, lo que requirió un doble esfuerzo para el diseñador, y para los actores en el dominio de ambas técnicas.
El Guiñol de Holguín vuelve a las tablas con fuerza, mostrándose como un colectivo capaz de representar un texto complejo por su temática y sus intertextualidades, a pesar de las carencias que puedan surgir en el camino. Karelia Fernández dice que “quisimos asumir el reto de presentarla a un público infantil a partir de la puesta en escena, porque no es una obra pensada para niños pequeños, sin embargo, encontramos el tono para que pueda agradar tanto a niños como adultos”.
Rescatar el teatro de títeres ya es un imperativo para ellos, por eso “El extraño caso…” tendrá sus reposiciones en un futuro cercano, para llegar al mayor público posible, incluso más allá de las fronteras territoriales. Karelia Fernández también piensa adaptarlo al lenguaje radial para incluirlo en el programa “La Casa de los Muñecos”, de la CMKO Radio Angulo.

Que este grupo de actores asuma con tanta entrega una obra en la que lo tradicional y lo contemporáneo están dialogando constantemente, en la que se impone la versatilidad del actor, es síntoma de que la salud del teatro Guiñol en esta ciudad puede ser cada vez mejor. Y si es de la mano de un titirtero, que lleva en su carromato de habilidades tantos siglos de historia de esa expresión escénica, mucho mejor. Porque “los títeres no mueren. El títere permanece. Tienen alma y eso es lo más importante. Es el alma de ellos y la de nosotros”.