Miradas plásticas a Holguín en su 300 aniversario

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Por Erian Peña Pupo

Diversas maneras de aproximarse a la ciudad –la urbe como constructo físico, arquitectónico, pero también espacio simbólico, mental– integran la exposición colectiva Holguín cumple 300, inaugurada recientemente en la galería Fausto Cristo de la Uneac provincial.

Fotos: Wilker López

En buena medida, viene a ser el naif Rolando Pavón el más urbano de los artistas holguineros. Pintor autodidacta, su obra –como coloridas estampas holguineras que recalcan cuestiones identitarias– refleja los temas populares de la cotidianidad precisamente en el entorno urbano: edificaciones, actos políticos, oficios citadinos, fiestas populares, como los carnavales, las Romerías de Mayo… están presentes en sus piezas, dos de las cuales se exponen en Holguín cumple 300: “Llegó el habanero” y “Hacia el futuro”.

Por otra parte, encontramos a Eduardo Leyva Cabrera, uno de los artistas en que lo citadino –esta vez desde las posibilidades “constructivas” de la abstracción geométrica– ocupa una dimensión casi palpable. Andamiajes, estructuras metálicas, arquitectónicas… caracterizan piezas como “Ciudad perdida” y “Barrio gris”, ambas de 2012. En esta muestra, con curaduría y museografía de la MsC. Anette María Rodríguez Reyes, Eduardo Leyva expone un cuadro, algo más “cálido” que las anteriores obras, con el título “Interacción”.

Por demás hay cierta “urbanidad” holguinera en las piezas de Ernesto Blanco Sanciprián; en las “provocaciones” de Yovani Caisé Almaguer; en Javier Erid Díaz Zaldívar; en las obras instalativas y el trabajo en metal de Dagoberto Driggs Dumois, que remiten al batey azucarero, al central, y que en la exposición de marras está presente con “Un paseo por la isla”; en las estilizadas mujeres, digamos que citadinas, de Ernesto Ferriol; en las “animaciones urbanas” de Armando Gómez Peña; en piezas de Ronald Guillén Campos; en los lienzos y las intervenciones, performances, happening, de Rubén Tomás Hechavarría Salvia; en la obra de Ramiro Ricardo, Wellis Peña, Miguel Ángel Salvó, Víctor Manuel Velázquez… Pero no me refiero a una urbanidad holguinera per se, prácticamente irreconocible en el quehacer de estos artistas, sino a una mirada urbana al hecho creativo en esencia. Hay urbanidad en sus piezas, está claro, pero no es una mirada a la ciudad de Holguín.

En Holguín cumple 300 –más personal o más explícita la motivación y el homenaje–, destacan varias piezas, entre ellas: “Paisaje urbano” y “Cronopio”, acuarelas sobre lienzo de Víctor Manuel Velázquez, donde esa urbanidad prefijada desde el título en la primera obra, queda estrechamente marcada, asociada, por los elementos naturales (aves, plantas) que la condicionan y que identifica la mirada poética y surrealista de Víctor Manuel; una hermosa pieza, “S/T”, de Wellis Peña, donde la citadino se da más bien por algunas figuraciones: mecanismos, engranajes, piezas mecánicas; “Visión caribe”, obra mixta del maestro Jorge Hidalgo Pimentel; “Bajo un volcán dormido”, atractiva pieza de María del Pilar Reyes, pastel sobre cartulina con la Loma de la Cruz, símbolo urbano de Holguín, de fondo; una pieza de la serie Telos, en ocres y dorados, donde Hennyer Delgado Chacón se acerca a la ciudad, anclada en el valle, desde cierta altura, al parecer desde uno de los edificios más altos de la urbe, que no supera los 12 pisos; y Juan Carlos Anzardo, en una pieza mixta sobre masonite, “S/T”, que distingue la creación de este artista holguinero.

Integran además la muestra: Pady Hill Pupo, con “300”, grafito y lápiz blanco sobre cartulina; Ernesto Ceballos Hernández, con “S/T”, grafito sobre lienzo; Asiris Riverón, con “Alas al tiempo”; y Yolanda Rodríguez Hernández, con “Homenaje a Naná”, acrílico sobre lienzo. Todos ellos de una manera u otra, tributan a la ciudad de Holguín en su 300 aniversario.