Una guajira de Barajagua

Publicado el Categorías Artículos de opinión, Cultura, De nuestra cultura, Entrevistas, Holguín, Instituciones, Libro y Literatura, Literatura, Noticias, Personalidades

Por Bernardo Cabrera

Historiadora, investigadora, defensora de los jóvenes y, sobre todo, eterna enamorada del Periodismo. Así se define la holguinera María Julia Guerra, cuyos inicios como reportera se remontan al año 1968 en el periódico Sierra Maestra…

“Mi aspiración desde muy joven siempre fue escribir y ser periodista. Trabajaba en el Partido provincial en Santiago de Cuba y pedí la liberación para pasar al periódico Sierra Maestra. En aquella época no existía la Escuela de Periodismo en Oriente y quienes trabajaban en el periódico tenían un nivel determinado, pero ninguno era graduado.


¿Qué se necesita para serlo?

“Es una profesión en la que se debe estar muy consciente de ella porque no tienes hora para dormir, para comer; hay que entregarse en cuerpo y alma. Te debe gustar mucho escribir y leer. Como persona, tienes que ser ejemplo… ¿Cómo vas a criticar algo que no se debe hacer, si tú lo haces? También ser integral en la profesión. Si te envían a Bolivia solo, tienes que saber hacer de todo.
“Prefiero la prensa plana porque es lo que queda. Además, la expresión es diferente y aunque sea una información debes elaborarla más.

Yo me he especializado en temas históricos porque sin historia y sin raíces no somos nadie. También me gusta mucho el Periodismo investigativo, la búsqueda continua de información”.

María Julia cumplió misión en otros países, como Corea y Angola…
“Trabajé en la Radio Nacional de Angola, donde hice un programa en idioma español que duraba una hora; era tipo revista, con informaciones, música, reportajes. Me enviaron a sustituir a los compañeros que habían sido movilizados por el Ejército, y asumieron la tarea de hacer ese programa y editar el periódico Verde Olivo.

“También fui a Corea en funciones de redactora, con el objetivo de revisar las traducciones que se hacían del coreano al idioma español en revistas y libros, y a impartir clases de redacción y estilo a quienes se especializaban en las traducciones y a los que estaban en formación. Mientras realizaba esta labor como editora de lenguas extranjeras, era corresponsal de la agencia de noticias Prensa Latina”.
Confiesa que su trabajo implica algunos riesgos y en ocasiones hasta la muerte…

“Realmente no se sabe dónde está el peligro. Mi profesión requiere lo mismo ir a una montaña que cubrir una actividad en un ciclón. En Angola, por ejemplo, yo estaba aquí y ahí en frente volaban las bombas, los tiroteos acabaron con el edificio de al lado, estaba en plena guerra.

“¿Sentir miedo? Sí se siente miedo. Eso es lógico, pero tienes que vencerlo. Por ejemplo, mi primer reportaje para el Sierra Maestra fue montada en un avión bombardero de nubes. Su trabajo consiste en cazar las nubes con posibilidades de agua, entonces se meten en ellas y sientes como baja de repente, empiezan a bombardearlas y se te hiela la sangre. Pero pa’lante”.

¿Cómo se siente con su trabajo en estos más de 50 años?
“Plenamente realizada. Estuve cuatro años en la región minero-metalúrgica de Moa, donde fundé el periódico El Minero. Viví y trabajé 15 años en La Habana y regresé a Holguín. También laboré en Santiago de Cuba. ¡Conozco mi país completo! He trabajado para todos los medios, aunque en la televisión solo hice pequeños documentales y reportajes, sin estar en la plantilla. Se han cumplido todos mis sueños como periodista. He tenido la oportunidad de desarrollarme, de conocer, de hacer Periodismo aquí, en La Habana y fuera de Cuba”.
¿Considera que el periodismo cubano es un modelo a imitar?
“Nos falta mucho, mucho. Nosotros mismos nos ponemos trabas y no decimos todo lo que vemos, además el lenguaje que utilizamos no llega a todo el mundo. Tenemos que aprender.

“Mi generación tiene más trabas mentales que las nuevas, porque piensan diferente, son diferentes. Tienen más nivel, una preparación desde la base. Los viejos que estamos aquí brincamos etapas; tenemos oficio y cultura porque hicimos un gran esfuerzo y porque todos los días leemos y estudiamos.

¿No teme usted que ellos entierren su trabajo?
“No. Desempeñan un papel diferente, no es una competencia. Yo soy necesaria haciendo lo que hago, que ellos no lo pueden hacer aún, porque no tienen el oficio que da la experiencia. Con la práctica se aprende mucho y ellos están iniciándose ahora. No me siento ni relegada ni en competencia, pero confío plenamente en los jóvenes.

¿Qué les recomienda?
“Leer mucho, leer de todo, porque te aporta cultura, conocimientos, riqueza en el lenguaje. Escribir bastante, aunque no te publiquen. Guardar todos los trabajos que hagan. Leer, leer y leer.
¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en el Periodismo?
“Cada tiempo tiene su vejez y su encanto. La máquina de escribir era más lenta, te daba tiempo para pensar, revisar y leer. La computadora te compulsa, es como si te apurara. En la Web, por ejemplo, las noticias viajan más rápido, aunque el lenguaje tiene que ser diferente; lo que escribo para la prensa plana, no lo puedo escribir igual para la Web, porque necesita un lenguaje más universal”.

También tiene libros publicados, como por ejemplo Pasajes holguineros, junto a la historiadora Ángela Peña…

“Fue un trabajo de búsqueda y de profunda indagación sobre mitos locales, tradiciones campesinas y leyendas urbanas. Su objetivo es rescatar esa historia oral, las cosas que se dicen, porque el tiempo pasa y ahí están los orígenes de nuestra ciudad. Recoge leyendas aborígenes como las de Taguabo y Maicabó, deidades de la lluvia y la sequía; Baibrama, cemí protector de la agricultura; y la del cacique de Maniabón, así como otras relativas a la presencia africana en la zona, como el enigmático jigüe o la fábula del esclavo Taita Antonio.

Todas las personas tenemos que tomar, alguna vez, una decisión difícil. ¿Cuál fue la suya?
“Ser madre o dedicarme al Periodismo sin ninguna traba que me lo impidiera. A los hijos se les dedica toda la vida, no es mi mamá ni nadie quien me los tiene que cuidar, soy yo; me criaron y me enseñaron así. Decidí no tener hijos, fue difícil. Renuncié a ellos y no me arrepiento.

Por último, ¿quién es María Julia?
“Una eterna enamorada de la historia y de la ciudad de Holguín. Una guajira de Barajagua”.