Desbordando cubanía, en esa mezcla de azúcar de caña, calor tropical y alegría inconfundible, recorre la Ciudad de los parques una de sus voces más prominentes Lucrecia Marín Meriño.

En Cayo Mambí-municipio Frank País-, el 23 de noviembre de 1959, nace esta popular intérprete graduada de dirección coral en la escuela de Instructores de arte “El Yarey”, provincia Granma, en 1975.
A los cinco años de desarrollo profesional-recién iniciada la década de los 80- funda el coro de instituciones básicas de adultos de su municipio, el cual dirigió por diez años, para poco después comenzó a cantar como solista en centros nocturnos de casi todo el país, interpretando con su personal estilo El Bolero, La salsa, La Guaracha y El Son; Los Velázquez, La Avilés y Caribe Nibor, son algunas de las agrupaciones por donde transitó en ese periodo.
En 1989 decide lanzar su carrera en solitario, fecha desde la cual, por sus espléndidas cualidades vocales, se ha impuesto en prominentes eventos y escenarios internacionales de España y México, así como en los de su tierra natal.
En 1998 grabó junto a Alfredo Morales (“Chiquitín”), el CD “Bésame mucho”, para la disquera alemana Plancton Records y en el 2007 para su homóloga en Cuba, la EGREM, los fonogramas “Canciones del corazón” y “Veinte siglos de amor”.
Fiel defensora de la cultura cubana, en el panorama local holguinero se presenta en varios espacios, con preferencia de la Casa de la trova El Guayabero, donde cuenta con un espacio fijo.

Como cultivadora de esa música que evoca buenos momentos del ayer y por ser una de las voces más prominentes del panorama local, el pasado año recibió el “Corazón de oro”, distinción otorgada por el comité organizador del Festival Arañando la nostalgia a personalidades y artistas que defienden con su obra la música de la Década Prodigiosa.
A esta auténtica cubana lleguen nuestras más sinceras felicitaciones y los mejores deseos en su vida personal y profesional.