Intimidad, conceptual, autogestión: algunos caminos escénicos del teatro joven cubano

Publicado el Categorías AHS, Artes Escénicas, Cultura, De nuestra cultura, Holguín, Libro y Literatura, Literatura, Noticias, Teatro

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Wilker López  

El teatro contemporáneo en la era de los medios electrónicos resalta su carácter performativo de la realidad presencial, utilizando, en muchos casos, técnicas de performance, en las propias acciones y el cuerpo humano que, como tal son enfatizados, y otras prácticas comunes a las cuales el teatro cubano no es ajeno. Actualmente esta manifestación escénica se prefigura como una especie de función ritual, asumiendo a su vez una comunicación más directa entre actores-espectadores, experimentado cierta intensidad emocional; a su vez una nueva cultura de la actuación implica a ese espectador, invitándolo a cuestionar su percepción de la realidad.

Estas alternativas de producción realista, los sistemas simbólicos que permiten representar conceptos, a partir de la asociación de ideas y búsquedas interiores y en el propio espectador, resultan algunas temáticas de investigación recurrentes entre los directores y creadores jóvenes de la escena cubana actual. En este sentido varios directores noveles se cuestionaron sus modos de producir y hacer teatro como parte del panel teórico que abordó la dramaturgia cubana actual y los nuevos caminos de la dirección escénica en el XII Festival Nacional de Teatro Joven.

Karelia Fernández, directora del Teatro Guiñol de Holguín, explicó sus rutinas y como fue producir su último espectáculo El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, una especie de comedia del arte que dignifica la creación titiritera a partir de un texto del dramaturgo cubano Salvador Lemis. 

Mientras que Heidy Almarales, del grupo cienfueguero La Chimenea, comentó sobre la obra Work in progress (Secretos bajo la luna), un historia fragmentada que se sustenta en el microteatro, siendo la intimidad del espectáculo la característica fundamental. “Me interesa mucho explorar la interioridad del espectador, cuestionarlo y provocarlo desde lo íntimo, desarrollando mi propia dramaturgia que llega a ser más literaria que dramática”, añadió la actriz. 

Por su parte Pedro Franco, director de Teatro El Portazo, de Matanzas, insistió en la autogestión a que se somete su creación, que implica nuevos textos y espectáculos en función de una necesidad estética. “Los tiempos escénicos de mi teatro se pusieron en función del consumo”, a la vez que le permite rupturas creativas en la escena que funcionan como una manera de “limpiar la recepción entre los actores y espectadores para volver a un próximo acto”. 

La poética del pastiche y la combinación de otros modelos dramáticos resumen buena parte de la más reciente creación de este colectivo matancero, con obras como Cuban Coffee by Portazo´s Coperative y No puedo tengo ensayo, aunque su trabajo actual se centra en rescatar su repertorio con piezas anteriores, que, de alguna manera, exploran un teatro más “convencional”. 

Asimismo Juan Edilberto Sosa, director del Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra, de Santiago de Cuba, abordó la necesidad de montar obras de autores contemporáneos, asumiendo un pensamiento desde y para la escena, y dejando que muchas veces el contexto modifique el trabajo final; mientras que el dramaturgo Raúl Bonachea insistió en el urgente papel de la crítica frontal con los creadores noveles y la necesidad de un desmontaje analítico de sus obras para crecer en cuanto a las nuevas maneras de hacer teatro.

Como parte de esta jornada fueron presentados los libros Destino Cuba, de Freddys Núñez Estenoz; Primavera en vano, de Abel González Melo; y Penélope aserrando televiché, de Marien Hernández, publicados bajo el sello de Ediciones La Luz; además Porno o fermentar la carne con más carne para que se sepa mejor, de Juan Edilberto Sosa; La caída, de Raúl Bonachea; la revista Tablas y el documental “El público de Carlos Díaz”, de Raúl Valdés González (Raupa).